Capítulo 28: Acecho en la oscuridad
No importa a dónde vaya ni en qué época me encuentre, me seguiré encontrando con la muerte. Y lo que es peor, de la mano de uno que alguna vez fue mi "aliado", a pesar de que sé que Ganon está detrás de todo esto.
Solo recuerdo el nombre de Revali y algo de su imagen, por lo que no puedo decir mucho al respecto. ¿Por qué querrá matarme? ¿Por qué desea aniquilar a Teba?
Y sobre él…
- Teba, te agradezco tanto por habernos ayudado. – dije, aunque luego me llené de dudas. – ¿Pero por qué lo has hecho?
- ¿Tú tendrías razones para salvar a alguien de la muerte? – preguntó serio. – ¿No hubieras hecho lo mismo?
- Creo que… – me dejó sin argumentos. – Creo que tienes razón, lo siento. Solo que esto es muy extraño.
- Yo también te lo agradezco, Teba. – dijo Zelda. – Pero entiende que para nosotros esto es confuso.
- Lo sé, pero yo soy un fiel creyente del destino, así que por algo estuvimos en el lugar y momento indicado. – dijo Teba. – Y más ahora que el Gran Revali ha aparecido.
- ¿Revali está vivo? – preguntó Zelda. – ¿Era realmente él?
- Claro que no. El Gran Revali murió hace cien años en el Cataclismo. – respondió Teba, serio. – Ese es su espíritu y está lleno de odio y sed de venganza.
- Creo que antes de saber más cosas, es necesario que hablemos de nosotros. – dije. – Toda la verdad.
Usualmente, Zelda sería la encargada de tomar la batuta en esta conversación, pues a mí no se me dan mucho las palabras. Sin embargo, cada día que pasa siento más deseos de hablar más y callar menos. Estoy seguro de que Zelda tiene que ver en eso.
Le conté todo a Teba, desde mi despertar hasta la actualidad. A diferencia de los Goron, no hubo necesidad de decirle que éramos unos simples investigadores, pues él ya parece conocer antecedentes del pasado.
El Orni escuchó atentamente mis palabras, sin mostrar un ápice de sorpresa. Después de mí, decide contar su historia.
- Creo cada una de tus palabras, Link. – afirmó Teba. – El Gran Revali siempre ha sido una leyenda en nuestro pueblo, a quien a pesar de los años lo recordamos con lealtad… sobre todo yo. Vengo de una familia de guerreros Orni, y desde que tengo uso de razón, he admirado al Gran Revali.
- ¿Entonces por qué quiere eliminarte? – preguntó Zelda.
- Quizás por esa misma admiración. – confesó apenado. – De todos los guerreros de la aldea, he sido el que más ha querido imitar lo bueno de Revali. Incluso soy el único que ha conseguido dominar su más poderosa técnica, "la furia de Revali".
- ¿La furia de Revali? – pregunté sintiendo familiaridad.
- La capacidad de los Orni de dominar las corrientes de aire ascendentes y al mismo tiempo atacar con el arco y flecha. – explicó el guerrero. – Tardé años en hacerlo, pero lo pude conseguir.
- Cuando conocí a Revali, el día que le solicité ser uno de los campeones, estaba practicando y logró dominar esa técnica. – dijo Zelda, recordando hechos desconocidos para mí. – Sé que le costó mucho lograrlo, aunque no lo demostrara por su excesivo orgullo.
- Y es por ese orgullo que me desea muerto. – respondió el Orni, apenado. – Antes de todo este problema, yo entrenaba todas las noches en la zona de entrenamiento, ubicada al noroeste de la aldea, pero una noche se me apareció Revali, apuntando con su arma en mi cabeza. Al inicio pensé que era una broma, que mi admiración por él me estaba haciendo delirar … pero mi ala derecha dice lo contrario.
Teba nos muestra su cicatriz, pues el brazo ya está sanado. Con eso, me doy cuenta de que la situación es más grave de lo que parece.
- Me salvé de morir gracias a una maniobra que hice para evitar a Revali, pero aun así salí lastimado. – siguió contando Teba. – En ese entonces me dijo, "nadie es como yo". Luego de eso, se desvaneció.
- Me cuesta creer todo lo que cuentas. – dijo Zelda, espantada.
- A mí también me cuesta creerlo, pero es la dolorosa verdad. – respondió el Orni. – Revali, en vez de verme como un legado de su prestigio, me ve como un enemigo. Desde ese día no volví a la zona de entrenamiento, y no por cobarde, eso nunca. Solo que yo no puedo darme el lujo de pensar en mí, pues si algo me ocurre, mi familia se quedaría desprotegida. Tengo que estar cerca de ellos para cuidarlos.
- Teba, debes saber que Revali está actuando bajo la influencia de Ganon. – aclaré en defensa del campeón. – Puedo asegurarte que le ha ocurrido lo mismo que a los demás, está siendo manipulado.
- Puede ser, pero sea como sea, yo debo proteger a los míos lo mejor que pueda. – afirmó el Orni. – Ya nadie de este pueblo tiene paz, solo viven cuando el sol está presente, pero cuando el ocaso está por terminar, se esconden en sus casas, despavoridos, solo respirando miedo.
- ¿Y qué pasó con Vah Medoh? – preguntó Zelda, cambiando a un tema relacionado con el asunto. – La bestia divina piloteada por Revali.
- Esa es otra rareza… desapareció.
Zelda expresa impacto con un quejido, mientras que yo comienzo a sentirme ansioso. La aparente tranquilidad, o en este caso, ausencia de las bestias divinas, me hace sentir que un peligro inminente se encuentra aguardando. No logro predecir qué podría pasar.
- Medoh siempre ha descansado en la gran roca del centro de nuestra aldea, pero con la llegada de Revali desapareció. – respondió Teba, preocupado. – El pueblo piensa que se fue por ser incapaz de enfrentar al campeón, pero yo no pienso lo mismo. Él, como su legítimo piloto, se la llevó a quién sabe dónde.
- Ahora tenemos dos barreras frente a nosotros, el regreso de Revali y la desaparición de su bestia divina. – comentó la princesa.
Los tres nos quedamos en silencio por varios minutos, hasta que Teba lo rompe.
- Es mejor que descansemos. – sugirió. – Traeré una bolsa para dormir hecha con nuestras especiales plumas, lo que les ayudará a descansar bien y a no pasar frío.
Teba se retira un momento, mientras que yo solo me limito a ver el rostro de Zelda lleno de preocupación. Me encantaría saber qué cosas están pasando por su mente para poder consolarla.
- Bien, aquí traje la bolsa de dormir.
- ¿Es… Eso? – pregunté nervioso ante lo que veía en las manos de Teba. – Pero… es solo una.
- Sí, para ustedes está bien. – afirmó el orni, riéndose. – Van a dormir como los tórtolos que son.
- ¡AH! ¡PERO…!
- Se las dejo aquí, cerca de la chimenea, para que estén más calientes. – dijo Teba, sonriendo y acomodando el lecho. – Me retiro, que descansen.
No pude refutar nada.
- No puede ser… estoy acabado.
Acabado en mi voluntad, pues no sé qué cosas sentiré al dormir tan cerca de Zelda, la mujer que quiero y que me vuelve loco. Cada vez que la tengo entre mis brazos siento cosas en mis sentimientos y en mi cuerpo que no puedo explicar, siendo la última la que más me avergüenza, pues tengo reacciones involuntarias.
- Vamos, Link. – dijo Zelda, acercándose a la delgada cama.
La dama se mete dentro de la cobija y me invita a acostarme a su lado… mi corazón late deprisa y las piernas me tiemblan. Sin embargo, mis deseos me arrastran a perderme en la suavidad de las plumas con ella.
Me acomodo a su lado, acostándome, y en ese momento ella recuesta su cabeza en mi pecho, mientras mis brazos la rodean. Me encanta tenerla de esta manera, unida a mí, regalándome la dicha de embriagarme con el perfume de su pelo, de la delicadeza de su piel.
Esta dama me atrae salvajemente en todos los sentidos…
- ¿Te pesa mi cabeza?
- Claro que no… me encanta tenerte así. – respondí, obnubilado en mis sentimientos por ella. – Solo espero que no te sientas incómoda, pues no es… tan correcto que digamos estar así.
- No me faltas el respeto, sino todo lo contrario. – dijo Zelda, aún recostada en mi pecho. - Me siento respetada y protegida por ti en estos momentos.
- Me alegro, porque mientras yo viva, siempre te sentirás así.
Acerco su rostro hacia el mío y la beso profundamente, esta vez controlando mis manos para no sobrepasarme. Mis deseos por ella son abismales, pero no quiero que este cálido momento se rompa con nada.
Sé lo que siento por ti, Zelda, pero no lo asimilo. ¿Será que eso también tengo que recordarlo?
Mi sueño se va apagando lentamente, hasta que me despierto, pero no entiendo por qué me siento ligero.
- ¿Zel… Zelda? – pregunté al no sentirla cerca de mí.
Una vez que abro por completo mis ojos, me espanto al no ver a Zelda acostada a mi lado.
- ¿¡Zelda¡?
- ¡Link, tranquilo! – me llamó Zelda, acercándose a mí. – Aquí estoy. Estaba sentada en ese rincón.
- ¿Y por qué…? – traté de tranquilizarme ahora que estaba frente a mí. – ¿Por qué te vas de esa manera? Deberías estar durmiendo.
- Se me fue el sueño, así que aproveché para leer un poco más el diario de Athan.
El diario… el dichoso diario. ¿Qué declaración ahora le habrá hecho ese tipo?
- ¿Y qué dice ahora? – pregunté, demostrando indiferencia.
- Pues… no pude iniciar la lectura, pues esto cayó de las hojas.
Zelda me entrega un papel doblado, el cual abro con interés…
- Son… ¿Notas musicales? – pregunté confundido.
- Sí, notas escritas por mi maestro. – respondió Zelda. – Solo que no las comprendo bien. Como te dije, no soy una experta en eso… de todas maneras, lo que más me sorprende es que tiene una firma.
Miro la hoja, descubriendo lo que Zelda ha indicado.
- ¿Nyel? – pregunté sorprendido. – ¿Quién será?
- No lo sé, Athan nunca me habló de él. – dijo Zelda.
- Deberías leer la parte donde lo encontraste. – sugerí. – Quizás ahí haya una respuesta.
- Sí, justamente es la que me tocaba. Lo haré en este momento.
Me siento frente a Zelda para escuchar lo que va a leer. Mi curiosidad es más grande que los celos que me pueda producir.
.
Desconozco cuántas semanas estuve enclaustrado en esta solitaria casa, donde mi única compañía es el sin sabor de tu ausencia.
La comida no me satisface, el agua no me sacia, el aire no sirve ante mi falta de aliento, el que perdí el día que te vi partir a tu destino junto a ese maldito ser.
Maldito Cataclismo, tan infame como una oscura tumba de desdicha, donde almas en pena se retuercen con su insultante imagen.
No sé en qué momento pude levantarme de esta cama, con sábanas manchadas de desesperanza… solo bastó el toque de mi puerta.
Uno de mis vecinos, preocupado por mi depresión, me presentó a unos turistas. Nyel, el pequeño Orni, se encontraba viajando en compañía de sus padres, predicando palabras de positivismo para aliviar los pesares.
Nyel era un músico superdotado, muy inteligente y vivaz. Se ganó mi simpatía desde la primera vez que lo vi, mucho más cuando tocó su pequeño acordeón, mientras sus padres cantaban, aliviando así un poco mi desconsuelo.
No pude evitar pedirles tomar a su hijo como mi aprendiz, deseando que convierta en canciones mis sentimentales y desgarradoras palabras. Los Orni no dudaron en aceptar, trayendo a su pequeño a mi instrucción tres veces por semana.
Nyel, gracias a ti por haberme hecho compañía por estos años. Por eso, antes de ir a mi última morada, te entregué la letra dedicada a los dos seres que marcaron mi vida, mientras yo me encanto descifrando las notas de tu compuesta melodía.
.
No sé qué decir ante lo narrado por el antiguo Athan, usando la voz de Zelda como instrumento. Me llama la atención que nos mencione a ambos como parte de su desdicha. ¿Tanto le afectó nuestra partida? No sé qué decir ante tanta nobleza, pues hasta donde recuerdo, no nos simpatizábamos.
- Nyel es un Orni. – dijo Zelda, sorprendida. – Quiere decir que se encuentra en este pueblo. Él podrá descifrar todo lo que mi maestro contó por aquí.
- ¿Y si no vive? – pregunté, tratando de ser realista. – Han pasado cien años, Zelda, todo puede ser.
- Los Orni tienen una vida muy extendida, así que no sería una locura pensar en esa posibilidad. – respondió ella, optimista. – Quizás Teba pueda darnos una respuesta mañana.
- Tienes razón… vamos a dormir.
- No… tú me debes algo, Link.
- ¿Ah?
Zelda, aún en el piso, gatea para estar más cerca de mí, cosa que me pone más nervioso de lo que ya estaba cuando dormimos juntos. ¿Qué planea? ¿Será lo que me estoy imaginando?
- Link, creo que yo también merezco que me cuentes sobre las cartas de tus padres.
Oh, ¿es eso? Merezco un castigo por tener la mente tan dañada. Zelda nunca tendría esa clase de pensamiento, pues es tan pura… En cambio, yo.
- ¿Te pasa algo? – preguntó Zelda, preocupada. – Estás temblando.
- ¡Estoy bien!
Me levanto con prisa a buscar lo que a Zelda le interesa, dos de las cartas. Las únicas que he leído por falta de tiempo, pero sobre todo por carencia de valor, pues desde que recordé más a mis padres me derrumbo, aunque sea cada vez menos.
- Voy a leerte la primera carta. – dije a Zelda. – No es muy larga, pero tiene mucho significado.
Zelda se posiciona atenta para escucharme.
.
Mi amada Selene,
Te extraño como no tienes idea, y me siento mal por estar ausente tanto tiempo, pero como sabes, las responsabilidades en la guardia real me han dejado sin vida propia, pero hoy te tengo una noticia que va a cambiarlo todo… para bien.
Después de la lamentable muerte del Rey, y debido a que Rhoam debe casarse (cosa que él no desea ni muerto) para asumir su lugar, el Consejo me ha nombrado su escolta personal, lo que me hará ganar más privilegios. ¡Ahora podremos casarnos el año que viene, como te lo prometí!
En dos semanas estaremos juntos de nuevo, llénate de paciencia.
Saluda mucho a tu padre de mi parte… y recuerda que te amo más de lo que te imaginas.
Con amor,
Demetrio.
.
- Qué hombre tan encantador era el General. – expresó Zelda, maravillada. – Qué manera tan linda de hablarle a tu madre.
- Sí, me alegra saber que, aunque no esté, mi madre fue amada. – expresé melancólico, para después tomar el siguiente sobre. – Ahora te voy a leer la respuesta de mi madre… solo que hay cosas que no logré entender.
Procedo a leer la segunda carta.
.
Querido Demetrio:
Me siento tan dichosa de saber que tus esfuerzos han valido la pena, pues ahora estás en un cargo más importante, sobre todo al lado del Rey Rhoam, quien es tu mejor amigo. Mejor protector no pudo haber tenido.
Mi padre se encuentra bien, trabajando en su herrería, como siempre. Todos los días me pregunta por ti, pero al igual que yo, sabe que pronto vendrás.
No hay mayor deseo para mí que ser tu esposa… solo que, creo que no podrá ser en un año, sino que tendrá que adelantarse.
Hay algo que quiero decirte… y sé que te pondrá muy feliz.
Te espero con muchas ansias, y recuerda cuánto te amo.
Con amor,
Aitana
.
Una vez que termino de leer la carta, Zelda sonríe de una manera que no puedo entender, mientras me mira con ternura.
- ¿Ocurre algo?
- ¿No entendiste la respuesta de la carta de tu madre? – preguntó la princesa, sonriendo.
- No, pero tengo mucha curiosidad de saber qué noticia le dio a mi papá.
Ella vuelve a reírse, causando que me confunda más. ¿¡Qué es tan gracioso!?
- Tranquilo Link, no me burlo de ti. – aclaró Zelda, calmando su risa. – Quizás lo descubras en la siguiente carta. No te preocupes.
- Pero…
- Mejor vamos a dormir. – pidió ella, soltando un bostezo. – Ahora sí tengo mucho sueño.
No supe qué más decir, por lo que acepté la propuesta de mi dama. Nos recostamos en la cama, una vez más abrazados, esperando a que el sueño llegue a nosotros.
- ¡BUENOS DÍAS!
- ¡AAAH!
Zelda y yo nos levantamos alterados por un desconocido grito. Una vez que nos incorporamos, descubrimos a un niño frente a nosotros… un pequeño Orni de plumas blancas.
- ¿Ustedes son los invitados de papá? – preguntó el pequeño. – Mucho gusto, me llamo Revali.
- ¿¡QUÉEEE!?
Ahora sí... enloquecimos. Zelda y yo no podemos parpadear de la impresión. ¿Cómo qué Revali?
- ¡Tureli!
El pequeño voltea asustado, encontrándose con la furiosa mirada de una mujer Orni, con plumaje rosa, que supongo es su madre.
- ¿Qué manera es esa de despertar a las visitas? – preguntó enojada. – Ahora, saluda como se debe.
- Está bien, mamá. – respondió apenado. – Me llamo Tureli, mucho gusto.
- Mu… mucho gusto. – respondimos Zelda y yo a la vez.
- Disculpen a mi pequeño, es demasiado inquieto. – dijo la mujer. – Yo soy Sareli, la esposa de Teba y la mamá de este travieso niño.
- Mucho gusto. – expresamos Zelda y yo.
- Teba me comentó todo anoche. Me alegro mucho que hayan podido salir ilesos de los ataques de ese individuo.
- ¿Qué individuo, mamá? – preguntó el niño.
- Nada importante, querido…
Poco después llega Teba, quien se une a nuestra conversación.
- Buenos días, chicos. – saludó Teba. – ¿Durmieron bien?
- Sí, gracias por preguntar. – respondió Zelda.
- Papá, ¿hoy si vamos a la zona de entrenamiento? – preguntó Tureli, animado.
- No, hijo… iremos otro día.
- ¡Siempre dices lo mismo! – se quejó el niño. – Si no entreno, nunca seré como el Gran Revali.
Me llama la atención la admiración con la que el niño se expresa de él, cosa que veo que a Teba le preocupa.
- Tureli, ayúdame con el desayuno. – dijo Sareli, nerviosa, tomando del ala al niño. – Te daré unas galletas.
- ¡Sí! ¡Vamos!
Madre e hijo se retiran, aunque con lo nerviosa que está ella, creo entender la razón. Teba está consternado.
- Como pueden darse cuenta, mi hijo no tiene idea de los alcances del Gran Revali. – dijo el Orni, preocupado. – Él solo conoce la parte buena, su leyenda, con la que ha crecido, y como todos los niños de este pueblo, sueñan con ser como él, así como yo lo hacía a su edad. Su inocencia no me permite decirle la verdad, por eso simplemente opté por no llevarlo a mis entrenamientos, cosa que él no comprende.
- Entiendo… pero deberías decirle la verdad. – intervino Zelda, apenada. – A veces los padres, creyendo hacer lo correcto, cometen errores con sus hijos… te lo digo por experiencia.
Teba no dice nada, aunque se lo ve preocupado. Y creo entender las razones por las que Zelda intervino.
- Regresando al tema de Revali, debemos detenerlo a como dé lugar. – dije serio. – Solo que no sabemos cómo empezar.
- Pienso que lo importante es ir a hablar con Tyto, el patriarca de nuestra aldea. – sugirió Teba. – Con la llegada de ustedes él podría guiarse mejor. Iremos después de desayunar.
- Gracias por tus atenciones, Teba. – dijo Zelda, para luego volver a ponerse seria. – Tengo otra pregunta que hacerte… ¿Conoces a un Orni llamado Nyel?
- ¿Nyel? Claro que sí, vive cerca de aquí…
- ¿Podemos ir a verlo? – pregunté, también interesado en el tema.
Teba iba a responder, hasta que llega su esposa y lo interrumpe.
- Podrán hacer todo lo que quieran después del desayuno. – dijo la mujer, estricta en su orden. – Hice una leche con canela deliciosa y unos panes de trigo de Tabanta.
- Bueno, no quiero contradecir a mi esposa. – dijo el Orni, riéndose. – Vamos a desayunar, luego de eso iremos a la casa de Nyel.
- Gracias. – dijimos Zelda y yo.
Todos pasamos a la mesa. Espero que la comida nos ayude a Zelda y a mí a recuperar fuerzas.
Una vez que salimos de la casa, nos dirigimos a buscar a Nyel. Sin embargo, al encontrarnos con su esposa, Amali, nos llevamos una inesperada sorpresa.
- ¿No está Nyel? – preguntó Zelda. – ¿Dónde se fue?
- Querida joven, mi esposo está de viaje y solo pasa por aquí los fines de semana. – respondió la mujer. – ¡Ay! Él y sus misiones tan importantes me tienen cansada. Descuida a nuestras hijas y a mí.
La ofuscada mujer señala a una de las plataformas de la aldea, la más grande y diferente de todas, la que tiene una insignia con alas en el suelo. Cinco pajaritas se encuentran ahí cantando… pero no es eso lo que me llama la atención.
Yo conozco ese lugar…
Los recuerdos… otra vez regresan.
*.*.*.*.*
¿Dónde está ese pajarraco engreído?
La primera vez que nos vimos nos dio un pésimo recibimiento. Él y yo nos enfrentamos a muerte, y si no hubiera sido por la llegada de la princesa, me habría perforado con su flecha. Pretendía atacarme a traición, mientras yo estaba de espaldas.
No cabe duda que se cree la gran cosa…
Con Zelda, hemos llegado a la aldea Orni, y mientras ella está explorando el lugar, yo me dedico a dar una vuelta, hasta llegar a una de las plataformas de despegue de los Orni, la más grande.
Sin embargo, me detengo al sentir una fuerte ráfaga de viento viniendo de mis pies, por lo que me detengo.
De la nada aparece Revali, quien se coloca en uno de los barandales… todo arrogante.
- Impresionante, ¿no? No hacen falta alas para apreciar tal proeza. He perfeccionado la técnica de crear corrientes de aire ascendentes. Mi nivel de maestría es inigualable, incluso entre la tribu Orni.
- Pues… te felicito. Bien por ti que hayas logrado superarte a ti mismo. – dije serio.
- ¡Ja! Se nota que tienes envidia de mí. Con todos mis talentos, estoy seguro de que podremos derrotar a Ganon sin mayores dificultades.
- Creo que los talentos de todos son muy importantes para la lucha contra Ganon, no solo los tuyos.
Revali se baja de la baranda y comienza a caminar alrededor mío. Estoy alerta, por si intenta algo.
- ¿Eso crees? Es más, no solo destaco por mi dominio en el arte del vuelo… sino que además, y te lo digo con sinceridad, en toda la aldea no hay arquero más diestro que este servidor. Y aun así… mi cometido no es más que apoyarte a ti.
- Solo seguimos órdenes de la princesa, no las mías. Entre todos nos apoyamos.
- ¡Claro que es así! ¡Todo por el simple hecho de que llevas esa espada ridícula en la espalda!
- ¡No es ridícula! ¡Es la Espada Maestra y merece respeto!
- ¿Respeto? ¡Ja! ¡Qué gran estupidez!
Miro a Revali enojado, pues no tolero que se refiera así al arma que me acompaña… la que encontré en aquel bosque perdido y lúgubre.
- Ay, perdón… Veo que te ofendí. ¡Si quieres te reto a un duelo y lo solucionamos! ¿Qué te parece ahí arriba?
Revali señala al cielo, mostrando a una enorme ave volando, hecha de material ancestral. No hay duda que se trata de la bestia divina Vah Medoh, la que él pilotea.
- Claro que no eres capaz de llegar tú solito… ¿Te llevo? – preguntó irónico, dándome la espalda.
Luego de burlarse de mí, toma vuelo y se dirige a la bestia, mientras sigue riéndose de verme a sus pies.
No hay duda que este tipo carece de empatía…
*.*.*.*.*
- ¿Link? – me llamó Zelda, preocupada.
- ¿Y a este jovencito qué le ocurrió? – preguntó Amali, asustada.
- Parece que ya está reaccionando. – comentó Teba.
Ahora no siento dolor de cabeza. Al parecer mi cuerpo está reaccionando mejor a los recuerdos que llegan de improviso.
La Espada Maestra… mi espada… ¿Qué fue de ella? Ahora más que nunca la tengo presente.
Veo a todos alrededor mío, preocupados por mi estado.
- Estoy bien, solo estoy algo cansado por el viaje de ayer. – mentí, para no alarmar más a todos.
- Por lo que veo ya no sientes dolor. – dijo Zelda, aliviada.
- Sí, parece que se acabaron los papelones de mi parte. – respondí riéndome.
- No digas eso. ¿Lo recordaste a él? – preguntó la princesa, entendiendo todo.
- Así es. – aseguré.
- Bueno, le agradecemos mucho su atención, Amali. – dijo Teba. – Ahora nos retiramos.
Los tres nos fuimos de la casa de Nyel, con un dejo de decepción por no haberlo encontrado.
- Desconozco los motivos del viaje de Nyel, pero les aseguro que pronto estará de regreso. – aseguró el Orni. – Ahora, vamos a ver al patriarca.
Comenzamos a ascender por las escaleras de la aldea en busca del patriarca… pero no me siento tranquilo.
Un escalofrío me recorre entero al sentir que alguien nos observa…
Teba, Zelda y yo llegamos a la última casa de la aldea. Ahí se encuentra un Orni diferente a los demás, robusto y con mayor edad. Se trata del patriarca y jefe de toda la aldea.
- Mucho gusto, mi nombre es Tyto y soy el patriarca de esta aldea. – saludó el anciano.
- El gusto es nuestro, patriarca. Mi nombre es Zelda.
- Y yo soy Link.
- ¿Link? ¿Zelda? – repitió el Orni, sorprendido. – Eso no puede ser.
- Será mejor que nos sentemos a conversar, patriarca. – pidió Teba. – Todo tiene una explicación.
Ahora Zelda es la que se encarga de tomar la palabra. En el caso del rey Dorphan, nos reconoció de inmediato, lo que no ocurrió con el jefe Goron, al que tuvimos que mentirle sobre nuestro origen debido a que no nos conocía o recordaba, por su avanzada edad. En cambio, el patriarca Tyto sí parece conocer nuestra historia, aunque no con mucho detalle.
- Yo era muy joven cuando viví el Cataclismo, pero sí recuerdo lo esencial. – comentó el anciano. – La princesa luchaba en el castillo para contener a Ganon, mientras su héroe elegido se recuperaba en el Santuario de la Vida. Nunca imaginé que en esta era regresarían.
- Hemos regresado para seguir cumpliendo con nuestra misión, pero nos hemos visto estancados al llegar a este lugar. – dijo Zelda. – La manera en la que el campeón se ha manifestado es bastante inesperada, mucho más si su bestia divina ha desaparecido. No sabemos cómo encontrarlo.
- La respuesta de dónde hallarlo es sencilla, en la noche. – dijo Tyto, serio, para luego mostrarse preocupado. – El problema es que detenerlo sería un suicidio. Ya ha atacado a varios de nuestros soldados, incluso casi mata a Teba.
- Creo que tengo la solución.
Todos me miran atentamente, aunque nadie sabe que yo ya venía con una idea desde hace tiempo para acabar con esta incertidumbre.
- Revali me quiere a mí, así que eso va a tener.
- ¿Qué estás diciendo, Link? – preguntó Zelda, alarmada.
- Esta noche voy a enfrentarlo.
- Espera, Link. – intervino Teba. – Te estás precipitando, no puedes hacer eso sin saber a lo que verdaderamente te enfrentas.
- Es la única manera de que dé la cara. – insistí. – No voy a cambiar de opinión.
- Entonces lo enfrentaremos los dos. – dijo Teba. – A mí también me quiere aniquilar.
- ¡Calma! ¡Calma, jóvenes! – exigió Tyto. – Creo que es mejor revisar alguno de los textos viejos que tengo guardados. Quizás encontremos algo útil para enfrentar esta situación.
- Creo que eso es una buena idea. – dijo Zelda, nerviosa.
Acepto lo que dice el patriarca, pero aun así no estoy conforme. Considero que a las cosas hay darles cara, sin titubear, pero sé que Zelda no desea eso.
Ojalá los textos nos den alguna solución.
Llegó el ocaso y no pudimos encontrar nada.
Nos despedimos del patriarca y regresamos a la casa de Teba, decepcionados de no haber hallado nada de importancia. Hubiera querido quedarme más tiempo revisando los textos, pero la llegada de la noche es peligrosa.
- Debemos llegar pronto a casa, pues la noche está por caer… y saben que significa eso. – dijo Teba.
Justo cuando faltaba poco para llegar a la casa de Teba, Sareli, su esposa, sale alarmada.
- ¡Dime que Tureli está contigo!
- No… – respondió el Orni, con desaliento. – ¿¡Acaso no estaba contigo!?
- ¡No! – gritó la mujer. – Lo dejé en la tarde tomando la siesta en su cama, pero ya no está.
Teba no dice nada, simplemente se va corriendo. Me decido a seguirlo en la búsqueda de su hijo, pero me detengo al sentir que alguien me sigue.
- Tú te quedas, Zelda. – ordené. – Teba y yo nos encargaremos de buscar al niño.
- ¡Olvídalo! – reclamó mi dama. – ¡Iré contigo, te guste o no! ¡No me importa que te enojes!
La princesa se va corriendo, causando en mí una mezcla de angustia y enojo. Qué terca es.
Bajamos las escaleras por donde fue Teba, sintiendo como la noche nos aplasta cada vez más. Hasta que una terrible imagen nos detiene.
Teba se encuentra tirado en el suelo, respirando con dificultad, mientras se sostiene el estómago.
- ¡Teba!
Me acerco hasta él, pero este me detiene con su ala para que no avance.
- ¡Por allá! – gritó desesperado.
Zelda y yo no podemos asimilar lo que tenemos enfrente… Revali con Tureli en su poder.
- Revali. – habló Zelda.
El desaparecido Orni solo sonríe, mientras el niño, ajeno a todo lo que pasa, se mantiene a su lado. Tiene la mirada extraña, como si no pudiera ver a nadie más que el campeón.
- Me alegra tanto tener un nuevo aprendiz. – dijo el campeón, mirando al niño. – Ahora vas a saber cuál es mi verdadero poder.
- Yo quiero ser como tú, Gran Revali… – dijo Tureli, con la mirada perdida. – Papá ya no me lleva a la zona de entrenamiento. ¿Tú sí lo harás?
Después de esa petición, Revali se va volando con el pequeño pájaro. Teba intenta ponerse de pie, pero su debilidad se lo impide.
- ¡No, Tureli! – gritó Teba. – ¡No te lleves a mi hijo! ¡Maldito!
- ¡Ven por él, si tanto lo quieres! – gritó el ente. – Claro… si es que aún lo encuentras.
No puedo permitir que esta alma en pena se salga con la suya…
Comentarios finales:
Hola, espero que todos se encuentren bien, sobre todo lejos del Omicron. Acá en mi país las cosas han empeorado terriblemente, pero gracias a Dios, mi familia y yo estamos bien.
Ya llegamos a un capítulo importante, próximo al enfrentamiento con Revali. La manera en la que está haciendo las cosas es diferente a los demás campeones, de frente y sin titubear, todo con tal de acabar con lo que le estorba. Él no ha sido de esperar a que el enemigo llegue a él, sino al revés.
Tuvimos hermoso zelink, pero también chisme. Ya nos enteramos un poco más del diario de Athan y de las cartas de los padres de Zelda. Por suerte, queda más. Y como olvidar la aparición del nombre de Nyel y esas misteriosas partituras. Creo que todos sabemos qué melodía es, el himno más grande para nuestra ship favorita.
Ya vamos casi por la mitad de todas las bestias divinas, así que la trama va avanzando a buen ritmo. Recuerden que la vida de los protagonistas no se centra solo en liberarlas.
Les envío un abrazo a todos. ¡Se me cuidan!
