Capítulo 11: Llaves del pasado
- Te queda mejor de lo esperado, Link.
Ahora entiendo por qué siento que no es la primera vez que uso esta armadura…
Desde hace días Mipha decía tenerme una sorpresa, cosa que me tenía emocionado e intrigado. Ella es mi mejor amiga, por lo que me imaginé que iba a darme alguna comida especial de su región, pues siempre se burlaba de mí por glotón. Sin embargo, el ver cómo me enseña este traje me ha dejado impactado, pues según escuché entre las jóvenes Zora, tiene un significado muy especial.
- ¿Qué tal esta creación, Link? – preguntó Mipha, animada. – Tuve que hacer un ajuste en los brazos y la espalda, porque con tanto entrenamiento has ensanchado esa parte.
Mipha me entrega el traje y siento una mezcla de extrañas emociones… halagado por despertar sensaciones, pero al mismo tiempo culpa…
Culpa de lastimar los sentimientos de mi gran amiga.
- ¿Te gusta, Link?
- Sí… te ha quedado muy bien.
- ¿Entonces qué ocurre? – preguntó preocupada. – Noto que algo no te convence. Podemos cambiar lo que quieras, solo di…
- Mipha… – hice una pausa, nervioso. – No puedo aceptar esto.
El rostro feliz de Mipha se transforma a uno impactado, y eso me duele en lo más profundo. Sin embargo, por el cariño que le tengo, por lo especial que es ella para mí, no puedo mentirle.
Mipha cambia rápidamente su rostro, reemplazando su sorpresa por una sonrisa cálida. Después se da la vuelta para mirar fluir a la cascada.
- Mipha, lo siento. Yo no…
- No tienes por qué pedir disculpas, Link. – respondió. – Ya me lo imaginaba…
¿Qué imaginabas, Mipha? Solo sé que no es correcto aceptar este regalo, pero desconozco el motivo. Es una fuerza que va más allá del cariño y respeto que te tengo, y eso no me permite ir más allá.
- Al inicio me negaba a aceptarlo, pero después de lo que vi hace días, más tu respuesta de ahora, está todo claro… – hizo una pausa, sacando fortaleza. – Y es por esa razón que mis sentimientos por ti son superiores, por esa integridad y corazón tan grandes.
- Mipha, yo…
No sé qué decir, ni siquiera sé a qué se refiere Mipha, pero sea como sea, me siento aliviado de haber sido honesto con ella. Poco después se da la vuelta para verme y me abraza, cosa que yo le correspondo de la misma manera.
Una vez que nos separamos, me da una sonrisa pícara y me quita el traje, dejándome sorprendido.
- De todas maneras igual tendrás que aceptarlo…
- ¿Qué?
- Sí, pues crearé para esta armadura el complemento perfecto, la mitad que le corresponde. – dijo sonriendo. – En unos días la tendré lista.
Terminando su frase, se lanza por la cascada, dejándome con la curiosidad de ese extraño "complemento".
¿A qué se habrá referido Mipha?
*.*.*.*.*
El verte frente a mí hizo renacer otro de mis recuerdos, así sea con dudas…
No concibo, es imposible que estés frente a nosotros, viva y radiante como si el tiempo no hubiera pasado por ti. No sé qué decir, y mucho menos lo ha de saber la dama a mi lado, la que se ha convertido en mi compañera de travesías.
- Mipha…
Zelda comienza a acercarse a Mipha, causando que me interponga en su camino para detenerla, tomándola del brazo. A pesar de que mi conmoción de ver a la princesa Zora es grande, me incomoda que mi protegida se acerque. ¿Y si es una trampa? ¿Y si esta aparecida no es la amiga que conocemos?
Todo es demasiado extraño…
- Link… – habló Zelda. – Si es ella, te aseguro que sí.
- Pero…
Me quedo pensativo por varios segundos, analizando lo que Zelda dice. Ella me suelta para acercarse hasta Mipha, quien le estira las manos para estrecharlas con las de ella. El tacto es real, no siento nada raro en sus acciones, sobre todo porque Zelda sonríe y se abraza a ella.
Mipha está viva… siempre lo ha estado. ¿Cómo es posible eso?
- Princesa Zelda… – dijo Mipha, con lágrimas en los ojos.
- Mipha, en serio no lo puedo creer. – habló Zelda, limpiándose las lágrimas. – Estás aquí, viva y real.
La princesa Zora no responde nada, pues enfoca su mirada en mí, causándome un estremecimiento indescriptible. La dama a la que quiero y quise, la que me amó más allá de una amistad, me mira sonriente y encantada. Lentamente, me acerco a ella para mirarla mejor, hasta que ella acelera su paso y se abraza a mí. De inmediato le correspondo, esperando en Zelda alguna respuesta de aprobación sin entender exactamente por qué, pero la noto tranquila…
- Link… mi querido Link. – me llamó Mipha, emocionada. – Por fin… al fin nos vemos de nuevo.
- Mipha… – no supe qué decir al respecto, me parecía mentira. – Eres tú, toco tus manos y sé que eres tú. ¿Pero cómo es posible?
La misma duda de Zelda ahora la tengo yo. Mipha cambia su sonrisa a una expresión seria, para luego darnos la espalda. La siento bastante conmocionada.
- Ni yo misma entiendo cómo es que sigo viva. – lanzó un suspiro, apenada. - ¿Han pasado cien años? No lo he notado. Como ustedes saben, el día que Ganon despertó, los cuatro campeones nos dirigimos a nuestras respectivas bestias divinas para enfrentarlo. Sin embargo, mi infierno comenzó cuando me encontré a un monstruo esperándome, con el que me tuve que enfrentar con todas mis fuerzas. Tuve… me costó mucho acabar con él. Sin embargo, antes de desvanecerme, me lanzó una maldición para que nunca más pueda salir de aquí y viviera en perpetua soledad…
Al terminar su frase, Mipha llora, se quiebra terriblemente. Por inercia me acerco a ella para ayudarla, y coincidentemente me doy cuenta de que Zelda hace lo mismo, los dos estamos en sintonía… Ambos, siguiendo nuestros impulsos, nos colocamos a la altura de la princesa Zora y la abrazamos, cosa que ella acepta necesitada.
- ¿Saben qué significa para mí verlos después de tanto tiempo? – preguntó Mipha, sollozando. – Con ustedes vuelvo a recuperar la esperanza de volver a ver a mi padre y hermano, de salir de aquí.
Tanto Zelda y yo nos separamos de Mipha, anonadados con sus palabras. ¿A qué se refiere?
- Ambos son los elegidos principales. Link, el portador de la Espada Maestra, y Zelda, la portadora del poder de la Diosa…
- Yo… ya no tengo el poder dentro de mí.
Una vez más siento una punzada en el corazón al percibir el pesar de Zelda por la ausencia de su poder. Cada momento que paso con ella me vuelvo más empático, pero aun así tengo un sentir por ella que no sé cómo describir, pero que solo lo resumo en que no puedo ni quiero alejarme de ella.
- Princesa…
- Mipha, no me llames así. – pidió Zelda. – Siempre te pedí que me hables por mi nombre.
- Es algo que me cuesta… pero prometo que lo intentaré. – respondió sonriendo. – Y sobre su poder… ¿recuerda lo que le dije momentos antes del despertar de Ganon?
Zelda se sonroja ante las palabras de Mipha, y yo, como siempre, no entiendo por qué. Al parecer tuvieron alguna conversación en la que yo no estuve presente.
- Te hice caso y por eso pude despertar mi poder, pero ahora se ha ido. – dijo Zelda, apenada. – Este periplo es fundamental para encontrarlo. Y es por eso que hemos venido a librar a la bestia divina de las garras de Ganon.
- Y con eso… volveré a ser libre. – dijo Mipha. – Yo los guiaré en cada uno de sus pasos.
Aún me cuesta asimilar todo esto, como si una corazonada me dijera que esto no es real, pero al mismo tiempo lo sé y debo asimilarlo.
- Lo principal que debemos hacer para liberar a la bestia divina es recuperar la unidad central, pues desde ese origen la malicia de Ganon está haciendo de las suyas y es la que fortalece mi maldición… – dijo Mipha, apenada. – Sin embargo, antes de eso debemos abrir el portón que la guarda, el que se encuentra sellado por dos llaves.
Mipha nos señala al sur de la sala una estructura atravesando una de las paredes, una de las llaves. Poco después, la princesa se dirige a la puerta de la unidad central para enseñarnos más detalles.
- Una vez que se activen las llaves, estas disminuirán en tamaño y vendrán hasta esta puerta. – indicó la princesa Zora. – Y es ahí donde intervendré en su apertura.
Mipha aparece en sus manos su característica lanza, la que desde niña la acompañó en sus entrenamientos.
- Mi única compañía en estos cien años… – expresó Mipha, acariciando su arma. – La maldición del esbirro de Ganon me afectó tanto que convirtió mi arma en la llave central de esta puerta.
- ¿Entonces no son dos llaves? – preguntó Zelda, confundida.
- Bueno… no la conté porque esta ya la tengo en mis manos, pero las demás solo pueden ser activadas por ustedes, sobre todo por Link, el campeón principal. – respondió la Zora. – ¿Imaginan el tormento de saber que cuento con la llave principal de esta puerta, pero no poderla usar? Sí que mi enemigo supo cómo martirizarme.
Veo como Mipha pierde el equilibrio, por lo que de inmediato procedo a ayudarla. Sin embargo, Zelda se me adelanta para evitar su caída.
- ¿Qué tienes? – preguntó Zelda, preocupada.
- Tranquila, princesa… – respondió Mipha, débil. – Ya estoy acostumbrada a lidiar con la malicia, hasta casi la quiero…
¿Cómo querer algo como eso?
- No se preocupen por mí. – pidió Mipha. – Por favor, activen las llaves cuanto antes… muero por salir de aquí.
Dudamos mucho en dejar a Mipha sola en la puerta de la unidad central, pero para sacarla de este lugar debemos actuar rápido, y por eso vamos a activar las llaves.
- Volveremos lo más pronto, Mipha. – dije acercándome a ella. – Resiste, por favor.
- Si, te lo prometo. – continuó Zelda.
Ayudo a Zelda a levantarse y me dirijo con ella a la primera llave, dejando a Mipha atrás.
Espero que nada malo le ocurra en nuestra ausencia…
Con mi arco y flecha activé un sistema que nos permitió acceder a la primera llave, la que se encontraba encerrada por barrotes.
Tal y como lo vimos hace un momento, la llave se encuentra atravesando la pared. Zelda y yo analizamos el terreno detenidamente para ver si logramos descubrir cómo sacarla, y es ahí que ella logra ver una señal bastante peculiar.
- Link, mira el centro de la pared libre que atraviesa la llave. – dijo Zelda. – Tiene la forma de una mano… qué extraño.
Demasiado extraño…
Coloco mi mano en el espacio, descubriendo que es demasiado pequeño para caber. Sin embargo, Zelda hace lo mismo, lo que causa que la llave comience a brillar, brindándonos una energía deslumbrante, pero bastante turbia.
- ¿Qué le ocurre, princesa?
A medida que el tamaño de la llave disminuye, Zelda se agarra la cabeza con incomodidad.
- Princesa…
Después veo como la llave, al terminar de disminuir, se dirige hacia la puerta de la unidad central. Sin embargo, ahora yo estoy atento a Zelda y en saber lo que le está ocurriendo.
- Princesa…
- Link…
Veo como ella me mira, con las mejillas sonrojadas y esos labios entreabiertos que me producen terror… o quizás no es eso, pues no tengo ganas de huir. Solo sé que el no saber qué me ocurre con ella se me hace inaguantable, y me preocupa el cometer alguna tontería que la ofenda.
Verla así no me causa terror… me derrite y estremece.
¿Qué me pasa contigo, Zelda?
- ¿Qué le ha ocurrido, Princesa?
- Yo… – respondió casi sin aliento, con las mejillas más sonrojadas. – Nada, Link… me siento algo débil, es todo.
No le creo del todo, pero aun así decido no seguir insistiendo. A veces no sé qué tan unidos o separados estamos, solo sé que daría mucho por saber qué pasa por su cabeza.
- Vamos por la siguiente llave. – ordenó Zelda. – Seguramente se encuentra en la parte de afuera.
Cruzamos la puerta de la izquierda y llegamos a la parte exterior de la bestia. Tengo que reconocer que el sonido de la bestia es perturbador, pero aun así debo mostrarme seguro para poder escoltar a la princesa.
Subimos por una rampa que nos lleva a otra habitación pequeña, y ahí se encuentra la siguiente llave. Una vez más la señal de la mano está presente, pero esta vez es más grande de lo normal. No creo que la mano de Zelda encaje ahí.
- Voy a intentarlo yo…
Nunca me imaginé que Ganon fuera tan estratega de usar como activación de llaves una parte de Zelda y de mí. ¿Qué es lo que pretende? Seguramente es una trampa, por eso prefiero arriesgarme yo esta vez.
Por el tamaño de la señal, es lógico que mi mano encaje. La coloco donde se debe… y empiezo a sentirme mal.
*.*.*.*.*
Qué tranquilo me siento de haberme alejado de todo ese bullicio. No es que me molesten los eventos como los que se dan en el Bastión Central, pero si me incomoda tener tantas miradas encima de mí, sobre todo cuando lo único que deseo es tener un momento a solas para mí… o más bien no tanto.
Una vez que cruzo los arbustos que conectan a este supuesto jardín secreto, me encuentro con ella; con la que fue mi pareja de baile en su propia ceremonia de madurez, en quien mi mirada y sentidos se pierden cuando la tengo cerca.
- ¡Link!
Escuchar mi nombre mencionarse con su voz es música para mis oídos.
Una vez que ella se acerca, la abrazo por la cintura y me apodero de su boca, con una ansiedad que ni yo mismo entiendo y no me da la gana de controlar. El contacto de nuestras lenguas enredándose me enloquece y provoca que mis manos no se queden quietas, que recorran con deseo y angustia ese cuerpo que me estremece y me hace delirar todas las noches.
Cuánto valoro y agradezco que ella me permita tal osadía, que me deje saciar este descontrol que siento en el cuerpo cada vez que la veo.
- ¿Te molestó… ver como otros me invitaban a bailar? – preguntó jadeando, lo que me dejaba inválido.
- No… – respondí casi sin voz. – No me gustó como te miraban…
- ¿Cómo lo estás haciendo ahora?
Me sentí más indefenso y manipulable ante esa pregunta, y muero aún más cuando me quita la boina de mi cabeza y entrelaza sus dedos suavemente en mi cabello. Una corriente me atraviesa entero, mucho más cuando suavemente los hala para acercarme a ella.
No podré controlarme por mucho tiempo en proponer alguna tontería.
Zelda, me estás llevando a un abismo de locura…
Sin embargo, mi deleite se detiene de improviso, pues la venida de alguien me desvanece de golpe todo lo que siento. Me separo rápido de la princesa y le doy la espalda para darle tiempo de que se acomode su cabello y vestimenta.
- Prince…
En el jardín "supuestamente secreto" de Zelda ha llegado ese sujeto. El que no me quitaba la mirada de encima mientras bailaba con ella. Ese maestrito de ojos carmesí al que nunca le he caído bien.
- ¿Interrumpo algo?
- ¡No! – respondió Zelda, sofocada y forzándose a hablar. – ¡Claro que no, maestro Athan! Cité a Link aquí porque mañana tenemos que ir a algunos sitios esta semana, empezando por la región de Eldin. Hay unos asuntos con la bestia divina.
- Bien…
El poeta no parece tan convencido con la respuesta de Zelda. Me importa nada lo que piense de mí, pero sí me preocupa la idea que pueda darse de ella.
- Bueno, princesa. – dijo el hombre, cambiando su serio semblante. – Supuse que estaría aquí, por eso vine a buscarla para decirle que en unos momentos comenzará el espectáculo de fuegos artificiales. ¿Recuerda el poema que le leí la clase pasada sobre el origen de esas luces?
- Sí, claro, me encantó. – respondió Zelda, animada.
- Bueno, me gustaría que vayamos a verlos para recordar dicho poema con cada etapa de las luces, desde que son lanzadas, explotan y se desvanecen. Recuerde que cada una tiene un significado escondido.
- ¡Claro que sí! ¡Vamos! – exclamó emocionada, para luego mirarme a mí. – ¡Ven con nosotros, Link!
- ¿Ah? – parece que al maestro le cayó pésimo esa petición. – Pensé que el caballero tenía cosas que hacer.
- No, tengo todo el tiempo del mundo. – respondí irónico.
- Bien, entonces vamos los tres. Quiero que Link también escuche el análisis del poema.
Zelda es la más emocionada con el tema, por lo que se adelanta, mientras que yo me quedo a solas con el maestro. Imagino que va a lanzarme algún comentario, siempre ocurre lo mismo.
- No abuses de la confianza de la princesa…
- ¿No sé a qué se refiere, maestro?
- Sabes perfectamente de qué hablo… – dijo enojado. – Podré ser el poeta real de este palacio… pero tenemos la misma edad y soy hombre como tú. Mucho cuidado con lo que haces.
El maestro se da la vuelta, dejándome pasmado por lo que acaba de decirme. Sin embargo, se voltea a lanzarme lo último…
- Y por cierto… péinate un poco. Cómo siempre en fachas.
Sé que no he dado pasos sin que Zelda me lo permita, sin embargo, creo que me estoy yendo de la raya.
De ninguna manera quiero que ella se sienta irrespetada por mí…
*.*.*.*.*
-¿¡Qué te pasa, Link!?
El sacudón de brazo que me da la princesa me saca de mis pensamientos, o más bien recuerdos… o alucinaciones. Ya no sé qué pensar.
Esta vez las imágenes no fueron desagradables, sino todo lo contrario. ¿Acaso viví esas cosas con Zelda? Me cuesta creerlo después de la distancia con la que he sido tratado en los pocos recuerdos que he visto, que son auténticos y comprobados.
Quizás el viajar tanto tiempo a solas con ella me está causando una alteración hormonal inmanejable, lo que incluso me hace preguntar la edad que tengo.
- ¿Link, estás bien?
- Sí, princesa. – vuelvo a hablarle con la misma formalidad.
- ¿Por qué te quedaste pasmado?
- No pasa nada… tranquila.
- ¿Te pasó lo mismo que a mí? – preguntó seria. – ¿Viste imágenes o recuerdos?
¿Cómo decirle que me vi junto a ella tocándola y besándola sin decoro? No me atrevo bajo ningún concepto. Seguramente pensará que soy un depravado y se negará a seguir viajando conmigo. Sea esto un recuerdo o alucinación, no puedo decírselo.
- No vi nada, princesa. – respondí serio y nervioso. – Solo me sentí agotado.
- Ya veo…
Me parece ver en ella un dejo de decepción con mi respuesta, lo que hace que me pregunte si ella tuvo las mismas visiones que yo, y si le agradaron o asquearon.
- Princesa… ¿Usted pudo visualizar algo?
- ¡No! – respondió seria, hasta enojada podría decirse. – Claro que no, Link. También estoy cansada.
- Entiendo…
- Ahora que ya activamos las dos llaves, es momento de que regresemos a donde está Mipha. – pidió ella. – Me preocupa su estado.
- Regresemos cuanto antes…
Juntos retomamos el camino hacia la entrada de la bestia divina, donde Mipha nos espera.
- ¡Por fin han vuelto!
Emocionada, Mipha nos enseña las llaves en tamaño pequeño. Con ellas, más su lanza ceremonial, se podrá abrir la puerta de la unidad central.
- No tengo palabras para agradecerles por esto. – dijo Mipha, estallando en lágrimas. ¡Por fin podré salir de aquí, ver a mi padre y hermano!
Mipha se restablece para colocar las llaves en la puerta. Finalmente, introdujo su lanza en el centro, causando que el camino final de esta nada desagradable misión llegue.
Los tres nos adentramos hasta la unidad central, una especie de capullo gigante gobernado por la malicia de Ganon.
- Ahora con la tableta sheikah podrán activar la terminal principal.
- Entendido. – dijo Zelda. – Link, toma la tableta…
- Eso no debe hacerlo Link, princesa. – dijo Mipha. – Sino usted…
- ¿Ah? – Zelda pareció bastante sorprendida. – Pero la tableta sheikah en realidad es para uso del elegido por la espada.
- Recuerde que llevo aquí cien años con esta maldición, y por eso sé que usted es la que debe hacerlo. Crea en mí… – dijo seria. – Recuerde que este es el camino para que recupere sus poderes.
Zelda se ve nerviosa, sin embargo, Mipha le toma las manos para darle seguridad. El destino fue roto desde el momento en el que me adentré a enfrentar a Ganon impulsivamente, por lo que estoy seguro de que este es el camino correcto.
Zelda se aproxima hasta el terminal, colocando la tableta sheikah en el sitio correcto. Una luz azulada emana del interior, causando una calidez indescriptible.
- ¿Qué es eso?
Sin embargo, la luz se oscurece y toma la forma de una garra, llenándose de la esencia tan nefasta y conocida que me persigue desde mi despertar.
- ¡NO! ¡ZELDA!
No pienso permitir que esa asquerosa garra le toque un pelo a la princesa.
- ¡Link!
Siento como las uñas se incrustan en mi piel, causándome dolor inmisericorde. Sangro, pero no puedo gritar ni moverme.
- ¡Mipha! – exclamó Zelda, dándose la vuelta. – ¿¡Qué ocurre!?
A pesar de mi incapacidad, veo como Mipha se agarra con dolor la cabeza, pero poco después se reincorpora y nos mira de frente.
- ¡Link! ¿Por qué te metiste?
- ¿Qué has dicho? – preguntó Zelda, espantada.
Mipha camina lentamente en dirección a Zelda, mientras su báculo va transformándose en uno azulado, frío y tenebroso como el hielo. El cuerpo de la princesa Zora también se modifica, pues ahora porta un traje del mismo material de la tableta sheikah y cabellos naranjas crecen en su aleta de la cabeza.
La dulzura de Mipha ya no me recuerda a la frescura de las aguas de la región, sino a Ganon… a una ramificación de su maldita existencia.
- Tan tonto, Link…
Comentarios finales:
Hola a todos, espero que se encuentren bien.
Muchas gracias por su espera, y aunque este capítulo no es muy largo, espero que sea de su agrado. No quise enfocarme mucho en todos los pasos para liberar a la bestia divina porque necesitaba zelink en mi vida, sobre todo con candela. Ya me hacía falta o.o
De verdad, espero que les haya gustado esta parte, y era necesario que aparezca para las siguientes misiones con las bestias divinas, pues Link ahora deberá asimilar cosas sobre sus sentimientos.
Sobre Mipha, quisiera que me digan qué creen que le ocurrió. ¿Es ella auténtica? ¿Está viva? ¿Está muerta? Me gustaría saber qué tan atentos han estado.
Gracias por leerme y nos vemos el siguiente Lunes ^^
