Capítulo 8: Emociones delirantes

No sé qué es más doloroso e inconcebible. Ser víctima de los recuerdos que más te torturan o de los olvidos que te vacían el corazón despiadadamente.

Link, daría lo que fuera porque llenes tus dudas, porque recuperes lo perdido… lo que perdimos. Sin embargo, ni siquiera sé cómo hallarme a mí misma, menos ayudarte a ti.

Como siempre tan inútil…

- ¿Son sordos o qué? – preguntó el líder de la empresa. – ¡Vamos a demoler la casa! ¡Muévanse!

- Y yo les dije que no lo hagan. – dijo Link, angustiado y enojado. – ¿Hay algo que yo pueda hacer para impedirlo?

Un largo silencio se hace presente, hasta que los hombres lanzan una fuerte carcajada, burlándose de Link. Me molesta ver como se ríen de su angustia, la que solo yo comprendo mejor que nadie.

- Ay, este mocoso… – expresó el más joven de los miembros. – ¿Qué es lo que preten…?

El hombre interrumpe sus palabras para observarnos detenidamente, sobre todo a Link, a quien se le acerca confundido.

- Yo te he visto antes…

- ¿Ah?

- ¡Ya sé! – exclamó sorprendido. – Eres el muchacho al que llevé desmayado hasta el laboratorio. Estabas con esa chica de pelo extraño y la joven que te acompaña.

Ya recuerdo… este es el chico que nos ayudó a llevar a Link desmayado hasta el laboratorio, el que encontramos cerca de la muralla de Hatelia.

- Veo que estás mejor… – dijo, cambiando a un tono de voz burlón. – Pero de la cabeza quedaste mal, pues pretendes interferir en nuestro trabajo.

Link no dice nada ante sus palabras, pero lo percibo firme en su postura. La casa se encuentra detrás de nosotros y él no se mueve por nada.

- Gracias por haberme ayudado… – dijo Link, calmándose. – Pero no estoy loco, y si pretendo que no destruyan esta casa a cambio de lo que pidan.

- ¿Tienes 50.000 rupias? – preguntó el jefe, riéndose. – Dame ese dinero y te la dejo.

- ¡Puedo pagarlos!

- ¡Un momento! – intervine, ya cansada de sus burlas. – No creo que esta casa cueste ese valor. ¡Además, ni siquiera es suya como para que la vendan!

Los hombres se callan ante lo que dije, pero la mirada de Link es insuperable. Quiero abofetearme a mí misma por haber cometido tal indiscreción. ¿Ahora qué explicación daré al respecto? El líder se está acercando a mí, confundido.

- ¿Cómo sabes que esta casa no es nuestra, muchacha? – preguntó serio.

- Yo…

Me mantuve en mi impacto por unos instantes, rogando a mi protectora encontrar una respuesta acertada… a pesar de que moría por no callar más.

- Link está peor de lo que imaginé… por lo ocurrido en nuestro camino para acá, es mejor que recupere sus recuerdos poco a poco y por sí mismo. Sin presiones.

Prunia fue bastante clara en su advertencia. Link no debe recibir impresiones tan fuertes de golpe, pues el tiempo de su recuperación es un enigma. Durante los días que estuvo inconsciente no solo nos dedicamos investigar la tableta sheikah, sino a los efectos secundarios de la cámara regeneradora en el cuerpo humano después de heridas mortales u otras desgracias.

El funcionamiento del Santuario de la Vida aún es un verdadero misterio.

- ¿Qué no me escuchaste, niña? – habló el hombre, indignado, sacándome de mis pensamientos. – ¿Estás ignorándome?

- No es así, lo siento… Solo supuse que la casa no es de ustedes porque… – pensé en algo rápido para salir del problema. – no está tan deplorable, por lo que no entiendo por qué desean derribarla.

- Construcciones Karud, quien hace honor a mi nombre, se reserva la confidencialidad de su información… – mencionó el hombre. – Sin embargo… podríamos negociar.

Link presta gran atención a las condiciones de Karud, de la misma manera que yo. Espero que esto no sea otra broma para burlarse de su entusiasmo.

- Voy a venderte esta casa a un precio de oferta… – dijo Karud. – Nada más y nada menos que en 3.000 rupias.

- ¿Y a qué se debe tanta consideración? – preguntó Link, dudoso.

- Tienes agallas, muchacho, y eso me ha convencido. – respondió el constructor. – A decir verdad, se me dispuso que haga lo que quiera con esta casa, que ya no tenía importancia, así que decidí demolerla para agrandar mi negocio anexo de bienes raíces… y para eso el dinero me conviene.

- Puedo conseguir ese dinero… solo dame tiempo.

- Tendrás unas cuantas semanas. – indicó el hombre, sonriendo. – Pero eso sí… tendrás que conseguirme, adicional al costo, treinta cortes de leña. Es lo menos que puedes hacer si casi te estoy regalando esta casa.

- Así será…

- Bien. Es un trato, entonces…

Karud estira la mano para cerrar el trato con Link, cosa que él le corresponde. Me siento tranquila de ver que esta casa no será destruida.

- ¡Karid! ¡Karad! – llamó el hombre. – Cambio de planes, la casa ya está separada.

Los hombres se acercan y en ese momento los identifico. Karad es el más joven, el que nos ayudó con el desmayo de Link, y Karid es el de mayor edad. Ambos sonríen.

Es sorprendente ver cómo la tensión del ambiente se fue con un armonioso acuerdo.

- Construcciones Karud ha cerrado un trato con este joven llamado…

- Link… – intervino él… – así me llamo.

- Con este joven llamado Link. – terminó su frase. – Le vendí la casa a precio de oferta y a cambio nos traerá la madera necesaria. Con ese capital podremos seguir con nuestros sueños… especialmente con uno.

Karud da unos cuantos pasos al noroeste, siendo seguido por su personal. Me parece o… ¿se están enfocando a la dirección del castillo? Solo puede verse la punta de su parte más alta, pero aun así sé que está ahí.

- Mi madre fue una mujer fuera de su época. Mientras las demás se dedicaban exclusivamente al hogar, ella fue la primera constructora de su género. – comenzó a contar Karud, nostálgico. – Fue la manera en la que ella me sacó adelante cuando aquel ser llamado "padre" nos abandonó.

- Por siempre en nuestra memoria, la señora Karim. – recordó Karid, sonriendo.

- La conocí muy niño, pero aun así la recuerdo con aprecio. – continuó Karad.

Mi caballero y yo escuchamos atentos la historia de Karud, y por mi parte entiendo ese sentimiento mejor que nadie. No hay nada más doloroso que la ausencia de una madre.

- Ella fue la fundadora de Construcciones Karud, y es por eso que me he propuesto continuar con su gran sueño… – continuó el hombre. – Reconstruir esta tierra devastada por la Calamidad y devolverle la gracia que alguna vez tuvo.

Me conmueve terriblemente escuchar los ideales de este hombre, los de una mujer que ya no está en este mundo, como mi madre. Mi pesimismo me ha hecho ver imposible el solo pensar el reconstruir este reino, pero personas ajenas a mi pasado lo desean hacer.

- Y lo lograremos, cueste lo que cueste. – decretó Karud.

- ¡ASÍ ES! – gritaron los otros hombres, entusiasmados.

No puedo evitar dar unos pasos adelante para hablar con ellos y expresarle mis emociones ante sus palabras.

- Los felicito por tan hermoso sueño. – dije sonriendo. – Es gratificante encontrar personas que, a pesar de vivir en una tierra destrozada, aún quieran devolverla a su esplendor.

- Es en las catástrofes donde nacen las oportunidades, y qué mejor que este reino. – respondió Karud. – Será difícil, pero no imposible.

Me maravillo con las palabras del jefe de la empresa, sintiendo como me contagia su entusiasmo. Poco después se acerca Karad a mí, sonriendo de una manera algo peculiar.

- Ahora que te veo bien, eres muy bonita. – expresó el joven. – ¿Cómo te llamas?

A pesar de sentirme algo apenada, me disponía a responderle. Sin embargo, Link se acerca a mí y me toma del brazo con delicadeza, alejándome de Karad.

- Te sugiero que mantengas tu distancia… – dijo Link, serio. – No te pases de confianzudo.

- ¿Y por qué debería hacerte caso?

- Porque soy el encargado de la seguridad de la prin…

Aprieto un poco el brazo de Link para que no continúe, pues de ninguna manera deseo que revele mi verdadera identidad. Sería una completa locura.

- Tranquilo, Link… – digo, suavizando mi agarre y sonriéndole. – Se ve que todos son respetuosos y buenas personas.

Link me mira más serio, hasta podría decir que con el semblante fruncido. Poco después se calma, dándome un poco de distancia.

- Mi nombre es Zelda. – respondí. – Mucho gusto.

- ¿Zelda? – preguntó Karud. – ¿Acaso eres la princesa?

Sentí como el corazón se me salió del pecho ante semejante pregunta, mas poco después los tres hombres se rieron a carcajadas, acabando con el incómodo silencio.

- Una broma, muchacha. – respondió el líder. – De vez en cuando vale la pena reírse de absurdos.

- ¿Pero por qué ese nombre? – preguntó Karid, curioso.

- Digamos que… me lo otorgaron en honor a ella.

- Pues siéntete honrada, Zelda. – dijo Karud. – Pues según las historias de mi madre, gracias a ella la Calamidad fue sellada. Y yo le creo.

No sé si hablan de mí como si aún estuviera con la fatal compañía de Ganon… o muerta. Igual eso es lo de menos, pues en esos cien años de cautiverio ambas cosas eran casi lo mismo.


A pesar de que no lo demuestre, percibo a Link más tranquilo desde que pudo impedir que destruyan la casa y separarla para él. Por su bien, no puedo intervenir mucho en ese asunto, pero cuando encuentre el momento oportuno quizás le pregunte la razón de tanto interés por ella, y talvez así recupere algo relacionado con su vida pasada.

Junto con Epona, estamos abandonando la aldea Hatelia, mas nuestro paso se detiene frente a un lugar que llama la atención de Link.

Sin duda me va a terminar matando con cada novedad con la que se encuentra en el camino…

- ¿Por qué nos hemos detenido?

Link no me da respuesta, pues para mi sorpresa me toma de la mano y me adentra con él al local, abriendo la puerta con entusiasmo. Poco después me mira pálido y se separa de mí, avergonzado.

- Princesa… – expresó, casi sin poder hablar. – Lo siento, no debí…

- Cálmate, Link. – respondí, soltando una carcajada. – No tiene nada de malo que me tomes de la mano.

- Aprecio su sencillez, princesa… pero no sé por qué lo hice.

- Quizás ya soy un poco más familiar para ti. ¿No crees?

Veo que Link se pone más nervioso con mi pregunta, lo que causa que yo también me sienta de esa manera. Aún siento la sensación de su mano tocando la mía…

Ni cien años han esfumado ese incomparable tacto.

- Quizás sí se me hace familiar, pues recuerdo pocas cosas de usted. – respondió serio. – Y es por eso que sé el lugar que me corresponde.

- No existe un reino ni una guardia real a la que debas serle fiel…

- Pero lo soy a mis convicciones… y para un desmemoriado como yo, aferrarse a eso es suficiente.

Volteo ligeramente el rostro para que mi caballero no me vea, pues siento que mis mejillas arden.

Link… como siempre dejándome vulnerable y sin palabras.

Una vez que salgo de mis pensamientos, me doy cuenta de que nos encontramos en una tienda de ropa. Link parece buscar algo con mucho interés, hasta que se detiene en una esquina y me llama.

- Mire, princesa…

Link me enseña un maniquí con una vestimenta de mujer. Una capucha azul marino tipo turbante con detalles rojos en el centro; una túnica del mismo color con estampado de cuadros y cinturones cruzados; más un pantalón café oscuro.

- Princesa, llevaremos este traje para usted. – indicó Link. – Parece que si le queda.

- ¿Qué? – pregunté sorprendida. – ¡Link, no es necesario, en serio…!

- Necesita variar su vestimenta por comodidad y seguridad. – respondió sonriendo. – Además, seguro se le verá bien…

Otra vez vuelvo a sentirme indefensa ante sus palabras, las que de inmediato se callan al saber la supuesta indiscreción cometida. ¿Aún quedará algo del Link que solo yo logré conocer?

- Lo siento… de nuevo…

- Lo quiero… – respondí nerviosa, sabiendo que volvería a hacerlo de nuevo. – Me gusta esa vestimenta, llevémosla.

- Bien, iré a pagar…

Link saca una de las gemas que Impa nos dio para poder intercambiarlas por dinero, y con una parte de lo obtenido, compra la vestimenta. Poco después se acerca a mí para entregármela.

- Gracias, Link.

- No es mérito mío. – respondió. – Gracias a Impa que nos ayudó con algunas cosas. Sin embargo, más adelante tendremos que arreglárnosla.

- Link… – una idea vino a mi mente al ver las rupias. – Y con ese dinero no podrías…

- De ninguna manera. – dijo serio. – Deseo obtener la casa por mis propios medios, sin que nadie me ayude.

- Pero es que ese dinero es nuestro… – respondí. – Desde el momento que está en nuestras manos, es así.

- Prefiero mil veces tenerlo para alguna necesidad en el camino… para lo demás sabré como resolverlo.

He olvidado lo terco que eres cuando algo se te mete en la cabeza… pero esa es una de las cualidades más grandes que posees.

- Vamos al bazar que se encuentra cerca de aquí. – sugirió mi escolta. – Venden víveres y agua fresca, lo que si necesitaremos para el viaje.

Salgo contigo, llevando mi nueva prenda… la que espero te agrade cuando me la veas puesta.


Nos abastecimos con lo que más se pudo para el viaje, e incluso pienso que exageramos…

La mayoría de las cosas que compramos fue comida, demasiada para lo que yo estoy acostumbrada, pero luego recordé lo mucho que le encanta a Link. Cuando tiene hambre es capaz de comer lo que sea sin importar qué.

Tantas anécdotas…

Salimos de la Aldea Hatelia y nos dirigimos a activar la torre de Necluda. Por supuesto, yo espero a Link con Epona, mientras que él intenta encontrar la forma de subir, pues el camino está cubierto por enredaderas espinosas. Sin embargo, gracias a las flechas de fuego que compró en el bazar puede destruirlas y cumplir con su meta sin problema.

Una vez activada la torre y el mapa de esta zona, tomamos el camino del Norte para dirigirnos a la región de Lanayru.

No tengo cara para acercarme a ese lugar…


La noche nos cayó encima ni a la mitad del viaje, lo que me hizo recordar la grandeza de este reino, el que ni siquiera en el pasado llegué a conocer del todo, pues todo se detuvo con la muerte de mamá; y con respecto a mi misión, solo me dirigía a los sitios estrictamente necesarios, como se lo está haciendo en esta ocasión.

Sin embargo, hacer este viaje con mi escolta, por segunda vez, se ha vuelto diferente, pues prácticamente nos estamos conociendo de nuevo.

Nuestro cansancio obliga a Link a buscar un sitio seguro donde acampar a la intemperie, lejos del frío o de monstruos que pudieran acecharnos.

- Princesa, este sitio me parece adecuado para descansar. – expresó aliviado. – ¿Sabe o recuerda usted cómo se llama?

- Nos encontramos en la llanura de Kayan. – respondí, conociendo bien el lugar. – El sitio se caracteriza por ser libre de monstruos y estar habitado por ciervos de toda especie. Es un sitio agradable.

- Entonces con más razón podemos quedarnos aquí.

Dejamos a Epona descansar en un rincón de la zona, mientras que Link y yo nos sentamos bajo un árbol, sitio en donde se podía hacer una fogata. Yo no tengo idea cómo hacer una, pero eso no es problema para él.

- ¿Recuerdas cómo encender una fogata?

Link endurece su semblante ante mi pregunta, por lo que lleno de dudas mira las ramas que tiene en las manos. Sin embargo, poco después sonríe y procede a agacharse en el pasto para encenderla con toda seguridad.

- Mi mente no tiene idea lo que hace, princesa. – respondió. – Pero mis manos al parecer si lo recuerdan. No comprendo cómo lo sé, solo conozco como hacerlo y quiero aplicarlo.

Más se demora en darme esa explicación que en encender la fogata, la que rápidamente calienta nuestro entorno. Link saca de su alforja algunos de los vegetales que compró en el bazar, pero adicional unos trozos de carne.

- ¿Y esa carne? – pregunté sorprendida. – ¿La compraste en el bazar?

Link sonríe nervioso ante mi pregunta y no comprendo por qué…

- Princesa… – expresó consternado. – No sé cómo explicarle esto…

- Solo hazlo, Link. Sin rodeos…

La verdad me desespera con su actitud. ¿Tanto le cuesta decirme las cosas como son?

- Quizás no me crea… – dijo nervioso. – Pero esta comida, la otra ropa que tengo guardada, entre otras cosas… me las facilitó su padre, el rey.

Por un segundo mi corazón se detuvo al enterarme de semejante noticia, y por primera vez asimilo lo que Link me dijo el día de nuestro reencuentro. Mi padre aún se encuentra deambulando en este mundo… relacionándose con este fatal destino.

- Por favor, cuéntame cómo fue el encuentro con mi padre.

- ¿Está segura? – preguntó preocupado.

- Sí… ¿Cómo está? ¿Qué cosas hablaron?

Son las primeras preguntas que se me ocurren para saber de él… a pesar de tener miedo de saberlo.

Seguramente se siente como un alma en pena, desdichada porque su única hija fue incapaz de cumplir a tiempo con sus obligaciones.

- Cuando desperté de mi letargo, él fue la primera persona con la que me encontré en la Meseta de los Albores. – comenzó a relatar. – Inicialmente, me mantuvo en completo misterio sobre mi situación, incluso hasta se burlaba de mí.

¿Mi padre burlándose? ¿Siendo gracioso? Imposible…

- Un ejemplo de eso son las trabas que me puso para darme "su tesoro más valioso…"

Mi caballero saca de su alforja un pedazo de tela que a simple vista parecía común. Sin embargo, cuando lo vi junto con el soporte que lo forma, y sobre todo el símbolo que lo adorna, quedo impactada.

- Una paravela…

Tomo el manto como si se tratara de un tesoro, luchando con todas mis fuerzas para que las emociones no me exploten. Link nota mi estado, por lo que se acerca más a mí, preocupado.

- Princesa…

Alzo mi rostro para mirarlo, perdiéndome en la entremezcla de sus zafiros con el ardor de la fogata. Me desvanezco en la intensidad de sus pupilas, las que me arrastran a la parte más primitiva de mis sentires.

- Alteza…

Salgo de mi estado al escuchar semejante llamado, tremendo insulto… títulos que me enervan hasta el punto de hacerme hervir la sangre.

Formalidad… nefasta distancia.

- Link… – hago a un lado mis emociones para darle una respuesta. – Esta paravela, o más bien, el manto que la forma, tiene un significado muy especial para mi familia. Es creación de mi madre.

- ¿De la reina?

- Así es… – respondí, conteniendo el dolor de recordarla. – Cuando yo era niña y mi padre gozaba de buen físico y juventud, siempre volaba con su paravela, lo hacía todos los fines de semana al amanecer.

Las pupilas de Link se abren más al escuchar mi relato, incluso se pone más cómodo para seguirlo haciendo.

- No tuve la oportunidad de saber muchas cosas de mi madre por la temprana edad en la que la perdí. – expresé apenada. – Pero si alcanzó a contarme que la paravela fue un regalo de compromiso de ella para él.

- Eso quiere decir que el rey… – Link se detiene a mirar la paravela, sorprendido. – tiene esto desde hace más de cien años…

- Así es. Ese objeto no es cualquier cosa, pues está imbuida por misteriosos poderes. – hice una pausa, llenando mi memoria de algunos recuerdos de mi infancia. – Incluso yo tuve una…

- ¿Qué? – preguntó sorprendido. – ¿Una idéntica a esta?

- Sí, también regalo de mi madre… pero nunca aprendí a usarla.

Mi paravela ya no existe… pero sí los recuerdos de las manos que me la dio.

*.*.*.*.*

Tus pasos siempre fueron inconfundibles para mí. Ya sea por tus tacones pisando con delicadeza el mármol del castillo o tus fuertes botas rozando con la tierra que se cruzaba en nuestras investigaciones.

Sin embargo, ese día me encuentro en algo tan interesante que hallé que no me di cuenta de que estás atrás mío.

- Zelda…

- Mamá… – me di la vuelta para mirarla mejor, emocionada. ¡Mira lo que encontré!

Mamá se agacha a mi altura para observar con más detenimiento mi descubrimiento. Lo palpa algunas veces, cosa que aumenta mi ansiedad.

- No sé exactamente qué es, pero sin duda posee energía ancestral. – señaló ella, sonriendo. – Buen trabajo, cariño.

- ¿Y qué haremos con esto?

- Guárdalo. – ordenó ella. – Estoy segura de que algún día le encontrarás alguna utilidad.

- Como digas, mamá… – respondí. – Se lo enseñaré a papá, seguro le gustará también.

- Me parece bien, pero mejor otro día… – me indicó sonriendo. – Sabes que él siempre está ocupado.

Sigo observando el objeto con curiosidad, ignorando un poco los movimientos de mi madre. Poco después me saca de mi ensimismamiento…

- Tengo una sorpresa para ti, hija.

- ¿Una sorpresa? – había dicho una de las palabras mágicas. – ¿Qué es? ¡Dime!

- ¡Calma, mi pequeña! – ordenó sonriendo. – ¿Recuerdas que te conté sobre el regalo que le hice a tu papá cuando éramos novios?

- Sí…

Por fin mi madre me muestra la sorpresa que me tenía guardada. Una paravela idéntica a la de mi padre, la que por tanto tiempo le he pedido a él que me enseñe a usar y no lo hace porque "es peligroso".

- ¡Una paravela! – exclamé emocionada. – ¡Y solo para mí!

- Así es, princesa. – respondió mamá, contenta. – La hice especialmente para ti y la podrás utilizar cuando seas más grande.

- ¿Qué? – pregunté con decepción. – ¿Entonces no podré usarla todavía?

- Espera a crecer un poco más. – dijo ella. – Te prometo que el tiempo pasará muy rápido y tu papá te enseñará a emplearla.

- Papá nunca quiere enseñarme. – expresé apenada. – Quiero que lo hagas tú, que me ayudes a usarla cuando crezca.

- ¿Yo? Bueno… – hizo una pausa, trabando sus palabras. – Claro, hija… sea como sea aprenderás.

Abrazo a mamá agradecida y feliz por su hermoso regalo, esperando que el tiempo pase veloz para que me enseñe a volar con la paravela por los cielos.

*.*.*.*.*

Fue mamá la que voló a los cielos, pero sin mí…

Aquel recuerdo fue uno de los otros pendientes que dejó mi madre al morir y que nunca pude entender. Por supuesto, jamás aprendí a usar la paravela, pues mi padre se centró en el cumplimiento de mi misión. No debía tener cuerpo y alma para nada más…

- ¿Se siente bien, princesa?

Link me saca de mis recuerdos de inmediato, por lo que me repongo para responderle. De ninguna manera puede verme débil.

- Me siento bien, Link, solo me perdí un poco en los recuerdos de mi paravela. – respondí, forzando una sonrisa.

- Comprendo. – dijo aliviado. – Por un momento creí que se sintió…

Link detiene abruptamente sus palabras. Al inicio no entiendo por qué, pero el olor a quemado me da todas las respuestas.

- ¡Ay no! ¡Las brochetas!

Link salta como un resorte para salvar la comida de las llamas abrasadoras. Inevitablemente, lanzo una larga carcajada ante eso, causando en él vergüenza y sonrojo.

- Lo siento tanto, princesa. – dijo apenado, agitando la comida. – Pero por suerte no se quemaron, logré rescatarlas a tiempo.

- Seguro quedaron deliciosas. – dije sonriendo. – Muero por probarlas.

No sé si fue idea mía o un efecto de mi frase, pero veo a Link esbozar una de las sonrisas más frescas y auténticas que he visto hasta ahora… al menos en esta era.

- Espero le guste, princesa.

- Gracias, Link.

Al primer bocado que doy a la brocheta la siento exquisita, y aunque parezca ridículo, es lo más delicioso que he probado desde hace mucho tiempo, sobre todo por las manos que lo hicieron.

Después le pediré a Link que me siga contando sobre el espíritu de mi padre… pues este momento se ha ganado mi absoluta atención.


No sé cuánto tiempo he dormido, pero lo que sí estoy segura es que han sido unas pocas horas.

Dormir a la intemperie no es algo a lo que haya estado acostumbrada, pero cualquier cosa, hasta el lugar más incómodo, es un paraíso comparado con la presencia de Ganon. No hay palabras tangibles para explicarlo, y por esa razón no conozco manera de expresar lo vivido.

Con varios artículos que Impa nos facilitó, Link construyó una especie de tienda para que descansemos… claro está, una para cada uno y en árboles separados.

A pesar de ser algo improvisado, el sitio de descanso está bastante cómodo. Siento que el sueño quiere regresar a mí…

- Zelda…

Me levanto de golpe al escuchar que una voz me llama. No es la de Link, de eso estoy segura.

- Zelda…

Me acerco a Link para comprobar si está despierto… y duerme como un tronco.

¿Qué es esa voz que me llama? ¿Por qué me llena de ansiedad?

- Zelda, ven…

Ahora identifico de dónde proviene la voz, por lo que la sigo con angustia y sin entender por qué.

- Aquí estoy, Zelda…

Siento como la escucho mejor a medida que me aproximo a unos arbustos, y una vez que los traspaso, quedo impactada y enmudecida.

- No…

Estoy soñando, no hay otra razón. No puede ser que pueda ver algo como esto, es imposible.

- ¿Por qué me miras así? ¿No escuchaste que te llamaba?

Poco a poco te acercas hacia mí, mientras el sonido del pasto se pierde con el de tus botas…

Vuelvo a encontrarme con tu encantadora figura, usando el traje que en estos momentos me encuentro vistiendo… con tu azulada mirada, con tu blanca piel, con tu cabello rubio cenizo que tanto amaba acariciar para arrullarme por las noches, y el que en nuestras salidas adornabas con una trenza.

Hoy vuelvo a deleitarme con tu mirada… te vuelvo a ver, mamá…

- Zelda… cuánto has crecido mi pequeña… – expresó encantadora. – Siempre supe que ibas a convertirte en una hermosa dama, en toda una Diosa.

Mi cuerpo está paralizado, mis ojos y boca se encuentran secos, soy incapaz de articular palabra…

Mamá se acerca a mí y me abraza, pero yo me encuentro incapaz de alzar los brazos para corresponderle. Solo siento temblores insoportables en el cuerpo, una mezcla de sorpresa y pánico.

- Perdóname por haber volado a los cielos sin ti… – dijo ella, apenada y sin dejar de abrazarme. – Pero ahora todo será diferente, pues vengo por ti para que estemos juntas para siempre.

Solo a alguien… solo una vez le expresé que lo que más anhelaba era irme con mi madre. Y ahora se me está presentando la oportunidad, lo que lloré por tantas noches de mi vida.

- Ven conmigo, princesa… por siempre juntas.

Siento como mamá me libera de su agarre, por lo que, ansiosa, me acelero para ver su rostro… la respiración se me paraliza brutalmente.

- Princesa… ¿quieres que te cuente una historia?

Intento moverme, pero no puedo, tampoco logro articular palabra. No entiendo en qué momento la dulce imagen de mamá fue reemplazada por el rostro que por años me causó terror, al que siempre logré esquivar. Sin embargo, mi peor pesadilla se ha cumplido, pues ahora lo tengo frente a mí, tomándome de los brazos.

¿Por qué siempre has sido tan extraño?

- No… No… déjame… – mi voz por fin sale de mi garganta, temblorosa y llena de pánico. – ¡DÉJAME! ¡SUÉLTAME!

- ¡DAME EL MALDITO PODER, PRINCESA! – gritó, mirándome con su ambarina mirada sin expresión. – Mamá por fin se fue, así que nadie podrá…

No comprendo cómo pude encontrar las fuerzas para separarme de él, pero me aterro más al sentir como mi cuerpo es inmovilizado y algo no me permite escapar.

- ¡SUÉLTAME! ¡NO QUIERO QUE ME LLEVES! ¡NO!

- ¡Princesa, cálmese, por favor! ¡Vuelva en sí!

Mi cuerpo es volteado con fuerza y me encuentro con los ojos de Link, quien me mira angustiado mientras me sostiene de los brazos.

El corazón se me sale del pecho, me esfuerzo por lograr respirar mejor.

No comprendo qué está pasando…

- Link…

- Princesa… – me llamó angustiado, sin soltarme del agarre. – ¿Qué hace usted por aquí? De no haber sido por sus gritos, jamás la hubiera escuchado.

Mi respiración se agita, el oxígeno no entra a mis pulmones… siento que me muero, que desfallezco.

- No quiero que me lleve…

- ¿Qué? ¿Qué la lleve quién?

- ¡Mi madre…! ¡Vi a mi madre y luego quiso llevarme! ¡Se convirtió en un ser horrible…! – estaba fuera de mí, ni yo misma entendía las estupideces que decía. – ¡No quiero irme con él! ¡CON ÉL NO!

- ¡CÁLMESE, PRINCESA! ¡POR FAVOR! – gritó, Link, agitándome. – ¡Todo ha sido un sueño, una pesadilla! No es real…

- ¡SI ES REAL! ¡YO LO VI!

- Princesa… piense por favor. – me pidió Link, desesperado. – Su madre nunca, jamás haría algo para hacerle daño.

A pesar de estar aterrada, siento como mi respiración se tranquiliza y mi corazón se calma… Link tiene razón, mi madre jamás me haría algo como esto, sobre todo convertirse en él… en ese infame.

- Link…

Me desvanezco, sin poder contenerme más. El llanto se apodera de mí, mientras las lágrimas salen descontroladas por mis ardidos ojos, los que aún no pueden creer la imagen tan horrenda que vio, tan nefasta y real. No puede ser que me esté volviendo loca, que la influencia de Ganon me haya afectado peor de lo que imaginaba.

Estoy delirando…

Siento como Link me toma entre sus brazos con fuerza… y yo me aferro a él, desesperada por sentirme segura, por volver a tenerlo muy cerca de mí. Es lo único que me importa ahora.

- Tranquila… – expresa Link, consolándome con caricias en mi cabeza. – Ya estoy aquí y nada malo va a pasarle.

Gracias por siempre estar ahí, Link…


La noche se me hizo eterna, mas el amanecer llegó rápidamente. Qué contradicción.

No sé cómo me siento en estos momentos. Una mezcla de terror por lo que viví anoche y al mismo tiempo alivio por haber vuelto en mí gracias a la intervención de Link. Me cuesta mirarlo a los ojos después del papelón que hice con él… pero no me arrepiento, necesitaba tenerlo cerca, aunque sea por esa vez.

Solo me pregunto qué cosas están pasando por su cabeza en estos momentos…

Me encuentro detrás de unos arbustos y ramas cambiándome de ropa. Esta vez me puse el conjunto nuevo que Link me compró en el bazar de la aldea Hatelia, y para ser sincera se siente bastante cómodo. No puedo ver mi reflejo, así que espero que me quede bien.

Una vez salgo de mi improvisado biombo, me encuentro con Link, quien está vestido con una vestimenta parecida a la mía.

- Princesa…

Mi caballero me observa de una manera que me hace sentir extraña y no sé cómo tomarla. No quiero hacerme ideas irreales.

- Link…

- Prin… – aclaró su garganta para poder hablar. – Dígame, princesa.

- Debemos continuar con el viaje. – indiqué seria. – No estamos tan lejos de la torre de Lanayru para que la actives… y luego de eso debemos ir a la región de los Zoras.

Sin perder más tiempo nos embarcamos en Epona. Tarde o temprano debía darle cara a los Zoras…


Llegamos a la torre de Lanayru en un par de horas. Aun el sol está en su cauce.

Una vez que Link activa la torre, evitando que los monstruos de los alrededores nos vean, nos dirigimos a la parte Este para cruzar el puente de Inogo, el camino que nos llevaría al hogar de los Zoras.

Los nervios me martirizan sin que pueda demostrarlo. Por primera vez en cien años tendré que enfrentarme a los errores del pasado, por la encantadora alma que se apagó por mi culpa.

Por ella…

- ¡CUIDADO!

Todo a mí alrededor se lentifica, hasta casi detenerse el tiempo. Solo visualizo como armas punzantes se dirigen a mí, dispuestas a acabarme.

Sin embargo… regreso a la realidad al sentir como un peso cae en mí, mientras un sonido penetrante y un quejido de dolor me ensordecen los oídos.

Caigo al suelo con Link encima de mí, quien ha recibido el impacto de las armas para protegerme.

- ¡Link!

Me muevo un poco para liberarme de su peso, descubriendo como parte de mi traje se ha manchado con su sangre.

No concibo lo que ocurre… no soporto verlo herido una vez más por mí.

- ¡Link! ¡Resiste, por favor! – grité desesperada, colocando mi mano en su herida para detener la hemorragia.

Sigo con mi vista fija en mi caballero, hasta que percibo como una imagen corpulenta se posiciona frente a mí.

Intimidante y fiero me observa un gran ser de cuerpo carmesí…


Comentarios finales:

Queridos lectores, me siento muy feliz de saludarlos de nuevo.

Han sido dos semanas de ausencia, pero como les prometí regresé en la fecha establecida. Quiero dar las gracias a todos por su apoyo con el asunto de la salud de mi gatita, la que gracias a Dios ya se encuentra bien. En lo que respecta a mí, estoy mejor; me dio una gripe, pero ya estoy recuperada.

A partir de ahora, si nada se presenta, seguiré actualizando una vez a la semana.

Espero les haya gustado este capítulo, ahora narrado desde la perspectiva de Zelda. Hablé un poco sobre los miembros de Construcciones Karud, agregando ciertos temas de mi autoría, pero lo que sí es canon es el deseo de ellos de reconstruir el reino, y eso se menciona en el libro "Creando a un héroe". Pondré la referencia en mis redes sociales.

Y sobre las visiones de Zelda y el final… solo quedo en espera de sus comentarios, a ver si tenemos las mismas ideas. Como pista, hay una referencia de AOC.

El diseño del traje de Zelda lo saqué de los modelos elaborados por fans para jugar con ella en BOTW. No recuerdo si se llaman Mods, o algo así. Agradecería que me corrijan si estoy usando mal el término. La foto también la compartiré en mis redes.

No tengo más que decir sobre el capítulo, pues ahora me centraré en dar mi opinión con respecto al pequeño teaser de la secuela de BOTW.

El tráiler ME ENCANTÓ tanto que no puedo dejar de verlo hasta el día de hoy. Pienso que Link es el mismo de siempre, pero que ahora tendrá que relacionarse con su yo del pasado y volverse uno solo. Y sobre el villano, es Ganondorf, no tengo ninguna duda de eso. Me gustaría también leer sus teorías al respecto.

Espero que el tiempo pase rápido y podamos tener el juego en nuestras manos. Mientras tanto, podemos deleitarnos con el SS HD y los DLC de HWAOC, el que a pesar de tener críticas, a mí me gusta mucho y lo estoy pasando actualmente.

En fin, sin nada más que decir, les agradezco a todos por su paciencia y apoyo. Nos vemos el siguiente Lunes.

Un abrazo ^^