Capítulo 30: Inocente

El descenso es terrible... temo que no podamos resistirlo.

Una vez mis pies tocan superficie, caigo al suelo con fuerza, mientras siento como el frío cala mis huesos, sumado al dolor del golpe de la caída. A pesar de tener esta vestimenta, el clima no ayuda para nada, pues la ventisca es tan insoportable que parece que me atravesara.

Una vez me reincorporo, giro a mi derecha para ver a Zelda, a quien sentí desprenderse de mi espalda.

- Zelda…

Me aterro ante lo que veo frente a mí… o más bien lo que no veo.

Zelda no está conmigo… Desapareció.

- Ze... – pronuncié, casi sin voz, sintiendo mi corazón detenerse. – Zel… ¡ZELDA!

- ¿Te sientes solo, Link?

No… por un instante intento guardar la calma, esperando que esto se trate de un mal sueño. He cuidado a Zelda con tanta devoción que no acepto esta situación. ¡No la concibo!

Maldito Revali… o mejor decir, maldito Ganon. Mi ira no puede hacer que me desenfoque del responsable de todo esto.

- ¿Buscas a tu princesa? – preguntó Revali con sarcasmo.

- ¿¡Qué le hiciste a Zelda, maldito!? – grité al aire, desconociendo desde donde Revali me miraba.

- Yo no le quiero hacer nada esa mocosa, pues para eso estás tú. – dijo el ente. – Bien que desde hace un siglo le quieres hacer cosas.

- ¡Cállate! – grité furioso, pero al mismo tiempo avergonzado por lo que dijo. – ¡Entrégame a Zelda en este momento!

- Claro, y yo voy a hacerte caso…

- Tu problema es conmigo, maldita sea. – expresé con voz más baja, atemorizado. – A ella déjala en paz.

- Ven por ella… si es que puedes. – dijo Revali. – Te hará bien cruzar la bestia divina solo, para ver si maduras de una vez.

La voz de Revali se desvanece, mientras yo me siento vulnerable, como hace tiempo no me siento, mucho más que cuando desperté de mi letargo. Zelda me hace falta, y como dijo el poseído Orni, es la primera vez que tendré que superar esto sin ella.

No puedo perderte, princesa… te encontraré.

Decido dejar de lado mis miedos, los que detesto que salgan en momentos como este. Me adentro a Vah Medoh, encontrándome con un pasillo oscuro y sin luz que lo guíe, y aun así no me detengo.

Después de un largo momento, puedo ver una luz al final del camino, cosa que me tranquiliza… pero segundos después me doy cuenta de algo catastrófico.

Un abismo…

- ¿¡Pero qué…!?

La risa de Revali se escucha en sintonía con mi aliento de agitación. Un paso más y hubiera caído al vacío. No sé si conocí a esta bestia en el pasado, pero lo que sí estoy seguro es que no era así, sin suelo como base.

Debe ser una broma.

- Efectivamente, Link, esto es una inocente broma, un juego en el que me gustaría que participes. – habló la voz de Revali. – Como puedes ver, el camino está del otro lado, pero… ¿Cómo lo harás con este abismo de frente? Es ahí en donde tienes que usar tu cerebro, pues imagino que eres más que un títere que mueve la Espada Maestra de un lado a otro. Ah, cierto, qué tonto soy… ¡No la tienes!

Y con una risa final, Revali se retira. Nunca pierde la oportunidad para humillarme.

- Maldito…

- ¿Por qué esa cara, Link?

Me sobresalto al escuchar esa voz, pensando que la tensión que vivo me está haciendo alucinar. Temo mirar hacia abajo, pero no puedo evitarlo ante la pequeña mano que me toma del brazo, pero mucho más por la voz que ahora más que nunca puedo reconocer.

Esto es una alucinación, no veo otra razón…

- ¿Qué te pasa, Link?

- No… tú no puedes ser Abril.

En estos últimos tiempos he recordado mucho a mi familia, pero sobre todo a mi hermana. ¿Por qué? Quizás porque fue el reflejo de la inocencia que fui perdiendo con la muerte de mi madre, cuando me alejé de Zelda para irme a mi entrenamiento, con la dureza que tuve que formar en mi alma para soportar las luchas y las heridas recibidas.

Mi padre esperaba mi regreso no solo con cariño, sino también con el orgullo militar que lo caracterizaba, pues sea como sea, era el general de la guardia real. Sin embargo, Abril quería conocer y jugar con el hermano mayor del que solo conocía el nombre.

A pesar de que esto es una falsa visión, me duele… Me lastima tanto verla junto a mí y saber que no pude evitar su muerte hace cien años.

- Abril. – la llamo, agachándome a su altura. – ¿Qué haces aquí?

Qué tonto me siento hablándole a una ilusión, pero no puedo evitarlo. Parece tan real.

- Link, no sabes nada de juegos, y este es muy fácil. – mencionó ella, riéndose. – Mira, yo te enseño.

- ¿Qué? – pregunté sorprendido, mientras me espantaba al ver lo que iba a hacer. – ¡Espera, no…!

Abril salta hacia el abismo, causando que mi corazón se paralice. Sin embargo, me sorprendo más al darme cuenta de que no ha caído, más bien se mantiene de pie, como si debajo de ella hubiera piso.

- ¿Si ves, Link? – preguntó Abril. – Es fácil.

- ¿Cómo puedes saber dónde caminar?

- Solo sígueme. Yo te ayudaré.

La voz de mi hermana suena extraña… ¿Será seguro seguirla?

- ¿Vas a dudar de tu hermanita, Link? – preguntó Revali desde la distancia. – Cualquier excusa es válida para ser un cobarde.

La única cobardía es utilizar a Zelda, a los recuerdos de mi hermana para mortificarme. Me repito una y otra vez que Revali no tiene la culpa, sino Ganon, pero aun así no puedo dejar de sentir furia, impotencia al verme dominado de esa manera.

No puedo permitir esta situación.

Salto y llego hasta el suelo que Abril pisa, y para mi suerte no caigo. Es en ese momento que noto que el viento no sopla a mi alrededor; debería sentir frío, tambalear por la fuerza de la ventisca, pero nada de eso ocurre.

- Ya viste lo fácil que es, Link. – dijo Abril, animada. – Ahora debemos saltar a la siguiente para llegar a la meta.

Abril vuelve a saltar a otra parte del piso, por lo que me decido a seguirla. Sin embargo, me detengo de golpe, pues una conocida voz me detiene.

- No sigas, Link…

Es la voz de Zelda, y más que oírla, la siento. Mi corazón late aceleradamente, como si estuviera asustado.

- ¿Por qué no avanzas, Link?

Abril posee aún la mirada risueña, pero aun así la siento rara. A la vez que la observo mejor, me doy cuenta, por una milésima de segundo, que sus pies dejan de tocar el suelo y levitan, pero por muy corto tiempo.

- Flota… – me dije a mí mismo, sorprendido. – Ese suelo no es real.

Para salir más de mi duda, decido lanzar una de las ramas que tengo en mi alforja, las que a veces quedan pegadas a los víveres que compro. Y efectivamente, este no cae al lado de Abril, sino al abismo, perdiéndose entre las nubes. Ahora entiendo que, de haber seguido con el camino, habría caído sin reparo.

- Casi arruinas el juego, Link, debes ser más cuidadoso. – dijo Abril, lanzando una carcajada.

¿Cómo terminará todo esto? ¿El espejismo de mi hermanita querrá verme muerto? Si viene de las bajezas de Ganon, claro que sí.

No puedo hundirme en lamentaciones, debo continuar. Estoy seguro de que hay más plataformas reales, lo que no sé es cómo diferenciarlas.

Vuelvo a observar a Abril, quien me sonríe y salta a otras plataformas con la proeza de un saltamontes. Se me viene a la mente, sin entender por qué, que esos animales siempre le llamaron la atención, sobre todo las hadas.

Una vez que Abril detiene su camino, sigo observándola mejor para tratar de descifrar qué puede tener la plataforma que está pisando que no tienen las demás. No ha hecho un ápice de levitar o algo parecido, así que debe existir algún truco escondido.

El observar atentamente, después de un tiempo, por fin trae sus frutos.

Me doy cuenta de que las plataformas que pisa producen una ligera sombra, lo que me hace entender que a los lados de esta hay otra plataforma. Incluso, en la que está ubicada Abril, se puede ver su propia sombra.

Ya seguro de mis propias conclusiones, empiezo a saltar las plataformas que ahora sé son las correctas, y con cada paso veo que voy por buen camino.

- ¡Eso, Link! ¡Lo estás haciendo bien! – gritó Abril, entusiasmada.

Llego hasta la plataforma en donde se encuentra mi hermana, pero apenas me acerco a ella, salta a otra. El impulso por seguirla me atrapa, pero luego recuerdo que debo ser cuidadoso, incluso estar alerta. Quizás Abril sea una trampa y se transforme en algo horrible que quiera acabar conmigo. En estas situaciones, no puedo confiar ni en mí mismo.

Sigo con mi camino por las plataformas, algunas veces siguiendo a Abril, otras veces por mi propia voluntad, hasta que llegamos al final, el que por fin me llevará a la siguiente habitación.

Ahora me encuentro rodeado por las paredes ancestrales de la bestia, y frente a mí dos habitaciones. Una vez me adentro al dilema de no saber qué camino tomar.

La imagen de Abril no dice nada, solo me sonríe, para luego adentrarse a una de las habitaciones.

- ¡Abril, espera!

No me escucha, así que decido a seguirla, entrando a la habitación de la derecha. Otra vez me encuentro con un camino oscuro, el que dura una eternidad pasar, hasta que llega a verse la luz. Bajo un poco la velocidad de mis pasos, pues no volveré a dejarme sorprender con un abismo fantasma.

Sin embargo… nada de eso me encuentro.

En estos momentos estoy en un escenario totalmente distinto al que conozco, el que, al menos en esta nueva vida, no he visto, y quizás sí lo hice hace cien años.

Suelo suave y escurridizo, gran cantidad de agua, un viento agradable que me acaricia el rostro con un extraño sabor salado.

¿Qué lugar es este?

Una vez más, las risas de mi hermana se escuchan por todos lados, mientras sus pies dejan huella en este escurridizo suelo, en la arena.

He venido con mi familia al mar a despejarnos un poco después de tanto trabajo. Hace meses que llegué al castillo y no he tenido un solo día de descanso desde entonces, pero más vinimos por Abril, que insistía todos los días, a cada hora, para venir. A veces quisiera ver la vida tan sencilla como ella la ve.

Ahora se encuentra mojándose los pies en el agua, fascinada de ver que las olas borran la señal de sus huellas.

- ¡Hasta ahí, Abril! – ordenó mi papá. – ¡No avances más!

- ¡Papá, yo quiero bañarme en el mar! – se quejó la niña.

- El mar está algo agresivo. Si mañana está tranquilo, tu hermano, Link, te llevará.

- ¿Yo? – pregunté sorprendido.

- Sí, es tu hermana y deben seguirse tratando.

En estos meses que he conocido mejor a Abril, me he dado cuenta que es bastante revoltosa. ¿Y si se me escapa y se ahoga en el mar? No… eso no podría soportarlo.

- Tienes que decirle a esa niña que me obedezca, como su hermano mayor, pues yo no sé qué haré si se le ocurre la loca idea de irse a la parte más honda del mar.

- Tu hermana te admira tanto que te hace más caso a ti que a mí. – expresó mi padre, riéndose. – En tus años de ausencia no dejaba de hablar de ti y preguntar cuándo ibas a regresar. Ella es la prueba de que se puede amar a alguien sin conocerlo.

Lo que dice mi padre me llena el alma, no sé por qué, pero siento lo mismo. Aparte de lamentar el rencor de Zelda durante todos los años que estuve en Akkala, siempre pensé en Abril, a la que prometí proteger antes de que mi mamá muriera. Incluso en mi hermana la veo a ella, cosa que me impresiona. Yo también la quiero desde el momento en que nació y no fue necesario verla todos los días para tener ese sentimiento.

- ¡Link, mira lo que encontré!

Abril está tan emocionada porque encontró un caracol y me llama para verlo.

- Ve con ella. Yo regreso al hostal, pues estoy muy cansado. – dijo mi padre, cambiando totalmente su semblante, ahora parecía consternado. – Si me siento bien mañana, iré al mar con ustedes.

- Descansa, padre. – dije sonriendo. – Espero que dormir te haga sentir mejor.

Mi padre se retira, y en ese momento me dirijo hasta Abril, quien sigue inspeccionando el caracol con sumo interés. Me siento con ella en la arena para unirme a su encantadora actividad.

- Me gustan los caracoles… igual que a mi mamá.

- ¿Ah?

- Quise venir a conocer el mar porque sé que a ella le gustaba.

- ¿Cómo sabes eso? – pregunté consternado.

- Antes de que llegaras, cada noche, papá me contaba un cuento. – respondió ella. – Y una vez le pedí que me cuente cómo se conocieron él y mamá. Al inicio se molestó por eso, pero luego accedió.

Esta niña es tan inteligente y solo tiene seis años. Estoy sorprendido, pero me asusta y me aterra.

Con más razón tengo que cuidarla más.

- ¿Y qué te contó papá sobre mamá? – pregunté curioso, ni yo mismo he indagado sobre eso.

- La primera cita que tuvieron fue aquí, en esta playa. – dijo animada. – ¿Puedes creerlo? Estamos justo donde ellos salieron.

Ahora entiendo por qué mi padre se quiso retirar. Por más fuerte y frío que se vea, hay cosas que no logra superar. El amor por mi hermana le hizo ceder.

- Me dijo que a ella le gustaban los caracoles, y mira lo que he encontrado. – enseñó el objeto, animada. – ¿Será que ella lo puso aquí para que yo lo vea?

- ¿Quién? – pregunté sorprendido. – ¿Mamá?

- Sí… mi papá me dijo que ella nos cuida desde el cielo. ¿Quién más lo pudo haber puesto aquí?

Su inocencia me conmueve al punto de estrujarme el corazón. Aguanto las ganas de llorar, pues a pesar de haber dejado atrás los años de mi infancia, algo dentro de mí aún cree lo mismo que ella, que mi madre me cuida.

Nunca podré superar el haberla perdido.

Me recompongo rápido, mucho más cuando veo que el semblante de mi hermana empieza a entristecerse. No puedo permitir que llore.

- ¡Hey! – le hablé, agitando ligeramente su hombro. – ¿Por qué esa cara? Estabas que te morías de la risa hace instantes.

- Es que no conocí a mi mamá… – respondió angustiada. – Además, la otra noche que fui a la cocina por un postre, escuché a las empleadas decir que era triste que mi papá esté solo... que de no haber sido por mí, mamá...

- ¿¡Qué tonterías dices, Abril!? – la interrumpí, riéndome, no iba a dejar que siga con esa idea absurda.

Malditas mujeres chismosas. Sé que una de ellas anda detrás de mi padre y él nunca le ha hecho caso. Seguramente en su despecho ha dicho esas estupideces… Me va a escuchar.

- Abril, mamá ha hecho todo esto para que podamos viajar hasta acá, para que podamos encontrar ese precioso caracol que tienes en las manos. – expresé sonriendo. – ¿Y te vas a poner a llorar? Tendré que hablar con ella en la noche para decirle que no te gustó su sorpresa.

- ¡No, eso no es cierto! – reclamó molesta y nerviosa. – Yo sí estoy contenta de estar aquí.

- ¡Entonces, nada de llorar! – ordené, riéndome de mí mismo por exigir lo que no soy capaz de dar. – ¿Trajiste la ocarina? Toca la canción que me estás enseñando, por más que te escucho no puedo memorizarla.

- Eso es porque eres un cavernícola. – respondió ella, causando que me impresione. – Solo sabes manejar la espada y te hace falta sensibilidad.

- ¿Sensibilidad? – pregunté confundido.

Esas palabras no son de ella… a alguien se las ha escuchado.

- ¿Con quién has estado hablando, niña?

- Eso me dijo la princesa. – dijo ella, causando en mi gran impacto. – Me dijo que no tocar la ocarina porque te falta sensibilidad, porque solo sabes manejar armas… como los cavernícolas.

Respiro hondo, sintiéndome burlado y humillado. ¿Zelda piensa eso de mí? Y encima se lo comenta a mi hermana, quizás hasta con la intención de que yo sepa, pues esta mocosa repite todo lo que oye.

Estoy furioso…

- ¡Pues te voy a demostrar que no soy un cavernícola! – exclamé indignado. – Toca la canción y verás que lo haré hasta mejor que tú.

- Ya lo veremos…

Abril coloca la ocarina en sus labios y empieza a entonar su canción, la que ha leído en su libro de los famosos niños del bosque.

Pequeña hermana, son estos momentos los que me hacen quererte más.

Regreso a la realidad al sentir mis rodillas tocando el suelo. Hace tiempo que no caigo en el abismo de los sueños, pero ya es algo común en las bestias divinas corruptas.

Quiero llorar… pero no puedo, y ahora que lo pienso nunca lo he hecho, no me nace. Desde que desperté no he derramado ni una sola lágrima, a pesar de que he deseado hacerlo en varias ocasiones. Es como si mis ojos carecieran de esa capacidad.

Miro a mi alrededor y ahora veo las paredes y maquinarias de la bestia divina. Abril ya no está.

Siempre tengo que verla sin poder tocarla.

- ¿Estuvo bien el sueño, héroe?

La voz de Revali me saca de mi trance, regresando a mí la tensión que hace un rato me acompañaba. Frente a mí se encuentra otra puerta, mientras que detrás no hay nada, lo que me hace dar cuenta que siempre ha habido un solo camino.

Sigo adelante, sabiendo muy bien con lo que voy a encontrarme. Pasando la puerta, me vuelvo a hallar en el oscuro pasillo…


He llegado hasta otro escenario de la bestia divina, donde ahora sí se evidencia el terrible frío de hace unos momentos, pero con la ventisca más fuerte e implacable.

Me cuesta caminar, pues enormes ventiladores complementan la fuerza del viento, lo que me permite descubrir lo más fuerte de esta bestia divina. Sigo con mi andar, buscando por todos lados a mi enemigo, pero una imagen espantosa me deja indefenso.

- ¡Zelda!

Mi dama se encuentra amarrada a un poste, inconsciente. Corro deprisa para verla, pero me detengo cuando un obstáculo se interpone en mi camino. Revali me mira con burla.

- Es impresionante lo débil que te vuelves por esta mujer. – dijo el Orni. – Recuerdo que siempre te trató como un zapato, y de la nada comenzó a unirse más a ti. ¿Qué tanto pasó entre ustedes?

- ¡Eso no te importa! – grité exasperado. – Te lo he dicho hasta el cansancio, una y otra vez, que este problema es entre los dos. ¡Saca a Zelda del medio y resolvamos esto como hombres!

- ¿Tú, un hombre? – preguntó en tono burlón. – No eres más que un débil que se cae con el vaivén de sus recuerdos. Solo mira cómo te pusiste con la mocosa muerta.

Sin tolerar más, le doy a Revali un golpe en la cara. Me siento humillado, fúrico de saber que me utilizó para hacerme bajar la guardia. No voy a permitir que pase los límites.

- Tan estúpido. – se rio el Orni, tocándose el pico. – Puede ser que así hayas logrado golpearme… Aunque…

El Orni alza vuelo, mientras la fuerza de los ventiladores comienza a aumentar. Me cuesta mantener el equilibrio, pero aun así no demuestro vulnerabilidad ante mi enemigo.

- Ahora vas a ver quién soy yo en realidad.

Mi enemigo comenzó a verse rodeado por la oscura y nauseabunda esencia de Ganon, hasta mostrar su verdadera imagen. Ahora Revali tiene una imagen espantosa. Todo su rostro, a excepción de su pico, se encuentran cubiertos por un casco de material ancestral, sus plumas están casi calcinadas, mientras que una de sus alas ha formado una especie de cañón.

- Adiós, Link.

Un disparo viaja hacia mí, pero por inercia lo único que hago es cubrir a Zelda con mi cuerpo. Solo espero que el impacto no toque nada de ella.

Por suerte, eso no sucede…

Revali se encuentra suspendido en el aire, mirándome con satisfacción.

- ¿Podrás vencerme y proteger a tu princesa al mismo tiempo?

¿Vencerte? No sé… pero proteger a Zelda, siempre.


Comentarios finales:

Hola a todos, espero que se encuentren bien. Ha sido más tiempo de lo esperado mi tardanza, pero aquí estoy continuando con esta historia. Y de antemano me disculpo; lo explicaré al final de los comentarios.

Como era de esperarse, esta bestia divina también trajo a relucir recuerdos dolorosos, tratando así de burlarse de sus enemigos y hacerlos más vulnerables. Ganon no tiene piedad, sobre todo con el pasado tan confuso que tiene Link. Abril fue una niña inteligente, pero dentro de esa madurez precoz, había mucho sufrimiento, sobre todo culpa, y por eso Link quiso protegerla, pues era presa fácil para cualquier cosa mala. El enemigo encontró la oportunidad perfecta para ponerle trabas a Link en la plataforma, como usar a su hermana de guía, pues colocaba al héroe en una posición de querer confiar en ella, pero al mismo tiempo desconfiar, pues su conciencia le indicaba que eso no era real, un ser querido nunca lo llevaría al peligro. El sueño sí fue real, una vivencia del pasado.

Ahora a Link le tocará enfrentar a Revali totalmente poseído, y no podía ser de otra manera. Sin embargo, volverá a estar entre la espada y la pared, pues le tocará cuidar que nada malo toque a la princesa, pero al mismo tiempo derrotar al enemigo.

Eso sería todo con relación al capítulo, pero se vienen muchas sorpresas y resoluciones de misterios a partir de aquí.

Ahora voy a indicar el por qué me disculpé de antemano al inicio de estos comentarios.

Me ha salido un viaje no planeado para este Sábado 19/02, pero aún no tengo nada confirmado; regresaría al día siguiente. Si se da ese viaje, no podré actualizar el Lunes, pero si no se da, sí lo haré. Eso lo anunciaré por medio de mis redes sociales, así que estén atentos.

Este mes ha sido complicado, pero ya me estoy acoplando. He regresado a laborar presencialmente tres veces a la semana, y aunque no sea todos los días, el cambio agota. Ya falta poco para que me toque ir diariamente, así que ya me estoy preparando.

Muchas gracias a todos por su apoyo. Y aprovechando el día de hoy, 14 de Febrero, les deseo que pasen un lindo día con los seres que aman, sea cual sea su parentesco.

Un abrazo.

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