—¡Jazmín! ¿Estas prestando atención?
—¡No! Digo ¡Si! Esto... ¿Que me preguntó?
—Estamos en clases, ponga atención —La regañó la maestra, a lo que niña solo agachó la cabeza avergonzada.
Era verdad, estaban en clases, pero prestar atención era una tarea titánica en ese momento, su vida era demasiado complicada (a sus ojos) ¿Por qué nadie podía entenderla?
El mayor problema inicialmente era la ausencia de su hermano Aster, ahora que ni él ni Coco estaban con ella, le tocaba enfrentar a la clase sola. No es que alguien molestara o algo, pero Jazmín era incapaz de brillar con luz propia, era sólo la sombra de Aster. Si él decía que se hiciera algo, ella estaba detrás apoyándolo, no participaba mucho en las conversaciones y era su hermano quién la incluía en los juegos, se podría decir que no tenía amigos propios, quienes se juntaban con ella lo hacían por su hermano, pero sin él, ella pasaba a ser un elemento poco interesante e indigno de atención.
También tenía a sus primos en la misma clase, pero eran del otro bando por decirlo así.
Resulta que tanto Silky como Aster poseían dones de liderazgo y habían causado una especie de ruptura entre sus compañeros. Estaban aquellos a quienes les agradaba más Silky y la seguían, y aquellos a quienes les agradaba más Aster y lo apoyaban. Por fortuna ambos líderes eran primos y en general se llevaban bien, gracias a eso la situación no pasaba de una rivalidad amistosa que se manifestaba en las horas de juegos, y si las cosas se salían de control, la maestra tenía la habilidad para poner las cosas en Orden.
Así que Jazmín, con su limitada independencia no se atrevía a interactuar con los chicos del otro bando sin la aprobación de Aster, los chicos de su propio bando la consideraban aburrida, así que no hacían mucho esfuerzo por integrarla. Por lo que la única compañía con quién pasaba los recreos era Ren. La cochinilla mestiza en general iba a su bola y era absolutamente indiferente a esas estupideces de los bandos, quizás era demasiado madura para su edad y justamente esto hacía que Jazmín no lograra congeniar del todo con ella.
Ren no era mucho de hacer ejercicio físico o de integrarse a los juegos que hacían los chicos, prefería la soledad, sentarse en un rincón a leer un libro, o pasear por ahí pensando en fantasías que luego compartiría con su primo, no es que no tuviera amigos en la escuela, le gustaba conversar con algunos, pero era de círculo cerrado, y esto no encajaba del todo con Jazmín, quien aunque no lo sabía por reprimirse tanto, era de naturaleza extrovertida.
Habían días en que la tranquilidad de Ren la exasperaba, quería jugar a algo, quizás a las atrapadas, o a la pelota, pero de su prima no obtendría una experiencia así y eso la frustraba, la escuela había dejado de ser divertida, ahora tampoco tenía motivación para estudiar, además le costaba mucho y Coco ya nunca más le podría enseñar matemáticas... Lo extrañaba mucho.
La clase terminó y la mestiza salió desanimada al patio de juegos, ahora estaba tan melancólica que ni siquiera quería apegarse a Ren para fingir que no estaba sola, se dio por vencida y buscó un rincón en el patio donde estar a gusto. Encontró su lugar ideal debajo de un árbol en el patio, allí tomó asiento y se dedicó a observar a los niños jugar, que ganas de unirse a ellos, pero nadie la había invitado.
Hubiera continuado lamentándose de su miseria si alguien no le hubiera hablado.
—Bah, pensé que eras más sociable, no esperaba que fueras del tipo retraída.
La niña dio un salto de la sorpresa y miró a todos lados buscando al dueño de aquella voz, pero no lo encontró, entonces un presentimiento la hizo alzar la mirada hacia la copa del árbol donde encontró a una polilla blanca descansando sobre una de las ramas.
—¡Señor Bocadillo! ¿Que hace allí arriba? ¿Y como logró entrar?
El patio del colegio estaba protegido por varias trampas hechas con hilo de araña, para prevenir que algún bicho volador entrara a dañar a los niños, por eso era en verdad extraño ver a la polilla ahí.
—Soy pequeño y habilidoso, no hay muchas trampas o cerraduras que se me puedan resistir.
—Ya veo... ¿Qué hace aquí?
—Pues... Estaba un poco preocupado pro ti, quería asegurarme de que... Estuvieras bien.
Bocadillo miró hacia arriba para evitar los ojos de la niña, era una mentira y le escocía la consciencia mentirle, pero se repetía una y otra vez que era necesario, necesitaba el aguijón onírico y si para eso tenía que engañarla, lo haría. Luego le regalaría algo bonito para compensarla y para sentirse un poco menos basura.
—Ah, estoy bien... Bueno, más o menos.
—¿Que problema tienes? Quizás pueda ayudar. —Bajó discretamente del árbol para colocarse junto a ella.
—Pues... Me siento un poco sola.
—Pues, estás sola, no estás jugando con nadie ¿Que pasó? ¿Por qué no vas a jugar con tus amigos?
—Ellos no son mis amigos realmente... Además, me ven aburrida, no me invitan a jugar.
—Tambien puedes tomar la iniciativa tú e invitarte sola.
Jazmín lo miró como si hubiera sugerido algo horrible.
—¿Como voy a ir yo a hablar con ellos? ¿Que les voy a decir?
—"Hola ¿Puedo jugar con ustedes?" No es tan difícil.
—Sí lo es, usted no entiende nada.
—No, no lo entiendo ¿Acaso esos niños se burlan de ti?
—No.
—¿Te tratan mal?
—No.
—¿Te odian?
—No que yo sepa.
—¿Entonces cuál es el problema? —Bocadillo estaba entre curioso y exasperado.
—No puedo hablar con ellos.
—¿Por que?
—Aster no está aquí.
—Aster... Creo que lo mencionaste ¿Tu hermano?
—Sí. —La niña bajó la mirada desanimada—. Sin Aster no puedo jugar con ellos, no me prestarán atención ni me escucharán, estoy sola... Y ahora también estoy sola en casa...
Sus ojitos se pusieron vidriosos, estaba aguantando las lágrimas. Bocadillo preocupado la abrazó tratando de calmarla, cosa que funcionó estupendamente, la niña confiaba en Bocadillo.
—Todo empezó cuando llegó esa estúpida mantis grande que dice ser mi mamá... Desde que está aquí papá anda baboso por ella y ya no me presta tanta atención como antes, Edwyn también... Bueno... No es que jugara mucho con él antes... Pero igual, es una aparecida, yo soy su hermana yo soy más importante... Y luego Aster... Al principio estaba bien, digo, me apoyaba, o yo lo apoyaba a el... O lo que sea, la cosa es que a él tampoco le gustaba esa mantis fea, así que la mantenía lejos, eso era bueno.
"Pero no sé qué pasó el otro día que luego de un paseo que dieron Aster se encerró en el cuarto a hablar con ella y cuando salieron era los mejores amigos del mundo. Ahora ese tonto se la pasa detrás de ella. Ok, entiendo que esa señora es una experta en entrenamiento de todo tipo, sobre todo para niños y le está ayudando a volar otra vez, pero... Pero... ¿Que hay de mí? O sea, yo estaba antes ¡Se olvidaron de mí!
A Bocadillo toda esa "trágica" historia le sonaba a berrinche de niña mimada, pero podía sacar provecho de todo eso, aunque le causaba una gran culpa hacerlo.
—En serio lamento tu situación, tu papá y tus hermanos son terribles.
—¡Por fin alguien me da la razón! Me quejé de lo mismo con Ren, mi prima ¿Y sabes que me dijo? Que deje de ser inmadura y quejumbrosa y que aproveche que ahora tengo mamá ¿Puedes creerlo? Tenemos la misma edad y me trata de inmadura, es una pesada.
Para sus adentros Bocadillo le daba toda la razón a la prima, pero debía continuar con el plan.
—Pero quizás haya algo que se pueda hacer.
—¿De verdad? ¡Cierto! Usted usa magia ¿Tiene algún hechizo para que me vuelvan a prestar atención? O mejor aún, para que la señora se vaya.
—¿Un hechizo? Eso no... Digo ¡Claro que tengo algo! Por supuesto...
Si Jazmín hubiera tenido mas experiencia en la vida habría detectado algo sospechoso en la forma de hablar de Bocadillo.
—¡Gracias señor Bocadillo! ¡Es el mejor! ¿Cuando puede hacer el hechizo?
—Ah, pero me falta un artefacto para lanzar el hechizo, el aguijón onírico.
—¿Esa no es la cosa que estaban buscando en mi casa el otro día?
—Veo que lo recuerdas —Se puso nervioso y eligió con cuidado sus palabras — Bueno... Es un artefacto de muchos usos, se pueden lanzar muchos tipos de hechizos con eso y hay otras niñas que debo ayudar.
—¿En serio? —La mestiza lo miró con ilusión — entonces además de ser un artista de circo es un héroe.
Las palabras de Jazmín lo hacían sentirse cada vez peor, estaba a punto de confesar la verdad por la culpa que sentía.
—Pero señor Bocadillo, el aguijón onírico es de mi papá, no se lo puedo regalar.
—¿Eh? Ah, no te preocupes, no necesito quedármelo, lo tomaré, lo usaré para ayudar a la otra niña, te ayudaré a ti y luego lo devuelvo, eso es todo.
Al menos esta parte era verdad, siempre estuvo en los planes devolver el aguijón onírico luego de usarlo.
—Si solo lo quiere usar un rato ¿Por que mejor no se lo pedimos prestado a mi papi?
—Eh... No creo que quieran saber de nosotros luego del malentendido.
—Uh... Es verdad... Ah... Creo que nos metí en un problema gordo...
La niña se balanceó de un pie a otro angustiada, el malentendido fue su culpa, su tío y su padre detestaban al señor Bocadillo, aún si no era malapersona. Debía hacer algo para arreglar el problema, pero ese algo no vendría de su cabeza por su puesto. Miró a la polilla esperando que le dijera qué hacer.
—Dadas las circunstancias, no podemos pedir el aguijón por las buenas, así que habrá que obtenerlo por las malas.
—¿Se va a batir a duelo con papá?
Por un momento Bocadillo imaginó la situación y en cada escenario terminaba empalado de formas horribles. Sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos.
—No, definitivamente no, pensaba en algo más sutil como sacar el aguijón sin que se den cuenta, usarlo y luego devolverlo, con algo de suerte nadie notará nada.
—Ah... La verdad suena bien, cuando consigua el aguijón me avisa para que haga el hechizo. —La polilla le dedicó una expresión acusadora.— ¿Qué?
—¿No me vas a ayudar con eso?
—¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué lo haría?
—¿No quieres que te ayude con tu problema?
—Si quiero.
—¿Y esperas que yo haga todo? ¿Que me arriesgue buscando el artefacto y que luego te busque y haga el hechizo para ti sin que tengas que mover ni una pata?
—Eh... ¿Sí?
—Mira niña, la vida no funciona así.
—Pero soy una niña, yo no puedo hacer cosas complicadas, me tienen que ayudar.
—Claro, es verdad que te tienen que ayudar ¡Pero no con todo!—Bocadillo se estaba enfadando, él se había tenido que esforzar por sobrevivir desde que era una larva y por eso le indignaban los niños mimados— A tu edad ya hay varias cosas que deberías hacer y decidir por tu cuenta, además, sería bueno que aprendieras desde ahora que cuando uno quiere algo en la vida, tiene esforzarse por conseguirlo SOLO.
—Pero... Pero... Yo no puedo...
—Entonces no hay hechizo, me las tendré que arreglar de alguna manera.
La polilla se abrazó al árbol y trepó por él. Su pelo estaba esponjado, muestra inequívoca de que estaba enfadado, pero aún asi Jazmín no conocía el lenguaje corporal de las polillas, ya intuía el estado de ánimo de la criatura blanca.
—¡Esper!a ¡Conseguiré el aguijón!
—Oh ¿En serio?
—Sí, si... Yo... Quiero que las cosas sean como antes... Pero no sé donde está esa cosa.
—Ah, si es por eso, tu padre acostumbra a guardarlo debajo de su cama.
Esto dejó muy sorprendida a la niña.
—¿En serio? ¿Bajo su cama? Si es algo tan importante ¿No debería estar en una bóveda o un cofre o algo?
—Hay una protección que es más dura que los muros, más fuerte que las cadenas y más aguda que los aguijones... El misterio, nadie va a buscar algo que no sabe que existe, el conocimiento del aguijón onírico es tan raro que no hace falta que se preocupen de que alguien quiera robarlo, de hecho, guardarlo en un cofre o una bóveda podría ser contraproducente, si lo colocan ahí demostraría que hay algo digno de ser robado, aún si no saben qué es o como funciona.
—Ya veo...
—Bueno, te daré tres días para obtener el artefacto, entonces volveré por aquí, buena suerte.
La niña observó al insecto llegar a la copa del árbol y luego emprender el vuelo, realizó algunas piruetas extras en el aire, probablemente para esquivar las trampas de hilo de araña, que aunque no eran visibles desde donde ella se encontraba, sabía que estaban ahí.
Una vez que la criatura se hubo perdido de vista la niña se quedó pensando ¿Qué iba a hacer ahora?
...
—Aaaahhh —Chilló Aster.
—¿Duele mucho? —Preguntó Orquídea preocupada.
—No, estoy bien, sigamos entrenando.
—Creo que ya fue suficiente.
La mantis soltó las alas del pequeño, las cuales cayeron lacias sobre su espalda, Orquídea las había estado ejercitando moviendolas de un lado a otro con sus garras,
—Pero todavía puedo seguir, quiero recuperarme pronto — Se quejó el niño
—No, si te duele tanto significa que ya estás agotado, si seguimos podrias lesionarte y eso hará aún más lenta tu recuperación.
—Está bien —El niño se sentó y se cruzó de garras mostrando su descontento.
—No te pongas así, despacio que tengo prisa solía decir mi madre, ya volverás a volar pronto.
—¿Y entonces podré volver a entrenar?
—Claro que sí
—Espero que eso pase pronto.
—Seguro será pronto, vamos a comer algo, ya es hora.
—Sí.
Se puso de pie y se estiró un poco para emprender la tortuosa marcha hasta el comedor. Hubiera sido mucho más rápido que Orquídea lo cargara en brazos, pero su orgullo de mantis lo impedía, orgullo que su madre comprendía muy bien, así que no lo presionaba y le seguía el paso, de todos modos fortalecer sus patas desde temprana edad también era algo positivo.
—Señorita Orquídea...
Y ahí estaba, aunque su relación ya era mejor Aster no se dignaba a llamarla mamá, aunque no le extrañaba, ni siquiera Edwyn lo hacía.
—¿En la noche me va a contar más historias sobre los guerreros mantis de la antigüedad?
—Claro que si cariño —Contestó con alegría.
Orquídea estaba tan feliz, su hijo por fin le hablaba, y lo que es mejor, estaba muy interesado en la cultura del pueblo mantis, quizás porque era algo con lo que podía identificarse en su totalidad o quizás porque era la clave para entender las razones por las que su madre lo había abandonado.
En inicio a Aster se le hizo muy difícil creer que la sociedad mantis fuera tan cerrada, comprendía su amor por las peleas, a él mismo le apasionan, pero algunas costumbres suyas, como aquello de limitar el afecto le parecían estupideces, el niño pensaba en todos los cuidados y mimos que había recibido de su padre y sus tíos y la idea de no tenerlos se le hacía dolorosa, quizás las mantis no lo sentían raro porque simplemente nunca tuvieron algo así, pero era triste, todo el mundo tenía derecho a ser querido.
Siendo honesto, le seguía molestando que su mamá se hubiera ido, lo entendía pero le molestaba, sin embargo había decidido tomar los consejos que le habían dado y aprovechar para aprender todo lo que pudiera de ella. En realidad era una buena hembra, mucho más centrada que su padre, había que decirlo, parecía tener un poder mágico para mantener el control en todo tipo de situaciones y encontrar una solución. Viendo todo lo bueno que tenía Orquídea, lentamente su enojo se aplacaba, además, ella lo entendía como nadie, ninguna otra persona tenía la paciencia de esperarlo mientras caminaba por su cuenta, todos preferían cargarlo.
El viaje hasta el comedor era largo pero tenía todo el tiempo del mundo y por el camino se encontraron con Jazmín que recién llegaba de la escuela.
—¡Jazmín! —Gritó Aster saludándola con emoción.
La niña dio un pequeño brinco al saberse nombrada y volteó la vista hacia su hermano, se le notaba nerviosa, pero su nerviosismo cambió rápidamente a fastidio cuando divisó a Orquídea.
—Hola —contesto con desánimo —voy a mi cuarto.
No dijo nada más y salió corriendo.
La madre mantis solo la vio con tristeza, de sus retoños ella era la única que todavía no la aceptaba, la única hembra y la más complicada. Aster viendo su desánimo le palmeó la pata buscando animarla.
—No se preocupe, seguro si habla con ella Jazmín la termina aceptando, ella es fácil de convencer de lo que sea, si quiere hablo con ella.
—Eso no es bueno...
—¿Por que?
—Por que... —Suspiró—, no importa, debo ocuparme de eso en algún momento.
Mientras tanto, Jazmín iba por su cuenta recorriendo el camino que la llevaba a su habitación, pero en realidad ese no era su objetivo, el lugar al que de verdad quería llegar era al cuarto de su padre que estaba justo al lado.
La pequeña temblaba de pies a cabeza, estaba muy nerviosa, nunca había hecho algo como eso, nunca había sacado algo sin permiso, de hecho, ni siquiera había entrado alguna vez al cuarto de su padre sin que él estuviera presente, lo tenían prohibido, pero estaba decidida a hacerlo, quería recuperar aquel amor que creía perdido y que siempre tuvo.
Abrió la puerta de la habitación, aunque tenían prohibido entrar normalmente no estaba cerrada porque su padre confiaba en ellos, otra razón para sentirse fatal, lo estaba traicionando, pero ni siquiera ese dolor en su pecho la detuvo, siguió adelante.
La habitación estaba tal como siempre, no tenía nada de especial y hasta donde recordaba, debajo de la cama no debería haber nada, porque claro, ella no lo sabía pero Hollow siempre guardaba sus cosas personales en un lugar seguro antes de recibir a sus hijos, pero ahora no había ninguna preparación previa, todo estaba debajo de la cama, y la niña, siguiendo las instrucciones de Bocadillo fue a mirar ahí.
Estaba apenas levantando el faldón de la cama cuando la puerta se abrió de golpe y Orquídea apareció.
Ver a una niña curioseando bajo la cama no debería ser nada raro, pero ella sabía lo que se ocultaba ahí y de inmediato entro en pánico. Corrió, tomó a Jazmín en brazos y de inmediato la apartó de allí.
—¡Jazmín! ¡Pero qué crees que estás haciendo! —De inmediato comenzó su regaño— A tu padre no le gusta que entren a su cuarto y husmeen en sus cosas cuando él no está presente, tú sabes bien eso ¿Que estabas haciendo debajo de la cama?
—Usted también entró sin permiso —Susurró la niña.
—Yo tengo permiso de tu padre y no ando metiéndome en sus cosas sin preguntar. Lo que hiciste está mal, no se hace, deberías estar avergonzada.
Y la niña lo estaba, se sentía fatal por haber sido descubierta, pero se sentía aún peor al ser regañada por la mantis usurpadora. Ahora no solo le quitaba a su padre, también la maltrataba, como las madrastras malvadas de los cuentos (por supuesto otra vez estaba exagerando, pero en su mente la situación era así de terrible)
Y justo entonces, llegó quien creyó sería su salvación. Hollow entró en el cuarto preocupado, había escuchado la voz de Orquídea enojada y temía que algo terminara roto, aunque la mantis en todos estos años mejoró mucho su carácter prefería prevenir.
—¿Que pasó? —Preguntó confundido.
—Papi...
Jazmín puso su carita más lastimera, normalmente eso derretía el corazón de su padre y hacía que le perdonara cualquier cosa. O al menos cualquier problema menor, en realidad Jazmín era obediente y no solía portarse mal.
—La encontré en tu cuarto sola metiéndose debajo de la cama.
Aún con la carita lastimera de Jazmín Hollow se enojó, esto no era un asunto menor como quebrar una taza por ser descuidada, o dejar las cosas tiradas en cualquier lado, no sólo era que pudo haber visto algo inapropiado para su edad, le había desobedecido y traicionado su confianza.
—¡Pero como has podido Jazmín! ¡Tenías prohibido entrar al cuarto cuando yo no estuviera!
Jazmín nunca fue regañada severamente por su padre, la principal razón, porque nunca hizo nada grave, esta era la primera vez, y aunque la causa de la llamada de atención era su desobediencia, ella culpaba a la mantis que daba miedo por esto, ella le lavó el cerebro a su padre para que fuera malo con ella (nuevamente se montaba fantasías en su cabeza).
La niña entonces no pudo aguantar su frustración y se puso a llorar.
—¡No es justo! ¡Todo esto es por tu culpa! —Le gritó a Orquídea.
—¿Qué?
—¡Por tu culpa papi ya no me quiere! ¡Te odio!
Ninguno entendía que pasaba por la cabeza de la niña y ella tampoco explicó nada porque se fue corriendo fuera de la habitación para ir a esconderse en algún recoveco del castillo.
Las palabras de Jazmín fueron como un puñal al pecho para Orquídea ¿De verdad la niña creía que le quitaba el amor de su padre? Esa nunca fue su intención, solo quería pasar tiempo con ellos, con cada miembro de la familia, incluida ella, aunque quizás no se enteraba porque no habían compartido muchos momentos juntas.
Miles de pensamientos más se arremolinan en la mente de la mantis, pero todos se interrumpieron de golpe cuando Hollow la tomó de la mano.
—Calma, se le pasará, ya lo entenderá después .
La hembra no respondió, se quedó mirando el vacío pensativa.
A la mañana siguiente Hollow tenía el día libre, y como siempre aprovechaba de levantarse un poco más tarde, sobre todo ahora que tenía a su compañera para compartir la cama, quería darle algunos mimos cariñosos antes de levantarse para atender a los niños, pero cuando buscó el cuerpo de su pareja no encontró nada, solo el lecho vacío.
—¿Orquídea?
Se incorporó confundido y casi de inmediato pensó lo peor, que se había ido otra vez sin decir nada. Pero sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos, ella no le haría eso, no otra vez, seguro estaba emocionada por ver a los niños y fue a su dormitorio.
Se levantó y se dirigió al cuarto de sus hijos, el hecho de que la puerta estuviera entreabierta le hizo suponer que tenía razón y se tranquilizó.
Una vez que entró encontró a sus hijos despiertos, al menos dos de ellos, Edwyn y Aster estaban jugando juntos encima de la cama, pero no había rastro de su hija.
—Buenos días niños ¿Por casualidad su madre pasó por aquí? ¿Y donde está Jazmín?
—La señorita Orquídea salió con Jazmín —explicó Edwyn.
—Sí, dijo que quería pasar tiempo con ella y enseñarle no se qué cosas para sacar carácter o algo así —completó su hermano —. Qué envidia, Jazmín va a tener a la señorita Orquídea durante dos días completos para entrenar.
Lo que sus hijos dijeron inquietó a Hollow, casi no quería preguntar, pero necesitaba más información.
—¿Y les dijo a donde fueron?
—A Tierras Verdes.
En otro lado del castillo Big se encontraba desanimado revisando algunos papeles que tenía pendientes junto a Ogrim. Estaba triste, Edwyn no le hablaba porque quería que hiciera las pases con Hollow, pero él no quería hacerlo, en el fondo de su corazón todavía tenía resentimiento por la muerte de Coco y necesitaba a alguien a quien culpar. Orquídea tampoco le estaba poniendo las cosas fáciles, no sabía muy bien cómo lidiar con todo eso, en este punto sentía que su único aliado era Ogrim.
Hubiera pasado otro día de melancolía si no fuera por un evento imprevisto. La puerta de su oficina se abrió de golpe, y vio allí de pie a Hollow, sumamente agitado, llevaba su capa chueca, tenía una enorme mochila de viaje llena de cosas, incluido a Aster dentro, lo sabía porque la cabeza del niño sobresalía del interior y miraba todo con curiosidad. Hollow además en una de sus manos llevaba a Edwyn agarrado como si fuera un paquete y en la otra otro bolso más con más materiales para viajar ¿Acaso Hollow pensaba llevarse de excursión a sus hijos? Aster estaba enfermo y Edwyn... Era Edwyn.
—Hollow ¿Qué significa esto?
Su hermano tardó algunos segundos en recuperar el aliento para hablar.
—Orquídea... Se llevó a Jazmín... A Tierras Verdes... Solas las dos... Lugar salvaje... Orquídea temo se exceda... Voy por ella...
—Eh... Eh... —A Big le costó salir de su sorpresa para contestar — Está bien... Pero... Por qué llevas a los niños...
—Quieren ver a su mamá, solo pasé a avisar, ahora me voy.
Hollow no esperó respuesta de su hermano, salió corriendo lejos.
Big de inmediato se puso de pie con intenciones de perseguirlo, pero Ogrim se interpuso.
—¡Su majestad! ¡No puede irse así! Tenemos una reunión a medio día y todavía no terminamos con la revision del proyecto del puente.
Malditos deberes de rey, siempre interponiendose en lo importante, por supuesto Big tenía sus prioridades claras
—Reagenda la reunión, y hazme un resumen de lo del proyecto, lo veré cuando vuelva.
—Pero mi rey...
Ogrim no pudo detenerlo, Big se teletransportó fuera de la oficina evadiendo al viejo escarabajo. Este solo pudo suspirar resignarse.
—Por qué Señor de las Sombras... por qué...
