Capítulo 14: Cercanía
Por más que me esfuerzo, mis brazos no logran calentar el frío que la martiriza en estos momentos. Sin duda, este es el peor manantial al que Zelda se ha introducido a realizar sus oraciones, helado como la indiferencia del rey. ¿Cómo es posible que se exponga a tanto sufrimiento, y encima el día de su cumpleaños? Nunca estuve de acuerdo con esto, pero lo que siento por ella hace que la apoye incondicionalmente.
- No quisiera irme de tus brazos, Link. – dijo ella, calmándose del frío. – Pero los demás nos esperan en el Paso Este.
Molesto, pero sin demostrarlo, le di la señal para que avance primero. La ida al Monte Lanayru fue un total fracaso, pues ese poder no tuvo la voluntad de salir.
¿Hasta cuándo te tocará sufrir, princesa?
Nuestros pasos se aproximan hasta cuatro individuos. Para variar a tres de ellos no puedo verles el rostro, pero a Mipha la reconozco de inmediato. Imagino que todos ellos son los mismos que estuvieron en el Altar Ceremonial, los Campeones.
- ¿Y bien, princesa? – pregunta uno de los seres, bastante corpulento. – ¿Si funcionó la meditación?
Zelda, desconsolada y afectada, mueve la cabeza en signo de negativa, causando la misma sensación en todos los presentes, sobre todo en mí.
Cómo me duele verla desconsolada, y me llena de impotencia no poder hacer nada por ella.
- ¿No sentiste el poder? – preguntó otro, el que recuerdo no habló tan bien de mí. – Qué pena, es una lástima.
- Lo siento mucho.
Es todo lo que Zelda pudo decir. Ni siquiera tenía cara para mirarlos, a pesar de que ellos, aunque estuvieran apenados, no se veían decepcionados o molestos con ella.
- Ánimo, princesa. – habló la mujer fuerte y empoderada, mientras se acercaba hasta ella. – Lo diste todo, lamentarte no sirve de nada.
- Pero…
- ¿Y qué si ir a la montaña a rezar no funcionó? – preguntó la dama. – Lo importante es que no pierdas la esperanza. Seguro que hay otras formas de despertar ese poder.
Mi mirada sigue fija en Zelda, pero poco después cambia a Mipha, quien como siempre, gentil y preocupada, se acerca a ella.
- Disculpa…
Zelda alza la mirada a Mipha para escuchar lo que desea decirle.
- Recuerda lo que hemos conversado… – Mipha hizo una pausa, nerviosa, para luego seguir hablando. – En lo que sucede cuando uso mi poder curativo… en lo que suele pasar por mi mente.
- Mipha… – habló Zelda.
- Y ahora sé que…
Mas las palabras de Mipha se ven interrumpidas, pues un fuerte temblor nos azota. Yo solo me preocupo en tomar a Zelda de los hombros para evitar que se caiga, mientras que otro de nuestros acompañantes se eleva a los cielos para averiguar el origen de este fenómeno.
- ¡NO PUEDE SER! – gritó desde las alturas, exaltado.
- Es él… Ganon. – dijo Zelda, aterrorizada.
Este fue el momento en el que Ganon despertó, el origen de toda esta tragedia.
- ¡Rápido! ¡Todos a las bestias divinas! – gritó el ser corpulento a todos.
Los Campeones se alejan de nosotros, mientras que yo, de inmediato, tomo a Zelda por los hombros para darle fuerza, para no permitir que se derrumbe.
- Link…
- No temas, pues estoy contigo. – dije con seguridad.
- ¿No te das cuenta? – preguntó, con lágrimas en los ojos. – ¡Ganon ha despertado! ¡Es el fin! ¡Nuestros padres...! ¡El castillo va a caer!
- ¡No es el fin! – le respondí de la misma manera. – Solo no te separes de mí, Zelda. Nuestros padres estarán bien, te lo aseguro; El castillo sigue intacto.
No imaginé que mis decretos caerían junto con el reino…
*.*.*.*.*
- Link… – escucho su voz llamándome, suplicando mi atención.
Me duele la cabeza… siento que va a estallar.
- ¡Link! – suplicó la dama a mi cuidado. – ¡Reacciona!
Y para variar, con una orden de ella, con el solo sonido de su voz, regreso a mí.
A veces me pregunto si mi convicción de antiguo caballero es la que me obliga a estar atento a ella, o si será algo más… y la verdad cada día que pasa me importa menos, pues solo sé que necesito tenerla cerca, como si se tratara del aire que respiro.
- Princesa…
No sé cómo pudo ella ayudarme a bajar de Epona y arrimarme en una de las paredes del lugar. He sudado helado, pero siento como mis palpitaciones se tranquilizan.
- Parece que ya te estás estabilizando. – dijo Zelda, más calmada.
- ¿Qué me pasó?
- Dímelo tú… – dijo ella, obligando una vez más a mi cerebro a rememorar todo.
- Creo que tuve una visión...
- Sí… y decías a cada momento "no te separes de mí, Zelda. Nuestros padres estarán bien, te lo aseguro"; "El castillo sigue intacto".
Y es ahí que recuerdo. Todo se vino a la mente al pasar por este arco gigantesco, la salida de la región de Lanayru. Fue aquí donde nos dimos cuenta de que Ganon había resurgido desde las entrañas del castillo; cuando pensé en mi padre y hermana, sin entender por qué, pero al mismo tiempo, tenía presente a la princesa, a la que debía proteger con mi propia vida.
En ese momento fijo mi mirada en la gigantesca montaña nevada que se alza en lo más alto de la región… Sé que he estado ahí.
- Como lo supuse, recordaste ese día… – dijo Zelda, abatida. – El despertar de Ganon.
- Lo he recordado, pero quisiera que aun así me relate todo con más detalle, princesa.
- Sí… – hizo una pausa, mirándome de una manera demasiado seria. – Pero antes tengo una condición… o más bien una orden.
¿Una orden? Nunca había usado esos términos conmigo, pero aun así pienso cumplir con su pedido, pues ya me lo dije a mí mismo… complacerla se ha convertido en una necesidad.
- Deja de llamarme "princesa"…
- Yo… – me costaba responder a esa orden. – No puedo hacer eso con usted, imposible.
- Link… Cuando la esencia de Ganon en Ruta estuvo a punto de atraparme, gritaste con desesperación mi nombre. – dijo, esbozando una sonrisa y sonrojando sus mejillas. – Y no me llamaste "princesa", sino "Zelda".
- No es cierto…
- ¿Me estás llamando mentirosa? – preguntó resentida.
- ¡Nunca! – exclamé preocupado. – Princesa, es que yo la respeto demasiado… yo…
- ¿Entonces por qué me llamaste "Zelda"?
- Yo… yo…
Me siento incapacitado, no sé qué responder ante el arrinconamiento de la princesa, tan tenaz como el que yo tuve con ella en esa alucinación tan excitante en Ruta, donde la besaba y acariciaba con frenesí, hasta quedarme sin aliento. ¿Es posible que en el pasado haya tenido tal cercanía con ella? Por el rechazo que me tuvo, sinceramente no lo creo, pero la sola idea de soñarlo me llena de un entusiasmo que necesito para seguir con vida, aunque sin paz por no entenderlo.
Princesa, ama mía… mi pasado con usted es una confusión total, pero lo único que sé es que después de nuestras conversaciones, de nuestro tiempo juntos, de esos abrazos no planeados que me han hecho sentir más deseos de protegerla, no puedo negarme a ser más cercano con usted… a unirme más a ti.
Ahora no puedo ni quiero hacerlo…
- Como digas… Zelda. – respondí, con el corazón a mil, con el rostro quemándome terriblemente.
Ella sonríe demasiado al escuchar como la llamo por su nombre, lo que me cautiva y causa que mi ritmo cardiaco aumente. Se acerca y toma mi mentón con sus dedos, lo que me obliga a mirarla a los ojos y sentir como una mortal sensación me electrifica el cuerpo, me invalida por completo al sentir esa piel tan cerca de una parte sensible de mi cuerpo.
¿Qué es lo que tienes, Zelda? ¿Por qué me produces esto?
- Así me gusta, Link… – dijo ella, contenta. – Ahora sí podré sentir que somos amigos.
Amigos… una palabra que me suena tan cálida, pero al mismo tiempo incómoda y fuera de sitio.
- Debemos continuar con nuestro camino, Link. – dice Zelda. – Es importante que regresemos a con Impa para darle el primer informe de la bestia divina liberada, y también Prunia nos está esperando ahí.
- ¿Y cómo lo sabes? – pregunté sorprendido.
Zelda me muestra en la tableta sheikah un mensaje de Prunia, lo que me deja sorprendido. Conviví poco tiempo con el artefacto, y no sabía que se podían enviar mensajes.
- Con las modificaciones y actualizaciones que Prunia le hizo, ahora podemos enviarnos mensajes de vez en cuando, dependiendo del nivel de energía ancestral con el que se encuentra. – explicó ella. – Por ejemplo, esta vez se demoran un poco en llegar por el uso de la runa de congelamiento durante el enfrentamiento con Mipha.
- Comprendo… – respondí. – Por mi parte, tengo otras preocupaciones. Aparte de todas las que conocemos.
- ¿Cuáles?
- Conseguir las 3.000 rupias y los treinta cortes de leña que Construcciones Karud solicita para darme la casa de Hatelia. – respondí embelesado.
- Pidamos ayuda a Impa…
- Ya hablamos de eso, Zelda. – aclaré firme. – Si acepté la ayuda de Impa es porque no quiero que pases incomodidades durante este periplo, pero de mis cosas quiero encargarme yo.
- Link, no tiene nada de malo aceptar ayuda de los demás. – dijo preocupada. – Tómalo como un préstamo.
- No, deseo hacerlo solo. Siento que esa casa debe ser mía. Incluso ya la asumo como tal.
La princesa dirige su mirada al suelo, como si estuviera apenada, mientras que yo solo pienso en cómo puedo conseguir los recursos para tenerla.
- En lo que avanzamos en nuestro camino, cortaré la madera necesaria para que la casa pueda ser apta. – dije, emocionado. – Y estoy seguro de que algo se me ocurrirá para obtener dinero.
Saco el hacha que encontré en la Meseta de los Albores y le sonrío a Zelda, gesto que ella me devuelve, mostrándome la tableta sheikah.
- Yo también te ayudaré.
- ¿Cómo? – pregunté sorprendido.
- Ya vas a ver…
La princesa se acerca a mí y me toma del brazo, comenzando a caminar conmigo. Esta escena se me hace familiar… y a varias.
No quiero que me duela la cabeza tratando de recordarte en mi pasado. Deseo disfrutarte ahora mi lado, Zelda.
- ¡Cuidado!
Por suerte pude esquivar a tiempo el tronco que estuvo a punto de caer encima de mí. Cuando Zelda dijo que iba a ayudarme con la leña, no me imaginé que iba a hacerlo usando las bombas remotas. Incluso me entregó el artefacto para que aprenda a usarlas, cosa que me pareció bastante sencilla.
- ¿Ves? Te dije que eran efectivas. – dijo Zelda, riéndose.
Y fue con esa risa inmaterial, casi fuera de este mundo, es que vuelvo a perderme en su figura. Ahora estamos usando nuestra tradicional ropa, la que tan bien acentúa cada una de sus curvas, tan perfectas y femeninas. Mi mente vuela de nuevo en fantasías, imaginando que alguna vez las tuve entre mis manos, como el sueño, alucinación, o lo que sea que me haya pasado en la bestia.
- ¿Link?
Zelda me saca de mis cavilaciones, y por buena suerte, pues estuve a tiempo de emocionarme de más con ella.
- ¿Te pasa algo? – preguntó preocupada. – Te estoy llamando desde hace un rato y no me respondes.
- ¡Nada! – exclamé sonrojado. – Solo que me distraje en el conteo de la leña. Ya llevamos veinte.
- Dividamos el trabajo. – sugirió Zelda. – Cinco tú y cinco yo.
- Como diga, prin… – una mueca de desagrado por parte de ella me hizo retornar a la realidad. Sin duda, cuando se enoja me atemoriza un poco. – Quiero decir, Zelda.
Luego de retractarme, sonríe. Seguimos en lo nuestro…
De un solo tronco pude completar los cinco trozos de leña que me correspondía, y Zelda logró lo mismo con las bombas remotas. Ahora que juntamos el esfuerzo de nuestro trabajo, me siento contento… demasiado.
- ¡Lo logramos, Link! – exclamó ella, emocionada. – ¡Mira todo lo que conseguimos!
Estoy feliz. Siento que es la primera vez que estoy así de emocionado, y ante eso veo de reojo como Zelda no deja de mirarme.
- Hace tiempo no te veía sonreír así…
- ¿Ah?
- Tu sonrisa… – respondió ella. – A decir verdad, cuando eras mi escolta actuabas demasiado serio, pero ahora te veo tan feliz…
- Tengo muchas razones para estarlo, Zelda. – respondí. – Pues aparte de haber completado la cantidad de leña, hablamos con más familiaridad. Siento más comodidad entre nosotros.
Me parece ver como la princesa se sonroja, y por mi parte siento lo mismo, pues mis mejillas arden y mi corazón palpita como loco.
Ahora me doy cuenta de que Zelda es una maravillosa compañera para trabajar en equipo.
- Hay que pensar cómo lo guardaremos. – dijo Zelda, pensativa.
- La alforja que me dio tu padre es la mejor para…
Detengo mis palabras al ver algo brillar a los lejos, pegado a las superficies rocosas que nos rodean. Me acerco hasta ahí, con Zelda siguiéndome.
- Esas piedras negras guardan minerales de distintos tipos. – dijo Zelda.
- ¿Cómo cuáles? – pregunté curioso.
- Eso depende de la región, del tipo de piedra. – responde ella. – Por ejemplo, de los cinco que se encuentran aquí, dos tienen minerales dorados. Eso quiere decir que dentro de ellas hay piedras preciosas y valiosas.
- Piedras preciosas…
No lo dudo un instante. Tomo el martillo que le arrebaté a los bokoblins en el camino al Monte Trueno y rompo las estructuras. Ahora a mis pies se encuentran varias piedras. Me agacho para enseñarle a Zelda cada una.
- Mira, Zelda. – comienzo a alzar las piedras. – Esta roja es un rubí, sé que es bastante valiosa; mientras que esta es un topacio, bastante rara de encontrar… Pero sin duda, el zafiro siempre ha sido mi favorito.
Zelda me mira extrañada cuando termino de darle la explicación de todas las piedras. No entiendo por qué.
- ¿Ocurre algo? – pregunté. – ¿Me he confundido con el nombre de las piedras?
- Link… efectivamente has reconocido los minerales. – hace una pausa, para luego continuar. ¿Pero cómo sabes todo eso?
Recordar… Siempre es recordar mis vivencias por las cosas que se me cruzan en el camino.
Y es por eso que una persona reciente de mis memorias regresa a mí…
*.*.*.*.*
Un fuerte sonido crujiente produce que me tape los oídos, mientras el anciano a mi lado se ríe a carcajadas; aunque no lo hace tanto por mi reacción, sino por lo que halló.
- ¿Qué es eso, abuelo? – pregunté curioso.
Otra vez mi abuelo en mis recuerdos… me gusta volver a verlo.
- Son minerales preciosos, pequeño Link. – respondió emocionado. – He batallado tanto para encontrarlos, pues tengo muchos planes para ellos.
- ¿Qué planes?
- El zafiro es mi piedra preciosa favorita. – respondió emocionado. – Con ella pienso hacer un dije con cadena de oro para que lo use tu hermanita, próxima a nacer. Ese será mi regalo.
- ¿Y podrá usarlo siento tan chiquita? – pregunté sorprendido.
- Lo usará cuando crezca. – dijo sonriendo. – Y le daré la forma de un clavel, pues será la más hermosa de nuestra familia… junto con tu madre, claro está.
- ¿Qué es la piedra roja?
- Es un rubí, y también pienso hacer otro regalo con eso, pero esta vez para tu madre como felicitación por el nacimiento de tu hermanita. – respondió contento. – A esta le daré la forma de una rosa, pues cuando nació así la vi yo. La más bella de todas. Mi única hija.
Sé que en ese entonces era muy pequeño para entender esas cosas, pero me conmueve demasiado el amor con el que habla de mi madre y mi hermana, la que sé está por nacer.
- ¿Y la otra piedra?
- Este es un topacio… y lo que pienso hacer con él será una sorpresa. ¡No seas curioso!
Me sonrojé ante la última palabra de mi abuelo. ¿Qué tanto desea hacer con el topacio?
*.*.*.*.*
¿Link?
- ¿Ah? – otra vez volví a hacerlo, perderme delante de la princesa. – Me distraje un momento, Zelda. Lo siento. ¿En qué estábamos?
- Ibas a decirme que en la alforja que te dio mi padre iba a entrar toda la madera. – dijo incómoda. – ¿Te ayudo a ingresarla?
- Sí, por favor...
Zelda y yo guardamos toda la madera en la alforja mágica, la que aún no deja de sorprenderme por su capacidad de guardar cosas.
Sin embargo, mi mente sigue perdida en el último recuerdo que tuve, relacionado a la familia que ya no poseo.
- Ya se está haciendo tarde. – indiqué preocupado. – Si seguimos con nuestro viaje, llegaremos a tiempo al Rancho de los Picos Gemelos.
- ¿Quieres pasar la noche ahí? – preguntó preocupada.
- Sí… sé que estaremos cerca de ese lugar repleto de guardianes… – respondí firme. – Pero es algo que debo superar poco a poco.
- Como digas, Link.
- Tomaré todas las piedras que encontramos y las venderé. Estoy seguro que nos darán buen dinero por ellas.
- En los ranchos siempre hay mercaderes. – dijo Zelda. – Pienso que todo resultará bien.
Ayudo a Zelda a subir a Epona y acelero el paso hacia los Picos Gemelos, temeroso de que la noche nos tome desprevenidos…
Llegamos al Rancho de los Picos Gemelos a la media noche, molidos de cansancio. Dejo a Epona en el establo para que descanse, mientras que me acerco a la recepción para separar nuestras respectivas camas; aclarando lo último dos veces, pues una vez más me quisieron ofrecer una matrimonial para Zelda y para mí, lo que me hizo delirar.
Es en ese momento que se me ocurre pedirle una ayuda adicional al encargado.
- Señor…
- Tasio, muchacho. – pidió. – Llámame por mi nombre.
- Bueno, Tasio. – dije serio. – Tengo unas cuantas cosas que me gustaría vender. ¿Conoces a algún mercader que sea serio y conocido?
- ¿Pues quién más que Terry? – dijo, señalando hacia la fogata.
Al darme la vuelta veo a alguien de espaldas, poseedor de una mochila gigantesca en forma de escarabajo.
- Lo siento, Link, pero necesito tomar un baño y descansar. – dijo Zelda, agotada. – Yo me adelanto, mientras tú ve a hablar con Terry.
- Claro, Zelda. Yo seguiré más tarde. – respondí sonriendo. – Qué descanses.
Mientras Zelda entra, me dirijo hasta el mercader, el que apenas me ve se pone de pie y expone ante mí su charola de mercadería. Se ve un joven agradable.
- Bienvenido a la tienda de Terry, donde vendemos y compramos de todo. – saludó animado. – ¿Cuál es tu nombre, muchacho?
- Me llamo Link. Un gusto, Terry.
- El gusto es mío. – sonrió, animado e hiperactivo. – ¿En qué puedo ayudarte? ¿Quieres comprar algo? Tengo insectos para distintos brebajes, flechas sencillas, libélulas de…
- En realidad… – me sentí algo mal al interrumpirlo, pero estaba ansioso. – Quiero venderte algunas cosas.
- ¡Perfecto! – gritó emocionado. – También me encanta comprar. Enséñame lo que tienes, muchacho.
Saco de mi alforja las piedras preciosas encontradas en el camino, causando que los ojos de Terry se iluminen.
- ¡Wooow! – exclamó maravillado. – Esas piedras son demasiado valiosas.
- ¿Cuánto me das por ellas? – pregunté ansioso.
- ¿Qué te parece venderlas en 6.000 rupias? – preguntó, causando que el que ahora desorbite los ojos sea yo. – Además, es todo lo que tengo por el momento.
- ¡Acepto! – exclamé emocionado. – ¡Trato hecho!
Estrecho mi mano con la de Terry y hacemos el intercambio. Aún no puedo creer que tengo el doble de mi objetivo, lo que me permitirá salvar la casa de Hatelia e incluso tener más para cualquier eventualidad que se presente.
- Desde ahora te considero mi amigo y mejor cliente, Link. – dijo Terry. – Fue un gusto hacer negocios contigo. Y sea como sea, en cualquier rancho de Hyrule me encontrarás.
Sonrío ante sus palabras, uniéndolas a la dicha que me embarga.
Aún faltan muchas horas para el amanecer, y el sueño se me ha desvanecido. Salgo a tomar un poco de aire, dándome cuenta de que la fogata sigue encendida. Me siento al lado de ella, mientras las preocupaciones comienzan a embargarme.
Tengo demasiadas dudas con respecto a mi familia. A veces pienso que todo lo que llega a mi mente son solo deseos de lo que no pude tener, alucinaciones de crearme un pasado después de un despertar tan traumático.
Sé quién soy, pero al mismo tiempo soy un anónimo en pérdida…
- ¿Link?
La dulzura de la voz de Zelda me saca de mis pensamientos, quien se sienta a mi lado con rostro preocupado.
- ¿Tampoco puedes dormir, Zelda?
- Te vi salir y quise saber qué te ocurre. – dijo confundida. – Desde que encontraste las piedras te noto extraño, como en otro mundo. ¿Hay algo que te preocupe? Ya pudiste venderlas y deberías estar feliz por eso.
Desde hace tiempo tengo muchas preguntas que quiero hacerle a la princesa, pero por falta de confianza o vergüenza no me atrevo. ¿Será que este es el momento?
- Zelda, sí estoy feliz de haber conseguido más del dinero pensado. – respondí sonriendo. – Mas aún tengo unas dudas que no me dejan tranquilo… y tienes razón, todo es desde que encontré los minerales, e incluso antes de eso.
- Dime qué dudas tienes. – rogó. – Si está en mis manos, intentaré ayudarte.
- Zelda… – lancé un suspiro, listo para decirlo todo. – ¿Tuve una familia en el pasado? O sea… ¿Padres? ¿Hermanos?
Zelda agacha la mirada, pero al instante esboza una sonrisa para mí. Parece que mi pregunta no le ha incomodado.
- Claro que tuviste una familia, Link. Y pienso contarte lo poco que sé de ella para dar algo de alivio a tu alma.
Me posicioné mejor para poder escucharla, ansioso por saber lo que tanto me aqueja.
- Tuviste una madre, padre, hermana menor y hasta abuelo materno. – relató. – Lamentablemente, tu madre murió al dar a luz a tu hermana.
No me sorprende que mi madre se encuentre muerta, pero sin razón entendible, siento como mi corazón se destroza, como si ese niño que vi en Hatelia pidiéndole dulces a esa hermosa mujer estuviera llorando en una esquina, mientras alguien más lo tranquilizaba.
- Yo siempre estaré con ustedes. Debemos ser fuertes para cuidar a tu hermanita.
No sé de dónde salió esa frase, pero tuve tantos deseos de abrazar a ese niño llorando bajo la lluvia por la pérdida de la mujer que más amó.
Quise llorar… pero me lo tragué.
- No quiero herirte. – dijo la princesa, angustiada. – Si deseas me deten…
- No, por favor. – supliqué. – Quiero saberlo todo.
- Como te dije, no tengo muchos datos de tu familia.
Desconozco la razón, pero no le creo del todo a Zelda. Sin embargo, no pienso presionarla u ofenderla con mi duda.
- Tu padre fue el General de la Guardia Real de Hyrule, además de la mano derecha de mi padre y su mejor amigo. – respondió, cayendo en la nostalgia. – No recuerdo bien, pero sé que se apoyaron mucho en los momentos más duros de su vida.
- Hoy hubiera visto la belleza de estas esculturas ya terminadas. Ella y yo, juntos, el día de nuestra unión.
- Alteza… no, mi querido amigo… entiendo tu dolor más de lo que imaginas.
- ¿Qué será de mí sin ella… de nosotros?
Creo que sé a lo que se refiere Zelda con eso que relata. Lo vi directamente en el castillo encantado.
- Físicamente, me recuerdas mucho a tu padre, además que era un espadachín sin igual… aunque tú lo superas.
- Lo dudo… – respondí apenado.
- Créeme que sí…
- ¿Y mi hermana?
- Tu hermanita era encantadora, con el cabello rubio, más claro que el tuyo, y los ojos verdes, como los de tu madre, según describió tu padre alguna vez. – dijo sonriendo. – Era hermosa y muy traviesa. Recuerdo que a veces te enloquecía.
- ¿Ah sí? ¿Y desde cuándo me consideras tu esclavo? ¿Si sabes que pesas? Tengo los hombros dormidos.
- Para eso nacieron los hermanos mayores. ¿No dijiste que siempre ibas a cuidarme?
- A cuidarte, pero no a malcriarte…
- ¡Igual así me quieres, así que te aguantas!
Otra vez las risas de esa niña vuelven a invadirme la cabeza. Me encanta escucharlas, pero al mismo tiempo me lastiman, cual daga punzante en el corazón.
- Y sobre mi abuelo… imagino que era un herrero. – lancé sin espera.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Zelda, sorprendida.
- Porque lo recordé el día de hoy cuando encontré las piedras, y es por eso que intuyo conocer el tipo de cada una. – respondí serio. – Sin embargo, no reconozco su rostro, y tampoco el de ningún miembro de mi familia.
Lanzo un quejido de dolor que me retumba en la cabeza, mientras siento como el aire empieza a hacerme falta. Zelda toma mi mano ante eso, causando en mí un bálsamo calmante.
- Suficiente por hoy… – dijo seria.
- Quiero saber más, Zelda. – rogué desesperado. – Por favor…
- Link, tu memoria debe retornar poco a poco, sin presiones. – respondió. – Prometo que a medida que seas más fuerte, te contaré más cosas… o mejor aún, lo sabrás por ti mismo.
- Como digas… – contesté resignado.
Zelda se levanta y estira su mano para ayudarme a lo mismo, regalándome esas sonrisas que me inmovilizan. Tomo su mano y le devuelvo el gesto, encantado con su tacto.
- Gracias, Zelda.
Regresamos al rancho a tratar de dormir. Poco faltaba para la llegada del amanecer.
Pensé que la llegada a la Aldea Kakariko iba a ser tranquila, mas Zelda y yo nos encontramos con una sorpresa estresante y desagradable.
Todos los sheikahs corrían de un lado a otro, mientras que a lo lejos veíamos a Impa en las mismas condiciones. Prunia se encontraba en el pórtico de la casa, revisando su tableta sheikah con desesperación y angustia.
- ¿Qué es lo que pasa? – preguntó Zelda, angustiada.
La princesa, captando a Impa con la mirada, corre hacia ella y la detiene; yo la sigo en el proceso. Se puede ver en la Sheikah furia, determinación, pero al mismo tiempo humedad en sus ojos. Había llorado hasta más no poder, pero el orgullo de su sangre no le permitía derrumbarse.
- Princesa… – habló Impa, temblando.
- ¿¡Qué pasa, Impa!? – preguntó Zelda. – ¿Qué es todo este escándalo?
- ¡Apaya está desaparecida desde ayer! – gritó exaltada. – ¡La hemos buscado por todas partes y no aparece!
- ¿Desaparecida? – pregunté preocupado. – ¿Hasta qué hora tuvo contacto con ella, Lady Impa?
- Ayer por la tarde salió del pueblo a recoger algunas hierbas para hacer infusiones. – dijo Impa, angustiada. – Pero todo queda cerca, jamás se había demorado tanto.
- Vamos a encontrarla… – aseguró Zelda. – No te angusties, por favor.
- Princesa… usted mejor que nadie sabe que ella es mi vida. Si a Apaya le ocurrió algo no voy a poder sopor…
De repente, todo el bullicio se detiene, pues tres individuos se encuentran acercándose hasta nosotros, especialmente hasta Impa. Poco después, Prunia baja del pórtico para unirse a nosotros, queriendo saber quiénes son los recién llegados.
Y al verlos más de cerca… reconocemos a una de inmediato.
- ¡Apaya!
Con lágrimas en los ojos y algunos rasguños. Apaya se separa del par que la acompaña y se acerca a abrazar a su abuela. Prunia se une al gesto, soltando también sus emociones retenidas.
- ¡Abuela! – exclamó Apaya, asustada. – ¡Pensé que no te vería más!
- ¿Pero dónde te metiste, muchacha? – preguntó Impa, calmando sus temblores.
- Un grupo de Yigas me retuvo… pero estos hombres me salvaron.
Zelda y yo observamos a los hombres encapuchados cerca de nosotros, bastante enigmáticos, pues no se les ve el rostro; sin embargo, al menos a mí, no me transmiten desconfianza. Sin embargo, Impa, con la mirada perturbada, se acerca hasta ellos para observarlos mejor.
- ¿Quiénes son ustedes? – preguntó Impa, desconfiada.
- Tranquila… – dijo uno de ellos, el más alto y corpulento. – ¿Dizque buena sheikah y no puedes reconocer a tus iguales?
- La señorita anda enojada, padre. Parece que no reconoce a un Sheikah, aunque sea peregrino. – dijo el otro hombre, el menor. – ¿Así nos agradece el haber salvado a su nieta? La que, por cierto, me parece imposible que sea tal. Más bien parece su hermana gemela.
- ¡Hice una pregunta! – preguntó Impa, más enojada. – ¿Quiénes son ustedes?
El mayor de los hombres se acerca hasta Impa, tan cerca que hasta me parece atrevido de su parte, y ante eso ella coloca la mano en su kunai, preparada para defenderse en caso de ser necesario. Poco después, el desconocido se baja la capucha, revelando a un hombre alrededor de unos cuarenta años, con cabello blanco y mechones negros, ojos carmesí y piel bronceada… pero sobre todo, el símbolo de los sheikahs tatuado en su frente.
- Un gusto conocerte, hermosa Sheikah. Mi nombre es Azael.
Impa queda perdida ante la intensa mirada del Sheikah peregrino…
Comentarios finales:
¡He vuelto al ruedo!
Bueno, este capítulo fue uno de los que se llaman "tranquilos", aunque con bastantes datos interesantes. Como el recuerdo canon del juego, y los demás relacionados con la familia de Link. Sin embargo, lo más hermoso para mí es que ahora el caballero llama a su dama por su nombre, algo que muchos anhelábamos.
Ahora, sobre el final. ¿Quién es Azael? Los lectores antiguos, seguro reconocen este personaje tan especial para mí. ¿Recuerdan en cuál de mis historias aparece? ¡Menciónenla! Y precisamente por su aparición, le dedico esta parte a mi amigo Fox McCloude, quien, aunque ya lo anunció, está viviendo momentos tristes, y espero que esto le saque una pequeña sonrisa, pues también apareció en la historia que tuve el honor de escribir junto a él, "Hyrule Warriors: Lazos del Destino". Yo ya tenía planeado esto desde hace tiempo, pero ha coincidido justo ahora que Fox necesita apoyo. Espero que este detalle te haya gustado, compañero.
Azael conservará la personalidad y físico de siempre con ligeros cambios, como su cabello; solo que ahora es más maduro y tiene un hijo joven. ¿Será casado? Ya lo veremos, jaja. No es necesario leer la historia original en donde aparece para saber de él, aquí aprenderán a quererlo.
Bueno, ahora también aprovecho este espacio para hacer una recomendación maravillosa, y que tiene que ver con el proyecto de mi especial y querido amigo . Hace poco terminó su hermosa historia llamada "Anochecer" post Twilight Princess (y zelink por supuesto). Gracias a ese fanfic lo conocí y tuve el honor de ser parte de su final. Se los recomiendo, está aquí en Fanfiction.
En fin, muchas gracias a todos por la espera estas dos semanas. Si Dios quiere, nos vemos el siguiente Lunes.
Un abrazo ^^
