Año 37

Cameron Samuels - 18 años - Distrito 6.


La noche cae con prisa y pese a la aparente calma a mi alrededor me siento intranquilo, el entorno me es desconocido, pero sé a qué nos han traído acá. Intento convencerme de que no me va tan mal, me he llevado un pequeño botín de enlatados y agua durante el baño, me he mantenido en movimiento desde entonces, buscando poner la mayor distancia entre los demás y yo, no es la mejor estrategia precisamente, pero no quiero ser el que, de pie a confrontaciones, mantengo el ritmo, mis ojos recorriendo en todas direcciones, tratando de anticipar cualquier ataque...

Es difícil seguir adelante con tanta incertidumbre, no llevo armas ni tengo a alguien que cuide mi retaguardia, sólo me acompañan mis peores pensamientos. En casa también solía estar solo, pero no había peligro, mi estatura, mi sombrío carácter y mi harapiento aspecto, acompañado desde hace algún tiempo por una tupida y enmarañada barba, mantenían a la mayoría de la gente a raya.

Fue un duro golpe todo el makeover que me hicieron durante mi estadía en el Capitolio, al punto de que en principio me costaba reconocerme, aquí doy gracias de aun no haber podido ver mi reflejo, prefiero seguir pensándome como era... pero quizá, de seguir así, no habría siquiera conseguido aliados... Claro que de poco ha valido, no he sabido reencontrarme con ellos, Jules y Dewanda salieron con vida del baño, según el recuento transmitido hace un par de horas, pero al no habernos reunido en principio la situación ha cambiado y no sé qué esperar ahora.

Continúo mi camino, alejándome del centro urbano alrededor de la cornucopia, circundada por grisáceos y ruinosos edificios, de cuyas altas chimeneas escapaba una densa humareda que dificultaba la visión. Me sentí como una rata en un laberinto, pero pude huir intentando orientarme entre aquellos estrechos y malolientes callejones empedrados.

Pasé toda la tarde y lo que va de la noche casi corriendo, huyendo con rumbo al oeste, ahora por fin puedo sentir como poco a poco aumenta la luz y el calor a mi espalda con la llegada del amanecer, para cuando termina de aclarar la mañana me enfoco en encontrar un sitio para descansar.

Tras salir del área urbanizada encontré un bosque ralo y bastante maltrecho, que conforme me adentro en él exhibe una vegetación más espesa e indicios de agua y vida silvestre, mi esfuerzo ha merecido la pena y quiero confiar en que me hallo bastante alejado de los demás tributos. Corro con suerte al hallar una pequeña aldea, media docena de cabañas de madera y techos de paja, en torno a un pozo, que parecen todo un sueño.

Después de proveerme de agua y beber sin reparos, me meto silenciosamente en una. Dentro está totalmente vacía, no hay muebles, las ventanas tan sólo están pintadas en la pared, no entra ni un rayo de luz, lo que me viene bien para echar un sueñecito. Aquí me siento protegido y tras echarme en el suelo descuidadamente me permito exhalar con vigor, estirar mis agarrotados músculos y descansar. Sé lo necesario que es el sueño, en especial para alguien como yo.

(...)

No sé cuánto tiempo ha pasado cuando despierto sobresaltado... Jules se acerca y me dice que no ha pasado nada, tan sólo estaba soñando.

―Ya ha sido suficiente descanso ―señala con su talante autoritario a la vez que condescendiente―, tenemos que salir a buscar comida y a Dewanda, ya debería estar de vuelta.

― ¿A dónde fue?

―No lo sé, sólo dijo que iba a explorar los alrededores. Se supone que no debía alejarse demasiado.

―Creo que no es buena idea, estamos desarmados, no sabemos qué camino pudo tomar, lo más prudente que podemos hacer es esperarla aquí.

No es una buena idea que salgamos, él está cansado, pero es de los que nunca demuestran signos de debilidad, trato de convencerle de esperar un poco, pero como siempre, él tiene una mejor idea.

―Entonces podríamos esperar por siempre. Si le pasó algo no nos enteraremos hasta que sea demasiado tarde. No voy a dejarla a su suerte, voy a ir por ella, ¿vienes o te quedas?

Tardo un segundo en decidir que es mejor ir con él, es su compañera de distrito la que está en riesgo y no puedo negar que es noble de su parte no querer dejarla atrás.

―Voy.

A pesar del descanso que me permití tengo un palpitante dolor de cabeza. Me bebo medio litro de agua a pequeños sorbos mientras me pongo en marcha y con la mejor actitud.

Jules se jacta de ser un buen rastreador, tras un breve trecho ya sabe, según él, que rumbo pudo tomar Dewanda. La zona boscosa que rodea las cabañas es frondosa y rebosa de vida, por lo que aprovecho para ir recogiendo frutos, tratando de mantener el ritmo de mi aliado.

Repentinamente algo alerta mis sentidos, sobresaltado subo la mirada y reparo en un cuerpo colgado de un árbol, las piernas desmadejadas quedan a la altura de mi rostro; continúo mirando más arriba, mientras mi corazón parece querer escaparse del pecho, estoy aterrado. Observo con repulsión el corte brutal que le abre de extremo a extremo el vientre, dejando expuestas sus vísceras sanguinolentas. Mi estómago da un vuelco, pero me obligo a continuar mirando para, finalmente hallar el rostro desfigurado de Dewanda.

Completamente trastornado, le doy la espalda a la escena y comienzo a correr en sentido contrario... Finalmente tengo que detenerme, vomito lo poco que hay en mi estómago, mientras me estremezco por el miedo y el asco.

Jules aparece instantes después, rojo por la carrera y con el rostro desconcertado.

― ¿Qué demonios, Cam? ― Jadea.

― ¿No la viste? ¿No la viste, Jules?

― ¿De qué hablas? No vi nada raro, hasta que comenzaste a correr, en cuanto me di cuenta salí tras de ti, seguí el mismo camino y no había nada... Yo no vi nada...

― ¿Cómo no la viste? Yo por poco tropiezo con sus piernas...

― ¿Ver qué, maldita sea? ¿De qué piernas hablas? Me dijiste que lo tenías bajo control...

―Encontré a Dewanda, era ella... estaba colgada a un árbol, muerta... Te juro que era ella...

Jules se tira del cabello, desesperado. mientras camina a mi alrededor y grita: ― ¡Qué demonios, Cameron! ¡Prometiste que tomarías la maldita medicación!

Apenas le escucho recuerdo el pequeño frasco que pende de mi cinturón, las indicaciones de Noah al respecto y el hecho de que mi dolor de cabeza no haya cesado desde hace bastante tiempo, pero me niego a creer que lo que vi no fuera real.

―No. No lo he alucinado, Jules. No entiendo por qué no han recogido su cadáver... pero está allá, muerta y la han dejado colgada... con las tripas por fuera... tienes que creerme.

(...)

Reporte preliminar de la Vigilante en Jefe Arsinoe Newtt

«Cameron fue el tributo descarriado durante esta edición. Desde el principio constituyó un reto para los Vigilantes, por su carácter huraño y su particular forma de interpretar la realidad, su entrevista y pruebas no nos dieron a conocer mucho sobre él, pero, ya dentro de los juegos nunca dejó de sorprendernos.

A fin de mantener algo de control sobre él se le administraron las drogas que necesitaba vía intravenosa antes de iniciar los juegos y sin divulgarlo se le proporcionaron las píldoras para que comenzara a utilizarlas ya dentro de la arena, instrucción que pasó por alto durante toda su permanencia en esta edición.

Durante el baño arremetió a puñetazos y acabó con dos tributos prometedores, pero en lugar de armarse y seguir derribando adversarios se limitó a huir del cuerno con una mochila marginal. Se alejó de la contienda y encontró en tiempo récord el set diseñado para el banquete de la edición, el cual estaba inactivo en aquellos momentos, donde se resguardó.

No se sabe a ciencia cierta qué pasaba por su mente entonces, pero sufría de alucinaciones muy vívidas. Se encontraba totalmente solo y a salvo de otros tributos y mutos. La estrategia que quisimos aplicar en función de su actuar fue dejarlo por su cuenta hasta el momento del banquete donde seguro daría bastante juego. Sin embargo, falleció a causa de un fallo cardíaco producto de lo que ocurría en su cabeza.

Se ha conformado un equipo transdisciplinario para interpretar los estudios encefalográficos que se le practicaron previo a su entrada a la arena y vincularlos con su accionar durante los juegos, en particular en sus momentos de descanso en los que parece que sus alucinaciones eran más intensas, con la finalidad de reunir material propicio para una próxima edición.»


¡Hola!

Creo que soy muy reiterativa con mi manía de desbaratar alianzas, pues siento que a los tributos se les da a pensar que tienen libre albedrío y prácticamente que todo vale, pero a la larga tienen poco margen de acción. Muchas veces los vigilantes meten sus manos para trastornar los planes, aunque bueno aquí la mala jugada no vino de parte de ellos sino de las peculiaridades de Cameron.

Debo confesar que me encantó escribir a Cameron y esta idea loca, espero que tenga algún sentido para ustedes.

Alpha: ¡Holis! Pues sí, estoy perdidísima, casi no tengo tiempo de escribir y he estado enviciada con los libros de una autora española (se llama Laura García Gallego, recomendadísima), así que tampoco he leído mucho por acá... Debo pasar a dejar muchos reviews también. ¡Gracias por el tuyo! Si pensé también en que ambas se acobardaran y las ratas las atacaran sin piedad hasta que una de las dos estuviese muerta y la otra casi irrecuperable, pero no me dio para tanto...

¡Gracias por pasarse por acá!

SS.