Capítulo 25: A medias
El grito del misterioso dolor me perturba, pero mi mente se centra en Zelda.
Rápidamente, ingreso a las heladas aguas para auxiliar a Zelda, quien hasta hace un instante dejó de sacar la asquerosa energía de Ganon. No recuerdo la última vez que me sentí tan asustado, pero esta vez temo por lo que pueda pasar con la ella… con la mujer más importante para mí.
- Zelda…
- Link… necesita ayuda. – dijo ella, respirando con dificultad. – Ayuda al dragón.
Alzo la mirada para ver al misterioso ser. Un dragón vuela sobre nosotros, pero no parece tener intención de atacarnos, sino todo lo contrario. No logro diferencias bien su físico, pues se encuentra cubierto por esa esencia tan asquerosa, la que detesto con toda mi alma, la esencia de Ganon.
El pobre ser no deja de gritar de miedo y dolor, incluso me parece escuchar que nos pide ayuda.
- Ayúdalo, Link. – pidió Zelda.
- No, primero eres tú.
Intento tomarla en mis brazos, pero ella se resiste, apretando con más fuerza la mano con que la soporto.
- Si no lo ayudas, moriremos los dos...
Quedo estático ante lo que la princesa dice, sintiendo el terror invadiéndome. El dragón me preocupa, ¿pero cómo tenerlo por sobre Zelda?
- Dime qué hacer. – pedí en tono suplicante, decidido a dejar mis impulsos de lado.
- La tonada… – pidió con dificultad. – Debes tocar la melodía que está reflejada en el lago.
- Pero Zelda.
- ¡Hazlo, por favor! – rogó desesperada. – Si no lo haces, me perderás… para siempre.
A pesar de que ella suelta un quejido de dolor, con mi corazón destrozándose, tuve que dejarla. Regreso al pedestal encima del agua, mientras que Zelda vuelve a tomar la posición para orar. No sé cómo podré hacer lo que me pide mientras sufre, mucho más si no tengo idea de qué hacer.
- ¡No sé leer notas musicales! – indiqué preocupado. – ¡No sirvo para esto!
No sirvo para nada…
De nuevo el terror se apodera de mí, el sentimiento de inutilidad. Zelda se encuentra en peligro y nada puedo nacer… nada.
¿Será posible?
Saco de mi alforja la ocarina que encontré en mi casa, en Hatelia. Pude tocarla en la fuente del Poder, pero no siento la motivación para tocarla aquí, esa energía que me arrastró a perderme en su dulce tonada.
- La tonada de la sanidad está en tus manos.
Una voz femenina me llama, la misma que me habló la primera vez que entré al Templo del Tiempo. Al mismo tiempo escucho una tonada, mientras mis dedos se posicionan de manera extraña en la ocarina.
El impulso de volver a ser uno con la ocarina regresa, y esta vez con distinta tonada.
La primera nota me da el impulso para seguir, entonando una música que me hace sentir una calidez en el cuerpo y corazón, al mismo tiempo que el dolor de mi cuerpo desaparece, el frío no tiene importancia. En un momento que abro los ojos veo, para mi dicha, que Zelda se recompone. Ahora su cuerpo se ve rodeado por una luz intensa, agradable. ¿Acaso habrá recuperado su poder?
- Representante de Lanayru, escucha la tonada de la sanación que te salvará. – dijo Zelda, con su cuerpo brillando aún más. – Y que el instrumento sagrado decida tu destino.
Me siento incrédulo ante lo que ven mis ojos, pero al mismo tiempo maravillado; y a pesar de eso, no dejo de entonar la misteriosa canción.
El cuerpo de Zelda logra su mayor resplandor, y una vez que este se apaga, quedo más impactado. Ahora la princesa se encuentra cubierta de blanco, con un vestido de hombros descubiertos y mangas cortas cayéndolo sobre ellos, de espaldas le cubre hasta los tobillos, pero por delante parece ser más corto. Poco después, voltea a verme sonriente, y ahí visualizo una tiara de espiga decorando su frente.
La dama, con su lira en las manos, me acompaña en la tonada. Juntos, como siempre, nos perdemos en la sanadora canción que nos alivia el alma, sobre todo al dragón volando sobre nuestras cabezas, el que poco a poco comienza a calmar sus gritos.
El cuerpo del misterioso ente empieza a brillar con intensidad, desintegrando a la esencia que lo mortifica. Finalmente, a nuestros ojos se presenta un dragón azulado, tan hermoso y brillante como una joya.
- Gracias…
No entiendo todo lo que acaba de pasar, pues aún me pregunto la razón por la que Zelda y yo podemos usar instrumento y tocar canciones que en la vida habíamos hecho. Sin embargo, lo único que hago es ir al lado de mi dama para resguardarla.
La veo y está tan hermosa, tan divina como una Diosa. Sé que debo centrarme en el dragón, pero la mirada se me pierde en su magnífica imagen, mucho más si el agua nos rodea.
Me siento inquieto.
- Naydra… – llamó Zelda.
- Alma de Hylia, tú y el héroe elegido me han salvado, liberado de este centenar suplicio. – dijo el dragón. – Y no solo a mí me has ayudado, sino a mis eternos compañeros.
En ese instante sentimos otro temblor, pero esta vez no se siente tan fuerte. Para nuestra sorpresa, desde la lejanía, podemos ver a otros dragones similares al que tenemos en frente. Uno rodeado por fuego y el otro por verdoso bosque. Ambos sueltan un grito extraño, el que nos impresiona, mas no nos asusta.
- Eldra y Faren, a diferencia mía, también estuvieron sellados, pero no fueron corrompidos por Ganon como yo. Por el grito que producen, también indican estar muy agradecidas.
- Tantas leyendas leídas sobre ustedes, y ahora compruebo que son reales. – expresó Zelda, sorprendida. – ¿Por qué Ganon te hizo esto?
- Llevo cien años con esa maldición encima. – dijo el ente. – Cuando el cataclismo inició, el espíritu de Ganon apareció ante mí, por medio de un intermediario.
- Estoy segura de que hablas de Astor. – dijo ella.
- Sí, pero él no era nada más que un mensajero. Ganon me condenó a la miseria por relacionarme al elemento del poder que más te caracteriza, a la sabiduría. – dijo el dragón, para después mirar fijamente a la dama. – Y por mi libertad, ahora puedo comenzar mi ayuda hacia ti.
El cuerpo de Naydra comienza a brillar en azul, a la par que el cuerpo de la princesa. Decido separarme de ella para darle espacio.
Zelda levita a poca distancia del suelo, mientras de su cuerpo comienza a salir la maldición de Ganon; no veo que Zelda sufra y eso me deja tranquilo, mucho más cuando la esencia se ha ido del todo de ella.
Ojalá…
- Sacerdotisa, debes saber que el camino en acabar con tu mal, sigue en pie.
¿Qué? ¿No se logró curar del todo la infección? Zelda está igual de sorprendida.
- ¿No es esta la solución definitiva? – pregunté, interviniendo en el asunto.
- Mi poder ha logrado pausar los síntomas de manera temporal, pero la verdadera cura la tendrás cuando recuperes tu poder. – dijo el dragón. – Debes darte prisa, pues el tiempo corre y las consecuencias pueden ser fatales.
- ¿Qué? – pregunté alterado, sin importar mis modales. – ¡No puedes decir eso, dragón Naydra! ¡Debe haber alguna solución!
- Alterándote no vas a resolver nada, pues un héroe siempre debe tener temple y fortaleza. ¡Jamás perder el control de sus emociones! ¡Siempre tener cabeza fría!
- Pero…
- Sé que juntos lograrán encontrar la respuesta. Ahora, por mi parte, he cumplido con mi parte. – dijo el ente, para luego hablar a Zelda. – Así como me buscaste a mí, debes seguir con el camino para recuperar tu poder.
El dragón da su última palabra y se retira, dejando a Zelda en aparente calma, pero a mí sumamente alterado porque pensé que aquí encontraríamos la cura inmediata, pero estamos igual que al inicio, en nada.
No soporto tanta impotencia…
Me acerco a la princesa y la abrazo con tanta fuerza que temo dejarla sin aire, con miedo a que algo pudiera arrebatármela. Sé lo que siento, pero aun así no entiendo cuáles son los alcances de lo que Zelda significa para mí.
No quiero perderla… no puedo.
- Link, estaré bien. – dijo ella, aun abrazándome.
- Claro que restarás bien. – afirmé seguro. – Solo tenemos que esforzarnos un poco más para encontrar tu completa cura. Yo no pienso permitir que te pase nada.
Me separo de ella con mucha ansiedad… y la beso, devoro su boca como si se me fuera a terminar, la acerco a mi cuerpo tan intensamente que no me importa robarle el oxígeno, mis manos solo acarician su desnuda espalda; y muero al sentir cómo me corresponde con la misma pasión.
Cada día necesito sentir más cerca de mí a Zelda. ¡No entiendo por qué! Perderme en esa boca que me vuelve loco, me atormenta cada vez que la tengo cerca y no puedo tomarla como quiero.
Poco después me doy cuenta de mi error, así que me separo de Zelda.
- Lo siento…
- ¡No! – exclamó ella, sorprendida. – Tranquilo, no pasa nada.
- Me estoy pasando…
- Quizás por el sitio en el que nos encontramos si nos pasamos, pues es sagrado y se le debe respeto… – hizo una pausa, dando un respiro. – Pero yo tampoco niego que tus caricias me matan.
- De todas maneras, debo controlarme, pues no quiero que te asustes con cosas que aún no has vivido.
- ¿Y tú, Link? – pregunto sonriendo. – ¿Has vivido eso?
- Claro que no, Zelda. ¡Qué pregunta! – afirmé. – Estamos en las mismas.
Ella sonríe de manera extraña, cosa que me hace sentir tenso. Al menos, perderme con ella en estas situaciones me da gusto, demasiado.
- Te ves más hermosa que nunca. – expresé, controlándome de nuevo por verla de esa manera, sobre todo porque se sonrojó. – Aunque me atrevo a afirmar que esa no es la vestimenta que usabas hace cien años para hacer tus oraciones, pues la original se la entregaste a Impa cuando llegamos a Kakariko por primera vez.
- Así es, esta es distinta, y aun no comprendo el motivo. Sin embargo, me es más cómoda que la anterior, pues es el inicio de otra nueva.
Zelda calla sus palabras al ver que su cuerpo empieza a resplandecer, y como una ráfaga de viento, su traje desaparece, regresando a la túnica de viaje de siempre.
- ¿Qué ha ocurrido? – pregunté sorprendido.
- No lo sé… – dijo Zelda, sorprendida. – Quizás solo ha aparecido en este momento especial, ante la presencia de Naydra.
Tengo demasiadas preguntas, pero no sé qué ganemos con hacerla si sabemos que no recibiremos respuesta. Ahora lo importante es seguir con nuestro viaje, pues la siguiente bestia divina nos espera.
- Vamos a la aldea Kakariko, Impa nos debe estar esperando para el siguiente informe. – pedí desesperado. – Quizás hasta Azael sepa cómo ayudarnos, él sabe mucho.
- Igual que Athan. E incluso quiero aprovechar en leer el diario que me dio.
Tan buen momento debía arruinarse con la mención de ese tipo… pero no diré nada, me morderé la lengua.
- Debemos ir. – dijo Zelda. – Pero antes debemos hacer una parada en la aldea Hatelia.
- ¿Para qué? – pregunté serio. – No creo que debamos desviarnos.
- Porque debes ir a pagar el saldo de tu casa para verla amoblada.
- Pero…
No puedo seguir quejándome, pues un beso de ella me calla totalmente.
- Vamos, muero por ver cómo se verá.
Dejando de lado el sorpresivo beso, no puedo evitar emocionarme al ver como a Zelda le importan mis cosas, es una felicidad indescriptible.
No recuerdo la última vez en la que me sentí tan importante… Tan…
No sé qué decir…
Tomo la mano de mi dama, a la que veo más recompuesta, y comienzo con ella el descenso del Monte Lanayru.
No hemos dormido nada, pero extrañamente no estamos cansados. Quizás se debe a la melodía de curación que Zelda y yo tocamos, pues sentimos suficiente energía para seguir.
Llegamos a la casa, y como ya cuento con la llave abro la puerta. Quedo sorprendido al ver que la casa se encuentra amoblada tanto en la parte de abajo como arriba.
- Y yo que pensé que iban a dejar todo desordenado, pero se han dado la molestia de ordenarlo. – dijo Zelda.
- Y sin que aún les haya pagado…
No digo nada en ese momento, pues ahora me muevo por inercia por cada rincón de la casa, rozando los dedos en cada cosa que se me cruza, una pequeña sala y comedor. Veo unos pedestales de armas colgados en las paredes, vacíos…
- Mira esas cajas, Link.
Zelda está igual de interesada que yo en las cosas de la casa, sobre todo en las cajas. Junto con ella, me agacho a abrirlas, descubriendo varias cosas de mi interés.
Encuentro varias armas oxidadas, herramientas de herrería, vestidos de mujer… y de niña. Todas estas cosas pertenecieron a mi familia, no hay ninguna duda. Y todo esto me causa un enorme sin sabor, demasiada angustia.
- Estas armas eran de Sir Demetrio. – dijo Zelda, sorprendida. Son imposibles de olvidar. Están viejas, pero se pueden restaurar.
- Y estos vestidos… – el dolor en el pecho y ardor en los ojos me hizo callar, pero me esforcé y continué. – Seguro eran de mi madre, ¿cierto?
- No tuve el gusto de conocerla, Link. – dijo Zelda. – Pero seguro tú la recuerdas.
Veo el vestido lila en mis manos, mientras mi vista se va a la mesa de la cocina.
Después de mucho tiempo vuelvo a ver esas imágenes raras…
Qué feliz se ve ese niño sentado ahí, mientras su madre lo atiende y camina de un lado a otro con su vestido claro.
- ¿Te ha gustado el pastel de nueces?
- ¡Sí! ¿Puedes darme más?
- Claro que sí, mi pequeño… pero debemos guardar también para tu padre. ¡Hoy está de regreso!
Nunca había visto sonrisa más dulce que la de esa mujer, la que miraba con amor a su hijo, y esperaba con el mismo sentir a su esposo.
- ¿Link, qué miras allá?
Agradezco que Zelda me haya sacado de esa visión, pues aunque encantadora, me es sumamente dolorosa.
- Ahora entiendo tu dolor por la pérdida de tu madre. – solté, tragándome más sentimientos. – Acabo de recordarla, de verla sentada en esa mesa, cuidándome. Son tan fugaces las lagunas con su imagen, pero demasiado intensas.
Zelda agacha la cabeza, quizás también recordando su propio dolor. Poco después, me toma la mano.
- Eso es algo que nunca superarás… lo siento.
Lo sé… hay dolores que nunca se terminarán.
Sin embargo, algo brillante, en la esquina de la parte de debajo de las escaleras, llama mi atención.
- ¿Qué es esto? – pregunté con el objeto en mis manos.
Zelda se acerca a mí y mira el objeto… su voz se traba unos segundos, pero luego decide hablar.
- Es la mitad de la ocarina de tu hermana, Link.
Es cierto, la he recordado. La ocarina con detalles verdes ahora yace rota en mis manos, al igual que toda la familia que dejé atrás.
No pienso, no digo nada. Solo guardo la ocarina en mi alforja para que me acompañe por siempre… al igual que las risas de Abril, que me siguen en todo momento.
Es ahí, que Zelda dice algo que me sorprende.
- Podrías hacerla colgante… al igual que el que tienes en el cuello.
A pesar de que lo he llevado todo el tiempo, aún recuerdo el extraño objeto que llevo en mi cuello desde el encuentro con el rey. Aparte del diario, este es otro pendiente de su padre con la princesa, el que solo en el "momento correcto" podré entregar.
¿Cuándo se acabarán los misterios?
- Veo que ya has visto mi colgante. – pregunté serio.
- La primera vez que lo vi fue cuando estuviste inconsciente con en el laboratorio de Prunia. – dijo Zelda, curiosa. – Para ser sincera, no sé qué objeto cuelga de la cuerda. En ese momento no alcancé a tomarlo porque despertaste, y en la casa de Rotver no se visualizó bien.
- ¿A pesar de que me viste sin camisa?
Mi atrevida pregunta deja a Zelda callada, y es en ese momento que deseo hacerle una pregunta. Sin embargo…
- ¡Buenas noches, muchachos!
Qué oportunos… justo en este momento.
- Buenas noches, Karud. – saludó Zelda, colocándose de pie. – Qué sorpresa verlo por aquí.
- Un gusto verlos, pero como la puerta estaba entre abierta, decidí entrar.
La culpa es mía por descuidado…
- Buenas noches, Karud. – saludé, dejando de lado mi molestia. – Lo felicito, la casa ha quedado muy bien, aunque aún no termino de revisar todo.
- Muchas gracias, te dije que Construcciones Karud siempre cumple lo prometido.
- Lo que más me sorprende es que lo han hecho sin el dinero.
- Ya eres de confianza, así que apenas te fuiste, lo hicimos.
- Se lo agradezco mucho.
Le entrego a Karud las rupias faltantes, causando que al hombre se le iluminen los ojos.
- Gracias a este dinero, podremos seguir con nuestra expansión inmobiliaria. – dijo Karud, emocionado. – Imagino ya pasaron por Arkadia.
- Sí, incluso vimos a Karid. – dijo Zelda. – Espero que pronto pueda terminar el pueblo.
- Así será, pues nosotros nunca nos rendimos. – dijo el constructor. – Ahora, les recomiendo que se queden a dormir aquí, pues se viene una fuerte lluvia.
- ¿Qué? – pregunté sorprendido, con el rostro quemándome. – ¿Dormir? ¿Aquí?
- Claro, la cama está muy cómoda para los tórtolos. – expresó, dando saltos de alegría. – Que pasen una muy buena noche.
Y luego de eso, el hombre se retiró, dejándome en una situación comprometedora. Lentamente, volteo a ver a Zelda, quien a diferencia mía se veía serena.
- Ya es tarde, Link, y la verdad estoy cansada. – dijo ella. – Subamos a descansar.
- ¿¡Cómo crees, princesa!? – pregunté espantado. – Tú usarás la cama, yo veré en qué rincón duermo. Los muebles están cómodos.
- ¿Estás seguro, Link? – preguntó sonriendo. – Seguro la cama es grande y cabemos los dos. Además, confío en ti, Link.
Tan pura e inocente. Yo también confío en ti, Zelda… en quien no confío es en mí.
- Insisto en que debo respetarte como la dama que eres. – dije nervioso. – Vamos, te llevo a la habitación.
Nervioso, tomo la mano de la princesa y subo con ella a la habitación, descubriendo que la cama sí es bastante grande… pero no, no daré marcha atrás.
- Espero que tengas un sueño relajante, princesa. Buenas noches.
- Buenas noches, Li…
No sé si intentó decirme algo antes de bajar por las escaleras, pero si no lo hacía en ese momento, iba a estallar…
Mi cuerpo se siente extraño.
Misteriosamente, me levanté muy temprano y sin sueño, a pesar de que me costó dormir.
Zelda, tan cerca y lejos a la vez… ¿Por qué me pone nervioso?
Aprovechando que mi dama sigue durmiendo, termino el desayuno. Dos tazas de café con leche y unos panes con jamón y queso, es todo lo que tengo. Al llegar a Kakariko me surtiré con más víveres.
- Buenos días…
Zelda ha bajado, y por lo que veo tiene un semblante fresco… al menos ella sí pudo dormir.
Yo no tengo la capacidad de pensar, sobre todo por su encantador saludo, un beso en la boca.
- Me hubieras levantado temprano para ayudarte.
- No… – niego nervioso, con dificultad para hablar. – No quería despertarte, además… hice algo sencillo.
- Todo se ve delicioso. – dijo mirando la mesa. – Y muero de hambre.
Abro la silla para que ella tome asiento, cortesía que ella agradece, poco después la imito. Mientras comemos, ella coloca un paquete en la mesa, cosa que gana mi curiosidad.
"Para: Aitana
De: Demetrio"
Cartas de mi padre a mi madre.
- Link, encontré esto en la mesa de noche. – dijo Zeda. – Sé que te corresponde tenerlas, y por mi parte no las he leído.
- No tienes que aclararme eso. – dije sonriendo. – Y tampoco me molestaría que las leas.
- Aun así, pienso que debes leerlas solo.
- Me daré la oportunidad de hacerlo en la aldea Kakariko, pues debemos partir cuanto antes.
- Yo haré lo mismo con el diario de Athan.
Momentos hermosos arruinados en segundos… ¿Qué más queda?
Falta poco para la llegada del medio día y estamos próximos a llegar a la aldea Kakariko. Sin embargo, algo me tiene intranquilo.
No veo ningún caminante o Sheikahs cerca de la zona, incluso se siente un ambiente incómodo y perturbador, como si un peligro se acercara.
- Todo está tan silencioso. – dijo Zelda, preocupada.
- Siento lo mismo. – respondí. – No hay nadie caminando, ni siquiera hay pájaros en los árboles.
- Apresura a Epona, Link. – pidió Zelda. – Tengo un mal presentimiento y quiero ver que Impa y los demás estén bien.
Acelero el paso, sintiendo el corazón acelerado. La subida se me hizo eterna, pero una vez que llegamos nos encontramos con una imagen estremecedora, por lo que tomo de inmediato mi espada.
Unos hombres cubiertos por una máscara tienen acorralado al hijo de Azael, que aunque está de pie, le cuesta mantenerse por las heridas de su cuerpo.
- ¡Athan! – gritó Zelda, alarmada.
- ¡Váyanse! ¡Llévate a Zelda de aquí, Link! – exigió el Sheikah.
Salto de Epona para enfrentarme al par de maleantes, primero porque no pienso obedecer al entrometido Sheikah, pero sobre todo para salvarlo. No soportaré el abuso bajo ninguna circunstancia, a pesar que, lastimado, pudo darle una buena paliza al par de seres, pues están en peores condiciones que él.
- ¿Quién se atreve a…?
Y con un tajo al aire embisto a los dos seres, observándolos mejor. Portan vestimenta roja, una máscara con una lupa invertida y peinados ridículos. Por la contextura de sus cuerpos, me doy cuenta de que se tratan de un hombre y una mujer.
- El héroe ha sido más atractivo de lo pensado… – dijo la mujer, incomodándome.
- ¡Nadie que esté contra Ganon merece nuestra admiración, estúpida! – reclamó el otro, para luego hablarme. – Regresaremos, pues los traidores no merecen vivir.
Los maleantes se esfumaron, mientras que Athan cayó de rodillas al suelo, respirando con dificultad.
- ¡Athan! – gritó Zelda, tomando el rostro del Sheikah en sus manos. – ¿Qué pasó?
- Esos malditos Yigas, princesa… esos…
A Athan le cuesta hablar debido a las heridas. Sin embargo, quedo impactado al haber visto a los Yigas. Ahora he descubierto a los seres mencionados en algunos de mis recuerdos, a los que solo les reconocí el nombre, mas no su imagen.
- ¡Princesa!
El llamado de Impa se escucha a la distancia, quien viene acompañada de Azael. El hombre se impacta al ver a su hijo en este estado.
- ¡Hijo! ¿Quién te hizo esto? – preguntó el hombre, desesperado por el estado de Athan.
- Fueron los Yigas, padre.
Azael se pone de pie, furioso, dispuesto a buscar a los Yigas. Sin embargo, su hijo lo toma del brazo para detenerlo.
- ¡No! – gritó furioso. – Déjalo ahí… les di una paliza.
El Sheikah lanza un grito de rabia, pero Impa lo calma tomando su hombro.
- ¡No es momento para venganzas! – reclamó la Sheikah. – Vamos a curar a tu hijo, eso es lo más importante.
Azael se muestra preocupado, demasiado, pero le da prioridad a la salud de su hijo.
- Yo te ayudo a llevarlo a la casa. – dije a Azael.
Azael acepta la ayuda, por lo que cada uno toma un brazo del Sheikah para que se arrime en nuestros hombros.
Zelda e Impa nos siguen, sin embargo, por alguna extraña razón se detienen, mirando con atención las sombras de los árboles.
La mala energía sigue contaminando el entorno…
Comentarios finales:
Hola, espero estén bien. Otro Lunes junto a ustedes.
Bien, este es otro capítulo de transición, pero como saben, importante para la trama.
He decidido traer a los tres dragones ya conocidos en el juego, combinando sus nombres entre la versión en inglés y español. No sé si se han dado cuenta, pero he aplicado eso en algunos personajes de la trama, como Astor (en español se llama Aster), porque a mi criterio suenan mejor que el otro, pero en sí, no creo que sea algo de importancia.
Quizás se pregunten por qué solo hice que Naydra aparezca de manera relevante y no los demás. Quise darle más importancia a este porque en el juego es así, pues por alguna extraña razón el que representa a la sabiduría es el que más afectado quedó por el cataclismo. ¿La razón? Quizás Ganon quiso acabar con el representante de la cualidad más grande de la Diosa, la sabiduría, y el dragón simbolizaba eso. Sus pares tendrán la misma importancia que en el juego, es decir que solo distraer la vista XD, porque aparte de las escamas, no les veo nada relevante en ellos, a excepción del contaminado en el Monte Lanayru.
Como curiosidad, la melodía entonada por Link y Zelda es la canción de la curación de Zelda Majora´s Mask, pues creo que es la mejor para representar la sanación (además también ha hecho un cameo en TP, cuando Link lobo la entona).
El traje de Zelda es distinto, y obvio apareció ante una misión importante. Seré sincera al decir que en su manera de aparecer y desaparecer me inspiré en Sailor Moon, pues ella se convertía en la princesa Serenity en los momentos importantes y volvía a su versión Sailor cuando todo pasaba. Eso sí, el traje no se parece en nada al vestido, es un poco más informal, pero no menos elegante… ¡Amo Sailor Moon!
Zelda ahora se encuentra más aliviada, pero eso no quiere decir que está sana, pues deberá iniciar una especie de "tratamiento" para poder sanarse, y lo más difícil es que la cura viene de sí misma, y aun así, el mal seguirá avanzando.
Solo el destino dirá como serán las cosas…
Ahora Link ya tiene el control completo de su casa, y como era de esperarse, de varios misterios se conversaron. No he olvidado para nada los detalles como el colgante de Link, el diario del rey, el de Athan y ahora el pedazo de ocarina de Abril, el que por supuesto ha empeorado más la situación de Link. La casa cuenta con demasiadas historias y recuerdos que nuestro héroe se encargará de resolver.
Y sobre el final, los Yigas no pueden estar ajenos a la historia, a pesar de que no pienso darles un papel demasiado relevante. Ni siquiera en el juego lo son, a excepción de la misión para acceder a Vah Naboris.
Espero que este capítulo haya sido de su agrado. Aprovecho para anunciar que la próxima actualización llegará el Lunes 20 de Diciembre, pues esta semana tengo muchos compromisos relacionados con la fecha (fiestas, reuniones, salidas, amigo secreto, etc.). Hasta ahora, las actualizaciones seguirán tal y como he indicado, pero cualquier cambio, debido al revuelo navideño y de fin de año, se informará con anticipación.
Un abrazo para todos :)
