Capítulo 40: El invencible Maestro Kogg
Frío, calor… no existía otra sensación, ni un punto medio. El desierto, siempre tan letal.
Viendo que sus planes no salían como lo esperaba, Astor decidió tomar un camino diferente para cumplirlos. Claro está, para él, las razones simplemente se debían a "fallas técnicas" sin importancia.
- Creo que el único error que he cometido todo este tiempo es dejarme llevar por mis pasiones. – dijo el villano, indignado. – Sigo tan enfrascado en la traición de Selene que no he visto que tengo demasiados elementos a mi alrededor para acabar con ese par de mocosos… y es ahora qué pienso utilizarlos.
El ex canciller sabía que el punto débil de Link y Zelda no eran únicamente los retazos del pasado, sino del presente, y por esa razón había decidido buscar alianza con los únicos seres, aparte de él, leales a Ganon.
Los Yigas…
Desde que la penúltima bestia divina fue vencida, Astor recordó a unos viejos enemigos de la familia real, quienes habían renegado y traicionado a su propia sangre en un acto de rebeldía a la corona, decidiendo así seguir a Ganon.
Los Yigas son una mezcla de inteligencia, fuerza, pero al mismo tiempo estupidez y conveniencia. Eran capaces de cometer los actos más deplorables con tal de conseguir sus objetivos, y al mismo tiempo contentarse con una habitación repleta de bananos. Elaborados y básicos a la vez, una mezcla fatal si no se la sabe manejar correctamente.
Astor se sentía capaz de manipularlos a su antojo, simplemente tenía que darles lo que querían a cambio de que cumplan con sus objetivos… Algo sencillo y sin tener que ensuciarse las manos.
Una vez que Astor llegó a la secreta guarida, pidió audiencia con el máximo líder de los Yigas, el maestro Kogg. Lo recordaba como un hombre sin cerebro, primitivo, pero que por alguna extraña razón influenciaba de manera brutal en sus esbirros, pues estos, literalmente, daban la vida por él, viéndolo como casi como un dios.
Como era de esperarse, el día que él llegó a la guarida de los Yigas no quisieron dejarlo pasar, pero nada que una ofrenda de bananos no pudiera resolver, y sobre todo con la interesante propuesta de alianza que traía para el cacique.
Astor recordó la reunión desde la oscuridad de sus misteriosos aposentos…
*.*.*.*.*
El ex canciller miraba complacido la euforia del maestro Kogg ante la tal cantidad de bananos a sus pies, y no porque él también buscara ganarse su protección o algo parecido, sino por el plan que tenía en mente.
Luego de unos segundos de dejarse llevar por su emoción, el líder Yiga cambió su postura a una más rígida. De la nada y rápidamente sacó a relucir una de sus dagas y la colocó cerca de la yugular de Astor, quien ni se inmutó un poco ante esa agresión, sino todo lo contrario.
- ¿Quién eres, forastero? – preguntó amenazante. – ¿A qué has venido?
- ¿Le gustó mi presente, maestro Kogg? – preguntó Astor, sonriendo con supuesta cortesía.
- ¡Soy yo el que está haciendo las preguntas!
- Mi nombre es Astor y he venido a usted para pedirle un favor… claro está, pagado con otro del mismo valor.
- Tal como lo imaginé, los bananos no fueron gratis.
- Nada en esta vida lo es, maestro Kogg. – dijo Astor. – Todos tenemos deudas que pagar, o caso contrario, cobrar… como una bastante vieja que usted tiene pendiente.
- ¿De qué hablas? – preguntó el Yiga, confundido.
- ¿Me sueltas? – preguntó, ahora tomando la confianza de tutearlo. – Dudo que me escuches bien si tengo una daga en mi garganta.
El Yiga bajó la guardia y se alejó un poco de Astor para escucharlo, claro está, sin dejar de estar atento a cualquier movimiento extraño.
- ¿Te suena el nombre Azael?
Apenas el ex canciller pronunció ese nombre, Kogg se quedó quieto por largos segundos, como si estuviera asimilando lo escuchado… pero después enloqueció. Comenzó a bufar con fuerza, a pegar gritos por todos lados; incluso hasta trató de golpear a Astor, pero este, tranquilamente, se hizo a un lado.
- ¿Cómo conoces a ese infeliz? ¡Llevo años buscándolo!
- ¿Por qué lo buscas? – preguntó el villano, sereno.
- ¡Porque me robó a una de mis mujeres, a la que más me gustaba! ¡Me humilló delante de todos! – respondió enfurecido. – Y encima de eso osó manchar nuestra raza teniendo un bastardo con ella.
- ¿Manchar?
- Sí, porque esa mujer era una Sheikah, no una Yiga. Nosotros podemos usar sexualmente a los Sheikahs, pero jamás tener descendencia con ellos. ¡Es asqueroso!
- Y yo que pensé que eran lo mismo…
El comentario de Astor enfureció más a Kogg, sin embargo, este se calmó al ver como el recién llegado mostraba una esfera de energía en sus manos, dispuesto a atacarlo si se metía con él.
- Ya tuve bastante paciencia contigo… así que calma tu postura o me conocerás de verdad. – dijo el villano, implacable. – Y ni pienses que puedes acabar conmigo, pues yo solo busco ayudarte.
- ¿Ayudarme?
- ¿Quieres que traiga para ti al enemigo que te humilló delante de todos? – preguntó Astor. – Puedo hacerlo… pero no será gratis.
- ¿Qué quieres a cambio?
- Tienes bastantes hombres y mujeres a tu cargo… los suficientes como para que acabes con una piedra en el zapato que me está molestando. – respondió. – Es alguien insignificante, pero ya sabes que los pequeños problemas pueden convertirse en algo grande.
- Lo que sea… con tal de que me traigas a ese maldito, y sobre todo a su bastardo, con el primero con el que acabaré.
Y así se cerró el macabro trato…
*.*.*.*.*
El don de la videncia le permitió ver a Astor la vida de cada una de las personas relacionadas con Link y a Zelda, por lo que sacó provecho de eso.
- Qué cliché más barato. Las Sheikahs enamoradas de los Yigas; la princesa enamorada de su caballero. – dijo asqueado. – Qué nauseabunda situación.
Su asco no era más que el reflejo del rechazo que él sufrió por parte del supuesto gran amor de su vida, la mujer que lo trastornó hasta el punto de acabar con ella de la manera más traicionera. Nunca olvidaría eso ni tampoco se arrepentiría.
- Dónde quiera que te encuentres, Selene. ¿Qué sentirías al saber que con tu hija si puedo lograr tener lo que no tuve de ti? – pensó, ya fuera de sus casillas y con los ojos desorbitados. – Link se volvería loco de la rabia, hasta se mataría… a menos que antes alguien lo ayude.
¿Qué imágenes tan retorcidas estaba haciendo Astor en su mente?
Impa comenzó a recomponerse, a abrir los ojos lentamente…
Lo primero que llegó a su mente es que había tenido una espantosa pesadilla, que no había pasado de eso, sin embargo, al ver la cara de horror de todos, sobre todo la de Azael, se descontroló. Fuera de sí se le lanzó encima y le dio una fuerte bofetada, y cuando intentaba golpearlo más, Link la tomó y la alejó de él con fuerza.
- ¡Impa, tranquila! – suplicó Zelda. – No pierdas la cordura.
- ¡Apaya ha sido secuestrada por culpa de este infeliz! ¿¡Y me pides que me calme!? – preguntó indignada. – ¡No puedo!
- ¡Entiendo tu reacción, Impa! ¡Lo siento mucho! – dijo Azael, casi en tono de ruego. – ¡Pero con esa actitud no vamos a rescatar a tu nieta!
- ¡TODO ES TU CULPA!
- ¡Y por eso lo voy a remediar! – respondió. – Así me cueste la vida, voy a rescatar a tu nieta y a mi hijo, pues ahora ambos corren peligro.
- Todo esto debe ser un plan tuyo para matarla, no pienso permitir que intervengas…
- ¡Basta, dejen de discutir! – exigió Link, dirigiéndose a la Sheikah, sin soltarla. – Lady Impa, usted está equivocada, Azael no es el enemigo.
- ¡Van a matar a mi nieta! ¡Y no voy a soportar algo como eso! – gritó con lágrimas en los ojos. – ¡Tengo que salvarla!
- Traeré a Apaya de regreso… te lo juro.
Y sin decir más, Azael se retiró de la casa, mientras que Impa, descontrolada y aún sostenida por Link, cayó al suelo derrotada, llorando con fuerza. Siempre se consideró fuerte de carácter para asumir cualquier dificultad que se le presentara, pero la mezcla de emociones que la perturbaban eran demasiadas. No solamente se enteró de que el hombre que amaba tenía un pasado relacionado con sus peores enemigos, con los causantes de la muerte de su esposo y yerno, sino que su amada nieta, su casi hija, estaba en sus manos.
- Impa, escúchame. – pidió Zelda, apenada. – Lo que piensas de Azael está totalmente errado.
- ¿Ahora vas a decirme que no es un maldito Yiga?
- Quizás a él no quisiste escucharlo… pero a mí sí.
- ¡No tengo nada que escuchar sobre él!
- ¡Hermana, por favor! – pidió Prunia, exasperada. – Al igual que a ti, me preocupa lo que ha pasado con Apaya, pero si queremos salvarla tenemos que conocer el contexto de toda esta barbaridad. Azael y su hijo merecen el beneficio de la duda.
- Lady Impa… – dijo Link, ayudando a Impa a levantarse. – Escuche a la princesa, por favor.
En contra de su voluntad, Impa tuvo que calmarse y escuchar.
Zelda contó toda la historia de Azael, sin dejar de lado ni un solo detalle, incluso apenada con imaginar todo lo que el Yiga desertor tuvo que pasar para mantener a salvo a su hijo, para abandonar la vida que lo hizo tan miserable y le arrebató a su primer amor. Impa, con cada palabra, se impactó, sin embargo, logró disimularlo muy bien.
Una vez que la princesa terminó de contar todo, el silencio se hizo presente. Sin embargo, este no duró mucho debido a que Link se acercó hasta la puerta, tomando una determinación.
- Voy a buscar a Azael y a traer de vuelta a Apaya y a Athan.
- Link…
- E iré solo… nadie más vendrá conmigo.
- Yo iré contigo. – dijo Impa.
- No pienso permitirlo.
- ¿Perdón? – preguntó la Sheikah, indignada. – ¿Cómo te atreves a darme órdenes?
- Con todo el respeto que usted se merece, no está en condiciones para enfrentar una situación como esta, y como guerrera que es sabe que tengo razón. – dijo Link, mirando a Impa con seriedad. – Para este tipo de cosas las emociones no sirven de nada, y hasta por esa razón no quiero que ni Zelda… digo, que la princesa me acompañe.
- Pero yo quiero ir contigo…
- No… no pienso arriesgarla en nada. Es mi última palabra.
Link, por alguna extraña razón, sentía que no quería que Zelda lo acompañe a tan peligrosa travesía, y era algo más allá de lo lógico que aún no comprendía, o quizás no recordaba. De todas maneras, su decisión ya estaba tomada.
- Link, yo estoy de acuerdo contigo. – intervino Prunia. – Sin embargo, sabes que para salvar a la última bestia divina necesitas de la princesa.
- Lo sé, y por eso, cuando termine esta inesperada misión, regresaré o enviaré por ella. Ya veré.
- Link, por favor… – rogó Zelda, desesperada.
- Lo siento… prometo que pronto sabrán de mí.
Y sin mirar atrás, Link se retiró de la casa y de la aldea Kakariko. Aun así, Impa no se quedó para nada tranquila; estaba disgustada por la tremenda imposición que le dieron.
- Si él cree que le haremos caso está más que equivocado. – dijo Impa, molesta. – Además, seguramente ni recuerda cómo llegar al desierto o a la guarida de los Yigas.
- Lo sabrá o lo intuirá. – dijo Prunia. – Es un muchacho listo e inteligente, y eso es algo que el tiempo jamás le arrebató.
Zelda no estaba nada conforme con la decisión de Link, y de haber estado solos hasta le hubiera reclamado su lejanía.
Para ella, las cosas no iban a quedar así…
Cuando Link se retiró de la casa de Impa pensó alcanzar a Azael, pero él ya no estaba por ningún lado. Ni siquiera tuvo tiempo de preguntarle cómo llegar hasta los Yigas. Sin embargo, eso no iba a impedirle nada.
El joven se acercó hasta uno de los guardias de Impa, quien ni siquiera sospechaba la tragedia que se estaba dando dentro de la casa.
- ¿Sabes dónde queda la guarida de los Yigas?
- ¿Por qué quieres saber algo como eso? – preguntó sorprendido.
- Tengo una orden de Lady Impa que debo cumplir, y es confidencial. – mintió Link, para así evitar más preguntas y posibles acusaciones. – Así que requiero esa información con urgencia.
- Nadie lo sabe exactamente, pero siempre he escuchado que se encuentran cerca del desierto. – dijo el hombre. – No entiendo por qué la señora Impa te ha pedido algo como eso. ¿Acaso quiere que mueras?
- Gracias por la información…
Con el comentario del guardia, Link se dio cuenta de que el sitio parecía más peligroso de lo imaginado, pero de ninguna manera eso le iba a impedir cumplir con misión. Varias razones lo motivaron a meterse en la boca del lobo; ayudar a Impa, limpiar el honor de Azael, pero sobre todo, hacer algo por seres tan importantes en la vida de Zelda, pues sabía que ella estaba mal con la situación.
Y esta vez iba a resolverlo todo solo, sin exponerla a ella a ningún peligro…
El caballero fue en búsqueda de su apreciada Epona para comenzar su trayecto al implacable desierto.
La larga travesía de Link recorrió la mayor parte del Oeste del reino. Traspasó toda la llanura de Hyrule central, cuidando de no encontrarse con los guardianes, a los que, sin saber por qué, aún les tenía terror.
El rancho del río y de la llanura fueron sus sitios de descanso, pues aunque hubiera tenido las energías para avanzar, debía ser considerado con Epona.
Después de varios días de viaje, al anochecer, llegó al rancho del cañón, sitio en el que pudo descansar hasta el día siguiente.
Traspasar el desierto con su fiel Epona parecía que iba a ser muy sencillo.
- ¿Qué crees que haces, muchacho? – preguntó el encargado del rancho.
- Tomando a mi yegua para partir al desierto. – respondió él.
- ¿Acaso te has vuelto loco? ¿Quiere verla muerta?
- ¿Ah? ¡Claro que no! – exclamó Link, indignado.
- No puedes llevarla al desierto, la entrada está prohibida para los caballos.
- ¿¡Qué cosa!? – preguntó Link, impactado. – No puedo dejarla sola aquí, además ella me ayudará a llegar más rápido a mi destino.
- Lo siento, pero nosotros siempre pensamos en el bienestar de los caballos, además, como te dije, está prohibido. – dijo el hombre. – Tendrás que irte por tu cuenta.
Al inicio, Link no estuvo de acuerdo con esa prohibición, sin embargo, luego reflexionó sobre la seguridad de Epona. De ninguna manera quería que le pasara nada malo.
Apenado, tomó el hocico de su yegua y lo apretó contra su rostro, cruzando su mirada con la de ella.
- No puedes acompañarme, mi querida Epona. – dijo apenado. – Aquí estarás segura y te prometo regresar por ti lo más pronto. Confía en mí.
La yegua resopló apenada, pero entendió las razones de su amo, y sobre todo confiaba en su promesa de retorno.
Link comenzó a caminar hasta la entrada del desierto, confiando en poder sobrevivir a su implacable calor.
Link no se consideraba una persona demasiado impresionable, ya sea por su personalidad o por la dura preparación que tuvo como soldado… pero ahora, por primera vez, se sentía perdido.
El desierto era un lugar monstruosamente inmenso.
- Este lugar es enorme… – expresó Link. – No logro siquiera recordarlo.
La memoria de Link no parecía aún del todo clara, y mucho menos con semejante escenario frente a él. ¿Qué camino debía tomar? No tenía la menor idea.
- ¿Qué hay por allá?
A lo lejos, Link veía una especie de laguna u oasis, con algunas viviendas alrededor. No dudó en ir para allá con el deseo de encontrar personas que pudieran ayudarlo.
A simple vista, el sitio no estaba tan lejos, sin embargo, a medida que avanzaba se dio cuenta de lo equivocado que estaba; todo indicaba que iba a tardar en llegar, y el hecho que sus pies se hundieran en la arena no ayudaba.
- Sol infernal…
Por unos instantes sintió deseos de quitarse la túnica y caminar sin ella, sin embargo, temía a las quemaduras que esto pudiera causarle. Decidió colocarse encima su capucha para protegerse, aunque sea un poco, la que al mismo tiempo lo sofocaba.
Después de un largo trayecto, llegó al llamativo lago. Tal y como lo pensó, se trataba de un oasis bastante grande, pero lo especial de este es que estaba rodeado de tiendas de alimentos, armas y artículos varios.
- Nunca había visto un bazar como este.
Volvió a fijar su mirada en el lago, pues su imagen le hizo sentir familiaridad y no entendía por qué; incluso la cabeza comenzó a dolerle, pero al menos por ese momento decidió dejarlo de lado y analizar mejor todo a su alrededor.
No eran los transeúntes normales lo que llamó su atención, sino las mujeres que atendían los puestos. Poseían gran altura, cuerpos musculosos, pero al mismo tiempo voluptuosos y femeninos; eran féminas imponentes y empoderadas.
Link las siguió mirando, impresionado, temiendo acercarse a alguna de ellas para preguntar sobre los Yigas. ¿Y si eran enemigas?
- ¡Sawotta! ¡Bienvenido al Bazar Sekken!
- ¿Ah? – expresó Link, confundido.
- Se nota que eres nuevo por aquí. – dijo la mujer, animada. – "Sawotta" significa "hola" en nuestro dialecto. Te estoy saludando.
- Oh… este… ¡Sawatto! ¡Un gusto!
- JAJAJAJA – rio la mujer por la equivocación de Link. – ¿Qué hace un Voe tan apuesto por aquí?
- ¿Voe?
- "Voe" significa "hombre", tienes mucho que aprender de las Gerudo.
- Gerudo…
La mente de Link parecía aclararse al conocer la raza de las mujeres.
- Bueno… respondiendo a tu pregunta, estoy buscando un lugar; la guarida de los…
Link se calló de pronto, pues una corazonada le dijo que no era conveniente mencionar el nombre de tales delincuentes delante de semejante mujer. ¿Y si se ponía violenta? No iba a arriesgarse.
- Me enviaron a una misión a un sitio secreto. – dijo Link, maldiciéndose por dar una respuesta tan tonta. – Sé cómo es el lugar al que debo ir, pero no sé cómo llegar.
La Gerudo se quedó en silencio por algunos segundos, pensativa, hasta que de manera efusiva lanzó un grito.
- ¡Conozco a la persona perfecta para que te ayude! – dijo la mujer, para luego señalar a un lugar. – ¿Ves la tienda que se encuentra arriba del hostal? La comerciante que vive ahí lo sabe todo, así que seguro podrá orientarte.
Link alzó la mirada y le pareció muy raro que una tienda se encontrara encima de un hostal. Encontró la escalera que lo llevaría hasta ahí, por lo que comenzó a subirla. Y una vez que llegó pidió ser atendido.
- ¿Hola? ¿Hay alguien que me pueda…?
- ¡Oh, un cliente!
De las sombras de la tienda salió una mujer Gerudo… o al menos en apariencia.
- ¿Qué trae a mi tienda a un hombre tan guapo? – dijo la mujer, emocionada.
Link quedó impactado ante el ser que tenía frente a él, pero no de una manera positiva.
- Qué mujer tan extraña… – pensó Link, incómodo y sin entender por qué. – ¿Será otra clase de Gerudo? Tiene un cuerpo extraño.
- Veo que has quedado enmudecido con mi belleza. – expresó encantada. – ¿Te parezco hermosa?
- ¡Para nada!
- ¡Por la Diosa de la Arena! ¡Qué patán y grosero! – gritó la ofendida "dama". – ¡Fuera de mi tienda!
La mujer volvió a entrar a su negocio, arrebatada de la indignación. Inicialmente, a Link pareció no importarle, pero luego se dio cuenta de que no estaba haciendo las cosas a su favor.
No se imaginaba halagando a una mujer que no fuera la princesa…
- ¡Señora, regrese!
- ¡Y encima me dice "señora" este atrevido! ¡Pelafustán!
- Quiero decir… – hizo una pausa, tomando un largo suspiro para poder continuar. – Lin… linda señorita. Le pido disculpas por mi ofensa, me expresé mal. ¿Puede salir, por favor?
Pocos segundos transcurrieron y la mujer salió, esta vez mostrándose encantada, o al menos eso creía Link, pues no podía verle el rostro… y tampoco quería hacerlo.
- ¡Me alegra que hayamos arreglado nuestras diferencias, guapo! – expresó la mujer, emocionada, casi abalanzándose a Link.
- ¡No, así no!
- ¿Ah?
El héroe pensó en una excusa magistral para librarse de su nueva "metedura de pata".
- Lo que pasa es que… no es correcto que un hombre casado abrace a otra dama.
- ¿¡Cómo que eres casado!?
- Sí, estoy felizmente casado… y mi esposa es muy celosa. – dijo, sonrojado y agachando la mirada. – Entonces siempre es mejor ser y parecer para evitar problemas.
Link no se sentía culpable por la pequeña mentira que dijo, total, Zelda nunca se iba a enterar…
- ¡Siempre los hombres más guapos ya tienen dueño… digo dueña! – dijo la mujer, tosiendo nerviosa. – Pero al mismo tiempo me llena de felicidad saber que aún existen fieles como tú. ¿Cómo te llamas, guapo?
- Me llamo Link.
- Yo me llamo Vivien. Bienvenido a mi tienda. – dijo la dama. – ¿Qué te trae por aquí?
- Me dijeron que usted…
- ¡Ay, así no me hables! ¡Tutéame!
- Bueno… Me dijeron que tú conoces muchos secretos de esta tierra.
- Hago lo que se puede; además de vender los trajes más hermosos y exclusivos de esta tierra.
- Seré directo… – Link suspiró, temiendo las consecuencias de su confesión. – Necesito llegar a la guarida de los Yigas.
La mujer quedó de piedra, y por el velo cubriendo su rostro, Link no podía descifrar su expresión.
- ¿Te has vuelto loco, chico? – preguntó la mujer en voz baja. – ¿Por qué quieres ir allá?
- Lo que pasa es que ellos robaron algo muy importante y debo recuperarlo.
- Entiendo… creo que puedo ayudarte a llegar ahí y sin que se den cuenta de tu presencia.
- ¿En serio?
- ¡Ay, mi momento ha llegado!
Vivien, emocionada, entró a su tienda para poco después salir de ella con un objeto en las manos. Link quedó sorprendido.
- Es un traje Yiga…
- Así es, y hecho por estas manitos prodigiosas. – dijo la mujer orgullosa. – Sabía que en algún momento iba a poder vender estas réplicas perfectas. Ya estaba cansada de ser la única en usarlo.
- Un momento… – dijo Link, entrando de nuevo en modo de alerta. – ¿Por qué usas un traje como este?
La mujer, espantada, se tapó el velo sobre su boca, para después reírse avergonzada.
- Lo que pasa es que a veces me da por escabullirme por esos terrenos para deleitarme con los cuerpazos que tienen mucho de los Yigas. – expresó la mujer, admirada. – Sí así se ven con traje, ¿cómo se verán sin…?
- ¡Suficiente!
- ¿Qué?
- Quiero decir que no es suficiente el solo tener este traje.
- Por supuesto que no es suficiente… son 300 rupias.
- ¿Qué? – expresó Link, espantado. – ¿Por qué es tan caro?
- ¡Por qué mi arte cuesta, corazón! – se defendió la Gerudo. – Es más, te estoy casi regalando lo que vale, porque estas manos de oro…
- ¡Bueno, ya! ¡Acepto!
Link sacó el dinero y se lo dio a la mujer, obteniendo así el traje. Ahora solo faltaba la mitad de la información.
- Ya tengo el traje… Ahora dime cómo llegar a la guarida de los Yigas.
- Debes ir al cañón de Calex, al noroeste de esa extraña torre que salió de la tierra. Y ahora que lo pienso… ni me fijé cuando salió eso.
- Gracias por tu ayuda. Iré para allá en este momento.
- ¿Y cómo vas a ir? ¿Caminando? – preguntó la mujer. – ¡Así no llegarás nunca!
La mujer señaló hacia las afueras del bazar, permitiendo que Link visualizara unos extraños animales.
- Toma una de esas morsas del desierto para transportarte. – dijo la mujer. – Son mansas, y si les ofreces algo de comer te van a llevar a donde quieras. Eso sí, necesitas tener una soga y un escudo resistente, pues ellas actuarán como una especie de trineo una vez lo amarres a su cuerpo.
- Gracias por la información. – dijo Link, empezando a retirarse. – Hasta pron…
- ¡Guapetón! Cámbiate de traje cuando estés muy lejos de aquí y que nadie te vea. – dijo la mujer. – Por tu integridad física te aconsejo que no lo hagas cerca de las Gerudo… aunque a mí no me molestaría para nada que…
- ¡Adiós!
- ¡Nada de adiós! – gritó Vivien, exaltada. – ¡Así no quieras, nos volveremos a ver! ¡Ya lo verás!
Cuando Vivien terminó de hablar, un ligero ventarrón levantó su velo, revelando su barbado rostro. Con eso, Link descubrió que se trataba de un hombre, razón más que suficiente para emprender la huida.
A toda velocidad y sin mirar atrás, el guerrero se retiró del bazar de Sekken. La reciente situación vivida fue bastante particular e incómoda.
- Nunca más volveré con este loco… o loca.
Link ya se encontraba en camino al cañón de Calex por medio de la morsa del desierto y atraparla no resultó tan fácil como le hizo creer Vivien. Darle comida no sirvió de nada, pues esta huía rápidamente, así que con sigilo y con paciencia logró atraparla y amarrar su cuerpo a la soga con el escudo; solo así pudo seguir su trayecto.
Antes de llegar a su destino, Link se detuvo en la torre Sheikah para activarla. Pudo mantener a la morsa a su lado con alimento, pues se tardó un poco de tiempo en descifrar cómo llegar hasta ella, ya que era la más alta e inaccesible que había visto.
- Quizás esto funcione…
Decidió usar su recién adquirido don para llegar hasta la torre, la Furia de Revali.
Moviendo sus manos para producir la ascendente ráfaga, Link fue elevado hasta las rocas adyacentes a la torre, y gracias a su pericia para escalar y saltar pudo llegar hasta la torre, impactándose por el oscuro abismo que estaba debajo de esta.
- No me quiero ni imaginar el final de ese camino.
Dejando su impresión de lado, el joven activó la torre, escuchando el sonido de costumbre.
"Tableta Sheikah verificada. Iniciando activación de la torre."
Ya con la torre activada, Link pudo seguir con su trayecto. Descendió hasta donde había dejado a la morsa, la que ya se había devorado su festín, pero seguía fiel esperando el regreso de su temporal amo para llevarlo al cañón de Calex.
- Ahora sí, llévame a dónde quedamos.
Y con la orden de Link, la morsa lo deslizó por las pronunciadas dunas del desierto.
Una vez terminado su trabajo, la morsa del desierto se retiró despavorida, pues su instinto de supervivencia le hizo ver que estaba en una zona insegura… y tenía toda la razón.
Link ahora se encontraba cerca de la entrada de la guarida del clan Yiga, pero muy escondido para evitar ser visto. Rápidamente, se colocó el traje Yiga que Vivien le había vendido, y la verdad parecía hecho a su medida, incluso era tan fresco que le permitía soportar el calor insoportable del desierto.
Ahora, completamente camuflado, el joven comenzó a ingresar por el camino que lo llevaría a la guarida. Sin embargo, este se vio detenido.
- ¡Hey, tú! ¿A dónde vas?
Link se disponía a sacar su arma, pero luego recordó su estado actual y se contuvo, por lo que se volteó lentamente.
Frente a él ahora estaban un par de Yigas, los que poco a poco se acercaban a él.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó uno de ellos, enojado.
Los nervios de Link estaban al borde del abismo, pero trató de demostrar tranquilidad.
- ¿Yo? Pues voy a casa. – dijo Link. – ¿A dónde más?
- En vez de estar deambulando aquí como imbécil, deberías estar trabajando como todos. – dijo el otro Yiga.
- Así es, tenemos mucho que preparar para el matrimonio de mañana.
- ¿Matrimonio? – preguntó Link, confundido.
- ¡Claro, hazte el que no sabes! ¡Todo para no trabajar!
- ¡Muévete! – ordenó uno de los otros. – Pues nuestro maestro Kogg merece pasar el mejor día de su vida.
Link fue empujado por los Yigas para que avance hasta la guarida, al menos con eso sabía que no había sido descubierto. Sin embargo, el mencionado matrimonio le había despertado la curiosidad.
Antes de entrar a la guarida de los Yigas, Link imaginó encontrarse con un lugar tétrico y sanguinario, con terribles cámaras de torturas y víctimas sometidas… pero no fue así.
El sitio sí estaba oscuro, lleno de plataformas y distintas habitaciones, pero todo rodeado por una decoración rústica acompañada de cientos, miles de bananas.
Bananas por todos lados…
- Ya casi todo está listo para el matrimonio del maestro Kogg. – dijo uno de los hombres. – La Sheikah está para comerse…
- ¡Cállate! Lamentablemente, no podrás hacer nada, pues es de nuestro maestro y tenemos que respetarla, será la nueva señora. – dijo el otro, hablando en voz baja. – Aunque me pregunto si nuestro señor podrá rendir como corresponde… ya está mayorcito.
- Nada que una buena bebida no pueda resolver.
Link escuchaba la conversación espantado, no queriendo creer nada. Hablaban de Apaya, de eso estaba seguro, y pensaban casarla a la fuerza con el maestro de los Yigas.
- No pueden casar a Apaya con ese viejo…
Siguió escuchando la conversación entre los dos hombres, esperando obtener más información.
- ¡A mí la boda me importa un rábano! – dijo uno de los Yigas, fastidiado. – Lo que yo quiero es que, luego de la ceremonia, fusilen a Azael y al imbécil de su hijo. Hace tiempo que no vemos una matanza pública.
- Mi papá va a ser el más feliz de todos, pues dice que siempre le cayó mal el engreído de Azael.
- Creo que a todos nuestros padres les ardió que se escapara con esa Sheikah.
- Por eso el maestro decidió casarse con la tal Apaya, para vengarse. Ya ni le importa si eso es irse en contra de la raza con tal de hacer sufrir a Azael y a su mestizo, pues según sé, ese estúpido está enamorado de ella.
- Definitivamente, las venganzas rompen tradiciones.
- Todo lo que desee nuestro amado maestro Kogg será aceptado por nosotros.
Hubo algunos segundos de silencio luego de esa conversación, hasta que el par de Yigas centraron su mirada en Link, cosa que le preocupó.
- Ya es tu turno para que vayas a vigilar a los prisioneros. – dijo el Yiga. – No les podemos quitar la mirada de encima.
- ¿Yo? – preguntó Link, manteniendo normalidad en todo. – ¿Y dónde están?
- ¿Es en serio? – preguntó el villano, sorprendido. – ¿O acaso…?
Ya no había marcha atrás, había sido descubierto, así que ya se encontraba listo para sacar su espada y defenderse, a pesar de que no se sentía muy optimista, pues a su alrededor se encontraban un montón de Yigas y no iba a poder contra todos.
- Yo…
- ¿O acaso bebiste demasiado, otra vez? – preguntó el villano, riéndose. – ¿Te fuiste de rumba anoche?
En sus adentros, Link respiró aliviado.
- ¡Sí! ¡Eso fue! – expresó Link, riéndose. – Y no tienes idea lo buena que estuvo.
- Ya te has convertido en un alcohólico.
- Para nada, puedo dejarlo cuando quiera. – dijo Link, disimulando. – Solo que por eso suelo olvidarme de las cosas.
- Hoy te toca vigilar a los desertores, así que como estás desmemoriado, yo te llevo hasta ellos.
El Yiga empujó a su "compinche" para que avanzara. Link mantenía perfectamente la calma.
Todo el ambiente se volvió turbio cuando el rechinante sonido de la puerta se hizo presente. Se percibía humedad y angustia.
Ahora que ya se encontraba solo, Link caminó hasta lo más profundo de la celda, en donde encontró a Azael y a Athan con las manos y pies amordazados.
- Parece que ya vino el cambio de turno. – dijo Athan, lleno de rabia. – Otro inútil ha llegado para "cuidarnos".
- ¿Con qué nos saldrá este nuevo? – dijo Azael, irónico. – ¿Nos taparás la boca? ¿Nos dejarás ahora sin el pan y agua que "amablemente" nos dan?
El que para padre e hijo resultaba un Yiga más, se acercó hasta ellos y se quitó la máscara.
- No soy un Yiga.
- ¡LINK! – gritaron Azael y Athan.
- Lamento mucho no haber revelado mi identidad a la primera, pero en momentos como estos, toca disimular un poco.
- ¿Cómo pudiste llegar hasta aquí? – preguntó Athan. – Si esta madriguera está vigilada por todos lados.
- No me preguntes cómo, pero un extraño ser me indicó cómo llegar y me vendió este traje. – contó Link. – Los Yigas me confundieron con uno de los suyos y por suerte me encomendaron venir a vigilarlos.
- ¿Sabes algo de Apaya? – preguntó Athan, desesperado.
- No sé nada de ella… aunque sí algo muy extraño. – dijo Link, confundido. – Hablaban de celebrar un matrimonio.
La cara de Athan se puso pálida, mientras que Azael miró a su hijo con extrema preocupación.
- No… eso no puede ser… ¡Apaya no puede ser obligada a casarse con ese viejo!
- El tal maestro Kogg lo hace para vengarse y burlarse de ustedes.
- Hijo, cálmate.
- ¡No quiero hablar contigo, papá! – gritó el joven Sheikah. – Tú eres el culpable de todo esto.
- ¿Culpable? – preguntó Azael, indignado. – Llegué antes de que te mataran, pues tan inconsciente eres que creíste que podías enfrentarte a todos al mismo tiempo.
- Eres culpable por nunca haberme dicho la verdad sobre nuestro origen… somos unos malditos Yigas.
- Lo hice para protegerte, porque así lo juré con tu madre. – dijo apenado. – Además, no eres un Yiga, eres un Sheikah porque esa sangre corre por tus venas.
- No tengo nada que ofrecer a la mujer que amo siendo un mestizo. – expresó Athan, frustrado. – Apaya nunca me aceptará.
Los ojos de Link se abrieron de golpe con semejante confesión, mientras que Azael solo se expresó preocupado.
- ¿Estás enamorado de Apaya?
- Sí, y hemos estado juntos desde hace un tiempo… y no soy el único que ha escondido cosas.
- Cállate…
- Aquí donde lo ves, mi padre también ha tenido sus cosas con la señora Impa.
- ¿Cosas? – preguntó ofendido. – Yo amo a Impa y también tuve una relación con ella.
- Yo… no me imaginaba nada de esto. – dijo Link, sorprendido.
- Ninguno de los dos sabía sobre la relación del otro. – dijo Athan. – Todo fue confesado apenas me enteré de mi origen. Qué cursi, padre e hijo enamorados de la abuela y la nieta.
- Cursi o no, ya no importa. – dijo Azael a su hijo. – Impa no quiere saber nada de mí, y seguramente Apaya tampoco de ti.
- ¿Por qué tengo que pagar por tus errores?
- ¡Yo no te obligué a meterte en la boca del lobo!
- ¡Ya no discutan!
Padre e hijo se quedaron mudos ante la reacción del guerrero, quien ya no quería verlos pelear, culpándose el uno al otro. A su mente llegaron las vivencias que tuvo con su padre, al menos las que él recordaba, como su firmeza, pero al mismo tiempo protección; incluso se preguntó si alguna vez había discutido fuertemente con él.
- Athan, sé que tu padre hizo mal en ocultarte tu origen, pero lo hizo para protegerte.
- ¿Tú ya lo sabías?
- Eso no es importante. Lo único que vale es que por muchos años él quiso crear una vida segura para ti. – dijo Link. – Dime, ¿habrías sido feliz sabiendo cómo murió tu madre? Solo hubieras crecido con rabia.
- Rabia que tuve que contener por años para poder cuidarte, como se lo juré a tu madre en su lecho de muerte. – dijo Azael, apenado. – Siento tanto haberte mentido, hijo.
Athan miró a su padre con pena, con vergüenza, reflexionando sobre su trato con él. Aún sentía molestia por haber sido engañado por tantos años, pero recordaba todas las cosas que hizo por él, cuánto lo cuidó y prodigó.
- Lo siento, papá.
- Yo no tengo nada que perdonarte. – dijo Azael, conmovido. – Nunca dejaré de protegerte, por eso vine hasta acá, a pesar de que en el pasado juré nunca regresar.
- Yo no quise arrastrarte hasta aquí, pero vine a rescatar a Apaya, y no sé cómo… pero lo tengo que hacer. – dijo Athan.
- Lamento decirte que eso será imposible…
- Papá…
- Nadie puede ganarle al maestro Kogg, ya te lo dije. ¿Tengo que recordarte por qué tuve que huir de aquí con tu madre? – dijo Azael, preocupado. – Nadie puede derrotarlo, muchos lo han intentado y por eso todos aquí le tienen temor y respeto.
Link escuchaba atentamente los comentarios de Azael, y por un momento sintió temor. ¿Tan invencible era? ¿Más que Ganon? Eso le parecía increíble e imposible, y por lo tanto, él deseaba demostrar lo contrario.
- Yo pienso enfrentarme a él. – dijo Link, determinado.
- ¿Qué? – expresó Azael, espantado. – ¿No me escuchaste? No es posible enfrentarlo.
- Aun así, quiero hacerlo. – respondió Link. – No puedo permitir que sean ejecutados, que Apaya se case con ese viejo… pero sobre todo, tengo que superarme a mí mismo.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Athan.
- Si no puedo vencer a ese tal maestro Kogg, ¿cómo lo haré con Ganon? – dijo Link. – Esto que hago no es solo por ustedes, sino por mí.
- No vas a poder.
- Al menos quiero intentarlo, y si no lo logro… solo les pediré que cuiden a Zelda y la ayuden a continuar con nuestra misión.
A Link le costó mencionar la última frase, pero lo hizo con toda la seguridad que poseía. La única manera de salvar a sus amigos y ponerse a prueba a sí mismo era enfrentándose al tan poderoso maestro Kogg.
Ya la decisión estaba tomada.
Link no durmió en toda la noche, y no tanto porque estuviera "vigilando a sus prisioneros", sino porque estaba pensando en qué clase es estrategia emplearía para eliminar a Kogg. ¿Qué tan poderoso era? ¿Qué armas usaría? ¿Podría contra él? Ya había empeñado su palabra y no había marcha atrás.
Azael y Athan seguían dormidos, pero el sonido de la puerta abriéndose les hizo despertar de inmediato. Uno de los Yigas había llegado.
- Buenos días, mis queridos colegas.
- Nosotros no somos tus colegas. – dijo Athan, enojado. – No somos iguales.
- Claro que no somos iguales, pues yo estoy bien vivo, en cambio, ustedes estarán bien muertos en un rato.
- Déjame hablar con el maestro Kogg. – dijo Azael, angustiado. – Mi vida a cambio de la de mi hijo, por favor.
- ¡Ya te dije que el maestro no quiere verte! – gritó el villano. – Está muy ocupado alistándose para su boda con Apaya, la joven Sheikah. Lástima que ninguno de nosotros pudo divertirse con ella antes.
Athan, enfurecido, intentó ponerse de pie para golpear al tipo, pero por obvias razones no pudo hacerlo.
- Tranquilo, mestizo. – dijo en Yiga, burlándose. – Total, esa mujer nunca fue para ti.
- Maldito…
- Insúltame todo lo que quieras, pero agradece que te voy a llevar a ti y a tu padre para que presencien la feliz unión de mi maestro Kogg con la muchacha. – expresó el villano, levantando a Athan del suelo. – Y luego, nosotros nos divertiremos con su ejecución.
El Yiga dio la orden a Link que tome a Azael y lo lleve a la parte exterior de la guarida, lugar donde iban a llevarse a cabo los macabros actos.
El seco terreno de las afueras de la guarida de los Yigas se encontraba decorado con colores amarillos, negros… y bananas, muchas y por todos lados.
A decir verdad, la decoración era horrenda y ordinaria.
Padre e hijo fueron ubicados y amarrados en unas sillas en primera fila, para que puedan visualizar todo, y fue ahí que el corazón de Athan se despedazó.
Apaya estaba en el altar vestida de novia, blanco con detalles de flores amarillas y un velo del mismo color, diseño más vulgar que la misma decoración del sitio, sobre todo por el ramo que llevaba en las manos, un racimo de bananos envuelto en papel de seda… también amarillo. Sin embargo, el mal gusto de la vestimenta no era lo que importaba, sino el semblante de dolor que adornaba su rostro. Estaba a minutos de casarse en contra de su voluntad, mientras el amor de su vida iba a ser testigo de ese horror.
- ¡Apaya!
El grito de Athan fue silenciado por un golpe en la nuca, el que por suerte no lo dejó inconsciente, su ejecución no iba a estar completa si no lo torturaban con su amada.
Azael solo pudo observar con rabia cómo maltrataban a su hijo sin que él pudiera hacer nada.
Poco después, las grandes puertas de la guarida se abrieron, dando paso al flamante novio.
El maestro Kogg ingresó al son de la marcha nupcial, dirigiendo su camino hasta donde la novia lo esperaba con el juez. Todos comenzaron a arrodillarse para rendirle pleitesía, cosa que Link tuvo que hacer para no levantar sospechas; observó impresionado la imagen del cacique de los Yigas… y no precisamente por las mismas razones que los demás.
El caballero observó a un enmascarado jorobado, con el cuerpo grueso y flácido, nada que ver con el guerrero de temple que Azael le describió.
Azael también se quedó impactado por la imagen Kogg, distinto a lo conocido veinte años atrás. Y eso que en esa época se encontraba sobre los cincuenta años de edad.
- ¡Queridos y fieles sirvientes! – dijo Kogg, orgulloso. – Tantos años solo y por fin he encontrado a la mujer que me acompañará en esta aún juventud que poseo, mis ciento cincuenta años.
Todos los Yigas gritaron de la emoción ante el discurso, menos Link y los secuestrados Sheikahs, y Apaya, por supuesto, quien solo lloraba aterrada.
- Antes las Sheikahs no eran más para mí que un medio de diversión, pero esta es tan encantadora que me gustará tenerla como esposa y esclava para que me sirva como merezco. – dijo el maestro, enfureciendo a Athan, Azael y Link. – Mi lecho de unión ya está esperándonos para nuestra noche de bodas, así que podemos dar inicio a la ceremonia.
Kogg se posicionó al lado de Apaya, quien se sintió asqueada al sentir como el hombre la agarraba de la cintura, y solo de imaginarse ser su mujer sentía ganas de vomitar. Las lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas.
Ahora, con todo listo, el juez Yiga comenzó con la ceremonia.
- Nos encontramos reunidos para celebrar la unión de nuestro encantador y venerado maestro Kogg y esta joven Sheikah, quien es la más afortunada de que nuestro líder se haya fijado en ella. – dijo el juez. – Sin embargo, como siempre, antes de seguir, necesito saber si hay alguien en contra de esta unión, y si es así, que hable ahora o calle para siempre.
Por supuesto, Kogg sabía que nada iba a escucharse… pero se equivocó.
- Yo me opongo al matrimonio de este anciano.
Todos los Yigas presentes se impactaron, mientras que Link, aun cubierto por su disfraz, daba un paso adelante, ignorante a lo que se iba a enfrentar, pero decidido a seguir adelante hasta las últimas consecuencias.
- Esa voz… – dijo Apaya, sorprendida.
- ¿Qué dijiste? – preguntó Kogg, impactado.
- ¿Estás sordo o qué, anciano? – dijo Link, desafiante. – No estoy de acuerdo con este matrimonio.
- ¿¡Pero quién te has…!?
En ese momento, Link se quitó la máscara y reveló su identidad, impactando a Kogg. Quizás los otros Yigas no sabían quién era, pero él definitivamente sí.
- Pero si tú eres… ¡EL MALDITO HÉROE!
Link no recordaba aún al maestro Kogg, pero eso no iba a ser impedimento para enfrentarlo.
- Si quieres casarte con esta joven y asesinar a tus prisioneros, tendrás que derrotarme a mi primero.
- ¡Guardias, acaben con este…!
- ¿Guardias? – preguntó Link, soltando una carcajada. – ¿Acaso tú no puedes solo contra mí? ¡El fuerte e invencible maestro Kogg no es más que un viejo caduco! ¡Necesita de sus esbirros para vencerme!
Esas palabras clavaron un puñal en el orgullo del maestro Kogg, mientras que sus esclavos ya estaban listos para caerle encima a Link; sin embargo, fueron detenidos por un fuerte grito.
- ¡Deténganse! – gritó Kogg, enfurecido. – ¿Así que eso crees, mocoso? Te vas a arrepentir por haberme desafiado y haber interrumpido mi boda.
- ¡Entonces, enfréntame! Tú y yo delante de todo tu clan. ¿O es que acaso eres un cobarde? – le provocó Link, sabiendo que sus posibilidades de éxito dependían de hacer que Kogg actuara precipitado.
Los miembros del clan y los Sheikah prisioneros miraron expectantes cómo el así llamado invencible maestro dio un paso al frente.
- No eres rival para mis técnicas.
Kogg juntó sus manos, manteniendo sus dedos índices y anulares hacia arriba en un sello, mientras se concentraba. Luego de unos instantes, para asombro de Link y los presentes, lentamente comenzó a alzarse sobre el suelo, mientras una esfera de piedra apareció de la nada sobre él.
El joven héroe alzó sus armas rápidamente en defensa, mientras que la esfera comenzó a orbitar alrededor del líder enemigo, hasta que de pronto salió disparada hacia Link, que apenas logró esquivarla.
El resto de Yigas estalló en vítores ante la muestra de poder de su líder.
La risa de Kogg llenó el lugar y Link simplemente volvió a verle materializar una roca.
El patrón era simple hasta el punto de la estupidez, la roca solo giraba alrededor de él y luego salía disparada hacia Link ante la señal de su enemigo, la segunda vez que lo hizo y le esquivó pudo notarlo con demasiada facilidad.
El silencio expectante se volvió ligeros murmullos al ver cómo el héroe desistió de su espada, y una vez el líder del clan comenzó nuevamente su ataque, se apresuró en alzar su arco y disparó una flecha rauda hacia su máscara.
El impacto sacudió la cabeza del hombre, sin embargo, no logró atravesar la máscara, mas si pudo desestabilizarlo, y junto con ello la roca que se posaba en ese momento sobre su cabeza cayó sobre él, enviándole directamente al suelo en un golpe sordo.
Link volvió a desenvainar su espada preparado para lo que presumía sería una lucha cuerpo a cuerpo, sin embargo, no pudo evitar expresar incredulidad al notar algo.
Kogg no se movía.
Se acercó con cuidado mientras todos a su alrededor murmuraban, pero se detuvieron una vez el maestro gruñó y de pronto se alzó en un atlético movimiento para alguien de su físico.
Miró hacia los lados y de vuelta hacia Link, un nuevo gruñido salió de su boca, seguido de un par de pisotones de frustración hacia el suelo.
- ¿¡Cómo te atreves!?
La furia en su tono era profunda, e hizo que Link retrocediera con cautela, mientras por su parte, Kogg nuevamente se alzó en el aire.
- ¡Te destruiré con mi técnica secreta!
De nuevo formó el sello con sus manos, y esta vez un gruñido de esfuerzo se escuchó. La tierra comenzó a temblar para asombro y terror de todos, hasta que finalmente, justo en el centro del lugar, donde parte de sus esbirros se mantenía, el suelo comenzó a abrirse y alzando a todos por los aires, mientras una esfera con púas de metal gigante emergía.
- ¡Esta vez te destruiré!
Link apuntó nuevamente con su arco, pero su tiro no logró dar en el blanco, es más, solo se detuvo frente al maestro y la aparente nada.
- Estúpido. ¿Crees que el mismo truco funcionará dos veces? Esta vez te aplastaré y luego haré que los desertores contemplen a mi nueva esposa antes de morir.
La esfera de hierro comenzó a orbitar lentamente alrededor de Kogg, y aunque Link intentó lanzar su espada, nada penetró la defensa del Yiga.
- ¡Muere! – gritó el líder del clan una vez la esfera estuvo en su cenit.
Era su fin.
- ¡Nunca seré tu esposa, viejo carcamán!
Un grito decidido y para nada acordé con la personalidad de quién lo emitió, se escuchó.
Apaya corrió hacia el agujero, y con el impulso dio tres giros, para finalmente lanzar aquel burdo racimo de bananas nupciales por el aire y dar de lleno en la nuca del obeso líder.
La escena posterior fue algo que Link nunca esperó ver… y probablemente nadie.
Kogg perdió estabilidad y la máscara salió volando de su rostro junto a las bananas que impactaron con él, y aunque logró mantenerse en el aire, su falta de concentración hizo que su propia arma comenzara a caer por su propio peso.
Todos vieron cómo la gigantesca bola de hierro se llevaba al maestro Kogg al mismo agujero del que provino, mientras gritaba desesperado.
- ¡MALDITO HÉROEEEEEEE!
Al final, el eco de su desgarrador grito se perdió en el eterno abismo.
El inigualable maestro Kogg había sido vencido de manera hilarante. Link no podía creerlo. Quizás aquella había sido la batalla más fácil de su vida.
- ¿Acaso esto fue una broma? – se preguntó el héroe a sí mismo.
Link volteó para encontrarse con todos los Yigas, los que quizás se le lanzarían encima como venganza por haber acabado con su maestro. Sin embargo, todos estaban mudos, incluso a algunos hasta le temblaban las manos.
- No… No… ¡MAESTRO KOGG! – gritó un Yiga, desesperado.
- ¡No puede ser! ¡No somos nada sin nuestro amado maestro Kogg! – gritó otro, desconsolado.
Poco a poco los gritos de desolación se fueron contagiando unos a otros, hasta que todos se fueron corriendo de lugar o esfumándose, como era su costumbre. El sitio quedó totalmente solo, únicamente con Link, los Sheikahs y Apaya, la casi desgraciada esposa.
- ¡Athan!
Apaya corrió hasta donde estaban los Sheikahs, desesperándose por desatarlos. Link sacó de su alforja una pequeña daga para poder liberarlos de su amarre.
Athan abrazó a Apaya con fuerza, para luego besarla efusivamente. Vivió gran terror solo con imaginar a la mujer que amaba en los brazos de un viejo repugnante como Kogg.
- ¿Estás bien? – preguntó Athan, angustiado.
- Sí, ahora que vinieron a rescatarme lo estoy. – dijo la joven. – Gracias.
- Nosotros no hicimos nada. – dijo Azael, apenado. – Link fue el encargado de salvarnos a todos.
- A decir verdad, todo fue un trabajo en equipo, pues de no haber sido por la valentía de Apaya de haber insultado a Kogg, no se hubiera distraído. – dijo Link. – Al vejete le dio duro darse cuenta de su realidad.
- Kogg no es ni la sombra de lo que era antes. – dijo Azael, impactado. – No lo concibo.
- No voy a negar que me llegaste a preocupar al decirme que era invencible. – dijo Link. – Pero él fue un chiste completo. ¿Y aun así tan respetado y temido es?
- Los Yigas están ciegos por él, y como te diste cuenta, no son nada sin él… por eso se fueron a quién sabe a dónde.
Todos quedaron en silencio por unos minutos, asimilando todo lo ocurrido. Apaya seguía abrazada a Athan, recuperándose del gran susto vivido, dejándose consolar por este. Azael estaba pensativo, incluso hasta apenado, pues al ver a su hijo con su amada en los brazos le hizo pensar en Impa, en que nunca lo iba a perdonar.
Por otra parte, Link aún seguía sorprendido de haber enfrentado la lucha más ridícula de su vida, incluso, en el fondo, se sentía burlado como guerrero. ¿Cómo un ser tan débil podía ser venerado casi como un dios? Había cosas que jamás iba a entender.
- ¡Link!
Sorprendido por aquel grito, aquella conocida voz, el guerrero volteó para descubrir a su dueña.
Zelda e Impa se encontraban a unos metros de ellos.
- ¡Apaya!
La joven y desesperada abuela corrió a abrazar a su nieta, quien también fue a su encuentro. Ambas no paraban de llorar de la felicidad y paz de haberse vuelto a ver.
- ¡Estás bien! ¡Gracias a la Diosa! – expresó Impa, aliviada. – ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué estás usando este vestido tan feo y corriente?
- Abuela, Kogg quería obligarme a casarme con él, pero gracias a todos los que vinieron a rescatarme no logró su cometido. Ahora ese viejo fue vencido por Link y cayó dentro del abismo.
- ¿¡Qué!? – expresó Impa, sorprendida. – ¿Kogg fue vencido? Eso es imposible.
- Sí, y todo gracias a Link, además que Kogg ya no era más que un viejo caduco. – dijo Azael, apenado. – Nosotros no hicimos nada.
- ¡Eso no es cierto! – dijo Apaya. – El hecho que hayan venido a rescatarme me demuestra que no son unos mentirosos, que su origen no tiene nada que ver con su valor y su nobleza.
Apaya miró a su abuela con seriedad, mientras que esta volteó la mirada, no queriendo reconocer nada. A pesar de todo, aún amaba a Azael, pero se sentía incapaz de perdonarlo por haberle ocultado su pasado.
- Abuela… – dijo Apaya, armándose de valor. – Yo amo a Athan.
- Los vi besándose… no tienes nada que explicar. – expresó molesta.
- Y no pienso dejarlo, quiero que lo sepas. – dijo Apaya, decidida como nunca antes. – Y como imagino, sé que tú también amas a Azael.
- ¡No digas cursilerías, Apaya! ¿Abuela y nieta enamoradas de padre e hijo? ¡Qué ridiculez!
- ¡No lo es! – gritó Apaya.
- ¡Suficiente! – dijo Impa, enojada. – ¡Nos vamos de aquí!
- Nosotros vamos con ustedes. – dijo Azael.
- ¿Perdón? – preguntó la matriarca Sheikah, indignada. – No necesitamos que…
- No es una pregunta, así no quieras iremos con ustedes. – dijo Azael. – Además, tú y yo tenemos que hablar, te guste o no.
- No quiero sonar grosera, abuela. – dijo Apaya. – Pero se la debes por haber venido por mí hasta aquí.
Mientras Impa y Apaya seguían discutiendo en presencia de Azael y Athan, Link y Zelda, estaban abrazados, aprovechando que los demás no los veían. No se atrevían a besarse, pues no querían llamar la atención de ninguna manera.
- ¿Impa sabe de lo nuestro? – preguntó Link, nervioso.
- No le he dicho nada, pero estoy segura de que se lo imagina.
- ¿Cómo llegaron hasta aquí? – preguntó Link. – Dije que iba a ir por ti.
- Impa conjuró un viejo hechizo Sheikah para llegar más rápido, pero solo puede usarlo una vez al día, así que seguramente el regreso será un problema.
Los cuatro Sheikahs se acercaron hasta ellos, interrumpiendo su conversación.
- Link, no tengo palabras para agradecerte por haber salvado a mi nieta. – dijo Impa, regresando a su conmovido estado. – Sabes que ella es todo lo que tengo.
- Te debo la vida, Link. Eres todo un héroe. – dijo Apaya, emocionada.
- Lo hice con todo gusto. – dijo Link, sonriendo. – Me alegra que estés a salvo y libre de cualquier matrimonio forzado.
- Gracias por todo, Link. – dijo Athan, riéndose. – Espero que con esto se hayan acabado las rivalidades, celos e inseguridades.
Zelda no comprendió a lo que Athan se refería, pero Link sí, por lo que solo giró la cara para ocultar su vergüenza.
- Gracias, Link. – dijo Azael. – Y ahora que estás con la princesa en el desierto, puedes continuar tu camino con ella, pues su destino está cerca de aquí. Nosotros nos iremos y escoltaremos a las damas de regreso a casa.
- Te dije que… – dijo Impa, molesta y siendo interrumpida.
- Dije que las escoltaremos de regreso a casa y punto.
Sin querer seguir polemizando, Impa tomó a su nieta de la mano y comenzó su ida de la guarida de los Yigas, ambas seguidas por Azael y Athan.
Ahora Link y Zelda se encontraban solos… listos para seguir con su misión.
- Nos espera la última bestia divina… – dijo Link.
Luchaba por ocultarlo, pero Zelda no se sentía lista para enfrentar esta última etapa de las bestias divinas, pues los oscuros y dolorosos recuerdos regresaban a ella cuál cascada… la sonrisa de su madre… y el rostro de aquella poderosa y protectora mujer.
- Urbosa… – mencionó Zelda.
Aquel nombre retumbó en el corazón de los jóvenes como un implacable relámpago.
Comentarios finales:
Hola a todos…
En serio, es un gusto regresar después de meses de ausencia, pero como dije en mi comunicado pasado, han sido tiempos difíciles para mí, pero ya los he ido superando, y por eso me he tomado el tiempo para escribir y publicar este tan esperado capítulo.
Les he traído uno largo, primero para compensar por la larga espera, y segundo porque quería finalizar esta parte intermedia de la historia de una sola vez. La historia de los Yigas, aunque importante, no es muy relevante en el juego (a mí parecer), así que por eso no quise darle tanto protagonismo, pero aun así hacerla lo más sorprendente posible, y hasta cómica, pues todos estamos de acuerdo que el maestro Kogg es una vergüenza como líder, y con la edad que tiene nada puede hacer, menos rendir como marido. Los Yigas serán fuertes, pero son tan básicos de mente, como las bananas que adoran y la decoración de un ordinario matrimonio. Espero que les haya sacado algunas carcajadas.
Sobre los Sheikahs emparejados, es obvio cuál va a ser el desenlace para ellos, solo deben dejar que el amor mejore sus vidas, como le ocurrió a Apaya, quien hasta se armó de valor con tal de salvar a todos, sobre todo a Athan, al hombre que ama.
Con todos los acontecimientos ocurridos en mi vida (nada graves, reitero), creo que el publicar cada Lunes se hará complicado, así que me he propuesto publicar cada quince días, y no necesariamente en un día determinado, ya que no me gusta hacer promesas que no puedo cumplir. Sin embargo, quiero que sepan que me encuentro con todo el entusiasmo, mucho más ahora que se viene mi campeona favorita. Se sorprenderán la manera en la que aparecerá en la vida de los protagonistas, sobre todo en la de Zelda.
Una vez más, muchas gracias por su apoyo, cariño y paciencia. Muchos se han preocupado por mi salud más que por la tardanza, y eso es algo que aprecio y valoro mucho.
Sin embargo, tengo un agradecimiento y cariño especial para mi amigo, no solo porque es el autor de la increíble pelea entre Link y Kogg, sino porque, para levantarme los ánimos en estos tiempos difíciles, envió a hacer para mí la nueva portada de esta historia, creación de la artista chilena Zhidra (lazhidra en IG). Mi querido amigo es la muestra que la distancia no es ningún impedimento para apoyar en los malos momentos. ¡Muchas gracias! ¡Te adoro!
Y, por cierto, pasen a leer la nueva historia de, "Cenizas", es post BOTW y recién ha comenzado. Les encantará.
Nos estamos leyendo.
Un abrazo,
Artemiss
PD: No tengo nada que decir sobre la secuela de BOTW, Zelda, Tears of the Kingdom, solo que… ES MARAVILLOSA. La deseo con ansias y espero pronto publicar un oneshot sobre eso, pero antes quisiera tener un tráiler más, que espero sea de mayor duración, no de diez segundos como todos.
