A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.

Salmo 28:7 Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.

Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.

De verdades robadas y eludidas.

Aquel día realmente tenía buen ánimo. Los recuerdos y las sensaciones seguían presentes, sentía aún sus labios suaves y fríos, Haruno sensei todavía estaba junto a mí y podía sentir el dulce aroma de su perfume, de ella. Deseaba tener ese buen humor durante mucho tiempo, pero lo cierto era que quizá no duraría tanto.

Se me pidió ir a la sala de interrogatorios desde muy temprano, aquello arruinó un poco el momento, no los buenos recuerdos.

Odiaba los interrogatorios, los odio aun y los odiaré siempre. Simplemente los detesto. Me enoja ser parte de ellos; hacerlos y que te los hagan, no sé qué puede ser peor. En fin, son parte de la labor del ninja, pero son desagradables.

El interrogatorio es un protocolo oficial, imprescindible para misiones de cierta jerarquía; a pesar de eso, pasar por ese tipo de cosas es desagradable por sí misma, mucho más en aquel tiempo cuando la desconfianza reinaba entre todos, eran por demás insufribles, mucho más de lo habitual, que es mucho decir.

Me estresaban y enojaban. Entendía y entiendo la necesidad de hacerlos, por supuesto, pero dudaba mucho de la lealtad de todos (como todos ahí) como para confiar información confidencial, nadie podía asegurar que el entrevistador o el resto de los participantes no fueran parte de los traidores.

Además, es bien sabido que nunca me ha gustado revelar detalles de mis misiones sino solo al hokage (a veces solo por obligación). A nadie le gusta pormenorizar el asco de cosas que se comenten en pro de misión y el bien común, al menos a mí no. Siempre intentaba olvidar las misiones y ahí sólo era recordarlas detalle a detalle. Todo ello, el ambiente, los recuerdos, la desconfianza, las culpas, todo me llevaba a poner de pésimo humor.

A regañadientes fui y esperé mi turno entrando en aquella diminuta, conocida y aborrecida habitación, esperando por "mi juez", como solía decir con sorna. El entrevistador, clan Yamanaka, para variar, refunfuñaba de un lado a otro sin dirigirme la palabra o la vista, como si todo el odio del mundo ninja lo volcara en mi persona, lo de siempre. Igual él no era único impaciente.

—Y en estos momentos es cuando uno debe ser puntual— acoté cansino.

El tipo rubio bramó, riendo ligeramente, mirándome por primera vez, quizá le pareció gracioso viniendo de mí, pero sólo miró a la puerta, tocando insistentemente su libreta con los dedos. Finalmente, la puerta se abrió, era la hokage.

— Bien. Lobo, he aquí tu juez, será mejor que no te pases de listo.

Esta mala suerte que tengo—. Pensé al mirarla, no era otra sino Haruno sensei. Bien, al parecer todo se ponía para quitarme el buen ánimo.

—Tsunade shishuo, ¿cree que es… que soy la indicada para esto?

La hokage la llevó fuera y la sermoneó un poco, podía oírlas claramente a pesar de que los muros se suponían hechos para evitarlo, otro motivo por lo cual odiaba aquel lugar.

Ella no quería, ni yo. Desafortunadamente la quinta la chantajeó y cedió, Haruno sensei tenía buen corazón, por eso siempre cedía para cosas de ese tipo.

Que día tan odioso.

Finalmente entró recibiendo indicaciones generales, no dejé de observarla en todo momento, no importando la clara incomodidad que le generaba. ¡Bah! ¡No me importaba! Al menos mirarla e inquietarla me daba cierta alegría en ese lugar horrendo, lo sentía mucho por ella, pero no por mí. Además, era divertido. Algo debía hacer para sobrellevar ese infierno, y, como siempre, resultaba ser ella la tabla de salvación.

Sin embargo, preferiría jamás haberla visto en ese sitio ni mucho menos siendo yo al que le hacían las preguntas. Resolví que haría lo posible por evitar que ella me conociera más allá de lo que ya conocía y la asustaba.

—Empecemos con esto —Dijo el hombre —Interrogatorio oficial. Sujeto: Anbu, comandante del tercer cuadrante, capitán del escuadrón especialista de corta y media distancia, Lobo —el sujeto esperó por mi asentimiento o respuesta, no hubo, inconforme siguió con la formalidad de día, hora, etcétera, etcétera. —Dicho esto iniciamos formalmente. Retírate la máscara y da la información detallada y fidedigna de tu misión anterior.

No respondí.

El tipo tanteó los dedos sobre la mesa, Haruno sensei se limitó a solo esperar en silencio, yo igual. El hombre, llamado Izuka, presumía de su autocontrol y formalidad, no era mucho, pero ciertamente más que el que la mayoría se permitía, al menos conmigo.

—Parece ser que no me di a entender. Quítatela y dime lo que ha pasado, detalla lo que has escrito en el reporte, aclara las irregularidades que hiciste argumentándolas para no amonestarte como te mereces.

Seguí sin responder.

El tipo frunció el entrecejo y suspiró cada vez con menos paciencia. —Ok, creo que no quieres hablar. Lobo, ya sabes lo que procede. Casi siempre es lo mismo contigo. Es desagradable, para todos, más para ti, será mejor que cooperes y no me obligues a llegar a eso.

— ¿Puedo… puedo participar? — reí un poco al ver como mi maestra levantaba el brazo, como si una niña de escuela pidiera su turno al maestro, él asintió —Ah… este, no estoy al tanto de esto, pero supongo que usted sí, ¿por qué no va al grano?

—Oh vaya, y pensaba que yo era impaciente. Señorita Haruno, ¿cuánto tiene ya sin hacer esto?

—Cuatro años.

—Lo sé, por eso es que estoy llevando esto como "se supone que debe ser", si por mi fuera ya habría amarrado a ese loco y sacado la información de un tirón —vociferó casi escupiéndome, mi maestra se alteró un poco ante el cambio repentino de actitud y voz —; pero el protocolo debe seguirse , exhaló con un profundo suspiro resignado y fastidiado—; se me ha pedido encarecidamente que le guie.

—Recuerdo el protocolo —dijo ella recuperándose de la sorpresa —, no soy una idiota. No se preocupe y limite por eso si es lo que "lo ha detenido", no sea tan cortes conmigo si le molesta tanto.

Sonreí. Ella bufó, obviamente no estaba tan de buen humor para dejarse gritonear. Se veía cansada, suspiraba y bostezaba de cuando en cuando, ligeras ojeras le adornaban el rostro.

Izuka arrojó una carpeta llena de hojas a la mesa — ese es el reporte dado por Lobo, puede leerlo rápidamente, le recomiendo memorizar con anticipación los reportes en las subsecuentes entrevistas, al menos yo lo hago. Es una regla igual, pero puede que con los años se le ha pasado ese detalle.

—Lo recuerdo, pero hasta ahora me lo han dado — se sentó frente a mí, leyendo.

Aquello me molestó.

Demonios—bufé cansino y noté como algunas veces la admiración asomaba en sus ojos verdes —¿por qué mandarla a ella? Parece que todos se han puesto de acuerdo para arruinarme el buen humor.

Izuka pareció recuperar la compostura — Lobo ¿Podrías hacerme el favor de ahorrarnos los malos ratos y cooperar? — no respondí, el tanteó los dedos sobre la mesa —al menos retírate la máscara ¿Sí? Se educado — Me quedé sin obedecer, era requisito para ANBU, pero yo no cumplía necesariamente con todos los requisitos si simplemente no me venía en gana. —Vera señorita Haruno, en este tipo de casos cuando no se acatan órdenes se debe ser más… eh… persuasivo, por decirlo así. Con este tipo de sujetos que no solo no cooperan, sino que representan un grave peligro para su integridad hemos puesto con anticipación una serie de sellos e impedimentos, porque verá, si acaso él desea usar la mínima cantidad de chacra, pues, recibirá, digamos… su merecido.

— ¿Es necesario?

El hombre subió una ceja —¿Cuatro años dice? Sí, es necesario, sobre todo con… este tipo de personas. Así que… digamos, tenemos a alguien a nuestra merced para lograr ser persuasivos. Claro que, lo mejor es no llegar a eso, y por supuesto que en ocasiones no es suficiente, como hoy. Tenemos que ser muy específicos y minuciosos con ANBU, no podemos confiar ciegamente en lo que dicen, menos con ellos, que se entrenan para evadir cualquier tipo de táctica corriente como el jutsu detector o "técnicas comunes" para sacar información. Así que tenemos un duro trabajo aquí. También es muy importante mantener la calma e ignorar el fanfarroneo irritante que podrían darle… son un tipo de molestia que muchos de "estos" usan, pero es necesario no tomárselo personal, caería en su juego, ¿entiende? — ella asintió. —Aclarado, empecemos nuevamente— se colocó frente a mi — Sácate la máscara para continuar. Cuéntame, ¿cómo te ha ido en misión?

— Hum… Dime tú, ¿no has memorizado el reporte? — respondí finalmente, Haruno sensei me observó sorprendida, como si hubiese olvidado que ese detrás de la máscara era yo.

— Por supuesto. Pero ya sabemos que debe ser así.

—¿Hum? ¿Y si fingimos que soy nuevo? ¿No me trataras con un poco de cortesía también a mí?

El tipo tanteó los dedos con mayor desesperación, suspiró y sonrió —No vienes con ganas, ¿verdad? Que novedad. Te invito encarecidamente que cooperes por las buenas. Empecemos, sácate la máscara.

—¿Por qué? ¿Acaso no me va bien?

— Supongo que tendré que quitártela — dijo berreando, casi gritando — ¿Recuerdas lo que pasó la última vez que lo intentamos?

— Ah… no, fue un día como cualquier otro. ¿Y tú?

Sus dientes rechinaron —. Retírala o tendré que intervenir.

—Inténtalo, adelante.

— Con gusto—. Hizo un movimiento con su mano y hubo unas cuerdas que me ataron a la silla fuerte y dolorosamente, manos, muñecas, incluso el torso.

Haruno sensei desvió los ojos — ¿Es… es necesario?

Él sonrió — yo, jamás, haré algo que no pueda o deba hacerse señorita Haruno— mencionó con su tinte profesional.

— Pero, ¿deberían estar tan ajustadas? — dijo con preocupación.

— Podría parecer exagerado, ¿cierto? Pero no en este tipo de casos. Todos somos ninjas, sabemos pasar por este tipo de cosas y librarla fácilmente. Además, no hay nada de "tortura" si es a lo que se refiere. ANBU es un equipo especial donde se les entrenan con estas cosas, no es tan complicado para ellos, digamos que este tipo de cosas no son sino solo juegos para ellos. No se preocupe por el sujeto, preocúpese por su propia seguridad y por su propio trabajo.

Haruno sensei hizo un mohín de disgusto, pero no dijo nada.

— Hum… cierto, ese día, ya recuerdo — Dije despacio — Largo tiempo. Aunque no, no, no recuerdo mucho ¿y tú? —el tipo apuñó las manos con rabia y sonreí. Apretó más las cuerdas, intenté no dejar escapar un sonido doloroso. Realmente dolían y quemaban la piel, eran hechas especialmente para ese tipo de cosas, dolían más que las comunes, como pequeñas espinas que se clavan poco a poco con un fuego abrazador — A propósito, te has recuperado del brazo, que bueno, por un momento pensé que te quedaría un poco chueco.

El tipo suspiró girando dándome la espalda, luego, en un rápido movimiento dio media vuelta y me golpeó con fuerza el rostro, aun con máscara dolió, Haruno sensei brincó de su asiento — Oh, sí, una fortuna, ¿verdad? También pensé que ya no podría usarlo como antes, pero ¿ves? — me golpeó el estómago —; me he recuperado muy bien, ¿no me felicitas?

—Eso… eso parece, ¿te has ejercitado?

El tipo me dio la espalda —Señorita Haruno, lamento esto, no suelo perder los estribos fácilmente, pero… bien —sonrió y suspiró— ¿no le dan clases de liberación de estrés? —Una sonrisa extraña adornó los labios del hombre y muy contento me dijo — y bien, pongámonos al tanto de todo este tiempo sin vernos.

— ¿Sin té y galletas? — Izuka avanzó dispuesto a quitarme la máscara, entonces, justo antes de tomarla le dije — ¡Hey! ¿Hoy serás tú? ¿Cómo está tu amigo ese, el pelirrojo que lo intentó la última vez?

Aquello le enardeció y se abalanzó sobre mí, lanzándome contra el suelo, una parte de la silla se partió clavándose y rasgándome la espalda, sangré manchando la ropa y la silla, pero aproveché que las cuerdas se aflojaron un poco. Me pateó el rostro y el vientre, no dolió tanto porque logré desatarme por completo y lo tiré contra el suelo, después tomé su rostro y lo golpeé en el piso insistentemente.

— Al menos el suelo ya no solo tiene sangre mía.

— ¡Basta! — Haruno sensei corrió, interponiéndose, jalándome y lanzándome al otro lado de la sala, deteniéndonos.

— No volverá a estar aquí, sigue en el hospital y solo podrá regresara a la oficina — dijo Izuka recuperando su tono gentil, tomándose de la nariz, que le sangraba profusamente.

—Es una pena, me cae bien, es amable, ¿verdad? Salúdalo de mi parte—murmuré terminando de retirarme las cuerdas y sacándome una astilla en el costado.

El tipo retrocedió, parecía que rompería a llorar de ira, Haruno sensei le tomó del brazo.

— Disculpe, puedo hacerme cargo en lo que toma algo de aire fresco.

— ¿Usted?

— Sí.

— ¿Usted?

—Al menos no estoy temblando de ira ni me dará un derrame cerebral en unos segundos.

El hombre hizo una mueca inconforme —buena suerte, después me dice si logró que no le diera una embolia— y salió del lugar golpeando duramente la puerta.

— Toma asiento. Por favor— La miré atentamente, se pasaba las manos por el cabello y suspiraba tratando de calmarse, me miraba intermitente, parecía incomodarle verme sangrar. — Por favor.

Acomodé la silla y me senté — al menos deberían darme una nueva silla.

— No habrá nada nuevo, la has roto, te aguantas. Sólo, sólo intenta no hacer esto más difícil.

— Hum… lo hago. Me he portado bien hoy. Y yo no la rompí.

— Fue tu culpa— Tomó el reporte y lo acomodó, la miré atento. — ¿Puedes quitarla, por favor?

—¿Hum?

— La máscara, retírala. — Y, por primera vez, no le hice caso en eso — Bien, supongo que tendré que hacerlo yo. El protocolo eso dice y… bueno, no hay excepciones — se incorporó y se acercó, parándose frente a mí.

— ¿No va a atarme a la silla? — bromeé burlón y reí por lo bajo.

Ella desvió los ojos, inconforme —Me gustaría saber que encuentras de divertido con estar atado a una silla para que bromees con eso.

—Es divertido, dependiendo del contexto y la compañía, por supuesto. ¿No cree?

— No.

— Oh vaya… eso es una lástima— dejé en un suspiro condescendiente que le incomodó —; supongo que lo sacaré de la lista de posibilidades.

Haruno sensei solo suspiró profundamente, pero con paso firme se acercó y tomó la máscara, toqué sus manos en un intento de detenerla, casi rogándole en silencio, pero ella no pareció entenderlo y con delicadeza la retiró y colocó en la mesa.

Rayos. ¿Por qué tenía que ser ella? — Gruñí por dentro, nunca dejé que alguien hiciera eso. Si lo intentaban al menos recibían un golpe. Ella simplemente se acercó, dejándome expuesto a su tacto, no pude siquiera evitarlo.

Escuché un murmullo detrás de las paredes, desde donde nos veían supuestamente en anonimato e incognito, yo lo sabía desde siempre porque los escuchaba. La Hokage reía del triunfo de su alumna y Yamanaka exhalaba sorprendido.

Demonios—. Gruñí, no podía permitir que se me saliera de las manos.

Ella se sentó ajena a su gran logro, sin tomarle importancia. —Listo, el interrogatorio ya es oficial y aceptable— murmuró —; retomemos donde mi compañero se quedó, cuéntame, ¿cómo estuvo tu misión?

— Larga.

—Sí. Duró poco más de un año, ¿cierto?

—Hum— asentí.

—Me gustarían, y requiero, que me des detalles minuciosos.

— ¿Tiene tiempo para quedarse aquí un buen rato? —acoté un tanto divertido — Si lo que quiere es que le dé detalles meticulosos y me lo piden tan amablemente, puedo ceder un poco y tomarme mi tiempo para que se sienta satisfecha.

— No es necesario —dijo tranquila, ignorando mi tono —, solo los importantes.

— Ósea que todos. ¿No tiene ya suficiente trabajo como para perder tiempo en esto?

— No viene al tema.

— Hum… claro que sí. Me gusta aprovechar mi tiempo y el de otros.

— Entonces pormenoriza y listo.

Me quedé en silencio sacándome las cuerdas, en algunos casos con pequeños rastros de piel, así pasé un par de minutos. Ella tuvo paciencia, pero después de los primeros cinco minutos el toqueteo de sus dedos en la mesa parecía decir que era suficiente.

— ¿Terminaste?

Sonreí ante su cuestión y saqué la última cuerda. Después levanté la mirada y la observé atentamente, se veía hastiada.

— Hum. No ha dormido bien.

—¿Qué?

Señalé sus ojeras, ella pareció entender — Al menos por varios días, parece.

—No viene al tema. Sigo esperándote.

—Apuesto a que ha tenido muchas cosas que pensar, ¿verdad?

Eso sí logró incomodarla, se enderezó haciendo un mohín de desagrado y trató de no sonrojarse, aquello me gustó, lo notó, se molestó. Bien, al menos era divertido.

— No viene al tema. Empieza.

— Trabaja mucho.

— Sí. No importa.

— ¿Desde cuándo interroga? No es lo suyo.

— Y eso que. No sabes mucho sobre mi entonces.

— Sé lo suficiente— dije encarándola —. No parece hecha para esto. Izuka es un tanto temperamental pero un buen tipo, debería escucharlo.

— ¿Estás preocupado Lobo? — dijo burlona y me pareció extraño escuchar el "lobo" en su voz, era la primera vez que me llamaba así — Sé defenderme bien. No te angusties —, me sonrió —; ¿Te preocupa que algún demente venga a darme de golpes contra el suelo? Puedo darle su merecido a cualquiera si intenta sobrepasarse.

— ¿Segura?

— Muy segura — dijo molesta, retándome con sus ojos verdes. Una gota de sangre se escurrió desde mi ceja a mi ojo, la limpié —. Esto no se trata de mí en todo caso, sino de tu misión. Retomémosla.

— ¿Leyó el reporte? Viene lo importante.

— Sí. Se me da leer bien. Continua.

— Soy el último. Ya mis compañeros han pasado por esto, ¿no es suficiente?

—Sabes que no. Eres el líder, es esencial.

— Que lata.

— Dímelo a mí.

—Ha bajado de peso. ¿Se alimenta bien?

— Mejor que cualquiera.

— Le sienta bien, había subido algunos kilos y…

—¡No viene al tema! —gritó, sonreí — Yo soy la que hace las preguntas y tú el que las responde, mi vida privada no es motivo de cuestionamientos en este momento y lugar, así que será mejor que te concentres, por favor. No me obligues a… a…

— ¿Atarme? Apuesto que ahora sí que quiere las cuerdas.

— ¿Qué? Ni un poco.

—Sigue siendo una pena. Me había hecho ilusiones.

Gruñó y se paseó por el lugar, frustrada —; cuando digo que no me obligues sabes muy bien a que me refiero, no me hagas tener que llegar a eso, por favor. No me obligues.

—No lo hago, no me gusta obligar a nada a nadie, al menos que sea prioritario en el trabajo o que esté de acuerdo en otras situaciones más… agradables. En todo caso no hay que hacer, sobre todo en esto último, ni que hacerle. Aunque no es su caso tampoco ¿Verdad? Qué pena, igual lo borraré de la lista.

—¡Que no…

—Oh, ¿entonces si le gusta?

—¡Que no se trata de mí! ¡Déjame terminar!

—Ah… vaya, creo que no debo interrumpirle entonces, parece que no le gusta que le interrumpan hasta terminar, ¿cierto?

—Exacto.

—Hum… bien, al menos eso si lo reafirmaré en la lista.

— ¿Qué? — cuestionó sonrojada.

Sonreí — Que lo tomaré en cuenta y no lo olvidaré.

Se giró, pasándose las manos por el rostro —¿Por qué no cooperas?

—Lo he hecho.

— ¿Ah sí? ¿Cómo?

— Me ha sacado la máscara sin mi consentimiento. —Dije despacio, un poco más serio y molesto de lo normal —Eso es suficiente cooperación, pregúntele a cualquiera de los presentes que nos ven y oyen del otro lado.

Se quedó serena, mirándome, volvió a tomar asiento y muy tranquila dijo seré más específica. Hay algunas irregularidades, eso es lo que más le interesa saber. Una de ellas es: ¿por qué lo mataste?

— ¿A quién?

— ¿Cómo que a quién? Lo sabes.

Escuché los murmullos de la hokage y los otros, ella trataba de justificar y apoyar a Haruno sensei, el resto no eran tan considerados y pacientes.

Que hastío, tampoco quiero traerle problemas a Haruno sensei de ningún tipo. No, no lo sé. Debe ser más específica.

— Sabes a quien me refiero.

—He matado a varios— solté tranquilo, sin quitarle los ojos de encima.

—Me refiero a esta misión.

—Yo también.

Se quedó serena y tomó el reporte, hojeándolo hasta llegar a la parte señalada —sujeto 103 (¿nombras a las personas por números?) mencionas que no era parte de los objetivos oficiales o posibles, tu planteamiento no es suficiente para justificar la acción. Responde la pregunta.

— Los números lo hacen más manejables.

—No eso.

—Usted preguntó.

—Sí, sí, pero me importa más lo otro. Responde.

—Bien— bufé y con indiferencia contesté — Si se justificaba.

— ¿Cómo? —dijo admirada. — Era un burócrata inofensivo, ¿cómo…?

—No dejaba de fastidiarme y empezaba a sospechar que me traía algo entre manos. Tuve que eliminarlo.

—Pero…

—Hum… Era un zoquete, me chantajeaba y por poco arruina la misión.

— ¿Sólo por eso? Aquí dice que la muerte podría haber afectado en el objetivo de la misión.

— No lo hizo.

—Sí, sin embargo, su muerte no era parte del plan inicial.

— Cierto, no lo era, pero nunca he matado innecesariamente — dije serio pero sin darle importancia. Se le veía perturbada ante mi indiferencia y desenfado al hablar de esos temas. Además de un poco preocupada, me veía los golpes y la herida; la sangre escurriéndose de mi ceja y de mi espalda parecían distraerla.

—Pero…

—Es verdad que su muerte no era parte de la planeación original, pero se volvió necesaria con el tiempo, mis colegas debieron decirlo, ellos mismos la recomendaron mucho antes de que finalmente me obligara el mismo sujeto a hacerlo, si la agregué al reporte fue para no dejar nada fuera.

Un gesto de admiración e incredulidad en su cara y sin embargo yo seguí impasible.

— ¿Murió y lo dices como si no te importara?

— Murió y no puedo cambiarlo— recalqué indiferente —, lo he dicho. No hay más.

Se quedó sin decir algo unos segundos, a partir de ahí evitaba verme a los ojos.

— Dices que no matas innecesariamente, pero esta vez no parecen suficientes motivos ¿Por qué le has matado?

— Lo he dicho. Sospechaba de mí y me chantajeaba.

—¿Y…?

Chasqueé la lengua, fastidiado — Me acosaba y era muy desagradable. ¿Cómo se sentiría si alguien la acosara?

— Furiosa — respondió veloz — Pero sigue sin ser justificable la muerte.

— ¿Eso cree?

— Sí.

— Que suerte tengo— Sonreí y se sonrojó tenuemente.

— Sé que a veces es muy, muy difícil— recalcó con un tono enfadado —, pero también hay otras opciones como romperle la cara y mandarlo muy lejos.

— Sigo con suerte — dije despacio, un tanto divertido — y al menos ya parece entenderme.

Gruñó un poco y prosiguió tratando de ignorar mis indirectas — Aquí dice que pensaba que hacías un desfalco, no que fueses un ninja encubierto.

— Hum. Sí, era de esas personas que suelen fantasear mucho. Tarde o temprano traería problemas. Era un soplón hablador. Me chantajeó para "cerrar la boca", no me quedó de otra que cerrársela yo.

— Pero…

— Era un viejo acosador y malvado que trató de pasarse de listo conmigo y sobrepasarse como con todos aquellos de los que abusó antes de mí, supongo que no era precisamente una espada lo que quería que le metiera por el trasero —escupí con pereza.

Incomoda removió los papeles. Seguí observándola. — Pasemos al siguiente. ¿Por qué no hablas sobre el político?

—138. Le hice un favor a él y los demás — dije sereno, con certeza —. El dejarlo sin ni un peso le ayudará a ser menos corrupto.

— Eso… eso no responde la cuestión.

—¿Ah no? — dije con pereza.

— No, el dinero no fue lo único que perdió y tampoco dejarlo en bancarrota y sin honor era parte del plan — me observó, pero esta vez no tomándole importancia a la sangre que bañaba la silla y mis ropas — Puedes ponértela — me extendió la máscara.

— ¿En serio?

— Si te hace sentir más cómodo está bien.

Tomé la máscara sin dudarlo, Haruno sensei bajó los ojos a los papeles y siguió con otra lista de preguntas.

La entrevista continuó, me limité a escuchar y asentir o negar. Si acaso llegaba a decir algo solo era un sí o un no. Ella sólo suspiraba cansina y miraba atrás, cada vez como más frecuencia. Hubo momentos donde se desesperaba y se frustraba, pero había cooperado bastante y no me permitiría seguir más allá de eso.

Fue un juego sucio (y muy inteligente) por parte de la hokage llevar a Haruno sensei a ser mi entrevistador. Era una táctica inteligente, no lo negaba, pero aquello me irritó y molestó bastante, no me agradaban ese tipo de preguntas, me llevaba a revivir las muertes que di, no me gustaba hablar de ello, nunca, mucho menos con ella, no quería que me viera así. No quería notar aquel miedo en sus ojos, o que desviara la vista evitándome.

— ¿Le gustan las Dalias? — le cuestioné después de un tiempo de no hablar.

— ¿Qué? — dijo descolocada. —Sujeto 234 —dijo directa, sin mostrar interés en responder —¿Qué hay de él?

—Lo que lee es lo que hay.

Suspiró y reacomodó el reporte por enésima vez —Lobo, ya ha pasado mucho tiempo. Si no hay cooperación de tu parte sabes lo que pasara— miró atrás, hacia donde estaban los otros —; no me agradaría tener que llegar a eso. No me obligues.

— Hum… he contestado.

— No es suficiente con un sí o un no, lo sabes—dijo estirando los brazos, cansada— Por favor, no podré detener esto por más tiempo.

— Lo que lee es lo que hay— repetí.

La puerta se abrió, era Izuka, volvía con la nariz vendada.

— Suficiente, me he cansado de oír ésta... ¡Qué! ¡Le ha regresado la máscara! ¡Por qué! ¡El protocolo…

— Me ha funcionado— dijo ella enojada ante sus gritos — el protocolo es una guía, solo eso. Ahora este interrogatorio está bajo mi cargo y yo decido que hacer o que no.

El tipo la miró enojado —Muy bien señorita Haruno, quizá lleva razón, pero me han mandado decirle que le han quitado tiempo, supongo que no avanzó mucho desde que me fui a vendar. Lamento mucho el inconveniente, pero podemos seguir. Señorita Haruno, proceda.

— Pero… estoy trabajando sin inconvenientes graves —se levantó de un salto. Yo miré el suelo con tedio y enojo—. Y no creo que sea…

— Sí, sí, no le ha roto nada, cierto, la felicito. Pero no podemos seguir así. No todos tenemos su tiempo y paciencia.

— Deme unos minutos más.

— No. Le han dado suficientes. Proceda — Ella se quedó quieta, apretando el reporte entre las manos. —Cierto que este interrogatorio ya es suyo, pero si no recuerda, bien se le puede destituir según la conveniencia, así que, si usted no lo hace, entonces lo haré yo.

Izuka fue hacia a mí, quise detenerle, pero un fuerte pinchazo eléctrico me recorrió, olvidé que no podía usar chacra. — ¿Tampoco lo ha atado? ¡Está loca!

Velozmente y con desesperación se abalanzó en mi contra. Dolía, pero me incorporé y le tomé la mano, retorciéndola, un crujido, le rompí la muñeca. Izuka gimió de dolor y trató de golpearme con su pierna, la sostuve con la otra mano y lo arrojé contra el suelo.

— ¿Has olvidado la última vez? —le pregunté iracundo, lo pateé duramente y escupió sangre, las vendas del rostro se le cayeron y se embebieron en rojo —No entraran a mi mente otra vez. ¿Cómo está tu amigo de ojos azules? ¿La pasa bien con el psiquiatra? ¿Tú también quieres sacar cita con él?

— Eres un bastardo—, me gritó aumentando los choques eléctricos con su jutsu mental, el impacto me arrojó a un costado de la mesa, fue muy fuerte para resistir de pie y me tuve que sentar en la odiosa silla—, si no quieres llegar a eso Lobo, entonces coopera.

— ¡Basta! —gritó ella y activó el jutsu de las cuerdas atándome de nuevo.

— Al menos ya lo ató, pero a este paso… — dijo Izuka, tomándose de la nariz, que sangraba bastante.

— Lo haré yo—dijo convencida.

¡Rayos! —y apuñé las manos con rabia.

—¿De verdad? — preguntó incrédulo y ella asintió —, de ser por mí se lo impediría, pero como se supone que está aquí para recordar y practicar…

—¿Duda de mí? ¡Hice un buen trabajo hasta que usted entró!

—¿De verdad? — dijo burlón.

—¡Para empezar no soy quien está sangrando y tiene la nariz y la muñeca rotas!

El tipo calló y le cedió el paso, enojado. Haruno sensei se paró junto a mí, observándome atentamente, la miré a los ojos a través de la máscara. Entonces se acercó como antes, pero si opuse resistencia esta vez, moví el rostro e intenté soltarme. Otro chispazo eléctrico, dolía.

—Ka…Lobo, no trates de… por favor.

Moví el rostro cuando me lo tomó entre sus pequeñas y cálidas manos. Sus ojos temblaron, mirándome de esa forma compasiva, sus manos, su cuerpo, toda ella pareció temblar.

—No lo haga— le pedí como último recurso en un susurro leve.

Nunca había pedido tal cosa, ni nada, ni a nadie en esa horrible sala R.

Ella ni siquiera pareció escucharme, realizó la técnica. Un golpe sordo sobre mi cabeza, en mi memoria. Dolía en todo mi cuerpo. Era como estar en un vórtice que me sacudía, me mareaba, me aplastaba a una velocidad estrepitosa en unos cuantos segundos. Dolía, física, psicológica, moral y espiritualmente.

Oí murmullos, vi escenas, sentí los recuerdos, viví los recuerdos. Todos. Me vi ahí, matando, golpeando, engañando, suplantando, llorando en silencio, mirando a todos sufriendo por causa de mí y de mi supuesto "trabajo honorable", ver morir a todos, los que yo mismo mataba, o los que no podía salvar, por mucho que lo intentara.

Me sentí mareado. Siempre era desagradable.

Podía sentir todo, podía revivir cada culpa, incluso las que pensaba olvidadas, todo ese dolor, todo ese odio, toda esa muerte, toda esa culpa, esa frustración, todo vaciado en unos cuantos segundos, de un tirón, sacados al exterior, hacia alguien más.

Ese alguien que después de conocer todo lo que hacía y vivía me miraban con repulsión, con asco, con miedo, con compasión y lástima. No quería eso de nadie, menos de ella. Sentí el tirón del final, lanzándome hacia atrás como si una descarga de alto voltaje se tratara, pero sin moverme un centímetro de la silla. Mi respiración entrecortada, mis ojos nublados, mis sentidos vagos e inseguros, me dolía la cabeza, me dolía todo.

Me soltó impresionada, echándose atrás, también su pulso se aceleró, lo escuchaba apenas, pero era obvio. Entonces la miré, Haruno sensei estaba sorprendida, los ojos abiertos, mirándose las manos con insistencia, como lo hiciera yo con regularidad, como si de un segundo a otro se bañaran de sangre. Se reacomodó el cabello y me miró. Ahí estaba, el dolor, la culpa, la lástima, la compasión, el horror de verme como era. No pudo verme a los ojos por mucho tiempo, yo tampoco la miré, no podía, me dolía saberla propietaria de mis desagradables recuerdos.

Era peor que el jutsu de Zorro. Era horrible no solo para la víctima, sino para el que aplicaba el jutsu. No solo era insufrible y peligroso, era el último recurso. Solo aplicable con la escoria, con lo más bajo, a quienes no debe tenérseles ni una migaja de compasión o humanidad. Así fue pensado inicialmente, y así seguía sintiéndose. En el mundo ninja es considerado humillante, denigrante, indignante, una vergüenza dolorosa para cualquiera que pasa por ello, y lo peor, que es señalado como una víctima de aquel terrible jutsu.

Gruñí —Esta suerte mía.

Izuka la ayudó tomándole de los brazos — ¿señorita Haruno? ¿Está bien?

—Sí… sí— mencionó tomándose de la sien —Tenía tiempo que no hacia el jutsu, es todo.

—Siempre es desagradable, ¿quiere sentarse?

—No, no es necesario, pronto… pronto estaré bien —me dio la espalda y suspiró, abanicándose con la mano.

Lágrimas, intermitentes y pequeñas. Era ella, estaba llorando.

Mi vida es un asco.

Se secó rápidamente de tal forma que nadie la viera, nadie lo hizo, ni yo, pero mis sentidos agudizados no lo dejaron pasar desapercibidos.

Izuka me hablaba, decía algo, le oía mal, me sentía mareado, veía mal, como siempre que usaban ese tipo de jutsus, sentí que vomitaría en cualquier momento, afortunadamente nunca me ha pasado.

Me dolía la cabeza. Me dolía el cuerpo. Seguía sangrando.

Estaba enojado, como siempre, pero esta vez me dolía más pensar en ella, en sus ojos aterrados, mirándome desde lejos, desde cerca, desde dentro de mis recuerdos.

—¿Podemos continuar? ¿Señorita Haruno?

—Sí, si— giró y sonriendo dijo —; está confirmado, es verdad.

—Pero… ¿y los detalles?

—Daré la información en un reporte si se requiere, o bien, especificaré las irregularidades presentadas, oral y escrito, incluso visual si no está conforme. No hay nada digno de penalizarse.

Izuka hizo un mohín de disgusto y tomó el reporte — Buen trabajo señorita Haruno — y se marchó, cerrando la puerta con fuerza.

—Ka… Lobo— me tomó del rostro, traté de verla claramente, apenas y le oía entre el zumbido que me dejaba adormecido. —Te soltaré, ¿oyes? —Asentí. Me liberó, por poco doy contra la mesa, puse las manos — tengo que irme, ¿seguro que estás bien?

Asentí, mintiendo. Ella salió dándome otra mirada cargada de tristeza. Agradecía tener mi máscara, al menos me ayudaba a que no notara las pocas lágrimas de ira, dolor y frustración que me nacieron.

La oí detrás de esas paredes, pero no entendía muy bien, el jutsu seguía adormeciéndome los sentidos. Minutos después escuché pasos alejarse y suspiré intentando recuperar el aliento. Tardé unos minutos en salir de aquel sitio. Afortunadamente no había nadie esperando por mí.

Se me ordenó regresar a casa hasta nuevo aviso, obedecí, no deseaba encontrar a nadie, a nada. Y era mejor no hacerlo, que con el humor que me dejaron parecía desear clavarle algo a alguien solo por dirigirme la palabra.

Tardé varios minutos para llegar a casa, a menudo el jutsu seguía sacudiéndome las entrañas y los recuerdos, me tambaleaba cual ebrio y debía tomarme de las paredes para no caer.

Esas voces lastimeras, esos ojos culpándome, todo volvía de repente, constantemente, la sensación era revivida intensamente. El maldito jutsu dejaba secuelas no solo por horas, si eras afortunado, como yo, te dejaba gratos recuerdos por días. Con imágenes que regresaban como un flash de luz, tan rápido, tan fuerte, que te cegaba por instantes. Era insufrible.

—Al parecer todos quieren arruinarme el día.

Golpeé la pared y avancé por la calle, rumbo a casa. Andaba maldiciendo mi propia suerte. No solo quedé en ridículo ante el escuadrón al hacerme un tanto más "blando y accesible" de lo normal, sino que había perdido cualquier oportunidad con ella. Sí, sus ojos aterrados al descubrir un poco de lo mucho que era "Lobo" me menguaron finalmente el entusiasmo y las esperanzas que apenas dos noches antes había ganado.

Faltaba poco para llegar, entonces levanté la vista. Ahí, en el gran cerco de mi casa estaba ella, recargada, esperándome.

¿Haruno sensei? ¿Qué? — por un momento pensé que era una mala broma de mis sentidos dañados y transgredidos, pero no solo era la vista, también el olfato, era ella, era real. Me acerqué tratando de no trastabillar y quedar en ridículo, ella me observó atentamente.

—-De verdad debes hacer algo con tu casa, da más miedo que la casa del terror.

— La rento en noche de brujas, si le interesa — el estómago se me revolvió de nuevo y que me obligó a no reír de mi propia broma, sentí ganas de vomitar, bien por mí que no pude.

—Tienes que hacer algo con este cerco, rechina horrible —y abrió la puerta, el chillido era agudo e intenso.

—Ah… no estaba así antes, seguro que usted le ha hecho algo y quiere hacerse de la vista gorda.

—Sí… seguro.

Caminé — si ha venido a ver mi casa es mejor por dentro. Pase —. Ella dudó, miró a la calle, de un lado a otro. Yo seguí mi camino, realmente deseaba sentarme. Ni siquiera pude sonreír cuando entró. Me sentía horrible.

— Que sorpresa, es cierto. Sigue siendo muy acogedora por dentro—. Iba a decirle algo, pero tuve que tomarme del marco de la puerta, ella corrió y me tomó, ayudándome a sentarme en el sillón. — ¿Estas… estas bien? —no contesté, igual no le importó —; ven, te ayudaré, déjame… déjame examinarte.

—Estoy bien. Igual lo que haga no me quitara el malestar por días.

—Tal vez, pero tu cara y tu espalda son otro caso.

—Hum… ¿ha venido por eso? Pensé que no lo notó.

— Sí, claro. Quítate la máscara, por favor. Las dos.

— No tiene que hacer esto, debería volver y…

—Las dos, por favor.

Obedecí, cuando habla de esa forma respecto a cosas de salud no queda de otra que obedecerla. Siempre es y será así. Inició su chequeo, verla así, como cuando niño y me sanaba, me puso nostálgico, confundido y un tanto contento.

Todavía se preocupaba por mí. A pesar de todo, a pesar de lo que vio. Tal vez quedaba algo de esperanza para mí.

—Deberías cooperar, ¿siempre es la misma historia en tus entrevistas?

—No. Hoy me porte bien.

—¿En serio?

—Sí. Yo no rompí la silla, se lo dije.

Sólo hablar resultaba desagradable, pero hacia el esfuerzo.

—Seguro que cada que te interrogan la muerte ronda el salón.

—Sí. Pero no por mí.

—No es gracioso.

— Usted empezó — Se quedó serena, la miré atento, se veía cansada y se tomaba constantemente la sien —¿Y usted, está bien?

—Sí. Sólo es un dolor de cabeza. Tuve un día difícil, me tocó trabajar con un tipo insufrible, pero estoy bien.

—Izuka es temperamental, pero pasable.

—No hablaba de él.

— ¿Ah no? —Suspiró e inició a lavarme cuidadosamente la herida de la ceja, estaba abierta e inflamada, sangraba y me ardía. —No debería volver, no es tarea para alguien como usted.

—¿Y eso qué? Lo hago bien.

—No es tan mala. Pero tuvo suerte hoy.

—¿Sí?

—Sí.

—Bien, no te angusties, sé defenderme. ¿Qué tan malo podría ser?, ni que fueran a tirarme al piso y patearme como un perro por intentar tocarlos —Bromeó, no me pareció gracioso.

—No todos tendrán consideración con usted.

—Sé cuidarme, ¿no?

—Sí.

—¿Entonces?, ¿cuál es el problema?

—Que no todos la ven como yo — dije calmo, mirándola atentamente a los ojos, pareció sonrojarse un poco, pero no estuve seguro, aun no podía ver claramente —; no sienten lo que yo.

Al escucharme se detuvo un instante, solo un segundo — Ah… — dijo despacio y tomó otra gasa para seguir limpiándome —; te preocupas exageradamente, además, no que algún loco venga e intente romperme la nariz al darme contra el suelo, ¿verdad? —. Siguió sin parecerme gracioso. —Lamento… lamento lo de la técnica y haberte hecho pasar por esto, pero… no tuve opción.

—Igual yo.

Silencio, no hablamos por un tiempo, sentía el tacto frio y suave de la tela limpiándome la sangre y el sudor. Entonces la vi ligeramente más clara y noté un temblor en ella.

—Haruno sensei, ¿me teme?

— ¿Qué? —se sorprendió un poco y me observó, sentí vergüenza, miedo, pero no dejé de verla a los ojos, ella no pudo resistirlo y desvió su mirada —no.

—Entonces, ¿por qué tiembla?

—Es una secuela del jutsu— dijo rápido, bajando la vista y yendo a cambiar la gasa por una limpia.

—Quizá, pero hace dos noches también temblaba.

—Llovía, tenía frio— y se sentó a un costado, limpiándome una vez más. La herida era profunda.

—Alguien una vez me dijo que mentir era uno de los peores males, ¿recuerda?

—Sí, fui yo.

—¿Teme de mí? —tomé su mano con seguridad, obligándola a mirarme a los ojos, ella lo hizo y muy bajo respondió

—Si… de quién eres ahora, de lo que no conozco, de lo que he visto —aquello me dolió—; pero no ahora, no en este momento. No hablemos más de eso, ¿sí?

La solté, ella siguió en su labor, sanándome y cerrándome la herida de la ceja.

—¿Por qué está aquí?

—¿No es obvio? He venido a sanarte. No podía dejar de pensar en tus heridas desde lo de la silla.

— No debió.

—Cierto. Pero te conozco, sabía que no buscarías ayuda. Tenía que hacerlo sino no estaría tranquila, después de todo y a pesar de que seas tan irritante e irracional eres mi alumno, y siempre lo serás, tú mismo lo dijiste.

—Cierto, pero hace mucho que no lo soy.

—Quizá, pero suelo olvidarlo.

—Yo no.

—Trato de no pensar mucho en eso, inténtalo.

—Yo no puedo, aunque trate.

—Tal vez te rindes fácilmente.

—Lo he intentado mucho tiempo, créame. Hasta el cansancio.

Tomé su rostro, retrocedió instantáneamente casi por reflejo, casi con miedo.

—No empieces con eso.

—¿Por qué no puede concentrarse? Igual puede retomarlo después.

—No te creas tan importante, tengo cosas por hacer.

—¿O es por qué está casada? — mis palabras parecieron incomodarle— Solo faltan ¿Qué? ¿Semana y media? Pero si lo quiere puedo esperar un poco.

—Tampoco es por eso. Es porque estoy intentando sanarte, no terminar de romperte la cara.

—Sigo con suerte — bromeé, ella solo suspiró y rodó los ojos —Entonces… ¿Sólo está aquí para curarme?

—¿Y por qué más? ¿No es suficiente motivo?

—No, no desde hace dos días.

—Veamos tu espalda — acaté su orden y giré —; la herida es… es bastante grande. Apuesto que duele.

—Sí. Siempre duelen. ¿Entonces…?

—¿Entonces qué?

—¿Sólo ha venido por eso?

Ella suspiró —estaba, estaba preocupada por ti.

Sonreí aliviado, la esperanza era más tangible —, al menos eso significa que aún me aprecia… a pesar de todo, ¿cierto?

—Tendrás que guardar cuidado con esto, puede complicarse si no…

Giré y le tomé las manos una vez más —¿cierto?

—¿Estoy aquí? Sí, aquí estoy ¿No es suficiente respuesta para ti? Déjame terminar de hacer mi trabajo en paz por una sola vez, por favor.

—Hum…

La solté, la veía nerviosa, pero cuando se trataba de ese tipo de cosas simplemente no podía negociarse con ella.

—Me devolvió la máscara, ¿por qué?

—Comodidad, te lo dije.

—Sí, para que fuera más cómodo, pero ¿para mí, o para usted?

—Ambos.

—Luce cansada.

—¿Tú crees?

—¿Está enojada?

—¿Tú crees?

—Se le veía así mucho antes de que le propusiera algo, no es solo mi culpa. Debería dormir mejor y no trabajar tanto y…

—Y tú deberías cooperar y responder cuando debes.

—¿Ha pensado lo que le propuse? —se detuvo un poco, por un instante, me pareció eterno.

—No viene al tema. Listo, ahora solo resta un vendaje solo para reforzar.

—¿Lo ha pensado?

—No viene…

— Sí, si viene —la encaré, ella se levantó y se tomó la sien, parecía dolerle bastante—; ha venido hoy, a mi casa, después de lo que dije, después del interrogatorio, claro que viene al tema.

—No, no te confundas —echó hacia atrás —; he venido porque estaba preocupada por ti, no por algún otro motivo.

—¿Segura? —me acerqué, ella me retiró con sus manos, empujándome levemente y yendo al otro lado.

—Muy segura.

—Entonces, ¿por qué parece escapar de mí?

—No me gusta sentirme acosada. ¿Recuerdas?

—Lo recuerdo. Suerte que no me ha roto la cara ni mandado volar lejos, eso significa que no estoy tan mal, ¿verdad?

—Significa que… no debes tentar a tu suerte. Siéntate, te vendaré. Necesito irme y es tarde.

—Entonces váyase.

—¿Me corres? Sabes que no iré hasta que esté segura de que he terminado.

Me senté y ella se acercó un tanto molesta, empezó a envolverme en aquel mar de vendas. Nunca dejé de mirarla, parecía incomodarle, pero no agregó nada.

—¿Le gustan las Dalias?

—¿Qué? —suspiró y cambió de tema —¿Te ha dolido? Deberían hacer las sillas más resistentes. Igual no tienen por qué atarte, no eres un animal.

—Hum… hay días peores.

—Aunque entiendo porque lo hacen. Tampoco eres un animal para que te comportes así.

—¿Le gustan o no? —retomé.

—¿Dalias? Sí, puede decirse que sí. ¿Lo anotaras en tu lista? — dijo bromeando en tono burlón.

—Hum… Si eso quiere lo hago, claro. Anotaré cualquier cosa que considere permitente.

Se incomodó y suspiró —no sigas con eso. No bromees, por favor.

—No lo hago, se lo he dicho —finalmente terminó de vendarme. Tembló un poco cuando tomé su mano, la sacó rápidamente, sin verme directamente y se alejó una vez más.

—Deja de decir eso. No vuelvas con ello.

—Hum, lo siento, no puedo, me he cansado de no decirlo.

Se tomó la cabeza y se revolvió el cabello —¿Por qué… insistes en eso? ¿Por qué lo haces? ¿Es una mentira, una broma de mal gusto, un juego?

—No. Se lo he dicho, no mentí.

Aquello le llevó a sonreír con desagradado —No creí que fueras ese tipo de hombre —no entendí, entonces aclaró —. Del que miente— seguí sin poder contestarle, confundido— ¿Cómo está? ¿Es linda? Gai kun dijo que sí. Agradable y muy hermosa, esas fueron sus palabras. Me alegré por ti, pensé que te haría bien tener a alguien amable contigo.

Apuñé las manos, recordando, entendiendo, hablaba de Ayaka san —Gai es muy hablador.

—También vas a "cerrarle la boca".

—¿Está celosa? —acoté sonriendo. Pareció molestarle.

—¿Celosa? — bramó, le tomé la mano, se soltó bruscamente y se alejó al otro lado de la sala —Creo que no has entendido mi punto aquí. ¿Nanami?, ¿no? Tiene lindo nombre, deberías recordarla más seguido.

— ¿Conoce a Gai? Es bastante fastidioso cuando se lo propone.

—Sólo se preocupa por ti.

—Me fastidiaba con eso de la novia, conseguí a una amiga que dijera eso solo para que me dejara en paz.

Pareció dudar, pero siguió hablando —Quizá, pero en todo caso no cambia nada.

—Cambia todo, al menos su punto.

—No, no lo hace. Sigues sin entenderlo. Dices que no mientes, que no bromeas, pero lo hiciste con Gai y eso de la supuesta novia, suponiendo que es verdad y es falsa, por supuesto.

— Lo es.

—¡No es el punto! El punto es, ¿cómo puedo saber que no me mientes? ¿Qué no hay algo más que compasión o lástima en esto?, ¿qué no estás jugando conmigo? —gritó, se giró avergonzada, tomándose la sien, parecía dolerle más.

—Creí… creí que usted sabría que jamás haría algo como eso, no con usted.

—Sinceramente… sinceramente ya no sé qué pensar de ti, hay tantas cosas… tantas que...

—¿Seguro que solo es un dolor de cabeza? No se ve muy bien

—¡Y cómo quieres que esté! —gritó encarándome— ¡Me besaste! ¡Me dices esas cosas y…!

— Al menos lo hago bien, ¿no?

—¡Arg! —gruñó pateando el suelo, unas ligeras grietas aparecieron —. Dios, terminaré de volverme loca con todo esto.

—¿Del modo divertido?

—¿Qué? ¿Cómo puedes decir esas cosas cuando hablamos de esto? Quieres que te tome en serio, pero no pareces hacerlo ni tú. No puedo confiar Kakashi kun, no puedo.

—Hum, es igual —dije un tanto enojado—; nada cambiará si usted no quiere aceptarlo, parece que nada de lo que diga la convencerá de todas formas.

Solo se quedó de pie, sin poder verme, sin poder hablarme. Fui hasta ella. Estaba tan sumida en sus pensamientos que pareció ni notarlo, entonces tomé sus manos, quiso soltarse, pero lo impedí sosteniéndola firme, sus ojos temblaron. Entonces coloqué sus manos alrededor de mi rostro.

—Adelante, hágalo.

—No… no entiendo.

—La técnica. Lo usó a pesar de que le pedí no hacerlo, ahora le digo que puede hacerlo, no me opondré.

—Pero… ¿por qué?

—Diga lo que diga y aunque lo repita hasta el cansancio nada la persuadirá. Si esto la hace sentir más segura, si le da más confianza… entonces hágalo, indague en mi— solté sus manos —; averigüe si miento respecto a que la amo.

Sentí sus manos estremecerse un poco, miré sus ojos, se veía pequeña, cansada, nerviosa. Se mordió los labios.

—No— se alejó una vez más. Desviando la mirada —Eso… eso no debe hacerse si no es necesario.

—Si lo es para usted, por mí bien. Lo soportaré, lo he soportado varias veces, incluso en un solo día. Al menos esta vez sería bajo mi consentimiento y por algo que quiero.

— Es… es tarde.

—¿Tiene miedo?

—Tengo… tengo que irme.

Fue a la puerta, la seguí con la mirada.

—¿Tiene miedo de que sea verdad? ¿O de que sea mentira?

Y salió, cerrando la puerta con delicadeza, sin despedirse.

Me dejé caer en el sillón, seguía mareado, aturdido. Apreté las manos, no sabía que pensar, que hacer. Lo cierto era que aparentemente todavía me apreciaba, a pesar de todo fue a mi casa a atenderme, eso era una buena señal.

Quizá todo era demasiado para ella, y tal vez también demasiado pronto, aparentemente debía darle tiempo para asimilarlo, aceptarlo.

Lo triste de todo eso es que ya me había cansado de esperar.

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Saludos desde Sinaloa, México.

¿Qué tal? Bien, otro episodio más de Haruno sensei. Ya casi me pongo al tanto, ya era hora, vamos por el cap 18 y escribí 23, cálculo que después me faltarían unos tres cap para finalizar la historia.

Amo esta historia, como todas, Kakashi kun y Sakura sensei sufren mucho, pero bueno, no puedo cambiarlo (mentira, si puedo, pero no podría porque traicionaría la historia) jajajaja. En fin, me grada que lean, me dejan comentarios, por favor.

Hasta pronto, Dios los bendiga.

Cristo vive.

Nota original:

Bien, por fin he actualizado. Este cap. Va especialmente dedicado para dos personas, para Lexia, porque ha sido su cumpleaños y prometí darle algo a cambio; y para Sempai2008, porque… bueno, porque es ella y me ha regalado un maravilloso fanart de mi reciente OS del ABC ¡Y le quedó hermoso!

Pero retomando ¿qué les pareció el episodio? Espero y valiera la pena. Saludos y que Dios me los cuide.

Hasta pronto.