Capítulo 32: Notas de antaño

Vah Medoh ha vuelto a ser libre, al igual que su legendario piloto.

La majestuosa ave voló por los cielos, buscando la roca en donde siempre descansaba, hasta que finalmente la encontró. Una vez posicionada en ella, Revali aparece encima de su cabeza, observando con curiosidad el pueblo que, por toda la eternidad, sería su hogar.

- Muy bien, Medoh, desde aquí podrás tener a Ganon en la mira, una vez aparezca. – dijo el Orni. – Y cuando llegue el momento del combate, le dispararás con toda tu furia.

Revali hizo una pequeña pausa para meditar sobre todo lo ocurrido, lo que le permitió volver a ser como siempre.

- Parece que va siendo hora que lo reconozca. Un simple chico sin alas logró llegar hasta aquí, sometiendo a mi poseído espíritu cuando yo no pude. – reconoció el campeón con algo de dificultad. – Debo admitir que Link tiene muchísima suerte… que no se le acabe nunca.

Ni el mismo Revali daba crédito a ese reconocimiento, sin embargo, sabía que ese camino era necesario para su madurez. La humildad de reconocer las cualidades del otro era digna de un buen guerrero.

Poco después, comenzó a observar el pueblo que lo vio nacer. Y en ese momento, otro ser llegó a su mente.

- Sin embargo… hay alguien más que también merece mi reconocimiento.


Teba miraba impresionado a Vah Medoh descansar en su habitual roca, lo que significaba que Link había triunfado… había cumplido su promesa. El Orni sentía una mezcla de sentimientos; orgullo, alivio, pero sobre todo paz, pues no solo el pueblo iba a gozar de la tranquilidad perdida por meses, sino que Revali, su ejemplo a seguir, ya no iba a ser un alma en pena.

- Revali… espero que ahora estés en paz. – dijo Teba.

- Lo estoy…

Teba, espantado, se dio la vuelta y se encontró con quien menos esperó volver a ver. Podía ver a Revali envuelto en una luz azulada, de calma. Ya no quedaba nada de la oscura aura que antes lo rodeaba.

- Gran Revali…

El legendario Orni comienza a caminar de un lado a otro. Observó al pueblo, haciendo lo mismo con Teba.

- Ahora sí puedo apreciar lo fuerte que eres… a pesar de que aún te falta mucho que mejorar.

- Yo… – el Orni blanco quedó trabado en sus palabras. – Yo nunca podré superarte, Gran Campeón.

- Hace tiempo lo hiciste, pues trabajaste en algo en lo que a mí la vida no me alcanzó… la humildad. – dijo el campeón. – La esencia de un verdadero guerrero nace de un corazón sin aristas.

Teba quedó mudo con las palabras de su admirable guerrero, ante lo que este solo sonrió.

- Nunca es tarde para trabajar en mejorar nuestras carencias… por eso, te pido perdón por el daño que te hice a ti, a tu familia y a todo el pueblo.

- Eso… – Teba por fin pudo hablar, dando una pequeña pausa. – No necesita perdón. No estabas dentro de ti mismo.

- Aun así, debo reconocerlo. – respondió Revali. – Y por esa bondad que demuestras en perdonar mis actos, es por lo que te pido que continúes con mi legado.

Revali entrega a Teba su preciado arco de águila, causando que este último se quede sin aire.

- ¡La preciada arma del Gran Revali! – exclamó Teba, impresionado. – No, yo no pue…

- Debes hacerlo… – exigió el Campeón. – Créeme, lo vas a necesitar… y te aseguro que nos volveremos a ver.

- Gran Revali…

- Sigue haciéndote fuerte.

Luego de esas palabras, Revali desapareció, dejando a Teba impactado y con su arma en las manos.

Le Orni blanco estuvo en ese trance por algunos segundos, hasta que una conocida voz lo sacó de su estado.

- ¡Papá! – gritó Tureli. – ¡Era él! ¡Era el Gran Revali! ¡Lo vi!

Aunque por poco tiempo, el polluelo pudo ver a su admirado héroe, cumpliendo así un sueño inalcanzable.

Esbozando una cálida sonrisa, Teba tomó a su hijo en brazos y lo abrazó, para luego mirar al cielo.

Una parte de Revali por siempre estaría con él.


Frío…

Link sintió como el horrible clima le atravesaba la piel cual punzantes dagas, tan dolorosas que no le permitían moverse ni abrir los ojos. ¿Cómo llegó hasta ahí? ¿Qué estuvo haciendo antes? Su mente estaba en blanco, pero los dolores de su cuerpo le hacían rememorar sus últimas vivencias.

- Revali…

El caballero pudo recordar al pronunciar ese nombre. Se enfrentó con el alma corrompida de Revali para liberarlo de la influencia de Ganon, y una vez cumplida su misión, Zelda y él recibieron el don del campeón. Luego de eso fueron alejados de la bestia.

Con la vista más clara, Link buscó a Zelda… pero no la halló. Otra vez había desaparecido.

- Zelda... – la llamó él, hablando con dificultad.

- Otra vez perdiste a la princesa, soldado…

Con dificultad, el héroe se levantó para buscar el origen de la voz que le había hablado. Se le hacía conocida, pero sobre todo provocaba en él una extraña incomodidad y furia.

- Volvemos a vernos…

El elegido se levantó por completo y se encontró con quien menos se imaginó…

- Astor…

El ex canciller se encontraba frente a él, mirándolo fijamente.

Link siempre tuvo presente que volvería a verlo, sin embargo, nunca creyó que lo haría en ese lugar, el que hasta el momento desconocía de cuál se trataba. El hombre lo observaba con arrogancia, sin un ápice de nervios y creyéndose superior a todo.

El guerrero desenvaina su espada, dispuesto a enfrentarlo, y sobre todo a que le diga qué había hecho con Zelda, pues estaba seguro que él tenía que ver con su desaparición.

- Yo no le hecho nada a tu princesa… todavía. – dijo, sonriendo con ironía. – Aunque… digamos que en algo provoqué que se separe de ti, pues desvié el camino en la salida de la bestia divina que liberaste. Ahora nos encontramos en la región de Hebra, la más helada de todas y el sitio que será tu lecho de muerte.

Link no dice nada, pues la sorpresa ante la lectura de sus pensamientos lo dejó espantado.

- ¿No recuerdas que soy vidente? – preguntó burlón. – Me anticipo a lo que vas a pensar, a pesar que eres tan predecible. Es por eso que las almas de los campeones sabían lo que pasaba por tu mente.

- ¿Tú manipulaste a los campeones? – pregunté molesto.

- Tuve algo que ver gracias al poder y confianza que mi señor Ganon ha depositado en mí. – respondió sonriendo, para luego mirarme fijamente. – Sentí una gran furia al ver como la energía de mi pedestal, correspondiente a Vah Medoh, se apagaba, y por eso vine hasta aquí, para ya terminar con esto de una buena vez. No pienso permitir que sigas interponiéndote en mis planes.

Astor comenzó a acercarse a Link, quien se preparó para defenderse ante cualquier movimiento, pero nada ocurrió, al menos por ahora.

- ¿No me recuerdas, Link? Sé que por mis ocupaciones y tus ausencias por jugar con la espada fueron grandes, pero algo se te debe venir a la mente.

- No te recuerdo, eso es cierto. – aseguró, sintiéndose frustrado con su continuo defecto. – Sin embargo, mi desprecio reemplaza al olvido, pues sé que en el pasado la princesa no confiaba en ti, y no se equivocó, pues fuiste lo peor que pudo pisar esta tierra.

- ¿A qué te refieres con lo peor?

- Porque traicionaste la confianza del rey…

- ¿Ah sí? – preguntó burlón. – ¿Y quién te lo dijo?

- ¡Él mismo me lo confesó! – respondió exasperado. – Cuando desperté de mi letargo lo conocí con una falsa identidad, pero cuando me reveló todo lo ocurrido en el pasado, lo supe. Él tuvo un hombre de su entera confianza que le predijo por mal camino la llegada del cataclismo… y eres tú. ¡Tú eres ese maldito traidor!

El villano simplemente sonrió ante las acusaciones del guerrero, causando en él incomodidad e intriga, aunque no lo haya demostrado. Poco después, Astor se calmó, para luego volver su atención al joven.

- Es cierto...

El pecho de Link se presionó ante semejante confesión, y mucho más con el cinismo con la que el villano reconoció su culpa.

- A pesar de ser un tipo sin pasado, eres muy inteligente… y también bastante imbécil. – dijo sonriendo, para luego cambiar su semblante a uno perturbado. – Y no me arrepiento de nada, pues el maldito Rhoam se lo merecía.

- ¿Qué?

- ¡Sí, porque me quitó a mi mujer!

Los ojos de Link se desorbitaron, mientras su respiración se detuvo por un instante, el que pareció una eternidad. ¿A qué se refería? Siempre supo que el rey sólo tuvo una mujer, la reina, la madre de Zelda.

- ¿Qué estupideces estás diciendo? – preguntó Link, enojado.

- Lo que escuchaste... – respondió el ex canciller. – Hace más de cien años Selene, la fallecida reina, y yo, éramos amigos, inseparables, siempre estábamos juntos… pero un día, por culpa del rey, todo se arruinó. Y tu padre también tuvo que ver.

- ¿Por qué mencionas a mi padre? – preguntó Link, aun en estado de impresión. – Ganon te ha robado hasta la razón, pues dices incoherencias.

- ¡No estoy loco, mocoso estúpido! – gritó Astor. – Selene y yo éramos sacerdotes fieles a la Diosa Hylia y los únicos con la capacidad de ver el futuro, pero un día todo se arruinó, pues al Templo del Tiempo llegaron Rhoam y su escolta, tu padre. Resulta que al soldado de cuarta se le ocurrió buscar fruta para calmar los antojos de su esposa, quien estaba embarazada de ti.

Link enmudeció al escuchar la historia de Astor, incluso bajó la guardia, olvidándose del arma que tenía lista para defenderse. Sólo el escuchar algo relacionado a su pasado o al de Zelda le interesaba, sobre todo si se trataba de su familia.

- Para resumir esta asquerosa historia de amor, el rey y tu padre llegaron al Templo del Tiempo en una lluviosa noche. Después de eso, mi amada Selene y Rhoam se enamoraron, y la muy zorra aceptó casarse con él. La maldita, para lavar sus culpas, me nombró canciller del reino, y por ende, el hombre de confianza del rey; incluso tú estuviste en la boda, tan pequeño en los brazos de tus padres. – relató el hombre, burlándose. – Un año después del matrimonio, la reina quedó embarazada de la tonta princesa.

- No te atrevas a insultarla...

- ¡Es la verdad! – gritó el hombre. – Esa mocosa, sin darse cuenta, me puso muchas trabas para poder iniciar con mi venganza… pero nunca me rendí y lo conseguí.

- ¿Venganza?

- Sí... – el villano hizo una pausa, haciendo una mueca de desagrado. – Selene pagó caro su desprecio hacia mí. Por eso… la maté.

Link se aterrorizó ante lo escuchado, no dando pie a nada de eso. Su impacto fue tan grande que le costó respirar, sumando eso al extremo frío que hacía. No recordaba nada de la reina, pero aun así sentía que fue una mujer de gran corazón.

- El embarazado de Selene me dio el impulso para empezar con mis planes…

*.*.*.*.*

El pueblo de Hyrule reaccionó dichoso con la noticia del embarazo de la reina, quien ya tenía tres meses de gestación. Selene y su esposo habían decidido esperar ese tiempo para anunciarlo por prudencia a que el proceso estuviera marchando correctamente… aunque también por algo más.

A las pocas semanas de haberse enterado de su estado, la reina comenzó a sentirse mal. Al inicio pensó que los síntomas se calmarían después del primer trimestre, sin embargo, ya contaba con seis meses y cada día se sentía peor. Náuseas la mayor parte del día, extrema debilidad, a tal punto que tuvo que dejar de trabajar y apoyar a su esposo con el manejo del reino. Por supuesto, a Rhoam nada de eso le importaba, pues la salud y bienestar de su esposa estaba por encima de todo, además que él contaba con la ayuda de su mano derecha, su hombre de confianza, Astor.

Rhoam admiraba al canciller no solo por el gran trabajo con el reino, incluso representándolo en actividades a las que él no podía asistir, sino por el gran cariño con el que cuidaba a Selene cuando él estaba ausente. Varios médicos del reino revisaron a la reina para detectar el origen de su malestar, sin embargo, todos encontraban normalidad en sus signos vitales, por lo que lo tomaban como un desconocido, pero normal síntoma de embarazo. Sin embargo, al rey aun así le preocupaba la situación, pero se sentía tranquilo de que Astor, el hermano de alma de su amada, siempre estaba ahí para apoyarla.

El canciller siempre estaba en búsqueda de soluciones para ayudar a su amiga, por eso la cuidaba todos los días…

Una de esas tardes, donde todo el mundo estaba activo en sus respectivas tareas, Astor se dirigía al cuarto de la reina, llevando en su mano otra infusión para "aliviar" sus malestares.

- Llevo meses aumentando la dosis de mi nuevo don a esta infusión. – pensó molesto. – Y aun así, ese vientre cada día crece más... maldita sea.

El devoto de Hylia había desaparecido. Ahora, en su lugar, se encontraba un hombre lleno de venganza, dispuesto a acabar con la mujer que lo había traicionado, pero sobre todo, romper cualquier lazo que la uniera con su rival.

- Tus malestares van a terminarse, mi querida Selene, pues pronto estarás acompañando a tu engendro en el infierno. – decretó, respirando con dificultad y ante la puerta de los aposentos. – La historia hubiera sido tan distinta si estuvieras esperando un hijo mío, pero no… fuiste una mujer tan ligera y por eso debes pagarlo.

Dejó de lado su estado de odio y entró a la habitación, encontrando a la reina recostada en su cama. A pesar de que conservaba su belleza, la palidez de su piel era muy notoria, la que se complementaba con el oscuro tono de sus ojeras; incluso rastros de cabello yacían esparcidos por la almohada, el que perdía en gran cantidad diariamente. Aun así, Selene recibió a su amigo con una sonrisa.

- Astor…

- Mi querida Selene… – le habló el hombre con mueca de sorpresa. – Te ves terrible, ¿no dormiste bien?

- ¿Tan mal me veo? – preguntó angustiada. – Rhoam me dijo que me veía bien, a pesar de estas ojeras.

- Eso solo te lo dice para no hacerte sentir mal. – afirmó el hombre, mientras la reina mostraba cara de sorpresa, cosa que le hizo retractarse de inmediato. – O sea, quiero decir que siempre te ves hermosa… pero él no quiere demostrar que está preocupado por ti. Tú sabes que, como tu mejor amigo, debo decirte la verdad.

- Entiendo, creo que tienes razón. – dijo ella, creyendo ciegamente en las palabras del canciller. – Él piensa que no me doy cuenta, pero todas las madrugadas se despierta a verificar si respiro, si mi vientre aún tiene vida. Lamento tanto que tenga que cargar con esto él solo. Me siento tan inútil.

- Las embarazadas siempre se sienten apagadas e inferiores, no te angusties, eso es normal. – mintió el tipo, buscando animar a su amiga hipócritamente. – Pero para eso estoy aquí, para seguirte cuidando, mientras tu pobre esposo tiene que trabajar el doble.

Astor le entrega a Selene la infusión de esa noche. La reina la miró con recelo, pues aunque no lo confesara, ya estaba cansada del sabor de esas hierbas curativas. Cada día emanaban peor aroma, y ni qué decir del sabor.

- Agradezco tanto lo que haces por mí, Astor… – expresó la dama, buscando las palabras exactas para no ofender a su amigo. – Pero cada día tolero menos estas infusiones, no me lo tomes a mal.

- ¿Por qué lo dices? – preguntó el canciller, fingiendo preocupación.

- Cada vez huelen peor, y su sabor... – respondió Selene, con mueca de asco. – Saben demasiado amargas. Las del inicio no eran así.

- He tenido que triplicar la dosis de las hierbas esenciales para que hagan mejor efecto, por eso el sabor amargo. – dijo el joven, fingiendo resentimiento. – No sabía que fueras tan remilgosa, Selene.

- ¡No…! ¡No lo tomes así, por favor! – exclamó angustiada. – Es solo que…

- Es solo que tu estado actual es el de una mujer débil, por eso debes tomar más de este brebaje. – respondió Astor. – Lamento que mis cuidados no sean suficientes para ti.

- ¡No digas eso! – expresó la dama, preocupada. – Perdóname, en este momento me la tomo.

Astor comenzó a caminar alrededor de la habitación, observando con deleite como su amiga sufría al beber la infusión que lentamente la apagaba, a pesar de que no lo hacía al ritmo esperado. ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Acaso el poder de Selene impedía su caída? ¿O algo más? Cualquier mujer embarazada habría abortado desde el primer momento, pero en ella no era el caso.

- También hay otra cosa que me tiene preocupado, Selene. – dijo el hombre, fingiendo pesar en el tono de su voz. – Me preocupa el estado de tu bebé.

- ¿Qué… qué pasa con mi bebé? – preguntó angustiada, ya con la infusión terminada.

- Estás tan débil y apagada que temo que eso lo perjudique… es que he leído tantos casos. – dijo el hombre, fingiendo más pesar. – Por ejemplo, que el niño nazca con algún problema de nacimiento, alguna deformidad… o muerto.

La reina se quedó callada, pero su silencio lo dijo todo, y mucho más el temblor de su cuerpo. Astor se acercó a ella y la abrazó por la espalda.

- Pero es solo un miedo, mi querida amiga. – dijo a su oído. – Tu bebé seguramente está muy sano.

Después de haber vomitado su veneno, el canciller le dio un beso en a su amiga en la frente y se fue de la habitación. Ya sola, Selene comenzó a llorar, mientras acariciaba su vientre con desespero.

- Astor se preocupa demasiado. – dijo, evadiendo inconscientemente las malas intenciones de su amigo. – Mi bebé nacerá bien.

El trabajo de parto comenzó antes de lo esperado, angustiando terriblemente a los reyes, pero encantando a Astor. Parece que su esfuerzo había dado frutos gracias a la ayuda de su señor Ganon.

El proceso duró horas de dolor e incertidumbre, pero al sonido del primer llanto, la paz comenzó a caer, cual fresca cascada alrededor de todos. Al mundo llegó una hermosa niña con la piel tan pálida como la nieve, sin cabello ni cejas debido a su prematuro estado, pero aun así, contando con excelente salud y hermosura. Rhoam y Selene, con lágrimas en los ojos, observaban a su pequeña, encantados, agradeciendo a la Diosa que haya nacido sana, sin nada que lamentar. Incluso la reina, a pesar de su debilidad, tenía mejor semblante, pues la dicha de tener a su gran amor estaba por encima de cualquier malestar.

A las pocas horas del nacimiento, Astor fue invitado a conocer a la niña. Por supuesto, como el gran amigo que debía demostrar ser, entró a la habitación con un ramo de rosas blancas atadas con un listón rosa para homenajear a la madre y a su hija.

Una niña… el sexo que confirmaba sus terribles sospechas.

El canciller abrazó al rey para felicitarlo, para después acercarse a su amiga y hacer lo mismo.

- Felicidades, Selene… tienes una hermosa hija. – dijo el hombre, forzando una sonrisa.

- Gracias, mi querido Astor. – dijo la dama, sonriendo y acariciando la cabeza de su niña. – Fue un parto difícil, pero valió totalmente la pena. Por fin tengo a mi bebé en los brazos, sana y salva.

- Astor, te agradezco tanto por haberme ayudado a cuidar a Selene por todos estos meses. – dijo Rhoam, emocionado. – Parece que tus infusiones dieron el efecto deseado.

- Yo creo que no…

- ¿Por qué lo dices? – preguntó Selene.

- Porque la mejor medicina ha sido el nacimiento de tan hermosa niña. – respondió el canciller, librándose bien, como siempre. – Mira, ya con ella en tus brazos te sientes y te ves mucho mejor.

El canciller acerca su mano hacia la niña, quien mueve ligeramente sus cerrados ojos al sentirlo cerca.

- ¿Cómo se llamará la princesa? – preguntó el canciller.

- Ahora que la tengo en mis brazos, conozco el propósito de su nacimiento… – mencionó la reina. – Se llamará Zelda.

El cuerpo de Astor se tensó al escuchar ese nombre, y antes de que pudiera tocar la cabeza de la niña, esta lloró con fuerza, como si algo cercano la estuviera incomodando.

- Me retiro para que atiendas a tu hija. – dijo el canciller, hablando con rapidez y saliendo de la habitación. – Felicidades y mucha suerte.

Mucha suerte iba a necesitar la recién nacida princesa…

*.*.*.*.*

El cuerpo de Link temblaba ante la historia recién contada. Siempre creyó que, aunque por razones desconocidas, la muerte de la reina estaba relacionada con alguna enfermedad, pero jamás por la causa de Astor, el hombre que supuestamente la amó, en quien el rey más confió.

El joven no pudo contener más su furia, así que sin pensar en nada, se lanzó encima del hombre, provocando que ambos cayeran en la nieve. Comenzó a golpearlo en la cara con todas sus fuerzas, pero el rostro del ex canciller se mantenía intacto.

- ¡Maldito, bastardo infeliz! – gritó Link, lleno de furia. – ¡Asesinaste a la reina! ¡Arruinaste la vida de Zelda! ¡La de todos!

El villano comenzó a reírse, mientras que los puños de Link, lastimados por los golpes a su cara, eran los únicos perjudicados.

- Mi historia aún no termina, imbécil. – dijo Astor, embelesado con su hazaña. – Como te dije, ese solo fue el inicio de mi venganza, pues lo peor llegó años después, cuando la princesa ya tenía el suficiente criterio para amar a su madre y conocer el significado de la muerte. No serás tú el único en escuchar este relato, pues una vez que te mate, buscaré a Zelda para terminar con esto. Ella pagará la traición de la mujer que me pertenecía.

Otro golpe llegó a Astor, pero esta vez al estómago, y ese sí llegó a afectar al villano. Con furia, empujó a Link al suelo, para luego ponerse de pie.

- ¿La mujer que te pertenecía? – preguntó Link, hirviendo de rabia. – ¡Tú nunca amaste a la reina! Un verdadero hombre jamás lastima a quien ama, no le desea el mal, ni mucho menos atenta contra su vida. Le dabas la mano al rey mientras deseabas asquerosamente a su esposa y la ibas asesinando. ¡Eres una escoria! ¡La peor basura de todas!

- ¿Y quién te has creído tú para hablarme de amor? – preguntó Astor, enojado. – Ni siquiera recuerdas lo que es eso. Dudas en amar a tu princesa.

- Desmemoriado y todo sé más de eso que tú… así esté lleno de dudas, pues sería incapaz de dañar al ser más valioso para mí.

A Link le afectó terriblemente que Astor le sacara en cara las dudas sobre sus sentimientos, pero después de todo lo que se había enterado, su corazón estaba más transparente y estable. Sin embargo, ahora estaba enfocado en acabar con el villano, pues iba a vengar la muerte de todos los que fueron parte de su vida hace cien años.

- Nunca vas a poder matarme, pues sin la Espada Maestra no eres más que un soldado de quinta… al igual que tu padre. – dijo Astor, acrecentando la furia de Link. – La escena de su muerte fue tan patética, defendiendo a su amiguito, al rey, mientras te obligaba a huir con la princesa. Claro, un mocoso insignificante y débil como tú jamás habría podido rescatarlo.

Una vez más, Link golpeó a Astor y lo acorraló en la nieve, pero la impulsividad con la que lo agredía no le hizo darse cuenta cuando el villano se zafó de él y cambió los lugares. Ahora el guerrero estaba a su merced, así que iba a aprovechar la oportunidad.

- Me cansé de ti, títere de la Diosa. – dijo Astor, tomando a Link del cuello con su mano derecha. – Ahora sí, morirás…

Sin embargo… el ataque del ex canciller no pudo realizarse, pues una fuerza lo golpeó.

Debido a la falta de aire, Link tardó un poco en recuperar la visión, pero una vez que lo hizo, no dio crédito a lo que veía.

- Pero si es…

- ¡Maldito animal! – gritó el villano, enfurecido.

Después de mucho tiempo, el misterioso lobo gris, el que Link vio correr en la llanura de Akkala, lo estaba protegiendo. El animal gruñía enfurecido, acercándose lentamente a Astor.

- ¿De dónde salió esta bola de pelos? – preguntó Astor, enfurecido.

El vidente mostraba tenerle recelo al lobo por alguna extraña razón, por más que quería acercársele, no podía, como si una energía extraña lo estuviera rodeando.

- No te creas totalmente libre, imbécil. – dijo Astor a Link, alejándose. – Me voy con la satisfacción del dolor que llevas encima. Nos volveremos a ver, eso te lo aseguro…

Y con esas palabras, Astor se esfumó del mapa. Link no salía de la impresión de todo lo ocurrido en esos segundos, pero lo dejó de lado una vez que el lobo comenzó a mirarlo. Su fiereza había sido reemplazada por una lengua expuesta y una cola moviéndose de un lado al otro.

El lobo corrió hasta Link. La primera reacción del guerrero al tenerlo cerca fue la de protegerse con los brazos, pero al sentir los lamidos del canino y los toques de su cola en movimiento, se dio cuenta de que no corría peligro con él.

- Nos volvemos a ver, amigo. Gracias por rescatarme. – dijo Link, acariciando al animal. – ¿Por qué estás aquí? ¿Cómo supiste donde estaba?

Por supuesto, el animal no dio respuesta. Sin embargo, comenzó a caminar en círculos, sin dejar de mirar a Link, como invitándolo a que se ponga de pie. Una vez que Link lo hizo, este comenzó a caminar hacia una dirección.

- ¿Quieres que te siga?

Efectivamente, esos eran los deseos del animal.

El lobo corrió hacia el norte, causando que Link lo siga. Le costó alcanzarlo, pues el animal era muy rápido. Finalmente, su recorrido los llevó a una sorpresa demasiado agradable.

Zelda yacía acostada en la nieve, inconsciente, pero sin ninguna agresión o perturbación en su cuerpo. Link se sintió feliz y aliviado de verla bien.

- ¡Princesa!

El guerrero corrió hasta donde yacía la dama y la abrazó con fuerza; ante ese contacto, Zelda comenzó a despertar.

- Link…

- Por fin te encontré, Zelda. – dijo Link, emocionado. – Mira… ¿Recuerdas el lobo que vimos en Akkala? Él me trajo hasta ti.

El guerrero volteó para buscar al lobo, pero para su sorpresa este había desaparecido.

- ¿Qué? Pero…

El joven detuvo sus palabras al sentir como la princesa lo abrazaba; en esos momentos nada existía más que eso, pues el sentirla cerca le devolvía aliento a su vida, experimentar la felicidad absoluta… incluso Ganon dejaba de existir. Todo.

- Me alegra que estés bien, Link. – dijo la princesa, mirando al joven. – No entiendo cómo nos separamos.

El rostro de Link se tornó serio, pero no iba a ocultarle nada a Zelda.

- Nos separamos y caímos en lugares distintos porque… – hizo una pausa, para luego soltar un suspiro y continuar. – Astor lo provocó.

Los ojos de Zelda sobresalieron de las órbitas a la par que su cuerpo comenzaba a temblar. Link la abrazó más fuerte, para calmarla.

- Tengo mucho que contarte, Zelda… pero tienes que estar tranquila.

- ¿Te hizo algo ese infeliz? – preguntó ella.

- No pudo hacerlo, pues él… – hizo una pausa, buscando la manera correcta de decir las cosas. – ¿Recuerdas al lobo que vimos en Akkala? Él me rescató y me trajo hasta aquí.

Zelda miró a Link sorprendida, causando que él se avergüence, pues temía que piense que estaba loco. Sin embargo, estaba equivocado.

- ¿No me crees? – preguntó apenado.

- Sí te creo, Link. – respondió Zelda. – Es más, yo también lo vi, pero estaba en un estado casi inconsciente, por eso no pude llamarlo. Me alegra tanto que te haya salvado de Astor.

- ¿Cuál será el origen de ese animal? No parece de este mundo. – comentó Link.

- Es un total enigma para mí.

La pareja guardó silencio por varios segundos, hasta que Link ayudó a Zelda a levantarse.

- Debemos regresar a la aldea Orni. – dijo el guerrero. – Tenemos que avisar a Teba que todo ha terminado.

- Vamos.

La pareja caminó de regreso a la aldea.


A medida que la pareja subía la escalera, música y algarabía comenzaban a escucharse. No conocían exactamente la razón, aunque no era difícil de imaginar. Vah Medoh estaba libre, por lo que la paz había retornado al pueblo.

Link y Zelda llegaron al final del camino, pero su atención se desvió al encontrarse con alguien nuevo.

Un Orni azul, de tamaño diferente a los otros, se encontraba en una de las plataformas tocando un peculiar instrumento musical. Link lo miró sin decir nada, pero Zelda asumió su identidad de inmediato.

- Es… es Nyel.

- ¿Cómo lo sabes, Zelda? – preguntó el joven.

- Estoy segura de que es él, por su instrumento musical.

La princesa comenzó a acercarse hasta el Orni, siendo seguida por Link. Una vez que llegaron hasta su plataforma, este los vio.

- ¿Tú eres Nyel?

El Orni, tan distinto a los demás en tamaño y características, los observó con curiosidad.

- Sí, yo soy Nyel, mucho gusto. – dijo el Orni. – Soy un Orni trovador, por eso casi no paso en casa. Mi esposa me comentó que un par de jóvenes me estaban buscando. ¿Son ustedes?

- Sí, mi nombre es Zelda…. Y Link viene conmigo.

El rostro del Orni palideció al escuchar esos nombres. Enfocó su mirada en la princesa, pero sobre todo en Link.

- No puede ser… – dijo el Orni, impactado. – El héroe despertó de su letargo.

- Así es, Nyel. – dijo Link, nervioso por alguna razón inexplicable.

Poco después, el Orni fue a ver a la princesa.

- Y usted es la sacerdotisa, el gran amor de…

- Sí, del maestro Athan… nuestro maestro.

Link sintió molestia al escuchar lo que Zelda dijo, pero se lo tragó para no arruinar el momento. Por otro lado, Nyel seguía impactado con la revelación hecha. En ese momento, Zelda sacó de su alforja la partitura encontrada en el diario de Athan, causando que el Orni empeore su estado de impacto.

- Mis… ¡Mis partituras! – gritó el pájaro, temblando y con los ojos vidriosos. – ¡Esto no puede ser cierto! ¡Debo estar soñando!

- Estaban en el diario de mi maestro, y como tienen tu firma descubrimos que son tuyas. – dijo Zelda. – El destino nos trajo a esta aldea por otros motivos, pero al mismo tiempo nos atrajo a atar cabos del pasado.

- Llevo la mitad de mi vida buscando estas partituras, pues la letra, escrita por mi maestro, la tengo yo. – dijo Nyel, emocionado. – Ahora podré dar vida a nuestra obra.

El Orni tomó la partitura y la ubicó en un sitio fácil de visualizar, luego preparó su concertina. Por varios segundos cerró los ojos, mientras inhalaba y exhalaba aire con calma.

Ahora concentrado, comenzó a entonar su melodía, seguida por la tan esperada letra de la canción.

.

El cataclismo que el héroe detuvo después de diez mil años al fin se produjo.

Sacerdotisa y princesa de mítica belleza: el caballero elegido dio su vida por ella.

Ante tal prueba de amor, el poder de la princesa despierta en su interior y, en la fortaleza, al cataclismo apresa.

Mas la tez del caballero no se marchita. Reposa en el Santuario de la Vida y, tras un largo letargo, resucita.

Debe afrontar incontables pruebas, para recuperar sus fuerzas… Cumplir su destino.

¡Hasta volver a ser un héroe! El que frenará el cataclismo y arrancará a la princesa de sus manos.

El héroe y la princesa, hombro con hombro, devolverán la luz de Hyrule, jugándoselo todo.

.

Zelda quedó perpleja al escuchar tal explosión de emociones por medio de letras y melodías extraídas del pasado. Al mismo tiempo estaba avergonzada, pues su alma había sido expuesta, desnudada ante el hombre que amaba.

El guerrero, en cambio, sintió su corazón explotar de una emoción que desde hace tiempo la tenía cercana, pero no totalmente postrada frente a él. Por primera vez comenzaba a darle forma a ese sentimiento enigmático, pero que le daba aliento para seguir respirando.

El reconocimiento del amor.


Comentarios finales:

Hola a todos, espero que se encuentren bien.

Creo que este capítulo era muy esperado. Primero porque Link ya se enteró de algunas cosas relacionadas con el pasado y con Astor. De todas maneras, el villano no contó todo, pues a él le encanta derramar su veneno poco a poco para ver sufriendo a sus víctimas. Por esa razón, el proceso de acabar con la reina no fue tan rápido, pues recuerden que la princesa la perdió a los seis años.

Hemos vuelto a ver al lobo. Como dije en el primer capítulo que apareció, él tendrá una función especial, será un guía para Link a un destino que no se imagina, y ustedes tampoco. Ya estamos muy cerca de descubrir eso, pues se dará antes de la visita a la última bestia.

Nyel ha aparecido, como todos lo deseábamos. No quise hacer para él, como en el juego, el eterno viaje para encontrar las piezas musicales de su maestro (las misiones del héroe), sino que ya esté lista la partitura y pueda entonar la canción. Habrán notado el nombre del instrumento que mencioné, la concertina, y es porque ese es el nombre correcto; es de la familia de los acordeones, pero no es uno como tal, pues el otro es más grande y tiene más botones y las teclas del piano.

La canción, la que confirma el canon zelink en el juego, ha provocado muchas emociones en los protagonistas, sobre todo en Link, quien ahora ya ha reconocido lo que es el amor… y ustedes saben qué significa eso para la confusión que él siente.

Nada más que decir. Solo darles las gracias por seguirme leyendo y apoyando ^^

Un abrazo.

Respuesta a comentarios anónimos:

GreatArwing: Me alegra que te haya gustado la pelea contra Revali. Espero que este capítulo también haya sido de tu agrado. Gracias por tu apoyo :)

PD: Fanfiction está lata con las notificaciones, no le llega a casi nadie.