Capítulo 42: Memorias de arena
- Mami, hace mucho calor…
Mamá me ha traído al desierto Gerudo, pues dice que toda princesa debe conocer su reino a totalidad. El sitio es enorme, lleno de arena por todos lados, aburrido… pero más me llama la atención los graciosos animales que se revuelcan contentos por doquier.
- Zelda, esas son morsas del desierto. – dijo mamá. – Cuando no haga tanto calor, iremos a jugar con unas que están ya amaestradas. Y tranquila, apenas lleguemos a la ciudadela, beberemos algo refrescante para este calor.
No tardamos mucho en entrar a la ciudadela, y claro está, acompañada por todas nuestras doncellas. Impa no pudo venir, pues se quedó con papá y el señor Astor revisando unos asuntos.
El señor Astor me sigue dando mucho miedo, no sé por qué… pero mamá dice que es bueno y que es su mejor amigo, y que quizás lo percibo así porque es muy serio.
Con las doncellas escoltándonos, subimos las escaleras del pequeño palacio que acoge este sitio… y con cada paso, percibo a mamá más emocionada.
- Bienvenidas…
Sentada en un sencillo, pero imponente trono, se encuentra una mujer tan distinta a las que estoy acostumbrada a ver, pero sumamente hermosa. Su piel morena reluce y combina tan bien con este desértico ambiente, pero sobre todo me sorprende su mirada, imponente, pero al mismo tiempo cálida… como la de mamá.
La mujer, dejando de lado todo decoro, baja del trono y se abalanza a abrazar a mi madre, cosa que ella le corresponde con el mismo cariño.
- Después de tantos años has regresado a esta tierra. – dijo la imponente dama. – Bienvenida, mi querida Selene.
- Gracias a ti por recibirme… o más bien, recibirnos. – dijo mi madre. – Esta vez no vine sola. Te presento a mi rayo de luz.
La mujer baja la mirada para observarme con admiración y cariño, cosa que no comprendo porque no la conozco, a pesar de que su aura se me hace demasiado familiar.
- Hola, pequeña Zelda… cómo has crecido. – dijo la mujer, admirada, hasta me pareció ver que contenía las lágrimas. – Parece que fue ayer cuando te tuve entre mis brazos.
- Buenos días. – saludo, dando una reverencia. – Es un gusto…
- Urbosa. Mi nombre es Urbosa.
*.*.*.*.*
Urbosa… Urbosa… Urbosa…
Su nombre retumba en mi cerebro a martillazos, mientras mi corazón explota dentro de mi pecho. ¿Será que el infame calor del desierto ha creado un espejismo para torturarme?
- Urbosa… – dije, acercándome a ella con ansiedad. – No puede ser, ¿eres tú?
Sin embargo, cuando estuve a punto de tocar a la llamada Urbosa, siento como el rostro me quema como si me estuviera sumergiendo en la lava de la Montaña de la Muerte.
- Zelda… – me llamó Link, preocupado y acercándose a mí. – ¿¡Qué tienes!?
Siento como mi caballero me toma de la cintura, mientras mis rodillas tocan el suelo. Estoy consciente, pero no puedo moverme ni hablar.
- ¡Zelda!
- ¡Tranquilo, muchacho! – habló Akil, preocupado. – Solo le ha dado una fuerte insolación por el terrible calor.
- Llevémosla a casa. – dijo la mujer que acabábamos de conocer, Urbosa.
En el momento en el que ella me toma del brazo, puedo notar que Link la mira con desconfianza. ¿Será que la ha recordado? ¿Qué estará pasando por su mente?
No tengo mucho tiempo para hacer más preguntas, pues solo siento como mi escolta me toma en brazos y se deja guiar hasta donde la familia le indica.
Esto debe ser un sueño… una pesadilla para castigarme.
Link me recuesta en la cama que Akil indica, mientras veo como Urbosa y su hija, Riju, me ayudan a beber agua y me colocan compresas de agua helada en la cabeza.
- Tranquila, Zelda. – dijo Akil. – Gracias a los cuidados de mi esposa e hija vas a estar bien.
- ¿Tienes hambre, jovencita? – preguntó Urbosa. – Eso también puede ser la causante de…
No dejo que la Gerudo termine su frase, pues de inmediato la tomo del brazo y la miro atentamente.
- Urbosa…
- Jovencita…
- Zelda, querida. – dijo Akil a su esposa. – Así se llama.
- ¿Dime en qué más puedo ayudarte, Zelda? – preguntó la mujer amablemente.
- ¿Qué? – pregunté impactada, confundida. – ¿Acaso no te acuerdas de mí? ¡Soy yo, Zelda!
- Mamá… – habló Riju, confundida. – ¿La conoces?
- Estás viva… no puedo creerlo. – menciono casi entre lágrimas. – ¿Cómo es posible…?
- Zelda, creo que sigues confundida, querida. – dijo Urbosa. – Es la primera vez que tenemos el gusto de vernos.
- No… no es cierto. – comencé a alterarme. – ¡Imposible!
- Tranquila, Zelda. – dijo Riju, tomándome de las manos. – Estás muy nerviosa.
Justo antes de que pierda el control de mí misma, Link intervino.
- Zelda debe estar confundida… – dijo preocupado. – Yo me encargaré de que descanse.
- Es lo que necesita, muchacho. – dijo Akil. – Es normal que el desierto Gerudo cause estos estragos, a mí me ha pasado muchas veces.
- Descansen los dos en esta habitación, está fresca. – dijo Urbosa, sonriendo. – Mientras tanto, voy a preparar una cena deliciosa para disfrutarla todos juntos esta noche.
- Querida, ellos me salvaron la vida, me calmaron la sed en medio del desierto. – dijo Akil. – Así que vamos a esmerarnos para que esta sea una comida especial.
- ¡Yo también quiero ayudar! – pidió Riju.
- Qué maravilla compartir momentos con las dos mujeres que más amo. – expresó el hombre.
La familia se retira de la habitación, viéndose tan felices y unidos, mientras que yo me estoy consumiendo por dentro y sin entender nada.
- Zelda… – habló Link, preocupado. – No entiendo nada de lo que está pasando… Urbosa es…
- Link… ¿La reconociste? Dijiste que la recordabas de manera vaga. Era ella, ¿verdad? ¡Dime!
- No grites, por favor. – me calló Link, nervioso. – Esa mujer es idéntica a ella… pero no es Urbosa.
- ¡Link, es ella! ¡Es Urbosa! – reclamé con molestia. – Tiene su cara, su cabello, su cuerpo, sus gestos… ¡Todo!
- No es ella, Zelda.
- ¿Por qué me dices eso? – reclamé más enojada. – ¿Crees que estoy loca?
¿Será este algún síntoma de la malicia de Ganon? Tantos años bajo su yugo, su tortura emocional y su enferma aura… ¿Habrá causado estragos en mi psiquis? Parece que mi cuerpo no es el único enfermo.
- Estoy enloqueciendo, Link… delirando.
- No, Zelda. – dijo él. – No estás loca, pues yo también he visto a la misma mujer que tú… pero no es ella.
- ¿Pero…?
- ¡Zelda, está pasando de nuevo! – dijo Link, preocupado. – Una vez más, Ganon está jugando con nuestra mente, como lo ha hecho desde el inicio.
- ¿Qué?
- Mipha, Daruk y Revali… Todos, al inicio, fueron almas manipuladas por Ganon, y esta no es la excepción. – aclaró Link. – Trata de calmarte y no te dejes engañar.
- ¿Cómo es posible que Ganon esté manipulando esto? – pregunté destrozada, ahora sí con las lágrimas traicionándome. – Frente a mí no solo encuentro a lo más cercano a mi madre, sino a una mujer con una vida totalmente distinta, con un marido, una hija… y que no me recuerda. ¿Cómo puedes explicar eso?
- Zelda…
- Si Ganon quería acabar conmigo, lo ha conseguido. – sentencié destrozada. – Como puedo ver con cariño y arrepentimiento a una persona que no me recuerda.
- Entiendo cómo te sientes, sé cómo te duele y te confunde… – dijo Link, tratando de ser lo más empático posible. – Pero tienes que ser objetiva, nos están engañando de nuevo.
- No… – afirmé, evasora de la realidad. – Urbosa sobrevivió y tiene que haber una explicación.
- Zelda…
- ¡Quizás le pasó como a ti! – le dije a Link. – Seguro sobrevivió al Cataclismo y estuvo en un largo letargo… u ocurrió lo mismo que con tu hermana, que se mantuvo joven para esperar mi regreso.
Mi caballero queda en silencio ante mi inverosímil análisis, quizás me quiere dar la razón o lo hace para no alterarme más. Lo que sí puedo percibir es que siente tanto malestar como yo.
- El hecho de que Ganon haya manipulado a nuestros amigos fue lo más doloroso y cobarde a lo que nos han sometido, después de la muerte de nuestros familiares. – dijo Link. – No quiero que nos vuelva a pasar lo mismo, pues a la primera que bajamos la guardia, arriesgamos más que la vida.
- Link, insisto… esto tiene que tener una razón.
- Lo sé, y la vamos a descubrir. – afirmó con seriedad. – Sin embargo, hay cosas que no tengo claro. No sabía que Urbosa tenía familia.
- Nunca la tuvo, Link. – respondí. – Jamás me mencionó que tuviera pareja o planes futuros de casarse, tener hijos. Siempre dijo que su único fin era proteger a las Gerudo y derrotar a Ganon, al considerarlo la peor vergüenza de su raza.
Link comienza a restregar su cabeza con ambas manos, cosa que me sorprende, pues casi nunca lo he visto así de preocupado, perdido, como si por primera vez no supiera qué hacer.
- Creo que lo más sensato es seguir en este juego. – dijo el caballero.
- ¿Juego?
- Princesa, actuemos con esta familia como si nada pasara, sobre todo con Urbosa. – dijo Link. – Solo te pido… te suplico, que cierres tu corazón y no te dejes llevar por las emociones, por más familiar y nostálgica que se ponga la situación. Ganon debe estar detrás de esto, jugando con nosotros, como lo hizo cuando utilizó a los otros campeones.
Tapo mi rostro con las manos, sintiéndome incapaz de hacer como si nada pasara, como si mi pasado y mis culpas no me persiguieran desde hace más de un siglo.
- Trata de dormir, por favor. – pidió Link, acomodándome en la cama y brindándome agua. – No me separaré de ti hasta que recuperes fuerzas.
Siento como mi caballero toma mi mano con firmeza, pero al mismo tiempo suavidad. Poco a poco empiezo a sentir como el sueño me invade, mientras una palabra retumba en mi mente, llevándome a la parte más cálida de mi ser.
"Mi rayo de luz".
- Zelda… despierta.
Abro los ojos lentamente al escuchar la voz de Link… quien no se encuentra solo.
- ¿Ya te sientes mejor?
Riju está en la habitación, sonriéndome con una amable curiosidad.
- No fue un sueño… – mencioné al aire.
- ¿Cómo te sientes, Zelda? – preguntó la joven.
Link me hace una señal con la mirada, como queriendo recordarme la conversación que tuvimos antes de que me quedara dormida. No sé cómo podré llevar a cabo este juego macabro sin perder la razón.
- Me siento bien, gracias por preguntar.
- Qué bueno, Zelda, todos nos preocupamos por ti, en especial mi mamá. – dijo Riju, aliviada.
- ¿Tu mamá? Urbosa…
- Me siento muy agradecida con ustedes dos por haber salvado a mi padre del implacable desierto; si algo le hubiera pasado, mamá y yo no lo habríamos resistido. – dijo la joven, apenada. – Gracias a ustedes vamos a celebrar otra cena en familia, y ahora con su compañía.
- Solo cumplimos con lo que debíamos hacer. – respondió Link, calmado ante la situación.
- Imaginen la tragedia que hubiera sido que la matriarca Gerudo se quede viuda.
- ¿Qué? – pregunté impactada. – ¿Matriarca?
- Claro… Urbosa, mi madre, es la matriarca de estas tierras.
Doy todo de mí para que los nervios no me dominen, sobre todo porque Link agarra mi mano con fuerza.
- Eso quiere decir que nosotros estamos en…
- En el palacio gobernado por mi madre. – respondió Riju. – Sé que tienen muchas preguntas, así que es mejor que las hagan en la cena, pues mamá seguramente contará su historia.
La joven Gerudo nos guía a Link y a mí por los pasillos del castillo, los que no han cambiado en lo absoluto. Es el lugar que conozco desde niña, el mismo al que me trajo mi madre, donde visité a Urbosa para pedirle que sea una de los Campeones.
Todo este lugar aún conserva la esencia y el alma de la Campeona del rayo.
Link y yo estamos sentados en la mesa del comedor… y no hay nadie. No veo por ninguna parte al personal de servicio o a la guardia personal de Urbosa.
El silencio es aterrador.
- Le dimos el día libre al personal para pasar solos, en familia.
Aquella voz es imposible de confundir, pero sobre todo de olvidar. Urbosa ha llegado, y esta vez portando la vestimenta que usaba antes de que le otorgara la celeste tela de Campeón. La imponente mujer nos mira con simpatía, hasta que detrás de ella aparecen su esposo e hija, portando bandejas con alimentos.
- Preparé estos alimentos para mi amada familia, y qué mejor que compartirlos con quienes salvaron a mi esposo. – dijo Urbosa. – Espero que sea de su agrado.
Akil se acerca a la silla de Urbosa y la abre para permitirle que se siente, mientras la mira con inmenso amor, acción a la que ella corresponde. Ya el hombre no está vestido como su alter ego.
- Link, puedes quitarte el velo de la cabeza. – sugirió Akil. – Aquí estás seguro y nadie te encarcelará.
Link se quita el velo, evidenciando alivio de no tener que portar el femenino accesorio, a pesar de que con la ropa no es el mismo caso. Poco después, Riju empieza a servir la comida.
- Toda la comida fue hecha por mi madre, está deliciosa. – dijo la joven, emocionada. – El arroz con carne y especias es su especialidad, sobre todo para el frío del desierto.
Cuando veo la comida frente a mí, trato de mantener la calma. Es el plato con el que Urbosa siempre me recibía, pues sabía cuánto me gustaba, aparte que me ayudaba a resistir el frío. Siento un terror, pero al mismo tiempo ansiedad por probarlo, y cuando estoy a punto de hacerlo, Link me detiene.
Entiendo lo que quiere hacer… y por más que busco detenerlo, mi cuerpo no responde.
Mi caballero da el primer bocado para comprobar que la comida esté en buenas condiciones; noto por su postura que no lo recuerda, pero no es la primera vez que hace esto.
Hace más de cien años, en uno de nuestros recorridos de investigación, muchas personas querían tener atenciones conmigo, preparando deliciosos platos para mí y mis acompañantes. Link, que no rechaza ninguna comida, era el primero en probarlas para cerciorarse que no estuviera envenenada o mal cocinada; por suerte, eso nunca ocurrió.
Sin embargo, ahora es diferente… Link desconfía demasiado de la supuesta Urbosa y su familia, por lo que necesita asegurarse.
- Esto está exquisito. – dijo Link, comenzando a devorar su plato.
- Espero que disfrutes de la comida, Zelda. – dijo Urbosa. – La hice para todos ustedes con mucho amor.
Pruebo la comida y me impacto al ver que es idéntico al que solía hacer la matriarca Gerudo que yo conocí, a la que aún vive en mi corazón y conciencia. Lo siento tan real, tan palpable que se me hace imposible que esto pueda ser una trampa.
No dejo de insistir al pensar que esto debe tener una explicación.
- Mi querida Urbosa siempre me recibe con comida deliciosa. – dijo Akil, emocionado.
- Así debería ser todos los días. – comentó Riju, algo desanimada.
- Soy la matriarca de las Gerudo, hija, y como tal no puedo romper con las tradiciones. – respondió Urbosa. – Los hombres no son bienvenidos en la ciudadela, y ya es suficiente con hacerme la "ciega" con la venida de tu padre.
- Lo sé, querida. – dijo Akil, tomando la mano de su esposa. – Y entiendo por qué lo haces.
- Después de haber estado tan cerca de la muerte, no podía ser de otra manera.
Tanto Link como yo nos pusimos atentos ante lo que Urbosa mencionó… Quizás ahí estaba la respuesta que tanto buscaba.
- Prefiero no entrar en muchos detalles, porque es doloroso recordarlo para mí. – dijo la matriarca, apenada. – Pero tuve que enfrentarme a un enemigo muy poderoso y quedé terriblemente herida.
- ¿Qué enemigo? – pregunté aterrada.
Urbosa se calla ante mi pregunta, cosa que preocupa a su familia.
- Mi mamá perdió muchos recuerdos de su pasado. – dijo Riju.
- Me da vergüenza admitirlo, pero es así. – dijo la Gerudo. – Lo que sí recuerdo es a quien me rescató en medio del desierto, casi muriendo… Akil.
El hombre sonríe, sonrojado, mientras besa con cariño la mano de su esposa.
- De no haber sido por Akil, no estaría viva. – dijo Urbosa. – Gracias a él pude continuar con mi matriarcado… y formar una familia.
- Gracias a esa hazaña, mi mamá pudo casarse con mi padre, a pesar de que él no venía de una casta de noble o de alta alcurnia. – dijo Riju. – Pero a pesar de eso, él no puede vivir aquí con nosotras.
- Con que las Gerudo sepan de mi existencia, es más que suficiente. – dijo Akil, orgulloso. – Mi vida no sería feliz sin ustedes.
La historia que cuentan es tan conmovedora… y al mismo tiempo tan imposible. ¿Quién fue el enemigo de Urbosa? ¿Ganon? ¿Algún contrincante personal?
- ¿Hace cuánto fue ese… accidente? – preguntó Link.
- Hace quince años. – respondió Urbosa.
Siento que mi cabeza va a estallar… y Link solo me mira sin decirme nada.
- Es mejor que ya no recordemos situaciones tristes. – pidió Urbosa. – Vamos a servir el postre y una bebida típica de nuestra tierra.
Riju se levanta de la mesa para traer lo indicado por su madre, mientras que yo sigo perdida en mi ansiedad, pues no sé a qué me estoy ateniendo. Parece que esta mujer no es la Urbosa que conozco, sino otra Gerudo con el nombre de ella… Aunque a estas alturas no sé ni entiendo nada.
Riju llega con una bandeja con cinco copas de una bebida que conozco a la perfección.
- He preparado el Noble Afán, bebida típica de esta región. – dijo Urbosa. – Es a base de melón, sandía y…
- Mucho hielo. – respondí, completando su frase.
- Así es, Zelda. – expresó la matriarca. – Y no solo eso. Esta es especial porque…
- No tiene alcohol.
Urbosa sonríe complacida, al igual que su familia, mientras que Link solo me mira impresionado, preguntándose cómo sé algo como eso.
- ¿Cómo sabes que la tuya no tiene alcohol? – preguntó la mujer. – La de Link y la de mi hija son iguales.
- Bueno… – pensé en algo rápido para salir de mi impulsivo acto. – No huele a alcohol, además intuyo que no consideras que estemos en una edad adecuada para consumirlo.
- Así es. – dijo Urbosa. – Link se ve algo más grande que tú, pero sigue siendo un jovencito, y mi hija ni se diga.
- ¡Mamá! – se quejó Riju.
- ¡Ya hemos hablado de eso, Riju! – retó Urbosa. – Mejor ve a traer el postre. Este es especial para mí porque mi mejor amiga me enseñó a prepararlo.
La joven Gerudo fue a traer el postre, y apenas lo vi, sentí que iba a caerme de la silla.
Ya no soporto tantas coincidencias, tantas supuestas casualidades…
- El pastel de frutas… – expresó Link, embelesado.
- ¿Qué? – pregunté sorprendida, tratando de mantener la compostura. – ¿Qué dijiste?
- Es igual al postre que nos… – Link guardó silencio por unos segundos, nervioso. – Es igual al que nos hacía la reina cuando éramos pequeños…
- ¿Qué reina? – preguntó Akil.
- ¡Su madre! – gritó Link. – La mamá de Zelda, quise decir.
- ¿Y por qué le dices reina? – preguntó Riju.
- Yo… la verdad…
- Urbosa. – interrumpí el incómodo momento. – Usted dijo que su mejor amiga le enseñó a prepararlo… ¿Quién fue ella?
- Una Gerudo con la que compartí varios años de mi juventud… pero apenas se casó decidió dejar la ciudadela. – respondió la mujer. – Aun la extraño.
Ganon… Maldito… ¿Por qué quiere seguirse burlando de mí? ¿Acaso no fue suficiente la tortura a la que me sometió por tanto tiempo? Ni siquiera he tenido el valor de contarle a Link todo lo que me tocó vivir, pues no me parece justo poner más cargas sobre sus hombros, ya es suficiente con su frágil memoria y la reciente muerte de su hermana.
Link, el gran amor de mi vida… siempre junto a mí así se encuentre roto.
Una vez que todos terminamos de comer, Riju se dirige a nosotros.
- Imagino lo cansados que se encuentran, así que los voy a escoltar a sus aposentos. – dijo la joven. – Una sola habitación, ¿verdad?
El rostro de Link se sonroja terriblemente, y no entiendo por qué, si ya hemos dormido juntos varias veces. Yo, sin duda alguna, respondo lo evidente.
- Claro, y con una sola cama.
El rostro de Link empeora su rojez, pero necesito divertirme un poco con su vergüenza, dejar de lado por un segundo la ansiedad que me aqueja por todas las emociones que me invaden con respecto a Urbosa.
- Escolta a la pareja a su habitación, hija. – pidió Akil.
- Sí, papá.
La joven Gerudo nos guía a Link y a mí a nuestro sitio de descanso. Y por primera vez veo a mi caballero tan agotado, bostezando continuamente.
Apenas nos acostamos en la cama, Link se quedó profundamente dormido, sin conversar conmigo antes sobre todo lo ocurrido o tener alguna muestra de afecto conmigo, como si la energía se le hubiera drenado del cuerpo en su totalidad. Eso es raro en él, pero quizás el calor del desierto lo agotó, el traje Gerudo lo tuvo tenso o la comida estuvo muy contundente; aunque lo último me queda en duda.
- Descansa, Link. – susurré, mientras acariciaba su frente. – No siempre tienes que dar lo máximo de ti, a veces tienes derecho a rendirte.
Me acomodo mejor en su pecho para abrazarlo, sintiendo los latidos de su corazón. Link sabe que lo amo… pero quisiera que sepa más cosas de nuestra vida de hace cien años, sin embargo, aún no tengo el valor de decírselo.
Por más que lo intento, no puedo conciliar el sueño. Solo me pierdo en el sepulcral silencio de este desértico palacio… o eso es lo que creo.
- ¿Ah?
Escucho unos pasos cercanos a la habitación, y para mí son inconfundibles. Nunca olvidé el sonido de los tacones de Urbosa, caminando tan majestuosa e imponente por sus tierras, incluso recuerdo que opacaba el andar de mi madre, quien también se caracterizaba por usar esa clase de zapatos.
La curiosidad me mata… así que me levanto de la cama, como si una fuerza me obligara a hacerlo.
La habitación que nos asignaron a Link y a mí se encuentra cerca de la sala de entrenamiento de las Gerudo, y es ahí donde veo a Urbosa en su andar, dirigiéndose a la sala del trono.
- Urbosa…
Me sorprende verla sola, sin su esposo o su hija, por lo que decido seguirla para hablar con ella. No entiendo por qué lo hago, pero siento una enorme necesidad de preguntar tantas cosas.
- ¡Urbosa, espera!
A pesar de que alzo la voz, ella ni se inmuta, y lo que es peor, su familia tampoco.
Decido seguirla, tomando mis precauciones. Veo como la matriarca sube las escaleras de la sala del trono, la que sé que llevan a sus aposentos. Sé que en este momento debería detenerme, pero simplemente no puedo, pues necesito mirarla a los ojos una sola vez, sin testigos ni distracciones, para convencerme a mí misma que esta mujer no es la mejor amiga de mi madre, la que me protegió cuando ella partió de este mundo, y la que entregó su vida para que yo pudiera despertar un tardío poder que no pudo evitar ninguna de mis pérdidas.
Tengo que resignarme que Urbosa ya no está.
Subo las escaleras hasta sus aposentos, sabiendo que no es correcto invadir el espacio de una pareja…
Pero para mi sorpresa no hay nadie. No está Urbosa ni su esposo, la cama está vacía, como si nunca se hubiera usado.
- ¿Y Akil? – me pregunto. – ¿Dónde está? Se supone que debería estar aquí.
Por los aposentos de Urbosa no se ha dado el paso del tiempo. Todo está en el mismo sitio, la cama tendida de la forma que a ella le gustaba y el aroma a Adenium, típica flor del desierto, tan presente como cada día. Mis dedos rozan cada rincón de la habitación, mientras contengo las lágrimas que quieren salir disparadas por mis mejillas. Creo que nunca me perdonaré el no haber impedido la muerte de la única referencia más cercana que tuve a mi madre.
Impa y Prunia siempre estuvieron conmigo, pero ellas eran mucho menores que mi mamá. Urbosa era tan cercana a ella, tan amiga, tan hermana.
Sigo con mi recorrido, mientras mi corazón se despedaza, hasta que mi paso se detiene al encontrarme con un libro de portada roja.
- ¿Y esto?
Tomo el libro y me doy cuenta de que se trata de un diario, por lo que de inmediato lo dejo en su sitio.
- Seguro es de Urbosa. – afirmé con seguridad. – No es correcto lo que estoy pensando hacer.
Intento retirarme de los aposentos, pero de nuevo una fuerza me detiene. Quiero leer el diario. ¿Y si me ve Urbosa, su esposo o hija? A pesar de que es una posibilidad muy grande… no me importa.
Ansiosa, abro la primera página para perderme en su texto…
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He sido invitada a una boda que nunca creí iba a darse, la unión del príncipe Rhoam con una misteriosa sacerdotisa. Muchas de las mujeres a mi cargo, entre otras de Hyrule, suspiraban por el joven con solo mirarlo a lo lejos, mientras yo lo veía como a un hombre arrogante, como todos, que nunca se dejaría atrapar por nadie… pero al parecer me equivoqué y se ha enamorado de una dama distinta a su gremio, lo que me demuestra que es extraordinaria.
Yo admiro a las mujeres que son capaces de romper con los esquemas, de ir más allá de lo evidente, así que tengo mucho interés en conocer a la futura reina.
Espero que los finos regalos que llevo para felicitar a los recién casados sean de su agrado.
Tengo que seguir con mi arreglo personal, pues ya estoy muy atrasada…
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Una emoción ha explotado en mi pecho al leer sobre la asistencia de Urbosa a la boda de mis padres. Siempre pensé que se conocieron en alguna visita que mi madre hizo al desierto, pero veo que no fue así.
Aún hay más páginas que descubrir… siento que no puedo detenerme.
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Desde el matrimonio de Selene, entre nosotras nació una especial amistad, nos volvimos inseparables, las mejores amigas y hermanas, a pesar de la distancia. Hace poco recibí una carta de ella pidiendo que la visite en el castillo, indicando que tenía una noticia que darme.
Grande fue mi sorpresa cuando la vi tan diferente… con el vientre abultado de una forma inconfundible.
Mi mejor amiga me sorprendió con la noticia de su embarazo, con la dicha de estar aguardando en su vientre a su primer hijo.
A pesar de mi dureza, mis ojos se humedecieron y la abracé con fuerza, mientras ella me correspondía con cariño. A pesar de su dulce estado, la vi cansada, ojerosa y debilitada, pero aun así manteniendo la sonrisa y belleza que siempre la caracterizaban. Le manifesté mi preocupación, pero ella solo justificó todo con las típicas molestias del embarazo.
Mi querida Selene está viviendo una etapa muy especial para la mayoría de las mujeres… entre esas, yo.
Sí… yo… la independiente y solitaria matriarca de las Gerudo.
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Cierro el diario con fuerza, impactada con lo que acabo de leer. Yo jamás conocí a la Urbosa que describe este diario.
- Urbosa… ¿Tú querías ser madre? – pregunté incrédula. – Nunca me lo contó, ni siquiera mi mamá lo hizo.
Con ansias de seguir conociendo más, sigo leyendo el sorprendente diario.
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Las soldados me informaron sobre la captura de un hombre que ingresó, haciéndose pasar por mujer, a la ciudadela Gerudo. Mi indignación y enojo no tienen límites, pues yo no tengo piedad con esa clase de faltas de respeto. Ni siquiera su Majestad Rhoam se ha atrevido a romper las reglas cuando Selene ha venido de visita, así que de ninguna manera puedo tolerar algo como esto.
Una de mis escoltas me informó que el hombre insistía en verme, así que antes de sentenciarlo un buen tiempo en prisión, decidí darle esa concesión.
La razón por la que ingresó a la ciudadela me dejó estupefacta.
"Usted es la razón por la que me he arriesgado a entrar aquí, sin importar que me cueste la vida".
Observé bien al hombre y sentí algo extraño cuando mi mirada se cruzó con la de él, algo inexplicable, pero de ninguna manera mostré un ápice de compasión. Le reclamé su osadía por dirigirse a mí de esa forma tan atrevida, hasta que estiró sus manos con un peculiar objeto.
"Usted no me conoce, pero a mi madre sí. Es la mercader que encontró en el desierto muriendo de sed hace dos semanas; y su persona, olvidando su posición, su poder, se acercó a ella para ayudarla, para calmar su sufrimiento e incluso la acogió en su castillo para que se recupere y le compró todos sus productos para repartirlos entre su gente".
El hombre tenía en sus manos un Adenium en un ánfora cuadrada de cristal, mi flor favorita. Mis impulsos deseos quisieron preguntarle cómo supo un dato tan íntimo como ese, pero mi orgullo no me lo permitió.
"No tienes nada que agradecer el que haya salvado a tu madre, fue mi deber como matriarca de estas tierras; servir a quien sea, sin importar si es de nuestra raza o no".
Respondí a sus palabras con seriedad, pues no podía desmoronar la imagen que tengo.
"Mi señora, con todo respeto, le pido que acepte este humilde presente que he preparado para usted. Es especial, pues está preservada, lo que significa que nunca morirá".
No supe qué decir o qué hacer. El hombre puso el objeto a mis pies, casi como si se tratara de una ofrenda.
"Y de una vez le aclaro, no pretendo que con este detalle me perdone. Por usted, cumpliré la condena que imponga".
No dije nada y solo di la orden de que lo encarcelen. Por primera vez en mi vida sentí un malestar por encerrar a alguien que rompiera las reglas, pero no podía ceder bajo ninguna circunstancia.
"Dame tu nombre, prisionero"
"Akil, mi señora… siempre a sus pies."
En este momento, completando las páginas de este diario, no puedo dejar de mirar el Adenium que ese hombre, Akil, me regaló. Lo tomé sin que nadie se diera cuenta y lo pienso conservar. No solo posee un aroma exquisito, sino que también brilla intensamente a la llegada de la noche.
Puedo tener los ramos de Adenium que a mí me plazca… pero no comprendo por qué este me es tan especial.
Sin embargo, lo que me es peor entender, es que a los dos días del suceso lo liberé…
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Urbosa menciona a Akil en sus escritos… pero yo no recuerdo haberlo conocido en el pasado, ni tampoco me contó de él.
Abro el diario con más ansiedad que antes, y esta vez sin parar, necesito entenderlo todo. Ya no me importa ser descubierta.
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No puedo describir la felicidad que tengo en estos momentos, ¿así me sentiría si me pasara a mí? En mis brazos tengo a la pequeña Zelda, la bebé recién nacida de mi amiga Selene, quien ahora se siente mejor, llena de vida porque su amada hija está con ella.
Sé que el rey no puede con tanta felicidad, según Selene me contó, y lo mismo su supuesto mejor amigo, Astor. Ese hombre insufrible y arrogante que nunca me ha dado buena vibra, y a pesar de que se lo he manifestado a mi amiga, ella lo defiende a capa y espada.
Enfocándome en la nueva princesa, nunca había visto una niña tan hermosa, llena de buenas energías… y por eso, Selene la ha bautizado como su "rayo de luz"; y sin duda también es el mío, pues aquellos sentimientos y deseos escondidos han vuelto a salir a flote… y esta vez he decidido compartirlos.
Le conté a Selene sobre Akil, aquel atrevido hombre que invadió la ciudadela, vestido de mujer, solo para agradecerme por su madre. Y le confesé que lo amo y él a mí. Nunca creí que después de aquel evento él y yo nos volveríamos cercanos, a salir a escondidas como "un par de amigas", hasta el punto de confesar nuestros sentimientos.
Selene compartió mi dicha y juró nunca revelarlo a nadie, ni siquiera a su esposo, el rey. Qué tranquilidad contar con una amiga de verdad, con la que puedo confiar mis más íntimos secretos… pues a nadie más puedo decirlo, de ninguna manera se puede saber que la matriarca Gerudo tiene amoríos con un hombre "común" … y eso es lo que más amo de él, su sencillez y autenticidad.
Las demás Gerudo podrán elegir el esposo que quieran… pero yo no. Vivo este clandestino amor en secreto porque yo solo puedo vivir para mi gente y nadie más.
Selene me quiso hacer reflexionar, pero yo no di mi brazo a torcer. Akil me ama con todo y mis condiciones, y me lo ha demostrado de mil y una maneras, sobre todo con su apoyo, su sonrisa y esa boca de luna que siempre tenía para mí besos y palabras de apoyo.
No sé qué nos depare el futuro… pero hoy sé que quiero estar siempre con él.
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Estoy totalmente devastada y destruida. No entiendo ni cómo puede tener fuerzas para regresar a la ciudadela Gerudo y acostarme en mi cama a tratar de descansar. Solo sé que Akil, escondido bajo femeninas ropas, me consoló sin cansancio.
Mi amada hermana, mi mejor amiga, ha partido de una manera abrupta, enigmática y desgarradora. La muerte de Selene me ha destrozado y acabado con una parte importante de mi corazón, dejándome sin la única persona a la que podía confiarle mis más secretos anhelos, a la que podía llorarle auténticamente los miedos que jamás podía mostrar ante los demás.
La reina ha dejado sola a su amado rayo de luz con tan corta edad, quien no derramó ni una sola lágrima, al igual que su padre, que a partir de este momento es un hombre distinto al que conocí. Ya no queda nada de él.
Me paso llorando en mi cama, sin que nada pueda detenerme, siempre abrazando una pulsera que Selene me regaló el día que me confesó su embarazo.
Akil soportó mis quejidos, secó mis lágrimas y se quedó conmigo los días en los que no pude seguir con mi vida.
Ahora Zelda y él son lo único que me queda y a quienes debo aferrarme para seguir adelante.
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Desde que murió Selene, no volví a escribir en este diario… hasta el día de hoy.
Zelda, quien ahora es toda una dama, me ha pedido que sea la Campeona y piloto de la bestia divina Vah Naboris, y que la apoye en la derrota de Ganon. Es un honor que me haya elegido, pero Akil no está de acuerdo. Después de tantos años de relación bajo las arenas, discutimos por primera vez.
Él me ruega que no acepte, que sigamos con los planes que tenemos.
Ahora que he aceptado su anillo y propuesta de matrimonio, he decidido hablar con mi pueblo y decirles la verdad. Sin embargo, eso lo haré cuando derrotemos a Ganon y evitemos el Cataclismo. Una vez acabada su maldad, por fin podré ser libre y feliz con el hombre que amo. No me importa renunciar al matriarcado y ser una mujer común… cumpliré mi más anhelado sueño, ser la esposa de Akil, y sobre todo, de tener una familia.
Espero que la hija que tenga sea tan hermosa, valiente y bondadosa como Zelda.
Ya todo está listo para mi boda, la que se celebrará después que Ganon desaparezca.
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Cierro el libro con el alma hecha pedazos, recibiendo tantas cosas que creí sepultadas y superadas, mas todo no es más que una mentira.
Tan ciega y egoísta he sido que no fui capaz de ver los sentimientos de los Campeones, sobre todo los de Urbosa, quien tuvo que amar en silencio para no perjudicarme, para seguir con el cariño y cuidados que mi madre nunca pudo continuar conmigo.
Sigo llorando con dolor, angustia y sin poder detenerme… hasta que una ráfaga de viento me detiene.
Frente a mí se presenta un espejismo del traicionero desierto… y lo veo claro, casi palpable.
Veo a Urbosa y a Akil en estos mismos aposentos, abrazados debajo las sábanas de la cama.
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- Te juro que regresaré sana y salva para casarme contigo, como te lo prometí. – afirmó Urbosa. – Sé paciente, falta poco para ser totalmente libres.
- Yo puedo ser paciente toda la vida, lo he sido por muchos años … pero no quiero perderte. – dijo Akil, angustiado. – Si tú mueres, iré hasta donde tú estás, pues yo no podría seguir sin ti.
- Eso no va a pasar…
- Aunque lo niegues, sé que tienes miedo. – dijo Akil. – Yo te estaré esperando, en nuestra casa secreta, para poder casarnos… Y por fin podremos tener la familia que anhelamos; a esa hermosa hija que hemos soñado.
- Una hija que ha sido tan deseada por nosotros. – expresó Urbosa. – Una mujer valiente y hermosa como Zelda, mi rayo de luz.
- ¿Y qué nombre le pondremos a nuestro rayo de luz?
- Igual que mi difunta madre, una de las matriarcas más reconocidas de nuestra tierra… Riju.
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El espejismo se desvanece de mis ojos como la implacable arena entre la tormenta, mientras el diario de Urbosa cae al suelo… desprendiendo una página que no había notado y con una letra distinta a la de Urbosa.
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Mi vida sin ti no tiene sentido, mi amada Urbosa… me recostaré junto a ti en tu última morada.
Reniego de esta vida si no estás en ella. No la quiero. La repudio tanto como la bestia que te tragó sin piedad, a la que iré a exigir que me lleve junto a ti.
Juntos en la eternidad y amándonos.
Akil
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No puede ser. ¿Acaso Akil fue hasta…?
- Fue a buscarme hasta la bestia divina corrompida para morir conmigo. – respondió una conocida voz. – El pobre se suicidó.
Me doy la vuelta, aterrada, para encontrarme con la mujer que me ha alterado emocionalmente. Siento que estoy en una pesadilla sin poder despertar.
- No solo llevas en tu conciencia mi muerte, Zelda, sino la del amor de mi vida, la de la familia que nunca tuve.
- ¡Urbosa, tú…!
- Y por eso, te haré pagar con la misma moneda…
En ese instante, Urbosa chasquea los dedos y un fuerte estruendo se escucha a lo lejos, mientras una sombra empieza a tomar una forma conocida… una que es difícil de olvidar.
- Mi fiel Naboris ha regresado para hacerte pagar por lo que me has hecho. – dijo Urbosa. – Ahora Link, el héroe elegido por la espada, perecerá en sus entrañas. Y no podrás evitarlo.
Urbosa desaparece, mientras la bestia divina no deja de gritar como desaforada, entre una mezcla de dolor y venganza, dando a entender que estaba manipulada.
Bajo rápidamente a buscar a Link… pero ya no está en su cama. Ha desaparecido.
- ¡Link! ¡LINK!
No puede ser que ella se lo haya llevado, imposible.
NO PUEDO PERDER A LINK. NO LO VOY A SOPORTAR.
Vuelvo a subir a los aposentos de Urbosa, mientras veo como todo mi alrededor empieza a desvanecerse como los espejismos del desierto.
Una vez llegó a la habitación de la matriarca, quedó impactada con la imagen que veo.
Riju está acostada en la cama que perteneció a Urbosa, totalmente fuera de sí y balbuceando sin parar.
- Mamá… regresa… yo no podré hacerlo sola… tengo miedo.
- Matriarca Riju… debe volver en sí, por favor. – suplicó una guerrera Gerudo que jamás había visto.
El palacio y los aposentos no son iguales a los que vi hace un momento… y fue ahí, que para mi terror, entendí todo.
Los miedos y los anhelos del corazón son la mejor arma para ser manipulados, para crear crueles espejismos que destrozan el alma.
Comentarios finales:
Hola, mis queridos lectores. Espero hayan pasado una Feliz Navidad junto a sus seres queridos.
Han pasado muchos meses desde la última vez que actualicé, y pido disculpas por eso, pero lamentablemente este año para mí ha sido muy difícil, y eso me ha causado que me sienta demasiado triste, desanimada y ansiosa.
En Marzo de este año dejé de trabajar por razones ajenas a mí, y eso me afectó mucho emocionalmente y golpeó mi ego profesional. Estoy buscando trabajo, pero aún no se da esa oportunidad (Latinoamérica, para variar). He estado mal de salud (nada mortal), y recién ahora estoy mejorando. Creo que este 2023, en general, ha sido un año del asco para demasiadas personas, al menos a mí me afectó tanto que hasta dejé de escribir, pero por suerte eso cambió. Sé que todo va a mejorar para nosotros en general, y agradezco mucho por su paciencia y comprensión, sobre todo a los amigos con los que siempre hablo por interno.
De todas maneras, han pasado cosas buenas, como la salida de Zelda Tears of the Kingdom, que ha sido un juego maravilloso y que me salvó la vida de muchas maneras, ya lo tengo completado al 100%, y solo puedo decir que es lo mejor que Nintendo ha podido crear, me hizo reír, llorar, emocionarme a morir. En serio, lo esperamos por tantos años y valió la pena. Deseo que los que lo estén jugando lo disfruten al máximo, y los que aún no, pronto lo puedan hacer.
Otra de las cosas con las que me he distraído bastante en este tiempo obligatoriamente libre, es con la restauración de mis "Barbies" de la infancia. Recordé cuánto las amaba de niña y gracias a Dios mi mamá siempre me las conservó, así que ahora me dedico a cuidarlas y a recuperar la ropa que han perdido. Veré si me animo a publicarlas en mis redes sociales para que las vean.
En fin, ahora sí me enfoco en este capítulo. Creerán que por 8 meses me mantuve con una sola página, y ahora en cuestión de días he completado todo. Espero no me vuelva a dar tremendo bajón.
Creo que era más que evidente que el encuentro con Urbosa iba a ser una trampa, pues ya hubiera sido demasiada ingenuidad por parte de Link y Zelda bajar la guardia, sin embargo, quise crear una manera de que otra vez pasara eso, pero que no se notara tanto, sobre todo para la princesa, pues ella era la más cercana a la matriarca Gerudo.
Zelda descubrió muchas cosas sobre la clandestina vida de Urbosa, y como podrán imaginar, Ganon usó esas vivencias en su contra para manipular su espíritu. Sin embargo, eso no solo ha pasado con ella, como se evidencia al final, sino con Riju. ¿Por qué? Les daré más detalles en el siguiente capítulo, pero creo que con decir que Riju en el juego sufre la falta de su madre es más que evidente el por qué Ganon la utilizó.
Lo que Urbosa y Riju tienen en común es el vacío de algo valioso, y de eso Ganon se aprovechó.
Es todo lo que diré, pues quiero aprovechar este subidón de ánimos para publicar el próximo capítulo lo más pronto posible.
Antes de terminar estos comentarios, quiero dejar claro que la salida de TOTK no influenciará en las ideas que tengo de esta historia. Esta seguirá el enfoque de Breath of the Wild y Age of Calamity a rajatabla, a excepción de algo insignificante, pero de ninguna manera pienso incluir los hechos o personajes del nuevo juego.
Una vez más, agradezco a todos por seguir apoyándome a pesar del tiempo y la distancia. Espero que este capítulo llegue como un pequeño regalo de Navidad para ustedes y buenos deseos para este nuevo año que va a empezar.
Muchas bendiciones para todos, nos estamos leyendo.
Un abrazo,
Artemiss
