Capítulo 38: Verdad ensombrecida
Dolorosas son las lágrimas, mas el dolor se mantiene silencioso en los rostros de desolación por la eterna despedida.
Cuando Link trajo a Abril en sus brazos, todos los habitantes no tardaron en organizar el escenario para darle el adiós, como si desde antes ya hubieran tenido todo listo para este momento. Y debe ser así, pues desde hace días ellos estaban tristes, silenciosos, además de que la han acompañado dos veces en el camino de su envejecimiento. Ya estaban preparados desde hace tiempo.
Nos encontramos en el cementerio de la aldea, todos vestidos de negro, Link y yo tomamos prestada la ropa de Abril y de su esposo para estar acordes a la ocasión.
Abril se encuentra con un rostro tan calmado, lleno de paz. Sin duda alguna, el reencontrarse con Link le permitió llenar todo el vacío de su corazón y sacar la amargura en su alma que por tantos años la acompañó. He llorado mucho por su partida, lo sigo haciendo con el debido decoro, pero no sé qué estará pensando mi caballero. Temo que esta pérdida le provoque sentimientos insanos que no le permitan tener paz, aparte de la que ya le falta.
Lo he dejado solo el suficiente tiempo ante la tumba de su hermana para que se despida de ella, para que le diga todo lo que siente sin las miradas de otros; pero ahora he decidido acercarme para abrazarlo, sin decirle nada.
Link, sin voltear, toma mi mano, y yo lo abrazo más para ayudarle a soportar este desconsuelo.
- Zelda… – habló Link. – Ya es momento de enterrar a mi hermana.
- ¿Estás seguro? – pregunté preocupada.
- Sí… no quiero retrasar más esto.
Pido a los habitantes del pueblo que inicien la ceremonia de despedida, donde hicieron homenaje a toda la vida de Abril, a su familia y por último a Link, a quien ella siempre estuvo esperando y defendiendo su memoria, hasta que se pudieron reencontrar.
Una vez finalizó la ceremonia, enterraron a Abril cerca de los seres que más amó en vida, su esposo, sus hijos, nietos y abuelo. Puedo entender lo que ella sintió al perderlo todo, pues así ocurrió en el Cataclismo. Muchos perdimos lo más importante de un solo golpe, con una ráfaga de fuego y destrucción.
Por largos minutos contemplamos la tumba en silencio, hasta que poco a poco los habitantes se despidieron y se fueron, dejándonos a Link y a mí solos. Es en momentos como estos que no sé cómo actuar con él, pues a pesar de que conmigo es protector y cariñoso, también es frío y distante en situaciones así.
- Ya debemos irnos y seguir con nuestra misión. – dijo cabizbajo.
- Link, tomemos el tiempo que necesites para recuperarte. – dije preocupada. – Y yo quiero estar contigo en eso.
- No es necesario, Zelda. – dijo, volteando a verme, mientras tomaba mis manos. – El dolor de despedirme de Abril, aunque no lo creas, me ha llenado de una paz que nunca creí sentir. Es como si hubiera podido darle el adiós a mi padre, a mi abuelo, a todos los que amé en mi pasado.
- Link…
- Aún tengo muchas cosas que recuperar de mi vida, pero la base de todo, mi origen, ya está resuelto. – dijo sonriendo. – No podemos dejar que Ganon aproveche esta pequeña guardia baja en la que nos encontramos.
- Eres admirable... – dije impactada.
- Y tú más por seguir a mi lado en todo momento.
Suelto algunas lágrimas mientras lo abrazo con todas mis fuerzas, cosa que él me corresponde. Estas acciones de Link me hacen tener presente las razones por las que lo amo y me siento tan segura a su lado.
Ambos vamos a continuar con nuestra vida.
Una vez alistamos todas nuestras pertenencias, los que se encargaban del cuidado de Abril le hicieron entrega a Link de algunas cosas importantes y sorpresivas, pero que ahora le pertenecían.
Hoy es dueño de todos los bienes de su hermana, como su casa y la parte de la herencia que le correspondía, sin contar lo que le pertenece a él. Incluso le pidieron que, al terminar su misión, viva en su casa, cosa que Link dijo que iba a pensarlo… ¿Qué decisión tomará?
Una vez listos, nos despedimos de los habitantes con una mezcla de alegría y pesar.
- Antes de irnos a la Aldea Kakariko, quiero que vayamos a otro sitio. – dijo Link.
- ¿A dónde? – pregunté curiosa.
- Ni yo mismo lo sé, pero es algo que mi hermana dijo que es para los dos.
¿Para Link y para mí? Eso si no me lo esperaba…
No dije nada más, solo permito que Link me lleve a ese misterioso lugar.
Por lo que recuerdo nos encontramos en el Monte Rízor… pero nunca esperé descubrir algo como esto, o más bien recordarlo. No sé cómo pude haber olvidado que en este sitio está el tan conocido lago con forma de corazón; siempre quise visitarlo, pero por un motivo u otro nunca lo hice.
- ¿Conoces este sitio, Zelda? – preguntó Link, confundido. – ¿Por qué Abril me habrá pedido que te traiga aquí?
- ¿Ah? – expresé nerviosa, sin saber cómo manejar esta situación. – Bueno… es que…
Siento como las mejillas me arden y mi corazón late con prisa. Ya tengo más confianza con Link, tenemos una relación… ¿Y no puedo decirle el significado de este lugar?
- Este sitio es para… el encuentro con los enamorados.
Al responder su pregunta el rojo de mis mejillas deja de percibirse… quizás porque ahora lo tiene Link, quien está rojo como un tomate.
- No me hagas caso, es una tontería. – dije avergonzada.
- ¿Por qué dices eso? – preguntó, aún sonrojado, pero serio.
- Seguro piensas que es una cursilería…
Link toma mi mano y juntos nos acercamos al lago de corazón, sentándonos en su orilla. Él me mira a los ojos de una manera estremecedora, la que siempre me mata cada vez que lo tengo cerca. Puede ser que él sepa algo de lo que produce en mi corazón y cuerpo, pero no su verdadera magnitud.
Me sorprende ver que cerca de nosotros se encuentran unas cuantas Princesas de la Calma. No creí que crecerían por aquí, pero recordando como son, sé que ellas lo hacen donde les plazca, pues para eso son libres.
Me impresiono al ver como Link toma una y me la regala. Sus mejillas brillan de lo coloradas que están y eso me parece encantador.
- No me mates por arrancarla, pero no pude evitarlo. – dijo apenado.
- Link… – expresé encantada, tomando la flor.
- Nada de lo que siento por ti es una cursilería, Zelda. – dijo Link, aumentando mi emoción. – No soy un hombre de estos detalles, pero algo en mi corazón me dice que sí lo fui en el pasado y lo quiero recuperar… por eso sé que Abril me guio hasta aquí.
Es cierto. Link, en el pasado, a pesar de ser frío y distante por su condición de guerrero, cuando ya reconoció sus sentimientos por mí, se convirtió en un hombre espléndido. No me importa que no lo recuerde su mente, pues su corazón sí lo hace, por esa razón no se siente incómodo.
- Siempre te he amado, Link. – expresé, acariciando su rostro. – Y más que eso te admiro, hoy más que nunca, por esa valentía y madurez que has demostrado para afrontar las cosas más dolorosas, como la muerte de tu hermana.
- No soy fuerte, Zelda, aún me falta mucho para eso, pero el reencontrarme con mi pasado me ayudó a afincar mi camino para poder serlo. – dijo Link. – Pero, sobre todo, el reconocer cuánto te amo es mi mayor don.
Beso sus labios con calidez, a pesar de que siento el deseo de perderme en ellos… y quizás más que eso. Esta pequeña reunión para evadir la realidad ha sido sencilla, pero maravillosa, es el seguir construyendo nuevos recuerdos con él.
- Te amo, princesa.
- Y yo te amo a ti, Link…
- Quiero seguirte demostrando esto cada día, siempre con la verdad por delante. – dijo Link, algo nervioso. – Por eso, ahora que he reconstruido un poco más mi vida… quiero que sepas algo que he guardado sobre ti por mucho tiempo.
- ¿Sobre mí? – pregunté sorprendida.
- Tu padre me dio algunas cosas para ti… – hizo una pausa, respirando hondo. – Pero creo que lo mejor es entregártelas una vez recuperemos a la bestia divina del desierto.
¿Papá dejó cosas para mí? No puedo creerlo… Mi corazón palpita de ansiedad por conocerlo, pero al mismo tiempo por miedo, pues nunca tuvimos una despedida, nos llevamos peleas y resentimientos por delante.
- ¿Por qué quieres esperar hasta ese momento? – pregunté, tratando de evadir el tema.
- Porque percibo que el desierto es el último sitio del que quieres saber. ¿O me equivoco? – preguntó preocupado. – Te noto tensa cada vez que lo mencionas.
Sí, porque ese sitio esconde la sombra de los recuerdos de alguien a quien quise mucho, la imagen más cercana a mi madre… Por mi culpa, ella… se desvaneció.
- Merezco conocer el secreto de mi padre cuando cumpla con lo que él hubiera querido. – dije, queriendo retrasar lo inevitable. – O al menos, lo más cercano a eso, recuperar a las bestias divinas por completo. Quiero madurar como tú, Link.
- Zelda…
- Gracias por haberme traído a este sitio. – dije sonriendo, mientras acariciaba su rostro. – Ahora más que nunca estoy dispuesta a enfrentar mi pasado.
Link y yo nos pusimos de pie para seguir con nuestro camino.
Tardamos menos tiempo de lo pensado en llegar a los Picos Gemelos, dejando todo el dolor atrás. Link está más tranquilo y eso es lo único que me importa, y desde el sepelio de su hermana no volvió a derramar ni una sola lágrima. Espero que nunca tenga que volver a hacerlo.
Sigo pensando en qué puede ser que lo que mi padre encomendó para mí. Tengo miedo de que sean reproches y soy tan cobarde que no soy capaz de afrontarlo ahora, pues necesito enfocar toda mi mente en la última bestia divina… la que guarda demasiado dolor para mí, y con dos mortificaciones encima no podría.
Nunca me perdonaré el no haber hecho nada por ella. El haberla abandonado es igual que haber decepcionado a mi madre, y eso algo que no puedo soportar.
Hemos llegado a la aldea Kakariko… pero no la siento como tal. El sol alumbra en todo su esplendor y no hay nadie en la calle; los niños no están corriendo, los transeúntes no van de un lado al otro, los negociantes no están atrayendo a los clientes. ¿Qué pasa?
- La aldea ha cambiado mucho. – dijo Link. – Y se siente un ambiente tan hostil, como de miedo.
Link toma mi mano y acelera el paso para llevarme a la casa de Impa, respira agitado, lo que me demuestra que se encuentra en sentido de alerta, incluso ha tomado el mango de su espada. Llegando a la puerta se apresura a tocar.
- ¡Tranquilo, Link! – exclamé preocupada. – ¿Por qué estás tan ansioso?
- Presiento que en cualquier momento algo puede pasar y no me gusta, así que prefiero estar preparado. – respondió Link, tocando la puerta con impaciencia. – ¿Por qué nadie abre? ¿Estarán en casa?
Luego de tocar la puerta por otros segundos más, esta se abre y nos encontramos con Prunia.
- ¡Por fin están aquí! ¡Ingresen, de prisa!
No entiendo por qué se respira tanta ansiedad. A veces siento que peco de ingenua, ciega o tonta.
- ¡Han tardado meses en regresar! – reclamó la Sheikah, mirando a Zelda. – ¿Por qué? ¡No tienen idea todo lo que ha pasado!
- Ha sido mi culpa. – dijo Link, agachando la cabeza. – Tuve algunos percances personales y obligué a Zelda… digo, a la princesa que me acompañe.
- Yo quise hacerlo, Prunia. – aclaré con seriedad. – Link no me obligó a nada.
- Fuimos a la fuente del Valor, pero ocurrieron algunas cosas que nos obligaron a desviar el camino. – dijo Link, preocupado. – Tanto que hasta se nos pasó por alto recuperar ese lugar.
- ¡Cómo sea! – gritó Prunia. – ¡Ya habrá tiempo de hablar de esto! Ahora lo que importa es sacar a Azael de la crisis en la que se encuentra.
- ¿Qué le pasó a Azael? – pregunté preocupada.
- ¡Prunia! ¿¡Qué pasó con la medicina!? – gritó Impa desde arriba. – ¡Azael la necesita!
- ¡Ya voy! – gritó la hermana mayor. – ¡Qué alterada esta mujer!
Creo que tenemos que ponernos al corriente de demasiadas cosas. Link y yo decidimos subir para encontrarnos con Impa y ver qué ha pasado con Azael.
Una vez entramos a la habitación encontramos al Sheikah dormido con varias vendas en el pecho y con compresas heladas para reducir lo que parece una fiebre. Ahora sí me siento más ansiosa. ¿Qué es lo que ha pasado?
- Me alegra que hayan regresado. – dijo Impa, con la mirada entristecida, pero esforzándose por mostrarse fuerte. – Lamento no haberlos recibido como se debe.
- ¿Qué es lo que ha pasado? – preguntó Link, serio y frío. – ¿Por qué Azael está tan herido?
- Este pueblo está totalmente tomado por el terror, Link. – dijo Impa, apretando los puños con rabia. – Regresaron, princesa… esos malditos Yigas han vuelto.
Quizás Link no los recuerde del todo, pero yo sí, los recuerdo muy bien, pues hace cien años varios de ellos estuvieron a punto de agredirme, y de no haber sido por Link no sé qué habría pasado… A pesar de que por ese hecho tengo tanto que agradecerles.
- Han saqueado todos los negocios del pueblo y atemorizado a la gente. – contó Impa. – Y en uno de esos encuentros Azael se les enfrentó y salió mal librado. Lo han herido horriblemente y la fiebre no le baja con nada.
- ¡Ya estoy aquí, hermana! – gritó Prunia, entrando a la habitación. – Con esta medicina tu casi marido estará mejor.
- ¿¡Pero qué dices, Prunia!? – reclamó Impa, avergonzada. – ¡No digas tonterías!
- Mejor no me hagas hablar…
Definitivamente, me he perdido de muchas cosas… Y las tendré que averiguar.
- Impa… – hablé, retomando la seriedad del tema. – ¿Cuál podría ser la razón por la que los Yigas han regresado?
- No lo sé… pero su presencia me hace retroceder al pasado. – expresó la Sheikah, mostrando dolor y malestar en sus ojos. – Vuelvo a ver la sangre de mi familia correr por culpa de esos malditos.
Mortificada, Impa toma de las manos de Prunia la medicina para dársela a Azael. Aunque lo hizo con frialdad, recuerdo la noche en la que me contó cómo perdió a su familia por culpa de los Yigas, y ahora ese dolor ha vuelto a revivir.
- ¿Dónde están Athan y Apaya? – pregunté.
- Fueron a ver ropa a la casa de Azael… – respondió Impa.
- Y cómo que ya se tardaron mucho, ¿no? – preguntó Prunia en un tono bastante extraño.
- Estos muchachos no son conscientes de la gravedad de la situación. – comentó Impa, preocupada. – Espero que regresen pronto.
- Princesa, dejemos que Impa y Prunia atiendan mejor a Azael. – dijo Link, tomando mi brazo. – Vamos abajo.
- Apenas nos desocupemos, conversamos con ustedes. – dijo Impa, apenada.
Link y yo regresamos a la sala, y justo en ese momento la puerta se abre. Apaya y Athan entran a toda prisa… y tomados de la mano. Y apenas nos ven se sueltan con prisa, o más bien es la joven la que se separa.
- ¡Ya están aquí! – gritó Apaya, casi con terror.
- Sí, Apaya. – dijo Link, rompiendo un poco el hielo. – Y ya es la tercera vez que damos esta sorpresa.
- Yo… este… – Apaya, como siempre, nerviosa. – ¡Tengo que ir a ver a mi abuela!
La Sheikah sube a toda velocidad, dejándonos a Link y a mí con Athan. A diferencia de Apaya, el guerrero me recibe con un abrazo, cosa que me hace sentir contenta, pero incómoda, y no precisamente por él, sino porque percibo algo extraño cerca de Link, como si nos estuviera mirando de manera espesa, a pesar de que no puedo verlo. Poco después, el hijo de Azael se acerca a Link y le estrecha la mano, cosa que, aunque muy serio, mi caballero le corresponde.
- Veo que ya hemos superado los celos, Link.
- A mí también me da gusto verte, Azael. – respondió el caballero, forzando una sonrisa.
- Lamento mucho si no se los ha recibido como se debe, pero imagino que Impa y Prunia ya les contaron lo ocurrido con mi padre. – dijo el Sheikah, preocupado. – Es más, trajimos algunas cosas para él para que pueda mejor…
Las palabras de Athan se ven interrumpidas por Prunia, quien baja alterada por las escaleras. De fondo me parece escuchar a Impa y a Azael discutiendo.
- El insensato de tu padre insiste en irse de aquí. – dijo Prunia, molesta. – Dice que prefiere recuperarse en su casa.
- ¡Pero si no se puede ni mover! – se quejó Athan.
- Dice que así sea arrastrándose se irá de aquí.
- No puede ser… – expresó el Sheikah, para luego mirar a Link. – Héroe, ayúdame a llevar a mi padre a casa, por favor. Yo no puedo cargarlo solo.
Link le hace una mueca irónica por lo de "héroe", pero aun así no duda en ayudarlo, ya que es su naturaleza. Prunia y yo nos quedamos solas.
- Tienes mucho que contarme, princesa, así como nosotros a ustedes. – dijo ella. – Pero lo más emergente es la situación del pueblo.
- No entiendo la razón por la que han regresado los Yigas. – pregunté preocupada.
- Seguramente quieren hacerle daño a Impa. – dijo Prunia, seria. – Siempre la han visto como su máxima enemiga por su relación con el antiguo reino, y más ahora que es pareja de Azael. Buscan hacerle daño como sea.
- ¿QUÉ?
Dejo todo decoro y educación ante lo que Prunia dijo. No es algo que debería sorprenderme del todo, pero aun así me impacta.
- Impa lo niega hasta el día de hoy, princesa. – dijo la científica. – Pero yo los he visto estar juntos en varias ocasiones… incluso mi hermana no ha regresado a dormir en las noches y piensa que no me he dado cuenta.
- Vaya… esto sí que ha sido una sorpresa. – respondí. – Pero lo que importa es que ellos estén felices.
- Yo también lo deseo, y me encanta Azael como cuñado. – comentó Prunia, sonriendo. – Sin embargo, son un par de ciegos…
- ¿Por qué lo dices?
- Porque el par de tontos ni siquiera se dan cuenta que en las mismas andan el par de mocosos.
- ¿Quiénes?
- ¿No te diste cuenta? Pues Athan y mi sobrina, Apaya. – respondió ella. – Ese par también está junto.
Eso si no lo esperaba. La última vez que hablé con Athan me comentó que estaba interesado en alguien, pero nunca imaginé que se tratara de Apaya, la nieta de la mujer de su padre.
- ¡No puedo con tanta cursilería! – exclamó Prunia. – El padre y el hijo emparejados con la abuela y nieta, respectivamente.
- A mí… – enmudecí un rato, mientras mis mejillas se sonrojaron. – Si se quieren me parece bien que estén juntos.
- Así como Link y usted, ¿verdad?
- ¿Ah?
- Sí… y no te atrevas a decirme que no, Zelda.
Iba a responder, pero nos vimos interrumpidos por la llegada de Link y Athan tomando a Azael de los brazos. A diferencia de otras ocasiones, percibo en él un aura algo perturbada. No sé si es por lo herido que está, pero no logro ver al hombre despreocupado y divertido de siempre.
- Azael…
- Lamento que tenga que verme en esta imagen, princesa. – dijo Azael, sin mirarme a los ojos. – Apenas esté más recuperado le daré el recibimiento que merece.
- No te preocupes.
- Princesa. – llamó Link. – Apenas dejemos acomodado a Azael, regreso.
Cuando los tres salen de la casa, me doy cuenta de que pronto anochecerá. El tiempo sigue y aún quedan plazos que cumplir.
Poco después, la abuela y nieta bajan por las escaleras, agotadas.
- Pronto anochecerá, princesa, e imagino que se siente cansada. – dijo Impa, apenada. – Y sinceramente yo también lo estoy, por eso le pediría si podemos conversar de todos los pendientes mañana.
- Claro que sí, Impa, me parece lo correcto. – respondí sonriendo. – Hoy descansemos y mañana hablamos.
- Hermana, espero no haya problema si me quedo a dormir. – consultó Prunia.
- Claro que no…
Impa tampoco se comporta de manera habitual. ¿Qué le estará preocupando?
Creo que no podré dormir con tantas dudas.
Solo he dormido un par de horas en esta madrugada.
Link, como siempre, duerme solo en la habitación de Apaya, mientras que nosotras en el de Impa. ¿Qué haría mi Consejera al saber que he dormido con Link más de una vez? Quizás se espantaría y le haría a él un escándalo, a pesar de que… no ha ocurrido nada más allá.
Al no poder dormir, decido salir de la habitación a prepararme una infusión que me ayude a conciliar el sueño, y así no pensar en cosas indebidas sobre Link. Y para mi sorpresa, descubro que la sala no está sola.
No sé cómo no pude darme cuenta de que ella no se encontraba en su cama.
- Impa.
- Oh… – expresó la Sheikah, volteándose sorprendida. – ¿Qué hace aquí, princesa?
- No puedo dormir…
- Al parecer no soy la única.
Sigo percibiendo a la Sheikah intranquila y deseo saber por qué.
- ¿Sigues preocupada por Azael?
- ¿Qué? – preguntó evasiva y nerviosa.
- Impa… sé que estás con él. – dije sonriendo.
- Zelda, si Prunia te dijo algo…
- Mejor dímelo tú…
La Sheikah camina hasta la ventana, dándome la espalda. Sin embargo, yo sigo aquí esperando respuestas.
- Ya lo sabes… pero ahora tengo muchas dudas. – dijo ella, angustiada.
- ¿Dudas?
- Sí, por eso discutimos hoy. – comentó. – Por un momento una duda dolorosa e imperdonable invadió mi corazón, pero él me dijo que…
Impa, de la nada, se queda callada, mientras se posiciona con más ímpetu en la ventana, como si quisiera ver algo con mayor claridad.
- ¿Qué pasa, Impa?
Ella no responde, pues su cuerpo tiembla, no dice nada. Poco después, abre la puerta y se va corriendo.
Me asomo rápido a la ventana y logro ver a Azael a lo lejos, caminando con dificultad, siguiendo el camino a la fuente del hada.
¿Qué está pasando?
Sé que cometí un terrible error al seguir a Impa de esta manera, pues en caso de que algo ocurra, no podría defenderme, pues de guerrera no tengo nada, y sin mi poder mucho menos. Si Link se diera cuenta, seguro se enojaría conmigo. Qué no se entere.
Sigo el mismo camino que Azael e Impa, el que ya conozco, pero en la noche se ve distinto, demasiado siniestro y frío. Quizás los Sheikahs puedan ver mejor en sitios como este, pero yo no.
Después de mucho tiempo de caminata logro ver a Impa. Me acerco a ella en silencio para no asustarla.
- Impa…
Toco el hombro de la Sheikah, pero ella parece en trance, como si no me escuchara.
- ¿Qué ocurre, Impa? – pregunté, tocando su hombro con más fuerza, pero sin respuesta. – ¿Qué tienes?
Ella sigue sin responderme, pero lo que más me impacta es ver que sus ojos comienzan a derramar lágrimas. En los más de cien años que la conozco jamás la vi llorar, mucho menos en ese estado en el que se encuentra, fuera de sí.
Decido mover un poco los arbustos que la camuflan para ver lo que tanto la ha impactado… y veo a Azael acompañado de alguien más.
- Toma mi vida, haz lo que quieras conmigo, pero lárgate de aquí. – pidió Azael, con una mezcla de rabia y súplica. – Esa es mi manera de pedir perdón.
- Las traiciones no tienen perdón, y mucho menos de una basura como tú. – dijo el hombre, lleno de rabia. – La única manera que pagues tu pecado es entregándonos a lo único que mancha la pureza de nuestra raza.
- A mi hijo no vas a tocarle ni un pelo… sobre mi cadáver.
- Huiste años para protegerlo, pero eso se acabó. – dijo el misterioso ser. – Ahora su cabeza le pertenece al maestro Kogg.
No puede ser…
Comentarios finales:
¡Hola a todos!
Ahora sí, hoy se acabaron oficialmente mis vacaciones. Mañana regreso a trabajar y no volveré a tener más hasta Abril del otro año. Al menos estos días de descanso me ayudaron a recuperar demasiadas fuerzas perdidas, más que salir o cosas así, me dediqué a dormir, una de las mejores cosas de la vida.
No crean que me olvidé que Link y Zelda no han activado la Fuente del Valor, pero al ser el símbolo del héroe, tengo preparado algo especial, además que todo ese "olvido" se justifica con todo lo que Link vivió.
Sobre el lago corazón, nada trascendental en la trama, pero tuve que poner mi momento cursi. Amo ese lago y en el juego me hubiera encantado ver que al final Link y Zelda lo visiten.
Ahora, sobre lo ocurrido en la última escena, creo que muchos quizás se lo imaginaban, o quizás no. Queda mucho que explicar sobre la relación de los Sheikahs (las parejas), y los Yigas, pero eso será en el próximo capítulo. Y ya con esto da inicio al camino a la última bestia divina (algo parecido a lo que ocurre en el juego).
El próximo Lunes no habrá actualización, pues esa semana estoy interesada en publicar "la sorpresa" que ya desde hace tiempo les he mencionado. Pido disculpas por la demora, pero el cansancio a veces puede más. A estas alturas del partido no pienso abandonar esta historia, faltando tan poco para el final.
Bueno, no tengo nada más que decir que, como siempre, seguir agradecida con su apoyo.
Un abrazo.
PD: Ya funcionan las notificaciones de FF, y todo se resolvió cambiando el mail anterior a uno de Gmail (parece que en Hotmail u otras ya no funciona). Si tienen ese problema, hagan el intento.
