Chicos! He vuelto!
Antes que nada, quiero ofrecerles una disculpa, si es que alguien sigue aquí, por mi larguísima ausencia. Han habido muchos cambios en mi vida a lo largo de este par de años que han pasado, cosas buenas, cosas malas, gente que llega, gente que se va, y ha sido una serie de cambios constante que no me ha dejado siempre con el mejor sentir.
Me negué a escribir por mucho tiempo, me aislé de mucha gente y abandoné muchos hobbies que adoraba. Ahora, siento que ha llegado el momento de quitarle el polvo no solo a muchos aspectos de mi vida que me había negado a enfrentar por tanto tiempo, sino también a mis queridísimos personajes, tanto originales como canónicos, para darle una continuación a las historias que inicié, y finalmente darles el merecido final, sin olvidar claro está, la deuda que he tenido todos estos años con ustedes, mis queridos ratones de campo.
Porque sin ustedes, no habría historia que contar.
Sin más que decirles, les dejó con el capítulo!
Espero de corazón se encuentren muy bien, les mando un caluroso abrazo!
o.o.o
31. Sin ruta
.
.
.
La luna llena.
No estaba seguro de porqué, pero lo que más recordaba de esa noche tan terrible, no era la escena brutal que habían dejado atrás ni la sangre que le empapaba la ropa y llenaba sus fosas nasales, sino la impresionante luna llena.
Estaba terriblemente nublado, y llovía aguanieve sobre ellos, pero por algún extraño motivo, las nubes habían dejado un claro alrededor de la luna, como si esta quisiera enterarse de lo que hacían a través de una brumosa ventana. Quizás quería ver con sus propios ojos la desgracia que acontecía sobre ellos, o tal vez, quería iluminar su camino. Tal vez quería iluminar el camino hacia ellos, hacia el interior del bosque donde intentaban inútilmente esconderse.
Tal vez solo era una simple coincidencia, y no había ningún tipo de fuerza que cuidase de ellos, o que se interesase por su bienestar.
Nunca sabría decirlo.
Logan miró hacia atrás, donde la enorme mansión de Hannibal Winchester aun era visible entre las copas de los arboles y la oscuridad, con sus ventanas encendidas como los ojos de una ser infernal que esperaba, como un monolito incansable, a encontrar a sus presas que habían huido.
El recuerdo de los gritos, el fuego, el olor a carne quemada, le causó un escalofrío tan fuerte que tuvo que tomar una enorme bocanada de aire para no vomitar.
No podía terminar de procesar lo que había ocurrido. Habían ido allí para rescatar a sus compañeros, ¿no? Los Inquisidores habían capturado a Nicolas, a Thomas...
A Emma.
Apretó los ojos de golpe, intentando contener algo que ignoraba pero sabía que si lo dejaba salir de su interior podría matarlo. El sonido de los gritos que salieron de los labios de Emma cuando el fuego alcanzó sus pies y piernas resonaba en su cabeza como un eco dentro de una caverna tenebrosa y fría. Aun podía escuchar la carne achicharrándose, mientras intentaba inútilmente cruzar la sala, con los dos estoques desenvainados en ambas manos, corriendo tan rápido que le sorprendió que pudieran detenerlo. Nadie pudo hacerlo, nada lo contuvo, y aun así, no consiguió llegar a ella a tiempo. Cuando la alcanzó, ya no había aliento que saliera de sus labios. Cuando la alcanzó, sólo había huesos y carne quemada.
Le repugnaba pensar en el olor a carne quemada. Por un segundo, le recordó aquella primera cena navideña que pasaron juntos. Habían descuidado el horno y el pavo se había quemado. Olía igual.
Logan sintió una oleada de asco, y se cubrió los labios para no vomitar.
Había tanto que había querido decirle, pedirle perdón por ser tan estúpido como para dejar que su miedo al compromiso lo mantuviera lejos de ella. Que tenía miedo de querer a alguien tanto y dejarle ver todo lo que llevaba dentro. Habría querido decirle cuánto la quería, y ahora, no solo tendría que tragarse esos sentimientos como un sorbo de veneno y fuego, sino que cargaría por siempre en su consciencia no haber podido hacer nada para ayudarla.
Logan se volvió hacia delante, hacia los árboles, dándole la espalda a ese sitio de pesadillas. Habían salido huyendo tan a prisa, que apenas le quedaba aliento, y le preocupaba la condición de su compañero, de pie, a un metro de él, recargado contra un árbol.
Wade se sujetaba el brazo izquierdo, o al menos, lo que quedaba de su brazo. Algún inquisidor había hecho un corte preciso y le había arrancado la extremidad de tajo, por encima del codo. La herida estaba sucia, cubierta de tierra y otros fluidos de dudosa procedencia, y sangraba profusamente, un indicador de que lo que fuera que los inquisidores les habían inyectado estaba haciéndoles efecto. Un anticoagulante, o quizás uno de esos líquidos que reducían sus capacidades para regenerarse, además de suprimir sus presiones. Fuera como fuera, Wade estaba bañado en sangre, pero no estaba seguro de si pertenecía al shinigami, a un inquisidor, o algún otro miembro de los Trece Únicos.
-Tenemos que seguir andando... -indicó Logan, mirando nerviosamente hacia la mansión nuevamente. Sabía que estaba en shock, o alguna especie de negación. Se miró los pies; había perdido un zapato en su apurada carrera, y por algún motivo aquello le parecía importante en ese momento-. Hay que llegar a la frontera con Francia.
Se volvió a mirar a Wade, quien tenía una expresión perdida, contraída y llena de horror y remordimiento grabada en sus ojos como una marca de fuego. Logan no quería siquiera recordar el momento en el cual Wade perdió el brazo.
Alice intentaba quitarse de encima a varios inquisidores, y Wade consiguió apartarla del camino de un golpe. Su brazo cayó al suelo de un solo movimiento, y Alice había gritado de una forma que jamás podría olvidarlo. Logan vio lo que pasó después, aunque no estaba seguro de si Wade lo habría visto; alguien cruzó la habitación y alcanzó a Alice. Recordaba haberla visto pelear, mientras Wade intentaba conjurar sus katanas de vuelta, pero no podía. En algún punto, Alice se perdió entre la multitud, o al menos, era lo que quería creer que Wade había observado. Jamás podría sacar de su mente la manera en que sus ojos exánimes lo miraban, cuando la cabeza cercenada de la shinigami rodó en su dirección. Logan intentó ayudarla, intentó salvarla. Vio el momento exacto cuando se dio cuenta que sucedería, el segundo en el cual la espada Inquisidora cruzó a través del hueso, carne y tendones, y un cinto de sangre separó el cuello del cuerpo.
-James, Chris y Hela salieron en esa dirección... -continuó diciendo, señalando con un dedo hacia el bosque, sin poder dejar de mirarse el pie descalzo. Estaba seguro de que los vio huir, pero se preguntaba porque no intentaron ayudarlos. Christopher lo había mirado, directamente a los ojos, cuando salían por una ventana, y aun así, no hizo el menor intento por volver. Ni una seña, nada. Quería estar furioso con él, pero suponía que se lo merecía...
Si alguien tenía derecho a odiarlo y dejarlo a su suerte, era Christopher. Después de todo, Logan siempre fue un imbécil con él. Al menos Chris había conseguido salvar a quien quería...
Quizás esto era justicia divina.
-¿Por qué no te quedaste atrás, como te dije...? -masculló Wade de pronto, con los dientes apretados y los ojos entrecerrados, como si no pudiera soportar el dolor, o tal vez, lo que no soportaba, era mirarlo a los ojos. Logan lo miró confundido, pero de inmediato supo de qué hablaba.
Wade lo había estado conteniendo todo ese tiempo, desde que llegaron. Cuando vio a Emma en la hoguera, Wade sujetó a Logan con todas sus fuerzas, pues sabía que este haría algo estúpido para joder más la situación. Siempre lo hacía.
Pero no lograba entender porque lo habría hecho en ese momento tan terrible...
-¿Querías que no hiciera nada... por seguir el plan...? -preguntó Logan, con la voz estremecida por su pregunta. Sabía que era su responsabilidad, y que era en parte su culpa, pero... no quería cargar con eso. Nunca había querido que las cosas escalasen de esa manera- ¿Que no hiciera nada...?
-¿Por qué lo hiciste? -inquirió Wade de nuevo, apretando el muñón de su brazo con todo su puño, casi temblando por el dolor y la rabia que había en él. Logan observó el corte de su brazo, y vio que, enredado en los dedos de su única mano, llevaba un pequeño relicario en forma de corazón, cubierto de sangre.
El mismo que Alice llevaba todo el tiempo alrededor de su cuello.
Logan sintió que el peso de la culpa le aguijoneaba el corazón. Había visto lo que ocurrió con ella entonces. Sabía lo que había pasado con su prometida.
-Creí que podría salvarlos... -jadeó, casi sin voz, y admitir aquello le hizo darse cuenta de lo que había provocado-. Creí que...
-¿Por qué no seguiste el plan...? -insistió Wade una vez más, ahora mirándolo directamente a los ojos. Era como si no pudiera oírlo. Logan jamás comprendería la profundidad de la rabia que había en los ojos de Wade en ese momento- ¿Por qué no esperaste indicaciones...? Estaba allí, deteniéndote. Sabías que teníamos un plan, y aun así, echaste todo a la basura... ¿Por qué?
Logan no sabía que decir. Intentó pensar en una excusa razonable, pero no pudo. Quería ayudar a Emma, quería salvarla. Aún así, una parte de él sabía que no había manera de que pudiera haberlo hecho, llegado a tiempo hacia ella. Emma estaba condenada desde el momento en el que le prendieron fuego.
¿Por qué había condenado a los demás, entonces, por alguien que ya estaba muerta?
¿Había sido simple instinto? ¿La necesidad imperiosa de salvarla? ¿Negación de la verdad?
¿O había sido un capricho, un berrinche? ¿Había reaccionado, como un perro, al que le patean la jaula y se lanza al ataque sin pensar?
De repente, fue claro lo que había pasado, y una nueva idea comenzó a echar raíces en su mente; que el resultado de esa noche, había sido su culpa.
Aquello pululó en su alma como gusanos en la carne putrefacta, revelando esa terrible verdad que le aterrorizaba admitir en voz alta...
No, no había sido su culpa. Él no llevó a nadie allí. No los condenó. Él no secuestró a sus amigos...
Pero... ¿y a los demás? ¿Habría habido un resultado diferente, si no hubiera actuado de forma tan impulsiva y estúpida?
Lo peor, lo que más le aterraba admitir, era que sí...
-Voy a decirte por qué... -continuó Wade, girando hacia él, con todos los dientes apretados y una expresión de total desprecio en sus ojos, como quien mira a un desagradable insecto que se ha colado en casa, como si fuera la peste misma-. Porque eres un pedazo de mierda insensata y caprichosa, que no tiene autocontrol, ni templanza, ni el menor sentido común o de responsabilidad...
-Esto no fue mi culpa... -jadeó Logan, dando un paso hacia atrás. Lo dijo como un niño que ha sido hallado al lado de un jarrón roto, y aunque se ha cortado con los pedazos afilados de porcelana, niega ser el culpable, a reconocer sus errores, por temor a un castigo.
Y sin embargo, mientras más repasaba los eventos en su mente, más se sentía merecedor de una reprimenda. Más sentía que merecía ser castigado. Más sentía que era culpable. Sin embargo, también temía el titánico peso de la responsabilidad de lo que había ocurrido, de aceptar lo que había causado.
Porque era algo tan espantoso y escalofriante que no sabía si algún día podría merecer el perdón.
Porque cuando se soltó del agarre de Wade y se lanzó a rescatar a Emma, no pensó en las consecuencias catastróficas de sus decisiones. No pensó en que vería los ojos fríos y muertos de la cabeza mutilada de Alice, o el cuerpo despedazado de Nicolas, o la forma en la que Alexander fue rodeado por la cintura por un látigo y su cuerpo se dividió en dos pedazos.
Porque admitir que sabía lo que hacía, admitir que era responsable, admitir que había actuado sin pensar, sería mancharse las manos de toda la sangre que se derramó esa noche, de las vidas que se perdieron y los futuros que ya jamás se realizarían.
Sería admitir que no había matado a sus amigos.
-No fue mi culpa... -dijo de nuevo, como si quisiera realmente creer aquello, con un temor apabullante en su voz.
-¡Claro que fue tu culpa, maldito hijo de puta! -rugió Wade, soltando a Logan un puñetazo que impactó directamente en su pómulo, uno tan fuerte que lo lanzó al suelo.
Aun estando herido de esa manera, la fuerza de Wade seguía siendo supernatural, y aunque Logan era también un Shinigami, la magnitud del impacto lo dejó sin aliento. Se quedó mirando el suelo por un momento, el agua que salpicaba el lodo que se formaba bajo sus manos. Podría haber jurado que el golpe le arrancó dos molares, pero no estaba seguro. El dolor fue tan intenso que no comprendía que lo que miraba por un momento era el piso.
-¡Todo esto es tu culpa! ¡TODO! -bramó Wade, mientras Logan intentaba incorporarse lentamente, luchando no solo contra su cansancio, contra el dolor de sus heridas, sino también contra el peso de la culpa, que parecía jalar de él hacia un abismo infinito y espantoso, ahora que podía comprender a qué se refería Wade.
Arriba la luna brillaba. Aun entre las nubes y la lluvia.
-¡No puedes culparme por esto! -jadeó Logan, sin saber exactamente que más decir, sabiendo que su compañero tenía razón en lo que decía, y aun así, como una herida que no deseas descubrir para ver si está infectada, temía ver la realidad. Aceptar la realidad, era admitir que todas esas vidas que se perdieron esa noche, toda esa sangre, también pesaba sobre él como una piedra que amenazaba con aplastarlo- ¡Esto no fue mi culpa! ¡Yo no...! ¡Yo no quería esto!
-¡¿No?! -replicó Wade, rugiendo como un monstruo que se alzaba sobre él, tan furioso que apretaba los dientes, y parecía que su voz le desgarraría la garganta- ¡Todos están muertos porque no fuiste capaz de seguir una simple orden! ¡Nos quitamos la vida porque fuiste incapaz de guardar el secreto de las reliquias! ¡Y ahora todos están muertos por tu falta de consideración! ¡Eres como un estúpido niño caprichoso y malcriado! ¡No solo eres un maldito irresponsable, sino tampoco sabes nada de respeto, de lealtad o de honor!
-¡No me hables de lealtad cuando eres tu quien sería capaz de matarnos a todos por cumplir una maldita promesa! -exclamó Logan, volviéndose lentamente hacia él, intentando ponerse de pie. Las palabras de Wade lo cortaron como un cuchillo, desde su interior hacia dentro. Sintió que tenía que liberarse de ellas, o sería demasiado para su cordura- ¡Mi lealtad siempre ha yacido contigo! ¡A diferencia de ti, yo no pienso sacrificar mi vida o las de los demás por causas estúpidas!
-¡Todos tus motivos son causas estúpidas! -rugió Wade, su voz llenando el claro del bosque. Gritó con tal fuerza que varias aves salieron despavoridas del refugio de los árboles. Ya no le importaba si alguien los oía, ya no le interesaba el futuro. Ya no tenía futuro, de todas maneras- ¡Has jodido todo! ¡Eres como un maldito cáncer que ha maldecido mi vida desde que tengo memoria! ¡Has arruinado todo sobre lo que pones tus manos, todo lo bueno que podría haber en tu vida! ¡Siempre te he defendido, siempre he estado de tu lado, pero tu egoísmo e imprudencia no tienen límites, y ahora, has traído la muerte sobre nosotros! ¡Sobre Emma, sobre Alice, sobre Alex!
Logan quería decir algo. Quería replicarle que eso no era verdad, que no era cierto. Pero cuando se volvió hacia Wade para enfrentarlo, este tenía una expresión que parecía contener toda la rabia, desesperación y decepción que había en el mundo. Lo miraba como si fuera una pierna podrida que no puedes quitarte sin morir, pero que de igual manera morirás por la infección que llenará eventualmente tu sangre.
Wade lo tomó por el cuello de la camisa, con su único brazo. La sangre le manchó a Logan el pálido rostro, la ropa, y en el rostro de su compañero que lo enfrentaba vio una expresión que era terriblemente familiar.
El rostro de la completa decepción, el rostro de alguien que ya se ha dado por vencido de intentar salvar una causa perdida...
-¡Eres, fuiste y siempre serás lo que pudrió a nuestra familia! ¡De lo único que doy gracias, es que van a capturarnos y ya no podrás joderle la vida a nadie más! -la voz de Wade estaba cargada de odio, eran cuchillos que viajaban sin piedad hacia el pecho de Logan, y se retorcían cada vez que Wade abría los labios- ¡Eres una maldición con la que he debido cargar toda mi vida! ¡Debí dejarte morir cuando tuve la oportunidad, y esto no habría pasado! ¡Debí haberte matado yo mismo!
Sus palabras tenían el peso de una enorme piedra, una que se cernía sobre la espalda de Logan, hundiéndolo poco a poco, hasta que sintió que le era imposible respirar, y cada vez crecía más, cada vez era más real. Wade lo había dicho, y nunca podría borrarlo ya de su mente. La culpa dejó de flotar sobre él y ahora sentía sus manos frías alrededor de su cuello, empujándolo hacia el abismo. Jamás creyó escuchar eso salir de la boca de Wade. Jamás creyó que podría mirarlo con tal odio y repugnancia, como una cucaracha a la que estás a punto de aplastar bajo el zapato.
Wade lo soltó de golpe, arrojándolo de vuelta al piso como si tenerlo tan cerca estuviera enfermándolo, y Logan cayó de bruces al suelo, entre el agua helada y el lodo. Se quedó mirando a Wade, quien retrocedía con dientes apretados y los párpados enrojecidos, incapaz de quitarle los ojos de encima pero como si verlo le causara dolor físico.
Había odio en sus ojos.
-Wade... -jadeó casi sin voz, sintiendo que algo tiraba de su pecho hacia su interior, como una catedral cuya estructura se ha dañado y comienza a colapsar sobre sus columnas sin nada que pudiera detenerlo. Solo que todo lo que caía de él, era un camino húmedo que brotaba de sus ojos abiertos desmesuradamente-. Por favor... Soy tu hermano... soy tu gemelo...
"Por favor... no me odies..." quería decirle, pero no salían palabras de su boca.
"Por favor... eres todo lo que me queda..."
.
.
.
-¡Lovecraft!
Levanté la cabeza, parpadeando unos momentos, hasta que se aclaró mi visión y pude ver a Christopher en el umbral de la puerta de mi habitación. Tardé unos segundos en procesar que aquello era real, que lo anterior había sido un sueño, y un par más en mirar a mi alrededor, intentando recordar dónde diablos estaba. Estaba en una silla, al lado de la ventana, y creo que me había quedado dormido sentado, lo cual explicaba mi súbito dolor de espalda. Desventajas de suprimir la presión, uno se vuelve bastante más humano cuando eso pasa.
Habíamos llegado a Kattegat hacia poco más de unas tres horas, y lo que habría sido un viaje relajante atravesando la mitad de Europa occidental, ahora se había vuelto un viaje sin ruta, luego de que les contase lo que había ocurrido con Irina (salvo que mi lengua había estado en su garganta), lo cual era que básicamente solté toda la información posible para que supiera exactamente donde estábamos y que planeábamos hacer. Aquello era un problema principalmente porque Edrick, además de hallar a su hermana, deseaba con locura clavar una daga en la mitad del pecho de Irina. Y si Irina estaba involucrada, quería decir que Bharus también lo estaba, cosa que complicaba todo aún más, dado que había reliquias involucradas, y aparentemente Bharus buscaba alguna de ellas.
Luego de que Jillian superara la crisis que tuvo cuando se enteró de lo ocurrido, decidió que lo mejor era instalarnos en algún hotel de la zona, mientras decidíamos cuál era la mejor ruta a seguir por el momento, algo que no me era del todo agradable. Kattegat no estaba lo suficientemente lejos de Alemania. Ningún sitio estaba lo suficientemente alejado de un país cundido de Inquisidores. Aquello me ponía de nervios.
-¿Qué pasa? -pregunté distraído, intentando hallar, disimuladamente, alguna mueca o algo en su cara que delatase que Jillian le habría contado todo lo que paso entre la aparente Sophie y yo. Esperaba que fuera prudente y no lo mencionase. Suficientes problemas había en mi vida en ese momento como para complicarlo más.
Claro, si no me moría antes. O si no me mataba Bharus. La idea de morir comenzaba a ser liberadora, pensándolo bien.
-Jillian quiere que vayamos afuera, quiere hablar de lo que pasó -dijo, sin ninguna inflexión en especial en su voz más que molestia. Era entendible; tampoco yo deseaba entablar una animada charla con él en ese momento.
Sabía que lo que vi fue un sueño, un viejo recuerdo perdido en mi mente que me alegraba que se mantuviera constantemente oculto, y sabía que Christopher había ofrecido sus disculpas por lo que pasó, pero quizás porque estaba aun ese sopor que deja el sueño, donde aun no comprendes que lo que viste no es real, me irritaba su presencia.
Hacía mucho que no soñaba con ese momento. Odiaba cuando pasaba. Me sentía una peor basura de lo que ya era.
Patético, supongo, pero aunque no lo diría en voz alta era la realidad.
Además, si alguien podía dar fe de ello, de que yo era una basura, era Christopher, algo irónico, dado que debería ser él quien estuviera irritado por estar cerca de mí, y no al revés.
Me puse de pie, estirándome con cuidado para no sentir el dolor del sello, de la carne irritada alrededor de la piel herida. Sentía el cuerpo entumecido, como cuando has hecho mucho ejercicio y te arden todos los músculos del cuerpo. Comenzaba a sentirme verdaderamente cansado, aunque no quisiera admitirlo abiertamente. Volví la mirada hacia la puerta, donde Christopher seguía sin moverse, observándome detenidamente, con los ojos entrecerrados, y me pregunté si Jillian le habría dicho lo ocurrido entre Irina transformada en Sophie y yo.
Suficiente era con que Sophie sospechase, si no es que ya hubiera deducido lo que pasó. No era tonta, estaba seguro de que ya sabría con certeza lo ocurrido, en especial cuando se lo dije abiertamente, y ese quizás sería el menor de mis problemas.
Miré de reojo hacia la puerta, donde Chris se hallaba aún de pie, observando con esa expresión de superioridad moral que tanto le gustaba demostrar.
-¿Qué? -solté, dejando caer los brazos.
-Nada -respondió, pero era evidente que quería decir algo.
-Si tienes algo que decir, escúpelo ya.
Christopher sacudió la cabeza, con ojos entrecerrados, observándome como si pudiera hacerme daño solo con su mirada. Me recordó, en cierto modo, a ese sueño del cual desperté. No fue precisamente una visión agradable.
-Muévete, Jillian nos está esperando -dijo con voz fría, y desapareció por el pasillo.
Solté un suspiro cansado. Iba a ser un día largo.
Sylvette
.
.
.
-Déjame ver si comprendo...
Con las manos a los lados de su cabeza, Jillian parecía con todas sus fuerzas evitar que su cerebro explotáse por las sienes. Estaba tan furiosa, que apenas podía reconocerla. Su usual rostro dulce, de facciones suaves, estaba tenso, contraído en una mueca de desagrado que estaba a un mal día de caer en el a histeria. Parecía un león enardecido, esperando un movimiento brusco de la hiena que acababa de someter luego de que esta tratase estúpidamente de robar su cena.
Y esa hiena, un shinigami avergonzado frente a ella, era una que precisamente le doblaba el ancho y era casi una cabeza más alta que ella, y sin embargo, parecía inofensivo a comparación de la señorita Lassaralei.
Jillian se mantuvo con los ojos cerrados, midiendo sus palabras. Creo que no deseaba ser grosera con Wade, quien se mantenía de pie delante suyo, sin mover un solo músculo, y aunque intentaba parecer tranquilo, se le notaba inquieto.
Tenía casi una hora que habíamos bajado del ferry, en Kattegat, y lo que prometía ser un viaje tranquilo se transformó en un episodio confuso cuando Wade nos contó lo que había pasado antes de arribar. Aparentemente, alguien se había hecho pasar por Sophie, y había logrado que Wade le contase lo que pretendíamos hacer en Bialowieza, nuestro trayecto hacia Ondina, Kreous, la búsqueda de la hermana de Gale y Edrick, y ahora un potencial enemigo tenía nuestra ubicación, además de nuestros planes. Aquello no pintaba como el viaje sin contratiempos que Jillian había pensado.
Por no decir que me ponía los pelos de punta. No quería mostrarme asustada delante de Grim, en especial después de que había intervenido por mi para que los acompañase, además de que no deseaba que entraran en pelea de nuevo. Ninguno de ellos estaba del todo recuperado luego del enfrentamiento con los demonios.
-Dices que Irina, una de tus... -Jill apretó los labios, comprimiendo una palabra con la que no era correcto referirse a alguien-... viejas amigas, que también es una demonesa, se transformó en Sophie y consiguió que le dijeras a donde vamos, ¿no?
Wade miró molesto hacia la derecha, donde se hallaba la salida del callejón donde nos encontrábamos, como si quisiera salir corriendo en esa dirección. Chris insistió en reunirnos en el mismo hotel, que no debería tener más de 20 habitaciones, donde nos habíamos hospedado, o algún lugar más higiénico, más Jillian, quien ya de por sí estaba paranoica, estaba firme en no involucrar ningún sitio donde pudieran haber cámaras de seguridad. En otro momento, quizás el olor a basura de tres días, orines de borracho y otras cosas que no quiero saber que eran, le hubieran causado repulsión, más estaba tan enfadada que apenas lo notaba.
-Ya te dije que le conté todo -refutó Wade, hablando entre dientes. Se notaba avergonzado. Supongo que lo era, después de todo, nos había puesto en peligro al grupo entero. Usualmente se mostraba muy seguro de sí mismo, aun en situaciones como estás, cosa que hacía más sospechoso que no hubiera hecho, y evitase aun en ese momento, el contacto visual con el resto, a menos que fuera necesario-. A dónde vamos, a qué vamos, por qué vamos, lo de Ondina, lo de Kreous, lo que desayune esta mañana...
-No termino de comprender cómo fue que comentaron todo el plan en diez minutos -irrumpió Grim, con su usual mueca burlona en su rostro. No lucía particularmente exaltado por la situación, pero tampoco estaba del todo tranquilo. Bajo su apariencia juguetona, había un halo de frialdad que me resultaba... amenazante. Aquello me asustaba un poco. Estaba distante desde que desembarcamos, y aún sabiendo que la cosa no era conmigo, me hacía sentir insegura su comportamiento- ¿Qué hizo exactamente para que le dieras toda esa información?
Estiré la mano y le sujeté el brazo desde detrás suyo, como diciéndole "¡Guarda silencio!", porque solo estaba empeorando la situación entre todos. Sin embargo, aun eso no evitó que Wade lo mirase como si quisiera golpearlo.
-¿Qué es exactamente lo que quiere esa tal Irina? -preguntó Christopher, interrumpiendo la molestia que había causado en Wade el comentario de Grim, pero el aludido no despegaba la mirada de este último.
-Por lo que dijo Edrick, ella es la usurpadora de su clan -explicó Lovecraft, aun sin mirar a Christopher más que de reojo-. Aparentemente, está en busca de la misma reliquia que busca Bharus. Supongo que cree hallar respuestas con Ondina, al igual que nosotros.
-Podrías dejar que se aparezca de nuevo convertida en Sophie y entonces podrías preguntarle todo~
Wade le dedicó una fría mirada a Grim de nuevo, más antes que pudiera responder, Sophie interrumpió la conversación.
-Eso no importa -dijo, sin moverse de su sitio, con una mano en el cuello y la otra cruzada sobre su pecho. Parecía demasiado calmada, dada la situación-. No importa que pasó o cómo, o porqué. Lo que importa ahora, es buscar una solución. Si el plan que teníamos antes ya no es una opción, debemos idear algo nuevo.
-¿Qué sugieres exactamente? -masculló Christopher, quien parecía más irritado que de costumbre. No negaré que me sentía aliviada de que dirigiera su ira a alguien más que no fuera yo-. Lo ideal sería sacar ventaja, pero para hacer eso, tendríamos que atravesar Alemania; y aún así, no hay garantía de que Irina no se haya adelantado ya.
-Podríamos cruzar por barco -añadió Hela, mirando de un lado a otro, con sus rizos plata rebotando contra su cara-. No es un camino muy largo hasta Bielorrusia.
-No, pero perderíamos dos días enteros de camino -respondió Jillian, con la barbilla apoyada contra su puño, tan concentrada, que apenas estaba de los que la rodeábamos-. Y Arlene no puede esperar mucho más...
-Podríamos pasar desapercibidos por Alemania... -murmuré, intentando aportar mi granito de arena, pero de inmediato Chris me dirigió una mueca y una expresión de pocos amigos.
-Claro, porque cuatro albinos son la cosa más común que puedes toparte hoy en día... -masculló Wade, bastante más cínico que de costumbre. Supongo que estaba desahogándome conmigo, pero no tenía porque hacerlo. Yo también me encontraba asustada, igual o mucho más que ellos. Y aún así, estaba dispuesta a entrar en territorio Inquisidor. No podía ser tan malo como ellos decían. No cuando Charlotte era una Inquisidora, Y Charlie era de las personas más dulces que conocía.
-Creo que hay una forma de llegar antes... -susurró Jillian, aunque daba la impresión que no hablaba con nosotros. Sin embargo levantó la mirada, observándonos con sus penetrantes ojos amarillos. Había cierto ahora de derrota en ellos, como si la opción de la que estuviera hablando fuera algo que realmente no quería hacer-. Denme un par de horas; veré que puedo resolver. Vayamos por algo de comer, estoy hambrienta...
Sophie
.
.
.
Kattegat era todo lo que se esperaría de una ciudad portuaria en la costa nórdica de Noruega; frío, repleto de decoración y tiendas con temática marina y pesquera, y un aroma a salitre que no te dejaba olvidar que la costa estaba cerca. Los turistas, atiborrados en sus abrigos invernales y térmicos, destacaban claramente de entre los lugareños que usaban ropa mucho más ligera, ya acostumbrada al clima de la región. Habría sido un precioso destino para pasar un tiempo tranquilo, visitar las tiendas, despegarse del ajetreo normal de la vida.
Nunca pensé que un lugar tan bonito fuera solo un escalón para llegar a un destino mucho mas... peligroso, por llamarlo menos.
Luego de la pequeña reunión en el callejón, cada uno marchó para un lado distinto. Jillian había almorzado en un puesto de comida rápida, solo para luego desaparecer entre la multitud. James, Sylvette, Chris y yo nos dirigimos a un pequeño café. Me senté en la barra, mientras Christopher discutía con el cajero, intentando comunicarse con él en la lengua nativa del hombre, quien no parecía entenderle mucho, mientras yo sopesaba y jugueteaba con mi ensalada, que llevaba ya varios minutos frente a mi.
La verdad es que yo tenía apetito.
Es decir, claro que pensaba comerme la ensalada que había pedido, aun cuando no se me antojase en lo más mínimo (tirar la comida no era una opción), pero no sentía deseos de comer.
Me sentía asfixiada, por lo que había ocurrido. Aun sentía la cadena alrededor de mi cuello, aun me sentía en peligro. Era algo con lo que había aprendido a vivir, desde hacía mucho tiempo, pero eso no significaba que fuera agradable. Nunca lo había sido, y si bien el miedo era mucho menos intenso cada vez que algo así ocurría, no lo hacía más fácil. En menos de cinco días, ya había estado a punto de morir dos veces; considerando eso, quizás tenía derecho a sentirme un poco peor que otras veces. Me sentía muy vulnerable; sin embargo, recurrir por el momento con la persona con quien pasaba esos momentos hasta sentirme mejor, no era la mejor opción.
Me froté la cara con las manos; después de lo que había pasado, después de lo que sabíamos, ¿que tan idiota tenía que ser para preocuparme porque hubiera besado a otra persona? Se parecía a mí; a juzgar por lo que dijo, era idéntica a mí, básicamente era yo, ¿eso debería hacerme sentir mejor? No, ¿como era posible que luego de tanto tiempo de conocerme, no reconociera un "clon" de la verdadero yo?
¿Estaba celosa? ¿Por qué pensó que, luego de lo que dijo, querría ir a intercambiar saliva con él? Si notó que no era yo, ¿por qué lo hizo? ¿Era acaso que no le importaba?
No, definitivamente era una idiota. No podía ser posible que eso me preocupara en esos momentos. Llegar con Ondina era lo esencial...
No esto...
Aun faltaba un recorrido largo; y luego de esto, la opción de vernos forzados a cruzar Alemania, de una forma u otra, era cada vez más probable. Solo de pensar en ello me hacia sentir terriblemente abrumada. Tenía ya más de cinco años que no pisaba territorio alemán, desde que había sido tomado el territorio por en ellos, en sus voces, incluso sus trajes negros, me causaba el mismo terror que provoca una pesadilla a mitad de la noche, cuando no sabes reconocer lo que es real de lo que no.
Quise, por un momento, hablar con Wade porque eso era lo que hacía siempre que este miedo me sujetaba con sus frios dedos por los hombros. Pero no era una opción en esos momentos, no solo por todo lo que había pasado y porque no tenía la menor idea del terreno que pisábamos, sino porque era egoísta de mi parte pensar que él debería tranquilizarme a mí. Su sello se había roto, y pese a que Wade solía ser estoico la mayor parte del tiempo, me daba cuenta de que estaba perturbado por ello. O peor, resignado, lo cual era verdaderamente desesperanzador, porque cuando llegaba a ese punto, poco o nada le importaba ya.
Apoyé la frente sobre las manos, sintiéndome derrotada por esa idea, y por todo lo que ocurría a nuestro alrededor, pero era como si ese mismo pensamiento me hiciera sentir aun más abrumada. De algún modo, se sentía como si de nuevo estuviéramos prisioneros, sin opciones, corriendo detrás de una idea, un sueño que nunca sería más que eso, una fantasía tonta e infantil que no su cumpliría jamás. El camino hacia Ondina parecía demasiado complejo, complicado, cada vez con más obstáculos y problemas que eran casi imposibles de solucionar. Y quizás podríamos atravesar Alemania sin problemas, pero, ¿y si no?
La idea me hacía sentir el estómago apretujado contra la columna.
Iba a darle el primer bocado a mi ensalada, cuando escuché una voz tras de mí...
-¿Eres el verdadero gatito, o uno falso~?
Un escalofrío me recorrió la espalda. Hubiera preferido a un Inquisidor en ese momento, en especial cuando colocó una de sus manos frías sobre mi hombro, asomándose escalofriantemente a mi lado. Apreté los dientes, y le dediqué la mejor sonrisa que pude en ese momento.
-De noche, todos los gatos son pardos, ¿sabes? -contesté, aun tensa, y me sentí peor cuando vi que se apoyó contra el mostrador, donde me hallaba sentada, en esas sillas altas.
-Ah~, pero el dueño de un gato sabrá reconocerlo aun en la oscuridad más profunda.
-Dile eso a Lovecraft... -mascullé impulsivamente, y de inmediato me arrepentí. No confiaba mucho en James; me causaba escalofríos. Su actitud, su silencio, incluso sus modos juguetones, a mi parecer, ocultaba algo que no planeaba decirle a nadie, principalmente, porque eran cosas peligrosas. O que no le convenían a nadie. No debería haber hecho evidente mi molestia ante él.
-¿Es por eso que pareces tan triste? -preguntó súbitamente, y de inmediato, su expresión cambió. Un cambio apenas perceptible, pero evidente; sin esa mueca burlona, sin esa exasperante careta inexpresiva detrás de su actitud juguetona. Parecía comprensivo, atento, casi gentil.
Casi... triste, ansiosa.
-¿Por qué esa cara, James? -quise saber. De pronto, como si hubiera absorbido sus emociones, me sentí familiarmente segura con esa actitud. Muy pocas veces lo había visto actuar así; no podía negar que una parte de mi quería vaciar todo lo que sentía, temía y me hería lo que pasó. Al fin y al cabo, necesitaba confort, y si era de alguien conocido, sería mejor. Sin embargo, también me asustaba...
-Oh, es solo que me recuerdas a alguien que conocí -dijo, apenas considerando su respuesta-. Alguien que rara vez componía esa expresión. Es raro ver eso; te hace ver mucho más triste de lo que estás...
-¿Quién era exactamente esa persona? -pregunté, sin dejar de mirarlo. Me sentí invadida por una oleada de tristeza, pero no era un sentimiento mío...
-Solo una vieja amiga -murmuró-. Era muy parecida a tí. Ojalá recordase su nombre. Quizás podría ayudarte a ubicar a tu familia. Podrían haber sido gemelas...
-Ah... -suspiré, decepcionada. Justo me preguntaba por qué nunca mencionó ese detalle, pero supuse que era por eso; de nada serviría- ¿Era... especial para ti...?
-Mucho -constestó, bajando la mirada hacia la barra, y pude percibir una gran tristeza en su voz, aun cuando era apenas evidente. Trataba de actuar como si no tuviera importancia, pero notaba que le pesaba-. Fue... muy cercana a mí.
-¿Qué pasó con ella? -insistí, queriendo saber más, aunque algo incómoda por su sugerencia. Algo no me vez si hablase más del asunto...
-Me traicionó -dijo secamente, y repentinamente, todo su semblante cambió; la tristeza fue reemplazada por una barrera de hielo, una cínica y burlona sonrisa creció en sus labios-. Así que la dejé morir.
Aquello me regresó a la realidad de golpe, como si me hubiera clavado un puñal en el medio del pecho. Me quedé helada, petrificada en mi asiento, mientras él se erguía, sin dejar de observarme y sonreírme. Colocó su mano en mi hombro de nuevo, dando la media vuelta para marcharse.
-Por cierto, creo que Lovecraft está buscándote... -murmuró, finalmente alejándose-. Provecho, gatito~
¿A qué se refería con eso? ¿Era una amenaza o solo jugaba conmigo?
Me volví para mirarlo, mientras caminaba, con el largo cabello plateado ondeando tras su espalda, hacía una mesa donde Sylvette se hallaba sentada esperándolo. La pelirroja lo observó un par de segundos, hasta que este se movió para tomar asiento, y allí cruzó miradas conmigo. Apenas un vistazo, pero pude ver cierta molestia en sus ojos.
¿Celos? ¿Acaso... le molestó aquella interacción?
No quería averiguarlo, ni siquiera estaba de humor. Era una estupidez. Saqué un billete de mi abrigo, lo dejé sobre el mostrador, y salí por la puerta.
Jillian
.
.
.
Jillian abrió la puerta, lentamente, pero asegurándose de ver de inmediato el interior de la habitación en cuanto su campo se visión se lo permitió. Sentía una presencia allí, una presión que era tan familiar para ella como lo son la espinas de las rosas para un jardinero, puesto que tenía una vibración que relacionaba tanto con la calma como con el peligro.
El mensaje que recibió era muy claro; "Posada 'El viejo Velero' frente a la playa. Cuarto 32. Ve sola", y aun así, no conseguía más que sentirse confundida. No comprendía porque ocupaba ser tan críptica, además de no asegurar que sería un encuentro seguro, algo que la total calma de la habitación no le transmitía.
Puso un pie dentro, y enseguida, sintió todos los vellos de la espalda ponérsele de punta. Algo se movió a su izquierda, pudo ver la silueta en cuanto movió la puerta para cerrarla tras de sí. Era una persona, lo supo enseguida; se llevó la mano a la espalda, con toda la intención de manifestar su espada sagrada entre sus dedos. A ese punto de su vida, era casi un acto reflejo, algo tan natural como cerrar los ojos ante una luz potente.
Sin embargo, tardó más en hacerlo que en desistir de sus intentos de defenderse, permitiendo que su atacante consiguiera empujarla contra la puerta cerrada, con una mano sobre su muñeca derecha, la cual buscó previamente la espada, y la otra sobre su cuello.
Jill se quedó inmóvil, congelada repentinamente por la presencia que intentaba someterla. Delante de ella, Charlotte, la sujetaba con una expresión severa y fría, casi furiosa, en sus ojos verdes almendrados, y su flequillo negro solo conseguía acentuar esa emoción. De ella despedía la presión clásica de los Inquisidores, esa amenaza que podía poner a cualquier ser sobrenatural en modo de huida o pelea, y ahora estaba allí, a una distancia que pondría a cualquier inmortal a temblar.
-¿Que diablos hacen aquí? -masculló Charlotte, casi hablando entre dientes. Estaba realmente molesta- ¿Acaso tienes deseos de que te maten?
-No tuvimos opción -jadeó Jill, con voz tímida e intentando tranquilizar a su atacante-. Era esto, o atravesar directamente Alemania... Y sé que no debemos meternos en su territorio...
-¡No seas estúpida! -gruñó la inquisidora, y su semblante de rabia se resquebrajó por una nueva emoción que luchaba por salir a la luz a través de la carcasa de dureza- ¡Esto es casi territorio Inquisidor! ¡Están demasiado cerca! ¡Hay patrullas que suelen adentrarse en Kattegat! ¿Qué diablos pensabas?
-Lo siento... -dijo el ángel, bajando las manos lentamente sintiendo como el agarre de Charlotte cedía poco a poco, casi a la par de que su expresión pasaba de la furia a la genuina preocupación.
Charlotte soltó un gruñido exasperado soltando las manos del ángel y de inmediato sujetando a Jillian de una manera casi posesiva, cerrando los brazos alrededor de ella y hundiendo su rostro entre el cabello color chocolate del ángel, y lentamente, Jillian hizo lo mismo, apoyando la mejilla sobre la cabeza de Charlotte, sintiéndose sorprendida por la determinación que cabía en esa chica de apenas metro sesenta y dos.
-Debiste decirme lo que planeabas... -se quejó Charlotte, y Jill asintió.
Sabía que había sido desconsiderado de su parte, por decir lo menos, no haberle avisado a Charlie, pero no deseaba preocuparla en exceso. Y mucho menos, deseaba que esto pasara. No es que no se alegrase de verla; simplemente estar así, con la inquisidora entre sus brazos, todo se sentía correcto, todo parecía tener solución, pero le aterraba que alguien pudiera verla allí, porque no había un motivo real, al menos no que ella supiera, para que estuviese tan lejos de casa y de su clan. Era tan riesgoso para ella, como lo era para Charlotte.
-Lo sé, pero no quise preocuparte de más... -explicó Jill, al tiempo que Charlie se apartaba lentamente de ella, lo suficiente para que pudiera mirarla a los ojos. Hubo un entendimiento mutuo entre ellas, como si no hubiera necesidad de decir más, de hacer más, para comprender lo que la otra pensaba. Aquello le asustaba a veces a Charlie, era algo tan peculiar y extraordinario que le hacía pensar que estaba loca.
-No vuelvas a hacer eso... -dijo Charlie, bajando finalmente la mirada de Jill, sin atreverse a cerrar el espacio que había entre ellas. No era un momento apropiado.
-Lo prometo.
Charlie suspiró, asintiendo lentamente. Miró hacia atrás, como si temiera que alguien pudiera haberlas visto, y de inmediato se recriminó por ello. Era una tontería, claro que nadie las vio, pero siempre se sentía así. Odiaba que tuviera que robarse pequeños momentos, ocultarse de las miradas, y que el simple hecho de quererse pudiera ser una sentencia de muerte.
Sin embargo, ese no era el problema, al menos no en ese momento.
-¿Que ha pasado? -murmuró Jill, como si pudiera leer su mente-. Dijiste que venías a Kattegat por algo y que era urgente, ¿que ha ocurrido?
Charlotte chasqueó la lengua, negando con la cabeza. De pronto, se sentía tan furiosa que quería golpear algo. Había mucho en su mente.
-Han pasado cosas... -masculló Charlie, acusando levemente a Jill por su comportamiento-. No quiero que te alarmes, hay otros motivos por los cuales estoy aquí que no están relacionados con su viaje, sin embargo lo que voy a decirte si lo está.
-De acuerdo... -murmuró Jillian, no muy convencida ni tranquila por lo que decía Charlotte.
-Es Allison... -la inquisidora sacudió la cabeza, llevándose la mano al bolsillo de su abrigo negro-. No, más bien, es Sylvette. Hace poco hablé con ella; le había enviado una foto de James a Allison...
-¡¿Qué?! -Jillian sintió que toda la sangre se le fue a los pies. No podía ser posible, no después de las advertencias que le hicieron sobre los Inquisidores, sobre el cuidado que estaban teniendo sobre no ser detectados- ¿Cómo que envió una foto?
-Sí, aparentemente ha estado en contacto con ella, y le ha comentado algo sobre su convivencia con los Trece... -Charlie levantó una ceja inquisitiva, como si sospechase algo que Jillian podía estar escondiendo- ¿De verdad no sabes nada? Hablé con ella antes de su viaje, el día que visitaron la escuela; pensé que habría dicho algo al respecto.
-No -Jill se llevó una mano a la cabeza. Si no fuera Charlie quien le decía eso, habría pensado que era mentira. Era difícil imaginar a Sylvette haciendo algo tan impetuoso y estúpido, mucho menos cuando alguien ya le habría advertido sobre la situación. Tenía esa apariencia de ser incapaz de hacerle daño a alguien, era difícil imaginarla en esa situación- ¿Estás segura?
-Yo misma vi los mensajes. Conseguí convencer a Allison de que era simplemente algún gótico, o un disfraz o algo así, y hablé con Sylvette -continuó Charlie, con una mueca de preocupación y frustración-. Le dije que mantuviera a Allison lejos de lo que fuera que estuviera haciendo con James y con los Trece Únicos. Prometió que lo haría. Conseguí quitarle su celular a Allison y convencerla de que lo había perdido. Sin embargo, hoy le envió esto a Allie...
Charlotte sacó de su bolsillo un celular, negro y brilloso, con un adorno de una calavera colgando de un extremo, y lo tendió hacia Jillian, abierto justo en el último mensaje que había recibido Sylvette. Era una conversación vacía, con un único mensaje de texto.
"¡Ugh! ¡Es un shinigami, uno de los Trece Únicos! ¿Te suena eso? ¡Elixir de Prometeo, guadañas, reliquias, brujas, sé que es real todo eso! ¡Sé que eres una Inquisidora! ¡El tipo rubio de ese día es un demonio, me secuestró y ese shinigami me salvó! Sé sobre las presiones, y todo eso. No juego, deja de jugar a la inocente"
Jillian sintió el cuerpo frío de pronto. Nunca, jamás, le pasó por la mente que Sylvette pudiera exponerlos a todos de esa manera...
¿Que no había oído las historias de Sophie? ¿De Lovecraft? ¿Acaso ella misma no fue atacada por un grupo de Inquisidores? ¿Como era posible que los expusiera de esa manera, sabiendo de lo que eran capaces?
No sabía que decir, ni que pensar...
Jill miró a Charlotte con ojos abiertos desmesuradamente, y esta, aunque no parecía sorprendida, se le notaba genuinamente preocupada.
-¿Alguien más sabe de esto...? -Jillian no sabía ni por donde empezar. Una gota de sudor frío le recorrió la espalda. De pronto, la idea de estar allí, en medio de Europa, pareció aterradora, sobre todo considerando la cercanía a Alemania.
-No. Allison cree que perdió su teléfono, así que tiene un número nuevo. No creo que hayan hablado mucho, aunque me llama la atención la estructura de ese mensaje -la Inquisidora trataba de ocultar su frustración, pero era notable, estaba claro que no le era posible-. No sé si alguien haya interceptado el mensaje; toda esta zona esta bajo constante vigilancia. Dudo poder entrar a los servidores sin levantar sospechas... -Charlotte tragó saliva, mirando a Jillian casi con impotencia-. Jill, tienen que irse de aquí, o al menos, moverse rápido a donde no puedan rastrearlos.
-¿A donde? -el ángel se veía realmente consternada, pocas veces la había visto así Charlotte. Jillian le explicó a grandes rasgos lo que necesitaban hacer, sin ahondar demasiado en el tema de Edrick, Gale y Arlene, no porque no confiase en ella, sino porque no quería involucrarla más de la cuenta. Le dijo que necesitaban llegar a Bielorrusia, pero no mas que eso. Charlotte no hizo más preguntas; la conocía lo suficientemente bien para saber que, si omitía información, era por motivos de fuerza mayor-. Necesitamos llegar a Bielorrusia, y la única manera es por barco, a menos que atravesemos Alemania, y el próximo ferry hacia Polonia o Lituania no sale sino hasta mañana.
-No, Alemania no está en discusión... -Charlotte no quería ni imaginarse esa posibilidad. Apretó los ojos, intentando pensar, caminando en círculos por el cuartito vacío. Desde allí se podía oír el batido de las olas contra la orilla del mar, un eco tranquilizador, en ese momento de tempestad sorda, y entonces, se le ocurrió algo-. Jill, ¿no dijiste que habría un campamento de esgrima en Suecia?
-En Noruega, en Jegersberg -aclaró Jill.
Jegersberg era una zona de senderismo que se extendía por cientos de acres, una zona tupida de arboles y pinos, y aunque el campamento sería en una zona dedicada a acampar y un punto de reunión para senderistas, seguía siendo un lugar bastante alejado de la civilización. Viéndolo de esa manera, Jillian comenzaba a comprender a donde quería llegar Charlie.
-Pero, Jegersberg está en la dirección opuesta a donde queremos ir y no contamos con mucho tiempo -repuso Jill, antes de que Charlie pudiera hablar. Sabía que Edrick jamás estaría de acuerdo, y aun si lo estuviera, eso no quitaba la piedra que se le asentaba en el pecho al pensar que podrían fallarle en su promesa. Puede que Edrick fuera un demonio, pero eso no quitaba que lo que buscaba era algo noble.
-Hay gente allí que puede ayudarles -repuso rápidamente Charlie, mirándola con suplica-. Hay un transportador, podrían estar en Polonia en cuestión de minutos, incluso segundos.
Jillian torció el gesto; detestaba ir en contra de las reglas, era uno de los motivos por los cuales había hecho ese maldito viaje de una forma tan poco convencional, considerando que eran inmortales. Sin embargo, quizás era momento de torcer las manos. Era evidente que no tenían muchas opciones, además de que no arriesgaría a todos solo por seguir un protocolo. Podría ser, le tentaba la idea. Pero no lo haría.
-Jill, sé que no es como quisieras hacer las cosas... -insistió Charlie, sabiendo por donde iban sus pensamientos, pero el ángel sacudió la cabeza, llevándose las manos al rostro para fregarse los ojos.
-Lo sé, lo sé... -dejó caer las manos, agotada- ¿Cuándo sale el ferry hacia Noruega?
-Creo que el último sale a las diez de la noche, pero tendrían que asegurarse -continuó Charlie, sacando un panfleto de su abrigo y entregándoselo a Jill-. Cuando lleguen a Jegersberg, pidan hablar con Hilde en la caseta y pidan información sobre el recorrido de la Ruta 13. Ella sabrá qué hacer.
-Dudo que sea prudente desviarnos tanto -añadió Jill, considerando la situación, echando un rápido vistazo a los folletos-, ¿Qué opinas de separarnos en dos grupos? Podríamos movernos con mayor facilidad sin ser detectados. Es más fácil ocultar un grupo pequeño.
-Si lo consideras prudente, sería una buena idea -dijo Charlie, mordiéndose el labio inferior, pensativa-. Si es así, sería mucho más prudente enviar a la bruja y a los shinigami hacia Noruega. Sus presiones son más fáciles de detectar para los Inquisidores.
-No puedo enviarlos a todos, eso me dejaría solo a mi para controlar a un demonio y ocultarlo... -Jill chasqueó la lengua-, aunque James fácilmente podría pasar desapercibido, aunque dudo que quiera separarse de Sylvette.
Podría llevarse a Chris consigo, de igual manera. Chris era básicamente su mano derecha, y Hela estaría mucho más segura en Noruega con Wade y Sophie, en especial considerando que esos dos probablemente estarían más aliviados de alejarse lo más posible de Alemania. Lo único que le preocupaba era que Chris tampoco quisiera adentrarse en Polonia.
Tendría que discutirlo con él.
-Hablando de eso... -el rostro de Charlie se oscureció por un momento-, ¿Qué planeas hacer con ella? Deberías enviarla de vuelta a Inglaterra en el siguiente barco. Yo misma podría llevármela.
Charlie resistió el impulso de crujirse los nudillos. Iba a decirle un par de cosas a Sylvette, cuando estuvieran solas.
-No, eso no va a funcionar -se quejó Jillian, pasándose una mano por el rostro de forma exasperada-. No sé qué clase de relación retorcida tiene con James, pero algo me dice que no va a dejarla volver sola. Si trato de alejarla, no va a pensarlo dos veces para abandonarme a mi suerte en Polonia.
La inquisidora se llevó una mano a la cabeza, rechinando los dientes.
¿Por qué Sylvette siempre elegía a los locos?
-Hablaré con Chris sobre esto, te mantendré informada sobre mi decisión- dijo finalmente Jillian, guardando los folletos en el abrigo y echando un vistazo a su reloj. Eran apenas las cuatro de la tarde, tiempo suficiente para discutir el plan con todos, armar sus maletas y decidir cómo se dividirían los grupos.
Miró entonces a Charlotte, cuyos ojos reflejaban preocupación aunque intentaba parecer serena.
-Vamos a estar bien, lo prometo -añadió el ángel, levantando la mano para rozarle la mejilla a Charlie, quien de inmediato se apoyó contra el cálido tacto de su palma-. Te enviaré una paloma blanca en cuanto lleguemos a nuestro destino, espera por ella.
Charlotte asintió.
-Ten cuidado, ¿sí? -musitó, mirando a Jillian a los ojos. Había más palabras en su mirada de lo que su voz podía expresar, más de lo que se atrevía a decir, a sabiendas que alguien podría oírlas.
-Tu también -dijo Jill, sonriéndole con esa dulzura angelical que solo ella poseía. Con un último roce de su pulgar contra su mejilla, se dio la vuelta, andando hacia la puerta.
-Jill -la llamó Charlie, justo antes de que saliera. El ángel se detuvo-, ¿está Sophie aquí con ustedes?
-Sí, ¿por qué?
-Solo quería saber -dijo finalmente, encogiéndose de hombros. Le sonrió a Jill, levantando la mano para decirle adiós, mirándola desaparecer a través de la puerta.
Sylvette
.
.
.
-Creo que Sophie está mintiendo... -murmuré, lo más bajito que pude. Grim, a mi lado, bajó el vaso que se llevaba a los labios, quizás sorprendido por lo que había dicho. Esperaba que no estuviera molesto por esto, pero necesitaba hablarlo con alguien.
Sophie había abandonado el café hacía ya casi media hora; a juzgar por la forma en la que salió de allí, algo la perturbó momentos antes. O quizás fue atrapada con las manos en la masa. La había visto hablar con Grim momentos antes,
Grim bajó el vaso hasta su regazo; había cierta curiosidad en sus ojos, pero no identificaba a que se debía.
-Sobre lo que le ocurrió, con los Inquisidores... -continué, una vez que aseguré el perímetro, dándole vueltas con el dedo a la chispa de chocolate que se había caído de mi panqué. No mentiría si negaba que introducir a Grim a mis amigos, incluyendo a Allison, no figuraba en un plan, a futuro. Quizás la idea que tenían sobre los Inquisidores venía de la experiencia de Sophie; quizás era el mismo grupo que había atacado a Grim.
-¿Por qué piensas eso, Pajarillo? -preguntó, aun sin dejar de ver el vaso vacío.
Sus palabras me dejaron desconcertada. Esperaba algún tipo de consuelo o una explicación lógica que disipara mis dudas, pero en lugar de eso, Grim parecía alimentarlas aún más. No quería aceptarlo, pero su respuesta solo sirvió para inquietarme más.
-No lo sé... -respondí, tratando de ocultar mi frustración. -Simplemente tengo este presentimiento... No parece alguien que haya pasado por tanto... -le di un sorbo a mi taza, sin querer mirarlo directamente-. Sé de lo que hablo...
No me parecía coherente el comportamiento tan amable y abierto de Sophie con alguien que ha pasado por cosas tan malas. Debería ser menos receptiva, se mostraba muy confiada con la gente, demasiado gentil.
Grim asintió, como si estuviera procesando mis palabras. Podía ver que había algo más en su mente, algo que no quería compartir conmigo en ese momento. Me pregunté si estaba protegiendo a Sophie o si tenía sus propias razones para dudar de ella. De cualquier modo, me molestaba, por algún motivo, que no coincidiera conmigo.
-¿Crees que lo que dice sobre los Inquisidores es mentira? -me preguntó, ladeando la cabeza de una manera que me recordó a una lechuza, con su cara blanca y sus ojos curiosos- ¿Qué exagera en su experiencia con ellos?
-Me da esa impresión -le respondí, encogiéndome de hombros-. Creo que ha hecho de esa experiencia su personalidad, o algo así.
-La gente suele martirizarse por cosas tontas~ -murmuró Grim, rascándose la barbilla con la punta del dedo, con un tono que parecía restringido en sus emociones-. Lo cierto es... que no confío demasiado en ella... -confesó, y lo volteé a ver de sopetón. Aunque su expresión no había cambiado, sus ojos se había teñido de una sombra oscura, algo que no me diría, pero que me afirmaba que había una razón para ello.
-¿Por qué? -quise saber. No estaba equivocada entonces, ni eran ideas mías. Sin embargo, Grim me miró con una sonrisa torcida en su rostro, que le confería una apariencia sospechosa y al mismo tiempo, casi aterradora. Sentí que el corazón me saltó un latido, y por un momento, tuve la certeza de que había algo que Grim no decía, ni compartía, pero que ocultaba algo terrible.
-Eres un pajarillo muy curioso, ¿no es así~? -dijo, con tono juguetón, aunque su rostro no cambió en lo absoluto.
Me quedé sin saber que decirle, y mas importante, sin saber como sentirme.
-No creo que tenga nada de malo ser curiosa... -insistí, un poco temerosa de su respuesta. A veces sospechaba que algo había ocurrido entre ellos, porque dentro del grupo, era raro verlos interactuar, como si se repelieran mutuamente, algo raro, porque Sophie parecía tener un vínculo con todos, excepto con Grim, y viceversa. Me recordaba un poco a los grupos que se formaban en la secundaria, donde Sophie sería una especie de "abeja reina" y Grim... bueno, era difícil verlo como algo más que uno de esos raros que solo se pintan las uñas de negro y se tiñen el cabello, cosa no muy alejada de la realidad-. A menos que no pueda saber...
-Eso depende... -murmuró aun con ese tono misterioso, apoyándo su mejilla sobre su puño, con el codo sobre el reposabrazos de la silla- ¿Qué es lo que quieres que te diga? ¿Un breve resumen? ¿Qué es simplemente mi intuición hablando? ¿Qué hay un oscuro secreto que ambos ocultamos acerca de un sórdido pasado en común? ¿O qué simplemente somos la persona non grata el uno del otro?
Sentí que el corazón me dio un vuelto ante la mención de un pasado de ellos en común. La idea de que podría realmente haber pasado algo entre ellos no me hacía sentir tranquila, lejos de eso, me hacía sentir incómoda, molesta...
¿Estaba celosa, acaso, de Sophie? Miré a Grim de reojo, examinándolo discretamente para sopesar si era posible que entrase dentro de los estándares de Sophie, y de inmediato me resistí a darme una respuesta.
No podía estar celosa por Grim, ¿o sí?
-¿Estás inventando todo eso, o realmente es verdad lo que dijiste? -quise saber, y Grim se echó una carcajada.
-Hay un poco de verdad y mentira en todo eso -dijo, con tono juguetón, algo que no me tranquilizó demasiado.
Miró por encima de su hombro, hacia la barra, donde algo o alguien había llamado su atención, pero no quise seguir sus ojos, y me descubrí pensando que la razón era que Sophie había estado previamente allí.
-Lo cierto... -comenzó a decir, aun sin volver sus ojos a mí-, es que no termino de confiar en ella...
-Ella me dijo que fue prisionera de los Inquisidores, junto con Wade -dije, algo incomoda. No terminaba de creer aquello, me negaba a pensar que los Inquisidores eran crueles sin motivo. Charlotte era una, al igual que Allison, hasta donde entendía, y ninguna de las dos eran malas personas. No era posible que fueran malvadas, inhumanas, con Sophie sugería-. Que los torturaron, y todo eso...
-Y tu crees que no es del todo cierto... -completo Grim, y yo lo miré asustada. Sé que lo dije previamente, pero que alguien lo admitiera así, me hacía sentirme responsable de que se tuviera esa percepción de ella.
-No -susurré, sin saber que más hacer, y en cuanto lo dije, me sentí un poco culpable, como si hubiera dicho algo malo-. Es decir... tengo entendido que huyeron de allí, juntos... Suena a algo sacado de cuentos de hadas...
Sin embargo, antes de que yo añadiese algo más, Grim se adelantó hacia mí, lo suficiente como para que hablase sin que nadie más oyera lo que decía, y me colocó un dedo sobre los labios. Me quedé inmóvil, sintiendo el corazón acelerárseme en el pecho.
-Voy a confiarte un secreto, pajarillo -murmuró, con una sonrisa extraña en su rostro enigmático, hablando muy bajito, y tan cerca que sentía su aliento en mi rostro-, pero debes prometer que no saldrá de tu boca ni una sola palabra.
Asentí, siguiendo con cierto nerviosismo sus ojos penetrantes, la encantadora forma en que su flequillo cubría el brillo de sus irises.
-La verdad es que es cierto que fueron prisioneros, y que huyeron juntos de allí -dijo, con apenas un hilo de voz, con una extraña y torcida sonrisa en sus labios-. Lovecraft la protegió todo ese tiempo, la mantuvo a salvo, incluso entiendo que hizo cosas impensables por ella.
-Suena a un cuento de hadas... -repetí. Era de esas historias que únicamente se leen en libros, pero que no sucedían en la vida real, al menos no en mi realidad. No imaginaba a nadie haciendo ese tipo de cosas por mí.
-¿Te parece~? -preguntó, ladeando la cabeza con sospecha-. Suena dulce, pero ¿sabes que pienso? Que el cianuro también tiene un sabor dulzón, he he~
-¿A qué te refieres? -quise saber, entre asustada por sus palabras y embrujada por su cercanía. Una parte de mi sospechaba que algo raro había entre esos dos, alguna razón tenían para mantener su distancia mutuamente.
-Digamos que Sophie tiene un gran parecido con unapersona non gratapara todos nosotros, incluyendo a Lovecraft -murmuró, y su sonrisa creció aun más-. Pienso que, quizás, Lovecraft inicialmente no pensaba cuidarla de los males del mundo, sino que, como un tigre que no desea que nadie le hinque los dientes a su presa antes que él, estaba guardando su ira para un momento oportuno...
Lo miré sorprendida, intentando comprender si realmente quería decirme lo que insinuaba.
-¿Piensas que querría haberle hecho daño en un principio? -musité, sorprendida por aquella revelación. No me imaginaba a Wade queriendo, o siquiera considerando hacerle daño a Sophie. Era algo que me parecía antinatural. Sin embargo, si lo pensaba detenidamente, tenía un poco de sentido.
¿Acaso habría únicamente ayudado a Sophie porque era bonita? Ese tipo de cosas no ocurrían en la realidad, la gente no era así de ingenua ni simple. Pero, si hubieran motivos ocultos, podría ser posible que alguien llegase a extremos...
-Grim -musité, aun sin alejarme-, ¿quien es esapersona non gratade la que hablas?
El shinigami levantó los ojos hacia mí, justo cuando yo dirigí la mirada hacia su rostro. Había un aura de misterio en su expresión que no pude descifrar, aun cuando estaba tan cerca de mí. Sentí que toda la sangre me subía al rostro, cuando de pronto, alguien entró de golpe por la puerta del café, como una tormenta súbita en pleno día soleado. De inmediato me volví a ver de quien se trataba, y me encontré mirando de frente a la señorita Lassaralei, Jillian, cuyo rostro era una máscara de furia e impaciencia.
Furia e impaciencia, dirigida a mí.
-Sylvette -enunció casi con rabia, como quien suelta un puñetazo, andando rápidamente hasta que llegó a la mesita donde estábamos. No me di cuenta que conforme ella se acercaba, yo me iba haciendo hacia atrás hasta que mi espalda golpeó el respaldo de la silla-. Sígueme. Tengo que hablar contigo.
-Iba a... -señalé nerviosamente mi café, pero ella me cortó en plena oración.
-Ahora. Ven. Conmigo. Ya.
Su tono era duro, frívolo, y estaba verdaderamente molesta. Miré a Grim, buscando apoyo en él, pero el condenado Shinigami únicamente sonrió, a caballo entre la burla y la diversión.
-¿Que hiciste ahora, pajarillo?
Notas de autor:
Toca periodicazo para Sylvette.
