Capítulo 5: Hace diez mil años…

La confusión me acompaña desde el día que abrí los ojos en este reino sentenciado, y cada día que pasa se acrecienta.

No sé qué decir al respecto con la imagen que tengo frente a mis ojos. Solamente veo a Apaya gritando de pánico, mientras que Zelda se encuentra con el rostro desencajado observando a las dos mujeres en el suelo. Y a decir verdad, yo también estoy contrariado, pues se supone que en esta casa estaban reunidas un par de ancianas, pero lo que yo veo es a dos jóvenes mujeres. Una muy parecida a Apaya, por no decir idéntica, y la otra tiene pelo corto con el fleco tinturado y unos lentes que se le están cayendo por el forcejeo. Lo único que ambas tienen en común es la mirada carmesí, la piel tostada y el cabello blanco.

- ¡Eres una mal agradecida! – reclamó una de ellas. – Por mí has dejado de ser una vieja enana y arrugada.

- ¿Y quién te dijo a ti que yo me sentía mal con mi físico? – respondió la otra, gritando. – ¡Yo no soy una vieja loca como tú!

- ¡Corrección! – aclaró la mujer, riéndose. – ¡Ya no somos unas viejas!

- ¡AAAAGH!

La mujer enojada agarra del cuello a la otra chica. Sin embargo, ambas detienen su acción al sentir a Zelda, quien se acerca lentamente y con dificultad para hablar.

- Impa… Prunia… – dijo Zelda, casi sin voz. – No puede ser…

El enojo de las mujeres, o mejor dicho el de la mayor, se pasma al alzar la mirada y encontrarse con la princesa; poco después ocurre lo mismo con la segunda, quien se incorpora con la impresión en el rostro.

- ¿Impa? ¿Prunia? – intervino Apaya, que ya había dejado de gritar. – Eso no…

Apaya comienza a tambalear debido a la impresión, por lo que me apresuro y la tomo de los hombros para evitar que caiga al suelo, hasta que se desmaya. Con cuidado la acomodo en el suelo, centrando mi atención en lo que estaba ocurriendo con Zelda y las sheikahs.

- No puede ser… – dijo Prunia, impactada.

- Alteza… princesa Zelda. – expresó Impa, incrédula a lo que veían sus ojos.

Veo que Zelda no puede contenerse más, por lo que se agacha a la altura de las mujeres y las abraza. A la princesa no puedo verla porque se encuentra de espaldas, pero percibo que está llorando, mientras que las sheikahs, a las que sí puedo ver, hacen lo mismo, conmovidas e impactadas.

Frente a mí se está llevando a cabo una reunión conmovedora y ansiosa. La imagen de las sheikahs se me hace conocida, mas no las recuerdo del todo; pero entiendo el aprecio que sienten por Zelda, y cuánto la habrán extrañado en estos cien años de ausencia.

- Princesa… – dijo Impa, limpiándose las lágrimas. – No puedo creer que la tengo frente a mí, viva.

- Es increíble… – expresó Prunia. – ¿Cómo es posible algo como eso? Se supone que debía estar con…

Zelda se separa del abrazo y da espacio a las sheikahs para que me vean. No puedo explicar la cara de espanto que las mujeres tienen al verme, como si estuvieran frente a un fantasma.

- Link… – dijo la sheikah al verme.

Impa se aproxima a mí, hasta que coloca sus manos en mis hombros para verme con más detenimiento y curiosidad. Me siento intimidado ante tanta atención.

- Por fin despertaste… – dijo la sheikah, sonriendo, mientras sus ojos se humedecían de nuevo. – Ha pasado tanto tiempo… ¿Me recuerdas? Aunque quizás ya no me reconoz…

Impa detiene su última palabra para separarse de mí, mirar sus manos y tocar su rostro. Las expresiones que demuestra son bastante peculiares y hasta me parecen algo graciosas. ¿Esta mujer es abuela de Apaya?

- Link, sé que tu deber es cuidar de la princesa, pero creo que es mejor que los acompañe… ya habrás notado que no le agrada tu presencia.

Otra laguna mental llega a mi mente en este momento, en donde puedo ver a esta mujer hablándome. Ya no necesito dudar si la conozco desde hace cien años, pues es cierto.

- Como sea… – dijo Impa, dejando de lado la preocupación por su imagen. – ¿Me recuerdas, Link?

- No mucho... Solo imágenes muy vagas. – respondí apenado.

Impa se frustra ante mi respuesta. Sin embargo, cuando se dispuso a seguir hablando, Prunia se mete en medio para hablar. Me mira de una manera totalmente obnubilada.

- ¡Clic clic!

- Sonrisas y… ¡Clic clic!

Esta expresión me ha hecho recordar que ella fue quien estaba con nosotros en la glorieta del castillo, la que tomó la foto que aún no visualizo en mi mente. ¿Quiénes más aparecemos ahí?

- ¿Será que tú eres Link? – preguntó Prunia, dudosa.

Zelda se impacta ante lo que dice la sheikah, mientras que Impa se enoja con ella y le reclama.

- ¡No digas tonterías, Prunia! – reclamó Impa. – Por supuesto que es él, ¿no lo reconoces? La vejez te ha quemado el cerebro.

- ¿Qué vejez? – preguntó sarcástica. – Ahora si me encuentro en la flor de mi juventud… incluso siendo mayor me veo más sensual que tú.

- Yo aún no comprendo cómo es que se ven así después de cien años… – intervino Zelda.

En ese momento Apaya despierta, con algo de dificultad. Su mirada vuelve a exaltarse al ver a las mujeres frente a ella.

- ¿¡Quiénes son ustedes!? ¿¡Qué hicieron con mi abuela y mi tía abuela!? – reclamó Apaya, nerviosa y exaltada. – ¡Ayuda! ¡Auxi…!

La chica calla sus gritos debido a que Impa le tapa la boca, quien también está nerviosa debido a la situación. Aún no entiendo cuál es el fondo de este escándalo.

- ¡Hija, cálmate! – pidió Impa. – Sé que es difícil de creer… pero en serio soy yo, tu abuela.

Apaya se queja debido al agarre de… ¿su abuela?

- Todo es culpa de Prunia… – dijo Impa.

- ¿Mi culpa? – preguntó la sheikah con lentes, indignada. – ¿Hemos vuelto a ser jóvenes y me culpas por eso?

- ¡Cállate! – reclamó Impa, enojada. – Déjame hablar con mi nieta.

Miro a Zelda para ver si ella puede darme una explicación a todo lo que está ocurriendo, pero solo mueve su rostro en respuesta de negativa. Ella se siente tan perdida como yo.

- Apaya… mírame a los ojos y sabrás que soy yo. – dijo Impa, preocupada.

Poco a poco, Apaya comienza a calmarse, causando que el agarre de su abuela se suavice.

- Prométeme que si retiro mi mano de tu boca no vas a gritar. – pidió Impa.

Lentamente, Impa se aleja de Apaya, quien sin decir nada la mira con sorpresa de pies a cabezas.

- ¿En serio eres tú, abuela? – preguntó Apaya, conmocionada.

- Sí, querida… soy yo.

- Y yo soy Prunia. – intervino la mujer. – No me dejes de lado, sobrina.

Lanzando un suspiro aliviado, Apaya se acerca a abrazar a sus familiares. Algunas lágrimas salen por sus ojos debido al susto que siente.

- Abuela… tía abuela.

- ¿¡Qué!? – exclamó Prunia, separándose del abrazo. – No, querida, ahora dime simplemente tía. ¿No te das cuenta de que ahora Impa y yo somos fabulosas?

Apaya sigue asustada y ahora no sabe qué decir. Sin embargo, Zelda decide intervenir.

- Impa, Prunia… – dijo Zelda, acercándose hasta las tres mujeres. – ¿Qué es lo que ha ocurrido con ustedes? ¿Cómo es posible que sigan igual después de cien años?

- Pues todo es gracias a mí, princesa. – respondió Prunia, orgullosa.

La sheikah mayor se acerca hasta su hermana para colocarse junto a ella, causando que esta se enoje.

- Nunca te voy a perdonar por esto… – expresó Impa.

- ¿Por qué? ¿Acaso no disfrutas de tener la misma vitalidad de los treinta años?

- ¡Me utilizaste como conejillo para probar tu experimento! – reclamó Impa. ¿Te parece poco?

- Entre el par de viejas que éramos antes, las mayores probabilidades de sobrevivir las tenías tú, pues eres la menor.

- ¡Claro, como soy TAN menor a ti! – respondió con sarcasmo.

- En fin, en lo que me quedé… – dijo Prunia, retomando un viejo tema. – Solo hay una manera de averiguar si Link es…

Prunia enmudece al ver la tableta sheikah colgando de mi cinturón; creo que esa es toda la respuesta que necesita para reconocer mi identidad.

- La tableta sheikah… – expresó maravillada.

- ¿Lo ves? – se quejó Impa. – Además, la mejor referencia es que viene con la princesa Zelda.

- ¡Yo solo quiero saber cómo es que rejuvenecieron! – reclamó Apaya, temblando de los nervios.

- Ay, muchacha… – se quejó Prunia. – Bien… tengo literalmente un siglo en esta exitosa investigación.

Todos, a excepción de Impa, que sigue enojada, nos acercamos un poco más a Prunia para escuchar su relato. Por fin íbamos a resolver el misterio.

- Diseñé un módulo de antienvejecimiento… – comenzó a relatar, arreglándose los lentes. – Lo hice con el objetivo de que aquellos guerreros que ya tenemos cierta edad seamos jóvenes de nuevo, para así reformar al ejército de Hyrule y estar preparados para cuando Ganon vuelva a aparecer.

Prunia saca de su alforja una tableta parecida a la mía, solo que esta tiene agarradera doble. Luego vemos que la enciende tomando uno de los lados y volteándolo para que regrese a su estado original.

- Symon, mi asistente, ingresó el módulo nuevo a mi tableta sheikah, pero yo aún no me sentía segura de usarla… – continuó Prunia con su relato. – Así que… ¿¡qué mejor que probarlo con mi dulce hermanita!?

- ¡Me engañaste! – reclamó Impa. – Dijiste que los rayos del módulo iban a quitarme los dolores de espalda.

- ¿Y no fue así? – preguntó la sheikah, burlona.

Impa se enoja más, pero al sentir cómo la princesa toma su mano para pedirle que se calme, baja la guardia.

- Sí… efectivamente me desaparecieron los dolores, pero nunca imaginé que al despertar me encontraría contigo y conmigo en otra forma. – expresó Impa. – Al inicio pensé que era un sueño, pero luego me di cuenta de que no.

- Yo no sé por qué tanta quejadera de tu parte. ¿Qué anciano no quisiera volver a ser joven? – replicó la sheikah investigadora. – Además, quizás el destino lo quiso así, pues ahora tienes frente a ti los únicos capaces de acabar con Ganon. ¿Vieja les hubieras servido?

Impa lanza un suspiro de su boca, mientras se acerca a un espejo para observar su nueva imagen. Se la ve apenada, pero al mismo tiempo sorprendida de ver recuperada la apariencia que tuvo hace cien años, la única que recuerdo.

Poco después, Apaya se acerca a ella y la abraza por la espalda, reconfortándola.

- A mí me parece que te ves hermosa, abuela. – dijo la joven. – Y tal y como dijiste, eres mi vivo retrato.

- ¿Qué le vamos a decir a los demás? – preguntó Impa, preocupada. – ¿Qué pensarán de que su matriarca ha vuelto a estar en la treintena de su vida?

- Y no se aceptan devoluciones, hermana. – dijo Prunia. – Pues este proceso es irreversible, así que tendrás que aprender a vivir con eso. Maravilloso, ¿no?

Impa mira a su hermana con algo de recelo, pero luego cambia el semblante a uno más apacible y resignado. Después enfoca su mirada en Zelda y en mí.

- Me cuesta decirlo, pero tienes razón. – dijo apenada. – Quizás esto es un escrito del destino, y como sheikah mi obligación es adaptarme a cualquier circunstancia que se me presente, así atente contra mi vida.

- ¡Esa es mi hermana menor! – exclamó Prunia. – Toda una guerrera sheikah; con más de cien años, pero con cuerpo de infarto, ¡clic clic!

Ya aceptando su nueva forma, Impa regresa a sentarse con nosotros, interesada en hablar con Zelda y conmigo.

- Abuela… ¿qué le diremos a los habitantes del pueblo sobre tu nueva apariencia? – preguntó Apaya.

- Eso es lo de menos ahora, ya veremos después cómo lo resolvemos. – respondió seria. – Ahora lo más importante es atender la presencia de Link y Zelda aquí.

Impa y Prunia posan su mirada en mí, haciéndome sentir totalmente nervioso. Espero que no me hagan preguntas tan complicadas.

- Link, sin duda el largo descanso en la cámara regeneradora te hizo muy bien. – dijo Prunia, sorprendida. – Te ves fenomenal, idéntico a como eras hace cien años. ¡No te ha salido ni una arruga!

- El Santuario de la Vida resultó muy útil, más de lo que esperábamos. – dijo Impa. – Habrá que contarle a Rotver sobre esto.

¿Santuario de la Vida? Así que ese es el sitio en donde descansé durante cien años… peculiar nombre.

- ¿Rotver? – pregunté curioso.

- Es un colega mío, también investigador de las reliquias ancestrales. – respondió Prunia. – Es normal que no lo recuerdes, pero fue él quien te llevó al Santuario de la Vida cuando agonizabas, luego de eso llegué junto con Impa para finalizar con los últimos detalles de tu descanso, y luego…

- ¿Cómo está Rotver? – preguntó Zelda, nerviosa. – ¿Él también ha rejuvenecido?

- Ese sigue siendo un viejo; con decirte que tuvo a su primer hijo en sus noventa y tantos, el que ahora ya es todo un hombre. Entonces calcula la edad que tiene. – comentó Prunia, riéndose. – No lo veo desde hace mucho tiempo.

- Ya veo… – expresó la princesa.

- La cámara regeneradora del Santuario de la Vida fue la encargada de mantener tu imagen intacta, Link. – prosiguió Prunia. – En cambio, a la princesa la preservó su poder sagrado.

- Ese poder ya no existe…

Impa, Prunia y Apaya se sorprenden ante la revelación de la princesa; la última, a pesar de no haber vivido esa época, conocía perfectamente toda la historia por su abuela.

- ¿Qué…? – preguntó Impa, consternada.

- Creo que es mejor relatar todo desde el inicio. – sugerí serio.

Las mujeres en la casa me observan, esperando a que cuente mi relato. Sin embargo, Zelda está cabizbaja, por lo que prefiero omitir la intervención de su padre en todo esto.

- Me desperté de mi letargo y la voz de la princesa comenzó a guiarme para que cumpla con mi misión. – conté serio. – Sin embargo, lo adecuado hubiera sido que venga a ver a Impa primero, pero decidí adentrarme al castillo para buscarla.

- ¿Acaso estás loco? – preguntó Prunia, horrorizada. – O quizás es un efecto secundario de la cámara regeneradora… En fin, eso lo estudiaré luego.

- ¡Link, lo que hiciste fue una barbaridad! – exclamó Apaya. – La ciudadela de Hyrule y su castillo son lo más peligroso de este reino.

- Lo sé, y es por eso que cometí la osadía de adentrarme ahí para rescatar a la princesa Zelda. – respondí apenado. – Sin embargo, caí en la trampa de Ganon y fue ella quien terminó por rescatarme.

Impa mira a Zelda con curiosidad, como si pudiera leer su mente. Recuerdo que los sheikahs son capaces de llegar a la verdad de todo, así se encuentre entre las sombras, por lo que estoy seguro de que ella sabe qué le pasa.

- Así que su poder llegó a su límite y por eso pudo liberarse de Ganon. ¿Es así? – preguntó Impa a la princesa.

- Sí… así fueron las cosas.

Zelda gira su rostro, impidiendo que cualquiera la vea. Impa no deja de mirarla, quizás comprendiendo lo que yo no puedo.

- Impa… – llamó Zelda, regresando la mirada a la sheikah. – Hemos venido hasta acá para que con tu sabiduría nos orientes. Sé que mi poder ahuyentó a Ganon, mas no lo desapareció de la faz de este reino. Tememos que esta vez sí cumpla con su cometido.

- Por ahora eso no pasará…

Impa cierra los ojos, lo que me hace pensar que está analizando sus palabras. Siento que nos hará una confesión muy grande.

- Pudiste alejar a Ganon, debilitándolo, pero aún no se encuentra en su estado completo… y eso es gracias a las bestias divinas.

- ¿A las bestias divinas? – pregunté, recordando el relato del rey.

- Así es, pues ellas aún siguen en su poder, por más alejado que él se encuentre. – respondió Impa. – No tengo idea de dónde pueda estar, pero mientras tenga a las reliquias gobernadas, él tendrá de donde fortalecerse, pues ellas, al estar contaminadas por su malicia, le brindan poco a poco la energía que necesita.

- ¿Qué podemos hacer para impedir que Ganon se siga alimentando del corrompido poder de las bestias divinas?

- Liberándolas…

Impa se pone de pie ante su última palabra, y se acerca a la ventana que da con la vista a la aldea.

- Han pasado cien años y lo recuerdo como si hubiera sido ayer… el día que el reino de Hyrule fue destruido por el cataclismo. – relató Impa. – Link, tú estabas gravemente herido y fuiste sumido a un letargo sagrado por orden de la princesa Zelda.

Miro a Zelda sorprendido ante lo que Impa me ha relevado, causando que ella me sonría con una mezcla de amabilidad y melancolía.

No solamente salvaste mi vida hace poco, sino también hace cien años, princesa.

- ¡Ya hiciste demasiado por mí, ahora soy yo la que te salvaré, Link! No me dejes… te ne…

Me desoriento ante la nueva imagen que vino a mi mente, en donde solo puedo ver las verdes pupilas de la princesa repletas de lágrimas, mientras toca mi rostro. Es una escena desesperante que quisiera sacarme de la cabeza…

- Link… – llamó Impa. – Pensaba darte este mensaje de parte de la princesa Zelda si venías a verme sin ella, pero ya que estás aquí, procederé a hacerlo. Es lo mejor, puesto que te quedaste sin recuerdos.

Todos nos pusimos atentos para escuchar a Impa, quien aún seguía de espaldas a nosotros…

La historia de la familia real de Hyrule es también la del cataclismo, Ganon, nuestro peor enemigo desde tiempos inmemoriales.

El ciclo se repite una y otra vez, y en cada ocasión, un héroe devuelve la paz al mundo. Lucha siempre al lado de una princesa por cuyas venas corre la sangre de la Diosa.

Relacionándolo al relato del rey, sé perfectamente que se refiere a Zelda y a mí. Nuestros destinos han estado enlazados desde tiempos inmemoriales, reviviendo una y otra vez para acabar con el maligno.

No puedo evitar mirar a la princesa ante cada comentario, perdiéndome en el profundo verdor de sus ojos… la siento tan fuerte, pero al mismo tiempo vulnerable.

Me incomoda…

Así transcurrió el tiempo, con los momentos en los que Ganon era derrotado, cumpliéndose así la leyenda…

Los hechos que voy a relatarte se produjeron en un pasado remoto, hace diez mil años…

Ganon… martirizando nuestras vidas desde diez mil años, o más…

En esa época, Hyrule se había convertido en una tierra muy avanzada. Tanto, que ni siquiera los monstruos eran una amenaza importante para la gente del reino. Los ciudadanos decidieron emplear sus conocimientos en crear tecnología y ciertos artefactos. De ese modo, si el cataclismo regresaba, ayudarían al héroe y a la princesa en su empresa.

El Santuario de la Vida, la tableta sheikah, las torres sheikahs; todo fue construido por la antigua civilización del reino, incluyendo…

Construyeron cuatro bestias divinas diseñadas para ser controladas por cuatro campeones. También crearon soldados de hierro con voluntad propia, denominados "guardianes".

Los elegidos para controlar a las bestias divinas eran valientes, con talento sin igual, dispuestos a defender el reino sin dudar.

Ante esa última frase, llegan a mi mente los cuatro seres que vi en mi sueño, bajo las sombras, cuando estuve en el altar ceremonial. Estoy seguro de que se refiere a ellos.

Y de ese modo, se puso en marcha el plan para combatir a Ganon. Cuando él resurgió de nuevo para destrozar a Hyrule con su ira, la princesa y el héroe lo enfrentaron junto con los cuatro campeones. Los guardianes también colaboraron, a pesar de tener un tamaño más modesto. Las enormes bestias divinas atacaron sin piedad al enemigo, derrumbando sus fuerzas.

Y cuando el héroe dio la estocada final con la espada que doblega la oscuridad, la princesa, heredera del poder sagrado, selló a su enemigo por completo.

La espada que doblega la oscuridad… es el arma que vi en mis sueños, la que me espera en algún sitio desconocido y la que me urge encontrar de una vez por todas.

Impa se da la vuelta, demostrando haber finalizado su relato. Después se dirige a Zelda y a mí, más seria que nunca.

- A pesar de que hace cien años conocíamos la manera de derrotar a Ganon, lo subestimamos y por eso nos acabó. – dijo Impa, apenada. – Es por eso que tenemos que aprovechar esta oportunidad que la vida nos está dando, mucho más si se encuentran juntos… al igual que la leyenda de antaño.

La princesa y yo abrimos nuestra mente para escuchar lo que Impa iba a indicarnos, el camino correcto para cumplir con nuestro destino.

- Es importante que como elegidos de la Diosa cumplan con sus funciones más importantes. – indicó Impa. – Liberar a las bestias divinas y que la princesa recupere su poder.

Veo cómo Zelda se pone pálida ante lo que dice Impa, pero no se queja ni refuta nada. Sin embargo, su incomodidad es casi palpable.

- Princesa, si usted pudo hacerlo antes, con más razón lo hará en este tiempo. – dijo Impa, sonriendo con calidez. – Ahora más que nunca tiene el recurso para lograrlo.

La princesa agacha la cabeza, sonrojada, mientras que yo no logro entender a qué se refiere Impa con lo que le dijo.

- Esa es toda la historia, jóvenes. – dijo Impa. – Y como ya es de noche, es mejor cenar algo e irnos a descansar.

- Yo también me tendré que quedar a dormir aquí. – dijo Prunia. – Pues debemos pensar la explicación que le daremos a la aldea sobre nuestro esplendoroso estado.

- Sí, lo sé… – expresó Impa, con una mueca de desagrado, para luego dirigirse a su nieta. – Apaya, hija, acomoda tu habitación para que Link duerma en ella, mientras que nosotras lo haremos en la mía.

- Muchas gracias, Impa. – dijo Zelda, sonriendo. – Lamentamos mucho incomodarlas.

- Gracias, Lady Impa. – dije de la misma manera.

- ¡Nada de eso! – dijo animada. – Verán que dormiremos muy bien, y mañana les prepararemos un buen desayuno de bienvenida. Literalmente ha sido un siglo sin vernos.

Por primera vez veo cómo Zelda esboza una sonrisa fresca, cosa que me contagia y alivia.

- Tu sonrisa es como el sol…

Mi cabeza comienza a doler ante la frase que se vino a mi mente, la que reconozco salida de mis labios.

A alguien se la dije…

- Bueno, con su permiso, me retiro a arreglar las habitaciones. – dijo Apaya. – Luego bajaré a prepararles algo de cenar.

La sheikah menor, al pasar cerca de mí, vuelve a sonrojarse y a mirarme con miedo.

Creo que nunca llegaré a entender a esta chica…


Me despierto en medio de la madrugada, mientras escucho a los grillos cantar en la parte de afuera. Me encuentro solo en la habitación de Apaya, pues ella está dormida con Zelda y las demás en los aposentos de Impa.

Me acomodo para volver a dormirme. Sin embargo, un ruido me saca de mi ensimismamiento.

- ¿Qué fue eso?

Me acerco a la puerta y la abro lentamente, lo que me permite escuchar que en la parte de abajo se escuchan unos ruidos. No dudo ni un segundo en bajar para descubrir de qué se trata, preparado por si es una amenaza. No pienso permitir que nada lastime a las mujeres de esta casa.

Una vez que llego al final de las escaleras, me estremezco y me escondo de inmediato, pues descubro el origen del misterioso ruido.

Impa se encuentra sentada en su asiento de costumbre, mientras con fuerza tiene abrazada a Zelda en su regazo; le reconforta el doloroso llanto que sale de su boca sin piedad, casi ahogándola.

- Impa… se olvidó de todo… no recuerda nada… ¡NADA! ¡No puedo afrontar esto, así no voy a poder!

No recuerdo en mi vida haberme sentido tan destruido…


Comentarios finales:

Hola, excelente inicio semana para todos ^^. Sé que no publiqué tan temprano como de costumbre, pero como dije al inicio, el compromiso es todos los Lunes.

Hemos llegado al quinto capítulo; a veces me parece mentira lo que se ha avanzado.

Este capítulo es lo que podría decirse tranquilo, aunque el preámbulo de todo lo que se viene. Uno de los fines por lo que creé esta historia se debe a que me hubiera encantado que Link y Zelda vivan su aventura juntos, y esta vez lo veo realizado. Ocurrirán hechos conocidos por ustedes, pero otros totalmente nuevos y llamativos.

Las referencias tomadas para este capítulo, creo que una ya la conocen, el encuentro entre Impa y Link que se da en el juego. Ahora, voy a relatar las que usé del libro "creando a un héroe".

El diseño de la tableta sheikah de Prunia está basado en el modelo conceptual que hicieron los ilustradores antes de tener el oficial. Subiré la imagen a mis redes con sus respectivas notas para que puedan verla.

Adicional, también publicaré imágenes de Impa y Prunia, tanto conceptuales como el retrato de esta última de viejita. ¡Atentos a la publicación!

Paso a responder los reviews de invitados:

Sakura: Muchas gracias por leer y comentar. Aprecio mucho que valores el esfuerzo y cariño que empeño en cada capítulo. El que percibas a Link menos distante de Zelda es algo normal, e incluso eso se menciona en el libro "creando un héroe", pues Link ya no se encuentra tan presionado por sus labores como hace cien años, ahora está más en contacto con la naturaleza, consigo mismo y todo lo hace por convicción propia, incluso más que antes.

Niakuru: Creo que todos sentimos el crujido en el corazón de Zelda cuando se dio cuenta de que Link le habló con tanta formalidad. Eso, por supuesto, tiene una razón que ella misma lo irá demostrando a lo largo de esta trama. Esperó encontrarse con algo totalmente distinto por parte de él. Muchas gracias por tu comentario y también te envío un abrazo ^^.

Muchas gracias a todos por leer y comentar. Me hace feliz leerlos a cada uno de ustedes.

Un abrazo ^^

PD: Por favor, recuerden seguirme en mis redes sociales, pues por ellas comparto toda la información y referencias relacionadas con esta historia; ya sea actualizaciones, imágenes de los juegos (BOTW/AOC) o ilustraciones del libro "Creando a un héroe".

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