Después de días de anticipación, finalmente había llegado el viernes tan esperado, el día en que Hiro presentaría su invento en la feria de su preparatoria. El exterior de la escuela estaba decorado de manera peculiar, una mezcla de adornos del festival de Halloween de octubre que le daban un aire curiosamente extraño. A pesar de la decoración inusual, el ambiente era alegre y relajado, con estudiantes charlando animadamente por los alrededores.

En medio de esta escena vibrante, una motocicleta con un diseño casi semi tecnológico hizo su aparición en el estacionamiento. Sobre ella viajaban Tadashi e Hiro. Tadashi detuvo el ciclomotor, dejando el motor encendido mientras observaba los adornos extravagantes que adornaban la entrada de la escuela - Vaya, es sorprendente lo que pueden colgarle a tu escuela - Comentó Tadashi con una sonrisa burlona al contemplar las extrañas decoraciones.

Hiro bajó del ciclomotor, cargando una mochila en la espalda y dos bolsas de tela llenas de material para su presentación - Sí, parece que han reciclado la decoración de Halloween - Dijo Hiro, señalando las telarañas verdes fosforescentes y algunas arañas de plástico. En ese instante, una de las arañas se desprendió y cayó sobre el cabello de una chica que pasaba, causándole un susto. La escena provocó una risa leve entre los hermanos Hamada.

Cuando la risa se desvaneció, Hiro quedó pensativo. Una sombra de duda se dibujó en su rostro mientras observaba el gran cartel sobre la entrada que anunciaba: "Feria de Artes y Ciencias de la Preparatoria Atlas." Aunque su expresión mostraba determinación, sus ojos y respiración revelaban un leve nerviosismo, como si una nube de ansiedad empezara a formarse sobre su cabeza.

De repente, una voz rompió el trance de Hiro - ¿Estás bien, Hiro? - Preguntó Tadashi con su tono característico, relajado y calmado, mientras apoyaba el antebrazo en el manillar de su ciclomotor. Hiro se giró hacia su hermano y, antes de responder, tomó un profundo respiro, fijando su mirada en él.

- Puede que esté un poco... nervioso - Admitió Hiro, cambiando una de las bolsas de una mano a otra antes de rascarse la nuca, como si ese gesto pudiera espantar los pensamientos pesimistas que lo invadían.

Al escuchar a su hermano, Tadashi se tomó un momento para reflexionar con calma. Llevó la mano a la barbilla y cerró los ojos, como si estuviera invocando la sabiduría ancestral para ofrecer el consejo perfecto en medio del evidente nerviosismo de Hiro.

- Creo que este es el momento en el que debería darte un consejo profundo y reconfortante - Dijo Tadashi con tono sereno, mientras Hiro lo miraba con una mezcla de esperanza y ansiedad - Pero no lo haré...

La expresión de Hiro se transformó en una mezcla de sorpresa y desconcierto. Antes de que pudiera protestar, Tadashi dejó escapar una risa burlona. La risa era tan inesperada que Hiro no pudo evitar sonreír, su confusión disipándose en una sensación de alivio.

- Eres el peor orientador motivacional, ¿sabías? - Comentó Hiro con tono juguetón, mientras Tadashi mantenía una sonrisa traviesa.

- Nunca dije que fuera el mejor - Respondió Tadashi, sin perder el tono bromista. A pesar de la broma, sus palabras ayudaron a calmar el estrés de Hiro. Con una risa que se desvanecía, Hiro volvió a mirar a Tadashi, su rostro mostrando una sonrisa más tranquila.

- Pero, en serio, Hiro... los nervios, el miedo e incluso la ansiedad son normales. Créeme, cuando presenté mi primer proyecto de ciencias en una feria de la preparatoria, también estaba nervioso, igual que tú - Dijo Tadashi con calma, mientras Hiro escuchaba atentamente. Tadashi hizo una pausa, y por un momento, su expresión relajada se tornó levemente melancólica.

- Unas palabras me ayudaron en ese momento de tensión y me han acompañado durante gran parte de mi vida... "No importa el resultado, no tienes que hacerlo perfecto; lo importante es que lo intentes con tu corazón" - Comentó Tadashi, su voz llena de nostalgia, pero aún con una chispa de alegría. Hiro, mostrando interés, permitió que la curiosidad iluminara su rostro.

- Mamá te dijo eso, ¿verdad? - Preguntó Hiro, con genuina curiosidad.

Tadashi asintió, todavía con una sonrisa en el rostro. Al escuchar esas palabras y sintiendo la misma emoción que había inspirado a Tadashi, Hiro respiró profundamente y levantó la mirada, su determinación renovada. Aunque aún sentía nerviosismo y estrés, parecía estar más enfocado y listo para enfrentar la ansiedad que lo rodeaba.

- Gracias, hermano - Dijo Hiro con una sonrisa decidida. Tadashi sonrió con satisfacción, complacido al ver el cambio en la expresión de su hermano.

- No hay de qué, hermano - Respondió Tadashi con una sonrisa, repitiendo la última palabra de Hiro como si fuera una broma interna. Encendió el ciclomotor con una habilidad que parecía ensayada y se colocó el casco con un gesto preciso - Bueno, si me disculpas, debo irme. En una hora tengo un examen - Comentó mientras retiraba la pata lateral del ciclomotor.

Hiro, con curiosidad genuina, preguntó; ¿De qué es el examen?

- De Inteligencia Artificial y Aprendizaje Automático. No es complicado, pero requiere tiempo - Respondió Tadashi, colocando sus manos sobre los manubrios del ciclomotor.

- Supongo que estarás tratando con aplicaciones en series temporales, LSTM, GRU, y esas cosas - Añadió Hiro con interés. Tadashi sonrió al ver el entusiasmo de su hermano por el tema.

- Exactamente - Confirmó Tadashi, levantando una ceja con curiosidad al ver el detalle en el interés de Hiro - Sabes, creo que tienes potencial para entrar a mi universidad.

Las palabras de Tadashi hicieron que Hiro reflexionara por un momento. Su expresión de interés se suavizó, dando paso a una calma decidida.

- No es una mala idea, pero aún no me llama lo suficiente - Respondió Hiro, provocando una risilla en Tadashi. Mientras el ciclomotor comenzaba a encenderse y el faro central se iluminaba, Tadashi añadió: Solo piénsalo. Cuando termine mi examen, volveré a recogerte.

- No hay problema, yo te aviso si termino antes - Dijo Hiro.

Con una última mirada de complicidad, Tadashi comenzó a alejarse en su ciclomotor. Hiro lo siguió con la mirada mientras el vehículo se desvanecía en la distancia, sintiendo una mezcla de gratitud y anticipación por el día que tenía por delante.

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Cuando Tadashi desapareció a lo lejos, Hiro se dirigió hacia la entrada de la preparatoria. Mientras avanzaba, varios estudiantes lo saludaron; él correspondió con una sonrisa amistosa. Al llegar al gimnasio, la tranquilidad de su rostro dio paso al asombro al ver la animada actividad que envolvía la feria. Las presentaciones de inventos y obras de arte estaban en pleno apogeo, y el aire estaba cargado de entusiasmo.

- Vaya, se nota que el ambiente está bastante animado - Murmuró Hiro, admirando el despliegue de creatividad de sus compañeros - ¿Me pregunto dónde estará Karmi? - Se pregunta Hiro mientras buscaba entre la multitud, su mente se desvió hacia su amiga, preguntándose dónde podría estar.

- Sí, yo también me lo pregunto - Respondió una voz femenina desde atrás, haciendo que Hiro diera un pequeño salto de sorpresa. Se giró para encontrar el origen de la voz.

- ¡Karmi! - Exclamó Hiro al reconocer a la chica, cuyo rostro se iluminó con una sonrisa traviesa - ¡"Pescado frito"! - Respondió Karmi, imitando el tono de voz de Hiro con una risa juguetona y una sinceridad contagiosa.

- Je, Kami, siempre es un gusto verte… ¿Cómo estás? - Dijo Hiro, todavía recuperándose del susto pero sonriendo de manera afectuosa.

- Por el momento, todo bien. Gracias por preguntar - Respondió Karmi, con el mismo tono cálido que él.

Hiro desvió la mirada hacia el área de presentación que Karmi había preparado. El montaje era intrigante, con un estilo meticuloso y simétrico, pero algo en el centro captó su atención de inmediato.

- ¿Eso es una simulación de células? - Preguntó Hiro, señalando un mural con apariencia digital. Dio un paso más cerca, seguido por Karmi, cuyo orgullo era palpable - En resumen, sí – Continuo Karmi con calma.

- Es una simulación celular de un espécimen humano - Explicó Karmi mientras se colocaba al lado del mural digital. Hiro, impulsado por la curiosidad, tocó la pantalla, y las células comenzaron a moverse fluidamente a través de vasos sanguíneos y venas virtuales.

El espectáculo de luces y movimientos en el mural era fascinante, y Hiro no pudo evitar sentirse impresionado. Karmi lo observaba con una mezcla de nervios y esperanza, su mirada fija en la reacción de su amigo. El ambiente, a pesar de la multitud y la actividad, parecía haberse reducido a un pequeño rincón de fascinación y complicidad entre ellos.

- Esto es asombroso - Comentó Hiro, fascinado por el movimiento de las células en el mural digital. Al deslizar su dedo sobre la pantalla, parecía que podía alterar el trayecto de las células con solo un toque - Veo que te has esmerado mucho en el diseño de este mural.

- Bueno, me inspiré un poco en esos murmullos que a veces haces durante la clase de literatura. Hablaste mucho sobre diseño gráfico y datos para simulaciones avanzadas - Dijo Karmi con una sonrisa, explicando el origen de su inspiración. Hiro se sonrojó ligeramente; nunca había pensado que sus murmuraciones fueran tan notorias.

- Sí, bueno… nunca me había dado cuenta de eso - Admitió Hiro, rascándose la nuca para disimular su vergüenza, lo que hizo que Karmi sonriera aún más.

- Ey, no te preocupes. De hecho, tus murmullos fueron muy útiles… - Hizo una pausa, llevando su mano a la barbilla con una expresión pensativa - Corrijo, tus murmullos fueron clave para diseñar esta maravilla - Añadió, acariciando con afecto el borde metálico del mural digital. Hiro sonrió ante las palabras de su amiga; no esperaba tal reconocimiento, mucho menos de Karmi.

- Entonces, ¿de qué trata tu presentación? - Preguntó Hiro, dejando sus bolsas en el suelo y tratando de desviar la atención del ligero rubor en sus mejillas.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Karmi. Se aclaró la garganta antes de comenzar su explicación, ajustando su postura con un aire de profesionalismo.

- Esta simulación muestra el hábitat de un entorno microscópico. Los visitantes podrán observar y maravillarse con la naturaleza de las células. Pero aquí es donde entra un aspecto importante de mi proyecto… - Karmi hizo una pausa, su expresión se tornó en una mezcla de entusiasmo y ligera frustración.

Hiro, intrigado, la miró con curiosidad. Karmi abrió los ojos con una leve expresión de molestia.

- No mencioné la parte del panel interactivo, ¿verdad? - Preguntó Karmi, con un toque de exasperación en su voz. Hiro asintió con una risilla, y Karmi suspiró - Toca el panel en cualquier parte - Continuó, señalando el mural.

Hiro siguió la indicación de Karmi y, como antes, pudo mover el flujo de las células en el vaso sanguíneo.

- Además de mover las células por los vasos sanguíneos, puedes ver el estado de sus componentes, como el citoplasma - Explicó Karmi. Hiro presionó una de las células, y como había dicho Karmi, ahora podía observar el nivel y el estado de cada componente. En el resumen, la célula parecía estar en perfectas condiciones.

- Wow - Comentó Hiro, asombrado.

—Y eso no es todo —dijo Karmi con una sonrisa traviesa. Presionó un ícono en el mural digital que mostraba un símbolo de peligro. Al hacer esto, la simulación reveló pequeñas motas negras con un leve tinte óxido. Estas motas de apariencia extraña comenzaron a contaminar todo el vaso sanguíneo, afectando incluso algunas células.

Hiro apartó un poco la vista al principio, pero rápidamente la volvió a fijar en la pantalla, maravillado por lo que veía.

- ¿Qué es eso? - Preguntó Hiro, aún impresionado.

Karmi soltó una risa ligera antes de señalar otro ícono en el mural. Al activarlo, la vista se acercó a la zona infectada de la célula.

- Esas motas que parecen óxido son en realidad un virus. A pesar de ser solo una simulación, el virus muestra cómo puede deformar y controlar el sistema a su alrededor - Explicó Karmi, su entusiasmo palpable en cada palabra.

- Pero cada organismo tiene su propia "seguridad personal" - Añadió, haciendo un gesto con las manos para imitar comillas - Presiona ese ícono con forma de detective.

Hiro asintió y tocó el ícono indicado. De inmediato, unas luces azules parpadeantes aparecieron en la pantalla. Estas luces se movían rápidamente, para luego fijarse sobre las motas de óxido. Gradualmente, las motas empezaron a desaparecer, desintegrándose y alejándose de las paredes de los vasos sanguíneos y de las células.

Hiro, fascinado, decidió explorar más. Presionó el ícono que había usado Karmi para el acercamiento y vio que las luces azules eran en realidad nanomáquinas encargadas de limpiar las áreas afectadas por el virus. Los nanobots, de diseño blanco y forma circular, tenían pequeños tubos cortos en sus extremos, de los cuales emanaban luces azules parpadeantes. A medida que los nanobots se movían, limpiaban eficazmente la infección, restaurando la célula a su estado original.

- Impresionante, ¿verdad? - Dijo Karmi con una mezcla de alegría y orgullo mientras los nanobots terminaban de limpiar el virus. La simulación finalizó mostrando una carita sonriente y un mensaje que indicaba que el virus había sido eliminado en un 99%.

- Karmi, esto es más que impresionante; es asombroso - Respondió Hiro, su rostro reflejando una sincera admiración. El comentario hizo que Karmi sonriera, y un leve sonrojo se asomó en sus mejillas. Al percatarse de la presencia de otros estudiantes, rápidamente recuperó su compostura.

- G-gracias, Hiro - Dijo Karmi, tratando de ocultar su rubor con una tos suave - Aprecio mucho tu comentario.

De repente, un anuncio por el megáfono resonó en el gimnasio, captando la atención de todos, incluidos Hiro y Karmi – "Les informamos que la feria de artes y ciencias de la preparatoria Atlas dará comienzo en unos 35 minutos…" - Se oyó la voz del megáfono.

Hiro recogió sus dos bolsas del suelo, preparándose para marcharse.

- Bueno, creo que ya es momento de ir a acomodar mi puesto de presentación. Fue un placer hablar contigo, Karmi - Dijo Hiro con una sonrisa genuina. Karmi respondió con una sonrisa cálida.

- Sí, también lo fue, Hiro - Comentó Karmi, levantando la mano para darle un apretón. Justo cuando Hiro se acercaba, Karmi le dio un suave golpe en el codo y soltó una risilla - Buena suerte con tu presentación, "Pescado frito".

Hiro se frotó el codo con una sonrisa, divertido por la broma, y asintió antes de dirigirse hacia un puesto vacío para instalar su presentación. Mientras se alejaba, Karmi echó un último vistazo a Hiro antes de volver a concentrarse en su proyecto.

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Después de treinta minutos de ajustes meticulosos, Hiro terminó de preparar su puesto de presentación. Aunque su exhibidor tenía un aspecto algo rústico, mostraba todo lo necesario para destacar su invento: el guantelete de electromagnetismo, materiales de metal que usaría para la demostración, unos goggles de seguridad, los planos detallados de su diseño, y a la derecha, su laptop con gráficos y esquemas adicionales. Hiro observó su trabajo con una sonrisa satisfecha, sintiendo una mezcla de orgullo y nerviosismo.

- Solo tengo que respirar… y esperar que todo salga bien - Murmuró para sí, en un intento de calmarse.

En ese momento, el megáfono del gimnasio volvió a resonar. Hiro giró en dirección al sonido mientras la voz anunciaba: "Damos inicio a la feria de artes y ciencias de la preparatoria Atlas. ¡Diviértanse y asómbrense con los inventos y las obras de arte!"

- Bueno, parece que ya empezó - Comentó Hiro con una sonrisa nerviosa. Justo entonces, uno de los planos se desprendió de su mural. Se apresuró a acomodarlo, absorto en el pequeño contratiempo, sin notar que un grupo de personas se acercaba a su puesto.

Fue el sonido de alguien aclarando la garganta lo que lo devolvió a la realidad. Al volverse, se encontró con un grupo de personas que lo observaban con curiosidad, incluida una de sus maestras, que sostenía una libreta de anotaciones.

- Hola... - Dijo Hiro de forma automática, sintiéndose algo avergonzado por su torpe saludo inicial. Recuperándose, tomó una leve inspiración y continuó con más confianza - Mi nombre es Hiro Hamada, ¡bienvenidos a mi puesto de presentación!

- Joven Hamada - Intervino la maestra, con un tono sereno pero firme—, espero que tenga algo interesante para mostrarnos.

Hiro sintió el peso de las expectativas, una sensación que le oprimía el pecho. Se giró un momento hacia su exhibidor, buscando un poco de aliento en el aire que lo rodeaba. Recordó las palabras de Tadashi: "No importa el resultado, no tiene que ser perfecto; lo importante es que lo intentes con todo tu corazón." Inspirado por ese pensamiento, volvió su mirada hacia el grupo con renovada determinación.

- Hoy quiero presentarles... ¡el guantelete de control electromagnético Hamada! - Anunció, levantando un guantelete de cuero con un diseño claramente tecnológico.

El guantelete parecía sencillo, y algunas personas en el grupo intercambiaron miradas escépticas. Incluso un estudiante se alejó silbando, poco impresionado por la apariencia del aparato. Por un instante, Hiro sintió el desánimo asomarse, pero rápidamente recordó las palabras de su hermano y, con una sonrisa, continuó.

- Tal vez no parezca mucho… - Dijo mientras se colocaba el guantelete - pero este pequeño aparato puede hacer cosas extraordinarias. Déjenme mostrarles.

Presionó un botón en la parte superior de su muñeca izquierda, y un LED de tono morado en el guantelete se encendió. Un suave zumbido, como el de una estática, llenó el aire, confundiendo brevemente a la audiencia. Pero en cuestión de segundos, los rostros de confusión se transformaron en asombro. Los platillos de metal que estaban alineados frente a él comenzaron a moverse lentamente, como si fueran guiados por una fuerza invisible.

- Esto es solo un breve contoneo - Explicó Hiro con una chispa en los ojos - Pero puedo aumentar la potencia ajustando este controlador aquí.

Hiro ajustó el pequeño dial en su muñeca, girándolo hasta la marca que decía "Nivel 2". Al instante, el zumbido del guantelete se intensificó, llenando el aire con un crujido eléctrico sutil pero perceptible. Los platillos de metal que había colocado previamente en la mesa empezaron a flotar, vibrando con una energía palpable. Los ojos de la audiencia se abrieron aún más, llenos de asombro. Hiro esbozó una sonrisa; sentía la familiar emoción de estar en su elemento.

A simple vista, el guantelete de electromagnetismo parecía un accesorio de cuero, adornado con paneles metálicos y finos cables incrustados. Pero, a medida que Hiro movía los dedos, el resplandor morado alrededor de los platillos se intensificaba, haciendo que estos giraran y se balancearan con una precisión sorprendente.

- Este guantelete no es solo un juguete para mover objetos metálicos - Comenzó Hiro con entusiasmo, aprovechando el interés de su audiencia - Su principal objetivo es facilitar el trabajo en construcciones de manera segura y eficiente. Imagina cargar vigas de metal o ensamblar piezas pesadas sin necesidad de grúas o maquinaria complicada.

Mientras hablaba, dirigió su mano enguantada hacia una serie de pequeños bloques metálicos que estaban en una esquina de su mesa. Al activar el guantelete, una onda de energía invisible los envolvió, haciéndolos levitar antes de juntarse con un chasquido casi magnético, formando una estructura robusta.

- Pero no se detiene ahí - Continuó Hiro, con una chispa en los ojos -También es una herramienta increíblemente útil para situaciones de rescate.

Apuntó hacia una maqueta que había preparado, mostrando un automóvil de juguete atrapado bajo una pila de varillas de metal. Con un movimiento rápido de su mano, las varillas se levantaron como si fueran plumas, agrupándose en el aire antes de depositarse suavemente en un solo montón. Los espectadores intercambiaron miradas impresionadas, algunos murmurando entre sí.

Aprovechando el momento, Hiro sintió que tenía la atención de todos - Imaginen una situación de emergencia en un edificio colapsado - Dijo con más fuerza - Con este guantelete, un rescatista podría mover escombros pesados sin necesidad de herramientas adicionales, o incluso crear una escalera improvisada para evacuar personas rápidamente.

Para demostrarlo, Hiro movió su mano con precisión, y las placas de metal en la mesa comenzaron a flotar nuevamente, esta vez formando una escalera rudimentaria pero estable. Subió con agilidad los peldaños improvisados, para luego deslizarse de vuelta al suelo con gracia, provocando una risa suave entre los presentes.

- ¿Y qué tipo de batería usa? - Preguntó con curiosidad una chica en la primera fila.

- Justo a eso iba. El guantelete también es extremadamente eficiente en términos de energía - Respondió Hiro, anticipando la pregunta - Utiliza un supercondensador que se carga rápidamente y almacena energía suficiente para varias horas de uso intensivo - Levantó la muñeca, mostrando la unidad compacta y futurista incrustada en el guantelete - Al principio pensé en usar baterías de ion de litio, pero me di cuenta de que un supercondensador es más adecuado para un dispositivo que necesita ráfagas rápidas de energía.

Notando otra expresión de curiosidad en la audiencia, Hiro añadió con una sonrisa traviesa —Aunque, para ser sincero, mi primer intento fue un poco… caótico.

Se giró hacia su laptop y pulsó la barra espaciadora, proyectando un video en la pantalla detrás de él.

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El video comenzaba en la ya familiar cochera, iluminada por las luces tenues de un miércoles por la noche. Frente a la cámara, Hiro Hamada se veía concentrado, con una expresión mezcla de determinación y ligera incertidumbre.

- Aquí Hiro Hamada, para la prueba número seis del cinturón de carga - Dijo con una sonrisa - Espero que las modificaciones que hice mejoren los resultados de la prueba anterior...

Con un gesto decidido, Hiro conectó dos cables del cinturón al guantelete que llevaba puesto en la mano. Al instante, las luces LED del guantelete se encendieron, parpadeando con un brillo que hizo que una sonrisa satisfecha apareciera en el rostro de Hiro.

- Bueno, esto es una buena señal. Ahora, el siguiente paso es... - Comentó mientras ajustaba el controlador.

Pero justo en ese momento, el guantelete empezó a soltar unas chispas eléctricas. Hiro frunció el ceño y, antes de que pudiera reaccionar, los dos cables conectados al cinturón se quemaron en cuestión de segundos, dejando una estela de humo en el aire. Sin perder tiempo, Hiro se quitó el cinturón rápidamente y lo lanzó al suelo, solo para ver cómo empezaba un pequeño incendio en la alfombra de la cochera.

- ¡Oh, no, no, no, no! - Exclamó Hiro mientras corría a por el extintor, luchando por mantener la calma. Tras un breve pero frenético momento, logró apagar las llamas con una nube de polvo blanco. Se quedó mirando el desastre, soltando un suspiro de alivio.

- Bueno, creo que eso es todo por la prueba número seis... - Dijo con un tono resignado - Definitivamente, será mejor idea cambiar el sistema de carga...

Justo cuando estaba a punto de explicarse, un leve "pop" se escuchó detrás de él. Hiro se giró lentamente, con la mirada de alguien que sabe que la suerte no está de su lado hoy. Una nueva explosión salió del cinturón, seguida de una pequeña llamarada.

- ¡¿En serio?! - Gritó, volviendo a correr por el extintor para lidiar con otro mini incendio.

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Hiro pausó el video con una sonrisa nerviosa, mirando a su audiencia, que ya estaba riendo a carcajadas. El sonido del buen humor llenó el gimnasio, y Hiro no pudo evitar soltar una risa contagiosa, como si las risas de todos fueran parte de un espectáculo que él mismo había montado.

- Créanme, he aprendido la lección - Dijo, alzando una mano como si hiciera un juramento solemne - A veces, simplificar es la clave... especialmente si quieres evitar quemar tu cochera.

La audiencia se rió aún más, y el ambiente se llenó de una energía renovada. Notando que había capturado nuevamente la atención de todos, Hiro enderezó su postura y continuó, su voz vibrando con entusiasmo:

- Pero, bromas aparte, este guantelete - Dijo, levantando la mano enguantada para que todos pudieran verla - Tiene el potencial de revolucionar cómo enfrentamos problemas complicados. ¡Y apenas estamos arañando la superficie de lo que puede hacer!

El aplauso que siguió fue fuerte y entusiasta, una oleada de energía que recorrió el lugar como una corriente eléctrica. Hiro sonrió de oreja a oreja, sintiendo el calor del momento. Pero antes de que pudiera continuar, la maestra alzó la mano desde la primera fila, su mirada fija en los lentes que descansaban sobre la mesa.

- ¿Y esos lentes? - Preguntó con curiosidad, señalándolos con un dedo inquisitivo - ¿Para qué sirven?

Hiro parpadeó, sorprendido por la pregunta, pero rápidamente se recuperó, tomando los goggles con una mano y sosteniéndolos en alto para que todos pudieran ver.

- Ah, ¡buena pregunta! Estos son goggles de detección y análisis de metales, tanto férreos como no férreos - Explicó, girando los lentes en sus manos para mostrar los cristales morados y los pequeños paneles laterales.

La maestra tomó los goggles y se los puso, mirando a su alrededor. Al principio, todo parecía igual, salvo por el ligero tinte morado de los cristales. Su expresión era de leve escepticismo, como si se preguntara si Hiro solo estaba vendiendo una versión mejorada de gafas de sol.

Hiro, sin perder el ritmo, añadió con una sonrisa animada - Tiene que presionar el botón en el lado izquierdo, justo aquí - Señaló el pequeño botón - Eso activará la interfaz de análisis.

La maestra hizo lo que Hiro indicó y, de repente, sus ojos se abrieron de par en par. Una serie de datos digitales aparecieron frente a sus ojos, como si estuviera mirando a través de una pantalla de computadora incrustada en los cristales. Comenzó a mover la cabeza lentamente, explorando los números y gráficos que ahora flotaban en su campo de visión. Cada objeto metálico en el gimnasio parecía brillar con su propia firma única, etiquetado con información detallada.

- Aunque el software de identificación aún no está completo, ya puede reconocer algunos metales conocidos - Dijo Hiro, con una nota de orgullo en su voz. Sus ojos brillaban de satisfacción al ver la sorpresa en el rostro de la maestra.

- ¡Wow! - Exclamó la maestra, como una niña con un juguete nuevo, girando para observar su entorno con los ojos bien abiertos. Finalmente, se quitó los goggles y los devolvió a Hiro, una sonrisa de genuino asombro en su rostro.

- Eso sería todo por mi presentación, espero que les haya gustado - Concluyó Hiro, su voz llena de calidez y confianza.

El aplauso que siguió fue más que entusiasta; era un mar de manos aplaudiendo y murmurando elogios. Algunos estudiantes incluso se inclinaban hacia adelante, murmurando preguntas entre ellos, claramente impresionados por lo que acababan de ver. Mientras la multitud comenzaba a dispersarse, Hiro se acercó a su mesa y recogió un destornillador, ajustando algunas de las uniones del guantelete con la precisión de un cirujano.

Hiro estaba tan inmerso en los ajustes finales de su guantelete que no notó la figura que permanecía en la periferia de su visión, observando cada uno de sus movimientos con un interés casi palpable. Sus manos se movían con rapidez y precisión, ajustando un pequeño tornillo mientras murmuraba para sí mismo. Estaba tan concentrado que no percibió la suave sombra que se acercaba cada vez más, hasta que una presencia a sus espaldas finalmente captó su atención.

Se giró, sorprendido, para encontrarse con una mujer de unos 38 años. Su expresión combinaba una fascinación genuina con una tranquilidad casi intimidante. Hiro tragó saliva, notando la forma en que sus ojos azules parecían atravesar cada capa de su invento, como si pudiera ver hasta el más minúsculo de los circuitos.

- Ah... disculpe, ya terminé mi presentación - Dijo Hiro con una sonrisa nerviosa, como si lo hubieran sorprendido con las manos en la masa.

La mujer, sin inmutarse, continuó examinando los planos que Hiro había dejado sobre la mesa. Sus ojos se movían rápidamente, escudriñando cada línea y detalle técnico con la atención de un halcón. El silencio que se formó entre ellos era tan denso que Hiro casi pudo oír el latido de su propio corazón.

- Lo sé - Respondió ella con naturalidad, levantando apenas la vista de los planos - Solo me quedé para echar un vistazo más de cerca a tus diseños.

Hiro se quedó inmóvil, desconcertado por la calma con la que la mujer hablaba. No sabía si sentirse halagado o intimidado. La manera en que ella examinaba sus creaciones, con un gesto pensativo, lo hacía sentir como si estuviera bajo el microscopio de un experto. Y de algún modo, esa sensación le recordaba las miradas intensas que su hermano Tadashi solía darle cuando analizaba sus ideas más atrevidas.

- ¿Cuál dijiste que era tu nombre, chico? - Preguntó la mujer de repente, sus ojos finalmente encontrando los de Hiro con una intensidad que casi lo hizo retroceder.

- Soy Hiro. Hiro Hamada - Respondió, intentando sonar seguro de sí mismo, aunque la inesperada situación lo tenía un poco nervioso. La mujer asintió ligeramente, como si confirmara algo que ya sospechaba.

- Pues, señor Hamada - Dijo ella, su tono suave pero firme - Debo decirte que tu invento me ha dejado… perpleja.

Hiro parpadeó, procesando la palabra. "Perpleja". No era exactamente el adjetivo que esperaba. Aún así, lo aceptó como un cumplido, aunque no podía evitar sentir que había más detrás de esas palabras.

- Eh, gracias, supongo - Respondió con una sonrisa tímida, rascándose la nuca. No estaba completamente seguro de cómo debía reaccionar ante el inesperado elogio.

La mujer dejó escapar una pequeña risa, una risa ligera y corta, como si encontrara adorable la confusión del joven inventor.

- Lo digo en serio. Verás, mi compañía está en proceso de crear un instituto para mentes brillantes y futuros innovadores - Explicó, mientras tomaba los goggles de detección de metales del mostrador y los inspeccionaba con un aire casi reverente, como si estuviera sosteniendo un objeto de gran valor o una pieza clave de un futuro potencial.

Hiro abrió los ojos, sorprendido. ¿Un instituto para mentes brillantes? Eso sonaba como el tipo de lugar donde él siempre había querido encajar. Pero algo en la manera casual en que la mujer mencionó el proyecto lo hizo dudar. ¿Era real o solo una táctica de persuasión?

- ¿Habla en serio? - Preguntó, con una mezcla de incredulidad y esperanza en su voz, alzando ligeramente las cejas.

La mujer asintió, devolviendo los goggles a su lugar con una delicadeza que sugería respeto por la invención de Hiro. Luego se acercó un poco más, inclinándose hacia él, como si estuviera a punto de compartir un secreto exclusivo.

- Soy una mujer bastante ocupada, la verdad. Me encantaría quedarme a ver todos los inventos y obras de arte que esta escuela puede ofrecer... pero lamentablemente tengo que asistir a una fiesta de recaudación de fondos - Añadió con una sonrisa cansada, sugiriendo que lo hacía más por obligación que por placer. Sacó una tarjeta de presentación de su bolsillo interior y se la entregó a Hiro con la misma naturalidad con la que alguien podría ofrecer una servilleta en una cafetería.

Hiro tomó la tarjeta, todavía intentando procesar todo lo que había sucedido en los últimos minutos. Observó a la mujer con más detenimiento, notando su porte tranquilo pero decidido, y la forma en que su presencia llenaba el espacio alrededor, como si fuera una fuerza gravitatoria.

- Si te interesa, solo llama a ese número - Dijo la mujer, inclinándose un poco hacia él mientras guiñaba un ojo, un gesto amistoso que contrastaba con la seriedad de la situación - Te pondrán directamente en contacto conmigo.

Antes de alejarse, la mujer se giró una vez más hacia Hiro, con una sonrisa cálida que, por alguna razón, hizo que su corazón latiera más rápido.

- Tienes un gran talento, Hiro. Sigue así - Dijo, su voz cargada de una seguridad que casi hizo que Hiro se sintiera más grande, más seguro de sí mismo. Y con eso, se alejó hacia otro puesto, dejando a Hiro con la sensación de que acababa de presenciar algo más grande de lo que podía comprender en ese momento.

Hiro se quedó parado en su lugar, aún sosteniendo la tarjeta, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Era como si una tormenta de ideas estuviera tomando forma en su cabeza, pero ninguna lograba concretarse en algo claro. Lentamente, bajó la vista hacia la tarjeta, y cuando leyó el nombre de la compañía impreso en ella, sintió que su mundo daba un pequeño vuelco.

- ¡Future Foundation! - Exclamó en voz alta, su emoción desbordándose en sus palabras. Pero luego, su rostro pasó de la emoción a la reflexión profunda. Algo resonaba en su mente. Una pieza del rompecabezas comenzaba a encajar - Espera... eso significa que ella es… ¡Abigail Callaghan! - Exclamó de nuevo, esta vez con una mezcla de incredulidad y emoción. Giró rápidamente la cabeza hacia donde la mujer se había dirigido, pero ella ya no estaba a la vista.

Algunas personas alrededor se giraron para mirarlo, curiosas por su repentina exclamación, pero Hiro no se dio cuenta. Su mente estaba a mil por hora.

A pesar de intentar calmarse, no pudo evitar una sonrisa de oreja a oreja. El nombre resonaba en su mente como una campana, clara y persistente. Sus dedos jugaban nerviosamente con el borde de la tarjeta, como si sostuviera el pase directo hacia un futuro lleno de posibilidades que nunca había imaginado. Mordiéndose el labio para contener un pequeño grito de emoción, Hiro se quedó mirando la tarjeta, sabiendo que este momento cambiaría su vida para siempre.

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Después de unas cuantas horas, la feria de artes y ciencias estaba llegando a su fin. La energía en el gimnasio aún vibraba con la emoción y la diversión, pero había un aire de expectación en el ambiente. La gente se movía de un lado a otro, intercambiando risas y comentarios sobre los proyectos expuestos, mientras el eco de las conversaciones llenaba el espacio con una calidez acogedora.

De repente, la voz del megáfono del gimnasio resonó por todo el recinto, captando la atención de todos los presentes.

- Atención a todos los visitantes, asistentes y presentadores de proyectos. La directora en unos minutos nombrará a los tres puestos ganadores de la feria - Informó la voz con una claridad que dejó en suspenso a la multitud.

Los asistentes comenzaron a dirigirse hacia el podio al fondo del gimnasio, donde la directora, con una sonrisa serena pero contagiosa, esperaba pacientemente a que todos se reunieran. Entre ellos estaba Hiro, quien todavía llevaba puesto su guantelete, ajustando nerviosamente los controles mientras caminaba. Su mirada se desvió del podio hacia la multitud, buscando a alguien en particular. Cuando finalmente la vio, sus ojos se iluminaron.

Karmi estaba allí, a unos pocos metros de él, con su habitual expresión estoica, pero había un leve rastro de suavidad en sus ojos, como si también sintiera el peso del momento. Hiro sonrió para sí mismo y se acercó a ella, sus pasos ligeramente más rápidos de lo normal.

- Fue difícil encontrarte - Comentó Hiro cuando se situó a su lado. Karmi, sin apartar la vista del podio, esbozó una pequeña sonrisa, casi imperceptible, pero suficiente para que Hiro la notara.

- Pero tú fuiste fácil de encontrar - Respondió Karmi con un tono burlón pero gentil, su voz contenía una nota de complicidad que solo ellos dos compartían - Es imposible no oler ese aroma a pescado.

Hiro rió suavemente, fingiendo una risa exagerada que no lograba esconder la sinceridad de su sonrisa. Sabía que Karmi solo bromeaba, y ese pequeño intercambio de palabras era una de las cosas que más disfrutaba en su amistad. Había algo reconfortante en la forma en que ella lo trataba, como si siempre supiera exactamente qué decir para hacerlo sonreír, incluso en los momentos de mayor tensión.

- Jaja, siempre tan graciosa - Dijo Hiro, intentando sonar indiferente, pero la calidez en su voz lo delataba. Sus ojos se encontraron por un breve instante, y en ese silencio compartido, hubo algo más que solo amistad; una conexión profunda y sincera que ambos sentían, aunque ninguno se atreviera a ponerle un nombre.

Antes de que alguno pudiera decir algo más, la atención de todos fue captada por el sonido del micrófono al activarse. La directora comenzó a hablar, y todas las miradas se volvieron hacia ella, dejando en suspenso el breve momento entre Hiro y Karmi.

- Es agradable ver que todos los presentes se encuentren divertidos, emocionados e incluso inspirados por los proyectos que sus compañeros y estudiantes presentaron el día de hoy - Dijo la directora con notable alegría, sus ojos brillando mientras recorría con la vista la multitud frente a ella.

Hiro y Karmi, ahora parados codo a codo, observaron a la directora con atención, pero no podían evitar que una pequeña parte de su mente siguiera anclada en el intercambio de antes. Hiro sentía el calor de la cercanía de Karmi, y aunque ninguno de los dos hablaba, la comodidad de estar juntos en ese momento era suficiente. Era en esos silencios compartidos donde a veces se escondían las emociones más sinceras, las que no necesitaban palabras para ser comprendidas.

Mientras la directora continuaba con su discurso, Hiro no pudo evitar lanzar una rápida mirada de reojo hacia Karmi. La luz suave del gimnasio hacía que sus rasgos parecieran aún más delicados, y por un segundo, se preguntó si Karmi también sentía lo mismo que él en esos momentos compartidos, en esos silencios llenos de significado...

- ¡Y también es un agrado de mi parte poder presentar a la persona que nombrará a los tres ganadores de nuestra pequeña, pero emocionante feria! - Anunció la directora con entusiasmo, interrumpiendo los pensamientos de Hiro de manera tan abrupta que casi se sobresalta.

Hiro sacudió la cabeza, centrando su atención en el podio. La directora alzó su mano derecha, señalando a alguien en el borde del escenario mientras una sonrisa llena de emoción se extendía por su rostro.

El gimnasio se llenó de murmullos y especulaciones. Los estudiantes, profesores y quienes habían presentado sus proyectos intercambiaron miradas llenas de anticipación. Hiro y Karmi se miraron, ambos curiosos por descubrir quién era la persona que la directora estaba a punto de presentar. De repente, las conversaciones se detuvieron y los ojos de todos se abrieron con asombro al ver quién subía al escenario.

Era una mujer de tez bronceada y cabello castaño recogido en una elegante cola de caballo. Su presencia exudaba autoridad y elegancia, y su atuendo de negocios impecable la delataba como alguien de gran importancia. La multitud susurraba mientras algunos reconocían a la CEO de la empresa más influyente de San Fransokyo, Future Foundation.

- Es un honor presentarles a Abigail Callaghan - Exclamó la directora con una voz llena de orgullo, mientras la audiencia estallaba en aplausos.

Abigail Callaghan sonrió con una confianza tranquila, agradeciendo la cálida bienvenida. Se acercó al podio, tomando el micrófono con una mano firme, y lo probó antes de hablar.

- Wow, a decir verdad, no sé qué decir… - Comenzó, su tono desenfadado provocando risas en la audiencia - Sin duda, esta bienvenida supera con creces mi última reunión de exalumnos de la universidad.

La audiencia estalló en carcajadas, aligerando el ambiente y dejando a todos con una sonrisa. Abigail, satisfecha con la reacción, recibió una hoja de la directora, quien le indicó que era el momento de anunciar a los ganadores.

- Pues comencemos a nombrar a los ganadores de la feria - Anunció Abigail, desplegando la hoja con un gesto de ceremonia, antes de aclarar su garganta y comenzar.

- En el tercer lugar, pero igual de importante, tenemos a un joven que ha demostrado una gran fascinación por su invento. Según palabras de algunos espectadores, su proyecto fue "sorprendente y de gran ayuda"… - Hizo una pausa, creando expectación - ¡El tercer lugar es para el inventor del guantelete electromagnético… Hiro Hamada!

Abigail levantó un brazo con entusiasmo, y la sala se llenó de aplausos. Hiro abrió los ojos de par en par, sorprendido, aunque una parte de él siempre había tenido la esperanza de ganar. Con una sonrisa radiante, se dirigió al podio, recibiendo la medalla de bronce de manos de la directora. El orgullo y la emoción eran evidentes en su rostro mientras levantaba la medalla para que todos pudieran verla. La multitud lo ovacionó, y Hiro asintió agradecido por el apoyo de sus compañeros y maestros.

De regreso junto a Karmi, Hiro no pudo evitar compartir su alegría - ¡Mira, conseguí una medalla! - Dijo Hiro, su voz vibrante con una alegría casi infantil mientras le mostraba el brillante metal a Karmi.

Karmi sonrió con calidez, aunque algo en su mirada sugería que su mente estaba en otro lugar.

- Está genial, Hiro - Respondió Karmi, esforzándose por mantener el tono alegre.

- Gracias. La verdad, no esperaba ganar el tercer lugar —confesó Hiro, todavía entusiasmado - Aunque sinceramente, pensé que tú te llevarías el primer lugar.

Karmi asintió, pero antes de que pudiera responder, la voz de Abigail volvió a llenar el gimnasio.

- Y en nuestro segundo lugar, tenemos a… ¡Karmi Sterling! - Anunció Abigail con la misma energía que había mostrado al llamar a Hiro.

El nombre resonó en la sala, y una oleada de aplausos siguió de inmediato. Pero mientras todos celebraban, Karmi sintió una punzada de desagrado en su interior. Ella había trabajado duro, y aunque el segundo lugar era un logro impresionante, no era lo que esperaba. Sin embargo, Karmi era una chica elegante, acostumbrada a mantener la calma en cualquier situación. En lugar de dejar que su frustración se mostrara, cambió su expresión a una de tranquila aceptación.

Con pasos firmes y controlados, Karmi caminó hacia el podio, aceptando la medalla de plata con una leve inclinación de cabeza. Los aplausos continuaron, pero la audiencia no pudo evitar notar la frialdad en su comportamiento. Abigail y la directora intercambiaron miradas breves, un poco desconcertadas por la reacción de Karmi, pero continuaron aplaudiendo.

Karmi regresó junto a Hiro, sus movimientos elegantes pero mecánicos. A diferencia de Hiro, no mostró su medalla, y su expresión se mantuvo serena, aunque su mirada estaba cargada de emociones que prefería no revelar. Hiro, queriendo decir algo para animarla, se detuvo al ver la calma distante en su rostro y decidió dejar el tema pasar.

- Bueno, veamos quién gana el primer lugar - Dijo Hiro en un intento de aliviar la tensión, su tono ligero y despreocupado.

Karmi simplemente asintió, sus ojos fijos en el podio, pero la chispa en su mirada había desaparecido, reemplazada por una calma superficial que ocultaba un torbellino de sentimientos.

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Minutos después, la feria había llegado a su fin. Eran las cinco y media de la tarde, y el gimnasio se vaciaba gradualmente. Los estudiantes que habían presentado sus proyectos estaban recogiendo sus materiales y despidiéndose. Varios maestros colaboraban con los intendentes en la limpieza del lugar. Entre las gradas, Karmi y Hiro observaban el ajetreo, esperando que alguien viniera a recogerlos.

Karmi, con la medalla de plata colgando alrededor de su cuello, no podía ocultar su desagrado. Aunque su rostro mantenía una elegancia imperturbable, sus ojos revelaban una frustración apenas contenida. Hiro, sensible a su estado, se mantenía en silencio, preocupado pero respetuoso. El ruido repetitivo del sorbido de la pajilla de su refresco parecía exacerbar la incomodidad de Karmi.

Finalmente, Hiro terminó de sorber su bebida y dejó escapar un suspiro, acompañado de unas burbujas de refresco. Karmi giró su mirada hacia él, claramente irritada.

- ¿Terminaste? - Preguntó con un tono que intentaba ser neutro, pero su impaciencia era evidente.

Hiro asintió, lanzando la lata al bote de basura cercano, pero falló en su primer intento. La lata quedó fuera del bote, y Hiro murmuró un "rayos" antes de recogerla y asegurarse de que estuviera dentro. Karmi no pudo evitar soltar una ligera risa al ver el intento fallido de su amigo.

- Nunca fuiste muy bueno en baloncesto, ¿verdad? - Comentó Karmi con un aire de burla juguetona.

- Por eso prefiero más las clases de taller que las de gimnasia - Respondió Hiro con una sonrisa, encogiéndose de hombros.

Ambos se quedaron en silencio un momento, observando el gimnasio mientras los últimos residuos de la feria eran limpiados. Karmi, con el ceño fruncido, examinó su medalla de segundo lugar, la cual ahora parecía un recordatorio doloroso de que no había alcanzado el primer lugar. Aunque su exterior seguía impecablemente sereno, el desagrado era palpable en sus gestos.

El malestar de Karmi comenzó a disiparse cuando Hiro extendió su mano hacia ella, ofreciéndole un dulce de chocolate amargo, uno de sus gustos peculiares. Karmi miró el dulce y luego a Hiro, quien la miraba con una sonrisa cálida. Su mirada, en ese momento, reveló un rastro de agradecimiento que no podía ocultar.

- Gracias - Dijo Karmi, aceptando el dulce con una leve sonrisa. Ambos comenzaron a comer el chocolate mientras observaban el ajetreo a su alrededor.

- ¿Ya te sientes mejor? - Preguntó Hiro, con el dulce de chocolate blanco creando una sinfonía descoordinada mientras masticaba.

- Sí, creo que… ya me siento mejor - Respondió Karmi, sus ojos ahora observando la medalla con una calma renovada. Al mirarla, pudo ver su propio reflejo en la superficie metálica.

- Sabes, me sorprende que la escuela pudiera costear estas medallas - Comentó Karmi, con un tono de sorpresa en su voz.

- Hablando de eso, según escuché a los alumnos de sexto semestre, en realidad son restos de metal sobrante de la consejería - Dijo Hiro con una expresión seria y calmada. El silencio que siguió fue interrumpido por las risas compartidas entre ambos.

De repente, el sonido de una llamada celular rompió el momento. Hiro sacó su teléfono del bolsillo, pero notó que no tenía ninguna llamada.

- Hmm, parece que tenemos el mismo tono - Comentó Karmi, sacando su propio celular. Al ver la expresión en el rostro de Hiro, que parecía estar a punto de decirle algo, Karmi se preparó para atender la llamada.

- No te preocupes, contesta - Dijo Hiro con una sonrisa comprensiva.

Karmi sonrió, asintiendo mientras aceptaba la llamada y se alejaba unos pasos de Hiro.

- Hola… - Dijo Karmi, su voz ahora suave y cálida, en marcado contraste con su actitud anterior. Mientras se alejaba, le lanzó a Hiro una mirada de agradecimiento que decía más de lo que las palabras podían expresar. Hiro la observó partir, notando cómo la conversación telefónica le brindaba a su amiga un respiro adicional.

Después de unos momentos, Hiro volvió su atención a su celular, abriendo la aplicación de mensajes. Mientras escribía un mensaje a su hermano, un sonido familiar interrumpió el momento.

- Sabes, nunca he notado la química que tienen ustedes dos - Dijo Tadashi, quien apareció de la nada a un lado de Hiro. Su repentina aparición hizo que Hiro saltara de sorpresa, casi lanzando su celular al aire. Rápidamente lo atrapó antes de que cayera al suelo, soltando un respiro de alivio.

- Tadashi, ¿cuándo llegaste? - Preguntó Hiro, girando su mirada hacia su hermano. Tadashi se dejó caer en el escalón de las gradas junto a Hiro, su risa ligera revelando que había estado observando durante un rato.

- Antes de que le dieras aquel chocolate a tu amiga - Confesó Tadashi, sonriendo con calma. Hiro, sintiéndose un poco avergonzado, se rasca la nuca, intentando esconder su incomodidad.

- Bueno… este, ¿y cómo te fue en tu examen? - Preguntó Hiro, tratando de cambiar de tema para evitar una sesión de interrogatorio sobre su relación con Karmi. Tadashi, sin dejar de sonreír, se acomodó en las gradas detrás de él.

- Me fue bien. Ya es una preocupación menos, así que tendré tiempo para afinar la I.A. de Baymax - Explicó Tadashi con una tranquilidad que indicaba que estaba bastante satisfecho con su desempeño. Hiro, en un gesto de complicidad, imitó el mismo movimiento relajado en las gradas.

- Creo que deberías hacer unas pruebas a su módulo de lenguaje - Sugirió Hiro, ofreciendo un consejo a su hermano. Tadashi, al escuchar la sugerencia, llevó su dedo índice a la barbilla, adoptando una expresión analítica.

- Sí, tal vez debería… - Comentó Tadashi, girando su mirada hacia Hiro con una mezcla de curiosidad y burla - Y tú deberías invitar a tu "amiga" a una cita - Continuó, enfatizando las comillas con sus manos en un gesto exagerado.

Hiro se quedó sorprendido por la insinuación. La idea de una cita nunca le había cruzado por la mente, y para despejar su repentina emoción, ladeó la cabeza con rapidez, intentando disipar el pensamiento.

- Tadashi, es solo una amiga - Dijo Hiro, tratando de sonar tranquilo mientras sacaba otro dulce de chocolate, esta vez uno amargo - Además, no creo que ella sienta lo mismo - Añadió mientras masticaba el dulce. Tadashi rió con calma, dando una leve palmada en la espalda a su hermano.

- Nunca se sabe - Dijo Tadashi, justo cuando un pisotazo resonó por todo el gimnasio. Los hermanos Hamada dirigieron sus miradas hacia el origen del sonido, encontrando a Karmi, cuya aura enérgica, aunque invisible para ellos, era palpable para los observadores más atentos.

Karmi, visiblemente molesta, soltó un suspiro que mezclaba calma con melancolía. Caminó hacia Hiro, pero se detuvo momentáneamente al notar la presencia de Tadashi.

- Hola, hermano de Hiro… - Dijo con una leve pausa - Disculpa, es la costumbre. Hola, Tadashi - Karmi se presentó formalmente mientras se sentaba junto a Hiro. Parecía que ya conocía al hermano mayor, pero antes de que Tadashi pudiera extenderle la mano, Karmi inclinó la cabeza hacia abajo, apoyándola en sus piernas y luego colocando sus manos en la nuca, o como ella lo llamaba, su occipital. Usó los dedos pulgares para intentar aliviar la presión que sentía.

Ambos Hamada observaron la escena con atención. Tadashi, no pudiendo contener su curiosidad, le dio un codazo a Hiro para que le preguntara a Karmi qué sucedía. Hiro, mirando a Tadashi con una mezcla de molestia y resignación, finalmente dirigió su mirada hacia Karmi.

- ¿Sucede algo? - Preguntó Hiro con calma, tratando de captar la atención de su amiga. Karmi levantó la mirada, con una mano sobre la mejilla como si intentara calmar su estrés. Después de unos segundos, centró su atención en Hiro.

- Bueno, pasa que Wakame, mi padrastro, no podrá recogerme… - Dijo Karmi, su tono calmado pero con un leve atisbo de enojo.

- ¿Y qué hay de tu madre? - Preguntó Hiro, provocando una risa suave de Karmi.

- Está en una reunión de trabajo en California - Respondió Karmi, con una sonrisa forzada mientras se desplomaba en las gradas detrás de ella, imitando la postura relajada de los Hamada.

Hiro se quedó en silencio por unos momentos, moviendo la mano sobre su barbilla mientras una idea comenzaba a formarse en su mente. Su expresión cambió a una de sorpresa al tener una revelación.

- ¿Por casualidad tienes llaves de tu casa? - Preguntó Hiro a Karmi. Ella asintió, mostrando una leve confusión en su rostro.

- Sí, pero ¿por qué preguntas? - Respondió Karmi, todavía algo desconcertada.

- Bueno, pues creo que Tadashi y yo podríamos llevarte a tu casa sin problemas - Sugirió Hiro. Los ojos de Karmi se abrieron con sorpresa, y se quedó sin palabras por un momento.

- ¿Estás seguro de eso? ¿No te parece inconveniente, Tadashi? - Preguntó Karmi, tartamudeando ligeramente. Tadashi asintió con una sonrisa de aprobación.

El semblante de Karmi cambió de tristeza y enojo a una brillante expresión de alegría. Le dio a Hiro un abrazo gentil, sorprendiendo inicialmente al chico, quien luego aceptó el gesto con una sonrisa.

- Gracias, pescado frito - Dijo Karmi con una alegría palpable en su voz, utilizando su apodo habitual para Hiro. Este solo se limitó a reír levemente.

- No hay de qué - Respondió Hiro, claramente contento de poder ayudar.

Pasaron unos minutos mientras Tadashi y Hiro llevaban a Karmi a su casa. Al principio, la idea de ser la tercera pasajera en la motocicleta la ponía nerviosa, pero tras un momento de vacilación, Hiro le ofreció su casco con una sonrisa tranquilizadora - No te preocupes, es más seguro de lo que parece - Dijo Hiro, tratando de calmarla. Karmi, con un suspiro de resignación, aceptó y se subió junto a los hermanos Hamada en la moto.

El viaje fue todo menos tranquilo. Gracias a las mejoras que Go Go había hecho al ciclomotor Vespa de Tadashi, el trío iba a toda velocidad, atravesando las calles y dejando un rastro de aroma a comida rápida en el aire. Karmi se agarraba con firmeza de la cintura de Hiro para no caer, mientras él mantenía su agarre en la cintura de Tadashi para evitar tambalearse con el nuevo peso.

- ¿¡NO PUEDES BAJAR LA VELOCIDAD!? - Exclamó Karmi, sujetándose con más fuerza. Su grito se perdió entre el viento y el rugido del motor, pero la respuesta de Tadashi fue una risa burlona, mientras Hiro soltaba una risa leve.

- Y lo bueno es que no has visto cómo maneja cuando me lleva a la escuela - Añadió Hiro con tono burlón, tratando de calmar el nerviosismo de Karmi.

Finalmente, llegaron a la residencia de Karmi. Era una casa modesta pero acogedora, ubicada en un vecindario tranquilo. Karmi fue la primera en bajarse de la moto, con una expresión de alivio mezclada con un poco de temor. Hiro le siguió, mientras Tadashi permanecía en la moto, esperando a su hermano menor.

Karmi se quitó el casco, revelando su cola de caballo castaña que se había deshecho un poco debido al viento. Respiraba con rapidez, sus pies temblando ligeramente por la impresión de la "carrera" que había tenido.

- En serio, disculpa, estamos acostumbrados a ir a esta velocidad - Dijo Hiro, notando el susto en el rostro de Karmi. Ella tomó un momento para reponerse y dar un último respiro.

- No, a decir verdad, fue divertido - Admitió con una sonrisa nerviosa, mientras le devolvía el casco a Hiro. El diseño de un dragón en llamas se iluminaba con las luces de la calle, reflejando el entusiasmo de la noche. Hiro aceptó el casco con una sonrisa.

- Pero la próxima vez, me gustaría que no fuera a toda velocidad - Añadió Karmi, tratando de acomodar su cabello mientras un mechón rebelde se escapaba de su coleta, denotando su ansiedad.

- Sí, no hay problema - Dijo Hiro con calma, su voz cargada de una mezcla de alivio y afecto.

El silencio que siguió se llenó de una tensión leve pero palpable. Ambos se miraban con una mezcla de nerviosismo y cariño, sin saber exactamente qué decir a continuación.

- Bueno, creo que ya me tengo que ir a terminar mi tarea de taller, y tú… - Empezó Karmi, pero Hiro la interrumpió justo en el momento en que iba a decir lo mismo.

- Sí, yo creo que también debo irme a casa - Continuó Hiro, sus palabras saliendo en un tono que denotaba el mismo nerviosismo. Ambos se miraron con una leve sonrisa, una conexión silenciosa y un sentimiento de camaradería que parecía más profundo de lo habitual.

Tadashi observaba con una mezcla de diversión y curiosidad, disfrutando del espectáculo con una sonrisa de espectador satisfecho. La escena le parecía más entretenida de lo que había anticipado; el momento estaba convirtiéndose en uno de esos recuerdos memorables que siempre recordaría con una sonrisa. El aire nocturno se sentía lleno de una chispa especial, y Tadashi no podía evitar sentirse parte de ese pequeño drama romántico.

- Bueno, cuídate - Dijo Hiro, su voz suave y cargada de una calidez que contrastaba con el frío de la noche, mientras se preparaba para subirse a la motocicleta.

- Tú también - Respondió Karmi, con una sonrisa que destilaba una mezcla de nerviosismo y esperanza. Su expresión mostraba un atisbo de lo que podría ser el inicio de algo más, un sentimiento latente que parecía iluminar la noche.

Justo cuando Karmi estaba a punto de abrir la puerta de su casa y Hiro estaba por subir al ciclomotor Vespa de Tadashi, ambos se giraron al mismo tiempo y sus miradas se encontraron. Fue un momento de sincronía perfecta, como si el universo hubiera decidido detenerse para darles un respiro.

- ¿Quisieras salir algún día? - Preguntó Hiro, su voz temblando ligeramente por la emoción.

- ¿Te gustaría ir a comer algo? - Soltó Karmi al mismo tiempo, su tono cargado de una mezcla de timidez y expectativa.

Ambos se quedaron paralizados por un instante, sus rostros enrojeciendo al unísono. La sorpresa y la vergüenza se reflejaban claramente en sus mejillas, mientras Tadashi, en el fondo, luchaba por contener una risa que amenazaba con escapar.

Después de unos segundos de incomodidad compartida, los dos adolescentes tomaron un leve respiro, como si se liberaran de una tensión acumulada.

- Me gustaría ir a comer contigo - Dijo Karmi finalmente, su voz ahora un poco más firme. Las palabras flotaban en el aire con una sinceridad que hizo sonreír a Hiro con una alegría que era casi palpable.

- Bueno, en ese caso, ¿qué te parece si vamos por una pizza el sábado? - Preguntó Hiro, con una sonrisa amplia y esperanzada mientras esperaba la respuesta de su amiga. Su mirada era un reflejo de la emoción que sentía por la invitación.

Karmi lo pensó por unos segundos, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y sorpresa. Finalmente, asintió con una sonrisa que parecía iluminar la noche.

- Estaría bien - Comentó Karmi, su voz llena de una calidez que igualaba la de Hiro. La sonrisa en su rostro era una promesa de momentos futuros compartidos.

Los dos adolescentes se miraron con una alegría que parecía sacada de una novela romántica. Era un momento de conexión genuina, lleno de esperanza y promesas no dichas. Después de unos segundos, se despidieron con una mezcla de ternura y expectativa. Karmi entró en su casa, y Hiro subió al ciclomotor Vespa junto a Tadashi, quien comenzó a encender el motor.

- ¿No que solo amigos? - Comentó Tadashi burlonamente, sus ojos brillando con diversión mientras miraba a Hiro.

Hiro respondió con una sonrisa que contenía una mezcla de orgullo y diversión, sus ojos brillando con una chispa de alegría. Miró hacia la casa de Karmi mientras se alejaban, el sentimiento de satisfacción y emoción aún fresco en su mente.

- Solo amigos - Dijo Hiro con un tono que intentaba ser casual, pero que no podía ocultar la felicidad que sentía. La vista del hogar de Karmi se desvaneció en el horizonte mientras la moto avanzaba, llevándolos de vuelta a casa con una promesa de lo que estaba por venir.

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Después de otra carrera a toda velocidad con el ciclomotor de Tadashi, ambos hermanos Hamada llegaron finalmente a la casa y cafetería de su tía. Tadashi se encargó de abrir la puerta de la cochera para guardar la moto, mientras Hiro descendía de un salto, sus piernas aún temblando un poco por la adrenalina del viaje.

Hiro, sintiendo el alivio de estar en casa, giró el picaporte con la mano que aún llevaba el guantelete. La puerta se abrió con un leve chirrido, y Hiro dejó escapar un respiro cargado de cansancio y satisfacción. Se dirigió a la barra de la cocina, donde dejó su mochila, notando cómo el peso de sus materiales para la presentación parecía haberse incrementado durante el día.

Mientras tanto, Tadashi, después de meter la moto en la cochera, entró a la casa por la puerta interior, que daba acceso a la cocina. También él dejó escapar un suspiro de alivio, apoyando su espalda contra un pilar de madera cercano. La atmósfera en la casa estaba llena de una tranquilidad reconfortante, un contraste bienvenido con la agitación del día.

- ¿Cuándo dijo que iba a regresar la tía Cass de su reunión? - Preguntó Hiro, su voz reflejando una mezcla de curiosidad y cansancio.

- Dijo que volvería en unas horas, pero que no la esperáramos para cenar - Respondió Tadashi, mientras se dirigía al refrigerador. Sacó dos latas de refresco y le entregó una a Hiro, quien la aceptó con una sonrisa agradecida.

- Vaya, qué día tan curioso, ¿no? - Comentó Tadashi, aliviado mientras se dejaba caer sobre un pilar de madera detrás suyo.

- Sí, creo que puedo decir que fue emocionante - Admitió Hiro con una sonrisa que transmitía la satisfacción del día. Sin embargo, su expresión cambió rápidamente a una de sorpresa y desagrado al probar el refresco.

- ¿Desde cuándo están estas latas en el refrigerador? - Preguntó Hiro, tratando de leer la fecha de caducidad con algo de inquietud.

- Creo que son las latas que iba a tirar la tía Cass - Respondió Tadashi, con calma. Tomó otro sorbo del refresco, que estaba claramente rancio, antes de decidir que era mejor deshacerse de él - Sí, creo que lo mejor será ir a comer algo.

- ¿Te parece bien si vamos a comer en Joey's Shawarma? - Sugirió Tadashi, sacando su teléfono para hacer unas llamadas.

Hiro pensó por un momento, su rostro mostrando una mezcla de alivio y anticipación. Finalmente, asintió con una expresión de agrado - Estaría bien.

Tadashi sonrió al escuchar la respuesta de su hermano - Perfecto. Entonces, voy a llamar a Fred, Wasabi, Honey y Go Go. Así podemos comer juntos.

- Perfecto. Yo dejaré mis cosas en mi escritorio - Dijo Hiro, tomando nuevamente su mochila y dirigiéndose hacia la habitación que antes compartía con Tadashi, pero que ahora era prácticamente suya.

Una vez en el piso de arriba, Hiro dejó la mochila sobre su escritorio. Sacó sus goggles y la medalla que había ganado por el tercer lugar en la feria de ciencias. Sonrió al ver la medalla, la cual colocó cuidadosamente sobre un marco de foto que mostraba a dos figuras adultas abrazadas. La imagen le recordó momentos felices y le llenó de una sensación de orgullo.

Hiro dio un suspiro de felicidad, sintiendo el peso del día disminuir. Se frotó los ojos con el dorso de la mano, que aún llevaba el guantelete, y se acercó a la ventana. Desde allí, el aire frío y las luces de neón daban a la ciudad un aspecto calmado, pero con una energía inconfundible.

La calma de la noche envolvía la habitación, proporcionando un respiro necesario antes de las próximas aventuras. Hiro miraba hacia fuera, sintiendo un tranquilo sentido de logro mientras observaba el bullicio de la ciudad desde la seguridad de su hogar.

Pero esa calma comenzó a tornarse opresiva. El frío en la habitación parecía intensificarse, mientras una extraña y palpable sensación de calor emergía en contraste. Las luces de neón de la ciudad parpadearon y se apagaron, siendo reemplazadas por un haz de luz celeste que cortó la oscuridad como un cuchillo.

Hiro frunció el ceño, desconcertado por el fenómeno inusual que se desarrollaba frente a sus ojos. Desde la ventana, el resplandor celeste parecía moverse a través del centro de la ciudad, un fenómeno tan extraordinario como sobrenatural. La luz se desplazaba lentamente de izquierda a derecha, una presencia que parecía desafiar las leyes de la realidad misma.

- Hiro, los chicos me dijeron que… - Comenzó Tadashi, mientras entraba en la cocina, pero se detuvo al notar la expresión atónita de su hermano menor, que no podía apartar la vista del espectáculo fuera de la ventana.

- ¿Qué pasa, Hiro? ¿Qué estás viendo? - Preguntó Tadashi, acercándose y siguiendo la dirección en la que Hiro señalaba.

Hiro apenas podía articular sus pensamientos, sus palabras saliendo como un susurro tembloroso - Tadashi, ¿qué… qué es eso?

Tadashi miró a través de la ventana y vio el resplandor celeste que Hiro señalaba. Su rostro se transformó en una mezcla de asombro y preocupación, pero esa expresión se desvaneció rápidamente cuando un repentino estallido de sonido y aire sacudió la casa, como si un trueno se hubiera desatado justo en su interior. Los cristales de las ventanas estallaron en mil pedazos, y una ola de presión los arrojó al suelo.

Los hermanos Hamada, aturdidos por el impacto, se levantaron tambaleándose. La nube de luz celeste, que antes era un simple resplandor, ahora estaba emitiendo rayos de electricidad delgados y chisporroteantes. Las luces de la casa parpadeaban y se apagaban, sumiendo el lugar en una oscuridad intermitente.

Antes de que pudieran procesar completamente lo que estaba ocurriendo, la nube de energía pareció inflarse, emitiendo un sonido ensordecedor como el rugido de una tormenta inminente. La energía celeste se expandió y explotó en el aire, envolviendo todo a su paso en una inmensa nube de luz. La atmósfera se llenó de una bruma iridiscente que avanzaba hacia ellos con una velocidad abrumadora.

Tadashi, con una determinación protectora, empujó a Hiro detrás suyo, intentando protegerlo del impacto de la nube de energía. La nube pasó a través de la casa, envolviendo cada rincón en un resplandor sobrenatural. La presión y el calor de la explosión eran casi insoportables. Ambos hermanos cayeron al suelo, su cuerpo debilitado y sus sentidos nublados por el impacto.

Hiro, aún consciente, trató de levantarse con dificultad, su cabeza latiendo dolorosamente y sus ojos ardiendo como si estuvieran siendo quemados por el resplandor. Miró a su hermano, quien yacía inconsciente en el suelo. Hiro intentó arrastrarse hacia él, pero sus fuerzas lo abandonaron. Su visión se volvía borrosa, y el resplandor celeste se mezclaba con el chisporroteo de su guantelete, que emitía destellos intermitentes antes de apagarse por completo.

Finalmente, Hiro cayó al suelo, su cuerpo agotado y su mente nublada. La bruma de energía envolvía la habitación, el chisporroteo eléctrico era el único sonido en la oscuridad que se había instalado en la casa. A pesar de la ausencia de un apocalipsis visible, la escena poseía una oscuridad y soledad que transmitían una sensación de terror palpable. La casa estaba silenciosa, salvo por el sonido persistente de la electricidad y el susurro del viento que se colaba a través de las ventanas rotas.