Miquella estaba asustado. Y no era para menos. Malenia, por sí misma, era una guerrera formidable, pero la posibilidad de hacer estallar una región entera y dejarla consumida en la putrefacción era algo que parecía propio de las pesadillas. Podía notar incluso un miedo primario a través de Radahn, que parecía estar resistiéndose a su influencia.

Y cuando el aura rojiza de Malenia parecía alcanzar su cénit y estaba a punto de explotar… un sonido silbante atravesó el aire y un hechizo golpeó a Radahn. Resultó tan insignificante comparado con la amenazaba que tenía justo delante que ni se percató de que le habían atacado hasta que fue tarde.

Malenia giró la cabeza hacia la entrada y pudo escuchar a Renna, allí de pie, con su cetro en la mano. Renna sonrió, se llevó la mano a la túnica, extrajo un objeto de la misma y se lo lanzó. Malenia, cuya aura rojiza se había desvanecido, se lanzó y cogió al vuelo el objeto… su gran runa.

Miquella no entendía que estaba pasando, estaba aturdido ante la extraña situación que se estaba dando lugar. Pero, sin embargo, sí que pudo escuchar el sonido de la campana de invocación de Renna cuando llamó a su lágrima mimética.

Malenia sonrió, y fue demasiado rápida para lo que su hermano pudo preveer. No pudo evitar que Malenia tomara a la invocación, la agarrase y la ensartara con su espada, exterminándola de un solo golpe.

La semidiosa emitió un rugido de victoria cuando sintió que su energía había vuelto. Su sonrisa se extendió, incluso lanzó una risa. Radahn iba a lanzarse contra ella, cuando se detuvo, frenado por la espectral figura de Ranni, que se posicionó justo frente al embate del enorme general.

_ Detente en este mismo instante. _ Dijo, fría como el hielo. _ ¿Quién te crees que eres para usar a mi hermano como una marioneta?

Ranni apretó los puños.

_ Primero envías a tu hermana para que lo mate, y lo condenas a pasar siglos convertido en poco más que una sombra de sí mismo. Y cuando al fin logro que Renna lo libere de ese sufrimiento… ¿Osas secuestrar su alma para convertirlo en tu mascota?

_ Es mi consorte. _ Espetó Miquella. _ Tú también tienes una consorte, deberías entenderlo.

_ Renna es mi consorte porque esa fue su decisión, no porque yo la haya obligado. _ Alzó su mano superior derecha y le señaló con el dedo. _ No oses comparar nuestra relación con esa monstruosidad. Te exijo que liberes a mi hermano de inmediato y dejes descansar a su alma… o de lo contrario… Lo haré yo misma.

_ ¿Tenéis un plan o Ranni sólo está fanfarroneando? _ Le susurró Malenia a Renna.

_ Radahn… está en el cuerpo de Mogh, ¿Cierto?

_ Así es. _ Susurró Malenia. _ ¿Por qué?

_ Tengo un truco que me sirvió muy bien con él. _ Hizo una pausa.

_ ¿Y por qué no lo usaste conmigo?

_ No te habría alcanzado. Te mueves muy rápido. Por eso mismo necesito tu ayuda. ¿Puedes conseguir que Radahn se esté quieto? Sólo tengo un intento para esto.

_ Considéralo hecho. _ Malenia asintió. _ Sienta bien volver a trabajar en Equipo… a Finlay le habría encantado.

Malenia se lanzó a la batalla, saltando por encima de Ranni, adoptando una posición que le dejó bien claro a todos los que planeaba. La bruja se desvaneció justo a tiempo para evitar la Danza del agua, que golpeó a un Radahn demasiado distraído para apartarse.

El general estaba luchando no sólo contra Malenia, si no con su propia consciencia. La imagen de Ranni parecía haberle afectado. Miquella no lograba controlar a todo el conjunto. Radahn no deseaba aquello… tampoco Mogh.

Malenia, sin embargo, estaba decidida. Había estado a punto de sacrificarse a sí misma para demostrarle a su hermano que se equivocaba, y su resolución no había cambiado un ápice. Miquella debería haber previsto aquello.

Pero no lo hizo. No pudo preveer el certero golpe de su hermana contra Radahn, y cómo su postura se rompió. La Pelirroja se giró hacia la entrada, mirando hacia Renna.

_ ¡Ahora!

Miquella había olvidado por completo a la sinluz. Pensaba que sólo estaba allí para darle de nuevo su runa a Malenia y curarla con su invocación. Ni siquiera recordaba que seguía allí presente, en completo silencio, mientras la batalla se producía.

En su mente los siguientes sucesos sucedieron a cámara lenta. Renna había cambiado su cetro habitual, similar al de Rennala, por un gran cetro acabado en una punta con forma de luna quebrada. Se llevó su frasco de Médika a los labios y se lo bebió antes de concentrar Terra Mágica bajo sus pies. Miquella se estremeció.

_ En el día más brillante, en la noche más oscura, ningún mal podrá escapar de mi vigía. Que aquellos que traten de imponerse sobre los demás, teman mi poder. La luz de la luna de los Caria.

Del extremo del cetro emergió un potente rayo de luz azul que golpeó a Radahn en el pecho. El hechizo fue tan potente que la enorme figura del general se desintegró hasta quedar reducida a cenizas.

_ ¿Tienes que soltar esa ridiculez cada vez que usas el cometa azur? _ Bufó Ranni. _ Ese conjuro ni siquiera es de la escuela de mi familia.

_ Lo sé, lo sé… Pero… le da impacto, ¿No crees?

_ ¿De dónde sale, para empezar?

_ Te lo contaré cuando hayamos terminado aquí. _ Sonrió Renna. _ Por el momento, tenemos cosas que hacer, ¿No?

Malenia caminó lentamente hasta encontrarse con su hermano, tirando en el suelo, observando el infinito. Estaba claramente derrotado.

_ ¿Por qué lo has hecho, Malenia? Era la primera vez que iba a lograr terminar algo en mi vida. _ La miró. _ ¿Por qué? ¿Después de todo lo que trabajamos para lograrlo?

_ ¿A qué precio ibas a conseguir tu objetivo, Miquella? _ Malenia aún sostenía la espada. _ ¿A costa de esclavizar a dos hermanos que no querían ayudarte? ¿A costa de sacrificar toda tu identidad? ¿Crees que no he encontrado las cruces que dejaste en tu camino, las partes de ti que abandonaste?

_ ¡Habría traído un nuevo mundo regido por el amor y con un hermoso propósito! _ Exclamó Miquella, sollozando.

_ Tu capacidad para amar está enterrada en lo más hondo de una caverna, custodiada por un caballo putrefacto montado por su propio esqueleto. _ Exclamó Malenia. _ ¿Qué clase de mundo regido por el amor ibas a crear sin ella?

Miquella tragó saliva y se aclaró la garganta. Podía notarse la tensión en él cuando vio a Renna acercarse y sintió la presencia de Ranni. Estaba visiblemente rodeado.

_ Pero… podemos hacerlo otra vez… tú y yo, Malenia… álzate como mi consorte…

Malenia rió. Una risa cruda y descorazonada, ni siquiera eran sus palabras las que provocaron esa reacción.

_ ¿Estás intentando usar tu magia conmigo, Miquella? _ Malenia negó con la cabeza. _ ¿Acaso no sabes que soy inmune?

Miquella finalmente se desplomó.

_ Durante toda mi vida siempre velé por ti. Siempre te quise… _ Malenia alzó una ceja. _ No puedes hechizar para que te ame a alguien que ya lo hace, Miquella.

_ Irónico. _ suspiró Ranni.

_ No temas, no voy a matarte, Miquella. Pero tú serás mi consorte. Una vez hayamos recuperado cada fragmento de tu ser y vuelvas a ser tú mismo. _ Se ajustó el yelmo. _ Y será ante mí ante quien responderás a partir de ahora.

_ Sí… Malenia. _ suspiró Miquella. _ Se hará como dices.

_ Antes de todo eso… _ Interrumpió Renna. _ Me preguntaba si podrías ayudarme con un último asuntillo. Y si podrías devolverme la gran runa.

_ Claro… aquí la tienes. _ Renna le tendió el objeto. _ ¿Con qué quieres que te ayude?

_ Oh, no es demasiado importante… necesito que me ayudes a… matar a un dragón. Le prometí a un amigo que le ayudaría con eso. Podría sola, pero…

_ Después de todo lo que has hecho por mí, matar a un dragón me parece insignificante. _ Reconoció Malenia. _ Te ayudaré.

Malenia se arrepintió un poco de aquellas palabras mientras ascendía a lo más alto del pico escarpado, esquivando dragones y desprendimientos de roca. Y una extraña incertidumbre se adueñó de ella a medida que subía y se encontraban con el rastro de cadáveres de dragón que parecían haber sido masacrados.

Y en cuanto llegaron a la arena de batalla, supo que, efectivamente, no era… "Un dragón". Era una criatura a la que llamaron "El Terror encarnado" por un motivo. Bayle rugió con todas sus fuerzas cuando hizo acto de presencia, mostrando una figura terrible a pesar de estar en un estado lamentable. Herido y con miembros amputados. Algo que Malenia entendía mejor que nadie.

_ ¿Ese amigo tuyo… cómo te ha convencido de meterte en esto, Renna?

_ Es bastante convincente, dale un segundo, ya viene…

Malenia no reaccionó cuando sintió al arquero aproximarse. No fue hasta que abrió la boca y gritó a pleno pulmón que se dio cuenta de a qué se refería.

_ ¡YO TE MALDIGO, BAYLE! ¡JURO SOLEMNEMENTE QUE LAMENTARÁS ESTE DÍA!

_ Sí, creo que entiendo a qué te refier…

_ ¡OBSERVA A UNA AUTÉNTICA GUERRERA DRACÓNICA, A UNA SEMIDIOSA! ¡Y A MÍ, IGON!

_ Realmente está comprometido. _ Susurró Renna.

_ ¡LA PERSONIFICACIÓN DE TUS MIEDOS!

_ Creo que Bayle ya lo ha entendido. _ Malenia tomó su arma y se lanzó a la batalla.

_ ¡PUEDE QUE TUS ESCAMAS SEAN FÉRREAS, MALDITO DRAGÓN!

Renna tomó su cetro y se preparó para usar el vórtice de esquirlas, su as bajo la manga para enemigos de semejante tamaño.

_ ¡PERO LLENARÉ DE AGUJEROS TU PIEL PUTREFACTA!

Igon logró atinar un flechazo en la frente de Bayle, aturdiéndolo.

_ ¡CON UNA LLUVIA DE ARPONES! ¡HASTA MI ÚLTIMO ALIENTO!

Bayle se vio asediado. Los continuos ataques de Igon, Malenia y Renna lo subyugaron rápidamente y el dragón cayó… descomponiéndose producto de los hechizos. Igon lanzó un rugido victorioso.

_ Bayle… el Terror Encarnado…Ya no podrás perseguirme… nunca más…

Igon se desplomó en el suelo, cerrando sus ojos, y dejando que el cálido abrazo de la muerte lo tomase.

_ Parece que ya no le quedaban motivos para vivir… _ Susurró Malenia. _ Entiendo eso muy bien. Hasta hace poco, a mí no me quedaba ninguno.

_ ¿Qué hay de tus hijas?

_ ¿Hijas? ¿De qué estás hablando? _ La expresión de Malenia fue de extrañeza pura.

_ De Millicent… y sus hermanas. _ Renna arrugó la expresión. _ ¿Acaso no sabes nada de tus hijas?

_ Es la primera noticia que tengo a este respecto… _ Susurró Malenia. _ Parece que estaba ciega en más sentidos de los que creía. Tengo otra cosa más que agradecerte…

_ Suficiente. ¿Podemos comenzar la era de las estrellas ya? _ Bufó Ranni.

_ Sí cariño. _ Suspiró Renna. Extendió la mano. _ Ha sido un placer, Malenia.

Malenia estrechó su mano y la despidió con una sonrisa. Renna se esfumó delante de ella, fundiéndose con la noche y con las estrellas.

_ Esa sinluz tenía una gran voluntad, ¿No crees, Miquella?

_ Sí, Malenia. _ Suspiró Miquella. _ ¿Podemos irnos de las tierras sombrías ya?

Millicent estaba sola. Sus hermanas la habían arrinconado. Con los pies sobre un pantano putrefacto, estremeciéndose de dolor. Ella era más fuerte, pero ellas eran cuatro. Sentía que los pies le flaqueaban y estaba a punto de caer, cuando una figura colosal se personó delante de ella, bloqueando el impacto con que su hermana menor estaba a punto de acabar con su existencia.

Se sintió sobrecogida cuando vio a Malenia rechazar el ataque y lanzarla hacia atrás. No le hizo ningún daño, pero el sonido fue brutal… el arma que estaba sosteniendo se había partido en dos al entrar en contacto con el filo de la semidiosa.

_ Suficiente. _ Dijo, increíblemente serena. _ Esta contienda no va a continuar. Quizá no haya sabido de vuestra existencia hasta hace muy poco, pero soy vuestra madre… y como tal… no consentiré que os matéis entre vosotras.

Millicent tragó saliva.

_ Ya se ha derramado suficiente sangre en mi familia. Vais a deponer las armas de inmediato y bajaremos a casa. Vuestro tío Miquella está preparando un estofado y os vais a sentar a comer.

_ Pero…

_ No, no hay peros. No me importa quien os haya metido en la cabeza la idea de destruiros entre vosotras, pero se acabó. A partir de aquí, me ocupo yo.

_ Sí. _ susurraron cuatro voces, más asustadas que apesadumbradas.

_ Disculpad, creo que no os he oído bien… Y tengo muy buen oído.

_ Sí, mamá. _ Corrigieron, rápidamente. Malenia sonrió.

_ Tú eres Millicent, ¿Verdad? _ Extendió la mano para ayudarla a levantarse. _ Renna me habló de ti.

_ Esa mujer no se cansa de ayudarme… _ Millicent suspiró, aliviada. _ ¿Lo de ese estofado es cierto?

_ Oh, sí… le mantengo ocupado para que no vuelva a tener malas ideas. _ Malenia sonrió. _ Quizá le ponga a hacer un par de agujas doradas para tus hermanas, veo que la tuya está haciendo bien su trabajo.

Y así, las seis mujeres comenzaron su camino, de vuelta a lo más profundo del árbol hierático, donde Miquella estaba más preocupado de si había confundido el azúcar y la sal que de intentar establecer un nuevo orden.