N/A: Editado 24/07/2021
La semana transcurrió relativamente tranquila. Estaban en una temporada baja en crímenes, por lo cual, fueron asignados toda la semana a patrullar por la zona comercial de la ciudad. Judy estaba ansiosa por tener un nuevo caso, pero su compañero parecía bastante satisfecho con el aburrido trabajo de patrullar.
"¿Qué te puedo decir, Zanahorias? Hay que aprovechar, ya que no siempre podremos estar tan tranquilos".
Si bien, ella sabía que Nick tenía razón, moría de ganas por tener un caso. Ella siempre quería demostrar que todo el asunto de los Aulladores no fue un "golpe de suerte", como muchos mamíferos le habían dicho infinidad de veces. Judy sabía que no era una actitud muy madura de su parte, pero no podía evitarlo. Siempre se había visto con la necesidad de probar que podía lograr su sueño, y era un poco difícil perder los hábitos.
De esta manera, llegó el viernes y su cita con Kyle estaba cerca. Como era una cena, sería después de su turno. La coneja se duchó en el Precinto y se puso el atuendo que había elegido para su cita: un sencillo vestido de tirantes lila, con un pequeño saco celeste. En su oreja derecha puso un pequeño listón del color de su vestido.
Se volteó a ver al espejo, satisfecha. Usualmente solía usar ropa un poco más relajada, pero Kyle la invitó a un restaurante bastante lindo, sin llegar a ser muy caro, así que quería vestir acorde.
"Wow Hopps, ¡te ves muy bien! ¿Tienes una cita?", le preguntó una elefanta que recién salía de las duchas.
"¡Gracias, Francine! Si, tengo una cita el día de hoy, con el mismo conejo de la vez pasada", le sonrió a la elefanta.
"¡Qué bien! Espero sea una buena cita, como la de la vez pasada", dijo su compañera.
Judy se sonrojó. Esa había sido su primera cita real. Estaba muy emocionada, ya que en Bunnyburrow nadie la había invitado a salir jamás. Siempre se había enfocado mucho en perseguir su sueño, y eso desalentaba a los machos de acercarse a ella. Así que, cuando Kyle se le acercó para pedirle su número mientras compraba un café con Nick en el Snarlbucks, Judy se alegró demasiado. La cita fue muy bien, en una cafetería en el centro de la ciudad. El conejo le contó como él también venía de Bunnyburrow y era dentista en Zootopia. Ella le comentó sobre su trabajo en la ZPD y tuvieron una charla muy amena.
Al día siguiente, estaba tan emocionada, brincando de alegría (por fin Jude the Dude tuvo una cita, era motivo de alegría) que realmente se vio peor que adolescente enamorada de Justin Beaver en pleno concierto. Ahora entendía porque Nick había empezado con sus bromas sobre una boda, que vergüenza.
Salieron de los vestidores juntas, mientras Francine le hablaba sobre su primera cita con su ahora esposo. Al llegar al atrio, pudo ver a Nick conversando animadamente con Clawhauser. Había notado el cambio en la actitud del vulpino desde que habían acordado la visita a su madre de este fin de semana. Era agradable ver a Nick nuevamente como él mismo. Clawhauser dirigió su mirada hacia ella, y abrió los ojos, asombrado. "Oh no, aquí vamos..." Pensó la coneja.
"¡OH POR DIOS JUDY! ¡No pensé que pudieras verte más tierna de lo que luces normalmente!", exclamó el chita.
Judy se sonrojó, y en eso Nick volteó a verla. Él también abrió mucho los ojos, sorprendido por el cambio en su vestimenta diaria. Sabía que empezaría a hacerle bromas sobre su aspecto.
"Clawhauser...", advirtió la coneja.
"Perdón , Judy, volví a usar la palabra con T" , de disculpó el chita, apenado. "Pero realmente te ves muy bien, ¿verdad que si, Nick?"
El zorro le dirigió al felino una mirada de reproche, que desconcertó a Judy. Después volteó a verla , con su mirada astuta y sonrisa torcida.
"Nada mal, Zanahorias. ¿Quién diría que pudieras verte realmente como una chica?"
La coneja rodó los ojos.
"Oh, vamos Slick, ¿es lo mejor que se te pudo ocurrir? Esa línea ya está muy trillada", se burló la coneja.
"Es un clásico, cariño. Los clásicos son los mejores", dijo Nick, mientras le guiñaba un ojo.
"Si, claro, lo que digas. Ya me voy. Nos vemos luego" dijo la coneja, mientras caminaba a la salida.
"¡Suerte, cariño, diviértete con Kal!" le gritó el zorro, de espaldas a ella.
"Kyle", lo corrigió la coneja en automático.
"Cómo sea", respondió el zorro.
Judy bufó, y salió del precinto, dirigiéndose al restaurante donde sería su cita.
