Capítulo 18: Real pesadilla

Se me hace imposible, inverosímil, lo presente a nuestros ojos… sobre todo a los de Link, quien es el que ha encontrado semejante reliquia.

- ¿Una ocarina? – preguntó Link, conociendo la clase de instrumento, pero desconocedor de su origen.

Me acerco a Link y tomo el instrumento en mis manos, palpando su material, visualizando su color y diseño. El azul es inconfundible, su textura es casi inmaterial, pero sobre todo el símbolo de la Trifuerza en su boquilla me hace saber que es la inconfundible reliquia ancestral… la que mi madre me enseñó alguna vez.

*.*.*.*.*

- ¿Aún no tienes sueño?

Desde hace varias noches me esfuerzo por no dormirme, pues no quiero que mamá se vaya y me deje sola. Me gusta que me cuente historias fantásticas, pero desde hace un tiempo quiero que lo haga más seguido, como si temiera que los cuentos llegaran a su fin. No entiendo por qué.

- Zelda, se nota que tienes sueño, así que debes dormir. – dijo mi madre, con un tono dulce y firme. – Hasta tu querido amigo está dormido.

Observo cerca de mí lo que mi madre me dice, lo que provoca otro bostezo.

- Una historia más… y prometo que me dormiré. – pedí ansiosa. – Por favor…

Sé que el gesto que le hago a mi mamá es infalible… terminará cediendo a mis deseos.

- No puedo contigo, princesa mimada. – dijo riéndose. – Esta será la última historia que te contaré.

Me emociona tanto salirme con la mía.

Mi mamá saca otro de sus libros y lo abre para mostrar algún capítulo al azar, hasta que sale algo bastante interesante.

Toda la página está cubierta por el diseño de un extraño artefacto, parece un instrumento musical. ¿Una flauta, quizás?

- Esto que ves es una ocarina, específicamente la Ocarina del Tiempo.

- ¿Ocarina del Tiempo? – pregunté curiosa.

- Se dice que en esta tierra, hace muchos siglos, existió un héroe que salvó al reino de las garras de un rey malévolo… – mi madre hizo una pausa, mostrándose algo preocupada por el tema. – Él viajó por el tiempo para poder cumplir con su misión, usando este instrumento como su aliado.

- ¿Y esa ocarina existe?

- Eso nadie lo sabe, linda. – respondió mi madre. – Pero en este mundo lleno de leyendas, de misterios y reliquias ancestrales, todo es posible. Quién sabe y algún día tendremos la oportunidad de encontrar una.

- Ojalá… – respondí pensativa, tocando el gráfico de la ocarina con interés.

- Bueno, es hora de que la princesa duerma. – dijo mi madre, arropándome en las cobijas. – Mañana tenemos que ir a la Fuente del Valor para que sigas fortaleciéndote.

- Bueno… – respondí desanimada, sabiendo el pesado día que me esperaba.

Mamá se despide de mí con un beso en la frente, para luego irse de mi habitación.

Aún me cuesta dormir… pero la canción de cuna, cual caja musical, que tanto amo, me relaja, y poco a poco mis ojos comienzan a cerrarse.

- Dulces sueños…

*.*.*.*.*

Siento dolor ante este recuerdo, y no solo por mi madre, sino por una razón que no logro descifrar. Parece que Link no es el único que tiene memorias pendientes y que lo martirizan.

- Zelda…

- El llamado de Link hace a un lado mis pensamientos. Observo la ocarina en sus manos, mientras Karud y Karad cuentan ansiosos el dinero recibido y los trozos de madera. Por suerte no han estado atentos a nada de lo ocurrido.

- Link, me parece increíble… – me costó hablar por lo magnífico en mis manos. – Pero has encontrado la Ocarina del Tiempo, en esta casa… que ahora es tuya.

- ¿La Ocarina del Tiempo? – preguntó confundido. – ¿Qué es eso?

- Acabo de recordar que mi madre me contó sobre ella. – respondí a Link. – Se dice que un antiguo héroe la usó hace millones de años para viajar en el tiempo y poder vencer a su mortal enemigo. Le dije a ella que hubiera sido interesante encontrarla… y ahora mira, la tengo en mis manos.

- ¿Y será la misma?

- No tengo dudas. Es idéntica a la de la ilustración del libro que me enseñó. – respondí animada, para luego mirar a mi protector. – Link… creo que tú debes tenerla…

- ¿Yo?

- Sí… porque eres el elegido por la espada, al igual que el héroe del pasado. – respondí, brindándole a Link una cálida sonrisa.

Sin embargo, mi expresión no tiene el resultado esperado. Link baja la mirada, apenado, incapaz de verme a los ojos.

- No soy ningún héroe…

- Link…

- De haber sido un héroe no se hubiera desatado el anterior Cataclismo, no habríamos tenido tantas pérdidas… personas.

Personas… a nuestros amigos y familia.

- No digas más, Link. – expresé, acercándome más a él, mientras colocaba la ocarina en su mano izquierda. – Como tú dijiste alguna vez, nadie más que Ganon es el culpable, y sé que no soy la más indicada en decirlo, pues hay veces que ese sentimiento de culpa me invade.

- Zelda… – expresó, mirando el instrumento en su mano.

- Ya no sirve de nada pensar en el pasado, pues ahora el presente y el futuro necesita de nuestra ayuda. – dije determinada, incrédula de sacar ese valor de mí misma. – El que esta ocarina haya aparecido es una luz de esperanza de que el destino está de nuestro lado.

- Pero yo no sé tocar ningún instrumento…

- ¿Y? Yo tampoco sé cómo tocar la lira… – dije, mostrando seguridad. – Pero algo tiene que significar que los instrumentos hayan llegado a nuestras manos, y lo sabremos en el camino.

A decir verdad, no tengo idea el motivo por el que hemos encontrado estas reliquias casi al mismo tiempo y qué función tendrán en esta misión y en nuestras vidas. Pero ahora me toca a mí levantarle el ánimo a Link, como él lo ha hecho incontables veces… desde hace más de cien años.

Lo que sí no comprendo es qué hacía la enigmática ocarina en la casa que es… que ha vuelto a ser de Link.

Siempre supe que esta casa volvería a sus manos tarde o temprano…

- ¡Muchachos!

Antes de cometer una indiscreción, quizás imperdonable, Karud y Karad se acercan a nosotros. En ese instante, le hago a Link una señal para que esconda la ocarina, a lo que él hace caso. No deseo que nadie la vea. Más adelante averiguaré qué hacía escondida en la casa de su desaparecida familia.

- Hemos contado todo el dinero y los trozos de leña, y está completo. – dijo Karud, sonriente.

- Hiciste un buen trabajo, mocoso.

- Como sea. – respondió Link, orgulloso de su logro. – Ahora, abran la puerta de la casa, quiero verla por dentro.

Karud hace una señal a Karad para que abra la puerta de la casa, orden que obedece de inmediato.

Ansioso, Link ingresa al sitio, seguido por mí. Aunque está totalmente vacío, observo como mi caballero se queda pasmado viéndolo, caminando lento, mientras sus pasos hacen eco en el silencio y a medida que sus manos tocan las paredes. En la parte de abajo está el espacio de una pequeña sala, cocina y una habitación, la que tampoco tiene nada; y subiendo las escaleras las cosas son de la misma manera, un cuarto sin nada.

Todo está tan vacío, como estoy segura se encuentra el corazón de Link en estos momentos.

- Link… – lo llamé al observar cómo se acercaba a la ventana de la habitación.

Él está de espaldas a mí, pero veo como su cuerpo tiembla ligeramente. Sé que no está bien y necesito que lo saque a flote.

- ¿Qué sientes? – pregunté, colocando una mano en su hombro.

Link voltea a mí, luchando por disimular su malestar; incluso veo que transpira y respira agitado. Para calmarlo, acaricio su rostro con delicadeza, esperando que mis tratos lo alivien.

Daría lo que sea por saber qué está pasando exactamente por tu cabeza, Link.

- Estoy bien…

Link comienza a acariciar mi mano a medida que sus temblores se van deteniendo. Eso me llena de paz, sobre todo de encanto, pues sentir que me toca es tan sublime que me eriza la piel y cada uno los sentidos.

- ¿Seguro estás bien? – volví a preguntar, preocupada. – Lo que sea que quieras hablar, estoy dispuesta a escucharte.

- Nada… – sé que miente, pero no insisto más. – Solo que me emociona, desde mi despertar, sentir que algo me pertenece en serio. Zelda… incluso, por cualquier emergencia, tenemos donde venir a refugiarnos.

Tú y yo… en un sitio donde refugiarnos. No sé qué sentir ante semejante alternativa.

- ¿Estás bien? – preguntó Link, tomando mi mentón, cosa que él desconoce que me mata, pues me obliga a mirarlo a los ojos.

- Sí… todo bien. – respondí, mintiendo, mientras mi corazón latía desbocado.

- Estás con las mejillas rojas... – expresó preocupado. – ¿Tienes fiebre?

- Link… la verdad es que yo…

La llegada de unos pasos nos libera de nuestro agarre, pues Karud y Karad han llegado a la habitación vacía.

- ¡Ups! – expresó Karud, lanzando una risa. – ¿Interrumpimos?

- Por suerte no está la cama en este cuarto. – dijo Karad, riéndose. – Sino…

- ¡Basta! – exclamó Link, enojado y sonrojado. – ¿Eres ciego o no ves que hay una dama aquí presente? ¡Respeta!

- Tranquilo, Link… no le hagas caso. – pedí, avergonzada y acalorada.

- Zelda… es que… – no sé por qué Link parece tan nervioso. – Es que ese es el problema. Compré esta casa por demasiado dinero, y no tiene nada. No hay ni dónde sentarse. ¡Fue tan cara!

- ¿¡Cara!? – preguntó Karud, ofendido. – Mocoso, te la vendí a precio de ganga. ¡Mal agradecido!

- Lo que sea... – dijo Link, desencajado. – Pero no tiene muebles, camas, nada. ¿No debieron entregarla amoblada?

- Ese es otro costo… – dijo Karad, serio.

- ¿Más dinero? ¡No se pasen!

- A ver, muchacho, te explico… – habló Karud. – Nosotros tenemos en nuestro resguardo las cosas que pertenecieron a esta casa, pero están todas viejas, apolilladas… y arreglarlas tendrá un costo adicional.

- ¿Y cuál sería ese costo? – preguntó Link. – No sé si sería mejor, pero preferiría que sean cosas nuevas.

- ¡No! – exclamé, dándome cuenta después de mi tontería. – No creo que convenga que sean cosas nuevas, Link. Eso sería demasiado costoso.

- Pero…

- Hágale caso a la novia, muchacho. – dijo Karud, provocando que mi corazón se acelere. – Comprar nuevas sería muy caro.

Link me mira sonrojado, imagino por lo que el constructor acaba de lanzar. Busca en mí aprobación en remodelar las cosas antiguas, sin saber el por qué, yo más que nadie, deseo que se conserven…

- Es mejor remodelarlas, Link. – afirmé sonriendo. – Deja eso en manos de los expertos.

Link me mira aliviado, mientras que mis palabras agrandan el ego de los constructores.

He logrado parte de mi cometido…

- Está bien, acepto que remodelen las cosas. – dijo Link. – ¿Cuál sería el valor?

- 5000 rupias. – respondió Karud.

- ¿¡QUÉE!? – exclamó Link, espantado. – ¿Trabajas para mí o me estás asaltando? ¡No abuses!

- Mira, mocoso atrevido… – respondió Karud, ofendido. – Mi talento cuesta, así que si quieres un buen trabajo es lo que tienes que pagar.

Link lanza un rugido de enojo, cosa que me da risa. Sin embargo, coloca en las manos del constructor una bolsa de rupias.

- Te entrego la mitad ahora, y la otra cuando regrese de mi viaje. – dijo Link.

- Bueno… algo es algo. – respondió Karud, contento por el dinero. – Con esto podemos comenzar a trabajar. Sin embargo, antes quiero dejarte algo en claro, muchacho…

Karud se acerca un poco más a nosotros, mostrándose molesto por lo que percibo. Link ni se inmuta ante eso.

- Parece que olvidaste nuestra última conversación, el día que nos conocimos. – dijo Karud, serio. – Nuestra organización lucra por un importante motivo, que no es más que cumplir con el sueño de mi difunta madre. Estamos luchando por reconstruir este reino, así sea a pasos lentos.

- ¡Así es! – intervino Karad. – Por eso Karid no está presente en estos momentos, pues ha encontrado un terreno abandonado en la región de Akkala que está reconstruyendo, gracias al poco dinero que hemos logrado reunir.

- Míralo como sea, pero estás haciendo un bien a este reino. – dijo Karud. – ¡ASÍ QUE NO VUELVAS A DECIRNOS ASALTANTES!

Link baja la mirada, avergonzado, mientras yo vuelvo a emocionarme por el maravilloso sueño de la Constructora; incluso en Akkala ya están comenzando con eso, lo que me llena de curiosidad.

- Lo siento… – dijo Link, apenado.

- Disculpen a Link. – pedí. – Está un poco nervioso por algunas situaciones, entre esas que le costó mucho conseguir el dinero.

- Solo porque esta dama lo pide, lo dejaré pasar. – dijo Karud. – Además, me caes bien, no sé por qué. Ten por seguro que la continuación de tu casa estará en buenas manos.

Karud estira la mano a Link, cosa que él le corresponde. Me alivia saber que las asperezas se han aliviado y que poco a poco se podrá recuperar este perdido hogar.

- Se está haciendo tarde. – dijo Karad. – Sugiero que vayan al hostal del pueblo a pedir una habitación.

- Eso mismo estaba pensando, está comenzando a hacer frío. – dijo Link. – Nos veremos pronto.

Link se despide de Karud y Karad, pensando que yo lo seguiría. Sin embargo, detuve mi paso un momento para hablar con el jefe de la constructora.

- Quiero pedirle un favor… – dije en voz baja.

De mi bolsillo saco una rupia dorada, causando que los ojos del hombre se desorbiten, pero poco después me mira ofendido.

- ¿Me estás sobornando, niña?

- ¡No! ¡Claro que no! – aclaré preocupada. – Esto es solo un abono para su noble causa. Además, porque quiero pedirle que tenga extremo cuidado en la remodelación de las cosas de esta casa.

- ¿A qué te refieres?

- Cualquier cosa que vea, baúl cerrado o lo que sea importante, no lo revise. Simplemente limítese a remodelar. – pedí seria.

- No comprendo por qué me pides eso… pero está bien. – dijo Karud. – Cuidaré de esas cosas como si fueran mías.

- Muchas gracias.

Luego de eso, bajo las escaleras para salir de la casa, momento en el que descubro que Link ya regresaba por mi tardanza.

- Creí que me estabas siguiendo, Zelda. – dijo Link, preocupado. – Ya regresaba a buscarte. Pensé que Karad había salido con alguno de sus atrevimientos contigo.

- ¡Nada de eso! Siento la tardanza, pero… – pensé en algo rápido para calmar a Link. – ¡Le advertí a esos hombres que hagan bien su trabajo! Tanto costó tener ese dinero como para que lo malgasten.

Link me mira sorprendido, para luego lanzar una pequeña risa. Pocas son las oportunidades en la que puedo verlo así.

- Gracias por tomar en serio esto tan importante para mí, Zelda.

Poco después, mi caballero me cede su brazo, cosa que me deja quieta como una estatua.

- Permítame escoltarla a sus elegantes aposentos, princesa Zelda. – dijo Link, sonriendo nervioso. – Su lujoso hotel la espera.

- ¡Ay, Link! – exclamé, soltando una carcajada.

Tomo el brazo de Link, renaciendo sensaciones del pasado al tenerlo así de cerca... Con mi maravilloso caballero a mi lado.


El desvío a la aldea Hatelia retrasó las cosas por varios días, haciendo que pasemos la noche a la intemperie o en el rancho de Akkala Sur; pero valió por completo la pena, pues el semblante de Link, a pesar de los peligros que nos esperan, era calmado, hasta a veces risueño. Haber obtenido esa casa fue un logro para él y me siento muy orgullosa por su felicidad.

Solo espero que lo que viene después le haga asimilar las cosas con la misma calma…

Con la bondad de Epona como medio de transporte, pasamos por la Torre de Akkala, la que lamentablemente se encuentra infestada de guardianes y monstruos. Link quiso acabar con todos, pero algo que no comprendo lo detuvo.

- Zelda… ¿podemos dejar pasar la activación de esta torre? – preguntó, casi sin voz.

- ¿Ocurre algo?

- No me siento cómodo en este lugar… – respondió entristecido, y apuesto a que ni él mismo sabe por qué. – La Torre de Eldin se encuentra igual de cerca, podemos activarla a lo que salgamos de la Fuente del Poder.

- Como desees, Link.

Aunque no lo digas, Link, sé que la Fortaleza de Akkala ha tocado un punto sensible en tu vida, pero no sé si lo has recordado o es una simple corazonada. Lo único que me tranquiliza es que poco a poco estás reconstruyendo tu vida… aunque no sea en la parte más valiosa para mí.

Una vez pasamos la Sierra de Akkala, llegamos a la entrada de la Fuente del Poder, la que se encuentra cubierta por hojas secas, como el eterno otoño de esta región.

Me siento tan nerviosa de estar en este sitio, con miedos pasados que me atormentan hasta los huesos.

Link deja a Epona apartada de la entrada de la fuente, para después ayudarme a bajar. Me esfuerzo lo más que puedo para controlar mis nervios, pero estoy a punto de enfrentarme a uno de los sitios en donde viví mis más grandes angustias, persiguiendo ese poder que apareció demasiado tarde.

Link desenvaina su espada y retira las hojas del camino, liberando la entrada a la fuente. Seguimos nuestro trayecto, hasta que llegamos a la orilla, frente a la estatua de la Diosa Hylia.

Ya mis esfuerzos por cerrar mi mente se desvanecen, pues uno de mis recuerdos llega a atormentarme…

*.*.*.*.*

Rezando… una vez más orando aquí, con la luna llena cubriéndome por completo y con las lágrimas luchando para no salir.

Link, mi guardián, mi compañero… el hombre que he amado desde siempre, se encuentra cuidando la entrada desde la distancia, vigilando que nadie ose a interrumpir este importante ritual.

¿Importante ritual? Llevo años haciendo esto para un poder que ni despierta.

- El poder sagrado que ha heredado la familia real para enfrentar a Ganon, puede despertarse por medio de plegarias... Al menos eso he oído siempre.

En ese momento lanzo un quejido de acongoja, pues la mujer más valiosa de mi vida llega a mis pensamientos, como siempre lo ha estado desde el día en que se marchó.

- Mi madre… juraba que el poder algún día despertaría en mí, y que escucharía a los espíritus, igual que mi abuela… – hice una pausa para ganar fortaleza. – Pero yo no he podido sentir ni escuchar nada.

Aunque esté de espaldas a mí, sé que Link me está escuchando atentamente…

- Mi padre insiste en que deje de perder el tiempo haciendo mis investigaciones, y que me esfuerce más, pero… – golpeé el agua con mis puños, molesta e impotente, sin poder más. – ¡Sabe mejor que nadie que llevo toda mi vida rezando! He suplicado en las tierras ligadas a las antiguas deidades… Y a pesar de todo, el poder sagrado no responde a mi devoción.

Siento que el frío y la tristeza me invaden más que nunca, y busco respuestas en quién siento como único soporte en estos momentos.

- Te ruego que me digas… ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?

Siento mucha angustia en mi pecho, mientras la respiración se me entrecorta. Y cuando menos me doy cuenta, Link me ha tomado en sus brazos, sacándome de la fuente.

Tan mal me siento que ni siquiera lo escuché adentrarse al agua.

- Link… – lo llamé sorprendida.

- Suficiente por hoy.

- Pero…

- Basta, Zelda. – dijo serio, sin necesidad de alzar la voz pudo intimidarme. – No voy a permitir que mueras por tu obsesión. Iremos a descansar, mañana será otro día para volver a empezar.

Me juntas más a tu cuerpo en un cálido abrazo, el que se siente así a pesar de que nuestras ropas están empapadas.

- No temas, Zelda… estoy contigo.

*.*.*.*.*

He recordado ese día… uno de los tantos en los que Link y yo compartimos nuestros pesares, aunque a veces pienso que si él tuvo penas, todas son por mi causa.

Siento que he maldecido su destino.

- Zelda…

Tu llamado me saca de mis pensamientos, descubriendo que me señalas el sitio a donde debo ir a orar, a los pies de la Diosa Hylia.

- No temas, Zelda… estoy contigo.

¿Qué clase de frase fue esa? ¿Acaso este sitio te hizo recordar lo mismo que yo? Tu sonrisa me llena de ánimos, de paz para seguir adelante, y con una esperanza de esta vez sí obtener respuestas a mis plagarías.

- Gracias, Link… – respondí sonriente.

- Zelda, recuerda la lira.

- Aún no sé qué hacer con ella. – comenté apenada.

- Tenla en tus manos cuando estés frente a la Diosa. – sugirió él. – Quizás ocurra algo interesante.

No entiendo por qué mi caballero me dice eso, pero algo en mi corazón me obliga a hacerle caso.

Me sumerjo a las aguas, las que por la luz del sol no se encuentran heladas, sino cálidas. Una vez me posiciono frente a la Diosa, comienzo mis oraciones, mis ruegos para pedirle que me devuelva el poder que perdí.

- Anhelo el poder de regreso a mí. Lo pido en tu nombre, hermosa Diosa, en el nombre de las almas que ya no están.

Y es en ese momento, para sorpresa mía, que la lira comienza a brillar.

- Oh…

No comprendo, no doy fe de lo que está pasando frente a mis ojos, pero mi corazón me dicta a hacer algo impensable, algo que jamás en mi vida había hecho.

Mis manos se colocan en las cuerdas de la lira y comienzan a entonar una canción.

Cierro mis ojos y me dejo llevar por la melodía que mis manos están produciendo, pero que mi corazón siente como propia, como parte de mi alma desde antes de mi nacimiento. El agua de la fuente se siente más cálida, agradable, mientras el canto de los pájaros se escucha más sonoro… algo bastante extraño, pues este sitio estaba en completo silencio hace unos momentos.

Incluso puedo escuchar un sonido ajeno a las cuerdas de la lira, pero estoy tan ensimismada en mis notas que no logro descubrir qué es.

Poco después, mis dedos se detienen, pues el resplandor de la lira traspasa mis cerrados ojos… y es cuando los abro que quedo estupefacta.

- ¿Qué es eso?

Frente a mí está levitando un pequeño orbe rojo con el símbolo de un ave decorándolo, el que tomo con mis manos con duda y sorpresa. Sin embargo, mi impacto se acrecienta cuando me doy la vuelta y veo todo lo que me rodea.

La Fuente del Poder se ha transformado. Ya no queda nada del viejo y destartalado lugar, pues ahora lo reemplazan aguas limpias, plantas y flores llenas de vida, cascadas corriendo con grácil fluidez y antorchas encendidas encaminando la entrada.

Es como si el lugar hubiera retrocedido miles de años atrás y recuperado la imagen de antaño.

- ¿Cómo es posible esto?

No me da tiempo de seguir analizando nada, pues me impacto al ver a Link con la ocarina en sus labios, mientras esta desprende varios destellos dorados.

- No puede ser…

¿Fue ese el sonido ajeno a la lira que escuché mientras la entonaba? ¿La ocarina del tiempo es la que ha regresado a este sitio a su imagen pasada?

No comprendo cómo Link pudo tocarla sin saberlo…

- Link…

El rostro de Link es de completa sorpresa, sin embargo, luego cambia a uno furioso, lleno de rabia…

Todo ocurrió demasiado rápido…

Una sombra negra se acerca, y cuando cierro los ojos por inercia, Link se coloca frente a mí, empujando con su escudo hacia las sagradas aguas de la fuente.

- ¡AAAARHG!

Los gritos de lo que sea que haya querido atacarme se escuchan horribles, como si estuviera quemándose en lava hirviendo.

No reacciono… Estoy inmóvil ante lo que está ocurriendo frente a mí.

En ese instante, Link desenvaina su espada y se dispone a perforar al ser, pero este se levanta rápido y se posiciona en la orilla de la fuente, frente a mí. Link vuelve a cubrirme, mientras percibo como su furia se acrecienta.

Es ahí cuando descubro a mi casi homicida… y no puedo creerlo.

- Maldito seas, héroe… – dijo el ser, enfurecido. – Me confié demasiado al no tener presente que podrías revivir el agua sagrada… a pesar de que sin tu legendaria espada no eres nada.

- ¿¡Quién eres!? – preguntó Link, furioso y en guardia.

Mi enemigo, mi peor pesadilla, comienza a reír en bajas carcajadas, aunque el agua sagrada le ha dañado el brazo, cual ácido maldito.

- Por ahora ganaste, princesa, tan zorra como tu madre… – dijo el ser, mencionando su última frase con inmenso odio. – Pero nada me quita la dicha de que hayas vuelto a verme, y que sepas que a partir de ahora te seguiré hasta el mismo infierno.

Luego de eso, él se fue… dejándome sola con Link, pero acompañada del terror más grande de mi vida.

No puedo creer que haya vuelto a aparecer en mi vida…

- ¡Zelda!

Me siento mareada, pero aún no pierdo el conocimiento. Link me toma en sus brazos, impidiendo que mi rostro toque el agua.

- ¿¡Qué tienes, Zelda!? – preguntó angustiado. – ¿Quién es ese tipo? ¿Por qué quiso atacarte?

- Vete, Canciller… no quiero verte más...

Tengo mucho frío… todo se ve tan oscuro.

Nunca creí volverte a ver… Astor.


Comentarios finales:

Feliz de estar aquí con otro nuevo capítulo.

Bueno, creo que este habrá dejado impresionado a más de uno, sobre todo porque la función de la ocarina apareció más rápido de lo esperado y por la llegada de un personaje bastante conocido.

¿Se preguntarán por qué apareció? ¿Por qué Zelda lo llamó también "canciller"? Bueno, eso es una referencia real que aparece en el juego BOTW, específicamente en el castillo, que si no la descubren ahora, lo harán en el siguiente capítulo.

La canción entonada por Zelda es la "Balada de la Diosa", algo bastante obvio y esperado, mientras que la Ocarina del Tiempo la acompañaba, manifestando lo que es capaz de hacer y reparar.

No tengo nada más que decir, prefiero dejar las teorías en sus manos.

Muchas gracias por leer, y espero que este capítulo les haya gustado.

Saluditos ^^