Capítulo 36: Pruebas del corazón

Cada día Zelda y yo nos acercamos más, lo que provoca que mis sentimientos por ella sean distintos, ya no solo de respeto, amistad o simpatía. Es algo parecido a lo que sentí de niño, pero mucho más intenso y maduro, una atracción que me recorre el cuerpo hasta dejarme sin poder dormir en las noches, mientras mi corazón late con prisa.

Fui a saludar a papá a su despacho, pero según me dijeron salió con el rey a realizar visitas a los distintos cuarteles del reino. Siempre está ocupado, pero lo entiendo.

Decido ir a buscar a Abril, que sé que ha salido ya de sus clases. Trato de hacerle la mayor compañía posible porque lamentablemente no convive con muchos niños, pues es la más pequeña de los hijos de todos los miembros de la guardia real. Su única compañía ha sido Zelda durante mis años de ausencia, y ahora yo. He aprendido a quererla con el paso de los días y deseo que siempre esté bien.

Ha pasado bastante tiempo desde que tuvimos ese respiro en el mar, luego de eso regresamos al presente, a seguir en la lucha de evitar que Ganon destruya nuestro reino, pero la princesa aún no logra despertar su poder, por más que se esfuerce… me llena de impotencia ver en su rostro tristeza, frustración y no poder hacer nada. Va a terminar enfermándose si sigue orando sin cesar en esas frías fuentes.

¿Por qué la Diosa le somete a algo como eso? Aunque la misma pregunta la hago a veces por mí, sobre todo desde que encontré la espada… en ese espeluznante bosque. Es difícil olvidar todo lo que vi y sentí esos días.

Llego al jardín donde sé que Abril está tocando su ocarina. Por suerte, ya se le quitó de la cabeza la idea de que ella tuvo la culpa de la muerte de mamá, y parte de eso es porque detuve las habladurías. Enfrenté a la mujer que anda interesada en mi padre y le exigí que detenga sus comentarios o se lo diría al rey; por supuesto, lo negó todo, pero sé que mi advertencia la dejó sin ganas de volver a meterse en chismes. No me sentí bien de tomar esa postura, abusando un poco de mi rango, pero por proteger a los que quiero soy capaz de eso y más.

- ¡Link! ¡Hermano!

Abril está sentada en el jardín con su ocarina en la mano y un libro abierto, seguramente uno de los cuentos que papá le narra… Parece que me espera una larga tarde de charla.

- Hola, Abril. – pregunté una vez llegué junto a ella. – ¿Cómo estuvieron las clases?

- Aburridas, el momento más feliz es cuando terminan. – dijo ella, bufando de frustración. – La única clase que me gusta es la de música, pues ahí puedo practicar con la ocarina. Ya toco perfecto la canción de Saria.

- ¿De Saria?

- Saria es el personaje principal del libro que estoy leyendo. – dijo Abril, animada. – Ella era la líder del grupo de los niños del bosque Kokiri, y lo más impresionante es que siempre se mantuvo niña, nunca envejeció. Me encantaría que me pase eso.

- ¿Quieres ser una niña toda la vida?

- Sí… – respondió, algo desanimada. – Crecer es muy difícil.

Me da risa que diga algo como eso, pero me contengo para que no sienta que disminuyo sus sentimientos.

- ¿Por qué dices eso?

- Porque la princesa siempre está desanimada por no despertar su poder, papá siempre está serio y ocupado y tú pasas de viaje o entrenando. – respondió apenada.

- Abril, mi deber es acompañar a Zelda y cuidarla, eso ya lo sabes… – respondí serio. – Estamos haciendo todo lo posible para derrotar a Ganon.

Mi hermana se mantiene en silencio por unos segundos, hasta que sonríe de una manera que me pone nervioso.

- ¿Ya le dijiste a Zelda que te gusta?

- ¿Ah?

Su pregunta provoca que me ponga demasiado nervioso, aunque lo evado, como todas las emociones que me embargan. Sé que ella tiene razón, Zelda me está gustando demasiado y eso me preocupa, pues nunca antes había sentido nada por ninguna mujer, a pesar de que siempre me dio curiosidad. Varias veces escuché, entre mis compañeros de guardia, sus aventuras con varias mujeres, sintiéndome tan ajeno a eso… ahora me da ansiedad sentirlo, pero no de una manera fugaz o malsana, sino todo lo contrario.

- Yo no estoy enamorado de Zelda.

- ¿Yo dije la palabra "enamorado"?

Abril me mira de peor manera, intimidándome más. En serio, me preocupa demasiado lo inteligente y madura que esta niña para su edad. No sé si los libros que lee influencian en algo. Ya voy a averiguar con la maestra qué clase de textos les permiten leer a los estudiantes.

- ¡Bueno, ya! – grité avergonzado y sonrojado. – ¡No preguntes tonterías, niña!

- Por eso no voy a crecer, su vida es demasiado complicada. – se quejó. – Quiero ser para siempre como Saria.

Tomo el libro para ver cómo es la dichosa Saria. Es una niña bonita, vestida de verde, cabello del mismo color y ojos azules. Verla me provoca reírme de mi hermana por pensar que se parece a ella.

- Para nada te pareces a…

Me callo al ver la nueva imagen de mi hermana. No sé en qué momento se colocó encima ese vestido verde y se puso esa peluca, del mismo color, tan graciosa.

- ¿Ahora si me parezco a Saria?

- ¿Bromeas? – pregunté riéndome. – Se nota tu cabello rubio en las puntas… ese color no te queda bien.

- ¡Me queda hermoso! No seas amargado. – se quejó sonrojada.

Mi hermana me permite evidenciar la niñez que no pude vivir…

*.*.*.*.*

A veces no sé si mi memoria regresa en los peores momentos o en los más oportunos, pero siento, más que una angustia o incertidumbre, un alivio enorme por saber esta verdad, al mismo tiempo que no entiendo nada de su origen.

La hermana que creí perdida en el Cataclismo está viva, pero con el misterio de un físico de una mediana edad después de todo el tiempo que ha pasado. Sin embargo… no entiendo la razón de su anonimato, de su maltrato hacia mí.

Por primera vez en mucho tiempo siento humedad en mi rostro, pues he llorado. ¿Por qué? ¿Por descubrir que la hermana que tanto amé está viva? ¿Por qué me ocultó la verdad de su origen?

- Abril…

El mencionar su nombre provoca que "Saria" llore más y me abrace con fuerza, cosa que inicialmente no correspondo debido al impacto que me embarga… pero, aunque tenga un cuerpo adulto, experimento de nuevo la misma sensación de hace cien años cuando la abracé tantas veces, sobre todo la primera vez.

*.*.*.*.*

Por más que mi padre intente disimularlo, la emoción de verme de nuevo es muy evidente. Él, personalmente, me esperó en la entrada del palacio para recibirme con esos abrazos tan cálidos que siempre tiene para mí cada vez que me ve. Llegué solo, sin los pocos compañeros con los que aprobé este duro entrenamiento, pues sé que el General quería pasar ese momento con su hijo.

Me bajo de la carroza y ahí estaba él, esperándome con los brazos abiertos.

- Bienvenido, hijo.

Me abraza con fuerza, lo que le correspondo. Desearía tanto que mamá hubiera estado aquí para recibirme… pero eso nunca será posible. Hace tiempo enterré ese dolor en lo más profundo de mi memoria, lo que aprendí en estos largos y sacrificados años de entrenamiento.

- Gracias, papá. – dije, dando una reverencia. – Es un gusto volver a verte.

- A partir de ahora este vuelve a ser tu hogar. – dijo animado. – Vamos, tu hermana te está esperando ansiosa.

Me siento raro de volver a ver a Abril. ¿Cómo se verá? Papá dice que se parece a mamá, a pesar de que su cabello es como el de él. La última vez era una bebé a la que tuve en mis brazos.

Mientras camino por los pasillos, siento que alguien me observa, sin embargo, al voltear mi mirada, la cortina de mi izquierda se mueve, pero no veo a nadie. ¿Acaso será ella? No… no es posible. Ella no quiso hablar conmigo todos estos años, así que no tendría ni la más mínima curiosidad de mi regreso.

Zelda…

Vuelvo a la suite en la que viví con papá y Abril desde que llegamos al palacio en aquella noche lluviosa. Todo sigue casi igual, sobre todo el cuadro de mamá encima de la chimenea, tan hermosa. Muchas veces pienso que mi padre podría rehacer su vida, pero al parecer él no ha querido. Aún conserva en su dedo anular su anillo de matrimonio, como si siguiera casado con ella.

- Tu abuelo vendrá más tarde a verte. – dijo mi padre. – Y le he seguido insistiendo que venga a vivir con nosotros… pero ya lo conoces. Él sigue aferrado a los recuerdos de esa casa.

- Lo sé, todos estos años que fue a visitarme a la fortaleza me lo dijo, cuando llevaba el nuevo surtido de armas para nuestros entrenamientos. – dije apenado. – A su edad, es mejor respetar su decisión.

- Así es… – afirmó mi padre, haciendo una pausa. – ¿Sabes? Tu habitación está igual que como la dejaste, pero podemos hacerle cualquier cambio que desees.

- Papá… – ya sabía a dónde quería llegar con la conversación. – Ya sabes que no voy a vivir aquí. Lo haré en la cámara de la guardia real como todos, pues soy un soldado del reino. No quiero que de ninguna manera se me trate con privilegios por ser tu hijo.

- Lo sé, y fui el primero en inculcarte eso… pero aun así, este siempre será tu hogar.

Unos pequeños pasos interrumpen la conversación con mi padre junto con un suave tarareo. Frente a mí ha llegado una pequeña niña de seis años, cabello rubio, ojos azules y una sonrisa que me cautiva… idéntica a la de mamá. Me la imaginé de tantas maneras, pero jamás así, tan dulce y encantadora.

- Abril… Link está de regreso.

Le sonrío, pero me siento nervioso al no saber cómo reaccionar, pues no estoy acostumbrado a tratar con niños. Sin embargo, ella demuestra la inocencia de su alma acercándose a mí para abrazarme, cosa que me deja impactado, pues hace tiempo que perdí esta espontaneidad de demostrar mis sentimientos. Me agacho y le devuelvo el abrazo, mientras siento una calidez agradable.

- Hola, Abril. – la saludo, acariciando su cabeza. – ¿Qué grande qué estás? ¿No te acuerdas de mí?

- Te veo todos los días en foto, hermano, así que sí me acuerdo de ti. – dijo sonriente. – ¿Me llevas de paseo a la ciudadela? Quiero que pruebes el flan que tanto me gusta.

- ¿Ah? ¿Ahora?

Abril sale corriendo de la suite, y cuando me dispongo a seguirla, mi padre me detiene.

- No la dejes sola, pues le encanta subirse a las piletas a caminar. – dijo preocupado. – Siempre ha prometido demostrarte que puede hacerlo sin caerse, y una vez ya ocurrió y no sabes cómo lloró…

No permito que mi padre termine su frase, pues corro detrás de Abril. Parece que tendré que lidiar con una niña bastante revoltosa.

*.*.*.*.*

Hoy me vuelvo a encontrar contigo, hermana, y de nuevo me recibes con un abrazo espontáneo, pero ahora es tan dulce y amargo que no puedo asimilarlo ni corresponderlo.

Abril se separa de mí, aun con lágrimas en los ojos, mientras me mira de arriba hacia abajo.

- Ahora entiendo por qué quedé tan impactada el día que te vi… – dijo impresionada, tapando su boca con sorpresa. – Eres tú, Link… mi hermano. Y estás vivo… vivo.

Limpio mis lágrimas, pues la impresión no me permite seguir demostrando mi vulnerabilidad. No puedo olvidar cómo me engañó y nos trató a Zelda y a mí por todo este tiempo, como unos mentirosos, cuando ella fue la más farsante de todas.

- ¿Por qué, Abril? – pregunté con reproche. – No sé qué más preguntar, pues eso encierra tantas dudas que tengo… Quiero gritar, reclamar todo lo que descubrí, pero no tengo fuerzas.

- Te lo diré todo, Link… pero abrázame. – pidió llorando. – Hazlo por la maldita noche que no volví a verte nunca más, cuando el castillo y el reino se hacían trizas… hazlo tan fuerte como mi padre lo hubiera hecho cuando me rescató de la destrucción, como mi abuelo cuando huyó conmigo.

¿Qué? ¿Mi abuelo?

Abril vuelve a abrazarme… y ahora le devuelvo el gesto con fuerza e intensidad, pues no puedo soportar más reprimir todo lo que siento. Abrazo a esta mujer y siento a la niña que tanto quise, a la que prometí a mamá cuidar para siempre.

Las olas del mar golpean la arena, mientras el sol se separa del borde del horizonte. Nadie más que su suave sonido nos ha acompañado en este reconocimiento.

- Vamos a casa, te contaré toda la verdad… y espero que me perdones.

No sé si esté listo para conocer todos los secretos de este descubrimiento, pero yo mismo lo provoqué al adentrarme a lo más profundo de ellos. No hay marcha atrás.

- No puedo creerlo…

La llegada de Zelda me hace evadir mi impacto de manera temporal. Mi hermana me suelta para ahora acercarse a ella y tocar su rostro, mientras la mira con impacto. A diferencia mía, Zelda no hace preguntas, solo sonríe suavemente a medida que las lágrimas caen por sus mejillas.

- Pequeña Abril…

- ¿Cómo pude ser tan tonta, princesa? – preguntó consternada. – ¿Cómo no pude reconocer esa mirada tan pura con la que crecí mientras esperaba el regreso de mi hermano? Lo lamento… Lo lamento tanto.

- Has sufrido tanto, Abril… solo deshazte de todo este dolor acumulado por años.

Zelda es tan sabia y prudente, a diferencia de mí, que soy tan impulsivo y a veces bloqueado en mis emociones. Ella no le pregunta a Abril las razones de su actuar, quiere que ella misma se desahogue.

Ahora es tan diferente a como era en el pasado…

- Vengan conmigo…

Abril nos toma de la mano a Zelda y a mí, causando en mí una sensación demasiado familiar.

- Nos tomas de la mano igual que cuando íbamos a los festivales. – dijo Zelda, emocionada.

Y ahí recordé esa escena, Abril en medio de los dos, cuando la llevamos a los juegos del festival, hace más de cien años.

Nos disponíamos a seguir con nuestro camino, hasta que una imagen frente a nosotros nos detuvo…

- ¿Qué? – expresé contrariado. – Pero si es…

- Tristán…

El misterioso lobo gris ha regresado a nosotros, y esta vez corre a los brazos de Abril, quien se agacha a abrazarlo. Zelda y yo miramos con sorpresa la relación entre ambos, lo que demuestra que ya se conocían.

- ¿Dónde estuviste todo este tiempo, Tristán?

- ¿Conoces a este lobo? – preguntó Zelda.

- Me ha acompañado desde hace años… pero hace meses desapareció sin explicación. – respondió ella. – Él forma parte de toda mi historia.

Continuamos con el camino a la casa de Abril, mientras mis pies solo se mueven por inercia… Mi impacto no me permite pensar.


No puedo dejar de mirar a Abril… Ella solo sostiene mis manos, mientras sus ojos, tan azules como el mar, me demuestran que la misma inocencia de hace cien años, a pesar del dolor del pasado, vive en ellos. Esa era la respuesta a esa mirada tan intensa que tenía para mí, los que se entremezclaban con fastidio.

No sé cómo sentirme con todo esto. ¿Feliz? ¿Triste? ¿Enojado? Sigo en un estado de impacto que me consume.

- Todo tiene una razón, Link… y ahora soy yo la que te pide que me creas todo lo que voy a contarte.

Zelda y yo la miramos, sin decir nada, para después fijarnos en el lobo, quien yacía acostado al lado de Abril, mientras esta lo acariciaba.

- ¿Cómo es posible que sigas viva? – pregunté temeroso, con mi cuerpo temblando. – ¿Estuviste en letargo como yo? ¿Sellada como Zelda?

- Preguntas a las que tengo muchas respuestas…

Abril lanza un suspiro, mientras yo muero por conocer todas las respuestas…

- Hace cien años, cuando inició el Cataclismo, yo estaba jugando con mi abuelo en nuestra casa del castillo. – comenzó a relatar. – Y a los pocos minutos que se dio ese temblor espantoso, la señal del despertar de Ganon, papá nos llevó por un pasadizo secreto. Yo no quería irme, mi abuelo no quería abandonar a papá, pero él nos obligó a gritos, furioso. Me dio un beso… Y esa fue la última vez que lo vi. Sé que ese día murió, pero no sé cómo.

- Murió defendiendo al rey…

- ¿Lo recuerdas ya? – preguntó Zelda.

No dije nada, demostrando que no recordaba eso, pero lo sé porque Astor me lo confesó, y desde ese momento tengo eso grabado en mi mente con sangre.

- El abuelo y yo llegamos a la aldea Hatelia, único lugar al que el Cataclismo no alcanzó. – dijo Abril, con lágrimas en los ojos. – Ahí me enteré de que esa fue la casa en la que nací, donde mamá murió, y ahora regresaba años después con mi padre muerto, al que lloré sin cesar. Luego de eso llegaron otros rumores, como la entrada de la princesa Zelda al castillo, del que nunca más salió… y de tu letargo.

Mis ojos casi se salen de las órbitas al escuchar a mi hermana, pues por fin, después de tanto tiempo, se estaba armando el rompecabezas de mi desgraciado pasado.

- ¿Sabes cuántos años fui a verte a la Meseta de los Albores? Hasta mis diecinueve años, Link. Siempre fui a visitarte con mi abuelo, quien, a pesar de ser mayor, tenía las energías para estar cerca de ti. Jamás te llevé flores, pues no estabas muerto, solo iba a verte a pedir que despiertes, hablándote en presente, contándote cada una de mis vivencias.

Mi cuerpo comenzó a temblar más, pero Zelda no pudo contener las lágrimas. Creo que ella entiende mejor que nadie el dolor de Abril, pues desde la distancia también estuvo esperando mi despertar.

- Pero cuando cumplí veinte años, me cansé… – continuó ella, apretando sus puños, mientras el lobo se apegaba más a ella. – Me llené de una amargura que no te puedo describir, causándome una depresión y ansiedad tan fuertes que no podía controlar. Desde ese momento te di por muerto, pues estaba segura que vivir de mis ilusiones era inútil, así que dejé de ir a verte. Cada año la entrada del Santuario de la Vida se llenaba de más y más raíces, al igual que mi corazón, además que años después, un derrumbe obstruyó la entrada a la meseta, como efecto del Cataclismo, una razón más para no aferrarme más a ti. Por mi salud, mi abuelo decidió marcharse conmigo de la Aldea Hatelia, dejando todo nuestro doloroso pasado atrás, a pesar de que él siempre te dio por vivo y que ibas a regresar en algún momento.

Abril mira con tristeza la ocarina rota en sus manos, la que ahora ha recuperado su otra mitad.

- Mi ocarina se rompió el día del Cataclismo dentro de mi bolsillo, pero aun así la conservé por mucho tiempo; mi abuelo dijo que no podía arreglarla, mas siempre supe que era solo una excusa para evitar reencontrarse con el dolor de antes. – relató ella. – Sin embargo, cuando nos estábamos preparando para mudarnos, me di cuenta que la otra mitad había desaparecido, y por más que la busqué no la encontré. Lloré como no tienes idea, pero mi abuelo me convenció de dejar las cosas atrás, solo llevándonos lo necesario. Él también dejó parte de sus herramientas, con las que pudo mantenerme por muchos años.

Abril atrae hacia ella la caja que horas antes yo había lanzado debido al impacto de descubrir su secreto, la que tiene un montón de fotos y recuerdos invaluables. Comenzó a sacar cada uno.

- Traje conmigo la pulsera de rubíes de mamá, la que mi abuelo dijo que había hecho para dársela el día de mi nacimiento. – dijo, mostrando la joya, para luego sacar su cadena del cuello. – Y esta cadena con este dije de zafiro me la dio él cuando cumplí doce años, ya me quedaba bien.

- Estas piedras… – dije, tomándolas entre mis manos.

Ahora recuerdo el origen de esas piedras. Yo estuve cuando las encontró. No puedo creer que las tengo entre mis manos. De nuevo la mirada cariñosa de mi abuelo Smith regresa a emocionarme como un niño.

- Mi abuelo abandonó nuestra casa en la aldea Hatelia, sin importar venderla…

- Yo compré esa casa, Abril.

Mi hermana se sorprende ante mi comentario, pero ante todo este relato, tuve que decirlo.

- ¿De verdad? – preguntó sorprendida. – No debiste hacerlo… Esa casa solo trae dolor.

- No trae dolor. Fue la casa donde mis padres vivieron cuando se casaron, donde tú y yo nacimos, es demasiado valiosa. Sus paredes aún conservan el perfume de mamá y por eso la tendré para siempre.

- Link tiene razón… en esa casa solo se respira la calidez de un hogar. – dijo Zelda, sonriendo.

Mi hermana no dice nada, solo baja la mirada… por lo que veo, la huida de nuestra antigua casa no fue lo único por lo que pasó.

- Link, mi abuelo y yo llegamos a esta aldea, cuya playa fue donde nuestros padres tuvieron su primera cita. – dijo Abril, continuando con su relato. – Siempre quise regresar a este lugar no solo por ese recuerdo, sino también por ti, para sentirte más cerca en uno de los momentos más felices de mi vida. – ¿Lo recuerdas?

- Sí… lo recuerdo. – respondí apenado.

- Sin embargo, las cosas no fueron fáciles cuando llegué aquí, pues ahí comenzó mi tortura. – confesó llena de rabia. – Link… antes de seguir con estas tan dolorosas confesiones, hay algo que debes saber.

Presto más atención a lo que Abril va a decirme… y tengo miedo. No sé qué otras cosas debo de seguir conociendo.

- Mi padre, al morir, dejó una gran herencia para nosotros, sus hijos, y una especial para ti por ser el caballero escolta de la princesa y el elegido por la espada. – dijo Abril, causando más impacto en mi alma. – Mi abuelo también fue beneficiado con una pensión vitalicia. Todo lo pudo reclamar después de diez años de ocurrido el Cataclismo. Él fue tutor de esa fortuna hasta mi mayoría de edad, la que se incrementó considerablemente en estos años. Los avances de esta aldea se deben a las inversiones que él hizo, y es por eso que los habitantes me aprecian y respetan tanto, se sienten agradecidos, pues se les devolvió la dignidad perdida hace cien años.

- ¿El general hizo eso? – preguntó Zelda, sorprendida.

- Ese es el legado que he estado protegiendo por toda esta vida, hermano.

Mi padre pensó en nuestro bienestar, incluso muerto… me tuvo presente hasta el día de hoy, después de cien años. Su amor por mí era y sigue siendo infinito.

- Esa fortuna no solo es dinero, Link, sino todos los títulos y conmemoraciones que papá ganó a lo largo de su vida. – dijo Abril, cambiando su mirada apenada a una llena de rabia. – Y eso es lo que trajo el peor lado del Cataclismo, a los carroñeros y ladrones. Llegó el rumor de que "la hermana del héroe elegido por la espada" vivía aquí, lo que atrajo a todos esos impostores que se hicieron pasar por ti.

- ¿Hombres usurpando la identidad de Link? – preguntó Zelda, impactada.

- Sí, princesa. – respondió ella, enojada. – Y hubo un par que, en serio, me hizo creer que Link había despertado de su letargo, y eso terminó por destrozarme. Fue decepción tras decepción. Por esa razón, decidí cambiar mi identidad, todo de mí… Me llamé Saria a mí misma en honor a esa infancia destruida, me transformé por completo y juré proteger la Fuente del Valor, pues era ahí donde siempre llegaban esos malditos para tener más sustento para su teatro, ya que ahí acompañaba a la princesa a orar desde antes del Cataclismo.

Ahora comprendo la desconfianza que Saria, quiero decir, Abril, tuvo cuando nos vio. Después de muchos años pensó ser víctima de un nuevo engaño. Mi ausencia e inutilidad solo causó sufrimiento para mi hermana, quien tuvo que afrontar sola todo el peso de este dolor... mientras que yo solo dormía plácidamente en una cámara oscura.

- Nunca atenté contra la vida de esos impostores, pero sí les hice pasar un buen tiempo de encierro, para luego lanzarlos en medio del bosque sin ninguna pertenencia. Jamás iba a perdonar la crueldad de su falacia, pues mancharon tu recuerdo y prestigio. – dijo ella, soltando más lágrimas. – Pasaron más años y viví una vida tranquila con mi abuelo… hasta el último aliento de su vida.

- Mi abuelo… murió…

Es lógico que a estas alturas mi abuelo esté muerto, nunca tuve duda de eso. Sin embargo, enterarme por Abril de esa noticia me hiere amargamente, pues no pude despedirme de él ni protegerlo.

- Mi abuelo Smith murió con la convicción de que ibas a regresar, pocas veces lloró por ti, pero su fe se mantuvo intacta hasta el final, lo que no fue mi caso. – afirmó. – Con la muerte de él me sentí más sola que nunca, más amargada, y así me mantuve por muchos años más… hasta que conocí a mi esposo.

- ¿Esposo? – pregunté sorprendido. – ¿Te casaste?

Ante esa pregunta, Abril sonríe por primera vez desde que ha contado todo su calvario.

- Mi esposo, Fynn, fue un comerciante con deseos de invertir en esta aldea. – contó, sacando algunas fotografías de la colorida caja. – Al inicio, lo rechacé mil y un veces, pues no me sentía merecedora de amor alguno. Sin embargo, con el tiempo me cautivó y terminé por enamorarme; esa fue mi época de felicidad. Nos casamos, pasó el tiempo y tuvimos hijos; pasaron más años y nos convertimos en abuelos… hasta que me tocó cerrarles los ojos a todos.

El rostro de Abril cambia drásticamente a uno apenado…

- Muchos miembros de mi familia, como mi esposo, murieron por la vejez, pero otros fueron víctimas de enfermedades y epidemias causadas por el mismo Cataclismo. – relató fría. – Con el tiempo me quedé sola, y con eso la depresión regresó a mí. Y fue ahí cuando decidí dejar de comer, de beber para que la vida se me esfumara, por lo que una noche sentí que la muerte iba a llevarme.

Abril baja su mirada hacia el lobo, quien misteriosamente se ha entusiasmado con esa parte del relato. No entiendo nada…

- A la mañana siguiente amanecí con este lobo a mi lado y sintiéndome con una energía que hace muchos años no tenía. – relató ella, sorprendida. – Me levanté y vi la piel de mis manos estirada, y cuando fui al espejo casi me desmayo de la impresión. Era joven de nuevo, había regresado a la etapa de mi treintena, la época en la que conocí a mi esposo. No lo pude creer. Me costó mucho tiempo acostumbrarme a mi nuevo físico, por lo que no salí de mi casa en semanas, pero una vez estuve bien, salí y conté la verdad a todos. Nada cambió con ellos, siguieron cuidándome y protegiéndome como siempre. Eso ya ocurrió hace quince años.

- Este lobo me guio a ti, Abril.

Puedo hablar más después de un tiempo de escuchar todo este relato. No sé de qué mundo será este lobo, pero ahora, entiendo su función, guiarme hasta la reconstrucción de mi vida.

- Tristán no es de este mundo, tal y como lo dijo Zelda la primera vez que lo vimos. – respondí con poco aire en los pulmones. – Él me guio hasta a ti, y al parecer el responsable de haberte mantenido joven.

- Joven para reencontrarme contigo… hermano. – dijo Abril, sonriendo. – Ahora entiendo por qué no morí junto a los míos, pues mi destino era volverte a ver. Espero que ahora entiendas los motivos que me obligaron a actuar como lo hice, por eso pedí como prueba la Espada Maestra, pues solo el héroe puede portarla… Sin embargo, nada fue más valioso y crucial que los momentos que vivimos juntos, pues no están escritos en ningún libro ni leyenda, sino en el corazón.

- Abril…

- Perdóname, Link. – dijo Abril, apenada, para luego mirar a Zelda. – Perdónenme los dos.

De pronto, Abril se levanta y se va del secreto sótano, el lobo la sigue. Yo me quedo con Zelda sentado en el suelo, mientras contemplo las cosas de la caja que encierran todas sus vivencias. La dama toma las fotos y las revisa. Mi hermana anciana con su esposo, hijos y nietos; de más joven, en su matrimonio, fotos con mi abuelo, padre y conmigo. Incluso hay otra…

- Esta foto nos la tomamos en el último festival. – dijo ella, conmovida. – Recuerdo cuánto me pidió tu hermana que le diera una copia, le encantaba y me la enseñaba a cada momento.

- No recuerdo aún ese momento… pero nos vemos felices. – dije apenado.

- Fuimos felices, Link. – dijo la princesa. – A pesar de las frustraciones, de los miedos, de la impotencia, tuvimos fugaces momentos de alegría, cosa que tu hermana enterró por todos estos años para ser fuerte y sobrevivir al dolor de haberlo perdido todo.

- Zelda…

- Ya no sigas reprimiendo nada, Link. – pidió ella, casi como una orden. – Aunque ya no exista la guardia real, es de caballeros también reconocer los sentimientos. Tu hermana ha salido corriendo de aquí porque no tiene como mirarte a los ojos.

- Yo tampoco sé qué hacer…

- ¿Qué dicta tu corazón en estos momentos? – preguntó mi dama, tomando mi mano. – Solo haz lo primero que te nazca.

Salgo corriendo de la casa, sabiendo perfectamente lo que tenía que hacer…


Llego a la orilla del mar y veo a Abril sentada en la orilla y con el rostro escondido entre sus piernas. El lobo se encuentra a su lado, rozando su cabeza en su brazo para consolarla. Sin pensar en nada más me acerco a ella y la obligo a levantarse.

- Link…

La miro por largos segundos, buscando las palabras correctas para expresar todo lo que siento… hasta que me doy cuenta de que hay cosas que no vale la pena pensar.

- He vuelto… Hermana.

Abrazo a mi hermana con fuerza, tanto que las lágrimas resbalan por mis mejillas, de nuevo. Ella solo llora a mares, mientras se aferra con fuerza a mi pecho. Podrá ser mayor que yo en años en esta época, pero la siento como la vulnerable niña que siempre debía proteger para que no se lastime con sus travesuras, la que siempre me presumía tocar la ocarina mejor que yo… el recuerdo más invaluable de mis padres.

- Por fin… regresaste, Link.

No descifro cuánto tiempo nos quedamos abrazados, pero fue el suficiente para que mi alma vuelva a recordar ese pasado enterrado por las cenizas de la destrucción, el que creí irrecuperable.

- Abril…

Quedo enmudecido al verla…

- ¿Qué pasa, Link? – preguntó sorprendida, mientras se limpiaba las lágrimas. – ¿Por qué tienes esa cara?

- Tu cabello…

El cabello de mi hermana ya no es verde, ha vuelto a ser rubio, pero con algunos reflejos más pálidos… blancos. Incluso su piel se muestra algo opaca y con algunas líneas casi imperceptibles.

Abril toma un mechón de su pelo, para después mirar sus manos. El lobo la observa, mientras un pequeño aullido agudo sale de su hocico.

- Siempre supe que nada es eterno…

El intenso aullido de Tristán se escucha con mayor intensidad.


Comentarios finales:

Hola a todos, espero que se encuentren bien.

Ahora sí podemos hablar de todas las locuras que se me han ocurrido en esta etapa de la historia, pero necesarias para que la trama siga su curso. Abril siempre estuvo viva y no es algo que se me ocurrió en el camino, sino desde antes de iniciar esta historia (hace más de un año). Desde que vi la imagen de la familia de Link en el libro "Creado un héroe", se me vino la idea a la mente. Solo se puede visualizar en la versión japonesa, en las otras omitieron eso y no entiendo por qué, pues es sumamente valioso, solo se menciona la casa donde vivieron Link y su padre. La imagen enseña a Link con su hermana y abuelo, y al lado otra con un hombre más joven, parecido a Link, y a una mujer. Muchos creen que el hombre junto a él es su padre, pero no es así, pues se nota que es un herrero, mientras en el canon se sabe que el papá de Link era un soldado.

Usé varias referencias para el encuentro de Link y Abril:

- El encaje de las partes de la ocarina: La referencia tomada fue de una escena de la película "Anastasia", la que siempre me hace pensar en BOTW, ya que iniciamos con una protagonista desmemoriada luego de un regicidio (matanza de un rey o miembro real). Tomé la parte en la que la princesa le enseña a la abuela la cadena de su cuello, la que siempre usó desde que tenía memoria. La anciana, buscando a su nieta, se encontró con un montón de impostoras que solo estaban atrás de su recompensa, así que, al reconocer a la princesa, a la que creyó la mejor de las actrices por su terrible parecido, con algo tan íntimo y personal como la caja musical y el mensaje de "Juntas en París" fue algo impresionante para ella. Abril pedía la espada como única prueba, olvidando que Link poseía cosas más valiosas para demostrar su identidad, los momentos vividos solo entre los dos.

- El escenario de la playa: Esto es, más que todo, un guiño a la Abril de WW, pues ella vive en una isla, ama el mar y las gaviotas, así que qué mejor sitio que ese para reconstruir su vida. Incluso el DLC del juego permite tener la túnica azul que Link usó en el juego antes de que la abuela le dé el traje del héroe. La ocarina reemplaza al catalejo que a ella le gustaba usar.

- Las piedras de las joyas son parte de un recuerdo de Link con su abuelo (capítulo 14), espero que se les haya venido a la mente. Lo tenía para este momento… aunque aún falta otro detalle. ¿Cuál será?

- La juventud de Abril es referencia a la eterna infancia de Saria… pero como ya se dieron cuenta, algo ha ocurrido de manera inevitable.

No tengo más que decir que agradecer por haber llegado hasta aquí. Para ser honesta, temí llegar a esta parte de la historia, pues el manejar la "resurrección" de alguien es complicado, pues puede ser el inicio de algo magistral o de un desastre, espero que haya sido lo primero. Aun así, sin importar la percepción, deseaba hacer esto como camino para que Link sane con su pasado y culpas. Me siento satisfecha.

Me parece mentira que este sea el capítulo 36 y que ya llevo más de un año con esta historia, que está más del lado del final que del inicio. Aparte de mi voluntad, eso se los debo a ustedes, pues como saben yo escribo por y para ustedes.

La próxima semana no habrá capítulo, pues me iré de viaje con mis primas a la playa y como yo conduciré tengo que estar concentrada en eso, así que la próxima publicación llegará el Lunes 2/05, y coincidentemente ese día es feriado por el día del trabajador y al día siguiente inician mis vacaciones (15 días), así que aparte de escribir me dedicaré a descansar y ver si me sale algún paseo o viaje por ahí. De todas maneras, cualquier cambio lo avisaré con anticipación.

Para esas semanas de descanso les tendré una sorpresa ajena (un poco) a esta historia.

De nuevo, muchas gracias a todos por su apoyo y por haberme acompañado a esta parte tan crucial de la historia.

Un abrazo

Artemiss