N/A Editado 25/07/2021
Judy se encontraba en la plataforma de tren. Su madre le había dicho que Jess llegaría en el tren de mediodía, así que la estaba esperando. Tuvo que disuadir a muchos de sus hermanos pequeños, ya que ellos también querían acudir a saludarla, pero Judy tenía la intención de estar a solas con su hermana.
Jess era la favorita de los pequeños. Ella era maestra, así que sabía como tratarlos. Les contaba historias , era dulce, amable y muy paciente con ellos. Judy también era amable con los pequeños, pero no tenía el nivel de paciencia de su hermana.
Escuchó el ruido del tren al llegar y esperó a que bajaran los pasajeros. Eran muchos conejos, como siempre, pero de pronto, vio unas largas orejas con las puntas oscuras, y corrió hacia allí.
"¡Jess!" gritó la policía.
Las orejas reaccionaron al nombre y empezaron moverse en dirección al sonido de la voz de Judy. Pronto, entre la multitud distinguió su hermana. Vestía un vaporoso vestido blanco con flores azules , con un pequeño chaleco a mangas tres cuartos amarillo claro. Jess le dio un abrazo a Judy.
"Lo siento, lo siento tanto..." sollozó Jess en el cuello de Judy.
La policía palmeó la espalda de su hermana. A pesar de que Jess era mayor, siempre fue mucho más sensible y sentimental que Judy, por lo cual, era usual que Judy actuara como la mayor.
"Todo está bien, Jess. No estoy enojada, solo quiero hablar contigo, ¿está bien?"
Jess asintió y Judy la tomó de la pata para guiarla a la salida. Subieron a la camioneta de reparto de los Hopps, y condujo hacia la granja. Las dos iban en silencio, Jess se tallaba los ojos, secándose las lágrimas. Jess era ligeramente más alta que Judy y un poco más delgada. Tenían el mismo tono de pelaje, pero la maestra tenía los ojos con un tono más claro que Judy. Y no poseía el cuerpo tonificado por el ejercicio de la policía. Sus diferencias eran notorias por el tipo de ropa tan diferente que usaban, pero si se hubieran puesto ropa similar, y no tan entallada como la que solía usar Judy, los mamíferos no las podrían diferenciar tan fácil.
"Judy, yo...quería decirte que lo siento. No debí decir que tu cita con Kyle fue un fracaso por tu culpa", soltó Jess de pronto.
"Y yo lo siento por que no debí colgar el teléfono. Pero realmente me afectó que dijeras todas esas cosas, y no quería decir algo de lo que me fuera a arrepentir. Verás, el especismo es un tema delicado para mi, después de la conferencia de prensa. Lastimé a muchos, incluyendo a mi mejor amigo. Aún cargo con las consecuencias de mis palabras. Hace unas semanas, un coyote pidió retirarme de una investigación por que no quería que yo trabajara en su caso. Siento mucho que mi altercado con Gideon te haya afectado tanto, pero realmente me gustaría que reconsideraras tus palabras, Jess. Los depredadores son son todos malvados".
Hubo un silencio y Judy volteó a ver de reojo a su hermana. Estaba sonrojada, con las patas entre sus piernas, las orejas caídas y la mirada hacia el piso.
"¿Jess? ¿Qué es lo que no me estás diciendo?"
La coneja mayor suspiró.
"¿Podemos ir a nuestro lugar? Por favor. No quiero que...nadie nos escuche", pidió su hermana.
A Judy le extraño la petición de su hermana, pero hizo lo que le pidió. Avanzó un poco en el camino y llegaron a la granja. Salieron de la camioneta, y caminaron rodeando los campos de fresas. A esta hora del día, los conejos en edad escolar se encontraban estudiando. Llegaron al cobertizo donde su padre guardaba las herramientas y maquinaria. Subieron las escaleras del cobertizo y llegaron al ático. Ahí solían esconderse cuando no querían que nadie quería las encontrara, ya que nunca buscaban entre las herramientas. Se sentaron en el piso.
Jess parecía estar pensando sus palabras y Judy la tomó de la pata.
"Te quiero, Jess"
La coneja mayor le sonrió a su hermana pequeña. Tomó aire y lo soltó.
"¿Sabes lo que es un cazador de presas, Judy?"
El término no le sonaba de nada a la coneja, así que negó con la cabeza.
"Así se les llama a los depredadores que..." tragó saliva. "Que tienen preferencia sexual hacia las presas".
"Oh, no sabía. Pero que tiene que ver con..."
"Yo estaba despechada cuando me contaste tu pelea con Kyle, Judy. Por eso dije todas esas cosas horribles hacia los depredadores, por que un cazador de presas me había lastimado".
Judy parpadeó, y cuando pudo comprender las palabras de su hermana, abrió mucho los ojos, sorprendida.
"¿Cuándo...? ¿Cómo...?"
Jess suspiró.
"Hay un maestro que trabaja conmigo. Es un lince. Él es algo así como mi mentor. Al inicio tenía mucho miedo, sus garras me causaban ansiedad y pesadillas. Pero siempre fue amable y gentil conmigo. Un día me acompañó a mi departamento y...una cosa llevó a la otra y...lo hicimos", terminó de narrar, con un susurro.
Por un momento, por la mente de Judy pasó el rostro de Nick y su intento de besarlo.
"Y...¿cómo estuvo? " preguntó la policía, completamente sonrojada.
La maestra le dedicó una mirada incrédula.
"¿En serio, Judy? Confiaba en que serías la única que no preguntaría los detalles.
Judy de apresuró a negar con la cabeza.
"Oh, dulces galletas con queso. ¡No! ¡No quiero detalles! Sólo en general, ¿cómo te sentiste? ¿Cómo te sientes ahora? ¿Te lastimó? Las garras de los felinos son muy filosas".
Jess se llevó ambas patas al pecho.
"No lo sé, Judy. Creí sentirme bien, hasta que me dijo que él no quería nada serio. Básicamente, me dio a entender que ya podía tachar "conejo" de su lista".
"Oh, Jess, lo siento tanto", la consoló Judy.
"Así que el día que hablamos, seguía dolida cuando empezaste a defender a los depredadores y yo solté todo mi veneno. Pero...ya estoy tranquila. Entendí que de ese tipo de machos hay en todas las especies, ¿no? Algunos de nuestros hermanos son verdaderos idiotas".
"Si, no todos los depredadores son así. Mi compañero, Nick, dijo que los zorros se emparejan de por vida, así que él no anda ..."
De repente, la verdad le cayó a Judy como un balde de agua fría. La razón por la que Nick se alejó de ella era evidente ahora. Él no podía ir tonteando por ahí con las hembras, no estaba en su naturaleza. Era obvio que el debía estar furioso con ella. Podría llegar a pensar que sólo estaba jugando con él, no entendía como es que le seguía hablando, después de volver a meter la pata hasta el fondo. Después de todo, no merecía un amigo como Nick.
"Judy, ¿estás bien?", preguntó su hermana ante el repentino silencio de la coneja.
"Jess, creo que hice algo horrible..."
