Capítulo 27: Fantasmas

¿Volver a ver a Mond? Eso es imposible.

La vida de un caballo bien cuidado puede llegar hasta los treinta años, e incluso han existido casos de hasta cincuenta… ¿Pero más de cien años? Nunca.

Athan debe estarme tomando el pelo…

- No te estoy tomando el pelo, Zelda. – dijo el Sheikah, riéndose. – No pongas esa cara.

- Pero… pero eso no es posible, Athan. – respondí, impactada. – Mond murió en el Cataclismo… al igual que todos.

- Los cuerpos mueren, las almas no. – dijo el joven. – ¿Por qué no tratas de recordar los momentos en donde fuiste feliz con tu caballo? No sé… quizás ahí encuentres una respuesta.

- Pero…

- Creo que es momento de regresar. – dijo el joven. – Tú tienes que terminar de alistar todo para tu viaje, y…

Athan no continúa sus palabras, pues sin poder preverlo, se mueve a una velocidad sorprendente. Despeja unos arbustos y me muestra una imagen nada esperada.

- Vaya… ¡Princesa, miren a quién tenemos aquí!

- ¿Link? – lo llamé sorprendida. - ¿Qué haces aquí?

Mi caballero está enojado, al mismo tiempo que sonrojado. Empuja ligeramente a Athan para alejarlo.

- No era necesario que espíes, héroe. – dijo Athan, riéndose. – Podrías habernos acompañado en el paseo.

- ¡No estaba espiando! – gritó Link, alterado. – Quiero decir que, vine a ver a la princesa. Me preocupó su tardanza y ya tenemos que irnos a la región de Tabanta.

- Ya íbamos a volver. – respondió el joven Sheikah. – Yo me adelanto, Apaya me espera para salir a la llanura en busca de hierbas… Ahí te la encargo. Más te vale que la cuides.

- ¿Pero cómo te atre…?

Athan se retira, sin dar oportunidad a que Link siga hablando. ¿Por qué se comportará así? Acaso…

- Link...

- Zelda… no es lo que piensas. En serio, yo…

- ¡Estás celoso!

Ahora sí estoy segura de lo que ocurre, por lo que exijo que Link me lo diga.

- ¿Celoso? Para nada…

- No tienes que mentirme, Link…

- ¡Bueno! ¿Y si así fuera, qué? – se quejó. – Ese tipo siempre quiere pasar cerca de ti, y yo…

No permito que siga hablando, pues como una loca me apodero de su boca. No entiendo por qué, pero sus celos me encienden, causando en mí algo que no puedo explicar, pero que sé que no sentía desde hace mucho tiempo.

Link, desfallezco al sentir como correspondes a mis besos, como tus fuertes manos aprietan y acarician mi cintura, como que quisieras impedir que me fuera.

No pienso detenerte absolutamente nada… Quiero que sigas.

- Otra vez me estoy pasando. – expresó Link, sofocado, alejándome de él. – Discúlpame…

- ¿Y si te digo que no me importa que te pases? – pregunté, aún hundida en mi acalorada sensación.

- Aun así, mi deber como caballero es no pasarme de la raya. – aclaró Link.

Su respeto me causa admiración y me encanta… pero a veces me desespera. Si supiera algunas cosas...

- Reconozco que también me dejé llevar por los celos. Siento que Athan tiene otras intenciones contigo…

- Athan no siente nada por mí, te lo aseguro. – dije, recordando la confesión que me hizo. – Solo quiero tenerlo como amigo, mucho más por su relación con mi maestro.

- Claro, como son idénticos…

- Y quiero que sepas, que aunque Athan, mi maestro, haya estado enamorado de mí, jamás le correspondí... – respondí, recordando una vez más mis vivencias pasadas. – Pues mi corazón siempre te estuvo esperando.

- ¿En serio? ¿Cómo…?

- Claro, cuando te fuiste a entrenar a Akkala… ya sabes la actitud que tomé. – dije, dejando el tema de lado. – En fin, ya habrá tiempo para hablar de eso. Ahora lo que importa es dirigirnos a Tabanta a nuestra siguiente misión.

- Ya todo está listo. Impa nos espera para despedirnos.

Me dirijo con Link hasta la casa de Impa. Solo de pensar en el viaje, la tensión se apodera de mí.


Link se encuentra preparando a Epona para el viaje, mientras Azael le ayuda a medida que conversa con él. Imagino que le está dando indicaciones. Me alegra ver que se llevan bien.

Athan ha salido con Apaya a la llanura. Después de lo que él me contó, estoy segura que ella es la mujer de la que se ha enamorado y no le corresponde. Imagino que en nuestra ausencia comenzaron a tener una relación más cercana.

El Sheikah es un chico muy caballero y atractivo, es una pena que Apaya no tenga ojos para él.

- Princesa…

Me doy la vuelta y veo que Impa me ha llamado.

- Impa, falta poco para nuestra partida. – dije apenada.

- Lo sé, pero estoy segura que este viaje será igual de exitoso. – dijo ella, convencida. – Cada día estás más fuerte, Zelda. Me alegra ver que poco a poco recuperas tu grandeza.

- Gracias, pero el camino es largo, sobre todo porque aún no recupero mi poder, ni Link sus recuerdos. Sin eso… él no podrá ir por la espada.

- Lo sé, y eso es vital para que acabe con Ganon. – dijo la Sheikah, preocupada. – Y sobre sus recuerdos… creo que algo tienes que contarme. ¿Acaso su relación…?

Sonrío ante las palabras de Impa, así que decido contarle todo lo relacionado con nuestro acercamiento. Ella conoce mi pasado, no tengo secretos, por lo que confío en su discreción y sabiduría.

No solo le conté sobre nuestro primer beso, sino todo el apoyo que me dio y me sigue dando en mis momentos de duda; su protección y cariño para velar por mi bienestar. Link no solamente es el hombre que amo, sino mi mejor amigo, mi cómplice… y espero que con el tiempo su corazón recupere ese sentimiento por completo. Sé que me quiere… pero yo deseo más. Necesito que me ame con intensidad.

Impa escuchó cada una de mis palabras, sorprendida, pero al mismo tiempo analítica.

- Link no recuerda todo… – dijo seria, para luego reírse. – Pienso que, por ahora, eso puede estar a tu favor.

- No me importa nada de eso… claro está, si eso no le hace cambiar conmigo. – dije seria. – Lo único que espero es que pronto abra su corazón conmigo.

- Dale tiempo. – sugirió ella. – Solo recuerda cómo estaba al inicio. A duras penas sabía su nombre. Hay que llenarse de paciencia con él.

- Y tendré toda la del mundo, Impa… tengo fe en que volverá a ser completamente mío.

Guardamos silencio por otro momento, hasta que la mirada de Impa cambia a una más seria, incluso sus mejillas se sonrojan.

- Sobre lo que viste ayer…

- ¿Qué? – pregunté, en serio, sin comprender a qué se refería.

- Por favor, Zelda, no tienes que hacerte la desentendida. – dijo ella, soltando un suspiro. – Te ocultaste muy bien, pero sé que nos viste llegar a Azael y a mí… Llevo saliendo con él desde hace unas semanas, pero nos estamos conociendo. Aún no ocurre nada entre nosotros.

- ¿Azael se dio cuenta de mi presencia? – pregunté nerviosa.

- No creo, me lo hubiera dicho. – respondió Impa.

- Quizás porque se muere por ti, por lo que vi ayer.

- ¡Zelda!

- Impa, yo estoy muy feliz de que te estés dando una oportunidad de conocer a Azael. – expresé, tomando sus manos. – En lo poco que lo he conocido, me parece el hombre perfecto para ti. Es fuerte, muy atractivo, y es de tu misma raza, tienen muchas cosas en común. No dudes, sé que él te ama.

- Y me lo ha dicho… y creo que también tengo sentimientos por él. – confesó la mujer. – Pero me siento confundida, hace años que no estoy con ningún hombre, desde la muerte de Demian. Me he dedicado a ser abuela todo ese tiempo. Y ahora que he vuelto a ser joven.

- Y por ser joven mereces esta oportunidad. – dije. – Azael y tú son muy jóvenes y tienen derecho a rehacer su vida. Él es viudo, tú también, están en iguales condiciones.

Impa me escucha atentamente. Es tan orgullosa, pero sé que mis palabras la harán reflexionar.

- Pensaré en lo que me has dicho, seguiré tratándolo hasta las últimas consecuencias. – dijo Impa, sonriendo. – Aunque me preocupan mi nieta y su hijo.

- Si los aman tendrán que entender. – respondí. – ¿Sabes? Mi padre nunca se casó desde la muerte de mamá, a pesar de que muchas mujeres lo pretendían, por atracción o posición. No miró a nadie, y ahora que lo pienso, quizás fue por mi culpa, por no ponerme una madrastra. Talvez él mereció ser feliz con alguien más.

- Princesa, Su Majestad amó a la reina como a nadie. – dijo Impa, llenando mi corazón de emoción. – Solo lo evidencié a mis quince años, por poco tiempo, pero fue suficiente para comprobarlo. No fue por usted que no se casó, fue por él, pues no lograba enamorarse de nadie.

- Gracias por compartir conmigo esa historia, Impa. – dije conmovida. – Yo quiero que seas feliz… al igual que yo.

Impa me abraza, cosa que correspondo. Poco después llegan Link y Azael, lo que me indica que la hora de partir ha llegado.

- Princesa, Epona está lista. – dijo Link, con unas extrañas flechas en sus manos. – Por cierto, Azael me dio estas nuevas armas.

- No son tan nuevas. – dijo el Sheikah, demostrando modestia. – Solo equipé las flechas regulares con bombas. Algo me dice que te servirán contra la bestia divina, analizando el mecanismo que tiene.

- Gracias por todo tu apoyo, Azael. – dije sonriendo. – Con eso, podremos partir con más calma.

Nos despedimos de los Sheikahs, enviando saludos para Athan y Apaya. Sin embargo, cuando estuvimos a punto de subir a Epona, le hice a Link la petición que tanto me perseguía.

- Link, ¿es posible que hagamos un desvío?

- ¿Un desvío? ¿A dónde? – preguntó interesado.

- Hay un sitio algo cercano a la meseta de los Albores, yo sé cómo llegar.

- Vamos… debo complacer los deseos de mi dama.

Este hombre sabe cómo matarme de emoción lentamente.

Finalmente, partimos.


Llegamos al sitio deseado en la noche, ubicado al noroeste de la Meseta de los Albores, el parque Sanidin. Este es el sitio al que deseaba tanto llegar.

Recuerdo perfectamente este lugar. Aquí estuve un día antes de cumplir mis diecisiete… un día antes de la llegada del Cataclismo.

Sin esperar a Link, me bajo del caballo, volviendo a encontrarme con el paisaje de esta zona, la que en ese entonces estaba bañada del ocaso. Mond estaba conmigo.

- ¿Ah? – detuve mis pensamientos al escuchar un sonido extraño.

Link también se ha bajado del caballo, pero lo veo mal. Sus manos presionan su cabeza, como si un fuerte dolor lo estuviera consumiendo. Sé lo que eso significa.

Link, quizás yo lo tome de una manera distinta, pero a mí también me martirizan los recuerdos.

- Link…

Angustiada, me acerco a él y lo abrazo, colocando su cabeza en mi pecho para calmarlo. En ese momento, mi mente se aclara, llevándome a la imagen de su tormento.

*.*.*.*.*

El atardecer es tan hermoso, mucho más si lo vivo a tu lado, Link… y con otra grata compañía que me llena de felicidad, mi hermoso y fiel Mond.

Cabalgo en mi corcel al lado de Link, quien monta a su noble yegua. Es en ese momento que me doy cuenta de que es idéntica a Epona. ¿Es posible eso? Su esencia es la misma, pero su cuerpo no. Es posible que el noble animal haya regresado a la vida para reencontrarse con su dueño.

¿Así se reencuentran las almas?

- Muchas gracias por tus consejos, Link. Mi caballo responde mejor y está tranquilo.

- No es nada. Ya sabes que estoy a las órdenes de mi dama. – expresó sonriendo.

Sin duda, no tiene idea como me pone cuando me llama así…

- Mond y yo seremos más amigos que nunca. – expresé emocionada. – Sé que siempre lo hemos sido, pero nos faltaba afianzar nuestra conexión. Por eso, decidí colocarle el arnés real. Ya está en edad y madurez de usarlo. Le va como anillo al dedo.

Nuestro camino se detiene cuando llegamos al parque Sanidin. Mientras nuestros caballos pastan, me acerco a deleitarme con el paisaje cubierto por el ocaso. Link se encuentra a mi lado, tomando mi mano, la que besa mientras me mira a los ojos.

- Desde aquí se puede ver el Monte Lanayru. El nombre proviene de Nayru, la Diosa de la sabiduría.

Siento como mi cuerpo tiembla al pensar en ese lugar que de ninguna manera puedo evadir.

- Según una antigua tradición, los menores de diecisiete años no deben poner un pie en ella. Se cree que su falta de sabiduría podría ser un insulto para la Diosa.

- Nunca he comprendido a qué se debe eso, pues a partir de los dieciséis se es mayor de edad. – dijo Link. – A esa edad nos graduamos de la academia de caballeros.

- Eso es por el héroe de antaño, pues a los diecisiete encontró la espada sagrada, al igual que tú.

Guardo silencio por otros segundos, pues el pensar en el futuro me aterra.

- Recé en la Fuente del Poder y en la del Valor, pero no logré despertar mis poderes. Quizás en la Fuente de la Sabiduría lo consiga.

- Sé que esta vez lo conseguirás, princesa. – dijo Link, abrazándome por la espalda. – Yo confío en ti.

- Para ser sincera, no tengo motivos para creer que pueda lograrlo. Pero si existe una posibilidad, debo intentarlo.

- No quiero ser egoísta, pero lo único que me importa es el día de mañana, pues será tu cumpleaños.

- Link…

- Tengo algo especial preparado para ti. Lo sabrás a la media noche en punto. No te quedes dormida.

Me doy la vuelta y beso a Link, con esa pasión que me calma, que recorre cada fibra de mi ser.

Yo también quiero ser egoísta…

*.*.*.*.*

Estoy segura de que Link y yo recordamos lo mismo. Parece que ya se está recomponiendo.

- Lo siento, de nuevo, esos malditos dolores de cabeza. – dijo mi caballero.

- ¿Te sientes mejor? – pregunté preocupada. – ¿Recordaste algo?

- Sí… Aquí fue nuestro último día de libertad. – dijo Link, colocándose de pie y ayudándome a levantarme. – Estuvimos aquí un día antes del Cataclismo.

- ¿Solo eso? – pregunté, nerviosa y sonrojada.

- Sí, y estábamos con Epona… y otro caballo.

Me sentí algo tranquila de que Link no haya recordado más de lo debido, pues no sé qué explicación le hubiera dado… a pesar de que deseo que sepa todo lo relacionado a nuestra relación en el pasado.

- Zelda… mira eso.

Fijo mi mirada en el horizonte, descubriendo algo que me paraliza por completo.

- No puede ser…

Entre los caballos que pasean libre por la llanura, hay uno diferente y apartado de ellos, el que produce que mi corazón se desboque. Es blanco como la nieve, con crin rubia y desordenada, todo su esplendor brilla en medio de la noche.

La imagen del caballo se distorsiona, siendo reemplazada por un espejismo que tuve guardado en mi mente y corazón.

Ahora veo al equino más pequeño, pero acompañado por una mujer y una niña.

Veo a mi madre y a mí jugando con Mond… justo en este lugar.

- ¡Mond, no corras! ¡Detente!

- Zelda, dale estas zanahorias, verás que con eso obedece.

- Mira como come, mamá. ¡Es tan lindo!

Es él, no puedo creer que sea él.

- Mond... – dije con las emociones flaqueando.

- ¡Zelda, es el caballo que vi en el recuerdo! – expresó Link, tan sorprendido como yo. – ¡Es tu caballo!

Link corre hacia la llanura en camino hasta el caballo, y es en ese momento que entro en razón.

- ¿Qué haces, Link? ¡Espera!

Mis gritos no sirven de nada, pues Link no se detiene. Se acerca al caballo para atraparlo, pero este se aleja rápidamente. Yo también comienzo a bajar la loma de la llanura, alarmada.

- ¡Link!

Mi caballero no deja de perseguir al equino, hasta que decide separarse de él y darle espacio, y es ahí que el animal se detiene. Con sigilo, Link se acerca hasta él, decidido a montarlo.

- ¡Cuidado!

Mi advertencia llega tarde, pues el caballo empuja a Link con sus fuertes patadas. Aun así, él se recompone rápidamente.

- ¡Link! – grité, acercándome a él.

- ¡No te acerques! ¡Déjame hacerlo a mí!

Link no se rinde, por lo que vuelve a perseguir al caballo, hasta que finalmente consigue montarse en él. El equino lucha con todas sus fuerzas para volver a lanzarlo, pero Link se sostiene con ahínco.

- No puedo quedarme sin hacer nada.

Decidida a acabar con esta intranquilidad, me coloco frente al caballo blanco para detenerlo. Link se aterra ante esa imagen.

- ¡Zelda! ¡Sal de ahí! – gritó Link, angustiado. – ¡Aléjate!

No voy a alejarme…

A un instante de que el caballo me embista, siento una calidez indescriptible en mi cuerpo. Ante eso, el animal se detiene.

- Mond…

Acaricio el hocico del caballo, quien se tranquiliza más al escuchar como lo llamo. No puedo parar de llorar, pero de la alegría de tenerlo frente a mí.

Ahora sé que mi compañero ha regresado.

- ¡Zelda!

Link, asustado, se baja del caballo y me abraza, pero luego me toma de los hombros con ansiedad. Noto en su mirada una mezcla de miedo y enojo.

- ¿Por qué hiciste eso, Zelda? ¡Casi me matas del susto! – reclamó enojado.

- ¡Link, cálmate! – le pedí, tomándolo del rostro. – ¿No ves a quién tengo enfrente?¡Es Mond! ¡Mi caballo ha regresado!

Link mira al caballo, y poco a poco comienza a tranquilizarse. Lo toca, y para sorpresa de todos se comporta manso y amigable.

- Es tu caballo, el mismo que vi en mis recuerdos. – dijo Link, sorprendido. – Por eso no dudé en venir a domarlo para ti.

- Gracias a ti recuperé a Mond. – dije emocionada. – Y pido disculpas por mi imprudencia, pero yo también quise intervenir en la recuperación de mi caballo.

- No voy a negar que sigo asustado, pero más satisfecho de que te hayas reunido con Mond. – dijo Link. – Ahora que lo vi en mi recuerdo, sé que Epona también fue mi amiga en el pasado.

- Los cuerpos no son los mismos, pero las almas sí. – dije. – Nuestros caballos murieron en el cataclismo, pero sus almas regresaron en este siglo para reencontrarse con nosotros. A ti te tocó primero con Epona, ahora a mí.

- Ahora entiendo por qué sentí una conexión tan especial con Epona. – dijo Link.

- No comprendo cómo no lo recordé el día que la encontramos en la desaparecida aldea Mabe. – indiqué apenada. – Así como tú, quizás me quedan memorias que recuperar.

- Yo aún no recuerdo cómo conocí a Epona hace cien años, pero espero con el tiempo recuperar esas vivencias.

Vuelvo a abrazar a mi caballo, y al poco tiempo llega Epona. Mond y ella se miran y relinchan con simpatía.

- Espero se hagan buenos amigos. – dijo Link, acariciando a su yegua. – Epona, ahora sé por qué eres tan especial para mí. También regresaste.

La yegua resopla con alegría, confirmando las palabras de su amo.

- ¿Cómo supiste que aquí estaba tu caballo? – preguntó Link.

- Recordé a Mond gracias a un fragmento del diario de mi maestro, y Athan me ayudó a descubrir dónde se encontraba. – respondí. – Él, como descendiente, se encuentra vinculado. Los Sheikahs tienen el don de la sabiduría.

- Sea como sea, me siento agradecido con Athan por esa información. – expresó Link, para mi sorpresa.

- Lo sé…

- Cerca de aquí se encuentra un rancho, lo vi a lo lejos en nuestro trayecto. – dijo Link. – Pasaremos la noche ahí.

Link me ayuda a subir a Mond. No puedo describir la alegría que siento al montarlo de nuevo. Sin duda es él.

Los dos, en nuestros respectivos corceles, nos despedimos del parque Sanidin.


- ¡PERO QUÉ ES ESTO!

Al instante de llegar al rancho de la llanura, un hombre nos intercepta. Mira maravillado a Mond, como si frente a él se encontrara un ser mitológico fuera de este mundo.

- Este es el caballo blanco de la realeza. ¡No puedo creerlo!

- Señor, ¿quién es usted? – preguntó Link, bajándose de Epona.

- Mi nombre es Tonfar, y cuando era niño mi abuelo me contó sobre el caballo blanco de la familia real, el que usaba la desaparecida princesa Zelda en su viaje. – contó el hombre, emocionado. – Hace poco supe por un viajero que había visto a un caballo idéntico cerca de aquí, y no le creí… pero ahora que veo esto frente a mí, me doy cuenta de que es real.

- Lo encontramos cerca del parque Sanidin. – respondió Link. – Ahora le pertenece a la prin… digo, a mi compañera.

- No puedo evitar el tener un detalle ante la gracia de verlo. ¡Ya vuelvo!

El hombre se ausenta por un momento, hasta que regresa con unos objetos en sus manos.

- Les confieso que mi abuelo fue uno de los sirvientes de la familia real, y me legó la verídica brida y silla de este caballo. – dijo el hombre, emocionado. – Se las entrego como muestra de agradecimiento por permitirme verlo.

No supe qué decir al ver algo como esto. Me conmueve saber que a pesar del paso de los años, algunas cosas agradables de mi pasado regresan a mi vida.

Cuando el anciano se retira, Link procede a pedir habitaciones para pasar la noche. Han sido de muchas emociones encontradas, pero no puedo desenfocarme de lo importante, la bestia divina Vah Medoh.

¿De qué manera volveremos a vernos, Revali?


La ansiedad no me dejó dormir bien, y lo mismo le ocurrió a Link. Por esa razón, decidimos partir hasta Tabanta, pues el camino era muy largo. Ahora con Mond correctamente equipado, estaría más cómodo. Incluso una de las empleadas del rancho le hizo un corte a su crin, como el que tenía antes.

Seguimos de corrido hasta llegar a la llanura de Hyrule Oeste, no deteniéndonos para nada más que tomar un descanso y comer algo. Más relajados nos sentimos cuando arribamos el rancho de Tabanta, pues estábamos muy cerca de llegar a la Aldea Orni.

Ya el clima comenzaba a sentirse más fresco…

Justo cuando el ocaso arribó el cielo, decidimos seguir con nuestro camino, pasando el Gran puente de Tabanta y llegando a la colina de Ghissa, sitio en donde estaba la torre ancestral. Link, como siempre, se encargó de activarla.

A la llegada del anochecer, vimos a lo lejos a la aldea Orni.


Dejamos a Epona y a Mond en un sitio seguro, mientras que nosotros subimos las escaleras de la aldea orni.

Ya es de noche, por lo que el frío está más presente, pero lo más incómodo es el silencio que se respira.

- Este sitio está en penumbras. – dijo Link, ansioso. – Es aterrador. ¿Siempre ha sido así?

- Claro que no, Link. – afirmé preocupada. – Siempre estuvo lleno de Ornis y turistas, incluso es un sitio popular para los recién casados. No comprendo por qué está tan oscuro, no hay ninguna luz encendida. Parece un pueblo fan…

Me callo porque siento una presencia extraña rodeándonos, una sombra.

- Alguien se acerca. – dijo Link, tomando sus armas.

Vemos a la sombra a lo lejos. Link no duda en seguirla, mientras que yo corro detrás de él. Algo me dice que nos estamos exponiendo a algo peligroso, pero a vista que mi caballero no va a detenerse, lo persigo.

- ¡Detente! – gritó Link.

Una vez que llegamos a mitad del camino, la sombra sale de una de las casas vacías.

Mi corazón se paraliza en ese instante. No puedo creer a quién estoy viendo.

- Revali…

Frente a nosotros se encuentra el desaparecido campeón, el que jamás creí ver en esas circunstancias. Su físico es el mismo, pero está pálido, casi transparente, pero no tiene la apariencia de estar muerto.

- Muérete… – dijo Revali, lanzando su arma.

Una flecha viene en camino hacia nosotros, razón por la que Link saca su escudo para protegernos. Sin embargo, una fuerte explosión nos nubla la vista.

Una vez que se despeja el panorama, nos damos cuenta de que Revali se ha ido, y en su lugar se encuentra un ser similar a él en físico.

- ¿Están bien? – preguntó el orni.

- Sí. – respondió Link, aún confundido. – Gracias por habernos salvado.

- No es un sitio seguro para estar aquí. – dijo el Orni. – Síganme.

Sin preguntar nada más, seguimos al pájaro por el camino guiado, hasta que llegamos a su casa. El sitio es pequeño, dividido únicamente por tres ambientes separados por cortinas, lo que me hace pensar que son habitaciones.

- Tomen asiento aquí, por favor. – dijo el Orni, señalando la chimenea. – Con el fuego se sentirán más reconfortados.

Link y yo obedecemos, mientras que el ave se sienta a nuestro lado. Todo ha ocurrido tan rápido que no sé cómo iniciar una conversación.

¿Qué horror acaba de pasar frente a nosotros?

- Ahora que están a salvo, me presento. – dijo el Orni con mirada seria. – Mi nombre es Teba, aquí vivo con mi esposa y mi pequeño hijo.

- Mucho gusto, Teba. – saludé. – Mi nombre es Zelda.

- Yo soy Link.

El Orni queda de piedra al escuchar nuestros nombres.

- No puede ser… ustedes son los que siempre menciona el Gran Revali. – dijo el Orni, espantado. – El héroe y la princesa…

- Todo tiene una razón que te la explicaremos en breve. – dijo Link, tratando de calmar a Teba.

- Aún seguimos impactados por las circunstancias, pero te agradezco tanto por habernos salvado. – dije, aún impactada.

- Ahora entiendo por qué quiso matarlos…

- ¿Te refieres a Revali? – preguntó Link, confundido.

- ¿Acaso no se han dado cuenta? – preguntó Teba, preocupado. – Esta es tierra de nadie. Las mañanas son tranquilas, pero en las noches nadie, en su sano juicio, se atreve a salir… A menos que quiera morir.

- No comprendo. – dije confundida.

- Desde hace meses el Gran Revali, legendario héroe de nuestra tierra, acecha, gritando por todos lados sus nombres, sobre todo el de Link. – Teba hizo una pausa, para luego continuar. – Y también tiene otro propósito…

- ¿Cuál? – pregunté, incrédula con las palabras del Orni.

- Quiere matarme.

Siento náuseas ante lo que acabo de escuchar.


Comentarios finales:

Hola a todos.

Antes de cualquier cosa, deseo para ustedes un feliz inicio de año. Que este 2022 sea el esperado por todos, donde nuestros sueños se cumplan… a pesar de que lo estamos iniciando de una manera caótica.

No sé cómo será en su país, pero aquí en Ecuador las cosas con el Covid19 y la nueva cepa, Omicron, están terribles. Los irresponsables se pusieron a pasar las fiestas de fin de año en aglomeraciones, como si no hubiera un mañana. Aún hay personas que no quieren vacunarse, siendo esto la causa de tantas mutaciones. Por esa razón, he regresado al teletrabajo, lo que me dará ventaja de tener más tiempo para hacer mis cosas, pero solo espero que la situación no empeore. Lo que me consuela es que a diferencia de Marzo del 2020, ya no hay muertos en las calles, no hay necesidad de andar penando por mascarillas, alcohol o un tanque de oxígeno al que le cuadruplican el precio. Ojalá que, al menos eso, se mantenga.

Ahora, dejando de lado cosas desagradables, vamos al capítulo.

Fue una mezcla de transición y acción, pues hubo romance, la aparición del caballo de Zelda, y el más esperado, Revali.

Esperé este capítulo para explicar la razón del nombre del caballo de Zelda. Mond significa "Luna" en alemán, y como ya me conocen, amo la luna (por algo mi seudónimo), así que el color del equino ayudó mucho a inspirarme en ese nombre. Sin embargo, los que leyeron "Pasión entre las sombras", saben que también usé la palabra "Mond", para el nombre del reino de Dark Zelda, Mondrule.

Ahora, enfocándonos a Revali, han evidenciado otra manera loca de su aparición, la que traerá mucho estrés en esta parte de la trama. No creo que sea tan difícil pensar la razón por la que quiere matar a Link, ¿pero a Teba? Debería sentir orgullo por él, como se evidencia en BOTW por el respeto que él le tiene, y también en AOC. ¿O ustedes qué piensan?

Espero que les haya gustado este primer capítulo del año. Y cualquier comentario o duda es más que bienvenida.

Un abrazo para todos ^^