Año 39

Sandy Pearl - 16 años - Distrito 1.


Idiota. Idiota. Idiota. Soy una total idiota, me dejé llevar por la rabia y el miedo y hui. Ahora estoy sola, prácticamente sin armas y con la incertidumbre de lo que harán los que fueron mis aliados. Si yo estuviera en su lugar no me atendría a un plan conocido por una exaliada. Si yo estuviera en su lugar le daría caza a la desertora.

De todas formas, no me puedo derrumbar, he perdido algunas ventajas, pero sigo siendo una profesional. Desde que el carrito en el que me movía agotó el combustible me ha tocado andar. La arena es enorme, verde y, por extraño que parezca, plácida. Conforme avanza el día pierdo la esperanza de conseguir una fuente de agua, no es casualidad que en el cuerno hubiese grandes contenedores de esta, a mi botella le quedan apenas un par de tragos, pero no tiene sentido, el agua de la cornucopia no puede ser la única que haya en la arena, de ser así ya habríamos oído algunos cañonazos más.

Decido salir del jardín, repleto de árboles frutales, sin atreverme a probar ninguna de sus delicias por miedo a que puedan ser venenosas. Diviso pequeñas colinas y valles, depresiones de arena y varios lagos rosados. A unos trescientos metros un par de chicos llenan sus cantimploras en uno de los lagos. Aguardo, en silencio, con la garganta seca, a ver si la beben, pero se van correteando tras llenarlas. No aguanto más y echo una carrera a todo dar, al llegar a la orilla extiendo la mano y poso un dedo en la superficie.

Tengo miedo y tengo sed, pero más sed que miedo. Me llevo el dedo a la lengua. Sonrío. Es limonada, limonada rosa, tibia, pero de alguna manera extraña refrescante. Haciendo un cuenco con las manos, bebo.

Algunos sonidos metálicos me hacen volver al lugar en el que estoy, tras de mí Draco y Lester se acercan desbordando confianza, Lincoln viene en diagonal por mi izquierda. Ninguno corre, no tratan de tomarme por sorpresa, al contrario, quieren que sepa quienes son y a qué vienen. Tampoco yo les demuestro miedo, de hecho, han sido predecibles.

—Hola, zorra —sisea el último con esa mirada lasciva que tanto asco me da.

Limpio un poco mis manos en el uniforme y saco mis dagas del cinturón, considerando que mi látigo no resultaría eficiente ante estos tres. Tengo las manos pegajosas de la limonada y todavía mucha sed, pero supongo que mis molestias tendrán que esperar.

—¿Qué hay, idiota? —escupo, manteniéndole la mirada a Lincoln. Espero que los otros dos entiendan que no tengo nada contra ellos, tuve que dejarlos porque me sentí mancillada por Lincoln, acorralada y sin el apoyo de los demás.

—Eres una traidora— me increpa Lester. —Pudiste costarnos la vida.

Adiós a la efímera ilusión de que se pusieran en mi lugar.

—No hay nada que hablar, a ver, machitos ¿cómo quieren acabar con esto, tres contra una o elegirán un representante?

Draco no es capaz de sostener mi mirada, pero mi rabia también fluye en su contra, si no se hubiese hecho de la vista gorda, si hubiese asumido el liderazgo o me hubiese apoyado a mí, mis condiciones serían más favorables ahora.

—Hablas mucho, princesita, pero hasta ahora no sabemos de qué estás hecha.

Lincoln saca su espada de la vaina, su sonrisa demente se ensancha y yo busco embestirlo, evidentemente se aparta, así que con una voltereta hacia delante le hago un corte por sobre su rodilla.

Maldice entre dientes, da un salto hacia mí y por poco me aplasta, mientras al mismo tiempo intenta asestarme una estocada. Conmocionada, giro sobre mí misma y me levanto, el filo de su espada alcanza mi muslo derecho, la herida me escuece sobre todo en el orgullo cuando Lester tras de mí suelta una risita.

Sé que no debo dejarme llevar por la rabia y menos aún despreciar el talento de mi oponente, pero todavía me duele la impotencia que sentí cuando este cerdo me agarró desprevenida mientras orinaba, se impuso a mí con su fuerza bruta y amasó mis muslos y mis nalgas, estrechándome contra su cuerpo. En ese momento me congelé, me sentí indefensa pese a que tenía mi lanza tan solo algunos pasos… me duele saber que le dejé ganar aquella vez… Me duele todavía sentir su sucio contacto.

Grito y zigzagueo hacia él, atacando alternativamente con cada brazo, cada golpe es repelido por su espada. Mientras yo me estoy cansando, él sigue luciendo impecable. Me refreno, escupo a un lado y le hago una seña de "ven aquí". Cuando retoma su ataque le grito:

—Te crees todo un hombre, ¿no? Con tus grandes armas y tu ego enorme, creyéndote el dueño de lo que te rodea. Pero no eres más que escoria del Dos... —Amanda lo comentó durante los entrenamientos, que él no venía de las cumbres del Dos sino de sus cloacas— un recogido más, en busca de gloria... ¡Pedazo de porquería incapaz de dominar tus instintos!

Su faz cambia totalmente, se pone rojo de ira y se abalanza contra mí, desecha su espada buscando asirme con sus manazas, pero mis dagas continúan en mi poder. Retrocedo y lo esquivo, pero alcanza mi trenza y con furia me hala hacia él, sus labios temblorosos a escasos centímetros de mi rostro.

—¡Desearás haber cerrado esa boquita! —susurra.

Con mis manos en libertad, apuñalo los costados de su torso, inmediatamente rebate con un puñetazo a uno de mis lados y una patada lateral en el costado contrario. Sé que le he causado heridas de gravedad, pero la adrenalina y la rabia le mantienen de pie. Soy yo quien termina de nuevo en el piso, boca abajo, boqueando por aire. Es implacable y parece indetenible, me hala del pie y, volteándome con violencia, se trepa sobre mí.

El asco y el miedo se confunden en mi interior, voy a perder, me va a matar, pero no voy a irme sin luchar. A la desesperada le lanzo todo tipo de estocadas y cortes con mis dagas, incluso le asesto un rodillazo en la que debería ser la parte más frágil de su anatomía.

Un jadeo me hace pensar que estoy retomando una posición ventajosa, pero no es de Lincoln. Instantes después su peso desaparece de encima de mí como por arte de magia, me incorporo un poco para ver a Lester a un lado con el cuello roto y a Draco dándole una buena zurra a Lincoln.

Respiro recuperando un poco la calma. Sé bien que Draco nunca haría nada que no le resultara ventajoso a sí mismo, por esa razón llegó con los otros dos, dispuesto a dejar que Lincoln me matara, pero cuando sintió que esa no era la jugada ganadora se puso de mi lado. Él sabe que lo sé y ambos sabemos que estos juegos también van de espectáculo, así que le damos al Capitolio lo que espera de nosotros.

—Sabes que es mío —reclamo con voz suave, pero amenazante.

—Se dice: "gracias"—repone con ironía.

—Gracias.

Entonces Draco recoge a Lincoln del suelo y lo sostiene por la espalda inmovilizándole los brazos, manteniéndolo de rodillas. Segura de mí misma escupo a su rostro y de un tajo le corto la arteria principal en su cuello.


¡Hola de nuevo!

Tensiones entre alianzas nuevamente, pues sí gente, entre tantos alfas es difícil lograr un equipo funcional, en esta ocasión la falta de otras chicas en la alianza, el abuso de Lincoln por su posición de líder y las conveniencias de Draco, mermaron la alianza profesional a tan sólo dos miembros.

Alpha: qué bueno que te gustara el capi de Cameron, debo decir que tanto ese como este me presentaron bastante dificultad porque he estado leyendo narradores en segunda persona y quería explicar cosas que los protagonistas no estaban viendo; con el capítulo de Cameron metí el informe, con Sandy tuve que dejarme cosas en el tintero. Muchas gracias por tus impresiones.

Por cierto, Hayden era chica y, en efecto, el comienzo de los juegos el año pasado fue muy acontecido, la pobre logró huir de la avalancha y permaneció en movimiento todo lo que pudo. Sin embargo, no sobrevivió. El Vencedor de la Edición N° 38 fue Shawn Heckler de 18 años, proveniente del Distrito 4.

¡Gracias por leer!

SS.