Capítulo 45: Rayo de luz
Urbosa… Urbosa…
De pequeña no dejaba de llamarte cuando quería sentirme cuidada y protegida por ti… pero ahora es distinto. Ahora te llamo con súplica para que regreses a ser la de antes, o más bien, para que puedas ser totalmente libre.
No tengo idea de cómo voy a enfrentarme a la matriarca Gerudo, y no lo digo únicamente por mis tormentos personales, sino por mis nulas habilidades en combate.
Y no me da mucho tiempo para pensar, pues sin haberlo visto o prevenido, recibo un golpe con la espada de Urbosa. Se movió tan rápido, que ni siquiera pude verla.
Caigo al suelo, totalmente conmocionada.
No puedo describir la electricidad tan devastadora que siento recorrer mi cuerpo; la herida que me causó en el brazo no fue casi nada en comparación a esta espantosa sensación. ¿En qué momento ocurrió? No la vi, solo ocurrió.
- ¿Ya te diste cuenta de que entre tú y yo no hay nada que hacer? – preguntó ella, intimidándome. – El resultado de esta pelea está dada, así que te mataré de una vez.
Dejando de lado mi dolor, me pongo de pie con prisa y hago uso del escudo de Daruk para protegerme. Tengo que pensar la manera correcta de hacer uso de los dones que los Campeones nos otorgaron a Link y a mí.
Ellos pueden ayudarme a sobrevivir a esta batalla.
- ¿El escudo de Daruk? – preguntó sonriendo. – Interesante. Sin embargo… ¿Tu escudo puede hacer esto?
Urbosa ahora lanza un golpe con su escudo eléctrico, que si bien no me paraliza como hace unos momentos, si me hace volar hasta una de las paredes. Esta vez el dolor de cuerpo se siente más cruel.
Creo que este, hasta ahora, ha sido uno de los enemigos más terribles que Link y yo hemos tenido.
- ¡Usa tu escudito, mocosa insensata! ¡Esta vez no te ayudará en nada!
Ahora sí, teniendo en cuenta la velocidad de ataque, la evito usando la furia de Revali, la que me eleva por los aires. Aunque no tenga la paravela, la corriente de aire es tan dinámica que me permite moverme y ascender con cautela.
- Vaya, tengo que reconocer que fuiste inteligente. – manifestó Urbosa. – Pero esto solo retrasará tu fin, ninguna de tus robadas técnicas te servirán.
- ¡Ninguna de estas técnicas es robada! – reclamo una vez desciendo al suelo. – Fueron otorgadas por las almas de los Campeones, quienes han confiado en Link y en mí para acabar con Ganon. Estamos continuando con su legado.
- ¿Legado? – preguntó con ironía. – Nada de esas tonterías vale la pena si tú y Link ya están con un pie en la tumba
- No moriré en esta batalla, Urbosa… Al menos no hasta que salve tu alma.
Así yo desaparezca y Link tenga que continuar solo, yo no tendré paz hasta salvar la atormentada alma de Urbosa.
- No digas tonterías…
- Aparte de ahora, solo una vez vi una mirada tan espantosa en la matriarca Gerudo. – dije, recordando hechos pasados. – Y solo tú misma pudiste acabar con ella.
- ¿Qué? – preguntó Urbosa, sorprendida.
Y ese día, Urbosa, tú me rescataste…
*.*.*.*.*
Los monstruos ya habían comenzado a invadir de a poco todos los rincones del reino de Hyrule, y el desierto Gerudo no era la excepción.
Impa, Link y yo vinimos a buscar a Urbosa, pero al llegar a sus dominios, comenzaron a atacarnos las mismas Gerudo, cosa que no pude creer, y la única manera de saber la razón, era preguntándoselo a la misma matriarca.
Link e Impa se encargaron de neutralizar a las Gerudo que nos impedían el ingreso a la ciudadela, claro está, sin llegar a lastimarlas; y aprovechando todo el disturbio, mi caballero pudo entrar conmigo, sin necesidad de usar su gracioso traje femenino.
Me sorprendo al encontrar a Urbosa sentada en su trono.
Es ella… pero tan distinta a la que yo conozco.
- ¿Urbosa? – la llamé al verla.
Ella me mira de una manera extraña, no con la calidez que siempre ha tenido para mí. Link e Impa no dicen nada, pero sé que, al igual que yo, se sienten confundidos.
- ¿Por qué haces esto, Urbosa? – pregunté angustiada, mientras sus mujeres nos impedían el caso. – No comprendo por qué tus guerreras nos atacan.
La matriarca, sin dejar de mirarme, se levanta de su trono, para después esbozar una extraña sonrisa.
- Tu existencia pasará a ser una leyenda. – dijo ella, causando que mi corazón brinque debido a la impresión.
Quedo paralizada ante las palabras de Urbosa, pero Link e Impa se colocan delante de mí para protegerme.
- Urbosa…
- Mantenga su distancia, princesa. – pidió Link con seriedad. – Algo extraño ocurre con esta mujer.
No ha pasado mucho tiempo desde que Link es mi escolta, y a decir verdad, me conmueve la devoción por la que me protege, cosa que me provoca sensaciones extrañas. Sin embargo, aunque me ilusione, sé que él lo hace por simple deber, no por el afecto que alguna vez sintió por mí.
- Princesa Zelda… ¡Muere!
Urbosa corre hacia mí para atacarme, mientras Link e Impa se preparan para defenderme; sin embargo, en ese momento, Urbosa se detiene al sentir como una espantosa corriente eléctrica la invade, mientras su imagen empieza a distorsionarse.
- Lamento la tardanza…
Al darnos la vuelta, nos encontramos con lo impensable… Urbosa.
¿Cómo es posible esto?
- Acudí lo antes posible. – dijo ella, acercándose hasta nosotros. – Pero jamás imaginé encontrarme con esto.
- Urbosa, ¿eres tú? – pregunté insegura.
- ¿Te hicieron daño, rayo de luz?
Al escuchar su pregunta, mi corazón vuelve a calmarse, por lo que me acerco a abrazarla. Ya no tengo dudas que frente a mí se encuentra la verdadera amiga de mi madre.
- Estoy bien. – respondí, mientras me soltaba del abrazo.
En ese momento, enfocamos nuestra mirada en la falsa matriarca, quien ahora se ha transformado en un ser que, aunque nunca había visto, sí había escuchado.
El sinvergüenza mago del disfraz. El maestro Kogg.
- ¡Mentecatos! ¿¡Cómo osan a interponerse en mi camino!? – expresó enfurecido, aun en el suelo.
Sin embargo, nadie tuvo tiempo de responder a su pregunta, pues Link, enfurecido, se lanzó encima de él, clavándole su espada en su mano.
- ¡AAAAAAAAHG!
- ¡Maldito! – expresó Link, enfurecido. – ¿Cómo osas a burlarte de su alteza con una vulgar ilusión? ¡Pagarás tu descaro!
Nunca antes había visto a Link tan enojado. Desde que está a mi servicio, a duras penas habla o expresa emociones, sin embargo, ahora lo veo actuar con tanto apasionamiento para acabar con su enemigo.
¿Por su deber o por mí? No puedo evitar hacerme esas tontas preguntas.
- ¡Mocoso infeliz! – expresó con dolor el maestro Kogg. – ¡Esclavos, vengan a mí!
Ya la ciudadela Gerudo no se encuentra rodeada por las mismas Gerudo, sino por los Yigas, quienes buscan venganza para su maestro.
- ¡Mis esbirros van a matarte, maldito caballero!
- ¡Cobarde! ¡Tú enfréntate a mí! – amenazó Link, enfurecido.
Kogg desaparece, dejando a sus lacayos afuera para atacarnos. En ese momento, Link envaina su espada y voltea hacia mí. Me mira con esos ojos profundos e intensos que me confunden, que me dicen mucho, pero al mismo tiempo nada. Poco después, se arrodilla ante mí.
- Link…
- Lamento mucho mi exabrupto, princesa Zelda. – dijo, mirando al suelo. – Sin embargo, no podía permitir tal afrenta. Burlarse de usted usando la imagen de la matriarca Gerudo.
- Gracias por defenderme, Link. – dije apenada, no sé si por su devoción o distancia.
- ¿Así que tú eres Link? – preguntó Urbosa. – Ponte de pie, quiero verte mejor.
- Un gusto conocerla. – saludó mi caballero, dando una reverencia.
- Por fin te conozco. – dijo Urbosa, esbozando una sonrisa. – Zelda me ha hablado tanto de ti.
- ¿Qué? – preguntó él, impactado.
El rostro de Link se inmoviliza, mientras yo quiero que la tierra me trague ante tal vergüenza; al mismo tiempo, siento como Impa me agarra del brazo, sabiendo lo que siento.
¿Cómo Urbosa me pudo haber exhibido de esa manera?
- Ya habrá tiempo para conversar, muchacho. – dijo la matriarca. – Ahora, ¿pueden Impa y tú ayudarme con las lacras de afuera?
- Será todo un placer. – respondió el caballero, sonriendo, para mi sorpresa.
- Alteza, espere aquí, mientras nos encargamos. – pidió la Sheikah.
Urbosa, Link e Impa salen acabar con los enemigos… mientras yo me quedo aquí, sin hacer nada, siempre siendo rescatada.
No me puedo quitar de la mente la reacción de Link y la impresión que este pudo haber causado en Urbosa.
*.*.*.*.*
Termino de contarle a Urbosa mi relato, lo que causa que ella se me quede mirando fijamente. Siento perfectamente la esencia del mal dentro de su espíritu, sin embargo, sé que mis palabras han removido desde lo más profundo.
- La mirada que tenía aquella Urbosa, recreada por Kogg, es la misma que veo ahora. – manifesté angustiada. – Y es la que quiero desaparecer para recuperar a la verdadera, la que ese día me salvó.
- Qué… – expresó la matriarca, colocando una mano en su cabeza, como si estuviera incómoda. – Qué historia para más estúpida. La recuerde o no, es irrelevante, pues igual te terminaré aniquilando.
- Yo sé que tu verdadera esencia aplacará el mal que te aqueja.
- ¡Hablas demasiado! – expresó furiosa, con voz distorsionada. – Creo que lo más conveniente es primero hacerte sufrir lentamente. Y para empezar con eso… voy a matar a tu caballero ante tus ojos.
Aunque exista una invisible barrera sobre Link, estoy segura de que Urbosa es capaz de atravesarla, por lo que me preparo.
Irascible, mi enemiga levanta su espada y envía una ráfaga eléctrica hasta Link, pero en ese instante, gracias al módulo de Crionis de la tableta Sheikah, coloco un muro de hielo para detener el ataque.
- Qué inteligente… – manifestó la matriarca con ironía.
- Puede ser que no sepa pelear como Link, pero tengo mis armas para derrotarte. – respondí, sonriendo con orgullo, por primera vez. – Mi curiosidad siempre me ha abierto muchas puertas.
- Puertas que voy a cerrar para siempre…
Urbosa vuelve a moverse a una velocidad indetectable, por lo que vuelvo a ser electrocutada de peor manera que la vez anterior, causando mi caída al suelo; incluso percibo un sabor metálico en la boca saliendo por mis labios.
- La sangre de la legendaria princesa manchará a Vah Naboris. Qué honor. – se burló la matriarca.
Por un momento, creí que ya iba a acabar conmigo, pero una calidez comienza a invadir mi cuerpo, aliviando cada una de las heridas de mi cuerpo.
Mipha… mi corazón se llena del poder de tu plegaria. He usado tu don en dos ocasiones para salvar vidas, y ahora tú me sanas a mí. Gracias.
- La dulce Mipha al rescate… – mencionó Urbosa. – ¿No te cansas de usar a los difuntos Campeones a tu conveniencia?
- No me aprovecho, sino que entre todos nos apoyamos. – respondo. – Y yo también tengo mis cualidades.
- Nunca serás tan fuerte como los Campeones.
- No seré fuerte como ellos, pero me complemento. – respondí segura. – Al igual que ellos, nunca me doy por vencida, cualidad que tú misma reconociste en mí.
Urbosa, una vez más, se detiene para escucharme, mientras que mi mente se abre a un nuevo recuerdo.
*.*.*.*.*
Hace poco, Link pudo obtener la Espada Maestra. Entre nosotros ya no existe recelo ni distancia, sino compañía y amor sincero, razón por la que mi corazón brinca de dicha. Nunca imaginé que el hombre que amo desde mi niñez resultara ser el héroe elegido.
Sin embargo… ¿Qué soy yo? No he logrado hacer absolutamente nada en todo este periplo, cosa por la que mi padre no deja de martirizarme.
En estos momentos nos encontramos en la llanura cerca de la Montaña de la Muerte, terminando una misión. Observo a Link acompañado de Daruk y algunos soldados del castillo. Todos miran con atención las "deliciosas" rocas que el Goron ama comer.
- Link, cada vez te veo más fuerte… – me digo a mí misma.
- Mientras tú te ves igual. Eso crees, ¿o estoy equivocada?
Pensé que me encontraba sola, pero mis pensamientos son interrumpidos por Urbosa. Al parecer, desde la distancia, ha percibido mis lamentaciones.
- Todo se complica cada vez más, Urbosa. – respondo preocupada. – Hay más monstruos cada vez, el Cataclismo está cerca. El tiempo se acaba y veo… un poder que quizás nunca despertará.
- Princesa, deja ya de compararte con Link. – pidió ella, con una mezcla de cariño y firmeza. – La impaciencia no es buena consejera. Aunque ahora porta la Espada Maestra, Link sigue siendo el mismo de siempre. A pesar de la adversidad, sigue dando lo mejor de sí mismo. Esa es su actitud.
Vuelvo a mirar a mi caballero, quien ahora se encuentra dentro de un círculo formado por los soldados y Daruk. Una sonrisa de gracia y espanto se dibuja en mi rostro cuando veo que se encuentra comiendo las rocas que el Goron trajo. No puedo decir que me sorprende, pues mi caballero no perdona a ningún alimento.
- ¿Lo ves? – preguntó Urbosa, riéndose. – Él también es como tú.
- Urbosa…
- Jamás te das por vencida, ¿verdad? – preguntó, tocando mi hombro.
- Yo… – no sé qué decirle, pues mis esfuerzos los veo inútiles cada día.
- ¿Recuerdas lo que dijo el gran Árbol Deku? – cuestionó la matriarca. – "No se inquiete, sacerdotisa".
Solo sonrío al recordar las palabras del sabio Árbol…
- Relájate, estás cumpliendo con tu deber. Solo confía en ti. – dijo la Gerudo.
- Muchas gracias, Urbosa.
*.*.*.*.*
- ¡Cállate! ¡Ya me tienes harta! – gritó la Gerudo.
Urbosa se ha enfurecido, mientras su mano está agarrando su cabeza con fuerza. Ahora siento que este nuevo relato la ha desencajado, por lo que es mi oportunidad para atacar.
Me arriesgo a tomar una decisión…
Uso el módulo de Inmóvilis para restringir sus movimientos por pocos segundos, para así aprovechar y lanzarle unas bombas remotas.
- ¿¡Pero qué…!?
Urbosa no tiene tiempo de hablar, pues la explosión le da de lleno en la cara y la manda volando hacia una de las paredes. Si no supiera que la verdadera matriarca ya no vive, no me creería capaz de atacarla. Sin embargo, aunque me sienta dolida e incómoda… debo acabar con ella, o más bien con el mal que la atormenta.
- ¡Maldita mocosa! – gritó Urbosa, está vez más enfurecida y con la voz distorsionada. – De este ataque no podrás sobrevivir. ¡Estarás acabada!
El cuerpo de Urbosa se eleva casi hasta el techo de la bestia, mientras siento como el suelo comienza a temblar. ¿Qué estará pensando hacer?
De la nada, comienzan a caer trozos de material ancestral alrededor de mí, mientras que mi enemiga eleva su espada para producir más electricidad.
- Quiere cargar estas cosas con electricidad. – me dije a mí misma, preocupada.
Pienso en algo que pueda neutralizar el ataque de Urbosa, aprovechando el tiempo que está tomando para cargar su energía.
¿Acaso ella será inmune a su propio poder? Urbosa es experta manipulando la electricidad, pero eso no quiere decir que su cuerpo la resista totalmente.
Ahora elijo al módulo de Magnesis para esta tarea, que espero resulte. Con el imán, agarro las estructuras que más puedo, las que ya están cargadas con la electricidad. Justo cuando Urbosa ha terminado su acto, se dispone a ejecutarlo en mi contra, sin haberse dado cuenta que cerca de ella se encontraban sus propias armas.
La matriarca lanza un grito desgarrador, mientras cae al suelo, cerca de mí; y es ahí que vuelvo a tomar esa oportunidad. Aparezco más bombas remotas, y ataco.
Esta vez, la explosión fue más fuerte.
Ya… no quiero seguir con esto. No lo soporto.
- Urbosa… – la llamo, acercándome a ella, quien se encontraba herida en el suelo.
- No soy la Urbosa de tu pasado, y esto no es nada para mí, princesa. – manifestó con dificultad. – Tonta eres al acercarte hacia mí… eres una presa fácil.
- No lo harás… porque pronto te librarás de la malicia de Ganon. – dije, acercándome un poco más, así eso significa mi muerte. – Voy a rescatarte como aquella noche lo hiciste conmigo, ¿recuerdas?
- Tonterías…
- "Rayo de luz".
Aquella oración que sale de mis labios, tan corta, pero al mismo tiempo, tan significativa, provoca tantas sensaciones en mi alma. Sé que el espíritu apresado de Urbosa también lo debe reconocer.
*.*.*.*.*
En la mañana, Urbosa me salvó Koog, y esta noche, de manera formal, en una pequeña ceremonia en la sala del trono, le he solicitado su apoyo para pilotar la bestia divina, Vah Naboris.
Me encuentro en compañía de Impa y unas doncellas, mientras Link se encuentra descansando en el bazar de Sekken.
- Urbosa, Matriarca Gerudo, de manera formal solicito tu ayuda en esta misión de suma importancia. – manifesté seria.
La matriarca sonríe sutilmente a mi petición, mientras su trono se encuentra rodeado de sus fieles guerreras.
- Me siento honrada de colaborar con esta causa. – dijo ella. – Con mayor razón si eres tú la que pide mi ayuda. Jamás podría negarme.
- Viniendo de ti, no esperaba otra respuesta.
- Servirte siempre será un placer. – manifestó. – Acepto la propuesta, sin reserva alguna. Los Yigas, nuestros enemigos, también forman parte de los que desean que Ganon regrese a la vida, así que esto me compete.
- En nombre del rey de Hyrule, te lo agradezco.
…
Una vez que la ceremonia termina, Urbosa y yo salimos a dar un paseo fuera de la ciudadela. Hace un poco de frío, pero aun así disfruto el paisaje, pues la arena del desierto, en combinación con el cielo estrellado, hace una combinación magnífica. Estos son los pocos momentos de libertad que disfruto.
- Te digo algo, Urbosa. – dije riéndome, recordando algunas cosas de la ceremonia de hace un momento. – Nunca te había visto tan seria.
- Ah, ¿no? Pues qué curioso, mi rayo de luz. – respondió ella, calmando su risa. – Hace diez años yo te vi igual de seria.
Detengo mi caminar, pensando en lo último que Urbosa me dijo. Siento algo muy familiar, pero por alguna razón no logro recordarlo.
- Urbosa, quiero preguntarte algo, si no te molesta. – pregunté apenada. – ¿De dónde viene eso, lo de "rayo de luz"?
Urbosa no me responde ni voltea a verme, por lo que temo haberla incomodado con su pregunta. La siento extraña.
- ¡Hey! Ustedes dos. – preguntó ella, tomando la empuñadura de su espada.
En ese momento, noto que cerca de nosotros caminan dos hombres, los que debido a mi distracción no había percibido.
- A diferencia de su vil calaña, yo no ataco a traición. – acusó la Gerudo, enfurecida.
En ese instante, la imagen de los hombres se transforma a la de los Yigas. Apenas me ven, corren de inmediato hacia mí para intentar matarme, una vez más, sin embargo, Urbosa toma la delantera.
No concibo la hermosura de ver a la matriarca Gerudo luchando. Mientras ataca con su espada a los dos maleantes o los golpea con su escudo, se mueve como si se encontrara en una danza majestuosa y elegante, tanto que ni un pelo se mueve de su cabeza.
La fortaleza de la Campeona de Vah Naboris es más maravillosa de lo que imaginé.
Por un instante, parecía haberlos acabado, sin embargo, veo con espanto como uno de ellos planea atacar a Urbosa por la espalda.
- ¡Cuidado! – grité espantada.
Sin embargo, sin siquiera voltearse y con un chasquido de sus dedos, Urbosa electrocuta a su enemigo con un fulminante rayo.
Los dos maleantes comienzan a alejarse llenos de cobardía, impresionados con la mujer que los había humillado.
- Por respeto a la princesa, les perdono la vida. – dijo seria. – ¡Largo!
Los villanos desaparecen del desierto, sin dejar rastro.
Preocupada, camino hasta donde está la matriarca, pero me detengo al escucharla hablar.
- ¿Quieres saber la historia de ese nombre? – preguntó Urbosa, dejando de lado la fiereza de su voz y mirando el cielo con nostalgia. – Apenas eras una niña, y una gran amiga mía te llamaba así. Lo decía con tanta ternura.
- Era mi madre… – respondí, mientras mi corazón se quebraba.
¿Cómo pude olvidar la manera en la que mi madre me llamaba? ¿Tanto dolor provocó su muerte en mí que he borrado esos momentos? No lo acepto.
- Hace unos diez años, recién acababas de perder a tu madre, pero ya hacías lo necesario para cumplir con tu deber como princesa del reino.
Empiezo a llorar, aunque de manera controlada, dolorosa.
- Viendo tu postura tan seria del día de hoy… te lo dije sin pensar.
Urbosa, una vez más, no solo salvaste mi vida, sino también mis recuerdos más valiosos.
No hay duda que mucho de mi madre sigue viviendo dentro de ti…
*.*.*.*.*
Urbosa, te agradezco tanto el haberme ayudado a recordar, una vez más, todos los momentos que viví con mi madre. Y es por esa razón que necesito salvar tu espíritu.
- ¡Ay! ¡No soporto más! – se quejó la Gerudo, tomando su cabeza con desespero.
- Yo también quiero que regreses a ser el rayo de luz que iluminaba mi vida. – dije, mientras me acercaba a Urbosa, sin miedo. – Que todo el mal se aleje de tu espíritu y sea más libre que antes… pero sobre todo… que me perdones.
En ese momento, el cuerpo de Urbosa empieza a ser rodeado con la malicia, mientras un desgarrador grito se escucha por toda la bestia divina. Me alejo debido al impacto.
Poco después la malicia se esfuma… pero Urbosa ya no se encuentra aquí.
- ¿Urbosa? – pregunté asustada.
No entiendo a dónde se pudo haber ido. Con los demás Campeones no ocurrió nada de eso.
- Zelda…
De inmediato, me doy la vuelta al escuchar aquella voz. Link está despertando y la barrera que lo rodeaba ha desaparecido.
- ¡Link! – grité desesperada.
Ya cerca de él lo abrazo con fuerza, y él me corresponde. Aún no puedo creer que fui capaz de derrotar a una esencia tan fuerte, que pude salvar a mi caballero después de tantas veces que él lo ha hecho conmigo.
- Princesa… ¿Te encuentras bien? – preguntó Link, mientras se ayudaba conmigo a ponerse de pie.
- Sí, todo está bien. – respondí sonriendo, acariciando su rostro. – ¿Tú cómo te sientes?
- Estoy bien. – respondió aún conmocionado. – ¿Qué fue lo que pasó?
- Lo que pasó…
Mi respuesta se interrumpe al sentir una presencia… una bastante cálida y conocida. Link y yo volteamos a ver una de las ventanas de la bestia.
- ¿Urbosa?
La verdadera matriarca Gerudo, la que yo conocí y vive en mi corazón, se encuentra bajando unas etéreas escaleras, las que tienen la misma esencia de su alma. Ya no la rodea la maldad, sino una azulada luz de tranquilidad.
- Sabía que lo conseguirías, Zelda… Rayo de luz.
Con mi corazón desbordado de emociones y mis ojos llenos de lágrimas, me acerco a ella para abrazarla. Sin embargo, no logro hacerlo, pues mis manos atraviesan su cuerpo como si se tratara de aire. Eso me hace caer en cuenta de algo que ya sé, pero aun así no deja de doler.
Urbosa se fue… y no regresará jamás.
- Gracias por tanta valentía, mi querida Zelda. Liberaste mi espíritu después de cien años y recuperaste el control de Naboris. – dijo, dándome una sonrisa. – Eso significa que llegó la hora de terminar lo que empezamos, pues las Gerudo no dejamos las cosas a medias.
Link se coloca a mi lado y toma mi mano, observando sorprendido la presencia de Urbosa. Me pregunto si en esos momentos ha logrado recordarla completamente.
- Urbosa… yo… perdóname. – expresé conmovida, sin saber qué más decir. – Tu vida se terminó por mi culpa… Akil y tú…
La matriarca coloca su dedo en mis labios para que no siga hablando. A pesar de que físicamente no puedo sentir ese roce, percibo su calidez.
- No hay razones para llorar ni pedir perdón, rayo de luz. – dijo ella, sonriéndome. – Sé cuánto les afectó lo que nos pasó a los Campeones… Y ahora que conocen la historia de mi pasado, mucho más.
- Pero Urbosa…
- Nada de lo ocurrido fue tu culpa, no había forma de evitarlo, así que no hay nada que perdonar. Quiero que quede claro. – afirmó. – Akil y yo pronto estaremos juntos en la eternidad, y es por eso que me esperará a que termine mi misión.
Ver la mirada de Urbosa llena de amor y de compasión calma mi culpable corazón. Me llena de paz saber que todo el rencor que creí me tuvo, no era más que un reflejo de mis propios tormentos.
- Esta vez sí llegarán hasta donde está Ganon para acabar con él, y yo pienso hacer mi parte, con toda la fuerza de Naboris. – dijo Urbosa.
La matriarca se separa un poco de nosotros, mientras coloca sus manos en una postura peculiar, pero bastante conocida para mí.
- Les tengo a los dos un pequeño regalo. – manifestó riendo. – Les entrego mi poder, la temible Ira de Urbosa. ¡Prepárense para recibirla!
En ese momento, la matriarca lanza hacia nosotros una esfera de energía, la que ingresa a nuestros cuerpos. Siento que todo dentro de mí se electrifica, mas no me molesta o incomoda.
Ahora la esencia de Urbosa vive dentro de nosotros…
- Zelda, quiero que sepas que antes, hoy y siempre estaré orgullosa de ti. – expresó, mientras su cuerpo comenzaba a brillar con más fuerza. –Estaré contigo en todo momento.
- ¡No! ¡Urbosa! – grité dolida, deseando que no se vaya.
- Link… – habló a mi caballero. – Siempre cuida y haz feliz a Zelda.
Link agacha la cabeza en símbolo de respeto, como si las palabras no fueran necesarias para afirmar su promesa.
Después de su última frase, el cuerpo de la matriarca Gerudo se desvanece por completo, mientras su esencia se pierde en las paredes de Vah Naboris, la bestia que guardó su alma por más de un siglo. Siento una mezcla de paz y dolor en mi alma, sin embargo, estoy agradecida por la liberación de mi martirizado corazón.
Hasta siempre… Urbosa.
Comentarios finales:
Hola, espero que estén bien. Me alegra haber actualizado antes de lo pensado.
Tengo que reconocer que esta es la despedida más triste que he escrito de los Campeones, no sé si es porque se trata de Urbosa, la casi madre de Zelda, o porque ya llegó a su fin el arco relacionado a las bestias divinas. De todas maneras, me encuentro satisfecha con este resultado. Zelda pudo cerrar sus pendientes con Urbosa y descubrir que no le guardaba ningún rencor. Quizás, en vida, la matriarca sintió tristeza por las cosas que no pudo realizar en vida, y eso la hizo presa fácil de caer en las garras de Ganon, tal y como le ocurrió a los demás Campeones.
A partir de ahora se viene el inicio del fin. Vendrán algunos capítulos "relativamente" tranquilos, pero necesarios para despejar las dudas de muchos, como la Espada Maestra, el diario del rey, el colgante de Link, sueños o recuerdos inconclusos. No los culpo si no recuerdan algunas cosas, pues esta historia ya tiene su tiempo, sin embargo, yo me encargaré de recordarles en qué capítulo o párrafo hago referencia a eso, para que armen el rompecabezas.
Los recuerdos de Zelda, por si no lo notaron, son referencias a los vistos en el DLC de la "Balada de los Campeones" y de escenas de Age of Calamity. Reconozco que la de "Rayo de luz" es mi favorita, pues ahí queda inmortalizada la amistad de Urbosa con la reina. Además, la Gerudo pelea de una manera hermosa, y en AOC es igual, con elegancia y fuerza. Es mi personaje jugable favorito.
Agradezco mucho a mi amigo Fox McCloude por haberme revisado la batalla. Me hace feliz cuando me dice que he mejorado en la narración de la acción, en comparación a mis inicios, pero confío tanto en él que sé que me guiará en hacerlo más llamativo.
Como es tradición, el siguiente capítulo será narrado en omnisciente…. Y más tradicional aún, Astor revolcándose de furia.
Un abrazo a todos.
