Capítulo 16: Rencor y amistad

Qué bueno que Link no se dio cuenta de que lo seguí a lo que salió de la casa, pero para guardar distancia, lo observo desde la ventana. Me siento algo avergonzada por hacer esto, pues pareciera que lo estoy espiando… y bueno, es exactamente eso lo que estoy haciendo. ¡Qué cosas pienso!

Link y el hijo de Azael están conversando a esta hora de la madrugada, y yo aquí sin poder escuchar de qué.

Athan… En serio me espanté al verlo, refiriéndome al hijo de Azael, pues es idéntico, de pies a cabeza, al desaparecido poeta real, a mi maestro y querido amigo.

Recuerdo claramente el día que conocí a Athan… el día que papá "me lo impuso" como maestro de literatura y poesía, pues para él, aparte de dedicarme a despertar mi poder, debía cultivarme más en la "sensibilidad".

Qué ironía que mi padre se preocupara tanto por ese tipo de cosas...

*.*.*.*.*

No faltaban muchos días para cumplir quince años, y sabía perfectamente que mi padre celebraría en grande esa fecha… como si eso me hiciera saltar de la felicidad.

Recuerdo que alguna vez mi mamá me habló de ese especial día; en el maravilloso vestido que portaría, en lo preciosa que iba a verme con mi peinado y tiara, y cómo bailaría el vals con mi padre; en sí, una espectacular fiesta, la ilusión de todas las quinceañeras… pero no la mía.

No solo mi madre faltaría ese día, sino también él… ese amigo de mi infancia que dijo que siempre iba a estar conmigo, el que me abrazó con fuerza cuando lloré por la muerte de ella, pues nadie mejor que él comprendía mi dolor, el que dijo que iba a acompañarme cuando mi padre me quitó algo que, aunque no recuerdo, dejó un vacío en mí … pero nada de eso cumplió. Un día simplemente se fue con el motivo de volverse más fuerte, causando en mí un resentimiento tan grande que hasta esta edad me sigue acompañando.

Faltan pocos meses para que él regrese. Así lo escuché por el General del Ejército, su padre, quien se siente ansioso de volver a verlo después de tanto tiempo. Lo mismo su hermana menor, la que era una bebé cuando él se fue; y ahora es una niña grande que también espera, ansiosa, conocerlo.

Pero en mi caso no es así… me resiente el saber que regresa, pues me recuerda a su abandono en los momentos más duros de mi vida, cuando me prometió lo contrario. Y no pienso perdonarlo… que ni se atreva a acercárseme.

Tocan la puerta de mis aposentos, y por la manera de hacerlo sé perfectamente de quién se trata… una de las personas en las que más confío y más quiero.

- Pasa, Impa…

La Sheikah entra a mis aposentos y cierra la puerta detrás de ella. Muestra hacia mí una mueca de incomodidad y preocupación.

- Zelda... – hace una pausa, como sabiendo que lo que me dirá va a molestarme. – Tu padre me envió por ti… ya el nuevo profesor está aquí.

- ¿Pudiste encontrarlo? – pregunté molesta. – pensé que ibas a tardar más por compasión hacia mí.

- Ay, Zelda… – expresó avergonzada, con las mejillas ruborizadas. – Es que resulta que encontré en la aldea Kakariko a la persona con las características que su Majestad desea. Nunca me imaginé que estaría tan cerca; como hace tiempo no paso por allá.

- En fin… parece que no podré librarme de los Sheikahs…

- ¿¡Quéeee!? ¡Pero qué ofensa para su alteza real! – exclamó con sarcasmo.

La mueca de molestia e indignación de Impa al menos me sacó una carcajada, y siempre que podía trataba de lanzarle alguna broma, sobre todo para poder reírme y olvidarme de mis penas. Ella sabía eso, y por eso al final de mis frases terminaba sonriendo. Impa solo me lleva unos años de ventaja, aproximadamente, pero eso no impide que nos llevemos bien y sea mi mejor amiga.

- Vamos a que conozca a su nuevo maestro Sheikah, alteza… – dijo Impa, haciendo una exagerada reverencia.

Me levanto de mi escritorio para conocer al, seguramente, aburrido maestro…

Una vez que llego al bastión central, Impa se hinca ante mi padre, como siempre lo hace cuando se presenta ante él. Yo doy mi sencilla y respetuosa reverencia.

- Buenas tardes, padre.

- Hola, hija. – saludó serio, como siempre. – Como te dije hace unos días, considero que es importante que, como parte de tu educación, también te fortalezcas en la materia de literatura y poesía. Sé que tienes la gran costumbre de leer, pero nunca está de más un refuerzo.

Sí, padre, pues leyendo es la única manera que puedo evadir mis tormentos…

Mi padre da una señal a uno de los guardias de la entrada, haciendo que el hombre salga y regrese por las mismas, pero esta vez acompañado.

Un joven se hinca frente a mi padre. Cabello blanco y mirada carmesí, como Impa y Prunia. Sin embargo, es más alto que ellas, apuesto, y a diferencia de la vestimenta que ellas tienen, porta un pantalón negro y una túnica azul marino, con el conocido símbolo del ojo en el centro; ropa parecida a los que usan los guerreros Sheikah que se dedican a la protección de los científicos que investigan las reliquias del pasado.

- Bienvenido, joven Sheikah.

- Gracias, Majestad. Honor que me hace usted por permitirme estar en su presencia. – dijo educado. – Mi nombre es Athan, miembro de la tribu Sheikah.

- Conozco tu nombre, muchacho, y sinceramente esperaba a alguien de más edad. – dijo mi padre. – Sin embargo, las referencias de Impa me indicaron que eres un prodigio en tu oficio. ¿Qué edad tienes?

- Hace poco cumplí dieciocho años. – respondió. – Sin embargo, no creo ser un prodigio. Simplemente, heredé el don de mis padres, los que desde hace un año gozan en los brazos de la Diosa.

- Lo lamento mucho. Espero que este nuevo hogar sea un nuevo comienzo para ti. – expresó mi padre, para luego fijar su mirada en mí. – Sé que no lo has notado, pero te presento a mi hija, la que se encuentra a unos pasos de ti. Es a ella a la que vas a instruir.

El joven voltea hacia donde me encuentro, por lo que lo saludo con una pequeña reverencia. Él, sin embargo, empieza a sonrojarse hasta más no poder y se hinca tan rápido que casi se cae. Pobre, imagino que está nervioso…

- Es un gusto conocerlo, joven Athan. – saludé cortés, siempre educada.

- El gusto… el gusto y honor es mío, princesa. – dijo, casi tartamudeando. – Espero podamos llevarnos bien en esta nueva materia… digo, cátedra que vamos a compartir.

- Estoy segura de que sí…

- El maestro Athan no solamente va a ser tu maestro, Zelda. – dijo mi padre. – Sino que también va a recrearnos con algunos poemas en las reuniones de Consejo, cuando las cosas se pongan tensas.

- Y será todo un honor, Majestad. – dijo Athan, volteándose a mi padre. – La poesía alimenta el alma y alivia el corazón.

Para ser sincera, el Sheikah me ha caído muy bien.

Pasaron los días y mi fiesta de quince años llegó, y por supuesto fue un escándalo, pero nada impactante para mí. Como pensé días antes, era el recordatorio de un año más sin mamá… y otro día importante que él se perdía.

Mi vestido lila, literalmente, me hacía ver más "princesa" de lo pensado; el corsét con los hombros descubiertos me ahogaba, mientras que la falda con crinolina casi me hacía tambalear al caminar para saludar a mis invitados o bailar con los odiosos e intensos hijos de los nobles. Y ni se diga del peinado, una cola que me apretaba la cabeza, que por suerte no me sacaba los ojos de las órbitas; la tiara de oro lo decoraba.

Salgo al jardín, sola, a tomar un poco de aire, pues tanta formalidad en serio me ahoga.

- Princesa…

Me doy la vuelta y veo a Athan, quien se acerca a mí. Su rostro, para variar, está sonrojado. Imagino que aún le da pena tener que tratar conmigo.

- ¿Qué hace aquí, maestro Athan? – pregunté curiosa. – Al igual que Impa y Prunia, debería estar divirtiéndose en la fiesta. Son pocos los momentos que ustedes tienen para relajarse.

- Lo mismo debería preguntarle a usted, princesa. – dijo. – Este es su día, la protagonista de este evento.

- Pero aun así es uno más de los pomposos eventos de mi padre. Nada del otro mundo.

Me quedo en silencio por unos segundos, volviendo a recordar las razones por las que este evento está incompleto. Sin embargo, un olor peculiar me saca de mis pensamientos.

- Oh…

Con sus manos estiradas, el poeta me entrega una de mis flores favoritas amarrada a un pergamino. Siento melancolía ante el aroma del lirio, pues hace tiempo que no recibo uno… El primero me lo dio ese que se hizo llamar "amigo", el que se fue dejándome sola.

- Princesa, sé que no se compara a los magníficos obsequios que seguramente ha recibido. – dijo Athan, sonrojado. – Pero por este día tan especial quise tener este detalle con usted.

- Muchas gracias, maestro. – agradecí sonriente.

El joven comienza a retirarse, pero lo detengo porque quiero descubrir su regalo junto a él.

- No se vaya, maestro Athan. – pedí. – Me gustaría leerlo frente a usted.

- ¿Está… está segura?

- Sí…

Desamarro el lirio del pergamino y comienzo a leer el escrito del maestro…

Lirio de ojos tristes, que muere y renace en medio de la tempestad

El día de hoy el sol ha salido, para bañarte en gracia y prosperidad

Valiente y hermosa eres, como las estrellas fugaces volando sobre el mar

Las que por más cerca que se encuentren, no dejan de brillar de par en par

Feliz nuevo año de vida, princesa Zelda. Nunca dejes de brillar en tu andar.

Athan

Hermoso, simplemente maravilloso poema. Sentí todo el cariño de mi maestro en este escrito, y más al atarlo con mi flor favorita. Y aunque ese individuo no deja de venir a mi mente al verla, al percibir su aroma, mi gratitud ante esta linda sorpresa se me marca en el rostro.

- Muchas gracias, Athan…

Me acerco a abrazarlo y me parece sentir que su cuerpo tiembla. Sin embargo, poco después me es recíproco, cosa que me alivia, pues lo que menos quiero es incomodarlo.

- Es un hermoso regalo, muchas gracias. – dije conmovida.

- ¿Me ha llamado por mi nombre? – preguntó, casi sin voz.

- Así es, pues quiero que a partir de ahora seas mi amigo, pues así te siento. – dije sonriente. – Además, me has dado este hermoso poema amarrado con mi flor favorita. ¿Cómo lo supiste?

- Lo escuché por ahí… – en ese momento se pone serio y no entiendo por qué. – No tiene importancia…

- Como sea… a partir de ahora, cuando estemos solos, llámame por mi nombre.

- No podría…

- Por favor… – rogué. – Eso complementaría más mi obsequio.

Lo pensó por unos segundos, hasta que con una sonrisa lo afirmó.

- Sí, Zelda…

A partir de ese momento nos volvemos más unidos… a pesar de que eso no reemplaza al causante de mi rencor…

*.*.*.*.*

He derramado algunas lágrimas al recordar a Athan, el que ha vuelto a mis pensamientos después de ver a su descendiente, el que, a pesar de ser físicamente idéntico, no tiene nada que ver con él. Él era sensible, no como este guerrero misterioso que salvó a Apaya de la desgracia. Sin embargo, no niego que la curiosidad y el impacto de verlo me ha ganado.

¿Qué habrá sido del poema y de la flor, ya seca, que guardé en mis aposentos? Qué preguntas tan tontas que me hago… pues obvio que está destruida como todo el castillo… como toda mi vida.

Athan, mi maestro, fue mi mejor amigo después de él… de Link.

Sé las razones por las que mi escolta tuvo que ausentarse de mi lado, pero mi niña interior de seis años no lo entendió. Por eso lo odié, le guardé rencor y no lo perdoné, y todo se acrecentó más cuando se volvió mi guardián y portador de la espada… hasta que ese día… por los Yigas… todo cambió.

- Desde ese día cambiaste mi corazón…

Salgo de mis recuerdos al ver que Link está regresando a la casa, y como yo no quiero que descubra que lo he estado espiando, me desaparezco de ahí más rápido que los mismos Sheikahs.

- ¿Qué tanto habrás hablado con el nuevo Athan, Link?


Cuando despierto en la habitación de Impa, me doy cuenta de que solo ella y Apaya están, Prunia no. Eso se me hace extraño, pues ella siempre ha sido la más dormilona, tanto hace cien años como ahora.

- Buenos días, princesa. – saludaron Apaya e Impa al unísono.

- Buenos días. – respondo de la misma manera. – ¿Y Prunia? Pensé que estaría dormida.

- Pues milagrosamente mi hermana se ha ofrecido a hacer el desayuno. Increíble, ¿no?

- Bueno, cuando nos quedamos en el laboratorio de Hatelia ella nos hizo el desayuno. – respondí. – Se comportó como una muy buena anfitriona.

- Pero porque se trata de ustedes, princesa. – dijo Impa, lanzando una carcajada. – Acá, cuando se queda en la casa, somos sus sirvientas; con la excusa que es la mayor…

- Pues yo con gusto siempre sirvo a mi tía Prunia. – dijo Apaya, sonrojada.

- Porque tu bondad es demasiado grande, querida. – respondió Impa, volteando los ojos. – La conozco de toda la vida, es una abusiva. Por eso me sorprende este cambio.

- ¡Te estoy escuchando, hermana mal agradecida! – gritó Prunia desde abajo, causando que Impa suspire con pesar. – ¡Bajen a desayunar antes de que todo se enfríe! ¡Y levanten al perezoso de Link, que seguro sigue dormido!

- Iré a despertar a Link. – dije, levantándome de la cama.

- ¿Perdón, princesa? – cuestionó Impa. – Usted no está para esas funciones, además sigue en pijama y sería impropio que Link la vea así.

Ay, Impa… debo acostumbrarme a que ahora eres la joven más anticuada de Hyrule.


Apenas los cuatro bajamos, Prunia se acerca a nosotros y nos posiciona en la mesa, pero esta vez en sitios diferentes a los habituales.

A Link lo sienta junto a mí, y puedo notar que no deja de mirarme. Está ojeroso, más de lo normal, y lo percibo extraño.

- ¿Estás bien, Link?

- Yo… – dudó en responderme, lo que pude notar por el tono de su voz. – Estoy bien, princesa.

- Qué lástima que no pudiste dormir bien…

- ¿Cómo sabe eso…?

Qué terrible metida de pata… trágame tierra.

- Porque… – pensé algo rápido para no levantar sospechas de nada. – Porque te veo cansado.

- Han sido días pesados, es algo normal. No se preocupe. – respondió sonriendo.

Quiero que Link me hable como acordamos, me muero por eso… pero debo entender que estamos delante de Impa. Conociéndola, lo reprendería por eso por otros cien años más… a pesar de que ella conoce algunos de los antecedentes de mi pasado con él.

- Prunia… – el llamado de Impa me sacó de mis pensamientos. – ¿Por qué me has obligado a sentarme aquí? Este lado de la cabecera no es mi lugar.

- Y este tampoco es mi sitio… – dijo Apaya, confundida.

- Además, como que te emocionaste haciendo comida de más… – dijo Impa, riéndose.

- Hice lo suficiente para nosotros y para los invitados.

- ¿Qué invi…?

Impa no termina su frase, pues la puerta suena. Prunia se levanta como un resorte para abrirla, dando paso a los misteriosos invitados.

- ¡Bienvenidos!

La cara de Impa palidece, mientras que Apaya se sonroja. Azael y Athan resultaron ser los tan esperados invitados.

- Buenos días… – saludaron el padre y su hijo al unísono.

- Vengan… – llamó Prunia. – Tomen asiento, por acá están sus lugares.

Prunia guía a Azael al lado de Impa, la que, por lo que veo, quiere morirse de cualquier sentimiento, ya sea enojo, vergüenza o indignación, al tener a ese hombre a su lado. El Sheikah la mira sonriente, y hasta podría decir que le encanta verla de esa manera.

- Qué gusto verte de nuevo, Impa.

Ella no responde, solo gira el rostro para no seguirlo mirando. ¿Qué pasó con la centenaria madurez, antigua Consejera Real?

Por otra parte, frente a nosotros, Prunia invita a Athan a sentarse al lado de Apaya, frente a Link y a mí.

- Hola a todos… – saludó de nuevo Athan, para luego mirar a Apaya, preocupado. – ¿Dormiste bien? ¿El susto ya pasó?

Apaya se sonroja más ante la pregunta de Athan, sobre todo cuando toca su hombro. Sin embargo, se esfuerza por responder.

- Sí… ya me siento mejor.

Athan ríe, para después posar su mirada en mí, lo que llega a ponerme demasiado nerviosa. Aún no asimilo lo idéntico que es a mi maestro, incluso hasta por sus gestos de preocupación.

- Espero que usted también haya dormido bien, princesa. – dijo el joven, sonriéndome.

- Claro que sí, gracias por tu preocupación.

La conversación se detuvo cuando Prunia comenzó a servir el desayuno, el que consumimos en completo silencio. La tensión de Impa es demasiado palpable, y siento que eso a Azael le encanta, pues la mira casi embobado.

¿Será lo que me estoy imaginando? Creo que Impa y yo tendremos que tener nuestras viejas conversaciones… las más íntimas y privadas, las de mejores amigas.

Sin embargo, hay otro tema que me saca más de mi sorpresa. Link no ha tocado bocado, más que solo un sorbo de leche. No le quita la mirada a Athan, mientras que él me sonríe con cortesía cada vez que puede, cosa que yo le correspondo.

Es en ese momento que el joven Sheikah rompe con el silencio.

- Princesa, según lo contado por mi difunta madre, mi antepasado se dedicó a escribir muchos poemas en diferentes contextos.

- Así es. – respondí nostálgica.

- Ayer me costó dormir pensando en eso, y es por eso que he tomado una decisión... – dijo sonriendo. – Quiero escribir como él.

Mi atención ante lo que Athan dijo se vio interrumpida por un terrible susto, pues Link se atragantó con el pedazo de pan que estaba masticando, el que por suerte pudo tragar con un sorbo de leche.

Por la Diosa… ¿se estará enfermando?

- ¡Link! – exclamé preocupada. – ¿Estás bien?

- Sí… – respondió, recuperando la respiración. – Lo siento...

Todos nos preocupamos por la reacción de Link, pero Apaya y Athan están extraños. Ella como que se ha apagado, mientras que el Sheikah tiene una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Estás bien, Link? – preguntó Athan. – Come con calma, que nadie te está quitando.

- Para nada… estoy muy bien. – responde Link, sonriendo de una manera demasiado extraña. – ¿Así que quieres ser poeta como el antiguo maestro de la princesa?

- Sí... ¿no es increíble? Será como terminar con lo que él comenzó… pero a mi manera. – respondió Athan, para luego mirar a la nieta de Impa. – No tengo que ser idéntico a él. ¿O qué opinas, Apaya?

Apaya, entre sonrojada y apenada, asiente… no lo mira a los ojos.

- Ayer mi hijo ni durmió por estar escribiendo su primer poema, el que, según él, salió desastroso. – contó Azael, riéndose, para luego mirar a su hijo. – ¿No que no estabas para esas "delicadezas"?

- Todos evolucionamos y cambiamos de opinión. Puedo ser guerrero y poeta a la vez. – respondió Athan. – Y mejor no te burles mucho de mí, querido padre… pues no soy el único imitador de poeta.

- ¿A qué te refieres, muchacho? – preguntó Impa, curiosa.

- Pregúntele a mi padre, señora Impa. – dice Athan. – Estoy seguro de que se muere por responderle.

Es ahí que la curiosidad de Impa se desvanece, mientras Azael le lanza a su hijo una mirada asesina. Prunia, aunque en silencio, disfruta el momento. Puedo sentir cómo se esfuerza por contener la risa.

- Ya habrá momento para que me preguntes lo que quieras, Impa. – dijo Azael, mirándola intensamente. – Sin embargo, hay otros temas importantes que tratar.

Azael posa su mirada en Link y en mí, y esta vez se muestra bastante serio, hasta casi intimidante.

- Agradezco tanto esta invitación de Prunia, pues entre lo que no pude dormir, recordé algo muy importante, relacionado al legado de la Diosa Hylia. – dijo Azael. – Algo que facilitará el despertar del poder de la princesa.

Todos pusimos seriedad al asunto, en especial yo. Cualquier camino que facilitara la recuperación de mi poder era de mi interés… de mi desesperación.

- Antes de partir a la siguiente bestia divina y a la fuente del poder, es importante que la princesa consiga la reliquia ancestral de la Diosa.

- ¿La reliquia ancestral? – pregunté curiosa.

- Así es. – afirmó Azael. – Y lamento tanto no poder decirle más, pues eso debe conocerlo por usted misma. Esto se relaciona con los Sheikahs, y mencionarlo sería cometer una grave indiscreción.

- No puede ser… – expresó Impa, sorprendida. – Me has hecho recordar de qué se trata.

- Hasta en eso estamos enlazados, Impa… – dice Azael, poniendo a la Consejera más intimidada. – Entenderán que recordar esta información no fue fácil. Alguna vez mi madre la mencionó, y son de esas cosas que se pierden con el paso del tiempo.

Impa se pone de pie, con prisa, y se dirige a Link y a mí.

- Los dos, vayan al Noroeste de la aldea. – ordenó Impa, seria. – Ahí se encuentra el ente que le dará a la princesa lo que le pertenece.

- ¿Pero qué me pertenece, Impa? – pregunté alarmada. – No entiendo.

- No haga más preguntas, princesa. – insistió Impa. – Vaya con Link, pues esto es en compañía de su elegido.

Miro a Link con seriedad, y de inmediato nos dirigimos a la salida para ir a donde Impa nos ha indicado.

- Cuida a la princesa, Link. – dijo Athan, deteniendo nuestro camino.

- Eso no tienes ni qué decirlo, pues para eso vivo. – respondió serio.

- Y no olvides el favor que te pedí… – dijo el Sheikah, sonriendo. – No abuses de la amnesia.

- ¡No lo he olvidado! ¡Ya! – respondió en voz alta, para luego salir conmigo de la casa.

"Qué fastidio" … es la frase que me parece escuchar saliendo de los labios de Link, casi en susurros. No entiendo por qué está tan irritado.

No tengo tiempo de pensar en eso, pues vamos a cumplir con la tarea que Impa y Azael nos han encomendado.

¿Cuál es esa reliquia tan importante para mí?


Llegamos al Noroeste de la aldea y veo cómo este ambiente está más oscuro, cubierto por la sombra de los árboles. Incluso me parece ver a ese mitológico animal que dicen que trae fortuna al que lo atrape, al escurridizo rupinejo.

Seguimos con nuestro camino. Link toma mi mano, causando en mí ese estremecimiento brutal que solo él es capaz de provocar, donde la memoria de mi piel se pierde en los besos y caricias del pasado, de la intensidad que vivimos.

El camino se va oscureciendo más, hasta que, sin preverlo, Link suelta mi mano y se acerca a algo que al parecer ha encontrado en el suelo.

Su cuerpo tiembla mientras toma el misterioso objeto, hasta que se voltea hacia mí… y me impacta por completo.

- Link… eso es…

- La encontré, Zelda… – enseñó él, casi emocionado, pero con la mirada perdida y hasta podría decir fuera de sí. – Tu flor favorita… La Princesa de la Calma.

Debe ser un sueño el que hayas recordado una de las cosas más valiosas para mí…


Comentarios finales:

¡Holaaaa!

¿Saben que casi nos quedamos sin capítulo? Pues mi laptop murió, la pantalla está agonizando y eso casi me mata con ella. Sin embargo, gracias a Dios mi hermano tiene una laptop casi nueva que ni la usa porque tiene una computadora mejor, por lo que me la regaló. Así que tengo laptop nueva (con mejor procesador) y capítulo nuevo; y pude respaldar todas mis historias y demás cosas justo a tiempo.

Bien, ahora enfocándonos en el capítulo, hemos conocido un poco más del antiguo Athan y de la hermosa amistad que hizo con Zelda. Espero que el poema que le dedicó haya quedado bien, pues no escribo poesía desde el colegio. Yo hasta gané concursos escribiendo varios de esos, pero como ando seca en ese ámbito, tuve que quemar mis neuronas para poder componerlo. Así que espero que le den amor. Y se vienen más...

Ahora, con respecto al resentimiento de Zelda, creo que ahí pueden ir atando algunos cabos del por qué le tenía rechazo a Link. No todo es por la envidia o impotencia de que era el elegido por la espada o tenerlo como escolta; es por cosas que van mucho más allá y que están escritas entre líneas. Me encantaría leer teorías, suposiciones, etc., de parte de ustedes.

Muchas gracias a todos por su apoyo. Créanme que amo sus lindos comentarios.

¡Un abrazo y lindo inicio de semana! ^^

PD: Estoy feliz que mi amiga Zilia K no solo esté leyendo esta historia, sino que también haya regresado a actualizar las suyas después de mucho tiempo. Ella es una escritora increíble, parte de fanfiction desde hace muchos años (la leo desde el colegio). Pasen por su perfil y lean "La leyenda de Zelda: Sangre de Campeón". Les aseguro que les encantará, 100% zelink.