N/A: Editado 26/07/2021
Nick cerró la puerta del despacho del señor Hopps, y se dirigió a la sala. Ahí seguían los señores Hopps. los pequeños conejos y Jessica, junto con algunos hermanos más grandes.
"¿Señores Hopps?", ambos conejos voltearon a ver al zorro. "Judy sigue en el despacho. Me dijo que le pidiera a Jessica que me mostrara mi habitación"
Los señores Hopps le dedicaron una sonrisa tensa y le dijeron buenas noches, antes de ir hacia el despacho. A Nick le resultó curioso el cambio en el comportamiento de los señores Hopps, ya que lo recibieron muy bien. Supuso que era algo que no tenía nada que ver con él, ya que él no había hecho nada raro, salvo jugar con los pequeñines.
Él siempre había deseado un hermano menor, pero ya que su padre murió cuando era pequeño, y que los zorros que ya habían establecido un lazo no tomaban otras parejas, era algo que no pudo pedirle a su mamá. Y siendo zorros, su madre tuvo muchos problemas para criarlo sola, así que tampoco hubiera podido cuidar a alguien más.
Jessica le dio un beso a sus hermanos y le pidió a Nick que la acompañara. El zorro la siguió durante varios pasillos.
"Tu habitación puede parecer algo pequeña, debido a tu estatura", dijo de pronto la coneja, "pero espero te sientas cómodo. Juntamos dos camas, creo que tendrás suficiente espacio. Las habitaciones no tienen baño individual, ya que somos demasiados. Hay 5 cuartos de baño para los machos y 5 para las hembras. Cada cuarto de baño tiene dos tinas y 4 regaderas, así como varios retretes, sería algo así como las duchas de la Academia, por lo que me contó mi hermana".
El zorro soltó un silbido de admiración.
"Vaya que es una casa enorme"
La coneja volteó hacia atrás y le sonrió, orgullosa.
"Si, la granja Hopps es una las más grande de los Tri Burrows. La mayoría de mis hermanos siguen con el negocio familiar, ya sea sembrando, recogiendo producto o exportándolo al resto del país. Algunos cuartos son reutilizados, cuando mis hermanos y hermanas viven con sus familias, por eso hay habitaciones de sobra"
"¿Tu también te dedicas a la granja?", le preguntó Nick.
"No, soy maestra. Estoy haciendo unas prácticas en Deerbroke, pero la idea es regresar y solicitar una plaza aquí en Bunnyburrow".
El zorro no podía dejar de notar lo diferente que era Jessica de Judy. La voz de la maestra era una nota más suave que la de la policía, y no tenía ese tono animoso y activo. Era un poco más alta que Judy, con las curvas un poco más suaves, probablemente por que no hacía tanta actividad física.
Pero la diferencia más importante era el olor. Tenía un agradable olor a gardenias. El olor de la maestra no hacía su corazón latir como el de Judy, ni tampoco su sonrisa o su mirada. Era obvio ahora para Nick que realmente no tenía una atracción a las presas en general.
Llegaron frente a una puerta, la cual Jessica abrió. Había dos colchones tamaño conejo individuales, un escritorio y silla. Estaba pintado de azul, y había algunos posters de bandas de rock.
"Este cuarto le pertenecía a Liam, pero ahora está fuera del pueblo, haciendo unas prácticas para la escuela de medicina".
"Gracias, Jessica"
"Puedes llamarme Jess" respondió la coneja con una sonrisa.
"Soy más de sobrenombres, ¿que tal si te llamo Apio? La vacante de Zanahorias ya está ocupada por tu hermana", le dijo Nick, dedicándole su mejor sonrisa torcida.
"No me gusta el apio, lo siento. Pero no tengo problema si me llamas Manzanas o algo así".
"Muy bien Manzanas, muchas gracias por todo"
"Me dio mucho gusto conocerte, Nick. Judy habla muy bien de ti. Su habitación es la del lado derecho de la tuya, las duchas están al fondo, marcadas con conejitos azules para los machos. Nos vemos después", la coneja le dedico una última sonrisa, y salió de la habitación.
Nick se sentó en la cama. Debería cambiarle el sobrenombre a 'Sonrisas' a esa coneja. Sonreía todo el tiempo, aún más que Judy. Tal vez estaba acostumbrada a tratar así a sus alumnos.
De pronto, su estómago gruñó, recordándole que no había comido nada en todo el día. Se sentía demasiado cansado por el viaje, así que tomó un cambio de ropa y salió para tomar una ducha. Después de bañarse, le preguntaría a Judy por algo para comer, solo no quería molestarla mientras conversaba con sus padres.
Encontró el cuarto de baño y entró. El baño no era lujoso, era bastante simple, pero era grande. No como los baños de la Academia, por que ellos están pensados para mamíferos grandes, pero si le recordaban a los vestidores de la preparatoria para cánidos a la que asistió cuando era joven, en Happytown.
Se desvistió y entró en las regaderas, dejando que el agua corriera por su pelaje durante algunos minutos, antes de comenzar a lavarse.
Esperaba el día de mañana, ya con la información del departamento de peritos, poder llegar a un plan de acción para la seguridad de la coneja. Judy debía continuar con sus actividades normales, no podía estar todo el tiempo encerrada, ni tampoco su hermana.
Después de enjuagar su pelaje del jabón y secarse, se disponía a ponerse su pijama, cuando lo notó. Era la maldita pijama de zanahorias. Al parecer, estaba tan preocupado por Judy que no se percató que ropa puso en la maleta. Soltó una maldición en voz baja. Ahora debía volver a su habitación y esperar que nadie se lo encontrara con esa ropa.
Se puso el pijama y salió del cuarto de baño. Su plan de volver a su cuarto sin ser visto se arruinó al ver a Judy parada afuera de su puerta. Tenía las orejas gachas y un semblante serio. Odiaba verla así, y maldijo al mamífero que había arruinado la relativamente tranquila vida de la coneja (obviando todo el riesgo que implica la vida policíaca ).
Judy volteó a verlo, y de pronto, una sonrisa perversa cruzó los labios de la coneja. Nick recordó su ropa. Diablos.
"Te ves lindo con ese pijama , Slick".
"Yo me veo bien con cualquier cosa, Pelusa", respondió Nick, arrogante. De pronto, el estómago del zorro volvió a escucharse, alto y claro en el solitario pasillo.
"¿No comiste nada en el tren?" preguntó la coneja.
"Lo olvidé " admitió el zorro.
"Vamos a la cocina, creo que podremos prepararte algo", dijo Judy, mientras se despegaba de la puerta.
"¿Con moras?" preguntó Nick, esperanzado.
La coneja rodó los ojos.
"No lo aseguro, pero si no hay, mañana puedo llevarte al sembradío y podremos recoger algunas moras".
El zorro le dedicó una sonrisa y la siguió a la cocina. Ahora que estaba junto a ella, sentía que todo saldría bien.
