Capítulo 31: A mano

Mantendré segura a Zelda… así me cueste la vida.

Revali, o más bien, la posesión de él, se encuentra volando en las alturas. Me sorprende tanto ver que el vendaval no le mueve ni una sola pluma, como si su cuerpo fuera la montaña más formidable. Será difícil vencerlo… si es que lo logro.

A pesar de que no puedo ver sus ojos, sé que me mira con desprecio, igual que la primera vez que hablamos "civilizadamente", después de nuestro primer encuentro.

*.*.*.*.*

Ayer Revali aceptó unirse a nuestra causa, después que la princesa le explicó los motivos de nuestro periplo. Como es tan egocéntrico, dice ser el único e indicado para derrotar a Ganon, incluso antes de su despertar.

Está loco…

La princesa Zelda, Impa y Prunia han ido a explorar los terrenos cercanos al poblado Orni. Como siempre, su Alteza real prefiere más la compañía de otros que la mía… y eso me duele mucho.

Llevo más de un año intentando acercarme a ella, pero me trata con tanta indiferencia que no lo resisto, y por dignidad me alejo, además que debo mantener mi sitio de caballero. Cómo deseo regresar el tiempo y volver a ser el niño con el que siempre ella quería pasar, con el que jugaba y comía dulces en la plaza.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó una voz insoportable. – ¿Por qué no te fuiste con las mujeres?

Revali me ha hablado, y ante eso no sé cómo responder, pues de entrada me di cuenta de que no le caí nada bien. Literalmente, intentó matarme, y de no haber sido por Zelda, no la estaría contando.

- Te estoy vigilando. – respondí seco, volteándome para mirarlo.

- ¿Perdón? – preguntó el Orni, sorprendido.

- Quisiste matarme, eres un maleante, así que te tengo vigilado. – dije en tono amenazante. – Tengo que mantenerte alejado de la princesa.

- ¡Ja! ¡Pobre imbécil! – se burló el campeón. – Más bien el maleante eres tú, pues por algo la princesa impidió que la acompañes. ¿Están peleados?

- Eso a ti qué te importa...

Me doy la vuelta para ya no prestar atención al Orni. Sin embargo, eso no impide que siga molestando.

- El objetivo principal de esta misión es encontrar al elegido por la espada. – comentó Revali. – Pero eso, ahora que me han encontrado, ya no es necesario.

- ¿Qué? – pregunté irónico, soltando una carcajada. – La Espada Maestra es la única que puede acabar con Ganon con su golpe final, y solo su elegido la puede manejar. Los Campeones son necesarios para pilotar las bestias divinas que van a debilitar al enemigo.

- Lo sé, pero posiblemente ese elegido no aparezca.

- ¡Sí, va a aparecer! – afirmé seguro. – Su presencia es necesaria para poder acabar con todo este problema.

- ¿Y si es tan importante por qué no está aquí? – preguntó el Orni. – Además… Ahora, que lo pienso, tú no deberías estar en esta misión. Los Campeones somos infaltables, ¿pero tú? Solo eres el peón de la princesa. ¿O te imaginas que eres el elegido? Ni en tus sueños.

- Idiota…

Me retiro del lugar, dejando a Revali de lado. No lo demuestro, pero sus palabras me afectan, pues tiene razón… No soy más que un peón al que rechaza la princesa.

Espero que el elegido sí valga la pena… no como yo.

*.*.*.*.*

- ¿Qué estás esperando, Link? – preguntó Revali. – ¿Piensas derrotarme siendo el niñero de tu princesa? Deberías declararte vencido para no perder tanto tiempo.

- Eso ni lo sueñes…

Ya basta de recuerdos imprudentes e inseguros… el pasado nunca volverá. Ahora el presente me tiene amenazado. Pude con el Orni en la zona de entrenamiento, así que seguramente podré hacerlo ahora. Aunque… este escenario no se compara para nada al anterior.

Corro hasta colocarme encima de uno de los ventiladores, el que de manera violenta me eleva hasta el aire. Para ser honesto, no esperaba tal fuerza, y es ahí donde me espanto al no saber cómo reaccionar.

Mi enemigo se aprovecha de mi sorpresa.

- Tan tonto e impulsivo…

Con un solo aleteo, Revali crea una ráfaga de viento mortal, casi tan abismal como un torbellino. El ventarrón me golpea y me manda volando casi al abismo, pero pude evitarlo gracias a que me agarro de una de las estructuras.

No quiero pensar cómo sería una caída a esta distancia.

- ¡Fatal, héroe de quinta! – gritó Revali. – Una caída desde aquí sería fatal para un gusano como tú, pero tienes tanta suerte que no puedes caer… pero eso se va a arreglar en este momento.

Parece que me lee los pensamientos, pero más bien se alimenta de mi miedo.

El orni saca a relucir su impresionante cañón del brazo derecho y comienza a dispararme por todos lados de manera indiscriminada. Gracias a la agilidad y velocidad que creo aún conservo, logro evitarlo, pero no puedo negar que la altura y la velocidad del viento no ayudan en nada. Siento que la cabeza me pesa.

- No tienes idea de la cantidad de metros sobre el nivel del mar en la que nos encontramos. – dijo el Orni. – Ahora no lo sientes, pero poco a poco comenzarás a sentirte más pesado y a respirar con mayor dificultad. Un ser como yo no puede sentir eso, por eso soy superior.

Revali tiene razón, me siento mal. Siento la cabeza pesada y cada vez me cuesta más respirar, pero no me puedo rendir… por ella. Para mi tranquilidad, Zelda se encuentra segura en el lugar en el que está, y aun así no puedo confiarme, pues sé que Revali, solo por querer herirme, se metería con ella.

Me esfuerzo por sobre el malestar que tengo y vuelvo a elevarme en el aire gracias a los ventiladores. Con la paravela, me movilizo sobre cada uno de ellos para poder llegar a mi enemigo, mientras pienso la manera en la que pueda noquearlo.

Decido repetir el ataque de la última vez. Me dejo llevar por la corriente ascendente de aire para lanzarle una flecha bomba directo al cañón para pulverizarlo. Sin embargo, lo único que este hace es revertir el ataque, el que al moverme a otra corriente de aire logro evadir.

- Siempre has tenido suerte, no lo puedo negar, pero lo que sí es cierto es que nunca podrás escapar de mi furia. – decretó el Orni.

Revali comienza a lanzar su rayo ancestral sin clemencia, por todos lados, el que evado corriendo por cada uno de los rincones de la plataforma, evitando caer los ventiladores. Es en ese instante que me doy cuenta de que está tan centrado en noquearme con su ataque, que tiene su espalda al descubierto, así que aprovecho a desquitarme.

Desenvaino mi espada, esta vez eligiendo el mandoble de la guardia, el que también encontré en el castillo. No hay duda que no hay mejores armas que las forjadas ahí. Claro… a excepción de mi desaparecida arma.

Dejando mis tonterías de lado, golpeo la espalda de Revali, causando que este lance un gran quejido de dolor al haber sido tomado por sorpresa. El Orni cae al suelo y yo sigo lanzándole tajos cada vez más estrategas, digiriéndome a sus puntos débiles para noquearlo.

- ¡Date por vencido, Revali! – expresé, sin dejar de golpearlo. – Nunca vas a poder contra mí.

Tomo a mi contrincante del cuello, sintiendo una furia que jamás había sentido, y lo golpeo en la cara, pero esta vez con mis puños, los que arden por el contacto con el duro material ancestral. Me siento fuerte, capaz de acabar con él de una sola vez.

- ¿Y así te atreves a decirme arrogante? – preguntó el Orni. – Solo un poco de victoria y ya se te suben los humos.

Revali lanza otra ráfaga de viento y me empuja lejos, pero igual que la anterior ocasión, puedo resistir.

Espero no estarme confiando demasiado…

El Orni, misteriosamente, se ve más calmado, y yo ya aprendí que no hay nada peor que las aguas mansas… y poco después lo confirmo. Revali se eleva en el cielo y luce las alas, atrayendo hacia sí mismo algo que poco a poco toma forma.

- ¿Bombas?

- ¿Qué? – preguntó el Orni, sarcástico. – Ya quisieras que fueran bombas… Esto no es más que tu peor pesadilla… ¡El camino a tu muerte!

El aura de Revali se vuelve más siniestra, hasta el punto de casi asustarme, pero no lo demuestro. Alrededor de él, las supuestas bombas comienzan a transformarse en objetos más ovalados, los que poco a poco comienzan a acercarse a mí…

Las granadas me persiguen, y cuando las evado me doy cuenta de que explotan en el suelo de una manera más abismal que el mismo cañón de mi enemigo, sobre todo porque dejan grandes grietas en el suelo. Este nuevo obstáculo me impide acercarme hasta el Orni… al que por fin le descubro su punto débil.

La piedra del casco que le cubre el rostro brilla de manera intermitente ante cada granada que aparece. Estoy seguro de que si la destruyo acabaré con todo esto y podré liberar al Campeón, al verdadero.

Sin embargo, de la nada los ataques se detienen.

- ¿Por qué no te quedas quieto? - preguntó el poseído ser, perdiendo la paciencia. – ¿O acaso…? Creo que necesitas una razón para morirte de verdad.

Esta vez las granadas desviaron su camino… hacia Zelda.

- ¡NOOO!

No pienso ni analizo nada. Corro con todas mis fuerzas y cubro a Zelda con mi cuerpo, recibiendo el impacto de la granada.

- Link…

Escucho la voz de Zelda tan débil y delicada, pero no sé si eso es por su estado o por mi situación actual.

No puedo describir con palabras el dolor que siento…

Estas bombas no son pólvora, sino energía ancestral corrompida, la que ha causado en mí el dolor físico más grande que he sentido hasta ahora, el que me tiene inmovilizado. No me arrepiento de haberme interpuesto para salvar a Zelda… pero sí de ser tan débil por no soportarlo.

No puedo moverme… mis manos y piernas sangran a través de la ropa.

- Ahora has experimentado mi verdadera fuerza… por eso ya me cansé de jugar.

Revali me toma del brazo y me eleva con él a las alturas, sacándome de la bestia divina y llevándome a las profundidades de las nubes.

Va a lanzarme al vacío… va a matarme… lo sé.

- Ya no tienes nada que hacer para evitar tu muerte. – dijo el villano. – Pronto estarás con tu padre, con tu amada hermanita en el infierno… y la princesa va después de ti.

- ¿Por qué haces esto, Revali?

- ¿Qué?

El Orni queda impresionado con mi pregunta, pero tuve razones muy importantes para plantearla. Imágenes llegan a mi mente que me hacen saber que las cosas entre los dos no siempre fueron tensas.

- Parece que has olvidado que alguna vez llegamos a admirarnos.

- ¿Admirarnos? – preguntó impactado. – ¿Qué estupideces dices?

- Recuerdo el día en el que, con mucha dificultad, reconocimos admiración entre los dos…

*.*.*.*.*

El reino se veía más invadido por hordas de monstruos bajo el servicio de Ganon, quienes atacaban cada región por la que viajábamos. Atacaron Akkala, pero gracias al trabajo de todos pudimos contenerlos… al menos por ahora.

Durante el combate ocurrieron varios sucesos que me llamaron la atención, pero hubo uno que me dejó totalmente marcado.

Revali me salvó la vida… aunque cueste creerlo.

Una tabla en llamas estuvo a punto de caer encima de mí, sin que yo pudiera hacer nada para prevenirlo. Sin embargo, una fuerte ráfaga de viento se interpuso, alejándome del peligro.

Cuando me di cuenta de que el Orni fue el responsable, este solo me ignoró y siguió con su camino.

Yo seguí con lo mío…

Regresamos al castillo, triunfantes de esta ardua batalla… pero sobre todo, la princesa está segura. Ahora que ella y yo estamos más unidos que nunca, moriría si algo le ocurriera.

Pero Zelda no es lo único en lo que pienso, sino en lo ocurrido con Revali.

Me cuesta aceptar lo que estoy a punto de hacer, pero yo no puedo ser como él, un ser egocéntrico y soberbio.

He llegado hasta la glorieta en la que nos reunimos la última vez, y ahí lo veo a él, sentado y mirando al cielo; haciendo nada.

- Revali…

El Orni voltea a verme, sin decir nada y, como siempre, mirándome creído. Al mal paso darle prisa, así que empiezo de una vez.

- Gracias, Revali.

- ¿Qué? – preguntó el Orni, sorprendido. – ¿Y eso?

- Gracias por haber salvado mi vida en Akkala. – dije, soltando un suspiro de pesadez. – De no haber sido por ti, habría muerto calcinado.

- Eso te pasó por desatento. – aseguró. – Me sorprendió que no te hayas dado cuenta de lo que iba a caerte, pues siempre tienes ojos en la espalda o la cabeza. No entiendo qué te pasó.

- No lo sé… solo me distraje.

- Quizás el pensar tanto en la princesa te tiene tonto.

Mis ojos se desorbitan ante su comentario, pero me recompongo de inmediato para no demostrar nada. Nadie puede saber lo que ocurre entre los dos.

- No entiendo de qué hablas…

- Bien que lo entiendes, todo el mundo lo sabe. – aseguró. – Claro que… el rey y el general seguramente no.

No quiero pensar en eso… ¿Qué reacción tendrían el rey y mi padre si se enteran de que Zelda y yo…?

- No tienes nada que agradecerme. – dijo el Orni, interrumpiendo mis miedos. – Necesitabas de mi fuerza para salvarte.

- Sí… y por esa fortaleza es que te admiro.

El Orni enmudece ante lo que dije, mientras me mira incrédulo. Yo tampoco doy crédito a lo que he dicho, pero siempre me he caracterizado por ser espontáneo, a pesar de ser de pocas palabras.

- ¿En serio admiras mi fuerza?

- Sí… el destino hizo lo correcto en haberte elegido como campeón de Vah Medoh. – dije serio, esbozando una ligera sonrisa. – Nadie más lo pudo haber hecho mejor que tú.

Luego de terminar con mis palabras, me doy la vuelta para retirarme. Sin embargo, algo inesperado me obliga a detenerme.

- La espada sagrada no pudo haber elegido a alguien más admirable que tú.

No me doy la vuelta, pero las palabras del Orni toman gran importancia para mí.

La admiración puede existir también entre los rivales…

*.*.*.*.*

- No… No… – repitió el Orni, ofuscado. – Eso nunca pasó… es mentira.

Ya más recuperado para cumplir con mi misión, me suelto de Revali, saco mi paravela y regreso a la bestia divina.

- Todo es cierto, Revali. – aseguré. – Salvaste mi vida y ahora yo pretendo devolverte el gesto. Voy a liberarte de esta maldita influencia.

Esta vez me siento preparado para enfrentar al Orni como es debido, con estrategia… sobre todo con la ayuda de la admiración del pasado.

- ¡Vas a pagar caro el haber intentado doblegarme, maldito!

Revali vuela hacia mí con fuerza, mientras nuevas granadas aparecen, pero esta vez me encuentro preparado. Junto mis manos e invoco mi más poderosa y heredada protección… el escudo de Daruk.

Las granadas chocan contra el escudo y se repelen de manera mortal, regresando a su origen. Las letales armas golpean a Revali, hiriéndolo incluso más de lo que yo lo estuve.

Ahí tomo mi oportunidad…

Aprovechando el vendaval de los ventiladores, vuelo hasta Revali e incrusto el mandoble en la piedra de su frente, destruyéndola por completo.

- ¡AAAAAAAARGH!

El grito de Revali hace eco en las alturas. La oscuridad sale de su cuerpo, mientras la azulada luz comienza a rodearlo lentamente.

De inmediato volteo hasta donde está la princesa, quien empieza a recomponerse.

- ¡Zelda!

Corro hasta ella y la abrazo, mientras la ayudo a levantarse. No quiero soltarla al sentirme tan agradecido de verla con vida, sobre todo porque cruzar esta bestia sin su compañía fue un infierno...

- Link… – preguntó ella, recuperándose. – ¿Y Revali…?

- Aquí estoy…

Zelda y yo dirigimos nuestra mirada a un liberado y renovado Revali. Ya nada queda de su oscura aura, pues ahora la luz de su verdadera espiritualidad lo rodea.

Él está muerto lamentablemente… pero ahora goza de libertad.

- ¿De verdad me derrotaste, Link? ¿Quién lo hubiera dicho?

El Orni ya tiene la mirada más pura, pero aun así llena de arrogancia, cosa que ni muerto ha cambiado.

- Nada mal… mi espíritu vuelve a ser libre y Medoh regresa por fin a su legítimo dueño. – dijo el Orni, mirando todo el esplendor de su bestia. – Aunque más que derrotarme… creo que cumpliste con tu promesa, pues ahora tú salvaste mi vida.

- Así es. – respondí serio. – Ahora estamos a mano… y me siento orgulloso por eso.

Aunque más que devolver un favor, mi alma siempre quiso salvarlo, al igual que ocurrió con los demás.

- ¡Pero no te alabes por hacer tu trabajo! – exclamó, para luego hacer una larga pausa. – Debo darte las gracias… y pedirte perdón a ti, a la princesa y a toda mi población. Nada fue consciente.

- Eso no tienes que aclararlo, Revali. – dijo Zelda, aferrada a mi brazo debido a lo débil que estaba. – Todos aún te recordamos con admiración, aprecio y respeto. Tu legado nunca ha muerto.

- El saberlo da paz a mi alma… – expresó el Orni, bajando el tono de su voz, para luego mirarme a mí. – Y supongo que debo admitir que eres un gran guerrero.

El Orni hace un extraño movimiento con sus alas, causando que Zelda y yo nos sorprendamos.

- Un guerrero digno de mi poder único. ¡Recibe la furia de Revali!

Una corriente de aire rodea el ala del orni, formando una esfera de energía. Poco después, la misma llega hasta nosotros, provocando en mí la misma calidez indescriptible que sentí con Mipha y Daruk, mientras mi cuerpo y el de Zelda se elevan violentamente. Por suerte, caemos de pie y sin lesiones.

- Te he dado a ti y a la princesa el mismo don. – dijo el Orni, mirando con orgullo hacia un lado. – Sé que así me tendrán siempre presente.

El cuerpo de Revali comienza a iluminarse mucho más, demostrando que la despedida se acerca.

- Prepararé a Medoh para que pueda desatar su ira contra Ganon cuando aparezca. – dijo, para luego volver a su misma arrogancia. – Pero solo si crees que vas a necesitar mi ayuda cuando lo encuentres.

- ¿Ah? – expresé confundido.

- ¡Gracias, Revali! – dijo el campeón con sarcasmo.

Hasta muerto tiene que ser un soberbio…

Mi cuerpo y el de Zelda se iluminan...

- Ya váyanse… – dijo el campeón, para luego mirar a la dama. – Y princesa… no lo hagas esperar más.

No comprendo por qué Revali le dice eso a Zelda… pero me pone nervioso, demasiado. Sin embargo, justo cuando quiero ver la reacción de ella, nuestros cuerpos desaparecen… y para mi extrañeza ya no la siento cerca de mí. Eso no ha ocurrido en las otras ocasiones.

Ya no queda rastro de nosotros en la bestia divina Vah Medoh.

Hasta siempre… Revali.


Comentarios finales:

Hola, holaaa. ¿Cómo están? Pues espero que bien. Siento que he desaparecido un siglo, y en serio me disculpo por eso. Espero que ya no existan más contratiempos.

La etapa de Revali ha llegado a su fin, claro está, me refiero a la liberación de la bestia divina, porque queda más material para los campeones. Me siento feliz porque le pasé la redacción de mi batalla a Fox y no me hizo ninguna corrección, sino que he mejorado mucho, cosa que me alegra, pues en los años que llevo escribiendo la acción es algo que siempre me ha costado, pero veo que poco a poco lo estoy dominando.

Espero que la batalla les haya gustado, pues quise hacerla lo más impresionante posible. Se trataba de la pelea de los rivales que más pica se tuvieron en el juego. Quise mostrar a un Revali liberado, más agradecido y arrepentido de sus actos (a pesar de que estaba siendo dominado), pero sin perder ese egocentrismo que lo persigue incluso muerto.

En fin, no tengo nada más que decir. El próximo capítulo será sorpresa, y no solo porque ya se han de imaginar en qué estilo lo voy a narrar, sino por algo inesperado.

Es más, a partir del siguiente capítulo se vienen algunos de transición antes de la última bestia divina, pues ha llegado el momento de revelar muchos secretos, unos esperados y otros inimaginables, pero que ya forman parte de la trama desde antes que existiera.

Un abrazo a todos ^^