Capítulo 34: Impostor

¿Cómo no pude darme cuenta de la presencia de más personas? Todo estaba tranquilo en la fuente del valor, y de la nada nos cayeron encima a inmovilizarnos. Me siento tan culpable por no haberme dado cuenta de esto, de no haber defendido a Zelda, pues ella está acorralada, como yo.

Ahora que sé que la amo, que esa melodía se encargó de abrir los ojos a mis confundidos sentimientos, mi ansiedad por protegerla aumentó. Literalmente, estoy atado de manos y estos tipos nos quieren llevar ante una tal Saria.

Y ese nombre… Algo raro sentí cuando lo escuché hace un momento. ¿Será alguien de mi pasado?

Las personas que nos tienen atrapadas poseen una tonalidad de piel tostada oscura, quemados por el sol… ¿De dónde serán?

- ¿Link, estás bien? – preguntó Zelda, preocupada.

A lo que la princesa habla, las mujeres que la tienen cautiva la sostienen con más fuerza para que se calle, lo que me llena de furia.

- ¡Silencio, chica! – gritó una de ellas. – ¡No se te ha dado permiso para hablar!

- ¡Suéltala! – reclamé enfurecido. – ¡La estás lasti…!

Me quedo sin aire ante el golpe recibido por uno de mis captores, lo que me demuestra que tampoco tengo "permiso" de hablar. Me siento tan inútil ante esta situación.

- ¡No, Link! – gritó Zelda, desesperada. – ¡No le hagan daño, por favor!

- ¡Cállate! – gritó mi captor. – ¡Otro que habla sin parar! Mejor guarden sus palabras, pues las van a necesitar cuando estén ante la presencia de la señora Saria.

No puedo permitir que le hagan daño a Zelda, peor que la golpeen como lo acaban de hacer conmigo. Cedo, aunque me cueste, no forcejeo más para que nos trasladen hasta donde esa señora.

El misterioso grupo nos lleva fuera de la fuente a rumbo desconocido. A la distancia veo al lobo observándonos, mientras mueve la cola; se lo ve contento. Él nos trajo a esta situación por alguna extraña razón.

No puedo hacer más que estar listo para enfrentar lo que sea que nos espere.


Los captores nos llevaron por el largo camino del bosque, falta poco para la llegada del ocaso. Incluso tomaron a nuestros caballos, los que por suerte se encuentran tranquilos, quizás para no exponernos a ningún peligro. De la tensión, o quizás mi normal desconocimiento, no pude descifrar dónde nos encontrábamos, pues nos vemos rodeados por nada más que el verdor de los árboles.

Ante este escenario, una laguna de imágenes comenzó a invadirme, pero no como recuerdos comunes, sino ráfagas de vivencias.

Me veo un poco más joven que ahora, Epona detrás de mí, mientras yo me alejo cada vez más de ella. Y me adentro a un bosque opaco, misterioso y silencioso, donde llamas me guían hacia un camino que me atrae brutalmente, el que me da ansiedad llegar.

- Por fin llegamos. – dijo uno de los captores. – Ha sido un estorbo viajar con estos impostores.

- ¿Por qué nos llaman "impostores"? – preguntó Zelda, confundida. – ¿Con quiénes nos confunden?

- ¡Dije que te calles! – gritó la captora de la dama. – Ya nuestra señora dará todas las explicaciones… y sobre todo nos dirá qué hacer con ustedes.

Caminamos unos metros más, hasta que el verdor se acaba, pasando por unos grandes arbustos.

Nunca creí que un bosque pudiera estar unido a un sitio como este… uno que me impacta cuando lo veo a la distancia.

El mar…

Solo una vez estuve en ese sitio, en mis sueños, o más bien en mi vida pasada. Vine con mi familia y pasé un momento especial con mi hermana, pues la pude conocer mucho más, e incluso descubrir cosas sobre mi madre.

Momentos que nunca volverán… Se desvanecieron entre las cenizas de la destrucción del Cataclismo, con el alma de mi padre dando su último aliento para defender lo justo, con los gritos de terror de mi hermana, a quien no pude proteger como se lo prometí a mamá. ¿Y qué decir de mi abuelo? Mi memoria no me permite recordar casi nada de él, solo ciertas cosas, como su profesión y su mirada cariñosa.

No es solo el mar lo que llama mi atención, sino el lugar que lo rodea. Hemos llegado a un pueblo desconocido para mí con casas rústicas y coloridas. Algunas personas caminan por la playa, pero apenas nos ven corren a esconderse, temerosos de nosotros o los captores, no lo sé.

Nuestros victimarios nos hacen descender por el camino a la aldea. Seguimos hasta llegar al portón de una casa vieja, pero de gran tamaño.

- Hemos llegado al hogar de nuestra señora Saria. – dijo mi captor. – No puedo imaginar la cara que pondrá al verlos…

Por fin vamos a conocer a esa tal Saria… espero que al verla mi memoria regrese. Sin embargo, con este recibimiento tengo el presentimiento de que no es nada amigable.

Entramos a la casa. Aunque con grandes espacios, es un sitio sencillo, con poca luz y pertenencias, pero lo necesario para poder vivir. Los captores nos llevan por un oscuro pasillo hasta una habitación, algo parecido a una sala. A Zelda y a mí nos ubican en dos sillas, claro está, sin soltarnos. Considero que, ahora que he asimilado en algo nuestra situación, con una maniobra estratégica podríamos escapar, pero en ese camino correría el riesgo de exponer a mi dama a un peligro, y eso nunca será una opción. Por otro lado… tengo curiosidad de conocer a quién nos ha estado esperando.

- ¿Así que estos son?

Desde las sombras, la femenina voz acaba con todo el insoportable silencio que nos carcome. Cuando se muestra totalmente, al vernos, su rostro se desencaja a tal punto que sus ojos se salen de sus órbitas, pero es algo que dura pocos segundos, pues después cambia a una expresión seria, casi burlona. Es ahí donde puedo verla mejor.

Es una mujer de mediana estatura, de aproximadamente unos treinta y cinco o cuarenta años de edad. Su cabello es verde con degradado en las puntas color rubio claro, casi blanco; y sus ojos azules… un azul muy profundo y llamativo, como el mar. Su vestimenta es un sencillo vestido tipo túnica en dos colores, verde y blanco. Una cadena cuelga de su cuello.

Su imagen es agradable, sin embargo, esa manera de mirarnos, sobre todo a mí, me aterra.

Por primera vez siento un miedo terrible al estar ante la presencia de alguien.

- ¿Quién es usted? – preguntó Zelda, armada de valor, a diferencia de mí. – ¿Por qué nos tratan como si fuéramos delincuentes?

- ¿Qué? – preguntó la mujer, soltando una risa. – ¿Acaso no les dijeron quién soy yo?

- Nos dijeron que se llama Saria, pero ahora que la veo es imposible. – dijo Zelda, mostrando seriedad. – Saria fue una sabia perteneciente a una de las leyendas más importantes de Hyrule; era una niña y usted no lo es.

- Pues hay leyendas que nunca mueren. – dijo la mujer, fría en sus palabras. – Yo soy la representante de ella, y no me interesa demostrártelo, pues la mayor prueba es la imagen que me acompaña. No seré una niña, pero he conservado esta juventud por más de un siglo, lo que me hace semejante a ella.

¿Más de cien años? La mujer está loca, pero dudo cuando veo que sus peones no se sorprenden por lo que dice. Con esa edad tendría que ser una anciana o estar muerta… pero no debería impactarme, pues soy la viva evidencia de eso. ¿Cuál es mi edad? Es la primera vez que me lo pregunto. Sé que tengo más de cien años y que antes de entrar en letargo era mayor de edad, al igual que Zelda… pero no sé exactamente el número correcto.

- Eso es imposible, nadie puede vivir tanto tiempo. – dijo Zelda.

La mujer vuelve a posar su mirada en mí, llenándome de nuevo de escalofríos. ¿Por qué me produce esto? No siento rechazo por ella, pero tampoco confianza.

- ¿Por qué estás tan callado? – me preguntó, desafiante. – ¿Creíste que íbamos a caer de nuevo en esta clase de mentiras? Ya eso pasó de moda hace mucho tiempo… y ni trayendo a esta dizque princesa pudiste convencernos.

- ¿Qué estás diciendo? – pregunté indignado y confundido.

Ahora sí pude recuperar la voz, e incluso a tutear a la mujer, pues no entiendo de qué está hablando.

- Explica bien a qué te refieres… – exigí. – No entiendo por qué nos dices todas estas cosas y nos tachas de mentirosos.

- ¿Explicación? Qué descaro… pero como gustes.

La mujer hace una seña para que nuestros captores nos suelten, mas no para que se separen de nuestro lado. Vuelvo a pensar que estoy desperdiciando una importante oportunidad, pero esta rara mujer me obliga a quedarme para saber más de ella.

- Soy descendiente de la legendaria sabia del bosque, por esa razón me encuentro en este lugar. – comenzó a relatar la mujer. – Esta aldea, Onaona, es la más próxima a la fuente del Valor, además que la cercanía con el mar me relaja y me permite cuidar de lo más valioso… el legado del héroe.

¿El legado del héroe? ¿Hay algo que me pertenece?

- Desde tiempos inmemoriales, en la época del caos del tiempo, Saria siempre se preocupó por el bienestar e intereses del héroe elegido. Ahora, yo hago lo mismo. – relató la supuesta sabia. – A los pocos años del arribo del Cataclismo, comenzaron a llegar varios jóvenes a la fuente del valor afirmando ser el héroe elegido. ¿Para qué? Porque a sus oídos llegaron los rumores del tesoro que hasta el sol de hoy me encuentro cuidado… Su maldita ambición los llevó a querer engañarme, profanando las sagradas aguas de la marca de Farone y suplantando la identidad del elegido.

La mujer hace una pausa… pero luego continúa. Puedo percibir el malestar en su relato, aunque lo disimula muy bien dentro de su dureza.

- Y muchas veces me decepcionaron, pues creí que el héroe elegido había despertado de su letargo… – relató la dama, soltando una carcajada. – Pero luego de un tiempo dejé de creerles, pues el legendario Link está muerto y jamás regresará.

- ¡Eso no es cierto! – gritó Zelda, poniéndose de pie. – ¡Link es el hombre que está a mi lado! ¡Está vivo!

Las captoras de la princesa la toman con fuerza y vuelven a sentarla, mientras que yo solo puedo seguir de espectador. Esta vez los hombres que me tienen han colocado un cuchillo en mi cuello, impidiéndome cualquier movimiento. Saria nos mira de manera fría y despiadada, pero con una sonrisa en los labios. ¿Tan perversa es? Cómo quisiera recordar la leyenda.

- No puedo negar que te pareces mucho al héroe de hace cien años, incluso hasta has venido acompañado de una chica con los rasgos de la princesa… pero como te dije, no volveré a dejarme engañar. – dijo Saria, retomando la seriedad. – Solo hay una manera de probar que eres el verdadero Link… con el arma sagrada, la Espada Maestra.

Una vez más, mi valía es puesta a prueba por un arma que no tengo, que al parecer es la única que puede respaldar mi honra como guerrero, como hombre. Mi identidad no vale nada si no la tengo en mi poder… y ahora más que nunca lo entiendo.

- La Espada Maestra no es necesaria para demostrar la identidad de Link. – dijo Zelda, nerviosa, pero decidida a defenderme. – Y voy a hablarte de manera informal, pues no mereces mi respeto por la forma en la que nos estás tratando, sobre todo a mi caballero. Él es el auténtico héroe elegido, el que despertó de su letargo para continuar con la misión que no pudo hace cien años. Logró liberarme del sello con el que contenía a Ganon en el castillo, y todo este tiempo ha…

- ¡No me interesa escuchar más! – gritó Saria, furiosa. – Como dije antes, nunca más volveré a permitir que me quieran ver la cara de estúpida. No son más que un par de impostores, iguales o peores que los que vinieron en el pasado, con el único deseo de obtener el legado del héroe. ¡No pienso permitirlo! ¡Recibirán su castigo!

Los captores comienzan a despojarnos a Zelda y a mí de todas nuestras pertenencias, solo dejándonos con la ropa que tenemos puesta. Nunca me había sentido tan paralizado por el miedo, mucho menos por una mujer que recién conozco.

- Ahora van a pasar una linda velada en una celda de todo lujo. – dijo la sabia, complacida. – Y no se preocupen por sus caballos, cuidaremos de ellos, pues nunca lastimamos a los animales.

- ¡Saria, tienes que escucharme! – reclamó la princesa. – Yo soy la princesa Zelda, Link es el elegido por la espada, el que estemos vivos tiene una razón. ¡Mira, tenemos en nuestro poder la tableta Sheikah!

- ¡Esa cosa no prueba nada! He visto muchas réplicas de esas en el pasado, conozco todos los trucos de los bandidos como ustedes que solo buscan su propio beneficio. – reprochó Saria, más molesta. – Solo hay una manera de probarlo todo y no es posible. El héroe está muerto y la princesa también… y así seguirá.

- Pero…

- ¡Largo! – gritó la mujer. – ¡Serán liberados cuando se me dé la gana!

Nada convence a la sabia, lo que demuestra con rabia y decepción en su mirada. Los captores vuelven a aprisionarnos, y esta vez me zafo de ellos, golpeando en la cara al que pretendía tomarme por los brazos. Sin embargo, mi ansiedad me hizo perder todo sentido de estrategia y reflejos, por lo que un fuerte golpe en mi cabeza es lo único que siento hasta ese momento.

Los gritos desesperados de Zelda se escuchan lejanos.


- Link…

Me revienta la cabeza del dolor, pero no puedo evitar reaccionar al escuchar la voz de la princesa llamándome. Sus ojos son lo primero con lo que me encuentro al despertar, y de inmediato rozo su rostro con mis dedos. La amo, y no importa lo que a mí me pase con tal de que ella está bien, a pesar de que no soy suficiente para ella. Con todo lo ocurrido hoy, lo sé.

- Te golpearon al primer movimiento de resistencia, por eso caíste inconsciente. – dijo Zelda, acariciando mi cabeza. – ¿Cómo te sientes?

- Mareado, pero creo que bien. – respondí, levantándome para quedarme sentado en el suelo. – ¿Tú estás bien?

- Sí, a mí no me hicieron nada… pero nos encerraron en esta celda. – dijo Zelda, preocupada. – Y sin nuestras pertenencias no se me ocurre una manera de salir de aquí.

La celda está oscura, sin embargo, no se diferencia de ninguna habitación, tiene cama y todo lo necesario para no morir; sin embargo, no deja de ser una maldita jaula. Aún me cuestiono terriblemente el no haber hecho nada para evitar esta situación, lo que demuestra que soy menos de lo que Saria dijo de mí, una falsedad total. Si antes tuve dudas e inseguridad de mí, ahora no tengo dudas, ya que nunca imaginé que la ausencia de una espada marcaría mi verdadera valía.

- Link, no te sientas mal, por favor.

Le doy la espalda a Zelda, incapaz de mirarla a los ojos. Ella vuelve a llamarme, y por el respeto que le debo no tengo más remedio que prestarle atención.

- ¿Cómo no sentirme mal, Zelda? – pregunté indignado. – Si no soy nadie sin la legendaria espada. Por mi culpa estamos metidos en esto.

- ¡Eso no es cierto! – gritó Zelda, tomando mis hombros. – Lo que dijo esa mujer es mentira. Sabes muy bien que no necesitaste la espada para demostrar tu identidad.

- Quizás en algunos casos no, pero ahora sí. – dije. – No pudimos ni siquiera iniciar el ritual de purificación en la fuente del valor porque nos atraparon… y ahora estamos aquí, encerrados y despojados de cualquier arma o herramienta que nos ayude.

- Esperé cualquier cosa menos algo como esto. – dijo Zelda. – Esa mujer…

- Estoy muy confundido. – dije, alzando la cabeza. – ¿Quién es Saria? ¿Es ella la auténtica descendiente de la sabia de la leyenda?

La princesa lanza un suspiro y puedo notar que quizás está igual o más confundida que yo.

- Saria forma parte de la leyenda del Héroe del Tiempo, que sea como sea, es el elegido por la espada, como tú. – comenzó a relatar la princesa. – Ella fue la encargada de cuidar y criar al guerrero, y para poder sellar al mal de esa época se convirtió en la sabia del bosque. Por su condición de Kokiri, fue una eterna niña.

- ¿Kokiris?

A los pocos días de habernos reencontrado después de años, Abril me habló de los Kokiris, papá le leía sobre ellos en las noches. No recuerdo que me haya contado sobre ella.

- Zelda, Abril me habló de ellos, los Kokiris.

- Si recuerdo que a tu hermana le encantaba su historia, pero los libros que ella leía eran muy sencillos e infantiles. – dijo la joven. – No relataban totalmente la leyenda, sino solo las partes más agradables. Al ser un libro para niños, entenderás que no iban a mencionar hechos como la cruenta batalla contra el mal.

Sea como sea, hechos relacionados con mi hermana me viven persiguiendo.

- En estos cien años han pasado tantas cosas que ni yo mismo esperaba. – dijo la dama, confundida. – Saria, si es que dice la verdad, ha reencarnado y aún no conocemos más de su destino o misión, solo de protección de la fuente del valor y de ese misterioso legado del héroe.

- ¿Será la Espada Maestra? – pregunté ansioso.

- No… no lo creo, porque yo…

Zelda se calla de repente, cosa que me intriga más…

- ¿Pasa algo? – pregunté serio.

- Nada… no creo que sea la Espada Maestra. – afirmó segura. – Pero presiento que lo que esconde es muy valioso para ti y debe protegerlo a como dé lugar.

- Pero ella no cree que seamos los verdaderos elegidos, tú, la princesa portadora del poder de la Diosa, ni yo, el héroe elegido por la espada.

- La aldea Onaona siempre ha vivido apartada del resto de Hyrule. – dijo Zelda. – Antes no tenía más que unas dos o tres casas, y después de cien años se puede considerar una aldea. Imagino que Saria, de la misma manera, ha vivido alejada de todo, por esa razón no está enterada como los demás que hemos seguido vivos y con la misma edad.

- Nos miraba con tanta rabia y rencor… sobre todo a mí. – dije conmocionado. – Y piensa que estoy muerto, no toma en cuenta el letargo por el que pasé.

- Según lo relatado por ella, en nuestra ausencia de cien años, han llegado hombres haciéndose pasar por ti, por esa razón no confía. – dijo Zelda. – Sea como sea, hay que demostrarle quiénes somos en realidad… al menos si queremos salir de aquí.

Me pongo de pie para acercarme a la puerta de metal que nos encarcela. La jalo con fuerza, intento tumbarla, pero es inútil, ni siquiera se mueve.

- ¡Maldición! ¿¡Cómo vamos a salir de aquí!? – grité enfurecido.

- ¡Tranquilo, Link! – pide Zelda, tomándome de los hombros. – Esperemos, por favor… en estos momentos lo mejor es tener paciencia. Te lo digo por experiencia.

Zelda se aleja de mí y se sienta en el borde de la cama, y entiendo a lo que se refiere cuando habla de su experiencia. Ella pasó un siglo sellando a Ganon, consciente, por lo que sabe mejor que nadie lo que es la paciencia; a mí, en cambio, me tocó la parte más fácil, pues estuve dormido, evadiendo totalmente las desgracias a mí alrededor, ajeno a un reino con heridas en carne viva que a la fecha de hoy recién muestran algo de cicatrices.

- Lo siento, Zelda… estoy siendo inmaduro y egoísta.

- No te disculpes. – pidió ella, sonriendo. – Conmigo no tienes que tener poses, si quieres gritar, hazlo… incluso llora. Yo estaré siempre para ti.

Me siento al lado de mi dama para tomar su rostro y besarla, esta vez con suavidad para no acelerarme de más. A Zelda solo quiero demostrarle un oasis de protección en el que sentirse segura, no hostigarla con mis malestares o miedos… mucho menos lágrimas, pues no las tengo. No importa lo mal que esté, no puedo llorar.

Al parecer estoy más bloqueado de lo que pensaba, y ahora más con la aparición de esa mujer. Siento que ella tiene algo que me pertenece desde hace mucho tiempo… algo muy valioso.

- Link… – habló Zelda, consternada. – ¿Crees que el lobo es nuestro enemigo? Él nos trajo hasta este problema.

Por ese instante en que lo vi mirándonos a las afueras de la fuente del valor, lo pensé, pero ahora me retracto. Siento inocencia en su mirada, integridad en sus acciones, no puedo ni quiero creer que desee hacernos daño.

- No, Zelda, el misterioso lobo no es enemigo. – afirmé seguro. – Él me salvó la vida. De no ser por él, Astor…

En ese instante recuerdo al ex canciller y todas sus confesiones, las más terribles que pude haber escuchado… Las que no puedo guardar más. Sé que lastimaré terriblemente a Zelda con esto, pero por amor a ella no puedo mentirle.

- Zelda… Como te dije en la región de Tabanta, me encontré con Astor, quien me estuvo esperando para matarme, pero el lobo lo impidió. – dije, sacando valor para continuar con mi relato. – Antes de eso, él me hizo algunas revelaciones… sobre tu madre.

El rostro de Zelda palidece más al escuchar sobre su mamá. La reina es sagrada para ella, y sé que por todo el amor que le tuvo y el horror de haberla perdido, le afecta recordarla.

- No quisiera...

- Sigue, Link. – dijo Zelda. – Siempre tuve dudas sobre la supuesta fidelidad de Astor a mis padres, sobre todo a mi madre. Por más duro que sea, necesito saber.

- ¿Conoces el origen de tu madre? – pregunté, para saber desde dónde relatar mi historia.

- Yo sé cómo se enamoraron mis padres, Link, ella me lo contó. – afirmó Zelda. – Y desde ese día nombraron a Astor como canciller, mucho más por la amistad que tenía con mi madre desde niños, y por eso mi padre lo acogió como tal.

- Pero lo que quizás no sepas… es que Astor siempre estuvo enamorado de tu madre de una manera malsana. – dije, mientras la sorpresa se arrimaba a los ojos de Zelda. – Y se llenó de celos, de rabia cuando ella eligió al rey y no a él. Por eso… la asesinó.

El silencio se apodera de manera tan desgarradora de nosotros que ni siquiera escuchamos la respiración de cada uno. Me siento aterrado de no ver ninguna reacción en Zelda.

- Eso no puede ser…

- Él mismo me lo confesó, princesa. – respondí impactado. – Le dio a tu madre unas infusiones nocivas que poco a poco comenzaron a debilitarla cuando estuvo embarazada de ti, sin embargo, su fortaleza le permitió resistir hasta tu nacimiento.

- Pero… – Zelda quedó sin aliento, mientras las lágrimas resbalaban sin control por sus mejillas. – Mi madre no murió al tenerme, sino años después. Las razones fueron desconocidas…

- Astor las provocó por los malditos celos de no haber sido elegido por ella como esposo. No sé de qué otras bajezas se habrá valido para acabar con la reina por completo, pero él es responsable. – dije. – Zelda, todo me lo confesó con descaro, con complacencia, pues dijo preferir ver a tu madre muerta que junto a otro… Incluso me confesó cómo se deleitó con la muerte de mi padre y el tuyo. Él reconoció ser el traidor que intervino en la llegada del Cataclismo.

- Maldito Astor… Maldito Ganon. – dijo Zelda, temblando y hablando con dificultad.

La tomo en mis brazos para tranquilizarla, mientras el arrepentimiento me gana, pues quizás nunca debí abrir la boca.

Perdóname, princesa.

- Tranquila… – expresé dolido, abrazándola con todas mis fuerzas.

- Mamá… ¿Dónde estás?

Puedo volver a sentir tu dolor…

*.*.*.*.*

Vi a la princesa salir corriendo a los jardines, y está lloviendo a cántaros. Todos lloraron en el funeral de la reina, menos ella y el rey. Incluso yo también me puse a llorar, pues no solo recordé la partida de mi mamá, sino porque mi señora Selene siempre fue muy buena conmigo; tenía una caricia amigable para mí, me contaba cuentos en las tardes de juego con Zelda y me regalaba postres para después de mi entrenamiento.

La voy a extrañar…

Salgo camino a los jardines para buscar a Zelda, hasta que finalmente la veo arrodillada en el césped y abrazada a su compañía de siempre, quien solo busca consolarla.

- Zelda…

Sé que me ha escuchado, pero es incapaz de mirarme… las gotas de lluvia se entremezclan con las lágrimas de sus ojos.

- Mamá… ¿Dónde estás?

Me agacho a abrazarla, sin decir nada. Solo quiero que sienta que estoy con ella, que conmigo puede llorar, pues no la voy a regañar como el rey, o como mi papá lo hace cuando no quiero entrenar.

- Te quiero, Zelda… Siempre estaré contigo.

De todas maneras… tiempo después rompí mi promesa.

*.*.*.*.*

No bajo la fuerza de mi agarre hasta que Zelda se queda dormida.

Me arrepiento… me enfurezco conmigo mismo por haberle provocado este dolor, pero quise ser honesto con ella y que esté anticipada para cualquier daño que el infeliz de Astor quiera hacerle.

La acomodo en la cama y me acuesto a su lado, sin dejar de abrazarla. Puede ser que no pueda llorar, pero mi corazón sangra al sentir todo el dolor que a ella la ahoga.


Me despierto tomado por la ansiedad. Mi corazón palpita aceleradamente, mientras me levanto de golpe al sentir una sensación extraña… y poco después descubro por qué.

- ¿Tú?

El lobo ha regresado y ahora se encuentra haciéndonos compañía en esta celda. Me mira fijamente. Sigue transmitiendo seguridad y confianza, por lo que me niego a creer que quiera hacernos daño.

- ¿Qué quieres, lobo? – pregunté, bajándome de la cama. – ¿Por qué nos trajiste hasta acá? Por tu culpa estamos encerrados.

El animal mueve más su cola, mientras saca su lengua de manera amigable. Después se da la vuelta y se comienza a escarbar en una de las esquinas de la celda.

- ¿Qué haces?

El lobo, sin entender cómo, ha formado un agujero en el suelo, por donde ingresa con mucha facilidad. Al acercarme puedo percibir el frío del viento, descubriendo que se trata de una salida.

En primer lugar, quiero despertar a Zelda para huir de aquí, pero lo pienso mejor y decido seguir yo primero, pues si se trata de una trampa prefiero ser yo el perjudicado.

Ingreso al agujero que me lleva a la salida de la celda, encontrándome con la arena a mis pies y la luna adornando la noche. He llegado a las cercanías del mar… y no es un sueño.

Veo al lobo a la distancia, por lo que comienzo a perseguirlo, y como siempre, este corre a toda velocidad.

- ¡Espera!

Sigo con mi camino, sin importar si el aliento se me va acabando. Sin embargo, me detengo de golpe, pues una sensación conocida regresa a mí…

Los malditos dolores de cabeza.

- ¡Ahrg!

Caigo de rodillas en la arena, mientras ese conocido dolor de cabeza regresa a mí… acompañado de las carcajadas de mi hermana y su melodía favorita, las que tanto dolor me causa escuchar.

Al mismo tiempo siento que alguien me observa… y no me refiero al lobo.


Comentarios finales:

Hola, espero que se encuentren bien.

Disculpen que no publiqué la semana pasada, pero estoy con mucho trabajo y el fin de semana terminé muerta de cansancio. De todas maneras, ustedes saben que si no publico un Lunes, lo haré en el siguiente. Por suerte, cuento con amigos y lectores que siempre entienden.

Bueno, este capítulo fue raro, lo reconozco, pero es el inicio de algo grande. La Saria que aparece aquí es distinta a la que se conoce, pero llevando la juventud física, como la original, solo que aquí no es una niña. Se sabe la misión de ella, pero no lo que está protegiendo. ¿Qué creen ustedes que pueda ser? A tal punto que actúe agresivamente contra Link y Zelda. Me gustaría conocer qué clase de teorías se han armado en su cabeza, sin embargo, los misterios serán despejados muy pronto.

Link ya ha revelado a Zelda la confesión de Astor, cosa que le afectó mucho. Pero tal y como dije, la venganza del ex canciller no ha sido del todo contada, aún hay más cosas que ambos se irán enterando.

La verdad del pasado está cada vez más cerca de descubrirse.

Ahora, hagamos un punto aparte para hablar de las nuevas noticias sobre la secuela de BOTW.

A decir verdad, me decepcionó un poco el saber que el juego se pospuso para Marzo - Mayo del 2023, pero al mismo tiempo es algo que no me sorprende, y de alguna manera nos beneficia, ya que eso garantiza tener un juego de calidad y una historia inigualable, y corregir los errores de la primera entrega. Link es todo un dios griego, me encanta como se lo ve, y es fascinante esa relación que va a haber con el pasado y el presente, con el cielo y la tierra. Dicen que la historia se va a relacionar mucho con la tribu perdida de los Zonnan, pero aun así nada se sabe. Tantas teorías nacieron de la parte uno de juego y aun así muchas no se cumplieron.

En fin, la espera será algo larga, pero valdrá la pena. Y tengo pensado hacer un oneshot corto o mediano relacionado con los tráilers, pero será sorpresa. Además, no sé si dejarlo para cuando salga un tráiler que dure un tiempo decente (los microsegundos que nos han regalado cada tres años no cuentan mucho).

En fin, muchas gracias a todos por leerme y por sus hermosos comentarios.

Un abrazo ^^