Prólogo


Finalmente, después de casi una década, llegaron al castillo del rey demonio.

—Me pregunto qué camino tomaron —dijo un joven que no parecía mayor a los veintitantos años. Tenía el cabello desordenado de color grisáceo, el cual mantenía con una cinta negra, dejando solo un mechón caer desde el centro de su cabeza. Dicho cabello resaltaba aún más sus hermosos ojos color verde esmeralda, que miraban su entorno. Su tez era musculosa y, para su molestia, era de una altura menor al promedio. Vestía lo que parecía una armadura desgastada y opaca que en mejores días habría relucido por su hermoso color plateado, sobre ella una capa oscura que cubría gran parte de su cuerpo, dejando apenas a la vista el mango de una espada atada a su cintura.

—Si Himmel y el resto llegan antes al rey demonio y lo derrotan, sería realmente vergonzoso —se río entre dientes mientras continuaba caminando por los pasillos del castillo.

Hace poco más de una hora, él se quedó reteniendo a lo que quedaba del ejército del rey demonio mientras sus compañeros se adentraban en el castillo con la intención de buscar al rey demonio. Sabía que el rey demonio era fuerte y tal vez se necesitaba a todo el grupo unido para vencerlo; sin embargo, tenía fe en sus amigos y sabía que, con o sin él, ellos saldrían victoriosos.

De repente, un temblor sacudió todo el castillo, indicativo de que sus amigos se habían encontrado con el rey demonio y lo estaban enfrentando.

—Maldición —se dijo entre dientes mientras comenzaba a correr con la intención de llegar a sus amigos. Sin embargo, cuando giró la esquina de uno de los pasillos, se detuvo al ver a alguien parado a unos metros de él.

—Me temo que no puedo dejarte pasar —dijo aquel sujeto con voz monótona mientras una sonrisa falsa se formaba en su rostro.

—Así que aún quedan demonios además del rey —sonrió el joven mientras desenvainaba su espada y miraba los cuernos de aquel sujeto sobre su cabeza, que tenían forma de cuernos de ciervo.

—Esperaba mantenerte entretenido con charla, pero parece ser que no vas a poner de tu parte —dijo el demonio mientras movía sus brazos en forma de negación, haciendo que la única túnica negra con detalles dorados que vestía se balanceara.

— ¿De verdad crees que me quedaría platicando contigo mientras mis amigos se enfrentan a esa cosa? —dijo el joven con desdén.

—Tienes razón, me disculpo, Asta —respondió el demonio, entrecerrando los ojos y mirándolo con su sonrisa falsa.

El joven, ahora conocido como Asta, abrió los ojos de sorpresa al escuchar su nombre, sugiriendo que el demonio sabía quién era.

—Lo siento —se disculpó el demonio con un tono monótono—. Ahora eres un caballero, ¿no es así? Supongo que es descortés no llamarte por tu título, Sir Asta -finalizó, extendiendo su sonrisa falsa aún más.

Cansado de la actitud del demonio, Asta se movió a gran velocidad y balanceó su espada contra él.


Himmel respiró con cansancio mientras se dejaba caer al suelo, dejando su espada a un costado. La batalla contra el rey demonio había sido complicada, por no decir que había sido un infierno y caos total.

Limpiándose la sangre de la frente, Himmel miró a sus compañeros, quienes no se encontraban en mejor estado que él. Heiter, el sacerdote, era el que había recibido menos daño gracias a su magia; Sin embargo, se veía sumamente desgastado y pálido debido al uso intenso de sus habilidades mágicas. Por su parte, Eisen, el guerrero enano, tenía su casco completamente abollado, su barba hecha jirones y su capa roja, que siempre lo había cubierto, estaba completamente desgastada. Al igual que Himmel, Eisen se encontraba sentado en el suelo, jadeando por el agotamiento de la batalla. Finalmente, estaba Frieren, la elfa y hechicera del grupo, que se encontraba en una condición similar a la de Heiter, con la única diferencia de las leves quemaduras que tenía debido a los ataques del rey demonio.

—Qué batalla más intensa —suspiró Eisen mientras se quitaba el casco y limpiaba la sangre acumulada.

—Lo sé —dijo Himmel con cansancio antes de sonreír—. Pero... finalmente hemos vencido. Estos años han sido demasiado agotadores; es bueno tener tranquilidad desde ahora.

Ante lo dicho, el resto del grupo ascendido, felices de haber vencido.

—Por cierto —comenzó Heiter con una actitud más seria—. Asta no apareció en toda la batalla.

—Desde que nos separamos hace un par de horas no hemos sabido nada de él —añadió Eisen.

Himmel se acercó mientras cerraba los ojos pensativo.

—Puedo calcular que la batalla con el rey demonio duró casi una hora y nos separamos de Asta hace dos horas... Es imposible que tardara tanto deteniendo a esos demonios, en especial para él... Algo más lo está reteniendo —finalizó con un susurro, antes de que una sensación maligna, casi tan abrumadora como la del rey demonio, invadiera todo el castillo-. ¡Amigos! -exclamó Himmel mientras trataba de levantarse.

La elfa miró en varias direcciones antes de voltear hacia el héroe.

—El origen de este poder está cerca del de Asta —dijo Frieren.

—¡Hay que ir rápido! —trató de decir Himmel, pero un gruñido escapó de su boca al sentir dolor en uno de sus costados, claramente aún resentido por la batalla anterior.

—Yo iré —dijo Frieren, mirando al grupo—. Ustedes quédense a que Heiter los trate -añadió, mientras Heiter asentía y ayudaba a Himmel a sentarse.

—Te alcanzaremos lo antes posible —dijo Eisen, a lo que Frieren ascendiendo.

Y sin pensarlo dos veces, Frieren usó su magia para despegar a toda velocidad hacia el origen de ese poder.


Asta jadeaba de cansancio mientras retrocedía, separándose de su rival una vez más. —Estamos en un punto muerto —pensó Asta.

Su capa, que antes lo cubría, había desaparecido, dejándolo solo con su armadura. En el pecho de la armadura ahora se podía ver un escudo con lo que parecía ser un águila plateada.

El demonio, al alejarse del joven, notó el escudo y decidió burlarse aún más.

—Así que diez centavos... ¿Los Silva te han tratado bien? —dijo con su sonrisa falsa.

—¡¿Cómo demonios sabe tanto de mí?! —exclamó el caballero en su mente mientras adoptaba una pose con la espada apuntando hacia el demonio.

El demonio miró al caballero con los ojos entrecerrados antes de extender su mano derecha, y una espada hecha de magia pura apareció en su mano.


Frieren llegó al lado este del castillo del rey demonio y observó la destrucción a su alrededor. Lo que antes eran habitaciones y pasillos ahora se había convertido en una zona completamente abierta al cielo estrellado de la noche.

La elfa continuó avanzando varios metros más antes de detenerse al ver dos figuras moviéndose a gran velocidad. Para alguien normal, solo serán pequeños destellos, pero para ella era algo completamente diferente. Pudo ver claramente a Asta blandiendo su espada con una precisión y elegancia que solo un caballero entrenado durante años podría lograr. Sin embargo, todos sus ataques eran bloqueados o esquivados por una espada de magia que el demonio empuñaba.

Un nuevo choque de espadas resonó en la zona y, esta vez, Asta fue arrojada contra lo que quedaba de una pared, convirtiéndola en un montón de escombros.

Frieren apuntó su bastón hacia el demonio, lista para intervenir, pero se detuvo cuando sintió un poder emanando desde la dirección de Asta.

—Así que lo usará -susurró justo antes de que lo que parecía un corte de energía oscura saliera disparado desde donde estaba Asta hacia el demonio.

—Inútil —dijo el demonio refiriéndose al ataque mientras colocaba su espada frente a él para bloquear. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando el corte rebanó la espada como si fuera mantequilla y lo golpeó directamente en el pecho. Tambaleándose hacia atrás, el demonio miró con asombro la sangre que escurría de su pecho.

— ¿Qué te pareció eso? —dijo Asta mientras se reincorporaba.

Frieren sonriendo al ver el ataque. Después de todo, le maravillaba este tipo de "magia", si es que se le podía llamar así al poder de Asta. La capacidad de destruir y cortar la magia como si fuera mantequilla le fascinaba, aunque no lo comprendía del todo.

—No creí que te orillara a usar ese poder tuyo —dijo Frieren mientras se acercaba al caballero.

—¡Amigos! -exclamó Asta con alegría al ver a la elfa—. Si tú estás aquí, eso quiere decir que el rey demonio...

—Está muerto —terminó Frieren, sonriéndole levemente al chico.

—Me alegre -susurró Asta con felicidad antes de centrar su vista en el demonio—. Ya lo escuchaste, el rey demonio está muerto. Retírate o muere a manos del grupo de héroes que lo mató.

— ¿Retirarme los dados? Sé que el rey demonio fue derrotado desde que destruyeron su cuerpo hace menos de una hora. Eres ingenuo si crees que tú y tu patético grupo pueden vencerme. No tendrán la misma suerte que con el rey demonio.

Frieren miró al demonio y entrecerró los ojos ante sus palabras.

—¿A qué te refieres con "su cuerpo destruido"? Hablas como si no estuviera muerto.

—Ups —exclamó el demonio mientras tapaba su boca con un dedo—. Si el habla es de plata, el silencio es de oro -dijo mientras formaba nuevamente su sonrisa.

Frieren, al notar que no le sacaría nada rápidamente, cambió de pregunta.

—¿Quién eres? Para orillar a Asta a estas instancias, eres alguien extremadamente fuerte.

—Oh, es verdad, nunca me presenté formalmente —dijo el demonio, mirando a Asta—. Soy uno de los siete sabios de la destrucción. Me conozco como Lucius el Omnisciente.

Ante la revelación, Frieren abrió levemente los ojos, y Asta tenía una expresión de total asombro. Ambos pensaban que solo dos de los siete sabios de la destrucción seguían vivos, Aura la Guillotina y Macht de la Tierra Dorada; Según sabían, el resto había muerto a manos de su grupo o del héroe del sur.

Lucius sonriendo ante el asombro de ambos.

—Hace casi 10 años, al que ustedes conocen como el héroe del sur murió en combate contra tres de los siete sabios de la destrucción y el consejero personal del rey demonio, nuestro líder. Sin embargo, el bastardo no se fue con las manos vacías; mató a los otros dos sabios de la destrucción y al consejero del rey demonio. De no haber sido por mi magia, yo también habría muerto -explicó bajo la atenta mirada de ambos—. He de decir que ustedes no se comparan ni un poco a ese hombre —finalizó con burla.

—Eso ya no importa ahora —dijo Asta—. Terminaremos lo que el héroe del sur comenzó —finalizó mientras la hoja de su espada se cubría de una energía oscura y tomaba una postura de combate.

Lucius solo molestaba mientras pasaba su mano por la herida que el corte le había hecho y, en un instante, esta fue sanada por completo.

—¡Amigos! —exclamó Asta mientras salía disparado hacia el demonio, el cual invocó más de una docena de orbes de energía azul rodeados por anillos con símbolos numéricos.

Frieren apuntó su bastón al demonio y comenzó a disparar ráfagas de magia con intención de aniquilarlo, a lo cual el demonio simplemente se transportaba a otro sitio, esquivando los ataques de la elfa.

Asta avanzó mientras cortaba cada orbe que se topaba con su espada cubierta de su poder, anulando la magia de estos. En un movimiento rápido, llegó al lado de Lucius y trató de cortarlo; Sin embargo, Lucius apuntó su palma a él y disparó un poderoso rayo de magia concentrada que Asta apenas pudo bloquear con la parte plana de su espada, haciendo que el ataque saliera reflejado hacia unos escombros.

—Así que no solo cortas y anulas la magia, sino que también la reflejas... Qué interesante poder el tuyo. Tomé la decisión correcta al elegirte —pensó el demonio antes de alejarse e invocar una docena de círculos mágicos a su espalda—. Veamos si puedes bloquear esto.

Asta y Frieren miraron cómo la docena de rayos de magia pura salían disparados hacia su dirección, sin inmutarse.

Asta rápidamente se colocó delante de Frieren, clavó su espada en el suelo y su poder explotó desde la espada hasta sus brazos formándose una especie de barrera, haciendo que los disparos fueran cediendo en intensidad hasta desaparecer cuando chocaron con esta barrera.

Frieren dio una pequeña sonrisa al ver al caballero usar su poder. Realmente no había nada más asombroso que ver magias tan poderosas cediendo ante esta "anti-magia".

—¡Amigos, ahora! —gritó Asta cuando dio un salto.

La hechicera rápidamente convocó un círculo mágico debajo de Asta y, cuando este lo tocó, salió disparado a una velocidad que el demonio apenas pudo seguir con la vista.

—¡Esto termina aquí! —gritó Asta cuando, en un instante, se movió al costado del demonio y blandió su espada con la intención de partirlo por la mitad desde el pecho.

—Insignificante —dijo Lucius cuando los ojos de Asta se abrieron al ver cómo su espada imbuida con su poder era detenida por la mano del demonio.

Asta trató de zafar el agarre del demonio de su espada lo más que pudo; Sin embargo, lo que obtuvo fue ver cómo la espada poco a poco se agrietaba antes de ser destruida por la pura mano del demonio.

—Es mi turno —susurró Lucius al extender su dedo a la frente de Asta. Antes de que el caballero pudiera alejarse, este lo tocó.

Frieren, por su parte, disparó un poderoso rayo hacia Lucius mientras invocaba una cantidad antinatural de diferentes magias desde otras direcciones. El demonio, con un chasquido de su mano libre, hizo aparecer lo que parecían ser relojes de energía que funcionaban como escudos, bloqueando cada uno de los ataques de Frieren.

Concentrándose nuevamente en el caballero, hizo que una pequeña marca de estrella apareciera en el lado izquierdo de su frente. Momentos después, Asta dio un grito desgarrador cuando una energía más oscura que la noche descendía desde el cielo hacia él.

Frieren, en un estado de shock nunca antes visto, golpeó la punta de su bastón en el suelo e invocó un poderoso círculo mágico.

Lucius, al darse cuenta de esto, ya era demasiado tarde, ya que un poderoso rayo mágico atravesó todas sus defensas y destrozó todo el costado de su abdomen y pecho, llevándose consigo su brazo izquierdo.

Tanto Asta como Lucius se tambalearon unos pasos hacia atrás, uno por el ataque de Frieren y el otro por ser liberado de Lucius.

Lucius sonriendo al ver cómo todo el poder mágico de Frieren caía sobre él, básicamente empequeñeciéndolo.

—Aún no... —murmuró el demonio cuando cambió la vista a Asta. Su plan, a estas instancias, había sido un éxito; Solo tenía que asegurarlo ahora. En este estado de daño, tardaría más de medio siglo en recuperar su poder. Rápidamente creó un orbe de magia con lo que parecían ser números rúnicos incrustados alrededor de él y, antes de que Frieren pudiera reaccionar, atravesó con él el abdomen del caballero.

Asta se desconectó un momento cuando Lucius lo sujetó de la frente, pero al retomar su conciencia pudo sentir un dolor extremo viniendo de su abdomen. Cuando sus ojos se enfocaron, lo primero que vio fue la odiosa sonrisa de Lucius antes de que un sinfín de disparos mágicos atravesaran y destruyeran lo que quedaba de su cuerpo, sin siquiera una vez perder esa sonrisa.

—¡Sí!

—Esa voz... — Asta sabía de quién era, pero... nunca la había escuchado en ese tono... sonaba preocupada, desesperada. Mirando hacia abajo, pudo descubrir la causa—. Oh —fue lo único que salió de su boca cuando vio el agujero en su abdomen y la sangre escurriendo en el piso.

Asta habría caído al piso de no ser por frieren que apenas pudo sostenerlo antes de colocarlo suavemente sobre su regazo sin saber que hacer en esta situación.

—Sabía que ganaríamos —sonrió Asta justo antes de toser un poco de sangre, que se escurrió por su barbilla y mejilla.

Frieren no sabía qué hacer, quería decir algo, que no dijera nada más, que guardara fuerzas, pero la verdad era inevitable y ella lo sabía. A pesar de eso, no quería aceptarlo. Antes de que pudiera decir algo, vio cómo lo que parecían ser pequeñas marcas azules, similar a venas que resaltaban en su piel, comenzó a extenderse desde debajo de su armadura hasta su cuello y por encima de él. Incluso en la propia armadura empezaron a aparecer estas marcas.

—¡Chicos! —fue el grito de Himmel cuando entró en el lugar junto con el resto de su grupo. Grande fue su sorpresa al ver a Frieren con una alarmante cantidad de sangre manchando su ropa blanca. Sin embargo, fue aún peor cuando bajaron más sus miradas y vieron a Asta sobre su regazo, con sangre escurriendo de su boca y un charco de sangre formándose debajo de ellos.

—¡Asta! —gritó Himmel, corriendo a su lado, rogándole a la diosa que esto fuera una vil mentira—. ¡Heiter! -suplicó, para que su amigo lo curara.

Por su parte, Heiter solo miró con los ojos abiertos de shock. Él sabía que una herida así era casi imposible de curar, sin embargo, aún así lo intenté. Empezó a canalizar su magia de curación, susurrando plegarias y hechizos en un intento desesperado por salvar a su amigo.

Asta, sin embargo, extendiendo su mano a un costado, como si tratara de alcanzar algo. Eisen se percató de que quería alcanzar su espada destrozada que estaba a unos metros al lado suyo, así que sin decir nada la alcanzó para él y se la entregó. Asta simplemente le sonriendo en agradecimiento mientras la apretaba con ambas manos.

Con un suspiro, el caballero miró a sus cuatro amigos antes de sonreírles.

—Chicos... Gracias por compartir esta aventura conmigo, realmente lo aprecio... —Habló mientras su respiración se hacía cada vez más lenta y las marcas azules se extendían cada vez más por su cuerpo.

—Asta... por favor, no hables, tienes que guardar tus fuerzas —dijo Himmel, mientras las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos.

Asta solo rio antes de toser más sangre.

—Himmel, no llores por mí... no olvides nuestra promesa —finalmente sonriendo antes de mirar a sus demás compañeros—. Por favor, vivan vidas felices —dijo con un susurro apenas audible cuando su vista comenzó a desenfocarse y su respiración se apagaba. Antes de que la oscuridad lo reclamara, miró a Frieren una última vez. A Asta le dio cierta gracia y lástima, se veía tan impactada y sin saber cómo reaccionar o qué hacer; Ciertamente nunca creyó ver esa expresión en su rostro—. Lo siento —dijo cuando su último suspiro salió de su cuerpo.

El grupo de héroes simplemente se quedó en silencio cuando su amigo finalmente los dejó. Las marcas azules que cubrían su cuerpo se fueron apagando poco a poco, incluso la estrella que Lucius marcó en su frente se desvaneció.

Himmel simplemente se derrumbó mientras las lágrimas fluían libremente por su rostro.

Heiter cerró los ojos y apretó los puños de impotencia al no poder hacer nada por su amigo.

Eisen apretó los puños y se quitó el casco en señal de respeto por su difunto amigo. Simplemente miró hacia arriba para evitar que las lágrimas salieran de sus ojos.

Y Frieren simplemente se quedó ahí, sin hacer nada, sin decir nada, simplemente mirando el rostro pacífico de Asta. Movió levemente los labios como si quisiera decir algo, aunque finalmente se retractó cuando los apretó.


Fin del capítulo.

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