CORONAS Y ENGAÑOS

CAPITULO 21

UN SECRETO BIEN GUARDADO

Andrew soltó una carcajada al ver las mejillas enrojecidas de Lita, que delataban su vergüenza mezclada con una fingida molestia.

¡Le parecía tan adorable!

No había pasado ni un día completo desde que se despidió de ella en Marte, y aunque apenas la estaba conociendo, no podía dejar de pensar en el sonido de su voz, su hermosa sonrisa cuando no estaba enojada, y aquel exquisito aroma a rosas que lo volvía loco desde que la vio por primera vez hace cuatro años.

Durante el trayecto de Marte a Júpiter, había pensado en usar el relicario para comunicarse con ella con cualquier pretexto. Sin embargo, para no parecer desesperado, se propuso no contactarla hasta llegar a Júpiter.

¿Quién iba a imaginar que sería ella quien, de manera accidental, diría la palabra clave no solo para contactarlo, sino para autorizar que se proyectara frente a ella?

Él no le había enseñado a hacerlo. Ella nunca lo llamaba "Andrew", sino "señor Hansford" o "Lord banquero" si estaba molesta, pero había pronunciado su nombre. No había duda de que, encerrada en esos aposentos que ahora le quedaban tan lejos, ella también pensaba en él, por mucho que lo negara.

—La clave de acceso para poder proyectarme donde estés es "Andrew". Solo pronunciando mi nombre podría hacerlo.

—¡Pues yo no pronuncié su nombre señor Hansford ! Seguro fue Thorakar —soltó Lita—. Con eso de que puede entenderlo.

El pequeño dragón, aún somnoliento, se alzó en vuelo y se posó sobre el hombro de Lita, mirando a Andrew como a un invasor.

"Fui yo", salió de aquello que para cualquiera hubieran sido graznidos, pero no para los jovianos de electroquinesis como Andrew.

—Sí, seguro —respondió Andrew.

Aunque no lo creía. Desde que Lita aceptó aquel relicario, lo había configurado para que solo con el sonido de su voz funcionara la clave de acceso. Jamás la de otra persona o animal.

"¿Por qué habría de llamarlo señor? ¡Lita es mía!", chilló el dragón.

Andrew rió de nuevo ante el ataque de celos del dragón.

"Ni crea que usted vivirá con nosotros".

—¿Qué es lo que dice mi adorable criatura? —preguntó Lita, acunando al dragón en su regazo.

Andrew rió ante el comentario de Lita. Un poco porque le parecía gracioso que Lita llamara "adorable" a aquel fastidioso cachorro de dragón, y un poco por nervios, pues era la segunda vez que ese dragón marcaba su territorio y lo acusaba de querer robarle las atenciones de Lita.

"¿Crees que no sé qué quieres aparearte con ella?"

—¡Oye, qué grosero! —exclamó Andrew.

—¿Qué le está diciendo? —insistió Lita.

Andrew sintió cómo se sonrojaba cuando Lita quiso saber nuevamente qué decía Thorakar. Las palabras del insolente dragón, y recordar aquel sueño en que había probado sus dulces labios, lo llenaron de pensamientos impropios. Para distraerse, decidió cambiar rápidamente el tema de conversación.

—Tonterías, me exige que le traiga comida de Júpiter —dijo Andrew—. Pero mejor cuénteme, ¿cómo se ha sentido hoy?

—¡De maravilla! —exclamó Lita—. Todos son muy amables conmigo, y la chef del castillo imperial habla Terrano, así que podemos entendernos. ¿Y usted, señor Hansford?

—Ansiando regresar a Marte —respondió Andrew—. ¿Quiere que le lleve algo además de llevarle a su amiga de Urano?

—Con Haruka me es más que suficiente —soltó Lita.

—¡Vamos, no sea modesta princesa! —insistió Andrew.

—Le agradecería si me trae un poco de harina de trigo, queso de cabra, miel y un poco de ambrosía.

Andrew la miró sorprendido. Esperaba que quizá le pidiera joyas o algún vestido, pero jamás imaginó que pediría comida.

—¿Solo eso?

Lita asintió, y entonces Thorakar se comunicó con él.

"¿Y a mí no me preguntas qué quiero?" preguntó Thorakar de manera burlesca.

Andrew bufó, fastidiado, mientras miraba a Thorakar.

"¿Y tú qué quieres, Thora…?"

"Alteza. Llámame alteza que aún no somos amigos para que me llames Thorakar. Tráeme cerezas…"

—A ti no te traeré…

"¿No me traerás mis cerezas?.. ¡Vaya! Y pensar que el pay de cereza es el postre favorito de mi humana."

Aquello que el molesto dragón soltó sí que interesó a Andrew, aunque por supuesto no se fiaba del animalillo.

—¿Extraña la comida joviana? —le preguntó Andrew a Lita.

Lita pareció quedarse pensativa un momento.

—En realidad, no.

—¡Me sorprende! Los platillos que preparan en el castillo Ios son de los más exquisitos que he probado.

—¿En serio le gustaban tanto? —preguntó Lita con una sonrisa.

—Me encantan. Si supiera quién es el chef, le ofrecería pagarle el doble por satisfacer mi paladar —dijo Andrew—. El estofado de cordero que prepara es exquisito y el pastel de queso es como saborear una nube esponjosa.

Lita rió ante el comentario de Andrew de aquella manera que a él le parecía tan encantadora.

—¿Cuál es su platillo favorito, princesa?

Lita se quedó pensativa un momento, hasta que finalmente respondió.

—La tarta de cereza que preparaba mi madre —confesó Lita con añoranza—. Ella no era la mejor cocinera, pero su tarta era exquisita.

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Dos años antes…

Nathaniel Sweeney no podía estar más feliz, pues aquella noche había conseguido su objetivo de poder presumir que había tenido el gusto de desvirgar a mujeres de los nueve planetas de la Galaxia y de las dos etnias de Júpiter , cosa eque no había sido fácil, pues a pesar de su atractivo físico, las jovianas eran de las mujeres que más solían resistirse, pues en su cultura la virginidad era muy valorada y la cuidaban celosamente, y aunque ya había tenido el gusto de desvirgar a una jovianas de electroquinesis, no había sido hasta esa noche que había hecho suya a una de cloroquinesis.

Sin embargo, su buen amigo Lord Aren no sólo lo había invitado a Júpiter , sino que además le había presentado a otros dos miembros de la nobleza joviana, pero la cereza del pastel había sido atrapar entre los bosques jovianos a aquella doncella en medio de la noche, cuyo cuerpo virgen le habían permitido ser el primero en poseer.

—¡De lo que te perdiste, Aren! Aún cuando me tocó ser el tercero porque estos granujas me ganaron se seguía sintiendo apretadita como si fuera una virgen—Comentó Lord Cormac O' Rourke

—¡Podrá haber estado todo lo apretadita que estuviera pero aquí hay un único que puede presumir de haberla desvirgado y ese es mi buen amigo Nathaniel! —Exclamó Lord Aren palmeandole la espalda.

—¡Y aquí la prueba! —Presumió Nathaniel la camisola blanca manchada de sangre de la doncella.

Pese a que sabía que aquello que había hecho infringía las leyes, pues consciente estaba de que había sido contra la voluntad de la doncella no había arrepentimiento en él .

Verla aterrada y llorando antes de poseerla le había hecho sentirse poderoso, y él momento en que había irrumpido en su intimidad y se vacío en ella glorioso.

—Además no cualquiera puede presumir de haber desvirgado a su cuñada antes que su propio hermano—Soltó el barón Tadhg O'Donnell

Los tres hombres se echaron a reír mientras chocaban sus copas, a excepción de Nathaniel Sweeney que no entendió.

—¿Quien se acostó con su cuñada?

—Yo no—Dijo Lord Cormac O' Rourke—Mi cuñada es tan fea que no hubiera peleado por ese honor

Lord Aren Campbell y el Barón O' Donell rieron a carcajadas, y Nathaniel los acompañó en ello para no quedar como un tonto, pues seguía sin entender el chiste.

—¡Obviamente tú, granuja! —Soltó Lord Aren—¡Te has montado a la prometida de tu hermano!

—¡Calla! ¡Qué mi hermano no te escuche hablar así de su prometida o te molerá a golpes!

—¿A mí ? ¡Sí fueron ustedes tres las que montaron a esa yegua y tú quien la desfloró! A mí no me tocó nada

—¡Deja de decir tonterías. Esa era una plebeya muerta de hambre, no la hija de un rey

—Y la hija bastarda de mi tío el Rey es una plebeya muerta de hambre—Dijo Lord Aren—Sin fortuna, sin un apellido de renombre, sin dote y ahora sin virginidad

Los tres hombres estallaron en carcajadas, y Nathaniel Sweeney de pronto comenzó a molestarse ante lo que creyó que era una broma de mal gusto.

—¡Basta! —Refunfuñó golpeando la mesa con el puño.

—¿Y que más da? —Cuestionó Lord Aren—Nadie tiene que saberlo. Dudo que ella lo confiese. Nadie le creería porque no hay testigos y ningún hombre querría a una yegua usada

Nathaniel quiso creer que aquella era una broma de mal gusto, pero la persistencia de Lord Aren y sus amigos le hicieron temer que fuera cierto.

Fin del flash back

Una fuerte sacudida en el hombro despertó a Nathaniel Sweeney del sueño en el que había estado sumido, y entonces se encontró la mirada de su padre mirándolo con repulsión.

Esa repulsión que provocaba en otros desde hacía dos años, cuando su atractivo físico qué provocaba los suspiros de las mujeres y la envidia de otros hombres se había esfumado: Primero con caída de cabello, pequeños brotes de pústulas en su rostro, hasta que quedó calvo, los pequeños brotes se convirtieron en pustulas de las que emanaba pus y su miembro viril había dejado de funcionar como si acaso una plaga para la que no hubiera cura lo consumiera por dentro.

—Llegamos a casa—Le dijo su padre.

El carruaje se detuvo, pero mientras su padre bajaba, Nathaniel cubrió su fealdad con el gorro de sus hábitos de sacerdote.

Tras bajar, miro de pie en las escalinatas de la entrada a su madre y a Cloe, su única hermana.

No le sorprendió que su hermano Neflyte no estuviera con ellas para recibirlo, pues su hermano solía levantarse tarde, pero entonces, conforme se acercaba se percató de la preocupación reflejada en el rostro de su hermana, y los ojos hinchados de tanto llorar de su madre fueron el augurio de que algo no iba bien.

—¡Ned!— Exclamo la mujer con voz quebrada, y como si se hubiera estado conteniendo por mucho tiempo, de nuevo echó a llorar

—¿Qué sucede, mujer? ¡Me estás asustando!— Comentó Ned Sweeney tomándola por los hombros

Nathaniel buscó con la mirada los ojos de su hermana, y antes de que le preguntara por Neflyte, como si esta supiera cual iba a ser su pregunta, le respondió.

—Neflyte se ha ido en busca de esa mujer

—¿A quien te refieres?— Preguntó Nathaniel temeroso de que esa mujer fuera Lita, pues le constaba que su hermano mayor la seguía amando.

—¿Quién va a ser?— Se quejó Cloe— La bastarda joviana con la que estuvo encaprichado hace dos años. ¡Creímos que dios lo había iluminado para no ensuciar el nombre de la familia casándose con una bastarda! Pero fue tras ella y ni siquiera tuvo la cortesía de despedirse de nuestra madre. Sólo dejó esta carta— Comentó estirando la mano para que Nathaniel la tomara.

Con manos temblorosas, Nathaniel tomó el pergamino el cual estaba escrito con la perfecta caligrafía de su hermano mayor, y comenzó a leer.

Querida madre…

La madrugada de hoy en medio de la tormenta me ha despertado una premonición que me ha revelado que mi amada Lita esta en peligro.

Sé que quizá a personas ajenas a la familia podría sorprenderles que siga amándola después de dos años de que puse distancia entre ella y yo, pues es de conocimiento público que no he llevado la vida decorosa de un caballero, sin embargo, el alcohol y la visita a burdeles sólo han sido infructuosos intentos por olvidarla, y usted, que como yo tiene el don de leer el pasado y el futuro cercano en las estrellas bien debe saberlo.

Para no explayarme más , madre, le comento que la madrugada de hoy he partido a Júpiter en mi nave con mis sirvientes personales.

Espero estar pronto de regreso en Terra, aunque de ser necesario me demoraré un poco más porque no pienso volver sin ella.

Sé que hace dos años cuando sin dar explicaciones rompí el compromiso y me alejé de ella probablemente usted, mi padre y Cloe se alegraron, pues a regañadientes habían accedido a que la tomara por esposa, sólo mi buen hermano Nathaniel me apoyaba.

Sin embargo, madre, es importante que vaya sabiendo que volveré con Lita y que es ella la mujer a quien tomaré por esposa. La única por la que podría enderezar mi vida.

Su hijo,

Neflyte

Nathaniel sintió que su mundo se desmoronaba cuando terminó de leer aquella carta.

Hacía dos años, cuando cayó en cuenta que la mujer joviana a la que había ultrajado no era una campesina cualquiera de Júpiter, sino que pese a su bastardía era hija de un Rey y además prometida de su hermano había temido que aquel acto tuviera consecuencias irreparables; pues si dicha doncella lo delataba sabía que las consecuencias podrían ser altas: El Rey Cedrick podía utilizar sus influencias como monarca para exigir que el gobierno de Terra lo extraditara a Júpiter para enfrentarse a un juicio bajo las leyes jovianas y de todos era conocido que los jovianos tenían vigente la absurdez de los juicios por combate. Pese a que él y Neflyte se tenían un gran cariño, sabía que Neflyte estaba loco por esa mujer y temía que con su don de leer las estrellas descubriera la verdad, pues no sólo perdería su cariño, sino que quizá tendría que enfrentarse en combate a su espada y en eso jamás le ganaría a Neflyte; y en todo caso, aunque su hermano lo perdonara, algún habilidoso guerrero a quien le conviniera casarse con la bastarda del rey podría enfrentarlo en el juicio, y de perder no quería ni pensar en la consecuencias.

—¡Eso no puede ser!... ¿Cómo que fue en busca de esa bastarda?— Cuestionó su padre alterado, provocando que sus pensamientos se vieran interrumpidos.

Nathaniel volteó a ver a sus padres. En el rostro de ambos era ahora evidente el miedo.

—¡Desgracias, Ned!— Exclamó su madre con voz entrecortada y con las lágrimas saliendo a borbotones de sus ojos— ¡Desgracia es lo que esa mujer ha traído a nuestras vidas y aquí no terminará!

Nathaniel sintió que su corazón se aceleró al escuchar las palabras de su madre, pues de todos era bien sabido que la duquesa Sweeney tenía el don de leer el pasado y el futuro cercano en las estrellas, así como de tener premoniciones, dones que sólo Neflyte había heredado, pero que al resto de la familia le constaba que eran certeros.

—¿Qué es lo que me esconden ustedes?— preguntó su madre

Los ojos de Nathaniel por un instante se encontraron con la mirada de su padre, mirada en la que miró reflejado el reproche ante aquel secreto bien guardado por los dos desde hacía dos años.

—¡Por dios, hablen! — exigió su madre.

Ninguno habló, pero a la mente de Nathaniel vino un recuerdo inolvidable.

Dos años antes…

De tanto que Lord Aren le había asegurado a Nathaniel que la doncella que había ultrajado y desvirgado era nada más y nada menos que la hija bastarda del Rey de Júpiter sintió miedo, pues tras abusar de ella había cometido la estupidez de decirle su nombre, por lo que de inmediato partió de regreso a Terra, temeroso de que la joven lo denunciara y que el Rey, usando sus influencias prohibiera su salida del planeta para llevarlo ante los tribunales jovianos.

Tras llegar a Terra, sus miedos se disiparon por un momento. Se dijo así mismo que seguro debía ser una mala broma de Lord Aren, por lo que decidió descansar para recuperarse de todas esas horas de insomnio a causa de tan cruel broma, sin embargo, cuando se estaba quedando dormido alguien llamó a la puerta de sus aposentos.

—Nathaniel. ¿Podemos hablar un momento?— Escuchó tras la puerta la voz de Neflyte

De inmediato musitó un "adelante" y se sentó en la cama. Enseguida, su hermano entró a sus aposentos. Lucía feliz y no dejaba de sonreír, lo que le tranquilizó, pues se dijo que de ser cierta la broma que le había jugado Lord Aren, Neflyte lo habría visto en las estrellas, y obviamente no estaría muriendo de felicidad como era evidente que lo estaba en ese momento.

—Me sorprende que hayas vuelto tan pronto de Júpiter — Dijo Neflyte— Creí que te quedarías por dos semanas

—Extrañé un poco Terra. Tú sabes. Júpiter es aburrido durante el invierno

Sin pedir permiso, Neflyte se sentó en la silla frente a la mesa de té dentro de sus aposentos.

—Lo sé, y sin embargo espero que en cinco días estés allá porque va a ser mi boda, y aunque será algo sencillo quiero que tú y nuestra hermana Cloe sean nuestros padrinos.

Nathaniel no pudo evitar ponerse nervioso ante aquella petición.

No quería de momento volver a poner un pie en Júpiter, pero aunque ya su hermano había dicho que sería una boda sencilla, era de rigor que la familia de los novios debía estar presente.

—¿Yo?— Cuestionó sorprendido

—Por supuesto. Eres mi único hermano varón

Nathaniel tomó una bocanada de aire. Sabía que no podía dar una negativa

—Pues sí mi futura cuñada no se opone

Neflyte soltó una carcajada ante su comentario

—¡Jamás se opondría!—Exclamó Neflyte— ¡Verás que te agradará cuando la conozcas!

—¿Qué fue lo que hizo que esa joven extranjera lograra doblegar a Neflyte casanova?— Preguntó Nathaniel.

Por supuesto ya incontables veces Nelfyte le había hablado de su amada Lita, pero necesitaba una pista que le asegurara que la mujer que había ultrajado no era esa misma con la que su querido hermano pensaba casarse.

—Qué a diferencia de otras no se fijó en mí por mi apellido y mi posición social— Dijo Neflyte— Además es dulce, tierna, inocente y pura

—Y supongo que bella también

—Lo es

Neflyte sacó de los bolsillos interiores de su ropa un pergamino doblado en cuatro, y se lo ofreció a Nathaniel.

—Este es un retrato de ella que me hizo un pintor vagabundo el día que fui a Venus a comprar su anillo de compromiso.

Nathaniel, desesperado por descubrir el enigma tomó el pergamino, y quiso morir cuando al abrirlo miró pintado al óleo el rostro de la hermosa joviana a la que él junto con otros dos nobles de Jupiter habían mancillado.

Nathaniel de pronto sintió que el corazón comenzó a acelerarsela, respirar se le hacía cada vez más difícil, y su visión se fue nublando poco a poco. Los gritos desesperados de su hermano cada vez se escucharon más lejanos, hasta que entonces todo se oscureció a su alrededor.

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Durante poco más de una hora, Lita había perdido la noción del tiempo conversando con la proyección etérea de Andrew en sus aposentos.

Ella le había hablado de lo mucho que añoraba la tarta de cereza que preparaba su madre, de su vida en el satélite de Calisto junto a sus padres antes de la Guerra entre lo que fue Júpiter Interior y Júpiter exterior, hasta que para su sorpresa Andrew le confesó que él había nacido en Calisto.

—¿Y no echas de menos a veces?— preguntó Lita

—No— Respondió Andrew

A Lita aquella respuesta le sorprendió, pues no había día que ella no echara de menos Calisto.

Extrañaba la pequeña casita en medio de un hermoso bosque que había sido su hogar, el olor de la tarta de cereza que preparaba su madre impregnando la casa de aquel exquisito aroma y los momentos en que su padre, de oficio carpintero, se sentaba junto a ella para hacerle juguetes para sus muñecas

Incluso extrañaba Calisto aunque parte de ello fuera haber vivido la crudeza de la guerra entre las dos Júpiter, pues peor que la guerra habían sido los últimos diez años de su vida viviendo en el castillo Ios junto a la familia real.

—Mis padres decidieron que nos mudaramos a vivir a Venus cuando yo tenía tres años, así que los primeros recuerdos de mi vida no son en Júpiter — Le explicó Andrew— Viví en Venus hasta los diecisiete años, así que lo siento más mi hogar pero…

Andrew guardó silencio un momento, y Lita se le quedó mirando

—¿Pero?

—Pero papá fue nombrado primer ministro y decidió que era momento de regresar a la madre patria—Dijo Andrew— Al principio no estuve muy contento pero dependía de él. Tuve que estudiar leyes porque él quería. Mi plan era regresar a Venus cuando terminara la universidad para vivir a mi manera, pero después conocí a la princesa Wanda.

Lita se le quedó mirando un momento.

Sabía que Andrew había estudiado leyes porque eso no era un secreto para nadie. Incluso algunas pocas veces llegó a trabajar como jurista, pero de todos era bien sabido que no ejercía.

Suponía Lita que sus gastos eran pagados por su padre, algo que era común entre los hijos de los miembros de la nobleza y de la alta burguesía.

—¿Y como era la manera en que quería vivir señor Hansford? — Preguntó Lita

—Mi plan era vivir viajando por la Galaxia y dedicarme a la pintura y a escribir

—¿Sabe pintar?— Preguntó Lita sorprendida

Aunque después se sintió estúpida por la pregunta. Tomar clases de algún tipo de arte era algo común entre los miembros de la nobleza o de la alta burguesía , y ademas Andrew había vivido en Venus, planeta conocido como "La cuna del arte" por tener la mejor académica de bellas artes de la liga interplanetaria.

—Sí —Respondió Andrew— Cuando tenía vacaciones en la universidad solía viajar por la Liga Interplanetaria. Hace dos años, en uno de mis viajes por Venus se me ocurrió vestirme de vagabundo y vender pinturas. No me fue mal, pero lo lo hice por poco tiempo porque me aburrió y pintar bajo pedido me quita la inspiración.

—¿Usted de vagabundo?— preguntó Lita riendo

No podía imaginar al señor Andrew Hansford, siempre vestido con las mejores y más caras prendas vestido de vagabundo.

—¡Y uno muy guapo!— Exclamó Andrew— Las venusianas son muy liberales y algunas me ofrecieron dinero para…

Andrew de pronto interrumpió sus palabras

—¿Para qué?— Preguntó Lita curiosa, notando que Andrew había enrojecido.

—Olvídelo princesa, tengo que dejarla por ahora, pero por favor, si necesita algo no dude en comunicarse conmigo— Le dijo él — Le prometo que para la próxima no me proyectaré aunque tenga ganas de verla.

Lita sintió que las mejillas se le ponían calientes y que el corazón se le aceleraba ante las palabras de Andrew, por fortuna, Andrew desapareció tan pronto como había aparecido; pero por desgracia ella estaba deseando que se hubiera quedado más tiempo a su lado, y lamentando sus adentros que no fuera posible palpar su imagen proyectada.

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Dos años antes…

La impresión al descubrir que la mujer que había ultrajado en Júpiter era nada más y nada menos que la mismísima hija bastarda del Rey de los jovianos y a la que su hermano Neflyte pensaba desposar en menos de una semana había provocado que Nathaniel perdiera el conocimiento y se desvaneciera

Dado que dinero era algo de lo que los Sweeney no carecían, de inmediato habían mandado a traer al médico de confianza de la familia, quien había descartado algo de gravedad al benjamín de la familia y lo había atribuido a que quizá fuera cansancio por el viaje desde Júpiter y que seguramente solo necesitaría descanso.

Sin embargo, Nathaniel sabía que no habría manera de descansar con aquel terrible peso sobre sus hombros… ¡Violar en manada a la prometida de su hermano!

¡Ay de él cuando Neflyte y el Rey joviano se enteraran! Ni la influencia de su padre como duque del Norte de Terra podrían salvarlo, y nada podría hacer para evitar que el Rey Geo de Terra autorizara su extradición a Júpiter para ser juzgado por las autoridades jovianas.

En otras circunstancias, hubiera recurrido a su querido hermano Neflyte para desahogarse, pues era la persona en quien más confiaba, pero en ese momento no era opción, y aunque consciente estaba del severo carácter de su padre, a Lord Ned, no le quedó de otra que acudir a solicitar su ayuda.

—¡Deja de darle vueltas al asunto, Nathaniel!— Exclamó su padre con severidad— ¿Qué es eso tan terrible que hiciste en Jupiter? ¡Te juro que si te endeudarse en el Emerald HIght Sociaty Club o con Hansford Castle Bank me las vas a pagar! Porque voy a recluirte en el monasterio de Elysion y te pondré a trabajar como un campesino para que dejes de despilfarrar mi dinero.

—¡No, padre, no!— Exclamó Nathaniel con voz entrecortada

Lord Ned levanto su mirada del pergamino en el que había estado redactando un documento importante, y lo miró a los ojos.

—Si no te endeudaste entonces que es.— Le dijo— ¡No me vayas a salir con que eres un maldito desviado!

—¡Ultrajé a una doncella joviana!

Tras su confesion, Nathaniel dejó de contenerse y un sollozo escapó de su garganta, mientras las lágrimas escapaban de sus ojos a borbotones.

Su padre, por un momento se quedó en silencio. Poco despues se puso de pie, se acerco a él y le dio una palmada en la espalda.

—Bueno, pues no estuvo bien pero un error lo comete cualquiera— Dijo Nathaniel Sweeney— Pasa página y no lo vuelvas a mencionar. Es probable que la doncella quiera llevarse ese secreto a la tumba para no sufrir el repudio social. Además ya estás lejos de Júpiter .

Nathaniel se dio media vuelta. Su padre lucía tan tranquilo como si le hubiera confesado una travesura infantil. Incluso Lucía aun mas tranquilo que cuando escondía las muñecas de Cloe para fastidiarla en la infancia.

—La doncella de la que abusé es la hija bastarda del rey, la prometida de Neflyte

Aquella segunda confesión que desvelaba la identidad de la doncella a la que había ultrajado provoco que la tranquilidad se esfumara del rostro de su padre, y entonces, el temperamental duque Ned Sweeney volteó a verlo con una mezcla de terror y furia en sus ojos marrones.

—¿Qué demonios estas diciendo, idiota? ¡No lo digas ni de broma!

—¡Por dios, no bromearía con algo así , y juro que de haber sabido que no era una plebeya cualquiera no lo habría hecho!— Soltó Nathaniel, y de nuevo se ahogó en su propio llanto desbordado que parecía no tener fin.

Ned Sweeney comenzó a respirar agitado y apoyo sus manos en el pesado escritorio de fina madera de aquel salón que fungía como su oficina personal.

—Lord Aren nos llevo hasta donde se encontraba ella— Dijo — Me dio el honor de desvirgarla y cuando lo hice tuve la osadía de jactarme y revelarle que soy Nathaniel Sweeney ¿Quién se iba a imaginar que la hija de un rey iba a estar vestida como vil sirvienta y paseando sola durante una noche de invierno fuera del castillo?

Su padre se apartó del escritorio. De nuevo se dio media vuelta para verse frente a frente, pero lo que Nathaniel no esperaba era que su padre le metiera un fuerte bofetón, uno con tanta fuerza que provocó que perdiera el equilibrio y cayera sentado al piso, y que al tocarse, su mano se viera manchada de sangre que posiblemente estaba corriendo de la comisura de sus labios.

—¡Sí serás imbécil!— Refunfuñó su padre furioso— ¿Ultrajaste a una virgen que además es hija de un Rey?... ¡Idiota!... ¿Sabes las implicancias de eso?... ¡Por muy bastarda que sea la hija de un rey es intocable si él no da su permiso!...

Nathaniel miró a su padre caminando de un lado a otro dentro del salón mientras se llevaba las manos a la cabeza y hablaba al aire.

—Si la bastarda habla el Rey Cedrick podría denunciarte y solicitarle tu extradicion al Rey Geo y el juicio al que te enfrentas sería al de los jovianos, idiota— Le dijo su padre— ¿Sabes lo que eso implica?

Nathaniel asintió mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

—Su padre podría convocar a un juicio por combate para defender la honra de su hija— Dijo Ned— ¡Neflyte se pondría colérico!

Ambos se quedaron callados por un momento.

—¡No, por dios, sería una abominacion ver a dos hermanos enfrentados en juicio por combate por culpa de un par de piernas!— Exclamó Ned aterrorizado— ¡Tenemos que hacer algo!

Nathaniel jamas había visto a su padre con tanto miedo, y verlo de esa manera incrementó los suyos, pues si el temerario Ned Sweeney estaba temblando como una hoja. ¿Entonces que le esperaba a él?

—No hay mucho por hacer salvo esperar que ella no hable— Dijo Ned Sweeney— Empaca tus cosas. Esta madrugada vas a partir en tu nave personal a cualquier planeta del sistema solar exterior. Puedes elegir cualquiera menos Neptuno. Deja una carta sobre tu cama despidiéndote y escribe alguna tontería como que te vas siguiendo a una mujer. Por la mañana yo fingiré sorpresa. Cuando decidas establecerte en algun planeta me escribes, obviamente usando otro nombre. Te estaré mandando dinero cada mes, y por favor, ni una palabra a nadie.

Salvo Neptuno, el resto de planetas del sistema solar exterior eran lugares que Nathaniel Sweeney detestaba y a los que había llegado a viajar en la infancia cuando su padre debía tratar asuntos diplomáticos.

Como adulto jamás había vuelto a ir de viaje, pues le parecían planetas decadentes, y la idea de establecerse a vivir en uno de ellos por supuesto era impensable, si acaso el único que le gustaba era Neptuno, aunque era demasiado húmedo para su gusto.

Sin embargo, ahora que la desgracia se cernía sobre él no había lugar para remilgos. Neptuno era impensable porque tenía tratados de extradición con los planetas del sistema solar interior. Sus únicas opciones era Saturno siempre en guerra y viviendo con el temor de que a los habitantes se les ocurriera sacrificarlo a su diosa Morrigan, Urano con sus paisajes desérticos y su horrible clima extremo, o Plutón donde vivían en la eterna oscuridad y los días no existían.

Lloró impotente al pensarlo, pero era preferible eso que ser extraditado a Júpiter y enfrentarse a un juicio por combate donde no tenía la certeza de si saldría victorioso, o si por el contrario perdería y con ello arrastraría a su familia a la desgracia de donar sus bienes para salvar su vida.

¡Hola!

Pues aquí vengo con un fanfic más que espero les guste.

¿Qué les parecieron los Sweeney?

Gracias a quienes me leen, pero en especial a mis amigas Hospitaller Knight, Maga del Mal y Jahayra por sus brillos reviews.

¡Saludos!

Edythe