Luego del desastroso acercamiento a Aster, Orquídea decidió no intentar de nuevo hasta tener un plan mejor, así que optó por pasar más tiempo con Edwyn, al menos él no tenía rechazo hacia ella y salvo por los momentos en los que requería estar solo en la biblioteca, le encantaba estar a su lado. Ahora mismo le había pedido que lo acompañara a tomarse medidas para que le fabricaran sus nuevas túnicas.
Y ahí estaban los dos, ella sentada en un sillón mientras Edwyn estaba de pie con uno de sus tantos tíos midiendo cada parte de su cuerpo. El niño no estaba muy a gusto con esto, era una actividad extremadamente aburrida y lo que era peor, ni siquiera sentía que sirviera para algo, al fin y al cabo le fabricarían ropa que no le gustaba, la verdad preferiría quedarse desnudo con su pañoleta azul, pero sabía que la ropa era un símbolo de estatus, y él como príncipe debía estar a la altura.
—Demetrio, Edwyn dijo que le gustaría tener ropa de otros colores además de blanco.
El contenedor la miró con extrema sorpresa y le contestó con algunos gestos.
—El tío Demetrio dice que no me puede fabricar ropa de otros colores porque sólo tiene tela blanca —explicó el niño con desgano.
—¿Cómo que sólo tela blanca? ¿Por qué?
—Por que al tío Big le gusta ese color.
—Pero tus hermanos tienen capas de otros colores.
El niño dudó un momento antes de responder.
—Es que al tío Big le gusta que yo vista de blanco porque así me veo como el abuelo y...
—¿Pero qué clase de ideas son esas? Tú eres tú, no tu abuelo, si quieres usar ropas de otros colores deberías poder hacerlo, además eres blanco, tu piel combina con cualquier color. Demetrio, fabrícale a Edwyn túnicas de otros colores.
El contenedor replicó enérgicamente con más gestos.
—Dice que de verdad no tiene tela de otros colores, si le consigue algo podrá hacerme ropa. —El niño se estaba entusiasmando, al parecer por fin su sueño de tener túnicas distintas se haría realidad.
—Bueno, pues entonces iremos a comprar tela, vamos Edwyn.
Los ojos del gusanito brillaron de ilusión y de un brinco se encaramó en el hombro de su madre.
—¿Listo pequeño?
—¡Claro que sí!
—¡A Ciudad de las Lágrimas!
—¡Sí! Por cierto... ¿Con qué dinero va a comprar la tela?
—Tienes razón ¡A pedirle dinero a tu padre!
—¡Sí!
Hollow en ese momento estaba entrenando con los caballeros que tenía a su cargo, debían practicar una maniobra bastante compleja para una misión de cierto peligro que tendrían que realizar dentro de poco. Era un asunto delicado que requería de toda la precisión posible, todos lo entendían y ponían lo mejor de sí mismos para que saliera bien, pero estaban teniendo dificultades de coordinación, siempre había un caballero que se adelantaba al otro y esto le causaba muchos dolores de cabeza a Hollow. Y justo en medio de estas dificultades, apareció Orquídea.
—Hollow, cariño voy a ir a Ciudad de las Lágrimas.
—Ah, genial, que te vaya bien.
—Te vienes conmigo.
—¿Qué? ¡Pero Orquídea! ¡No pue...
De pronto notó que a espaldas de Orquídea habían varios caballeros haciéndole señas disimuladamente de que no le llevara la contraria y accediera o que tomara una actitud más conciliadora.
—Eh... Estoy ocupado ahora, tengo un asunto muy delicado entre manos. Con los caballeros estoy practicando algunas maniobras que requieren precisión y coordinación y debemos perfeccionar los ejercicios hoy, así que tendrá que ser otro día.
Orquídea bufó molesta y miró a todos los bichos con armadura que tenía a su alrededor.
—Ummm... Ese baile raro que estaban haciendo... Bien, lo tengo, oye tú —Llamó a una joven libélula— Necesito que hagas esto.
—Comenzó a aplaudir con un ritmo lento y constante, la joven libélula la imitó.
—Perfecto, ahora, ustedes, hagan lo mismo de antes, pero junten un poco más los brazos e inclínense más, eso les dará más equilibrio, sigan el ritmo de las palmas, que cada paso sea un aplauso.
Los bichos se miraron entre ellos algo confundidos, pero hicieron lo que la mantis les propuso, de forma algo torpe al inicio, pero luego con más habilidad.
—Perfecto, cuando ya se sientan cómodos con ese ritmo aumenten la velocidad de los aplausos, practiquen eso lo que queda de la tarde y ya lograrán dominarlo. Listo, terminado el entrenamiento ¿Nos vamos Hollow?
—¿Qué? pero...
Otra vez vio a sus caballeros haciéndole señas detrás de Orquídea indicándole que fuera con ella sin replicar, lo decían con tal determinación y convencimiento que se limitó a obedecer y fue con su pareja.
...
Las gotas de agua caían interminables en Ciudad de las Lágrimas cantando aquel arrullo tan característico del lugar, aunque en los últimos años se había visto opacado por el bullicio de la gente y el comercio, se decía que aún mantenía el encanto de antaño, con aquella lluvia relajante que era tan atractiva para muchos y tan fastidiosa para otros, principalmente para los bichos voladores, como Aster.
Tanta agua le hacía imposible volar, y al no tener sus patas totalmente desarrolladas, moverse a cualquier sitio era un suplicio, por lo que debían cargarlo como a un bebé, por eso odiaba ir a Ciudad de las Lágrimas, pero aún así ahí estaba, obligado por su padre que insistía en hacer esa representación de "familia feliz", todo para darle en el gusto a esa mantis extranjera que clamaba ser su madre, todo era horrible.
Si bien se había propuesto abrirse a la posibilidad de conocer mejor a Orquídea, estaba de tan mal humor por la situación que no la quería cerca, se estaba controlando para no ser excesivamente desagradable, pero tener toda esa agua cayendo alrededor y estar condenado a quedarse dentro de un bolso para transportar niños se lo ponía difícil, así que para evitar problemas se enroscaba por completo en el bolso mientras fingía dormir, aunque cada tanto se asomaba para verificar los alrededores y para ver con envidia a su hermano que se paseaba por el lugar con completa soltura.
Ese gusano en verdad se había vuelto muy rápido, correteaba entre el mar de piernas cargando su mochila con total libertad, sin que nadie lo notara y sin ser pisado ni una sola vez, aunque eso no evitaba que sus padres estuvieran algo nerviosos, principalmente Hollow que a cada instante temía que se perdiera o le pasara algo malo, en cambio, Orquídea estaba muy relajada mirando los alrededores, a Aster lo exasperaba tan poca preocupación de su parte ¿En serio se hacía llamar su madre?
Pero tanto Orquídea, como Edwyn sabían que todo era perfectamente seguro, ambos estaban atentos al otro, aunque no se notara a simple vista.
—Hollow ¿Qué es eso? —Orquídea señaló una tienda emocionada
—¿Eso? Una tienda de mascoas.
—Ooh...
Orquídea se quedó viendo el lugar con una mezcla de emoción y vergüenza, luchando consigo misma contra la tentación de ir a ver el sitio.
Era tan evidente su interés que hasta alguien tan despistado como Hollow se dio cuenta, así que como todo un caballero invitó a su pareja a ir a ver la tienda y esto encendió las alarmas en Edwyn. Ya sabía de la obsesión que tenía su madre con las mascotas y no le costaba mucho cerrar los ojos e imaginar un rebaño de tik-tik persiguiéndola por el palacio, correteando por los pasillos o metidos en la biblioteca masticando sus papeles ¡Debía detener ese desastre!
Corrió lo más rápido que pudo y llegó a la puerta de la tienda, donde se paró en frente de ellos, se irguió lo más alto que pudo y extendió sus alas para verse más "amenazante"
—Patatita ¿Qué haces?
—Los intimido para que no pasen.
Este comentario le sacó una carcajada a la mantis.
—Mi niño ¿A quién crees que vas a asustar así?
—A papá —dijo mientras señalaba detrás de Orquídea.
Hollow estaba a una buena distancia de ellos medio escondido detrás de un poste.
—¡No puede ser! Hollow, en serio debemos hacer algo con ese miedo tonto que le tienes a tu hijo.
—Sí, claro, hay que hacer algo, pero ese algo no será hoy.
—Quizás hoy sí sea un buen día. —Agarró a Edwyn antes de que este pudiera escabullirse y lo puso frente al caballero— ¡Acaricialo!
Ambos miraron a la mantis con una mezcla de incredulidad y vergüenza.
—¿Por qué me miran así?
—Señorita Orquídea... No soy una mascota.
La mantis se quedó muda sin saber qué decir, todavía no se quitaba del todo la costumbre de tratarlo así.
Justo en ese instante Aster asomó su cabeza desde el bolso que Hollow cargaba en la espalda, entonces divisó a su hermano que le hacía señas disimuladamente pidiendo ayuda para salir de aquel bochornoso predicamento.
—Papá ¿Me compras bocaditos de musgo dulce?
Y como siempre que Aster tenía algún capricho, Hollow dentro de lo posible trataba de cumplirlo, así que en un instante se olvidó de ir a la tienda de mascotas y de las rarezas de Orquídea y se dirigió a un puesto de dulces callejero.
La mantis en otras circunstancias hubiera protestado, pero era la salida perfecta para aquella situación, además de que esos dulces le traían ciertos recuerdos de la primera vez que estuvo allí, con algo de suerte esta vez por fin podría comerse su botana completa.
Pero la suerte no la favoreció en esta ocasión, a penas había comido la mitad de su porción cuando un desafortunado choque con un insecto muy voluminoso hizo que se le cayera el resto al suelo.
—¡Oye! ¡Mira lo que hiciste! —Chilló la mantis furiosa.
Hollow se puso tenso temiendo que se desatara alguna pelea en cualquier momento. El bicho se dio la vuelta para encarar a la insecto y entonces notaron que no tenía buen aspecto, su mirada estaba perdida, parecía más dormido que despierto, ni siquiera había alguna señal de que estuviera entendiendo la situación que había provocado.
—Oye... ¿Estás bien? —Preguntó Hollow preocupado colocandose enfrente de Edwyn de forma protectora.
—¿Eh? —El bicho tenía tal expresión de estupidez que hablarle parecía inútil, incluso Orquídea se estaba preocupando.
—Botaste mis bocadillos, al menos deberías disculparte. —Dijo algo más calmada tomando una actitud cautelosa.
—Uh... —Su expresión perdida se mantuvo algunos segundos, hasta que repentinamente cambió a terror.
Hollow reaccionó inmediatamente tocando el pecho del bicho para poner distancia, como era un paseo familiar no se había traído su aguijón, así que no contaba con su fuerza de siempre. Por fortuna en cuanto hizo contacto con el caparazón el insecto despertó de su trance y miró a su alrededor confundido.
—Qué... ¿Dónde estoy? ¿Que pasó? —Miró al caballero que lo vigilaba— ¿Quién eres?
Hollow retrocedió.
—¿No recuerdas nada?
—Estaba en mi trabajo como guardia de... ¡Ah! No me digan que me dormí otra vez... Debo regresar, mi jefe me va a matar ¡Lo siento!
El bicho no esperó que le respondiera, se dio media vuelta y se alejó corriendo entre la lluvia.
Hollow se preguntó si sería otra de esas personas atacadas por el mal de las pesadillas, lo mejor sería reportarlo al rey... Cosa que no le agradaba, últimamente casi no se hablaba con Big, estaba muy enojado por el trato que había tenido con él.
De pronto un toque en su pata lo sobresaltó, se volteó a ver y cuando vio aquella luz pálida e incandescente brincó del susto alejándose de inmediato, tras un par de segundos cuando volvió en si se dio cuenta de que era Edwyn, odiaba tener esa fobia a su propio hijo, se había asustado antes de saber de qué y le afectaba mucho, sobre todo porque Edwyn parecía al borde del llanto ¿Tanto lo había asustado ese bicho loco?
Afortunadamente Orquídea lo recogió y lo cargó en sus brazos para calmarlo. En cierto sentido eso estaba bien, pero no era lo que el gusanito quería. Edwyn sabía que su mamá era fuerte, que lo quería mucho y que haría lo que fuera para protegerlo, pero aún así se sentía más seguro con su padre, se había criado con él, además era el caballero más fuerte del reino y ahora en este momento de miedo lo necesitaba más que nunca, estaba seguro de que había visto los ojos de ese bicho brillar con un horrendo color escarlata y eso lo asustaba, sobre todo por cierta información que había estado leyendo en algunos libros viejos que encontró.
—Tranquilo Patatita, no pasa nada —lo consoló Orquídea, como respuesta el niño solo la abrazó fuerte.— Vamos, la tienda está cerca.
El encuentro anterior dejó a Edwyn ansioso y en un estado de alerta, ahora miraba a todos lados buscando el peligro, aún más cuando llegaron a la tienda de las tejedoras, un emporio enorme de tres pisos con estantes plagados de ovillos de hilo, telas, alfombras tapices y otras cosas, que además tenía decenas de arañas colgadas de los estantes o suspendidas en el aire cumpliendo sus funciones, gente y movimiento por todos lados, muchos peligros inminentes, demasiada gente para su gusto, de por sí era una persona tímida que no le gustaba estar rodeada de gente, era una de las varias razones por las que no le gustaba salir del palacio.
Y para desgracia suya, su padre era alguien extremadamente popular.
Edwyn hubiera deseado pasar desapercibido, caminar por la tienda, pillar una vendedora y ser atendido de forma discreta y personal, pero en cambio, en cuanto el personal los divisó, un montón de hembras corrieron hasta hollow y su acompañante y los rodearon para saludarlos.
—Corazón, cuanto tiempo sin verte.
—Ay, pero si es mi caballero favorito
—Tú tan guapo como siempre.
—¡Hollow te extrañé tanto!
Orquídea estaba tratando por todos los medios de mantener la calma y no ser grosera, pero cada vez la irritaba más tener a ese montón de arrastradas coqueteando con "su" macho.
—¿Te molesta? —Dijo Aster asomándose desde su bolso sin disimular su fastidio— pues esto es tu culpa.
—¿De qué hablas?
Antes de contestar el niño salió del bolso y brincó hasta el suelo donde se estiró a gusto dilatando cuanto pudo el momento de contestar, para fastidio de su madre.
—Segun nos contó el tío Ogrim, cuando te fuiste papá quedó roto y asustado sin saber bien qué hacer, y la tía Hornet no tuvo mejor idea que tratar de encontrarle novia.
—¿¡Qué!?
—Pero la tía Hornet no conoce tanta gente, así que le armó citas a ciegas con arañas que era lo que conocía.
—Que-que ¿¡Qué!?
—Y tuvo un montón de citas... Bueno... No es tan malo, son algo fastidiosas pero cuando nos ven siempre nos regalan dulces.
—¡Aster, pero cuánto has crecido! —Dijo una araña regordeta acercándose.
—¡Tia Carlotta!
Como confirmando las palabras del niño, la araña lo saludó efusivamente, le hizo algunas preguntas comunes sobre cómo le iba en la escuela y que tal estaban las cosas en casa, cosa que el niño contestó sin problemas. Y para culminar le regaló algunos dulces, mientras tanto, Orquídea miraba la escena azul de envidia... Aunque eso no era muy diferente de su color usual.
Edwyn prefirió mantenerse al margen y aferrarse a los brazos de Orquídea, su timidez le dificultaba desenvolverse en ese ambiente, además de que para él, todas esas hembras eran unas desconocidas, para variar como nunca salía, ellas prácticamente no lo conocían.
Hollow estaba respondiendo a la situación lo mejor que podía, manteniendo el trato cordial y ameno, pero buscando una salida para que lo dejaran en paz y pudieran hacer sus compras tranquilos, aunque a ojos de Orquídea eso no se notaba mucho, por eso un escalofrío recorrió su espalda cuando una garra se posó en su hombro, había una cierta energía siniestra manando de allí.
—Cariño, hay que moverse, Big se preocupará si llegamos tarde al palacio.
Orquídeas sonreía, pero parecía más un predador a punto de arrancarle la cabeza que una amorosa esposa, incluso Edwyn estaba hecho bolita en sus brazos.
—¿Y tú quién eres? —Preguntó una araña con curiosidad.
—Soy Orquídea, su pareja —Contestó con orgullo.
El ambiente cambió drásticamente luego de esa declaración, había cierta hostilidad en el aire y los susurros disimulados se esparcieron entre los arácnidos.
Una historia puede tener más de una versión, y los personajes pueden parecer buenos o malos según quien cuente la historia.
Entre los caballeros, el relato del romance entre Hollow Orquídeas tenía un aire de tragedia y nobleza, de un sacrificio inmenso en favor de un deber para con el pueblo. En Nido Profundo en cambio era una historia de traición y abandono, alimentada por el resentimiento que de por sí el pueblo de las tejedoras tenía con las mantis. Si bien las asperezas se habían suavizado mucho en los últimos años gracias al trabajo de los gobernantes y a lo amistosas que eran las mantis de Tierras Verdes, seguían habiendo atisbos de resentimiento.
Por lo tanto, para las arañas, Orquídea era una bastarda que había abandonado a sus hijos y a su pareja a su suerte, si a esto se le sumaba la constante expresión de preocupación que le habían visto a la reina los primeros años, la opinión que tenían sobre ella era nefasta y no tenían problemas en hacérselo saber.
—Oh vaya, disculpe, no era nuestra intención arrebatarle a "su" pareja, claro que no, una pareja muy "unida", muy adorables, claro que sí.
La situacion era tan incómoda que Aster ya no quería estar allí y buscó alguna excusa para retirarse.
—Papá ¿Puedo ir al tercer piso a ver los juguetes?
—Eh... Eso... —dudó un momento sobre dejar a su hijo solo.
—No se preocupe, yo lo llevaré y le echaremos un ojo cada tanto —dijo Carlotta, la misma araña regordeta que le había dado dulces un rato atrás.
—Está bien, puedes ir.
Aster se las arregló para hacer uso de sus pocas fuerzas y saltar sobre la araña que lo condujo hasta el tercer piso.
Y mientras el niño escapaba astutamente, los adultos seguían en silencio pensando cómo proceder, pero otra araña decidió lanzar sus palabras venenosas.
—Seguro Orquídea es una pareja maravillosa y muy cariñosa, solo hay que ver cómo trata a su mascota.
Como Edwyn estaba hecho bolita en los brazos de Orquídea, no había dicho una sola palabra y prácticamente nadie lo conocía, lo confundieron con algo que no era, pero el pequeño aún tenía suficiente orgullo como para oponerse a su miedo y alzar la voz
—No-no ¡No soy una mascota!
La araña se sorprendió mucho de que la criatura hablara.
—Es mi cuarto hijo —agregó Hollow.
Y con esta declaración ahora la araña solo quería que la tierra se la tragara.
—Bueno... ¿En que los puedo ayudar? —Rápidamente cambió de tema.
—Pues... Veníamos a comprar algo de tela...
—¡Azul! —Lo interrumpió Edwyn.
—Eso, tela azul...
—¡Y celeste!
—Sí, celeste también...
—¡Y ceruleo!
—¿Eso es un color?
—Ayer Patatita estuvo leyendo un libro de teoría del color —explicó Orquídea.
En sus brazos Edwyn lo miraba emocionado, tan feliz que se había olvidado de su timidez, incluso agitaba su colita.
"Es un niño agradable" pensó la señora araña.
—Bueno, les mostraré lo que tenemos disponible, síganme.
Mientras los llevaba al segundo piso que era donde se guardaban las telas, la araña quiso fastidiar un poco más a la mantis, por supuesto de forma muy sutil, no quería meterse en problemas.
—¿Y cómo has estado Hollow? Hace tiempo que no me visitas.
—He... Estado... Ocupado... —El caballero estaba muy tenso.
—¿Sí? Una pena, siempre era un gusto verte, era divertido pasar tiempo juntos... —Miró de reojo a Orquídea que cada vez estaba más furiosa— ¿Recuerdas las clases de tejido?
—Por desgracia...
—Vamos, no fue tan malo, todavía guardo con mucho cariño el tejido que me re-ga-las-te.
Acentuó mucho la última palabra esperando impresionar a la mantis, en la tribu de las tejedoras regalar un tejido a otra persona echo a la medida era un gesto de mucho cariño, pero Orquídea no estaba familiarizada con sus costumbres así que no reaccionó ante esto, pero la araña no se detuvo ahí.
—Aún atesoro ese gorro que me diste, mira, allí lo tengo.
Y en efecto, en un rincón del segundo piso, colgado como decoración, había un cuadro en el que estaba enmarcado un horrendo gorro tejido a mano con tantos agujeros que parecía un colador. Hollow se moría de vergüenza al verlo.
—¡Por qué tienes eso! —Chilló Hollow.
—Es un recuerdo hermoso...
—¡Es horrendo! ¿Por qué lo enmarcaste?
—Es una pieza única, una prenda tejida por el mismísimo capitán de la guardia real! Además, atrae clientes.
—¿Qué?
En eso se vio una madre escarabajo con su hija que pasaban frente al cuadro.
—Mama, mamá ¿Que es esa cosa fea?
—A ver... Según pone la placa es un gorro tejido por el capitán de la guardia real.
—Ooooh, está horrible.
—Sí, muy horrible, que ego para mandar a enmarcar semejante desastre. Bueno, sigamos, vamos Hanna.
—¡Sí mami!
Luego de esa escena Hollow estaba hecho bolita en un rincón sufriendo.
—Eh... ¿Hollow?— Le habló Orquídea preocupada. —Oye, todavía debemos comprar las telas.
Con ese recordatorio reaccionó un poco, no quería decepcionar a Edwyn.
—Ah sí, vamos.
Orquídea no entendía nada, solo veía por un lado a una araña muy orgullosa que la miraba con suficiencia y por otro a un caballero que no quería levantar la mirada. Preguntó silenciosamente a Edwyn si entendía algo de lo que estaba pasando pero él solo se encogió de hombros, era muy novato en esto de las relaciones personales y si ella no entendía, menos lo haría él.
