N/A: Editado 24/07/2021


Karma, estaba seguro que era eso. El Karma existía. De seguro, estaba pagando por haber estafado a tantos mamíferos a lo largo de su vida.

Nick agradecía que su pelaje ya fuera de color rojo, por que estaba seguro que de lo contrario,a estas alturas, ya se hubiera puesto carmesí vibrante.

Judy y su madre charlaban animadamente. Su madre le contaba a la coneja todas y cada una de las cosas vergonzosas que había hecho en su infancia. Como la vez que se cortó el pelo de la cola, por que quería tenerla delgada como felino, y que había tardado meses en crecer. O cuando lo descubrió junto con Finn, ambos con vestidos de princesas, para estafar fingiendo ser damiselas en peligro (sus primeras ideas no eran muy buenas que digamos).

Nick había intentado cambiar el tema pero Judy le dirigió una mirada que decía: "¡No te atrevas!" Así que optó por el camino más seguro y siguió comiendo su pasta. Sabía deliciosa, había olvidado el sazón de su madre.

Después de pisotear su dignidad por horas (realmente fueron 30 minutos), su madre decidió apiadarse de él.

"Y dime, Nicky, ¿la Academia fue muy difícil? ¿Te cuesta levantarte en el día? ¿Estás comiendo bien?"

"Si, estoy comiendo bien, y puedo levantarme temprano, aunque ya romí 4 despertadores en los últimos 6 meses. Y respecto a la academia, algunas cosas fueron sencillas, como técnicas de interrogatorio y leyes. Otras, como escalar el maldito muro de hielo, fueron sumamente difíciles. Pero aquí la bola de pelos no me dejó renunciar, aunque me la pasaba quejándome todo el tiempo. Incluso me ayudaba a practicar en algunos de sus días libres".

"Necesitaba que te pusieras en forma, para que pudieras ser mi compañero. Nick solo podría unirse al Precinto Uno si terminaba como el primero de su clase", le explicó la coneja a Marian, y Nick pudo percibir el orgullo en su voz, y al parecer también su madre, ya que levantó una ceja y le dirigió una mirada a Nick.

"Ya veo", dijo su madre y tomó un sorbo de su agua. "Parece que son más que simples compañeros de trabajo, después de todo, estás aquí, ¿verdad Judy? ¿Pasan mucho tiempo juntos, fuera del trabajo?"

Nick se congeló en su asiento. ¿Por qué su madre le hacía esto?

"Si, Nick es mi mejor amigo", contestó la coneja con una sonrisa.

Marian le dirigió a Nick una mirada interrogativa, y el negó ligeramente con la cabeza. "Por favor, deja el tema" decía su mirada. Su madre era bueno leyéndolo, ya que le les pidió le contaran como se conocieron y ambos empezaron su narración de la búsqueda del señor Otterton.

De esta manera, la tarde transcurrió de manera amena. Ya era hora de volver. Judy decidió esperar a Nick afuera del departamento de Marian, para darles privacidad y pudieran despedirse tranquilamente, no sin antes abrazar a Marian y prometer visitarla nuevamente.

Al quedarse solos, la zorra vio a su hijo a los ojos.

"Ella es muy especial, ¿verdad?"

"Si, lo es", concordó el zorro.

"Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?"

Nick cerró los ojos. Tanto tiempo negándoselo a sí mismo, tratando de no pensar en el tema.

"¿Te molesta?," el zorro volvió a abrir los ojos para ver a su madre. Temía su respuesta. Ella era bastante tradicionalista y apenas estaban reparando su relación. No quería alejarse nuevamente.

"Me preocupa", admitió su madre, de forma cautelosa. "Pero en el sentido de que no quiero que salgas lastimado. Tu sabes que nosotros, los zorros rojos, nos emparejamos de por vida. Que estés formando un lazo con un conejo, que parece no verte de la misma manera...no quiero que te quedes solo, hijo".

Ya estaba, su madre lo había dicho en voz alta. Ahora era algo real con lo cuál lidiar. Soltó el aliento que no sabía había estado conteniendo.

"No lo pude evitar. No sé que vaya a suceder de todo esto. No tengo intenciones de arruinar mi amistad con ella, y ella no está interesada en una relación interespecie. De momento, estoy bien así, verla feliz es suficiente", se cruzó de brazos y levantó una ceja interrogativa a su madre. "Según yo, no soy nada obvio, ¿como rayos te diste cuenta?"

"No eres obvio, descuida. Pero la ves de la misma manera en que John me veía a mi".

Su padre había muerto cuando tenía 5 años, y era poco lo que recordaba de él. Un zorro alto siempre con traje y una sonrisa amigable. Su mamá siempre tenía una mirada llena de ternura cuando hablaba de su padre. Nick le dio un abrazo a su madre.

"Bueno, estaré bien. Además, no es como si pudiera hacer un avance con ella. La hembra manda, y la verdad, ella no podrá verme de otra manera".

Marian frotó su hocico sobre la nariz de Nick, dejando un leve rastro de su aroma. Marcar con el aroma era común entre los mamíferos, pero era más común que las madres lo hicieran con sus cachorros que con sus hijos adultos. Pero dado todo el tiempo que estuvieron separados, Nick lo comprendía y prefirió no decir nada.

"No te alejes demasiado, Nicky. Estoy feliz de verte nuevamente, y orgullosa del adulto que eres ahora. Y tu padre estaría orgulloso también".

Los ojos de Nick se humedecieron y se le hizo un nudo en la garganta.

"Gracias, mamá".

"Ahora ve, Judy te espera".

Nick salió del departamento y cerró la puerta tras de él. De pronto, se sentía más ligero. Volteó a la derecha y vio a Judy al final del pasillo, recargada en la pared, con los audífonos puestos y viendo su teléfono. El zorro notó que se los había puesto y alejado para que su sensible oído no captara nada privado, y le alegró la discreción de su compañera. Se acercó. Al estar frente a ella, la coneja levantó la vista, le sonrió y se quitó los audífonos.

"¿Todo bien, Slick?"

"Todo perfecto, Pelusa. ¿Nos Vamos?"

Judy guardó su teléfono y juntos caminaron a la salida del edificio, charlando animadamente.