Capítulo 10: Recobrada amistad
La vida del pequeño Sidon me importa, pero sin duda mi motivación principal para ayudarlo es Mipha, la amiga a la que no necesito recordar para guardarle cariño. Sé que si estuviera viva, sufriría por la suerte de su hermano.
Con el impulso del momento me di cuenta muy tarde que estaba desarmado, pero no había vuelta atrás, ya no podía perder más tiempo en ayudar a Sidon, además que no iba a demostrar duda o cobardía delante de todos… delante de Zelda. Sería vergonzoso e inaceptable.
Para mi suerte, en el camino me encontré con algunos moblins y bokoblins dormidos, a los que con mucho sigilo pude arrebatarles las armas, y cuando se dieron cuenta de mi presencia acabé con ellos. Conseguí dos escudos, uno de viajero y otro de madera; también las espadas correspondientes a cada uno y unas cuantas flechas con diferentes funciones. Creo que con eso podré defenderme… espero.
Sigo con mi ascenso al Monte Trueno, y a medida que me acerco la cantidad de monstruos a los alrededores se disminuye y el ambiente comienza a sentirse más pesado. Hasta que algo me desenfoca de mi meta…
Mi agilidad ayuda a evitar el tremendo rayo que casi me ataca, lo que me hace detener el corazón por unos segundos y asimilar la situación. Aún no conozco al enemigo que me espera y sé que es muy poderoso, y lo que más me preocupa es que Sidon, por su condición de Zora, es altamente vulnerable a los rayos. No puedo creer la irresponsabilidad del Consejero Muzun al enviarlo a este reto.
- Claro, como el viejo no es el que se arriesga…
Prefiero dejar de lado mi fastidio y seguir el camino, en el que me toca seguir esquivando los rayos que buscan pulverizar a todo lo que se le cruce. Me siento cada vez más ansioso, pues siento que lo que me espera no será nada bueno…
Siento temor…
Cuando llego a la cima del Monte Trueno, me escondo en unos arbustos para observar de lleno el panorama. Encuentro a Sidon sin moverse, sin casi respirar, observando a un ser de gigantescas magnitudes y extraña forma… mitad caballo, mitad hombre.
Observándolo detenidamente, me doy cuenta de que es el mismo ser con el que acabé en mis sueños, con el que el pequeño Sidon pretendía enfrentarse. Ahora el príncipe ha mejorado y es más fuerte, sin embargo, percibo en él inseguridad, a pesar de que no se deja llevar por eso. Por más aterrado que se encuentre, su determinación por cumplir con su meta es enorme.
- ¿Me recuerdas, Centaleón? – preguntó Sidon, esforzándose por mostrarse seguro. – Hace más de cien años me hiciste quedar en ridículo, pero esta vez vengo por la revancha. No comprendo cómo volviste a la vida, si fuiste aniquilado por…
El príncipe se silencia al escuchar el rugido de la bestia, la que desenvaina sus armas para fulminarlo; una espada de hoja gruesa y un escudo con apariencia ligera, pero robusta; adicional al arco que posee en sus manos con flechas eléctricas.
Las flechas son lo que más me preocupa…
La colosal bestia lanza otro fuerte rugido al aire con la intención de asustar a su contrincante. Sidon se impacta, pero aun así no baja la guardia, y en ese momento desenvaina sus tridentes y se dirige con prisa hacia él.
- ¡No te tengo miedo! – gritó Sidon, dirigiéndose a su contrincante. – Vas a sentir cómo funcionan estas armas…
En el momento en que los cuerpos del Centaleón y Sidon están a punto de rozarse, este último da un salto magistral, con tal habilidad cuál ser marino saliendo del agua, pero sin esta. El príncipe prepara sus lanzas y las dirige al lomo de la bestia para incrustarlas, pero estas no tocan su cuerpo, dejándolo impactado. Con eso me doy cuenta de que la osamenta del monstruo no es únicamente pelaje y piel, sino que está cubierto por una fuerte armadura.
Aún no logro entender del todo a lo que Sidon se refirió al decir que el Centaleón lo hizo quedar mal hace cien años, e incluso que había revivido. ¿Cómo pudo haber ocurrido algo como eso? A menos que la bestia haya estado en letargo como yo…
Sidon no se rinde, y da un salto para volverse a poner de frente al Centaleón, el que comienza a formar una esfera de fuego en su boca y la lanza de lleno al príncipe. Sidon la esquiva tres veces, las que logro contar, para después alzar sus tridentes y unirlos entre sí para formar algo que mis ojos no conciben. Agua sale de la tierra, tomando la forma de un pez que embiste con fuerza al Centaleón y lo hace vociferar de dolor, pues al extinguir el fuego lo fue lesionando en el acto.
Al ver el estado de su enemigo, Sidon sonríe satisfecho, incluso me da algo de gracia porque aún conserva la misma expresión que de cuando era niño, la que tenía para su hermana mayor.
Sin embargo, la sonrisa del príncipe no dura mucho, pues a una velocidad brutal, la que ni yo mismo pude ver por haberme perdido en mis recuerdos, el Centaleón lo embiste de lleno, hundiendo su escudo en su abdomen y empujándolo con violencia hacia una de las rocas del lugar.
No quise intervenir en todo este tiempo porque veía a Sidon determinado a pesar de sus nervios, pero no puedo hacerme el desentendido. Salgo de mi escondite y comienzo a acercarme lentamente para no llamar la atención del Centaleón.
- Vete…
Detengo mis pasos, pues a pesar de la distancia, mis oídos me permiten escuchar los susurros de Sidon, quien con dificultad se reincorpora para seguir enfrentando a su enemigo.
- Príncipe Sidon…
- Vete, Link… – pidió hablando con dificultad. – Esto solo me corresponde a mí, no te metas.
- No voy a dejarlo solo en esto, príncipe. Por favor…
Mis palabras no sirvieron de nada, pues una vez que Sidon se pone de pie salta hacia el Centaleón, golpeándolo de lleno en la cara con uno de sus tridentes. La bestia se enfurece más, por lo que agarra una de las armas para arrancársela de las manos y lanzarla por los aires.
No puedo describir la reacción de Sidon al ver que su arma vuela por los aires, mirándola como si hubiera perdido algo valioso. Aprovechando su descuido, el Centaleón lo vuelve a golpear con velocidad y violencia. Esta vez la embestida lo mandó hacia un árbol, causando que su cabeza sangre. Aun lastimado, no deja de mirar la otra de sus armas a lo lejos.
- No… no puedo hacerlo sin tu ayuda… Mipha.
Es ahí que me doy cuenta de lo que está pasando, donde mis recuerdos de nuevo me transportan. Una de las armas con la que Sidon se protegía era similar a la de Mipha, la que ella usaba para sus entrenamientos y le daba al agua la forma que quisiera.
Mis piernas se mueven solas ante el impulso de no permitir que lo más valioso para mi amiga se desvanezca, sobre todo al ver que el Centaleón da un gran salto por encima de Sidon y saca su arco con la flecha eléctrica. Una sola flecha será mortal… lo sé.
La flecha sale disparada del arco directo al cuerpo de Sidon, y es en ese momento que mi escudo de madera interviene, desapareciendo el ataque. No niego que la fuerza del Centaleón me impacta terriblemente, pero tuve la determinación suficiente para mantenerme de pie.
Aún me sorprende reconocer la resistencia con la que puedo manejarme…
El Centaleón da un salto hacia atrás, ahora enfocándose en mí, su nuevo enemigo. Sidon comienza a recuperarse y a darse cuenta de que me encuentro frente a él… y eso lo enoja.
- ¡Te dije que no te metieras! – reclamó enojado. – ¡Esto debo hacerlo solo, se lo debo a…!
- ¡Yo también se lo debo a Mipha, por eso me meto!
La bestia se ha enfurecido más y ahora me toma como su objeto de desquite…
- ¡Link!
Sidon me llama, pero ahora no lo hace enojado o resentido, sino todo lo contrario, preocupado y alarmado. Siento que mis palabras llegaron hasta lo más profundo, pues mencioné lo más valioso para él.
Me posiciono defensivo ante la mirada del Centaleón, quien lanza un grito desgarrador para enfrentarse conmigo. Sé que no es la primera vez que nos vemos, y es por eso que hago el esfuerzo para recordar cómo terminar con él de una vez por todas.
Muevo mi cuerpo a medida que mi memoria se aclara, y es en ese momento que recuerdo las mejoras que Prunia y la princesa le hicieron a la tableta sheikah. Sin embargo, en mala hora me doy cuenta de que no la tengo, así que me toca pensar algo rápido.
Para mi suerte recuerdo las flechas que les quité a los monstruos en el camino
El Centaleón corre hacia mí para atacarme, y es en ese instante, una milésima de segundo, que saco una flecha especial que encontré en mi camino, una de hielo. Desde que la frialdad del arma tiene contacto con su cuerpo, el monstruo se alborota y confunde, y es en ese momento en el que se me ocurre lo impensable. Le arrebato de las manos su gran espada y le hago un gran corte en la cara.
El grito del monstruo es desgarrador. No deja de tomarse el rostro…
- ¡Link!
Giro un poco para ver a Sidon al lado mío. Alza la única lanza que le queda hacia el monstruo, para después mirarme con esa peculiar sonrisa que desde niño le caracteriza.
- Luchemos juntos, Link. – pidió el joven Zora. – Ahora no tengo dudas de ti…
Quedo sorprendido por ese cambio en el príncipe. El joven desconfiado y manipulable ha pasado a ser mi apoyo. ¿Será que Mipha ha intervenido en este suceso?
No queda tiempo para analizar nada, pues el Centaleón está decidido a vengarse de las humillaciones recibidas, sobre todo por haberle quitado su adorada arma.
La bestia vuelve a sacar sus flechas eléctricas, y en ese instante me preocupo por Sidon. Sin embargo, la manera tan rápida en la que actúa me deja sorprendido, pues vuelve a manipular el agua a su gusto y ataca con esta al Centaleón, causando que al entrar en contacto con la energía de las flechas se electrocute terriblemente. Sin duda alguna, sus alaridos son los peores que ha tenido.
En ese momento de vulnerabilidad de la bestia, me acerco con prisa, pero con cuidado, para golpear su escudo con mi espada de madera y arrebatárselo. Ahora yo me he hecho con sus poderosas armas, dejándolo a mi merced.
Sidon y yo notamos que el efecto de la electricidad está a punto de pasar. Ambos nos miramos con determinación y complicidad, sabiendo perfectamente lo que queríamos hacer.
Sin decir más, Sidon y yo apuntamos nuestras armas hacia el pecho del Centaleón, terminando con la poca vida que le queda. El grito desgarrador aumenta su intensidad, hasta que poco a poco se desvanece junto con el cuerpo de su portador. Al final se visualiza la humareda púrpura que tanto detesto, la energía de Ganon.
Una vez recuperados del impacto vivido, Sidon y yo nos observamos. Él se acerca a mí, mostrando el recelo con el que lo conocí, para después estirar la mano.
- Gracias por haberte comportado como un verdadero amigo, Link. – dijo Sidon. – Siempre supe que el maestro Muzun estaba equivocado con respecto a los Hylianos, pero crecí atormentado por la muerte de mi hermana.
- Príncipe Sidon, yo… – me quedé en pausa un momento, pensando en las palabras correctas. – Yo no recuerdo muchas cosas, pero en serio lamento tanto lo que han sufrido por la muerte de Mipha. Ni la princesa ni yo…
- No tienes que seguir dando explicaciones. – respondió. – La razón por la que fui entrenado durante todos estos años se debe a que Muzun deseaba que te supere en la derrota al Centaleón, situación que hace más de cien años pudo ser controlada gracias a ti. Sin embargo, no pienses que Muzun es malo por haberme manipulado.
- ¿Ah? – expresé confundido, pues el viejo parecía un ser nefasto.
- Muzun amaba a Mipha como una hija, y su muerte lo devastó casi como a mi padre. – confesó apenado. – Solo que a él lo llenó de rabia en lugar de depresión.
- Entiendo lo duro que debe haber sido…
- Y de alguna manera él se aferró a mí por eso, pero lo hizo de la manera equivocada. – dijo Sidon, apenado. – Y así él no se disculpa, en su nombre te pido perdón. Sobre todo porque… él fue el que te atacó, no yo.
- ¿¡Qué!?
- Lo que escuchas… – respondió agachando la mirada. – Confieso que yo tenía las dagas en mis manos, pero no tuve el valor de atacarlos. Eso enfureció a Muzun, por lo que me las arrebató de las manos y se las lanzó. En serio, lo siento tanto…
- Lo único que importa es que a la princesa no le ocurrió nada. – respondí serio, conteniendo mi enojo por la actitud del viejo. – Ella es mi protegida y de ninguna manera pienso permitir que nada le pase.
- Lo sé… conozco por mi hermana tu devoción por Zelda.
Quedo estupefacto ante lo que Sidon dice. Sin embargo, no puedo plantear mi pregunta porque la llegada de alguien me detiene.
- ¡Link!
Zelda llega corriendo hasta donde me encuentro, respirando agitada. Una vez que llega a mí me abraza, pero en el momento en el que por inercia quiero corresponderle se separa, sonrojada hasta el cuello. A veces no sé cómo actuar ante los acercamientos con ella, pero lo que sí sé es que me encanta repetirlos.
- ¿Están bien? – preguntó Zelda, dejando de lado su sonrojo. – ¿Y el Centaleón?
- Zelda… – se acercó Sidon a responder. – Gracias a Link pudo ser vencido.
- Eso no es cierto, princesa. – intervine, no me gustaba llevarme los créditos de todo. – Fue un trabajo en equipo.
- No seas modesto, Link. – reclamó el príncipe. – Gracias a ti pude abrir los ojos, dejar de lado ese miedo que me producía esa bestia, pero sobre todo la mala orientación que me dio Muzun.
- Entiendo, príncipe…
- ¿¡Qué!? – Sidon enmudeció por unos segundos. – A mí no me puedes llamar de esa manera. Para ti soy Sidon.
- Pero…
- Somos amigos, Link. Ahora te considero uno de los míos, así como lo hizo mi hermana en su momento. – dijo orgulloso. – Así que si me toca ordenarte que me llames por mi nombre, lo haré.
Me siento extraño, pero a decir verdad el no tan pequeño Sidon me genera confianza, por lo que hago caso a su pedido.
- Como tú digas, Sidon…
Ante mi llamado saca a relucir esa sonrisa exagerada que me causa tanta risa, pero me contengo por mi caracterizada distancia.
- Regresemos al Dominio, pues hay algunos temas importantes de los que debemos hablar. – pidió Sidon. – En primer lugar, sobre el Centaleón al que nos enfrentamos, pues es el mismo con el estuve hace más de un siglo, y no comprendo cómo pudo haber revivido.
- Eso… tiene una razón. – respondió Zelda. – La luna carmesí…
Sidon y yo miramos a Zelda con suma atención, esperando una explicación al respecto. Para variar el tema me resuena en la memoria.
- Ganon creó dicho fenómeno hace cien años para que sus vasallos renazcan una y otra vez, de la misma manera en la que él lo hace cada época. – dijo Zelda, mortificada. – Intuyo que ahora que sabe que Link y yo, sus peores enemigos, estamos juntos, ha decidido revivir a los cómplices del pasado.
- Entiendo. – dijo Sidon, sorprendido. Por mi parte no sentí nada de sorpresa. – Bueno, regresemos…
Sidon toma la delantera, mientras que Zelda y yo continuamos detrás de él.
- Me alegra mucho que a Sidon sí lo llames por su nombre… y sean buenos amigos. – dijo sonriendo.
Zelda se aleja, mientras que yo no sé cómo interpretar lo que acaba de decirme.
Una vez más nos encontramos en la sala del trono, pero esta vez no como rehenes, sino como personas bien recibidas. El rey, a pesar de verse deprimido por las razones que conocemos, esboza una sonrisa, mientras que Muzun, por supuesto, se mantiene a su lado con el semblante endurecido. No niego que tengo cierta pena por el dolor que camufla, pero al mismo tiempo le tengo fastidio por el momento que nos hizo pasar. Sobre todo porque se atrevió a atacar a Zelda… a pesar de que en ese momento ni sabía quiénes éramos.
- Cien años sin vernos y aún siento como si todo hubiera ocurrido ayer. – habló el rey, para luego mirarme a mí. – Link, no tengo palabras para agradecer lo que hiciste por mi hijo, pues no solo lo salvaste, sino que luchaste a su lado y compartiste con él la victoria. Eso era lo que necesitaba para sentir que honra a esta tierra… y a la memoria de su hermana.
- Alteza… – me sentía avergonzado por sus palabras y al mismo tiempo halagado. – Solo cumplí con mi deber, pues todo lo relacionado a esta tierra nos preocupa.
- Rey… – habló Zelda, afligida. – Y es por eso que deseamos nos permita intervenir en el problema presentado por la bestia divina Vah Ruta, pues sabemos que ella es la causante de la sequía que se está presentando en esta región.
- Desde siempre supe que eran los indicados para eso, sobre todo Link por su sangre de campeón. – dijo el rey, aliviado. – Por favor, les pido que hagan lo que tengan que hacer. Dejo en sus manos a esta tierra.
Cuando el rey termina de hablar, Sidon nos guía a Zelda y a mí a las escaleras de bajada, pues desea enseñarnos algo que dice es sumamente especial para todo el reino.
- Qué hermosa…
La expresión de Zelda me saca de mis pensamientos, provocando que me fije en la fuente que se encuentra en el centro del palacio. Todos los transeúntes caminan con curiosidad al vernos con Sidon, pero no tenemos más atención que para la princesa que decora a tan majestuosa imagen.
- Mi padre y Muzun organizaron la elaboración de esta escultura en honor a mi hermana, a pesar de que ambos tienen pensamientos distintos. – contó Sidon, apenado. – Mi Consejero asegura que Mipha está muerta, cosa que lamentablemente yo comparto, pero mi padre aún guarda algo de esperanza a que no sea así, cosa que me duele mucho.
Veo como Zelda se apena terriblemente ante las palabras del joven Zora, por lo que percibo que aún le martirizan las culpas del pasado. En cambio, yo vuelvo a ser invadido por una sensación conocida, la que siempre me ocurre cuando los recuerdos rotos invaden mi corazón.
Mipha… siempre dispuesta a sanarme…
*.*.*.*.*
Mientras más crecía, más descuidado me volvía, y es por eso que las heridas físicas de mi cuerpo iban en aumento.
La pelea con el Centaleón, a pesar de que la llevé perfectamente, me causó tal herida en el brazo que no me permitía levantarlo, haciéndome creer que alguno de mis huesos se había roto.
Y como siempre… solo alguien especial era capaz de sanarme…
La mejor amiga que la vida me regaló siempre me tendía su mano para ayudarme, sin importar que se encontrara en la investigación de la bestia que se le asignó.
Cada roce de su cálido poder me devolvía la tranquilidad física y mental perdida…
- Link, nunca dejaré de agradecerte el que hayas salvado a mi hermano pequeño. Él es mi vida desde que mamá murió, y no la resistiría sin él.
Solo esbocé una sonrisa ante sus palabras, y con eso sé que los golpes recibidos vale la pena.
- Link… ¿te acuerdas cuando tú y yo nos conocimos?
Claro que lo recuerdo. Nunca olvidaré con la simpatía que me miraste cuando me encontraba junto a mis compañeros, los que me ganaban en edad y experiencia, y a pesar de haber sido tan fuerte como ellos, o más, solo era un mocoso asustado jugando a ser grande.
- No eras más que un niño inquieto, todo el tiempo te lastimabas.
Sí, todo el tiempo me hacía daño por mis tonterías… pero eso no se comparaba a la pérdida sufrida tiempo atrás. La peor de mi familia.
- En aquel entonces yo te curé como lo estoy haciendo ahora… pero aquel niño Hyliano creció mucho y ahora parece más adulto que yo.
Sí… no sé en qué momento comencé a verte menos mujer y más niña, y por esa razón siempre quise protegerte.
- A mí… me hacía feliz curarte las heridas… como esta.
Y en cuestión de segundos la herida de mi brazo desaparece, permitiéndole recuperar la movilidad perdida.
Como siempre me pareces impresionante…
- Si tenemos que enfrentarnos a Ganon, me pregunto… ¿Qué tan poderoso es? ¿Cómo debemos luchar contra él? Aún no sabemos nada al respecto, pero lo único que me importa en esta terrible batalla, es que tú… es decir… que nadie salga herido.
No importa qué tan terrible sea el momento por el que estemos pasando… siempre tu corazón tiene espacio para los demás, incluso por sobre ti.
- Yo voy a estar ahí para curarlos y apoyarlos… recuerda que yo siempre te protegeré.
Cierro los ojos al no saber qué decir, pero me siento muy grato y conmovido con tus palabras.
- Cuando termine la batalla de una vez por todas, y en honor a los viejos tiempos… ¿vendrás a visitarme de nuevo?
En honor a todos los tiempos, siempre serás mi mejor amiga… Mipha.
*.*.*.*.*
Ahora tengo claro la cercanía que tenía con Mipha, y al saber que ya no se encuentra conmigo mi alma estalla de impotencia…
En honor a ella, no puedo permitir que su amada tierra se destruya.
- Link, Zelda… – llamó Sidon. – En el nombre de mi hermana, agradezco tanto el sacrificio que van a hacer para adentrarse a la bestia divina… y es por eso, que debo hacer entrega de algo muy importante que ella hizo y que ha guardado especialmente para este momento.
Veo como los ojos de Zelda se desorbitan ante lo que Sidon dice, mientras que yo, para variar, no entiendo nada.
El príncipe hace una señal a sus sirvientes, los que de inmediato traen una caja blanca de terciopelo. Una vez que se retiran, Sidon la abre y me muestra un traje bastante interesante, conformado por una capucha, armadura y grebas color azul marino y detalles en plata fina.
- Link, esta armadura Zora la diseñó mi hermana especialmente para ti. – dijo Sidon, entregándomela.
- Sí… lamentablemente para ti…
Muzun llega hasta donde nosotros nos encontramos, transmitiendo el resentimiento de siempre. Observa el traje en mis manos con profunda molestia.
- Mi querida Mipha… – expresó lanzando un suspiro. – Cómo ella pudo manchar semejante tradición al haber diseñado ese traje para ti, para un Hyliano que no vale la pena.
Me incomodo ante su comentario, pero más me deja pensando lo que ha dicho. No entiendo a qué se refiere…
- Link… intervino Sidon, nervioso. – Las mujeres Zoras tienen como tradición diseñar una armadura para los hombres con los que desean casarse. Mipha estaba enamorada de ti, y por eso la guardó.
Siento que todo se vuelve negro y silencioso a mi alrededor al escuchar semejante confesión. Nunca imaginé que la dama a la que quería como una hermana me era recíproca, pero de una manera distinta, una que jamás supe ver en los años que conviví con ella.
Me siento terriblemente mal al no haberme dado cuenta de los secretos de su corazón… y quizás por tener la mirada fija en otro horizonte.
- Al menos nuestra princesa ya se encuentra alejada de ti. – dijo Muzun, enojado. – A pesar del terrible precio por eso.
No sé qué decir o cómo reaccionar. Fijo mi mirada en Zelda, pero ella solo ha cerrado los ojos, desviándolos al suelo. ¿Por qué me preocupa tanto lo que pueda estar pensando? No lo entiendo, pero me angustia el no saberlo y no hacer algo para remediarlo.
- Y eso no es todo…
Las palabras de Sidon me sacan de mi perturbación, pues vuelve a adentrar sus manos en la caja y saca de ahí algo totalmente impensable… lo que causa que Zelda alce la mirada y se impacte ante la imagen frente a ella.
Muzun solo se queja fastidiado ante lo que Sidon tiene en las manos, por lo que decide retirarse.
- Eso es… – expresó Zelda, incrédula.
- Mipha también diseñó un traje para ti, Zelda.
Zelda camina hacia el traje para tocarlo, rozando la yema de sus dedos en cada hilo de su estructura. La tela era similar en forma y color a la mía, pero adaptada a la figura femenina de las Zoras. Incluso me recuerda algo a la imagen de Mipha, con muy pocas diferencias.
- No sé en qué momento mi hermana se dio tiempo para hacer este traje. – dijo Sidon. – Pero recuerdo que unos días antes de su última misión me dijo que era para ti y que esperaba que te guste. Lamentablemente, no tuvo la oportunidad de dártelo, por eso ahora lo hago yo.
No puedo ver bien la reacción de Zelda por estar de espaldas a mí, pero me parece escuchar quejidos saliendo de su boca, mientras su rostro se aferra al traje.
No tengo que indagar mucho para saber que está llorando… ¿De felicidad o tristeza?
Ya estoy cansado de tantos misterios…
- Bien, ahora me siento más tranquilo por haberle entregado sus trajes. – dijo Sidon a ambos. – Ahora es momento de dirigirnos a donde se encuentra Vah Ruta. Vamos al Embalse Oriental.
Los tres comenzamos nuestra salida hacia Vah Ruta, no sin antes colocarnos los trajes elaborados con el alma y cariño de Mipha.
Gracias a la gran espada de Sidon, pudimos llegar a la entrada de Vah Ruta, la que resultó más gigante y majestuosa de la que recordaba. Zelda no podría entrar a ella al no ser una campeona, pero sí puede hacerlo mientras se encuentre a mi lado, pues yo sigo siendo uno de ellos.
No veo nada extraño en Ruta como para preocuparnos, pues se mantiene quieta e inactiva, sin ninguna evidencia de la malicia de Ganon…
- Hasta aquí puedo acompañarlos, amigos. – dijo Sidon, alejándose poco a poco. – No sé qué les espera ahí adentro, pero sé que con su fortaleza y sabiduría nos regresarán la esperanza perdida.
Y dándonos, una vez más, esa sonrisa de oreja a oreja, Sidon se retira nadando las aguas del embalse.
- ¡Link, Zelda! ¡Yo confío en ustedes!
Una vez que Sidon se va, de nuevo me pierdo en la hermosura de la imagen de mi protegida. Sin duda, cada nueva faceta de ella me cautiva sin entender la razón. El traje Zora le queda a la perfección.
Pero no hay tiempo para sensaciones inexplicables… hay que seguir.
En la entrada me encuentro con un terminal idéntico al del Santuario de la Vida, por lo que sé perfectamente qué debo hacer. Coloco la tableta en el sitio adecuado, esperando el típico anuncio.
Mas este no llega…
- ¿Link?
- Princesa… – no pude responder debido a lo sorprendido que me sentía al no ver reacción en la tableta. – Lo que pasa es que…
Sin embargo, no puedo decir nada más, pues la puerta principal de Ruta se apertura. Es en ese momento que nos decidimos a continuar…
- Link…
Lo que se posa frente a nosotros nos detiene de seco, dejándonos sin aliento y con el alma ahorcada a un hilo…
Esto debe ser una broma… no puede ser verdad…
- Cuánto me alegro de verlos con vida… Ahora podremos liberar a Ruta del control de Ganon.
Debe ser otro maldito sueño el que me está atormentando, el que ahora se materializa frente a mí para volverme loco.
No puedes ser real… Mipha.
Comentarios finales:
Buenas noches a todos…
Si… noches…. Pero aun del día Lunes, día oficial de la publicación. En serio, lamento tanto la demora, pero he tenido cosas que hacer, pero no por eso he descuidado esto tan importante para mí. Recuerden que la fecha siempre se respeta, mas no la hora por cualquier cosa que pase. Sin embargo, haré todo lo posible para publicar el próximo Lunes más temprano.
Bien, en este capítulo al menos logré rescatar en algo la personalidad de Sidon, a pesar de que aún quedan temas pendientes con él, secretos que le toca revelar.
La pelea con el Centaleón quizás no fue tan magistral, pero quise narrar el cómo yo la llevé a cabo en el juego AOC. Es un enemigo terrible, pero vale la pena el enfrentarlo. Y eso que el del Monte Trueno es el de los más fáciles, pues el peor es el plateado o dorado (o como se llamen). En fin, espero que, aunque las batallas no sean mi fuerte, se vea una mejoría de los espantos que escribía de más chica.
¿Saben una cosa? La parte que más me encantó narrar fue cuando Sidon le entrega su traje Zora a Zelda (diseño de los mods, sin la mascarilla), pues dentro de esa escena hay razones muy especiales para eso que se dirán más adelante. No pienso hacer los típicos celos de Zelda por la sombra de Mipha (quizás duda o intriga, pero celos no), pues el que Mipha haya amado a Link no significa nada, pues el amor es capaz de muchas cosas, de entregar lo más valioso, de dejar el egoísmo, y ese es el significado que tienen ambos trajes… Sí, los dos.
Ahora… no diré nada del final, espero sus comentarios…
Muchas gracias a todos por su apoyo. Hemos llegado al décimo capítulo, aún me parece mentira.
Espero verlos la siguiente semana ^^.
PD: Espero que los que tienen la suerte de tener el Zelda Skyward Sword HD tengan la misma felicidad que yo al jugarlo. En serio me siento como nueva, me encanta. A pesar de cualquier crítica al juego, me fascina.
