Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes le pertenecen al hater nº1 del Nalu, Hiro Mashima.


Todo sea por las nupcias

Seis – Dilemas

El llamado de Natsu fue en voz alta, pero no lo suficiente para que la rubia notara su presencia. A su lado, Hisui lo reprochaba con la mirada sin entender aquel comportamiento impulsivo. El muchacho logró darse cuenta de la situación antes de que el ceño de su acompañante llegara a su punto máximo de plisado. Retrocedió un paso y adornó su rostro con una sonrisa torpe, bajándole el perfil a lo ocurrido. Tomó la mano de Hisui con delicadeza y, no sin antes asegurarse de que Lucy ya estuviera lejos del mesón, la llevó firme hacia el anfitrión para que este los guiara a su mesa.

La joven decidió fingir demencia y actuar como si nada, después de todo, el hecho de que Natsu la llamara para invitarla a salir era extraño. Habría jurado que estos últimos días él la estaba evitando.

Se acomodaron en una mesa de carácter "vip" con una privilegiada vista a la ciudad, el garzón les llevó un cotizado vino y otros aperitivos. De momento, era el panorama perfecto, ignorando ciertos detalles. Hisui brindó sin quitar la vista de encima a su cita, esperanzada de que finalmente hoy, pudieran avanzar en su relación. Desde el otro lado, Natsu estaba en piloto automático, no dejaba de pensar en Lucy y eso le hacía sentir muy irritado, tenía tantas dudas. Por fuera, sonreía y asentía cada medio segundo, le rezaba a todos los dioses para que Hisui no se le ocurriera preguntar algo.

Estaba siendo un verdadero patán, pero necesitaba quitarse esas absurdas ideas de su cabeza, sabía que por mucho que lo deseara, Lucy no podría ser suya.

No la merecía, no era digno de estar con alguien como ella.

—¿Verdad que tengo razón, Nat?—la fría mano de Hisui acarició su rostro para llamarlo a tierra.

Natsu parecía volver de un largo sueño, asintió con una sonrisa y fingió seguir escuchando lo que su cita le contaba, para luego volver a deambular en sus preocupaciones.

No obstante, un simple quejido fue suficiente para romper la prominente burbuja en la que él se encontraba. Giró su cabeza para buscar con la mirada a la dueña de aquel sonido, porque sabía perfectamente de quién se trataba.

—¿¡Acaso no tienes ojos!? —se escucharon fuertes gritos dentro del restaurante, pertenecientes a un hombre alto, robusto y con cara de pocos amigos.

Frente al mastodonte, se encontraba la muchacha que le estaba invadiendo su cabeza. Lucy se veía muy aterrorizada, pero intentaba mantenerse firme a pesar de la evidente diferencia de estatura.

Natsu no dudó ningún segundo y se acercó hacia el lugar del conflicto.

—¡He dicho que lo siento! —respondió ella, su voz era temblorosa y quebradiza.

La situación era insólita para Lucy, quien sin querer, había chocado con el intimidante hombre hace unos segundos. No podía entender cómo un escenario evidentemente accidental como ese, podía despertar tanta violencia en una persona. Desde su punto de vista, era simplemente mala suerte, pues justo en lo que ella se dirigía hacia el baño, al tipo se le había ocurrido levantarse con un vaso de jugo en mano, sin ver que venía alguien en dirección contraria.

Incluso y considerando la agravante, se disculpó inmediatamente, pero él tenía otros problemas.

—¡Tus disculpas no son suficientes! Me derramaste el jugo encima —alegó el hombre trastornado—. Vas a tener que pagar por esta camisa, aunque te tome mil años.

Miedo y humillación, era lo que resonaba en su mente, aún más cuando observaba a las personas del restaurante, pues todos miraban sin hacer nada. No pudo evitar recordar aquella complicada época en la escuela. Su mandíbula comenzó a temblar y tuvo que luchar contra un mar de emociones para no dejar caer las lágrimas de sus ojos.

—Será mejor que te relajes.

A sus espaldas, una fuerte y reconocida voz llamó su atención. Volteó en cámara lenta para encontrarse con Natsu, quien no traía buena cara.

—¿Y tú quién diablos eres? —le interrogó el hombre que tenía a Lucy de los nervios.

Pero para su sorpresa, Natsu no pretendía participar de tal diálogo. Se acercó lo suficiente como para que su adversario retrocediera unos cuantos pasos. Su semblante era hostil y desafiante.

—Repito, será mejor que te relajes, te des media vuelta y vuelvas a tu cochina mesa, porque no voy a permitir que le vuelvas a gritar a la señorita.

El hombre entrecerró los ojos, no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Sin embargo, solo fue cuestión de segundos para cambiar de parecer. La mirada amenazante de Natsu le recordaba a un clásico episodio de "Animal Planet" donde el depredador acechaba a su presa. El escalofrío de su espalda fue la señal perfecta para frenar el conflicto. Observó a Lucy, quien mantuvo su mirada hacia el piso en todo momento. Si quería apagar el incendio, debía actuar desde la causa.

—Disculpa, olvidemos lo que acaba de pasar, en verdad no era para tanto.

Lucy alzó su rostro con sorpresa, la persona que hace unos segundos no dejaba de humillarla frente a todos, actuaba de una forma totalmente distinta, todo gracias a la intervención de Natsu.

En lo que llegaba más personal del restaurante, la gente iba retomando sus vidas y todos parecían volver a lo suyo.

—Gracias, Natsu, de verdad…

La voz de Heartfilia se quebró, impidiendo que terminara su frase. Natsu le regaló una cálida sonrisa que cada segundo se iba tornando más melancólica.

—Perdóname.

—¿Por qué? —preguntó ella, perpleja.

—Por tardarme tanto en defenderte, créeme que siempre quise hacerlo.

Todo ocurrió tan rápido, que no hubo tiempo para contestar. Vio como Hisui se agarraba del brazo de su salvador y entendía que no era el momento para tener esa conversación. A su costado, sintió como una figura masculina se le acercaba. Era un hombre alto, de cabello naranjo y un estilo bastante llamativo.

—¿Estás bien, Lucy? —se trataba de Loke, su acompañante, quien se veía bastante preocupado.

—Sí, por suerte Natsu estaba cerca —respondió con incomodidad.

—¿Natsu Dragneel?

El aludido no parecía muy contento con la aparición de Loke, no porque le tuviera algún tipo de rencor, si no, por cómo se acercaba a Lucy. Su mente trabajaba a la velocidad de la luz intentando leer el ambiente, no había duda de que estaban saliendo, pero quería pensar que estaba equivocado. Irónico, pues él estaba en las mismas condiciones. A veces se odiaba a sí mismo cuando tenía este tipo de pensamientos.

—Loke Lyon, tanto tiempo —le sonrió con una falsedad del porte de un buque, no era propio de él, pero no quería que Heartfilia se sintiera aún más incómoda.

—Gracias por defender a Lu, me hubiera gustado llegar unos segundos antes, pero por suerte estabas aquí.

«¿Lu? », se preguntó Dragneel.

Nat, creo que debemos volver a nuestra mesa para que tus amigos sigan con su cita, al igual que nosotros —Hisui intervino en la conversación, con grandes intenciones de que esta ya terminara.

—Es verdad, disculpen, ya nos vamos —Natsu sonrió con gran esfuerzo—. Cuídate, Lucy, nos vemos.

Se alejaron en cuestión de segundos antes de que la rubia pudiera responder. «Supongo que es para mejor», pensó. No quería fastidiar a Hisui, ni mucho menos a Natsu. Ya había hecho más que suficiente por ella.

Mientras observaba cómo Dragneel regresaba a su lugar, recordó sus últimas palabras antes de que les interrumpieran y sonrió con nostalgia, sabía que aquellas disculpas eran totalmente sinceras. Era inevitable pensar, lo magnífico que hubiera sido escucharlas unos años atrás, cuando iban a la escuela.

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Al regresar a su hogar, Lucy empezó a recordar todo lo ocurrido durante la cena. Como una película que se sabía de memoria, analizaba cada escena que pasaba por su mente. Si bien la cita con Loke fue bastante divertida, el conflicto significó una pequeña mancha negra en el día. Loke era simpático y muy bueno para escuchar, aunque demasiado coqueto para su gusto. A ratos llegaba a sentirse un tanto incómoda y habría jurado que de vez en cuando se le iba la mirada hacia otras chicas, definitivamente no era alguien para tener una relación seria. Irónicamente, a ella también se le iba la mirada, pero hacia la mesa de su salvador.

Recordó sus disculpas, una de las tantas que le ha pedido este último tiempo. De lo único que estaba segura, es que todas fueron sinceras. Cuando al fin pudo recostarse en su cama, a cada lavada y con un cómodo pijama, pensó en escribirle, sus impulsos llamaban a la puerta. Tomó su teléfono y observó la pantalla de reojo, sentía que lo correcto era agradecerle nuevamente por su ayuda. Aunque también, podría tratarse de una excusa para hablarle.

Texteó con sus dedos algo breve y lo releyó varias veces antes de enviarlo, temblorosa y arrepentida a los segundos de hacerlo.

"Gracias por defenderme, Natsu. Espero no haber arruinado tu cita. Un beso."

Al visualizar el doble check en la aplicación de mensajes, no pasaron ni tres segundos cuando este ya le había respondido. Se levantó de la cama como si de un terremoto se tratara. Tomó el teléfono con ambas manos y lo acercó hacia su rostro, con duda y miedo. Quizás había cometido una imprudencia y él estaba con Hisui en ese preciso momento.

Entregada al caos, empezó a leer.

"Sé que me tardé varios años en defenderte, pero como te dije hoy, siempre quise hacerlo. Espero que te encuentres bien, un beso para ti también. Nos vemos pronto."

Lucy dejó el teléfono sobre el mueble más cercano a la cama y dejó escapar un gran suspiro, su corazón se encontraba realmente aliviado.

Aunque esa calma duró muy poco, pues empezaba a preguntarse por qué se verían la próxima semana. Revisó el calendario de su celular y logró ponerse en contexto.

—¡El paseo! —exclamó en lo que corría hacia su armario para tomar sus mejores prendas, tenía que dejar todo preparado para el próximo fin de semana.

Había mucho por lavar y planchar. Quería verse espléndida y ella sabía muy bien el motivo, pero intentaba autoconvencerse de que solo lo hacía por las posibles fotos que se iban a tomar en la playa. Odiaba aquellos pensamientos intrusivos que de vez en cuando se tomaban su cabeza, pero tenía que también hacer un juicio de realidad. El hecho de que Dragneel fuera al paseo sí le alegraba, bastante.

Intentó por todos los medios no relacionarse con él, pero de alguna u otra forma la vida se encargaba de ponerlo en su camino. Y si bien había varias cosas por sanar aún, los últimos acercamientos con Natsu eran más que genuinos. Recordaba los primeros días en que lo conoció y en lo bien que se llevaban, hubiera deseado que todo se mantuviera de esa forma, pero quizás aquel momento no era el indicado para ellos.

Y tal vez, ahora sí lo era.

Ya con gran parte de su ropa organizada, volvió a la cama casi arrastrando los pies, se había dejado llevar por la emoción y su cuerpo le pedía descansar. Se recostó con gusto mientras intentaba apaciguar sus pensamientos, hasta que sus ojos se fueron cerrando naturalmente.

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Los días corrieron en el calendario hasta caer en el esperado fin de semana. Tal y como acordaron, el grupo de amigos quedó en reunirse en la casa de playa de Jellal. Cada quien se organizó para movilizarse hasta el punto de encuentro, por su lado, Lucy optó por irse con Levy y Gajeel quienes pasarían por ella a primera hora. La rubia esperaba atenta con la maleta lista frente al edificio donde se alojaba, para su suerte, sus amigos eran bastante puntuales. A lo lejos vio cómo Levy y su prometido se acercaban en su vehículo hasta detenerse al costado de la calle. En cuanto frenaron, Gajeel se bajó para ayudarle con el equipaje, lo cual la dejó bastante sorprendida.

—No me mires así, Coneja, no te voy a robar la maleta.

—Gajeel…—le regañó su novia.

Lucy soltó una carcajada. —Disculpa, es que es una escena un tanto graciosa y bizarra.

—Lo sé —sonrió él—. Todo es gracias a Levy, ahora soy un hombre de valor.

Los tres rieron ante tal conclusión, era evidente que la relación entre Lucy y el novio de su mejor amiga había mejorado con creces, de todas formas, si fue capaz de perdonar a Natsu, no debía tener problemas en aceptar a su casi cuñado. Estaba más que segura de que Levy estaba en buenas manos, ahora lo podría jurar.

Eso le tranquilizaba y por sobre todo, la hacía muy feliz.

El camino hacia la playa se hizo corto, entre la charla y la música que amenizó el viaje. Llegaron en aproximadamente media hora. En cuanto se detuvieron, Lucy pudo reconocer el auto de Natsu, el cuál permanecía estacionado fuera de la casa de Jellal. Se preguntaba si había llegado acompañado.

—¡Hola, chicos! —les saludó Erza, sonriente— Por favor, pasen.

Gajeel les ayudó con las maletas hasta la entrada, ahí, Jellal también les tendió una mano. Al entrar a la casa, se encontraron con el resto de sus amigos. Juvia, Gray, Natsu y Lisanna ya estaban instalados.

—Son los últimos en llegar, ya íbamos a empezar a beber sin ustedes —bromeó Lisanna, quien parecía ir ya por su segunda lata de cerveza.

Natsu y Lucy se saludaron con la mirada, sonriéndose tímidamente. Eran conscientes de que su grupo no estaban al tanto de sus últimos encuentros. Bueno, la única que sabía unas cuantas cosas era Levy, por razones obvias.

—Me alegra que hayas venido, Lu —Juvia se acercó a su amiga para saludarla.

—¡No pensaba faltar! —exclamó la rubia, con gracia— Necesitaba unos días de relajo.

—¿Ocurre algo? —preguntó Loxar, con preocupación.

—Nada grave —negó sonriente—. Simplemente dilemas.

La conversación fue interrumpida por la ama y señora del hogar, Erza, quien traía una prominente bandeja llena de delicias para acompañar sus tragos; mini empanadas, sándwiches, snacks salados, carne picada y más. Había comida suficiente para un regimiento. Entre bebidas, se iban poniendo más cómodos, sin dejar de lado la bebida.

A ratos se podía sentir la fría, pero relajante brisa del mar, pues la casa estaba a un par de cuadras desde la playa principal. El ambiente era magnífico, todo lo que Lucy necesitaba para distender de su realidad. Tenía un montón de cosas en su mente, hace solo unos meses observaba su ex ciudad con resentimiento y un poco de nostalgia, no le hacía tanta gracia volver y encontrarse con su pasado. Incluso, pensó lo peor y se había hecho un montón de posibles escenarios en su cabeza antes de llegar. Entre los cuales, solo existía un universo alterno en el que se encontraría con Natsu, curiosamente, fue el que se cumplió. La Lucy de hace un tiempo atrás jamás se hubiera imaginado compartiendo junto a su excompañero en la misma fiesta.

Aquel cambio rotundo en su vida la hizo replantearse sus decisiones, entre las cuales, estaba su permanencia en Magnolia. Sentía que muy en el fondo, volver fue la mejor terapia para ella. Observó a sus amigos, todos sonrientes, cada uno con muchas historias que contar. Se sentía tan feliz, que la simple idea de dejar todo eso, no le gustaba para nada.

Y pronto tendría que tomar una decisión.

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Durante la tarde, el grupo se organizó para ir a la playa a observar las estrellas, era el panorama perfecto para inaugurar su paseo, cargaron en unas mochilas unas cuantas cervezas, comida y mantas por si el frío era mayor al esperado. Heartfilia, aprovechó que aún quedaban unos minutos antes de salir y fue hacia la habitación que compartía con Juvia a buscar una chaqueta. En lo que avanzaba por el pasillo no pudo evitar detenerse a escuchar la conversación que provenía del cuarto de los chicos, no por gusto, si no, porque habría jurado que mencionaron su nombre. Se fue acercando con sigilo, aprovechó que la puerta estaba junta, por lo que no notarían su presencia, o al menos eso esperaba. Cuando ya estaba a centímetros de la habitación contraria, logró entender la conversación.

—Entonces, Hisui te dejó.

Lucy llevó una de sus manos hacia su boca, para cubrir su asombro. Era Jellal quien emitía tal declaración.

—Técnicamente no, porque no somos novios, solo se aburrió de que no pudiera tomarme en serio la "relación"—dijo Natsu en su defensa.

—Eso quiere decir que te dejó —intervino Gajeel, con tono burlesco.

Sin ver a través del muro, sabía que a Dragneel no le había caído bien tal comentario.

—No pretendo ser abogado del diablo, pero la invitaste a salir y terminaste defendiendo a otra chica, curiosamente, una que no le agradaba. —agregó Gray.

Lucy estaba recibiendo demasiada información, más de la que debería, se empezaba a cuestionar si su actuar estaba bien. Tampoco le sorprendía del todo, era evidente que a Hisui no le caía nada bien, aunque saber que les había arruinado su cita, no le reconfortaba en lo absoluto.

No quería ser la razón por la que otra chica sufriera y pensar en ello la estaba torturando.

—No estoy seguro, lo único que sé es que no podía quedarme de brazos cruzados mientras Lucy estaba en aprietos. —justificó el acusado.

—Y eso habla muy bien de ti, amigo —respondió Jellal—. Hiciste lo correcto, desde mi punto de vista. El problema es que Hisui no era tan comprensiva como esperabas.

Lucy se preguntaba si ella sería igual de comprensiva, suponía que sí, pero también tenía que ser empática con la otra chica. La culpa le estaba comiendo la cabeza, no solo por ser "la otra" en discordia, si no, por espiar a sus amigos. A paso silencioso se fue alejando para entrar a su habitación, no quería escuchar más. Tomó su chaqueta con pesar y salió por el pasillo a gran velocidad, evitando toparse con los chicos, se moría si se enteraban de que había escuchado parte de su conversación.

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Emprendieron camino hacia la playa, todos iban muy animados a excepción de Lucy, quien había adquirido demasiada información y no dejaba de pensar en ello. Fue tanto que inconscientemente había empezado a evitar a Natsu, se sentía muy observada, especialmente por los chicos. Cada vez que este la miraba, ella desviaba su rostro hacia el lado contrario o intentaba acercarse a una de sus amigas. No quería seguir formando parte del chisme, ni mucho menos, que su grupo piense mal de ella.

Se sentía muy mal, aunque en el fondo sabía que no tenían nada serio, empatizaba con las emociones de Hisui. Probablemente ella deseaba tener algo más con Natsu, y quizás aquella escena fue la gota que rebalsó el vaso. Sabía muy poco de ellos, de su "relación" y de su complicidad, no obstante, podía imaginar el sentir de la otra chica.

Su viaje en Lucylandia fue interrumpido por Levy, quien como si de telepatía se tratara, notó que algo no andaba bien con su amiga, se aferró a su brazo con decisión y se acercó lo suficiente para susurrarle sin que nadie más pudiera escuchar.

—Si me preguntas, no estás siendo para nada discreta, Lu.

—Perdóname, Levy. Tengo una nube negra sobre mi cabeza en estos momentos —respondió la rubia, con pocas ganas.

—Así veo, ya tendremos tiempo para hablar de eso, aunque te aviso que todos están preocupados, pues estás arrastrando los pies hace unos minutos. Si no quieres hablar del tema, te recomiendo disimular un poquito hasta que estemos solas.

Lucy tomó los consejos de su mejor amiga como una medicina milagrosa, volviendo a tierra luego de desdoblarse en el universo de la culpa. Ya de regreso, marcó una gran sonrisa de oreja a oreja, como señal de que todo estaba bien, al menos por el momento. McGarden le guiñó un ojo, aprobando tal movimiento.

—Cuando vea la oportunidad te raptaré para que me hables de todo lo que te acongoja, no te vas a escapar de mí —le aseguró Levy en voz baja antes de alejarse con disimulo, volviendo a hablar con el resto del grupo.

Heartfilia solo atinó a reír, volviendo en sí. Era verdad, si seguía navegando en aguas turbias terminaría llamando la atención de todos, cosa que no quería por nada en el mundo.

Casi llegando a la playa, vio como una animada Lisanna jalaba a Natsu del brazo, llevándolo con ella hasta tocar la arena con los pies, parecían una pareja a lo lejos. Situación que no hacía más que inquietar a la rubia, quien intentaba fingir que todo iba de maravilla. Ni ella misma lo entendía, hace unos segundos se sentía culpable por hacer que Hisui dejara a Natsu, o algo así. No había motivos para molestarse, odiaba sentirse de esa forma.

Esperó a que todos se acomodaran para sentarse sobre la fría y cómoda arena, para unirse al círculo que rodeaba una fogata recién hecha. Analizó bien el lugar donde se iba a acomodar, aunque parecía que los astros y demás solo querían incomodarla, pues el único puesto disponible, era al lado de Dragneel.

Hizo su mejor actuación, no quería que por ningún motivo alguien pudiera notar su sentir. Lamentablemente para Lucy, no era la mejor actriz. Natsu estaba más que consciente de que le estaba evitando. Tras al menos ignorarle unas veinte veces en lo que caminaron desde la casa de Jellal hasta la playa, sumando el hecho de que ni siquiera ha volteado a verlo, estando uno al lado del otro.

—Tengo una pregunta —Jellal hizo que todos fijaran su mirada en él— ¿Habrá despedida de solteros?

Los hombres del grupo sonrieron con gracia, como respuesta a la evidente broma de su amigo, por otro lado, las mujeres se mantuvieron serias como piedra. Erza lo asesinó con la mirada al menos unas diez veces.

—Era broma, mi amor —aseguró Jellal—, tú sabes que esas cosas no me importan.

—No veo a nadie riéndose —Erza señaló a sus amigas.

—Entonces no habrá despedida de solteros —insistió Gray a modo de afirmación, tensando más la charla.

—¿Por qué quieres saberlo? —Intervino Juvia, suspicaz.

Levy y Gajeel se miraron con incomodidad, no se habían planteado la posibilidad de celebrarlo.

—Hasta donde sé, esas cosas las organizan los amigos de los novios —explicó Lucy, pensando en aquello.

—No me parece necesario —dijo Erza con mala cara, aún más tras la "broma" de su pareja.

La tenebrosa mirada de la pelirroja no daba cabida a ningún debate. Pase lo que pase, se mantendría en su postura. Lucy lo sabía muy bien, conocía a su amiga hace muchos años. Por unos segundos sintió empatía por Jellal, su mala broma iba a tener consecuencias.

A pesar de todo, la primera noche con sus amigos cumplió su cometido, entre risas, bebidas y muchos recuerdos, logró por un segundo el dejar de pensar tantas cosas. Aunque habría jurado, que Natsu la buscó con la mirada durante un buen rato. No cruzaron ninguna palabra en la velada, tampoco de camino hacia la casa de playa.

Cuando llegaron, cada uno fue por su lado, Lucy se preparó para dormir en el cuarto que compartiría junto a Lisanna y Juvia, ya que Levy y Erza dormirían con sus respectivos novios. Mientras permanecían acostadas, decidieron charlar un poco antes de cerrar los ojos.

—Juvia, me pregunto por qué no quisiste dormir con Gray —comentó Lisanna, extrañada.

Lucy tampoco entendía la decisión de su amiga.

—Es algo vergonzoso, pero nunca nos hemos acostado y siento que si lo hago ahora, me sentiría un poco presionada, si me entienden —confesó Loxar, con la cara como un tomate.

—¡¿No se han acostado?! —Lisanna parecía incrédula.

Juvia negó con la mirada, abrazando sus piernas.

—Si bien hemos estado saliendo y demás, no hemos llegado a ese punto. Bueno, yo nunca he llegado a ese nivel con nadie, y Gray ha decidido respetarme hasta que me sienta lista.

—Eso es muy lindo de su parte —dijo Lucy, convencida—, quiere decir que de verdad le importas, amiga.

—Es verdad —concordó Lisanna, con una sonrisa.

Tras esa amorosa confesión, se había creado un cálido ambiente en la habitación. Abriendo el paso a que se generaran más preguntas.

—Lucy —interrumpió Loxar— ¿Es mi idea o estás ignorando a Natsu?

La rubia casi se cae de la cama por la sorpresa, pensaba que su actuar había pasado más que desapercibido, pero ahora veía que no.

—Es verdad, te vi algo retraída con él —añadió la alvina— ¿Pasó algo entre ustedes?

Esta última pregunta la hizo con algo de dificultad, sabía que se estaba metiendo en un terreno peligroso. Lisanna no era tonta, era muy consciente de la forma en que Natsu miraba a su compañera de cuarto, que intentara ignorarlo y seguir con su objetivo, era algo totalmente distinto.

—Para nada —Heartfilia mintió con descaro—, además creo que no me ha buscado conversa, deben ser ideas suyas.

—Pues yo lo vi muy entusiasmado por hablarte, pero parecías extraña, como si te hubiera molestado algo, por eso me preocupé —insistió Juvia, quien al igual que Lisanna, no parecía convencida de la respuesta de Lucy.

La entrevistada sentía como la temperatura de su cuerpo aumentaba, no por el calor, sino por los nervios, se sentía un tanto acorralada, por no decir que estaba entre la espada y la pared.

—Yo —soltó con oscilación— no me he sentido muy bien, pero no tiene nada que ver con él —se levantó de la cama para avanzar hacia uno de los clósets, tomó la primera chaqueta que encontró y caminó hacia la puerta. —Es más, iré a tomar un poco de aire, descansen —dijo antes de cerrar la puerta.

Tras estar al otro lado de la habitación, soltó un suspiro de liberación, como si hubiera escapado del juicio final. Sabía que su interpretación era más que exagerada, pero no se sentía lista para dar explicaciones a sus amigas, necesitaba entender bien qué le pasaba primero antes de confesarse. Sumando el hecho de que estaba Lisanna, quien se veía más que interesada en Natsu.

Pudo notar lo sugestionada que estaba Strauss cuando Juvia tocó el tema. Su mirada suplicaba por una respuesta clara y precisa.

¿Cómo podría dársela? Ni ella misma se entendía. Caminó a paso lento y sigiloso para no despertar a los demás, terminando en el patio. Inspiró el aire fresco con goce, llenando sus pulmones para luego soltar todo. Se sentó en el escalón más alto que conectaba la parte trasera de la casa con el pasto, casi dejándose caer, estaba agotada.

Logró relajarse un poco al admirar el cielo estrellado, estaba fascinada, las estrellas parecían brillar más que nunca.

Pero aquella calma no duró tanto.

—Qué linda está la noche.

A sus espaldas, Lucy reconoció su voz al instante, provocando que volteara en cuestión de segundos.

—Perdona, no quería asustarte.

—Natsu…

—Escucha, no te quitaré tanto tiempo —le interrumpió—. Por algún motivo, siento que me has estado evitando. Espero no haber hecho nada que te hiciera sentir mal, lo que menos deseo es que te sientas incómoda por mi culpa —desvió la mirada del cielo y clavó sus verdes ojos en la rubia—, por lo que si deseas que ya no me acerque, lo entenderé, incluso si no me lo explicas.

—Basta —susurró Lucy.

—Así que por favor no actúes así, no quiero que estés mal…

—¡Basta! —exclamó, esta vez, lo suficientemente fuerte para que él la escuchara.

Ante tal reacción, Natsu parecía aún más confundido, retrocedió un paso hacia atrás para no empeorar la situación.

—No quiero —la voz de Lucy se cortó, impidiendo que terminara la frase como deseaba. Sintió como sus ojos se humedecieron, hasta que las lágrimas empezaron a caer por su rostro.

Natsu se veía aún más preocupado.

—¿Por qué eres tan amable conmigo? —preguntó ella, entre sollozos— No lo entiendo, intenté evitarte todo el día y aun así piensas que es tu culpa, no tiene sentido.

El hombre se encogió de hombros.

—¿Qué tiene de malo que sea amable contigo? —replanteó, un tanto irritado— ¿Cómo debería ser entonces?

—No me gusta que seas así, odio que seas así. Tan comprensivo, amable, por algún motivo siempre estás en el momento indicado, como una especie de ángel guardián, es molesto.

Dragneel no podía estar más desconcertado, las palabras de Lucy se sentían como si un montón de alfileres se clavaran en su pecho al mismo tiempo. No sabía qué decir, desde que la volvió a ver, se juró que sería una persona diferente, en gran parte por la culpa de lo que ocurrió años atrás, pero no era solo eso lo que le motivaba.

Le dolía escucharla decir esas palabras. Rendido, decidió dar media vuelta, no sin antes decir sus últimas palabras.

—Entiendo, en ese caso me…

—Si sigues siendo así conmigo —hizo una breve pausa antes de continuar— yo voy a terminar enamorándome de ti, Natsu.

El ojiverde se detuvo de golpe, asombrado. Se giró con cuidado para observar nuevamente a Heartfilia, quien se había puesto de pie y mantenía su semblante hacia abajo, como si hubiera hecho una confesión de adolescente. Las mejillas de la muchacha pasaron del rosa al rojo vivo, llevó ambas manos a su boca para cubrirla, arrepentida por lo que acababa de decir.

—Demonios, no puedo creer que haya dicho eso —se maldijo a sí misma, había soltado demasiada información—, espera, por favor ignora lo que acabo de…

Todo ocurrió en cuestión de segundos, Lucy no alcanzó ni siquiera a alzar su rostro cuando Natsu ya la estaba abrazando. Su agarre era firme, no parecía dispuesto a dejarla ir. Al inicio, la rubia intentó alejarse por inercia, pero no le duró nada, terminando por caer en sus brazos. Su corazón estaba desbocado, se aferró a la gran espalda de su ángel guardián como si su vida dependiera de ello, clavando sus dedos en la gruesa chaqueta de Dragneel, quien desde su lado, no podía estar más feliz.

Continuará…


¡Holaaa!

He vuelto, quiero aclarar que en verdad nunca me he ido JAJAJA pero sé que me volví a tardar más de lo esperado, aunque siempre que pude fui avanzando con el capítulo porque de verdad quiero terminar la historia y no dejarla a medio camino. Me comprometí a hacerlo y es lo que haré.

Agradezco sus comentarios, tanto públicos como privados, los leo toditos. Sigo manifestando que el fandom de FT reviva al 100% y por lo que veo, con la nueva adaptación vamos por buen camino.

Volveré pronto.

Saludos,

Kaya Moon.