Paz, orden y desarrollo. El mundo ninja había llegado a una época de tranquilidad luego de tantas guerras hasta que llegó el fin. Solo unos cuantos fueron los sobrevivientes.

Tengo que encontrarlos a como de lugar.

Había aceptado su nueva vida en un mundo completamente distinto al suyo hasta un dia en el navio de los piratas de barbablanca su vida dio cambio de 180° y la esperanza volvió a Sakura al saber que no es la única de su isla en este mundo y ahora estaba decidida a buscar las huellas hacia ellos ¡Los últimos shinobis han entrado en la gran era pirata!


Después del intenso encuentro que tuvieron Ace y Sakura, finalmente salieron de la habitación. Ace, siendo el primero en salir y deseando evitar cualquier percance con alguna persona dentro de Heaven, decidió marcharse rápidamente. Los guardias que custodiaban las puertas no hicieron comentarios ni intentaron retenerlo, ya que todos podían entrar y salir libremente siempre y cuando tuvieran la invitación especial, como la que Ace había recibido al entrar a Desire Paradise.

Una vez que terminó de subir las escaleras que conducían al sótano, se encontró con un miembro del personal que parecía estar esperándolo.

—Ah, comandante Ace, ¿qué le pareció nuestra sala Heaven? —dijo el hombre de baja estatura, sobándose las manos ansioso por atender a uno de los comandantes de Barbablanca.

Era el mismo hombre que le había entregado la carta a Ace para ir a Heaven y desde que Ace bajó al sótano, había estado esperando por él.

—Estuvo bien —dijo Ace, siguiendo el juego de ser un cliente—. Varios de mis compañeros se quedaron en el barco, los animaré a que salgan.

Los ojos del pequeño hombre brillaron con codicia al pensar en el dinero que ingresaría a Desire Paradise.

—Por supuesto, todos pueden venir a divertirse. No hay fantasía que nosotros no podamos recrear, mi señor.

—Puedo apostar que sí —dijo Ace—. Buscaré a los comandantes que me acompañan para convencer a la tripulación.

Ace, seguido por el pequeño hombre, caminó por el gran salón hasta encontrar a Izo y Marco, que bebían y observaban a las mujeres bailar. Les hizo una señal con la mano y los dos lo siguieron hasta salir del lugar, encontrándose con un paisaje completamente distinto donde nevaba.

—Espera aquí —dijo Ace al hombre que lo había seguido en todo momento hasta su barco.

El hombre hizo una marcada inclinación de torso y dejó a los tres comandantes subir a uno de los barcos de Barbablanca. No era el habitual y gran Moby Dick, sino una de sus versiones más pequeñas. Desde que Sakura había desaparecido, se habían dividido para abarcar más lugares en su búsqueda. En el barco estaban la tripulación a cargo de la división de Ace, Marco (sin las enfermeras que siempre se quedaban con Barbablanca) e Izo. Todos estaban abrigados y entretenidos hasta que vieron a los tres subir y se acercaron a ellos.

—La encontré —dijo Ace después de un momento tenso.

Varios se sintieron aliviados de que la búsqueda por fin dio resultado, mientras que otros gritaron de júbilo. Inmediatamente comenzaron a idear un plan para atacar cuando el edificio se quedara solo.

—Seremos clientes y nos quedaremos hasta que sea hora de que cierren al amanecer. Entonces seremos los últimos en irnos y tardaremos hasta ser el último barco anclado. Luego atacaremos —dijo Marco.

Más de uno estuvo de acuerdo con el plan, no solo por rescatar a Sakura, sino porque la isla era conocida por dejar muy felices a sus clientes. Sacaron grandes sacos de dinero, listos para gastar, que de todos modos recuperarían una vez destruyeran el lugar. Incluso regresarían con Barbablanca con al menos el triple de lo que trajeron.

Cuando todos bajaron del barco, los ojos del pequeño hombre brillaron al ver a tantos hombres, lo que equivalía a más dinero.

—Haz que mis compañeros se diviertan —dijo Ace, lanzando una moneda de oro que el hombre atrapó con ansias.

—¡Por supuesto! —respondió el hombre, guiando a las divisiones uno, dos y dieciséis.

Justo como acordaron, se hicieron pasar por clientes y la mitad de las divisiones lo llevaron al pie de la letra. Finalmente, la larga noche terminó y la mañana comenzaba a asomarse. Poco a poco, la gente comenzó a irse a sus barcos y la música se volvió más tranquila. Los últimos en los cuartos salieron satisfechos, mientras otros deseaban que la noche hubiese sido más larga para seguir divirtiéndose. Ace incluso pudo ver al emperador del inframundo caminar con tranquilidad con su hoz, junto con la mayoría de las personas, hacia la salida.

Ace, Izo y Marco se encargaron de llevar a su gente hasta la salida, ignorando las quejas de algunos de sus compañeros. Los movimientos de la tripulación fueron lentos hasta que, al final, mientras simulaban prepararse para zarpar, vieron las grandes puertas cerrarse y el último barco alejarse en lo que era el inicio de una gran tormenta de nieve.

—¡Es hora! —gritó Izo.

Los piratas, ansiosos por pelear, se abstuvieron de gritar para evitar alertar a la gente en el interior que aún seguía en la isla. Se acercaron a las grandes puertas con espadas, pistolas y los puños en alto, listos para atacar.

Lo que no esperaban era que, al abrir la puerta de la entrada, los piratas de Barbablanca no encontraron un silencioso y gran salón vacío. En cambio, se encontraron con que el personal, especialmente los piratas esclavistas que manejaban el Desire Paradise, estaban listos con sus armas en mano. Había al menos treinta personas en el piso inferior y, en los balcones superiores, varios piratas estaban listos con rifles, apuntando a los piratas de Barbablanca.

La emboscada, de pronto, se volvió en su contra. El silencio reinaba mientras los dos bandos aguardaban a que uno o el otro hiciera el primer movimiento. De repente, un par de lentos aplausos comenzaron a resonar por la habitación. Ace, Marco e Izo miraron hasta ver que, del bando contrario, un grupo de personas se movió a un lado, dejando a la vista a un hombre de estatura media, robusto, vestido con un traje oscuro y anillos cubriendo ambas manos. A cada lado suyo, había un gran perro que fácilmente podría montarse. Los dos perros se mostraban alertas y listos para atacar en cuanto su dueño diera la orden.

—No estén tan tristes, que pierden la diversión —dijo el hombre, mientras la gente a su alrededor se apartaba.

El hombre de traje era nada menos que el líder de la banda pirata más grande que se encarga de contrabandear esclavos. Justo el hombre que Sakura estaba buscando.

—No somos tan tontos como piensan —continuó el líder, deslizando una gran sonrisa—. Aunque nuestra banda es grande, estamos muy bien informados de lo que pasa en el mundo. No pudimos salvar todas nuestras naves, pero nos preparamos en cuanto destruyeron un par de ellas. Nada que no podamos resolver con dinero.

Ya estaban al tanto de los ataques de la banda de Barbablanca, por lo que se prepararon para más enfrentamientos. En cuanto vieron a Izo, Marco y Ace, comenzaron a movilizarse, simulando que eran unos clientes más mientras los vigilaban con la excusa de ofrecerles un mejor servicio por ser piratas de la tripulación de un poderoso Yonko. Al final de cuentas, hasta el más fuerte puede caer. Con dinero y preparación, todo puede funcionar según su experiencia.

Las venas de la frente de Ace comenzaron a resaltar al pensar que algunos de sus compañeros podían estar en problemas y él no estuviera cerca para ayudarlos.

—Cuidado, somos la tripulación de nuestro padre Barbablanca —dijo Marco sin temor.

Tanto el líder como su tripulación comenzaron a reír despreocupadamente.

—¿Qué puede hacer una tripulación sin su capitán? Quien da miedo es él, no ustedes —se burló—. Es hora de demostrarlo.

Con una señal de manos, su gente comenzó a atacar. Ace, Marco, Izo y los demás respondieron al ataque, disparando balas, usando sus puños o blandiendo sus espadas.

La batalla comenzó y el estruendo del enfrentamiento resonaba en el gran edificio. Dos dinosaurios junto a la gran puerta se movían de lado a lado, ansiosos por el olor a sangre, deseando que las personas se descuidaran para devorarlas. Con Ace, Marco e Izo al mando, estaba claro quiénes dominarían la pelea, hasta que desde los balcones accionaron un mecanismo que disparó ganchos conectados a cadenas desde las paredes. Ace, Marco y otros usuarios de frutas del diablo apartaron a sus compañeros para protegerlos, ya que ellos no resultarían heridos. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando cayeron al suelo sin fuerzas, amarrados por las gruesas cadenas, y por si fuera poco, jaulas cayeron del techo encerrando a la mayoría de la tripulación. A pesar de esto, Izo y otros pistoleros continuaron luchando, y algunos compañeros ayudaban a Ace y Marco a quitarse las cadenas.

La pelea se detuvo en el momento en que el líder enemigo apuntó con una pistola a la cabeza de Ace desde fuera de la jaula en la que estaba.

—¡Ace! —gritó Marco desde otra jaula con la poca energía que le quedaba.

Izo, que estaba en la misma jaula que Ace, apuntó al capitán enemigo con sus pistolas. A cambio, algunos piratas enemigos le apuntaron, y rápidamente ambos bandos se encontraron apuntándose entre sí, esperando ver quién dispararía primero.

—Aunque logren quitarse esas cadenas, en esta arma tengo un prototipo de una bala hecha especialmente con piedra marina. Hagan lo que hagan, morirán —dijo el capitán.

Izo comenzó a sudar al ver a Ace tirado en el suelo. La situación se estaba complicando. No habían oído hablar de balas hechas de piedra marina, pero si eran reales, y lograban quitarle las cadenas a Ace a tiempo, aún moriría.

—No te saldrás con la tuya —dijo Ace entre dientes desde el suelo.

—Debo admitir que tengo curiosidad, nunca antes habíamos tenido la necesidad de enfrentarnos. Ustedes vivían su vida y nosotros la nuestra —dijo el capitán—. Lo único que se me ocurre es que alguno de mis muchachos se metió con uno de los suyos por accidente. Si es por esa razón, ahora entiendo su ridícula idea de que son una gran familia.

—No me quejo de su tonta idea de atacarnos, después de todo, sus cabezas valen mucho dinero vivos o muertos. No nos culpen, ustedes atacaron primero —dijo el capitán riendo, seguido por las carcajadas de su gente—. De todos modos, si hubiesen derrotado a mi gente y a mis velociraptors, habrían tenido algunas bajas y se habrían enfrentado a mis no menos de cuarenta hombres preparados para pelear. Barbablanca tendrá que buscar a tres nuevos comandantes. Lástima que no pueda tener su cabeza.

Si Ace no estuviera cubierto por las cadenas hechas de piedra marina, ya habría intentado abalanzarse sobre él.

De pronto, los dos perros que estaban a cada lado del capitán y que le gruñían a Ace desde fuera de la celda, erizaron sus pelos y voltearon hacia la gran puerta que abarcaba todo el muro, comenzando a gruñir. La gente, confundida por la reacción de los animales, miraron hacia atrás. Los dos dinosaurios que estaban a un costado de cada lado de la puerta comenzaron a agitarse, esta vez no por el olor de la sangre, sino por otra cosa. Se movían de un lado a otro, haciendo sonar las grandes y pesadas cadenas que los mantenían conectados a las puertas hasta que, en cierto momento, se quedaron totalmente quietos, mirando las puertas como si estuvieran analizando si era mejor huir o atacar.

De pronto, la sala quedó en un silencio sepulcral, todos expectantes de lo que había detrás de la puerta que mantenía a los animales a la defensiva. El silencio se prolongaba, y estaban a punto de gritar preguntándose qué diablos sucedía, cuando una de las hojas de la puerta comenzó a crujir lentamente, abriéndose poco a poco.

Nadie dentro de la sala se atrevió a moverse; los únicos que abrían la puerta solían ser los dinosaurios, y ellos estaban tan expectantes como los demás. De pronto, apareció una silueta, empujando la puerta con el brazo izquierdo mientras sostenía una espada en la mano derecha. A medida que la figura se volvía más visible, todos vieron a una mujer de cabello corto, cubierta de sangre de pies a cabeza.

—Sakura —susurró Ace, reconociéndola.

Como si lo hubiera escuchado, Sakura alzó la mirada, mostrando sus ojos color esmeralda que resaltaban entre las manchas de sangre en su rostro.

—¿Qué significa esto? ¡Dónde está mi gente! —gritó el capitán, alterado, sin poder procesar que una persona estaba abriendo la puerta y que esa misma persona estaba cubierta de sangre.

Con los gritos del hombre, los ojos color esmeralda de Sakura lo miraron al instante, y el capitán se quedó en silencio, sintiendo que la sangre en su cuerpo se congelaba al encontrarse con aquella mirada fría. Casi podía sentir el fantasma de la mujer ensangrentada detrás suyo, con un cuchillo posado sobre su cuello, esperando el más mínimo movimiento para que su cuello comenzara a sangrar.

Deteniendo la puerta con su pie como si fuera una simple puerta de madera, no una que cualquier humano pudiera mover, su mano izquierda quedó libre, mostrando que no estaba del todo vacía. Sakura lanzó un objeto que rodó por el piso, mientras la gente se apartaba hasta que el objeto llegó a los pies del capitán. Era el rostro asustado y pálido de su vice-capitán.

—Te lo devuelvo, ya no me sirve —dijo Sakura. Justo como esperaba de esta misión, encontró lo que buscaba.

El capitán, pálido, abrió y cerró la boca un par de veces hasta que finalmente encontró las palabras.

—¿DÓNDE ESTÁN MIS PIRATAS? —gritó.

La gente a su alrededor no supo si gritó de miedo o de furia.

—¿La gente que tenías escondida detrás de la puerta? Tranquilo, ya no darán problemas —respondió Sakura.

Con la sangre cubriendo su cuerpo, que no parecía ser de ella, se dio a entender lo que había pasado sin necesidad de que ella lo afirmara. El instinto del capitán le decía que debía huir, lo mismo que a las personas que estaban cerca de ella. La tripulación de la división uno, dos y dieciséis estaba sin palabras, apenas podían procesar que esta era la Sakura que conocían. Aunque algunos, los menos sorprendidos, recordaban la Sakura sin emociones que destruyó a los piratas que la reconocieron como esclava, solo que esta vez, con la sangre, parecía aún más mortal.

Los dinosaurios cercanos a Sakura continuaron analizando con detenimiento si valía la pena cazarla o quedarse quietos.

Desde que Sakura abrió las rejas de la celda, agarró una de las espadas de uno de los guardias y comenzó a matar a quienes se le acercaban. Mientras se deslizaba por los pasillos, dejaba un rastro de muerte a su paso. Ver el cuerpo lastimado de Mia y las lágrimas corriendo por su rostro fue la gota que derramó el vaso. Mataste y mataste a la gente que se cruzaba en su camino con un único objetivo en mente: acabar con la mano derecha del capitán de la peor banda pirata que esperaba encontrar. Durante su recorrido, llegó a una puerta de caoba. Con cuidado, acercó su oreja a la puerta y aguardó. Dentro había dos personas conversando, pero lo que la enfureció en silencio fue reconocer al vice-capitán burlándose de Mia y recordar cómo ella había llorado y suplicado cuando estuvo con él. Además, mencionó que el capitán probablemente se estaba divirtiendo ahora que los piratas de Barbablanca esperaban atacar sorpresivamente, cuando en realidad serían ellos quienes serían sorprendidos. Sin perder un momento, entró a la habitación, aterrorizando al vice-capitán, sacándole la información que buscaba. En su camino hacia el salón, eliminó sin piedad a todos los que estaban listos para atacar.

Los dinosaurios cercanos a Sakura continuaron analizando con detenimiento si valía la pena cazarla o quedarse quietos.

Desde que Sakura abrió las rejas de la celda, agarró una de las espadas de uno de los guardias y comenzó a matar a quienes se le acercaban. Mientras se deslizaba por los pasillos, dejaba un rastro de muerte a su paso. Ver el cuerpo lastimado de Mia y las lágrimas corriendo por su rostro fue la gota que derramó el vaso. Mato y mato a la gente que se cruzaba en su camino con un único objetivo en mente: acabar con la mano derecha del capitán de la peor banda pirata que esperaba encontrar. Durante su recorrido, llegó a una puerta de caoba. Con cuidado, acercó su oreja a la puerta y aguardó. Dentro había dos personas conversando, pero lo que la enfureció en silencio fue reconocer al vice-capitán burlándose de Mia y recordar cómo ella había llorado y suplicado cuando estuvo con él. Además, mencionó que el capitán probablemente se estaba divirtiendo ahora que los piratas de Barbablanca esperaban atacar sorpresivamente, cuando en realidad serían ellos quienes serían sorprendidos. Sin perder un momento, entró a la habitación, aterrorizando al vice-capitán, sacándole la información que buscaba. En su camino hacia el salón, eliminó sin piedad a todos los que estaban listos para atacar.

—¿Quién diablos eres? —preguntó el capitán.

Fue entonces cuando Sakura, al salir de la celda, reparó en su estado cubierto de sangre.

—Puede que no me reconozcas, pero según lo que dijo tu vice-capitán, deberías recordar los nombres Uzumaki Naruto y Uchiha Sasuke. Son los dos hombres que te harán malditamente rico —dijo con determinación.

Los ojos del capitán se abrieron de par en par. Esos dos nombres pertenecían a dos de las personas que capturaron cuando una de sus naves estaba cerca. Cuando recibió la noticia, estaba interesado, pero su interés se convirtió en una sonrisa cuando los vio. Recordaba claramente a ambos. Uno de ellos tenía una resistencia extremadamente baja a la anestesia, mientras que el otro, aunque podía resistirla mejor, tenía que ser sedado rápidamente, ya que comenzaba a formar la apariencia de un esqueleto a su alrededor. Afortunadamente, lo dormían antes de que pudiera completar la invocación.

—Tienes suerte de que sea yo quien te haya encontrado —advirtió Sakura, apuntando su espada hacia el capitán—. Si hubieran sido ellos, incluso con tu muerte no encontrarías paz.

El capitán dio un paso atrás, sintiendo cómo su cuerpo comenzaba a sudar. La figura imaginaria de Sakura, que lo rodeaba desde la espalda, finalmente movió su espada como si fuera a cortarle el cuello, y no dudaba que la verdadera hiciera lo mismo.

—¿QUÉ ESTÁN HACIENDO? ¡VAYAN POR ELLA! —gritó el capitán.

Como en una cadena de reacciones, los piratas se lanzaron hacia Sakura: aquellos con pistolas la tenían en la mira, mientras que los dos dinosaurios finalmente se decidieron a atacarla.

Sakura saltó sobre la cabeza del dinosaurio más cercano y se impulsó para golpear al otro, evitando las balas disparadas en su dirección. El impacto hizo que el dinosaurio golpeado cayera al suelo de manera contundente.

Mientras tanto, Izo y sus compañeros armados con pistolas empezaron a disparar a los piratas que se abalanzaban sobre Sakura, mientras que los demás aprovechaban el momento de distracción para contraatacar.

Con gran destreza, Sakura se movió a una velocidad impresionante, blandiendo su espada para repeler a los piratas que se acercaban. El dinosaurio junto a la puerta opuesta comenzó a agitarse violentamente, lo que provocó que la puerta se abriera y cerrara en un intento de atacar a Sakura.

Cuando el otro dinosaurio se levantó para atacarla, Sakura empujó a un hombre hacia las mandíbulas del animal y se movió ágilmente, esquivando las balas y derribando a sus enemigos con precisos golpes de espada, dejándolos tendidos en el suelo mientras la sangre cubría su cuerpo.

Finalmente, la cadena que mantenía al dinosaurio más lejano se rompió por el esfuerzo, y el animal se abalanzó hacia Sakura con gran velocidad. Ella lo esquivó con destreza, agarrándolo por la cola con fuerza y girando sobre su propio eje. El dinosaurio, sin poder cambiar de dirección, derribó a varios piratas hasta que Sakura lo soltó, lanzándolo hacia un pilar y provocando que se rompiera, haciendo que el animal se estrellara contra la pared, que comenzó a agrietarse bajo el impacto.

El otro dinosaurio se agitó con violencia, logrando romper su cadena. Sakura corrió hacia el muro y subió al balcón donde los francotiradores dividían sus disparos entre ella y los piratas de Barbablanca. Con movimientos ágiles, desvió las balas con la espada mientras continuaba su carrera. El dinosaurio, no dispuesto a quedarse atrás, saltó, empujó, aplastó y mordió a los piratas mientras perseguía a Sakura.

Una vez que Sakura llegó al final del pasillo, se enfrentó al dinosaurio que se abalanzaba sobre ella y le clavó la espada en la boca, haciendo que la punta sobresaliera sobre su cabeza, entre los ojos. El dinosaurio rugió y, antes de caer muerto, le dio un coletazo a Sakura, arrojándola del barandal hacia el suelo. Sin embargo, el otro dinosaurio, lanzado contra uno de los muros, la agarró con su mandíbula por el hombro, y ambos cayeron a una de las piscinas. La profundidad del agua los engulló, sumiéndolos en su oscuridad.

—¡Sakura! —gritó Ace una vez que lograron quitarle la cadena de piedra marina.

El capitán de la banda de esclavistas se rió con malicia.

—¡Si ella comió una fruta del diablo marina, está acabada!—, exclamó. La gente se detuvo, observando cómo el agua se agitaba violentamente por el movimiento del dinosaurio, ocultando cualquier visión más allá de la turbulencia. De repente, el agua se tiñó de rojo y, después de unos segundos, se calmó. Todos aguardaron con el aliento contenido. Uno de los piratas de Barbablanca estaba a punto de lanzarse al agua con la esperanza de salvar a Sakura. En la remota posibilidad de que haya escapado del dinosaurio, todos en la Grand Line sabían que un usuario de la fruta del diablo no podía flotar en el agua.

Sin embargo, lo que nadie esperaba era que el cuerpo inerte del dinosaurio emergiera del agua. La sonrisa del capitán se desvaneció un poco, aunque aún consideró la posibilidad de que el dinosaurio se ahogara en la agitación. Pero pronto, del agua surgió Sakura, dejando a todos atónitos. No solo eso, sino que la vieron moverse como si estuviera sobre tierra firme, manteniéndose erguida sobre el agua.

El líquido resbalaba por el cuerpo de Sakura, limpiando toda la sangre y revelando su cabello rosado corto y su piel pálida, marcada con extrañas manchas negras que se extendían por todo su cuerpo hasta su brazo derecho.

—¿Pensaste que el agua me detendría?—, dijo Sakura, sin apartar la mirada del capitán. —Todavía no has visto nada—.

Con un par de señales de mano, un clon idéntico a Sakura surgió, mientras las líneas en el cuerpo de la verdadera Sakura se extendían, cubriendo incluso su rostro. Las dos figuras de Sakura, aún sobre el agua, realizaron otro gesto, activando un kanji en sus muñecas que solo aquellos versados en el control de chakra podrían entender. De repente, de una nube de humo, surgieron pergaminos que, al ser desenrollados, revelaron kunais y pergaminos explosivos.

—Eres un demonio—, murmuró el capitán, palideciendo al darse cuenta de que aquel poder no provenía de una simple fruta del diablo, sino de algo mucho más siniestro.

Atemorizados por la mujer que desafiaba las leyes del mundo, varios piratas abandonaron sus armas y huyeron en busca de seguridad. Mientras tanto, el clon de Sakura y la original lanzaron los pergaminos explosivos hacia el balcón, donde aún permanecían algunos piratas francotiradores. El clon se dirigió hacia los piratas y las jaulas, mientras que la verdadera Sakura se enfrentaba a los que corrían hacia ella, lanzando puñetazos con ferocidad.

El capitán de la banda de esclavos retrocedió, listo para huir. Sus dos grandes perros se abrieron paso entre los piratas, dirigiéndose directamente hacia Sakura.

El clon de Sakura manejaba los kunais con destreza, eliminando a los enemigos y utilizando su fuerza sobrehumana para destrozar las jaulas y liberar a sus compañeros.

Cada vez que Sakura canalizaba su chakra, las marcas en su cuerpo se expandían, hasta que en el costado de su brazo apareció el kanji del número uno. El uso continuo de su fuerza, combinado con la creación de un clon, provocaba un aumento significativo en el consumo de su chakra. Repentinamente, las marcas negras tomaron un tono rojizo y, como un espejo que se quiebra, se fragmentaron y desaparecieron por completo. En ese instante, justo cuando el clon de Sakura abrió la jaula donde se encontraban Izo y Ace, este desapareció.

Sakura se detuvo de golpe, sintiendo cómo su cuerpo ardía y el uso excesivo de su chakra le provocaba una sensación similar a sostener un rayo con las manos. Sus músculos se debilitaban y su cuerpo se volvía pesado.

No puedo rendirme ahora. pensó Sakura. Aún debía enfrentarse al líder de la banda pirata que había torturado a sus amigos y a ella.

Los dos grandes perros finalmente alcanzaron a Sakura. Rápidamente, Sakura empleó un kunai, clavándolo en uno de los perros, que aulló de dolor antes de caer muerto. Cuando el otro perro la atacó, Sakura no tuvo tiempo de alcanzar un arma, así que permitió que la mordiera en el hombro y, con habilidad, presionó puntos de presión en el animal, que cayó dormido al instante.

Una vez apartado el perro, Sakura corrió directamente hacia el capitán, que huía cerca del muro donde anteriormente había embestido al dinosaurio. El capitán, al voltear brevemente, se quedó sin aliento al ver a Sakura sobre él, con el puño en alto, agarrándolo por la camisa.

El capitán palideció por completo.

—Desearía tener el Sharingan para que así sepas lo que es una muerte dolorosa por lo que tú y los tuyos hicieron a mi gente—, susurró Sakura, irradiando ira en cada palabra que escapaba de sus labios.

—P-piedad—, susurró el capitán.

El tiempo pareció ralentizarse mientras Sakura lanzaba su puño hacia el capitán, hasta que el golpe impactó en su torso con tal fuerza que sus órganos se destrozaron y fue lanzado hacia el muro, que cedió bajo el impacto, enviándolo sin vida hacia el mar, donde una furiosa tormenta de nieve se desataba.

Por fin, había terminado con ellos. Con el capitán y el vice-capitán eliminados, y Barbablanca encargándose del resto de la tripulación, Sakura finalmente podía descansar sabiendo que no estarían en el mar infligiendo el mismo sufrimiento a otras personas como habían hecho con sus amigos y con ella. Ahora solo quedaba buscar a todos sus amigos y encontrarlos.

La tripulación dentro del decadente Desire Paradise comenzó a huir presa del miedo al comprender que era el fin.

Ahora que la adrenalina y el esfuerzo habían llegado a su fin, el cuerpo de Sakura parecía transformarse en plomo. La ruptura del sello con el símbolo uno desencadenó una sensación de ardor que recorría su ser como una descarga eléctrica.

En ese instante, el suelo y los muros empezaron a crujir, surgiendo grandes grietas que se extendían hasta donde se encontraba Sakura. Levantó la mirada hacia arriba y se encontró con la de Ace.

No podía moverse y estaba a punto de caer al mar.


Hola! Les traigo el nuevo capítulo. Espero que les haya gustado mucho! si quieres saber más puedes ira a mi pagina de Kofi. Además, anuncio que la fecha estimada de que el capítulo 22 será subido a Ko-fi el dia 15 o 16.

Saludos!