Año 45

Mel Longfellow - 17 años Distrito 9.


Estaba cansada de irme a la cama todas las noches llorando, pidiendo un sólo un poco más, pidiendo una manera de hacer más tolerable el infierno que era mi vida. Preguntándome porque otros tenían más suerte, mientras abrazaba a mi bebé fuertemente contra mi pecho, deseando protegerlo del mundo miserable al que lo traje.

Esta noche lloraría nuevamente, si pudiera, pero la verdad siento que sólo me queda rencor por dentro, por la convicción de que me toca lo peor entre lo peor.

Esta noche estoy sola, dando vueltas en una enorme y mullida cama, en una habitación llena de lujos, con todo tipo de cosas para comer y mil y un prendas de vestir. Pero tan sola sin mi niño junto a mí. Sin poder dormir, sin dejar de pensar en lo que tuve que dejar atrás. Mi estómago es un nudo, mi garganta está apretada, tengo todos los músculos tensos y doloridos. Soy consciente de cada respiro, mientras otra noche se esfuma, mientras las que pueden ser mis últimas horas se disuelven.

Los juegos, si los gano, podrían cambiar todo lo que fue, podrían darme la oportunidad de darle a Devon todo lo que yo nunca tuve. ¿Será que cambia mi suerte? ¿Será que ahora si está en mis manos cambiar mi suerte?

No soy una ilusa, menos aún una estúpida, ya bastante he sufrido cuando he confiado en los demás y aquí menos que en ningún lugar debo hacerlo. Mi pequeño me espera en casa, mis tíos prometieron cuidar de él, pero conozco en carne propia el alcance de su caridad y no quiero que él padezca lo que me tocó a mí cuando estuve en esa casa.

La mañana ya clarea en mi ventana, podría quedarme más rato en la cama, pero ya que no puedo dormir, mejor es ponerme en movimiento, esta noche son las entrevistas y me toca que Lindsay me entrene. No puedo sino verla como una niñita incluso más perdida que yo, pero es lo que me ha tocado y de nuevo me toca apechugar.

Me levanto, me ducho y me pongo un conjunto de suave algodón. Tras recoger mi cabellera en un rodete, me estiro todo lo que puedo y salgo de la habitación con toda la actitud de que me voy a comer el mundo, solo de estas puertas para dentro dejo que me consuma la preocupación, de cara a los demás soy lo mejor que ha traído el Distrito Nueve a los cuadragésimo quintos juegos. Y de las mejores de los distritos periféricos.

El comedor aún está vacío, a excepción de los avoxes, me sirvo leche tibia y un par de panqueques con miel y arándanos. Josh llega unos minutos después.

—Buen día, Mel. ¿Lista para el día de hoy?

—Yo sí, pero al parecer Lindsay no. ¿Puedo entrenarme contigo? — Le pregunto con chulería, esperando que entre en razón y me mentoree a mí en lugar de a Aaron.

—Puedo aconsejarte todo lo que quieras, mientras ellos llegan.

Josh está convencido de que Aaron necesita de su experiencia más que yo, porque es más joven. Yo sólo sé que si estuviera en su lugar apoyaría al que más posibilidades tenga, no pretendo que descarte a Aaron, sería cruel, pero qué puedo aprender yo de Lindsay, cuando todos sabemos que sólo tuvo suerte. Igual no dejo pasar la oportunidad.

—¡Claro! ¿Algún consejo para esta noche?

—Tienes que brillar, ser coqueta, tener buena actitud, mantener a raya el mal genio.

Algo mosqueada, ya que solo me ha dicho generalidades, le dedico un par de parpadeos, termino de comer y me voy con una enorme taza de café a la sala, a ver algunas entrevistas de años anteriores. No quiero reconocerlo, pero tengo miedo de no hacerlo bien, de que se me note cuanto los desprecio.

Cuando al fin aparece Lindsay se preocupa mucho porque nota que no he dormido bien.

—Es importante, más allá del trabajo de maquillaje del equipo, que tú descanses, así vas a estar más alerta y vas a poder dar lo mejor de ti.

La miro fijamente, intentando esconder la condescendencia. Pero la chica no es tonta, o por lo menos reconoce rápidamente lo que me esfuerzo en ocultar.

—Vamos, Mel. Confía un poco en mí, sé que eres mayor que yo, que aún no tengo experiencia para guiar a alguien como tú, pero ya pasé por esto y puedo ayudarte, lo sé.

Respiro profundo y sinceramente le respondo:

—No tengo nada en tu contra, pero sé que no puedo hacer lo que esperas de mí. Así como tú te das cuenta de lo que siento, sé que ellos también lo harán. Sé que sabrán que los odio, que nunca apoyarán a alguien que si pudiera les cortaría el cuello. No quiero exponerme frente a todo el país, no quiero que conozcan mis afectos, mis esperanzas, mis sueños.

—Te comprendo y te tengo una propuesta: vayamos poco a poco, ensayemos los temas más comunes que suelen abordarse, lo que podrás responder sin comprometer todo eso que quieres mantener privado. Eso sí, te advierto que antes de las entrevistas nos investigan a fondo, Caesar ya sabe mucho de ti y más vale que si tienes algo que esconder, te hagas a la idea que va a salir a la luz y que está en tus manos moldearlo para que ese minuto y medio no te juegue en contra el resto de los juegos.

Enseguida pienso en Devon, en que ellos ya lo saben, que seguramente van a preguntarme por su padre... por...


Hola, de nuevo, y gracias por pasarse por acá.

Les comento, Lindsay Doyle del D9 fue la vencedora del año anterior con tan solo 15 años (segunda chica en lograr ganar a temprana edad después de Maryann hace 41 años en la 3ra edición), y en gran parte se debió a la suerte. Hasta el momento no está tan rota, guarda mucho optimismo y, como ven, en esta edición está estrenándose como mentora. También es una futura participante del 3er QQ.

Nos leemos pronto,

SS.