Advertencia: Ligero horror corporal


El Sótano

Bajó cada peldaño con tranquilidad, habiendo perdido la cuenta después de los veinte escalones, ya incluso se terminó el dulce que venía comiendo desde que comenzó a descender.

Bostezó ruidosamente, levantarse dos horas antes de su horario normal era cansado y pudo no haberlo hecho, pero la amenaza de su sensei de prohibirle cualquier dulce dentro y fuera de la escuela era algo que no quería comprobar si era capaz de cumplir.

Por fin llegó a lo que llamaban el" Sótano", un lugar que muy pocos sabían de su existencia y solo unos cuantos eran autorizados para bajar; usado para albergar y estudiar maldiciones que eran dignas de investigación antes de ser catalogadas y selladas.

Al estar debajo del instituto, se ubicaba dentro de la dimensión creada por Tengen-sama, lo que incluía que las barreras lo protegían de que un ser no permitido saliese o entrase a su gusto, de ahí a que no muchos pudiesen bajar. Podía comprender porque el entrenamiento de la Hyuuga era aquí, si lo que vio, irónicamente, en el sótano del hospital era su máximo potencial, las alarmas arriba en la superficie saltarían y al instante habría hechiceros tratando de matarla erróneamente.

Abrió las puertas dobles, silbando ante lo espacioso del lugar; una gran plataforma a cuatro metros por encima del suelo es donde se encontraba su sensei sentado, mirando hacia abajo.

Se aproximó de puntitas con la idea de asustarlo al verlo tan concentrado en lo que sea que estuviese observando, deteniéndose de golpe cuando algo más le devolvió la mirada.

—"¡Panda!"

—"¡Puberto!" —el pequeño animal lo miró con sorpresa, succionando con rapidez el chupete que tenía en el hocico.

—Ah, llegaste —su profesor giró la cabeza en su dirección, acomodando mejor al panda en el hueco que quedaba entre sus piernas—. Ven y siéntate. Hinata está calentando.

—Eh… claro —se sentó a su lado, viendo de reojo al animal que tampoco dejaba de verlo—. Ejem…

—Él es Panda —dijo como si le hubiese leído la mente—, es algo nuevo en lo que estoy trabajando. Aún necesito ver cómo se desenvuelve y con Hinata será una buena manera de experimentar.

—Ya… veo —miró hacia abajo, donde se encontraba la chica haciendo algunos estiramientos. A sus pies había agua, supuso que se pudo filtrar por algún lado y dejado una delgada capa del líquido en el piso—. "Al menos no es de verdad" —pensó, viendo de soslayo al, que supo ahora, era un peluche bastante… realista.

—Bien, Hinata-san —la peliazul levantó la mirada al oírle, notándose bastante nerviosa—. Tranquila, será como otras veces. Si no te sientes segura, lo haremos con pocas maldiciones, pero luego quiero que intentes volver a traer a tu madre cuando yo te lo diga.

Se puso más nerviosa, comenzando a jugar con las mangas de su chaqueta blanca, asintiendo de todos modos.

—Como dijimos, Satoru estará aquí como apoyo, al igual que Panda, en caso de que los necesites —volvió a afirmar con la cabeza—. Abriré la puerta —sacó un control remoto con solo dos botones, uno verde con un candado abierto y el otro rojo con el candado cerrado. Presionó el verde, escuchándose la abertura de una puerta metálica en uno de los lados—. Puedes comenzar.

Gojou se asomó por la barandilla algo curioso, dejando que su técnica le mostrara lo que nadie más podría. Lo primero que notó fue la voz de la chica, suave, tranquila, agradable al oído, como si estuviese calentando sus cuerdas vocales, sintiendo un estremecimiento al oírla, era… escalofriantemente hermosa. Hizo algunos movimientos con sus manos y luego las venas alrededor de sus ojos se abultaron, comenzando a cantar.

Lo segundo fue el aura de energía maldita que comenzó a rodear su cuerpo, como una ligera y delgada capa de rocío matinal a las plantas. La misma capa empezó a distorsionarse, teniendo picos que se extendían por un segundo y luego regresaban a su posición original. Existía algo más ahí, lo cual no supo identificar con exactitud qué era, ¿quizás el chakra por el que los Shinobi eran tan conocidos?

Lo tercero, la expansión de esa energía, creando una esfera casi perfecta a su alrededor. Por un momento de sorpresa se permitió jadear. ¿Creó un vacío infinito como el suyo? Incluso el agua a su alrededor parecía deformarse levemente para luego fusionarse en una capa, cayendo poco después a su lugar haciendo ondas.

No, no había sido eso. Era diferente. Pudo notarlo cuando las maldiciones y espíritus emergieron de la puerta y comenzaban a rodearla justo al límite exterior de la esfera, no porque se estuviese protegiendo con esta, sino para mantenerlos en perfecta sincronía unos juntos a otros sin necesidad de rozarse.

Parecían hipnotizadas; tranquilas y dóciles bajo la suave y melodiosa voz de la chica, quien comenzó a dar giros en su propio eje, no, no girar, sino a danzar junto a esas cosas, las cuales la seguían en perfecta sincronía. Si alzaba una mano, las maldiciones la seguían, si se detenía por un momento, estas ralentizaban sus movimientos.

—¿Sorprendente, no? —la voz de su mentor lo sacó de su trance.

Carraspeó y apartó los ojos hacia sus manos.

—Algo.

—¿Qué es lo que viste? —tanto Panda como Yaga lo miraron.

—Expulsó energía maldita —señaló a las maldiciones—. Es como un domo encima de ella, donde están girando es justo el límite, donde acaba.

—Ya veo —sacó una libreta de debajo de él, anotando algunas cosas.

—¿Qué es eso?

—Un registro. Escribo todo lo que descubrimos sobre Hinata.

—¿Puedo verlo? —acercó su mano, recibiendo un golpe en esta por una pluma—. ¡Ite! ¿¡Por qué fue eso!?

—Solo yo puedo verlo.

El peliblanco hizo un puchero, pegando su pobre mano adolorida a su pecho, dando suaves masajes donde la piel comenzaba a colorearse de rojo.

—¿Mm? —volvió la mirada a la Hyuuga al sentir un cambio en su poder, vislumbrando como el "domo" se redujo—. ¿Ya se cansó?

—No. Está dejando que se le acerquen.

—¿Para qué?

—Solo observa —obedeció y al igual que Panda, se acercó más a la barandilla para tener mejor vista.

Una de las maldiciones, parecida a un Pokémon Muk, fue la primera en estar lo suficientemente cerca de Hinata, quien, sin parar de cantar, lo dejó acercarse sin más. Satoru hizo una mueca de asco, puesto que esa cosa debería de oler asqueroso debido a su forma y apariencia, no obstante la Hyuuga se mostró tranquila y ni un atisbo de repudio pasó por su rostro, en cambio, dio una ligera caricia con una de sus manos sobre la "cabeza" de la maldición, viendo la energía fluir desde su palma.

Pocos segundos después, la aparición comenzó a desvanecerse en el aire hasta no quedar rastro de ella.

—¿La exorcizó? —parpadeó sorprendido. Ahora que podía apreciarlo bien y con más calma, logró entender mejor lo que ocurrió en el hospital.

—Así es.

—Lo hace ver tan… pacifico —murmuró mientras la peliazul hacia lo mismo con las demás maldiciones, danzando como si estuviese en algún tipo de recital o ritual tradicional.

—Porque lo es. Hinata-san prefiere hacerlo de esa manera a usar la violencia. Y suponiendo que este es realmente su ritual, es claro que llega a ser algo tranquilo, tanto para ella como para las maldiciones —acarició la cabeza de Panda, el cual movió sus orejas alegremente.

—Rara —frunció un poco el ceño. Nunca había conocido a alguien que tuviese ese tipo de "principios" siendo un hechicero, todos buscaban exterminar con rapidez a las maldiciones, e incluso algunos disfrutaban de hacerlas sufrir, pero nadie las trataba tan amablemente, no como ella.

Examinaron cada uno de los movimientos, sin dejar de oír la dulce voz con la que parecía despedirse de todas las maldiciones que desaparecían poco después de su toque.

—¿Por qué baila?

—No es un baile —contestó su sensei, recibiendo una mirada de "¿y qué es lo que estoy viendo?" por parte de Satoru—. El estilo de pelea de los Hyuuga se basa principalmente en las artes marciales que han perfeccionado por siglos. Hinata fue educada durante años en este estilo, sin embargo, lo hace con tanta gracia, además de estar relajada en estos momentos, que parece que está haciendo algún tipo de baile, pero no, no está bailando. Es su manera de "combatir" —siguió haciendo algunas anotaciones.

Luego de unos minutos, la niña dejó de cantar y expulsar energía maldita, habiéndose acabado los seres que antes la acompañaban en sus movimientos; se dejó caer exhausta.

Respiró agitada intentando recuperar el aliento, ya era un poco menos cansado cantar mientras expulsaba su energía para llamar a los espectros y luego pasar entre estos para poder exorcizarlos, mas no quería decir que era menos extenuante que días anteriores. Desactivó el Byakugan, creía que no era tan necesario usarlo ahí abajo con las maldiciones donde no tenía que ocultar sus ojos, no obstante, su sensei quería estudiar todos los ángulos posibles de su poder y eso incluía su línea sucesoria, por lo que no le quedaba de otra que usarlo.

Sus pies, dentro de las sandalias que comúnmente usaban los Shinobi, estaban empapados debido al agua. Prefirió no manipular su chakra para estar por encima del agua y así evitar cansarse mucho más rápido, tal como lo había estado haciendo durante los últimos días de entrenamiento con Yaga-sensei, sin embargo, tal como este le advirtió en un principio, gradualmente incluirían sus demás habilidades dentro del entrenamiento de hechicería, lo que hacía que se pusiera nerviosa al creer que no podría enlazar ambas energías exitosamente, decepcionando a su nuevo profesor así como lo estuvo su padre con el simple uso del chakra.

Pensó en su madre, las veces que llegó con ella triste por no poder hacer algo tan simple como rodear su mano en chakra en uno de los entrenamientos con Hiashi, como Hikari la abrazaba contra su pecho y le cantaba aquella hermosa canción con su voz tan maravillosa, llevándola casi de la mano a un profundo sueño.

—¡Hinata-san! —salió de su burbuja melancólica ante su nombre, levantando la mirada a Masamichi, quien la veía con seriedad—. Todavía no te he dicho que traigas a tu madre.

—¿Uh? —parpadeó confundida, tratando aún de salir de su ensoñación, percatándose de la mirada que tanto ese adorable panda como su compañero de clases le dirigían sobresaltados, si su instinto Hyuuga no le fallaba (como siempre).

Fue ahí cuando los sintió, unos cálidos brazos rodeando los suyos en un tierno agarre lleno de amor. La dulce melodía de la canción de su madre se repetía en su oído, tarareada por una voz que no dejó siquiera de escuchar aun después de su muerte. Inclinó ligeramente la cabeza para poder verla por sobre el hombro, encontrando la mirada amorosa de Hikari, haciéndola palidecer; porque, si observaba por el rabillo del ojo más abajo, ella no tenía piernas, ni siquiera la mitad del torso. No alcanzó a desarrollarse por completo debido al llamado del mayor que la distrajo.

—¿Qué…? —el peliblanco parpadeó tratando de comprender lo que vio menos de un minuto antes; Hinata paró y tomó un respiro; Hinata comenzó a tararear esa cancioncilla que recuerda haberla oído en el hospital; Hinata expulsó erráticamente energía maldita que sintió en su propio cuerpo una fuerte presión que solo le provocó una extraña sensación de tristeza, poniéndosele en punta cada vello de su cuerpo, incluso el pequeño Panda se tensó en los brazos de Yaga, pegándose lo más posible a su pecho como protección, teniendo, al igual que él, su pelaje completamente erizado y sin dejar de mamar rápidamente su chupón.

Y es ahí cuando la vio, como esa errática energía retornaba al cuerpo de la niña y luego hacia atrás de la misma, al mismo tiempo que unos brazos que la rodeaban aparecían, hasta llegar a unos hombros cubiertos de una yukata blanca. El cuello y el rostro fueron los siguientes en formarse, siendo de un tono pálido —afortunadamente, solo piel y no huesos expuestos—, la boca con unos labios rosados sonrientes, una nariz pequeña y respingona, llegando a los ojos, los cuales fueron el proceso más escalofriante a su opinión, porque fueron cuencas vacías en un inicio, mostrando sin más el interior carnoso donde unos globos oculares, no muy diferentes a los de Hinata, las rellenaron. El cabello creció a la par del torso, que fue donde su sensei le llamó la atención a la joven, quedando inconcluso en el área de las costillas.

No hubo sangre ni intestinos, parecía que ni siquiera los tuviese, sino fuese por lo que vio en esas huecas cuencas, diría que era una simple recreación de algo que alguna vez estuvo vivo.

Lo que logró llamar su atención, antes de que el pelinegro la llamase, fue la mirada de Hinata, perdida en algún punto de su mente sin prestarle atención a otra cosa.

—Lo hace inconsciente… —afirmó por lo bajo. Su maestro asintió, calmando a Panda con unas caricias en su espalda.

—No es la primera vez que lo hace. Cada vez que hemos entrenado, dejo que la "llame", siempre lo hace en algún punto de cansancio en el que su mente divaga, según ella, en el pasado y el cómo se sentía, siempre termina haciéndolo de manera inconsciente al traerla, porque piensa en su madre. Aunque… —entrecerró los ojos— siempre es completa. Esta es la primera vez que veo que está a la mitad, es algo escalofriante, si me permites decirlo.

—¿No es eso peligroso? —lo miró, volviendo rápidamente su vista a Hinata, quien parecía paralizada en su lugar.

—Demasiado. Por eso estamos aquí, para evitar que lo siga haciendo.

—¿Y no es mejor no sé… borrarle la memoria? Si lo que hace eso es que piensa en su madre, ¿no sería mejor simplemente hacer que la olvide?—observó como esa cosa le acarició la mejilla con dulzura.

—Es una alternativa, claro. Sin embargo la mente humana es todavía un enigma hasta para nosotros, nunca sabremos como realmente reaccionaremos a algún trauma o acontecimiento que nos cambie, si lo hiciéramos, nuestro trabajo sería mucho más sencillo.

—En otras palabras, es imposible —hizo una mueca, mirándolo aburrido.

—No es imposible —suspiró, a veces este alumno suyo era un inepto—. Como dije, no sabemos cómo reaccionaremos a tales situaciones, en el caso de Hinata… Seria quitar una parte muy importante para ella, su madre es su sostén, por eso podemos darnos una idea del por qué es que duró tantos años alimentando una maldición que ella misma creó, la cual justamente actuaba como lo haría Hikari-san en vida. Borrarle eso a la fuerza podría ocasionar un daño mucho peor e irreversible que si lo superara, o en su defecto, perdiese la memoria en un accidente.

—Entonces… ¿debe superarlo? —arqueó una ceja.

—Así es.

—No somos psicólogos.

—No. Pero ¿prefieres que lo seamos o que cree un desastre por no poder controlarlo? —frunció el ceño, mirándolo con molestia.

—Y yo qué sé —se encogió de hombros, mirando a la chica, quien no se había movido ni un milímetro de su lugar, ni siquiera parecía respirar—. Yo solo estoy aquí para matarla en caso de que sea necesario.

—Exacto, "necesario" —dejó al panda a un lado, levantándose—. Nosotros debemos intentar que ese "necesario" no lo sea en absoluto —guardó su cuadernillo. Dio un aplauso fuerte, llamando la atención de la niña—. Necesito que te deshagas de ella, Hinata-san, ya. —ordenó.

—Y-yo… —lo miró pálida, casi temblando, con los ojos llorosos.

—Es momento de que tú lo hagas.

—N-no puedo —su respiración comenzó a acelerarse. El agarre alrededor de ella se apretó, mientras que palabras de aliento que alguna vez le dijo su madre resonaron en su oído dichas por esta maldición.

—Si puedes. Hazlo como lo hiciste antes, simplemente tócala y déjala ir.

Negó con la cabeza y cerró los ojos con fuerza. No podía hacerlo, quería llorar en cambio. Extrañaba a su madre, esto era lo más cercano a tenerla junto a ella, incluso en los días anteriores no había sentido su abrazo puesto que Yaga-sensei la apartaba antes de siquiera poder tocarla. Pero tenía miedo, vio que le faltaba poco más de la mitad de su cuerpo, sabía que no era ella, y aun así… Jadeó al ser jalada hacia adelante y luego chocar de frente contra algo duro y cálido. Los brazos de su "madre" fueron remplazados por uno que la mantenía sujetada firmemente.

No pudo ver pero si escuchar a algo estrellarse duramente contra la pared a unos cuantos metros detrás de ella, luego, la sensación de sentir a su madre desapareció. Supo en ese instante que Yaga-sensei se había desesperado y decidió terminar con eso ya mismo, posiblemente decepcionado de ella.

Ocultó su rostro en el abdomen de quien la sujetaba, rompiendo en llanto. Se sentía tan inútil en ese instante, solo quería volver a casa y encerrarse en su cuarto, sin embargo todo quedó a oscuras cuando el cansancio y la conmoción la hicieron rendirse, cayendo desmayada.

Masamichi se quedó en su lugar, sin haber movido un solo musculo, sintiendo como Panda se aferraba con fuerza a su pierna temeroso de lo que había visto antes.

Cuando Hinata se negó a obedecerlo y entró en un estado en el que la maldición sintió el peligro y comenzó a deformarse, no para atacarla a ella, sino a quienes sentía que estaban lastimando a la niña. Yaga estuvo a punto de hacer algo, no obstante el agarre de Panda en su pierna debido al miedo se lo impidió, en cambio, observó con gran sorpresa como Satoru fue quien tomó cartas en el asunto al golpear de lleno a la maldición con un puño lleno de energía maldita, mandándola a volar lejos, tomando a Hinata de los hombros justo a tiempo. Al poco tiempo, el espíritu se desvaneció y la Hyuuga empezó a llorar, aferrándose a su alumno como si su vida dependiera de ello, para segundos más tarde caer inconsciente en los brazos de Gojou.

Eso, debía admitirlo, fue algo muy curioso, por decir algo.

0o0o0

Luego de dejar a la Hyuuga en su habitación, Satoru se dirigió a la suya cuando su sensei le dio el permiso, dejándolo para que reposara lo suficiente antes de verse en el salón de clases, puesto que primero tenía que ir a dejar a Panda en casa para que también descansara.

Bufó al acostarse en su cama, repasando cada detalle de lo ocurrido desde el principio hasta que Hinata estuvo desmayada en sus brazos. Se preguntó el por qué lo hizo, por qué decidió quitarle esa maldición de encima a la niña. Claro, esa cosa había comenzado a cambiar de aspecto y, sabiendo que probablemente no le hiciera daño a ella, era obvio que podría lanzarse a atacarlos a ellos. Actuó por instinto para salvaguardar a su sensei y al pequeño peluche realista que tenía consigo, no porque se preocupaba por esa chiquilla, trató de convencerse.

Gruñó, despeinando su de por sí ya revuelto cabello, poniéndose de costado sobre su colchón. Hinata no estaba cantando en ese momento, ¿qué tal si esa maldición la quisiera atacar? Puesto que no la estaba controlando con su voz, era probable, ¿no? El padre de ella le contó a su sensei que la peliazul cantaba mientras peleaba contra esa cosa, seguía bajo el influjo de su hechizo, por lo tanto, si hoy no estaba tarareando ni nada parecido (en cambio, parecía un pez fuera del agua), ¿la hubiera atacado?

—Ugh. Que fastidio —hizo un puchero y miró el reloj, le quedaba al menos media hora para su acostumbrada rutina de levantarse y alistarse para las clases. Tomó el aparato y puso la alarma faltando quince minutos para su hora de entrada, tiempo justo para pasar por algo de desayunar a las máquinas expendedoras de camino al salón y llegar justo.

Dejó que su mente se pusiera en blanco, tal como le enseñaron sus institutrices para que pudiese descansar, y se perdió en algún mundo de la inconsciencia sin sueños, al menos por un rato.

0o0o0

Bostezó sonoramente, ganándose una mirada cansina de Shouko y otra divertida de Getou.

—¿No dormiste bien anoche?

—Si lo hice —le respondió a su mejor amigo.

—¿Por qué luces tan cansado, entonces? —la castaña arqueó una ceja.

—Me desperté temprano —hizo una mueca.

—¿Tú? —ambos arquearon una ceja—. ¿Despertándote temprano?

—¿Quién eres y qué hiciste con Satoru? —Ieiri le apuntó con un lapicero.

—"Gojou Satoru" y "despertarse temprano" no pueden ir en una misma oración, va contra las leyes de la vida —Suguru le picoteó con el dedo.

—Ja, ja. Muy graciosos —dejó que su vacío los apartase ligeramente, ganándose una risa de ambos. Desvió su atención a la puerta cuando esta se abrió y entró la peliazul, notándose algo pálida, lo que preocupó a Shouko.

—¿Hinata-chan? ¿Te sientes bien? —se acercó a ella, tocándole la frente con el dorso de la mano, procurando solo tocar su piel y no la tela que cubría sus ojos. En pocos segundos, el rostro de la menor se coloreó de rosa.

—S-sí, Ieiri-san —tomó sus manos entre las suyas, alejándolas gentilmente—. Solo un poco cansada.

—¿Sigues yendo a golpear ese tronco que sensei pidió poner durante la noche? —hizo una mueca, mirándola severamente—. Podrías resfriarte.

—E-estoy acostumbrada, de verdad —negó con la cabeza, arqueando las cejas—. Es a-algo que hacía en casa normalmente.

—Pero el clima en Tokio debe ser diferente al de Konoha, ¿no? —se cruzó de brazos.

—Y-yo…

Los dos chicos veían la escena sin decir nada, el pelinegro negaba divertido, a veces Shouko lograba ser bastante sobreprotectora cuando quería, mientras que Satoru pensaba en lo que dijo su amiga.

—"¿Ella entrena de noche aparte de lo que hace en la madrugada?" —arqueó una ceja, luego miró por la ventana, alcanzando a distinguir un grueso tronco clavado en el suelo a un lado del edificio, rodeado de un delgado colchón blanco amarrado a la madera con cuerdas, notándose el leve desgaste que tenía en una zona central de la tela—. "Esta chica sí que está loca." —hizo una mueca, volviendo su vista a las jovencitas.

—Muéstrame las manos.

—¿E-eh?

La castaña le extendió una mano, manteniendo su mirada. Hinata, sin saber que más hacer, obedeció nerviosa.

—¿Uh? No tienes ni un solo rasguñó… —las revisó detalladamente, dándoles vuelta varias veces y pasando los dedos suavemente por los nudillos. Había visto el desgaste en el tronco y el cómo la niña entrenaba hasta altas horas de la noche las veces que se pasaba por la enfermería, debería tener algún daño significativo, sin embargo, no había nada, solo una piel suave e ilesa—. ¿Tienes algún poder curativo o usas la técnica de maldición inversa?

—E-eh… no —negó con la cabeza—. Sa-Sakura-san e Ino-san son las que e-estaban entrenando jutsu curativo… y no sé a qué se refiere con "técnica de maldición inversa", Ieiri-san… pero uso una pomada de mi clan que me… ayuda con las lesiones —se soltó de su agarre, sacando de su mochila un tarro pequeño, extendiéndoselo—. Es echa con plantas cultivadas de los jardines Hyuuga.

La tomó, abriendo la tapa. Su nariz fue instantáneamente golpeada con el olor de hierbas medicinales, manteniendo un color crema.

—Interesante… esto explicaría porque tienes manos tan suaves… —tomó un poco con sus dedos, examinándola de cerca, ignorando el sonrojo en el rostro de la menor.

Sacó un bisturí que cargaba con ella, haciéndose una pequeña herida en el dorso de la mano por debajo del pulgar, siseando un poco por el dolor. Aplicó el ungüento, sorprendiéndose el sentir que el corte se sentía fresco y la sangre dejaba de fluir.

—Increíble —parpadeó sorprendida. Hinata ladeó la cabeza confundida.

—¿E-era necesario hacer eso?

—Bueno, a veces deben de comprobarse los métodos y ver su eficacia. El tuyo es bastante interesante —le regresó el tarro—. Pero viendo tu estado, te sugiero que descanses como es debido, una crema no es suficiente para que el cuerpo descanse.

—S-si —asintió. Caminó a su asiento cuando la mayor la dejó, mucho más entretenida en ver el efecto en su piel que en prestar atención a otra cosa.

—Me pregunto si esto funcionará sobre cualquier herida superficial —Getou solo negó al oírla murmurar.

—Has despertado a una bestia, Hinata-chan —bromeó con una sonrisa, provocando un respingo en su compañera.

—L-lo siento… —bajó la cabeza.

Gojou negó, esa ninja era mentalmente débil, no le cabía duda de que su muerte seria rápido si seguía así —por mucho que su sensei quisiera hacerla fuerte—, y lo más probable, es que él fuese su verdugo.

—"Que fastidio."

0o0o0

Un rato más tarde, a la hora del almuerzo, el trio de amigos se dirigió a su lugar favorito para comer, siendo el gimnasio que la escuela tenía dentro de su terreno. Suguru tomó un balón de baloncesto del almacén y regresó justo cuando Satoru y Shouko pusieron los escritorios en el centro.

—Es curioso cómo funciona el ungüento de Hinata-chan —la castaña se sentó en una de las sillas, sacando su almuerzo de la bolsa que traía consigo.

—¿Sigues con eso? —Getou le sonrió, rebotando el balón con tranquilidad.

—Solo mira esto —le extendió la mano. El chico se inclinó para tener mejor visión, notando que el corte anteriormente hecho por ella ya estaba en un estado bastante avanzado de cicatrización.

—Fantástico —arqueó una ceja con sorpresa, luego la miró con sospecha—. ¿No lo habrás hecho tu inconscientemente?

Le sacó la lengua.

—Por supuesto que no. En realidad, es bastante efectiva. Me hace preguntarme qué clase de plantas la componen —comió un poco de arroz.

—Si tú lo dices —se encogió de hombros, observando de reojo a su mejor amigo—. ¿Satoru? Has estado muy callado últimamente.

—Si haces otro chiste, te mando a volar —rodó los ojos.

—Me encantaría, pero en verdad es curioso que estés en silencio durante bastante tiempo —le pasó el balón, atrapándolo con una sola mano.

—¿No puedo tener mis momentos de paz? —le sonrió con sorna, lanzando la pelota de vuelta.

—Los tienes prohibidos —lo atrapó—. Ahora, ¿qué ocurre? —volvió a pasárselo.

—Nada. Estaba pensando… —se levantó, frunciendo el ceño al ver la cara de fingida sorpresa de su amigo—. Que…

—Oh, yo estaba pensando en algo también —Ieiri lo interrumpió alzando la mano, haciendo que los dos la mirasen—. ¿Qué tal si invitamos a Hinata-chan a que coma con nosotros?

—¿Eh? —ambos reaccionaron asombrados, aunque el peliblanco lo exageró con una mueca.

—Si, porque… ¿no creen que ella se sienta sola? Nosotros tres nos juntamos a comer y hacer cosas, pero no la invitamos. Podría pensar que la estamos evitando o algo. Solo somos cuatro en el grupo y nunca está con nosotros. Además, si quisiera preguntar, notablemente es muy tímida para hacerlo.

—¿Quién eres y que hiciste con Shouko? —Gojou la señaló maleducadamente con el dedo, a lo cual, ella solo atinó a poner los ojos en blanco—. Ella nunca diría cosas tan amables así como así.

—Debo admitir que estoy de acuerdo con Satoru, pero también contigo —ladeó la cabeza—. Hemos sido amistosos con ella, pero nunca la invitamos a almorzar con nosotros. Tal vez sería buena idea hacerlo. Satoru, ve por ella.

—¿¡Eh!? ¿¡Por qué yo!?

—Porque eres el que más trabajo debe hacer para hacerse su amigo —contestó la chica.

—Además de ser el que casi la deja morir en el hospital.

—¡Eso ya fue hace tiempo! —se cruzó de brazos.

—Y eres el que se muestra más incómodo de hablarle…

—Yo no estoy incómodo y menos con ella —apartó la mirada con un puchero.

—No parece —concluyeron sus dos amigos, que a estas alturas, comenzaba a pensar que no lo eran tanto.

—Es solo invitarla a almorzar con nosotros, Satoru, no es la gran cosa —el pelinegro sonrió, manteniéndose tranquilo ante el claro mal humor del chico.

—Si es tan simple, háganlo ustedes.

—Hazlo tu —lo miraron con frialdad.

El peliblanco quiso negarse, pero sus amigos se adelantaron y lo echaron del lugar, cerrando la puerta detrás de él. Con un resoplido, introdujo las manos en los bolsillos de su pantalón y caminó descuidadamente de regreso al edificio donde recibía clases.

Estaba por entrar cuando escuchó un ruido sordo a lo lejos y recordó que la Hyuuga suele ir a golpear los postes de madera, así que dio vuelta al edificio y la miró justo al doblar la esquina; golpeaba con fuerza la zona acolchada, dando pequeños jadeos audibles al dar los golpes con la palma abierta. Sus ojos seguían cubiertos, aunque se notaba que la tela que los ocultaba estaba llena de sudor, se preguntó si le arderían los ojos.

Se apoyó contra la pared y la estudió fijamente.

Hinata era pequeña, bastante enclenque a su parecer, pero verla practicar su arte marcial después de una mañana de entrenamiento más duro le permitió sentir una gran sorpresa, y por lo que dijo Shouko, no era la primera vez que hacía eso. Además, debía estar exhausta después de lo de esa mañana, ¿no? Y ahí estaba, esforzándose de más.

Un destello de energía maldita le llamó la atención, sin embargo, tal como otras veces, ocurría en menos de un segundo antes de no volver a pasar. ¿Por qué tenía la constante sensación de que eso se le hacia tan conocido? Como si ya lo hubiese experimentado antes.

Vio a la menor alejarse del tronco con la respiración agitada, no pareciendo haberse percatado de que él la estaba viendo, ¿qué no se supone que el Byakugan lo veía todo? Queriendo tomarla por sorpresa, aplicó el infinito en sus pies y, sin hacer el más mínimo ruido, se acercó a ella.

Se inclinó a su espalda y tomó aire.

—Hyuuga —un jadeo, además de un golpe que iba directo a su pecho, fue su respuesta. Logró apartarse a tiempo para evitar la palma de la menor, sintiendo y viendo una energía diferente a la maldita ser expulsada de su mano.

—¡Gojou-san! —se alejó e hizo una profunda reverencia—. ¡Lo lamento tanto!

Después de asegurarse de que no le había ocurrido nada, la miró sorprendido.

—¿Qué fue eso?

—Y-yo… me tomó por so-sorpresa y… —jugó con el peluche de su chamarra—… lo lamento…

—Pensé que el Byakugan podía ver todo a su alrededor —ladeó la cabeza, exteriorizando su anterior pensamiento.

—Oh… yo… no estaba usando mi… Byakugan —pareció avergonzarse ante la declaración, enderezándose sin levantar la cabeza.

—¿No? —negó—. Entonces… ¿Por qué golpeabas el tronco?

—E-eso… Es un entrenamiento que u-usualmente hago. No sentí la ne-necesidad de usar el Byakugan mientras e-entrenaba y no lo escuché venir.

—Ah… eso… —miró a otro lado con una mueca graciosa en su rostro, rascándose la nuca—. Culpa mía.

—¿Eh? —alzó la cabeza, ladeándola.

—¿Y que es ese entrenamiento que implica golpear a un pobre tronco indefenso? —cambió de tema algo incomodo.

—Eh… En Konoha solemos pra-practicar con troncos pa-para efectuar golpes repetitivos y concisos en un solo punto, a-aunque no es la única manera de usarlos.

—¿Y eso te ayuda? —arqueó una ceja curioso.

La niña asintió con un atisbo de sonrisa.

—El Juuken necesita de una precisión constante en cada golpe si se quiere dañar puntos importantes, por lo tanto, debo precisar un entrenamiento que me ayude a mejorar en ese aspecto —lo dijo tan tranquilamente sin tartamudear que Satoru supuso que era algo que la habían hecho aprenderse al derecho y al revés.

—Eso es… interesante. ¿Cómo funciona este… "puño suave"? —se sentó en el suelo, mirándola atento.

—Eh… no es algo que… pueda decir —se puso nerviosa.

—¿Por qué no? —hizo un puchero.

—Es… una técnica de mi clan.

—Ah, eso… —suspiró, mirando al cielo—. Si, sé a qué te refieres. Sé cómo es.

—¿En serio?

—Si. Yo tampoco puedo difundir cosas sobre mi clan —se encogió de hombros, volviendo a mirarla—. ¿Es difícil, no? Ni siquiera a mí me querían decir mucho, tuve que aprenderlo por mí mismo.

Se sorprendió cuando Hinata le dirigió una dulce sonrisa, incomodándolo.

—Me… recordó a mi primo.

—¿Ah? —arqueó una ceja.

—Él… es de la segunda rama de mi clan y… digamos que ahí no son muy apreciados los que… pertenecen a ella por parte de la rama principal —jugó con el peluche de su abrigo nuevamente—. A él no se le… tenía pe-permitido aprender técnicas que so-solo le pertenecen a la rama principal y eso no le importó —se sentó frente a él—. Neji-niisan fue y aprendió técnicas que solo un pro-prodigio podría aprender de la manera en la que él lo hizo—si Satoru notó el tono de dolor dentro del de por si tono melancólico, no dijo nada.

—Vaya… ¿Y tú?

—Yo… —se encogió en su lugar, apretando las rodillas contra su pecho.

—Mm… ¿Por qué no te quitas la venda? —cambió de tema, viendo que obviamente no quería hablar de eso, por lo que mejor era evitar la incomodidad de ambos.

—¿Eh? No puedo…

—Pero si ya he visto tus ojos.

—No es… eso…

—¿Es cosa de tu clan? —asintió—. Bueno… Aquí no hay nadie de ellos —sonrió—. Y yo no les diré nada. Dudo que sensei lo haga o Suguru… o incluso Shouko.

—Pe-pero… —se mordió el labio. Se supone que no debía quitarse la tela de los ojos fuera del sótano de entrenamiento o su habitación.

—Anda. Deben de estar ardiéndote con tanto sudor.

Negó, si se la quitaba, recibiría un regaño de su padre aunque no estuviese ahí para verla, él lo sabría. Antes de que sus emociones se salieran de control por sus pensamientos, unos cálidos dedos tocaron su nuca, haciéndola estremecer, y deshicieron el nudo en la venda oscura, quitando la tela lentamente.

Abrió los ojos, mirando a otro par de color tan vibrante como el cielo mismo que se apreciaba detrás del dueño de estos, quien le sonrió con travesura.

—A veces es bueno dejar que los ojos se apantallen con tanta belleza, ¿no? —dijo en tono de chiste, volviendo a su lugar, siendo seguido por los aperlados ojos.

—¿Uh? —parpadeó varias veces para acostumbrarse a la luz.

—Oi, Hinata —la llamó por su nombre, sacándola del shock en el que la había metido por sus despreocupadas acciones—, ¿quieres almorzar con nosotros? Los otros nos esperan —señaló con el pulgar detrás de él.

—¿A-almorzar?

—Así es —se levantó de un salto y le extendió la mano, la cual, Hinata miró con sorpresa—. Vamos.

—Y-yo… —no pudo decir nada más cuando la mano, antes extendida, tomaba la suya con firmeza y la ponía de pie en un fluido movimiento.

—Vamos, vamos. ¿Traes bento? Bah, no importa, de seguro Shouko y Suguru te compartirán del suyo —comenzó a avanzar, casi arrastrándola detrás de él. La peliazul no dejaba de verlo con asombro, sintiendo un ligero picor en los ojos por las lagrimas que comenzaban a acumularse en estos.

¿A Gojou-san le agradaba después de todo?

Junto a la tela negra que antes cubría sus ojos, se quedó la caja de almuerzo que había planeado comer después de entrenar. Ambas olvidados, hasta que la venda se alejó volando por una ráfaga de viento que sopló.


N/A: De acuerdo... no esperaba tardarme tanto, créanme. Llevo escribiendo esto incluso antes de haber publicado el anterior capitulo en lo que tardaban en revisarlo y eso... Pero hasta cierto punto ha valido la pena, ¿por qué? Se estarán preguntando, pues resulta y resalta, que en semanas anteriores, han sacado una entrevista a Gege donde le preguntan ciertas cosas de nuestro chico peliblanco favorito, preguntas que tienen que ver con su familia y ciertos aspectos del personaje, cuyas respuestas han sido de utilidad para el ultimo fragmento que han leído y serán de mucha más ayuda en el siguiente capitulo, principalmente en el esperado acercamiento de la parejita.

Con decirles que este capitulo tenia otro inicio y otro posible desarrollo, pero no me terminó convenciendo y así llegué al que ustedes acaban de leer, por algo también fue la tardanza (aunque no es excusa).

Les agradezco mucho sus comentarios y el hecho de que sigan leyendo, además de darles la bienvenida a gente nueva. Zafira Profundis, no sabes el grito que pegué al ver tu comentario, amo tus historias. Espero que a ti y a todos les gustase este capitulo.

Prometo no tardarme tanto con el próximo cap, tengo una base, solo falta desarrollarlo. De momento me despido, los quiere mucho, TsukiShiro22~.