Capítulo 20: Como un volcán
Reconozco que tuve miedo de abrir los ojos, pues por eternos segundos estuve esperando a que la roca me aplaste… sí, a mí, pues no iba a permitir que toque a la princesa bajo ninguna circunstancia.
Zelda, me ha costado reconocerlo, o quizás siempre lo supe, pero te has vuelto la persona… no, la mujer más importante de mi vida, a la que quiero ver sonreír siempre, acariciar cuando esté feliz o triste, abrazarla cuando necesite de mi abrigo y protección.
¿Será el sentimiento que creo que es? Me llena de dicha, pero al mismo tiempo temor, pues mi amnésico pasado me condena.
Tengo terror de arruinar esta hermosa química que hemos construido…
- ¡Link! – me llamó Zelda, sacándome de mis pensamientos.
Una vez regreso a la realidad, veo a la roca destrozada delante de nosotros, pero lo que más me sorprende es ver al que nos está protegiendo… tan pequeño.
- ¿Están bien? – preguntó el ser, girándose hacia nosotros y sonriendo.
- Oh… – expresó Zelda, sorprendida. – Un pequeño Goron.
- ¿Pequeño, señorita? – dijo el Goron, tan ofendido que hasta risa dio. – ¿No ve que acabo de salvarlos? Yo soy invencible, soy el gran Daruk.
Algo en mi cabeza explota al escuchar ese nombre, pero Zelda palidece, hasta tambalearse y estar a punto de caerse. La tomo de los hombros para que no pierda el equilibrio, y aun así su conmoción continúa.
- Daruk… – repitió Zelda, impactada. – No puede ser, imposible.
- Así me llamo, señorita. – aseguró el pequeño. – Soy el gran Daruk.
- ¿Qué pasa, Zelda? – pregunté preocupado. – ¿Quién es Daruk?
- Yo pues… – volvió a intervenir el Goron. – Yo soy…
- ¡DARUK!
Un nuevo invitado intervino en esta mención inmisericorde del nombre "Daruk". Esta vez llega otro Goron, pero mucho más grande y corpulento. Llama al niño a gritos, preocupado.
- ¡Hermano Yunobo! – llamó el niño, emocionado.
- ¿Dónde te habías metido, Daruk? – preguntó preocupado. – ¡Te he buscado por todas partes!
El nuevo Goron, a pesar de ser un adulto, no tiene una mirada fiera ni actitud desafiante como el pequeño. Más bien se ve demasiado tranquilo, y hasta podría decir temeroso, imagino por la ausencia del menor.
- Solo salí a dar un paseo, y le salvé la vida a estos visitantes. – respondió Daruk. – ¿No dices que debo ser valiente? Pues eso hice.
Yunobo nos observa, y aunque su imagen inocente no me causa desconfianza, igual estoy atento a sus movimientos, por Zelda. Poco después, el ser nos sonríe, cosa que me tranquiliza. Ahora sí no lo percibo para nada un enemigo.
- Mucho gusto, bienvenidos a la Montaña de la Muerte. – dijo el Goron. – Soy Yunobo y estoy para servirles.
- El gusto es mío. – saludé, ya más tranquilo. – Me llamo Link, y gracias a su hermano nos salvamos de una muerte segura. Es muy fuerte.
- ¿Te llamas Link? – preguntó el pequeño Goron, sorprendido.
- Sí… así es. – respondí, nervioso por alguna razón.
- ¡Me gusta tu nombre! ¡Suena fuerte y valiente, como yo!
Sin comprender la razón, el entusiasmo del niño se me hizo familiar y agradable, como si un viejo amigo me estuviera dando la bienvenida.
- Yo… – la princesa comenzó a hablar, ya un poco más tranquila. – Yo me llamo Zelda, mucho gusto. Gracias a la gran proeza del pequeño Daruk estamos a salvo.
- ¡Nadie supera mi fuerza! – exclamó el niño. – Incluso soy más valiente que mi hermano.
Ante ese comentario, Yunobo se apena, pero no le da mucha importancia.
- Yunobo… – habló Zelda, volviendo a ponerse nerviosa. – ¿En serio este pequeño es su hermano?
- Eh… – el Goron se puso nervioso ante esa pregunta. – Bueno…
- Hermano, me ha caído bien este chico, Link. – dijo Daruk, sonriendo. – Claro, al igual que Zelda. ¿Por qué no se los presentamos al abuelo?
- Tienes razón, Daruk. – dijo Yunobo, para después dirigirse a nosotros. – Por favor, acompáñennos a la ciudad Goron.
- ¿A la ciudad Goron? – preguntó Zelda, preocupada. – No tenemos las condiciones para ir allá… nos vamos a calcinar.
- Tiene toda la razón, señorita. – se dio cuenta Yunobo, apenado. – Qué tonto de mi parte.
Todos nos quedamos en silencio por unos segundos, analizando la situación tan peligrosa en la que nos encontramos. Según Zelda, estamos cerca del lago Goronbi, una fuente repleta de lava que está derritiéndonos lentamente. Más me preocupo por la princesa, pues no sé si ella pueda aguantar.
Ante mi malestar, se acerca a mí el pequeño Daruk, quien toma mi mano como si yo fuera de su total confianza. Nunca me había puesto a pensar en lo agradable que son los niños… incluso por alguna razón me identifico con él.
- ¡Hermano Yunobo! – gritó el niño. – Traigamos los trajes ignífugos para Link y Zelda, con eso podrán ir hasta la ciudad Goron.
- ¡Buena idea, Daruk! – reconoció Yunobo, emocionado.
- ¿Trajes ignífugos? – pregunté con curiosidad.
- Sí, son unas armaduras especiales que les ayudarán a soportar hasta la temperatura del mismo cráter de la montaña. – respondió Yunobo.
- ¿Cuánto cuesta cada uno? – pregunté, sacando mi alforja, pero Daruk me detuvo las manos.
- No, hermano Link. – dijo Daruk, sonriendo. – Será nuestro regalo.
"Hermano Link"… este pequeño no deja de sorprenderme.
- De ninguna manera. – dijo Zelda, apenada, mirando a Yunobo. – No queremos ser una molestia.
- Ninguna molestia, señorita Zelda. – respondió Yunobo. – Sí, Daruk los salvó, es porque son buenas personas y se lo merecen todo.
- Ya volvemos, esperen aquí. – dijo Daruk.
Los hermanos se transforman en una bola rocosa y ascienden por la montaña, dejándonos a Zelda y a mí en la espera. Ubico mi mirada en ella y la veo consternada, por lo que me acerco.
- Bebe agua, Zelda. – dije, sacando una botella de mi alforja. – Para que puedas resistir este calor hasta que los Gorons regresen.
La princesa acepta mi ofrecimiento, bebiendo con ansiedad. Sin embargo, percibo que la sed no es lo único que la tiene así, sino algo más…
- Zelda… ¿todo está bien?
- Link… Daruk… no puede ser él.
- ¿Ah? – no entendía nada de lo que ella decía.
- Link, Daruk fue uno de los campeones que pereció en el cataclismo de hace cien años, el piloto de la bestia divina Vah Rudania. – contó Zelda, volviendo a mí esas sensaciones de familiaridad. – Ese niño es idéntico a él, hasta tiene su mismo poder…
- ¿Y si es su hijo o nieto?
- Él no tuvo hijos. – respondió Zelda. – Así que he quedado totalmente impactada de ver a ese niño. No veo lógica a nada de esto.
- Esperemos a que nos traigan los trajes ignífugos. – pedí, tratando de tranquilizar a mi dama. – Quizás el abuelo de los hermanos nos pueda dar una explicación. Ahora lo más importante es superar este clima infernal.
Tomo la mano de Zelda y la miro a los ojos, tratando de transmitirle la seguridad que ni yo mismo tengo. Tengo el impulso de hacer algo más, pero no quiero asustarla… menos con el calor que hace en estos momentos.
- Gracias… Link. – respondió ella, sonriendo, más calmada.
Poco después, los Gorons regresan, mucho más rápido de lo pensado, y con las vestimentas prometidas en sus manos.
Yunobo se acerca a Zelda y le muestra su traje.
- Para la linda dama, aquí presente, tenemos la túnica ignífuga. – dijo el Goron, tímido. – Una hermosa capucha roja, tipo caperuza, para que la proteja de este incandescente calor. La misma viene acompañada de una blusa del mismo tono y un corsét parecido al que lleva puesto, al igual que el pantalón, solo que este está más reforzado para este clima. Las botas también son resistentes, pero al mismo tiempo livianas, para que pueda caminar cómodamente por estos terrenos rocosos.
A la princesa se le iluminan los ojos al ver el traje… y a decir verdad, me muero por vérselo puesto…
- Muchas gracias, está muy lindo. – dijo Zelda, sonriendo.
- Puede cambiarse detrás de una de las rocas. – sugirió Yunobo. – Le aseguro que nadie la verá.
Zelda, siguiendo la indicación del Goron, va a ocultarse a la dicha roca. Mientras tanto, el pequeño Daruk se acerca a mí para hacerme la entrega de mi traje.
- Y para este fuerte muchacho, tenemos la armadura ignífuga. – dijo el niño, enseñándome el traje. – Una armadura ruda, pero liviana, conformada por casco, pantalón y botas. Reconozco que no es tan elegante como el de Zelda, pero es perfecto para alguien como tú.
De la misma manera, me dirijo a una de las rocas para cambiarme.
Zelda y yo salimos al mismo tiempo… y tal como imaginé, se veía espléndida en su traje, hermosa como una Diosa de fuego. De inmediato aparto mi mirada, pues por el sonrojo de sus mejillas, veo que se ha puesto nerviosa.
- Como siempre arruinando todo, Link… – pensé para mí mismo, molesto.
- Los dos se ven muy bien con sus trajes. – dijo Daruk. – Ahora sí podemos ir a ver al abuelo. ¡Andando!
Dejando de lado cualquier embelesamiento en mi cabeza, los seres nos guían hasta la ciudad Goron.
Nuestro paso a la ciudad Goron nos hizo pasar por la Mina Meridional, donde pudimos observar a varios Gorons trabajando con ahínco en la recolección de minerales variados, entre esos los más valiosos, como rubíes, zafiros o diamantes. Fue en ese momento en el que pensé el costo de cada joya, porque quizás los Gorons, al ser distribuidores directos, las venderían a buen precio, lo que me permitiría comprarlas, revenderlas a mayor precio y obtener más dinero para mejorar las condiciones de mi casa; e incluso las de este viaje para que sea más seguro para Zelda.
No comprendo por qué en todos los planes que hago a mi cabeza incluyo a la princesa…
No falta mucho para llegar a la ciudad Goron, y el camino ascendente es pesado, sobre todo para Zelda, que, aunque lo disimule, sé que se siente cansada y le cuesta andar. Para darle más soporte, la tomo de la mano y así la ayudo a subir más rápido.
- Gracias, Link.
Me gusta tocar a Zelda… demasiado.
- Es un gusto. – respondí, agradecido de que el casco cubriera mi rostro. – Zelda, ¿en el pasado estuvimos aquí? ¿Usamos estos mismos trajes?
- En ese tiempo pudimos soportar el calor porque bebimos una poción ignífuga, lo que no sé por qué no se me ocurrió antes. – respondió Zelda, apenada. – Aunque bueno, estos trajes están mejor, pues la bebida era de poca duración y tenían mal sabor.
- Entiendo. – respondí. – ¿Y Daruk? Me refiero al del pasado… ¿Cómo lo conociste?
- Impa y mi padre escucharon sobre un Goron con una fuerza sin igual, y que además poseía un poder magnífico de protección, el que él mismo bautizó como "Escudo de Daruk", lo que hizo el pequeño que nos salvó. Lo conocí cuando vine a ofrecerle el deber de pilotar la bestia divina. Y recuerdo ese día con gracia, pues presumía de ser muy valiente para derrotar a Ganon, pero apenas vio a un tierno perrito, se espantó. Era un niño tierno.
- Ya veo… – respondí confundido. – ¿Crees, entonces, que el niño es familiar de él?
- Probablemente, y quizás también Yunobo lo sea, pues lo llama "hermano" y existe un abuelo. – respondió la dama, pensativa. – Talvez al hablar con el señor entenderemos todo.
- Y hemos llegado. – anunció Yunobo. – Bienvenidos a la ciudad Goron.
A pesar de estar rodeado de lava, se siente una paz en el sitio… demasiada. Casas rocosas, un hostal, una herrería, un asadero en la que están cocinando carne… la que me provoca demasiado.
Tengo tanta hambre que me comería hasta las piedras.
- Hermano Link, ya estamos llegando a la casa del abuelo. – dijo el niño. – Y seguro nos espera con un delicioso rocopernil. ¿Lo has comido?
- ¿Un rocopernil?
Esa palabra trajo a mi mente una extraña sensación… y sabor.
- Después de tanto luchar, tienes hambre, ¿verdad?
- Bueno, yo…
- ¡Pues tengo lo que necesitas! Mi especialidad, el rocopernil al fuego lento, je, je. ¿Verdad que se ve delicioso?
- Eh… sí, se ve delicioso.
- ¿Lo compartimos, muchacho?
- ¿Link?
El llamado de Zelda me saca de la laguna mental que llegó a mi cabeza.
- Zelda, ¿has comido un rocopernil?
- ¿¡Ah!? – exclamó impresionada, riéndose. – Yo no… pero tú sí.
- ¿En serio?
- ¡Abuelo!
Ya no puedo seguir con la interesante conversación, pues el mencionado abuelo ha salido de su rocosa casa. Se trata de un Goron de la tercera edad con un parche en el ojo derecho, jorobado y con varias rocas color café encima de su espalda.
- Señor Gorobu, por fin encontré a Daruk. – dijo Yunobo, lanzando un suspiro. – Como siempre es muy escurridizo.
¿Señor? ¿No era el abuelo de ambos? Ahora sí no entiendo nada.
- Menos mal. – dijo el anciano, aliviado. – Daruk, no vuelvas a irte de esa manera. Desde la última vez nos dejaste muy preocupados.
- Lo siento, abuelo… – dijo el niño, apenado. – Y ya no me regañes, tengo hambre. ¿Ya está listo el rocopernil?
- Claro que sí. Entra a comerlo… mientras yo converso con los recién llegados. – dijo el anciano, mirándonos con curiosidad.
El pequeño, animado, entra a la casa, mientras que el anciano se acerca a nosotros.
- Soy Gorobu, el jefe de la tribu de los Gorons. – dijo el anciano. – ¿Quiénes son ustedes?
- Nosotros…
No supe qué responder ante la pregunta del anciano, pues a diferencia de la visita al rey Dorphan, él sí sabía quiénes éramos nosotros… pero este anciano no nos ha reconocido. No tiene idea de nada.
- Mucho gusto, señor Gorobu. – dijo Zelda, con calma. – Mi nombre es Zelda y Link es mi acompañante.
- ¿Link y Zelda? Esos nombres se me hacen tan conocidos… pero no recuerdo de dónde.
- ¿En serio? – preguntó la princesa, fingiendo sorpresa. – Qué curioso.
Nunca deja de sorprenderme lo estratega que puede llegar a ser la princesa.
- ¿Por qué han llegado hasta aquí? – preguntó el anciano. – No es común ver a humanos por estos lares.
- Nosotros somos enviados de Impa, la antigua Consejera del desaparecido reino de Hyrule. – respondió Zelda, demostrando que tenía preparado todo el escenario a nuestro favor.
- ¿Impa? – preguntó el anciano. – Sí, he oído hablar de ella. Es una sorpresa que siga viva. Seguro está más vieja que yo.
Zelda y yo nos quisimos reír ante su comentario, pero no lo corregimos en lo absoluto.
- Sigue viva. – respondió Zelda. – Y por su aún lealtad al reino de antaño, es que nos ha enviado a una misión especial.
- ¿Misión especial? – preguntó Yunobo, ahora interviniendo en la conversación.
- Somos arqueólogos especializados en las reliquias ancestrales Sheikahs, y estamos revisando el estado de las legendarias bestias divinas. – explicó Zelda. – Ya revisamos a Vah Ruta, la bestia divina de la región de Lanayru. Presentó algunos desperfectos… pero ya los arreglamos.
- ¿En serio? – preguntó el jefe Goron. – Pues Vah Rudania, la bestia divina que nos protege, está en perfecto estado. No nos ha causado ningún problema.
Zelda y yo nos impactamos ante la respuesta de Gorobu. Los pocos que conocemos la actual suerte de Hyrule en manos de Ganon, sabemos que las bestias divinas aún se encuentran bajo su posesión y por ende causan problemas a la región que protegen. Así como Ruta causó sequía en Lanayru, aquí debería estar causando alguna anomalía… pero aparentemente no pasa nada.
- Eso no puede ser… – dijo Zelda, sorprendida.
- Pues sí, señorita Zelda. – dijo Yunobo. – Todo está tranquilo por estos lares. Incluso la bestia divina se encuentra en letargo dentro del cráter del volcán, y eso no nos causa ninguna preocupación. Aunque…
Yunobo observa al jefe, preocupado, mientras que este le da una señal de afirmación para que hable.
- La bestia nos preocupa por el pequeño Daruk, quien desde que llegó a esta ciudad, está empecinado en conocerla.
- ¿Qué? – preguntó Zelda, sorprendida.
- Link, Zelda… Daruk no es mi hermano. – respondió Yunobo, preocupado.
Si antes estábamos confundidos, ahora las cosas están peor para Zelda y para mí.
Esto debe tener una explicación.
- El pequeño Daruk apareció en nuestras vidas de la nada. – dijo Gorobu. – No comprendemos cómo y por qué.
- Un día, cuando me dirigí a la Mina Septentrional a buscar la medicina para el dolor de espalda del jefe, me encontré con el pequeño, quien por medio de su poder embistió a algunos monstruos que estaban por ahí. – dijo Yunobo. – Al inicio pensé que estaba alucinando, pues que Daruk esté vivo, y encima como un niño, es imposible.
- Por casualidad… – intervine en la conversación, igual de sorprendido. – ¿El antiguo Daruk no habrá tenido familia?
- No. – aseguró Yunobo. – Yo soy el único descendiente formal del desaparecido Campeón, pues poseo su mismo poder. No tengo la menor idea de dónde salió ese niño. Apenas me vio se abrazó a mí y me dijo que se llamaba Daruk, y comenzó a llamarme "hermano" y al jefe "abuelo".
- Es una situación bastante extraña. – dijo Gorobu. – Pero de ninguna manera íbamos a dejar desamparado a un niño, mucho menos si nos recuerda a nuestro querido Campeón. Quizás el mismo Daruk nos lo envió para que lo recordáramos, así que por eso hemos decidido cuidarlo y que nos crea su familia. Lo hacemos con gusto.
Me siento bastante sorprendido por la historia contada, pero la más consternada es Zelda.
- ¿El pequeño Daruk les dijo de dónde vino? – preguntó Zelda.
- No, dice no recordar nada. – respondió Yunobo. – Sin embargo, es demasiado revoltoso y me esmero demasiado en cuidarlo porque, como les dije, se empeña en conocer a la bestia divina. Es muy peligroso para un niño escalar la montaña de la muerte, mucho más si llega a caer por el cráter… A pesar de que el antiguo Daruk, con una técnica secreta, podía mantenerse de pie sobre la lava, algo imposible para cualquier Goron común.
- Entiendo… entonces no tenemos nada que revisar en la bestia. – dijo Zelda, preocupada.
- No, como les dije todo está bien en esta tierra, no hay nada de que preocuparse. – dijo Gorobu. – Sin embargo, estamos felices de tener visitas. Y ya se está haciendo de noche, así que los invitamos a que pasen la noche aquí, así su viaje no habrá sido por gusto. Además, hay muchas cosas que pueden investigar por aquí.
- Muchas gracias. – dijo Zelda.
Me preocupa ver el semblante de Zelda, aunque no tiene que decirme nada para saber que es por la confusión que se nos ha presentado, esta enorme piedra en el camino. ¿Qué vamos a hacer si todo en esta región está en "perfecto orden"? Esto es muy extraño y no me da buena espina.
- ¡Hermano Link! – gritó el pequeño Daruk, regresando de la casa del jefe. – Mira, les traje a ti y a la dama un pedazo de rocopernil. Pruébalo, está delicioso.
Sorprendido, tomo el pedazo de roca carnuda en mis manos, viendo como los ojos de Zelda se desorbitan.
- ¿No estarás pensando en…?
Ya es muy tarde, pues doy el primer mordisco a la rocosa comida, la que debido a mi hambre me parece exquisita, excepcional. Los Gorons presentes se ríen, mientras que la princesa se cubre la boca, impactada.
Sin duda, este sabor es muy familiar…
- ¡Te lo dije, hermano Link! – exclamó Daruk. – Sabía que te iba a gustar.
- ¿Usted desea un pedazo de rocopernil, princesa? – preguntó Yunobo a Zelda.
- ¿¡Yo!? – preguntó ella, sonriendo nerviosa. – Bueno, la verdad…
- A las damas se les debe ofrecer algo más suave. – dijo el jefe Goron, riéndose. – Pasemos a mi casa, ahí les ofreceré también carne suave, la que comen los humanos. Por nuestros pocos turistas, sí tenemos esa clase de comida.
- Muchas gracias. – dijo Zelda, sonriendo cordialmente.
Todos entramos a la casa de Gorobu. El pequeño Daruk, una vez más, me toma de la mano con simpatía.
La hospitalidad y cena de los Gorons estuvo muy buena. El jefe dispuso en el hostal de la ciudad una habitación para Zelda y para mí. Las camas son algo duras e incómodas, pero aun así las ablandaron lo mejor posible con ramas y telas para darnos un mejor trato. Y por eso estamos agradecidos.
En estos momentos, donde la luna ha hecho su aparición, salgo del hostal por no poder dormir, decidido a recorrer un poco la ciudad ahora que sus habitantes duermen.
Mi camino me lleva hasta el puente cercano a la casa del jefe Goron, y es en ese momento en que me fijo en un sitio en el que antes no me había dado cuenta.
Frente a la casa de Gorobu se encuentra una montaña bastante extraña con la imagen de varios Goron de distinto tipo. Uno en especial llama mi atención… y en ese momento mi mente empieza a delirar.
- Daruk…
*.*.*.*.*
La bestia divina Vah Rudania camina con gracia, como si fuera la ama y señora de los rocosos terrenos.
Daruk la mira con sumo orgullo…
- Perfecto… Creo que ya empiezo a entender cómo funciona la bestia divina.
La bestia lanza un grito de guerra, orgullosa de su fortaleza y estirpe.
- Ser un campeón Goron es un orgullo y una gran responsabilidad. – dijo Daruk, estirando su cuerpo y balanceándolo de un lado a otro. – Los demás deben hacer lo suyo si no quieren que les gane el viejo Daruk.
- Me alegra ver que ya puedes controlar a la bestia a la perfección, Daruk. – dije sonriendo.
- Todo gracias a ti, muchacho.
Junto a Daruk, comienzo a contemplar el paisaje rocoso, que a pesar de ser monótono, no resta gracia ni magnificencia.
- Qué vistas, ¿eh, muchacho? En todo Hyrule no encontrarás piedras más deliciosas que las de ese acantilado. – dijo el Campeón, mirando hacia la Montaña de la Muerte.
- Lo sé, comprobado con el rocopernil que me diste el día que nos conocimos. – recordé riendo.
Luego de una carcajada de parte del Goron, este se queda callado, serio y pensativo.
- No tengo ni idea de quién es ese tal Ganon… ¡Pero defenderé mi tierra con toda la fuerza de mis puños! – expresó altanero, para luego alzar su brazo derecho y dirigirlo hacia mi espalda. – ¡Eh, con fuerza!
Ese golpe casi me envía al cráter de la montaña, pero por suerte pude resistirlo.
- ¡Con calma, Daruk! – exclamé adolorido.
El Goron solo responde con una carcajada.
- Así que el rey de Hyrule te nombró caballero guardián, ¿eh? Servir como escolta de la princesa es un gran honor.
¿Gran honor? ¡Se ha vuelto mi pesadilla! Esa mujer me odia, no es ni la sombra de la que conocí… hace tiempo atrás.
- Tu cara lo dice todo… – dijo el Goron, observándome. – A veces la princesa puede ser un poco… ¿Cómo te digo? Dura. Sobre todo contigo.
No respondo nada a Daruk, pues mi mirada se dirige al suelo. Ella es más que dura… es una rosa con espinas. No comprendo en qué momento comenzó a odiarme tanto.
La conversación se interrumpe por un inesperado temblor, lo que causa que Daruk dirija su mirada hacia arriba.
- ¿Qué goronios es eso?
Una enorme roca está cayendo hacia nosotros para aplastarnos sin piedad. Sin embargo, Daruk, con su escudo especial, la destroza en el acto.
Sin duda la princesa no se equivocó al elegirlo…
- Eso estuvo cerca… – dijo Daruk, para luego mirar hacia la montaña. – ¿Qué habrá sido eso?
- ¿No es algo normal en esta zona? – pregunté.
- No, muchacho. – respondió serio. – La Montaña de la Muerte lleva muchísimo tiempo dormida. Y esas sacudidas tan fuertes solo pueden significar una cosa… Pero sería imposible…
*.*.*.*.*
Ahora comprendo por qué el pequeño Daruk me causa tanta simpatía.
Recordar al antiguo Daruk me ha llenado de nostalgia, pues algo en mi corazón me dice que él me apoyó mucho más allá que en mi misión en el cataclismo, como un amigo, como un hermano.
Una vez más, me ha dado tanto pesar el saber que en mi vida he perdido a seres importantes.
- Joven Link…
Me doy la vuelta para darme cuenta de que Yunobo también ha salido de su casa. Veo que en sus manos lleva un libro, lo que me da curiosidad.
- Yunobo, ¿tampoco puedes dormir? – pregunté.
- Me levanté a comerme una roca, y por la ventana te vi sentado observando aquella montaña. – respondió el Goron. – Imagino que sabes que el más grande es Daruk.
- Sí, así lo recor… – me corregí deprisa. – Así lo imaginé.
- ¿Sabes una cosa? No sé por qué, pero pienso que, al igual que le caes bien al pequeño, le habrías agradado mucho al viejo Daruk. – dijo, para después estirar sus manos con el libro. – Por eso, te presto su antiguo diario para que lo leas. Quizás encuentres cosas interesantes… incluso es curioso, pues él tuvo un amigo con tu nombre en esa época.
Lleno de curiosidad, tomo el libro, mientras Yunobo, lanzando un bostezo, se retira a descansar.
Abro el diario para conocer un poco del pasado de Daruk, dándome cuenta de que en lo que más se enfoca es en su fascinación al rocopernil, el que comía bajo cualquier excusa.
- ¿Y esto? – pensé curioso.
Veo que el rocopernil no es el único tema de escritura en este diario, pues unas cosas llaman por completo mi atención. Narra cómo me conoció, acabando con algunos monstruos de esta zona, donde me nombró su camarada; cuando lo nombraron campeón de Vah Rudania. También comenta sobre cómo "mis consejos" le ayudaron a manipular a la bestia divina. Una cosa que tampoco deja pasar, es cómo el rey me nombró escolta de la princesa, debido a que controlé una situación fortuita con una de las reliquias ancestrales.
Sin embargo… una frase en la última página de su diario, me deja totalmente indefenso.
.
Mi camarada Link ahora es el compañero inseparable de la princesa mientras investiga las reliquias. A ella se la ve más animada y habladora, así que todo parece ir bien. Parece que, un día mientras comían, ese chico le confesó a la princesa que hay algo que le inquieta. Y ella, al oírlo, le respondió que siente lo mismo que él.
.
- ¿Qué significa esto? – me pregunté, impactado.
Al contrario de lo asegurado por Daruk, de ninguna manera estuvimos hablando de la comida que nos gusta. No… algo más le confesé a Zelda, y mi corazón se acelera por motivos que, para variar, desconozco, pero no logro recordar qué.
Zelda… ¿acaso yo…? No… debo quitarme esas ideas de la cabeza.
Yo era, soy y siempre seré el escolta. Nada más.
Seguramente Yunobo se ha quedado dormido de nuevo, por lo que creo que será mejor entregarle el diario de Daruk en la mañana.
Me dirijo de regreso a mi habitación del hostal, y me sorprende ver a Zelda saliendo de la suya. ¿Acaso tampoco puede dormir?
- ¿Qué haces despierta, Zelda? – pregunté preocupado. – ¿Todo está bien?
- No puedo dormir, al igual que tú. – respondió nerviosa. – Te vi por la ventana e iba a ir a hacerte compañía, pero luego vi que ya venías para acá.
- Sí, me costó conciliar el sueño, pero ahora el cansancio está llegando a mí. – respondí nervioso.
- ¿Qué tienes ahí? – dijo Zelda, mirando el libro.
- ¿Esto? Es el diario de Daruk, el del pasado. – respondí, ansioso al recordar lo último que leí. – Yunobo me lo prestó para leerlo.
Y hablando del diario… Zelda, por más que quiera evadir el tema, tengo un tema pendiente contigo.
- Espérame aquí, por favor.
Voy a mi habitación a tomar algo importante, regresando donde Zelda lo más rápido posible. Estiro mis manos a ella para entregarle aquel favor que se me encomendó desde hace tiempo.
- Zelda, con tantas cosas que han ocurrido se me había pasado por alto… – hice una pausa, incómodo por lo que estaba a punto de hacer. – Pero Athan, el hijo de Azael, me entregó este diario para ti. Dice que perteneció a su antiguo maestro… y tiene mensajes para ti.
- ¿El diario de mi maestro Athan? – preguntó Zelda, sorprendida y tomando el libro en sus manos.
- Sí… y por si lo dudas, desconozco su contenido. – dije serio.
- Link, pero yo no te he dicho que…
- ¡NOOO! ¡DARUK!
El desgarrador grito de Yunobo nos interrumpe, por lo que no dudamos en salir del hostal e ir a ver lo sucedido.
Por los gritos, encontramos a Yunobo en el Puente Goron, el más alto de la ciudad. El ser está en su forma redonda y con el escudo heredado de su antepasado, protegiéndolo. De inmediato me acerco a él para pedirle que se calme.
- Tranquilo, Yunobo. – pedí preocupado. – ¿Por qué estás tan asustado?
- ¡Link, mira! – gritó desesperado, señalando hacia al Este.
Miro hacia esa dirección, a la Montaña de la Muerte, dándome cuenta el motivo del terror de Yunobo. El pequeño Daruk se encuentra escalando el temible volcán, en dirección a su cráter. Al parecer su ansiedad por conocer a la legendaria bestia siempre fue en serio.
- ¡Yo soy un maldito cobarde! – lloró Yunobo, desesperado. – ¡No tengo el valor para ir a rescatarlo! ¡Me dan pánico las alturas y las rocas!
- ¡Iré por él! – exclamé serio. – ¡Lo traeré de vuelta de inmediato! No te preocupes.
- ¡Es peligroso Link! – advirtió el Goron.
- El pequeño Daruk es mi amigo y no pienso dejarlo solo.
Me doy la vuelta para correr en dirección hacia la Montaña de la Muerte, pero los pasos de alguien siguiéndome me detienen.
- ¿Qué estás haciendo, Zelda? – pregunto serio y preocupado, dándome la vuelta.
- Voy contigo, Link. – respondió ella. – Vamos a salvar a Daruk.
- No… – negué. – Iré yo solo, no necesito ayuda.
- ¿Qué? – preguntó impactada. – ¡Pero yo quiero ir contigo!
- ¡Ya te dije que no! ¡Te quedas! – grité desesperado. – ¡No voy a exponerte!
Mi exabrupto causa que Zelda me mire espantada, lo que me hace sentir peor que una rata. Poco después, me acerco a ella para tomar sus manos; cierro mis ojos y uno mi frente con la de ella.
- Perdóname… – pedí conmocionado, arrepentido por mi actitud. – Pero esta vez no voy a hacerle caso a mi princesa… pues si algo le pasa no lo soportaré. – dije en susurros, sin el valor de mirarla.
- Link… – dijo ella, empezando a sollozar.
- Harás lo que yo diga… así que te quedas.
Y sin mirar atrás, corro con todas mis fuerzas para alejarme de Zelda, para no dar pie a que me siga.
Este es mi destino, lo fue desde hace cien años y pienso cumplirlo. No voy a exponer la vida de lo más importante para mí…
A pesar del traje que me protege, llego sofocado a las faldas de la Montaña de la Muerte, dispuesto a escalarla para detener la altanería del travieso de Daruk.
Enfoco mi vista hacia arriba y puedo ver que se encuentra sentado en el borde del cráter, como si se tratara de un pacífico lago en el que uno puede remojarse los pies.
Cuando me dispongo a escalar, un fenómeno nada esperado me detiene. Un ligero temblor altera el lugar, causando que, sin que pueda preverlo, una roca gigante amenace con aplastarme… una vez más.
Sin embargo, cuando me dispongo a detenerla con el escudo de metal con el que ahora cuento, esta vuelve a destrozarse en mi cara… esta vez por una bomba.
Una bomba remota…
- No puede ser…
Me doy la vuelta y me encuentro con quien menos deseaba tener en esas condiciones, a quien hizo caso omiso a mis advertencias.
¿Por qué me haces esto… Zelda?
- ¡Link!
La princesa, angustiada, corre hacia mí y me abraza con fuerza, mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas. Yo, por supuesto, no puedo rechazar su gesto, pero me siento impotente de ver que se encuentra aquí, expandiéndose a los peligros de los que la quiero lejos.
- Llegué a tiempo… – dijo Zelda, sollozando. – Estás a salvo, Link.
- ¿¡Por qué viniste hasta aquí, Zelda!? – pregunté alarmado, desesperado. – ¿No fui claro? ¿¡Acaso no entiendes que no quiero que te pase nada!?
- ¡Dijiste que siempre ibas a protegerme, Link! – respondió alterada. – ¡Y yo quiero hacer lo mismo contigo! ¡Entiende!
- ¡Zelda!
- ¡No voy a volver a perderte de nuevo! ¡Nunca más!
"…Y ella, al oírlo, le respondió que siente lo mismo que él".
Zelda… no concibo la vida sin ti.
E impulsivo como este volcán… mis manos en tu rostro arrastran tu boca a la mía, la que beso con intensidad ante el terror de pensar en que puedo perderte, ardiendo en este sentimiento que me produces y no logro descifrar, pero que ahora sé que es vital para que yo pueda seguir mis pasos, para poder tenerte siempre entre mis brazos.
Me pierdo en la miel de tu boca, Zelda...
Comentarios finales:
Hola, holaaa
Y finalmente llegó…
¡Nuestro momento zelink más esperado, llegó! El "primer" beso de nuestros consentidos, el que estoy segura, no se lo esperaban, pero que ya tenía planificado que llegue en esta etapa del periplo, por lo interesante nombrado en el diario de Daruk. La parte escrita es canon del juego, del DLC "Balada de los Campeones", lo que da a entender, más o menos, que Link y Zelda se confesaron, pero que Daruk, tan tierno e infantil, no se dio cuenta. Esto puede interpretarse de varias maneras, pero mi alma zelink no puede verlo de otra forma, sobre todo porque describe el cambio de semblante de Zelda.
Y es por ese lado infantil de Daruk, es que ha aparecido ese misterioso personaje a causar revuelo a la vida de Yunobo, sobre todo por la ansiedad que tiene por conocer a Vah Rudania, la que aparentemente está calmada. Este es un escenario bastante distinto a lo ocurrido en Lanayru o con la temática del juego, pues en BOTW la bestia causaba problemas a los Gorons para que puedan trabajar, pero en este caso no. Algo raro, ¿verdad?
Sobre Yunobo, y pido disculpas si ofendo, pero es un personaje totalmente inútil, demasiado miedoso, así que no le di gran relevancia en este capítulo; aunque sí tendrá más adelante un aporte en la misión, como lo han tenido y tendrán todos los diferentes personajes secundarios importantes del juego.
Me encantó narrar este capítulo, así que espero que les haya gustado, pues tuvo más zelink que nada.
La próxima publicación será el Lunes 8 de Noviembre, pues desde el Viernes 29 de Octubre habrá feriado en el Ecuador por 5 días (demasiados días, pero muy bacán jaja). Esos días de descanso me caen como anillo al dedo, pues aprovecharé para jugar el tan esperado DLC de HWAOC, donde se verá la historia del mini guardián. Adicional a eso, aprovecharé en dedicarme a algunos asuntos personales, como arreglar mi cuarto, botar algunas cosas y descansar. Las semanas de este mes han sido tenaces, si he sobrevivido es de milagro.
Me alegra que esta postergación de una semana llegue justo en el capítulo 20 y con el esperado beso de Link y Zelda, así para los que se atrasen en leer, se llevaran una sorpresa.
En fin, espero que lo leído haya sido de su agrado. Y saben que siempre estoy conectada por este medio o mis redes sociales.
Un abrazo. Los quiero mucho ^^
