Lord Comandante
En la gran historia de Vorig, pocas hazañas pueden compararse con la legendaria "Batalla de los Cien Escudos". Con solo 100 hombres a su mando, Sir Asta, recién nombrado caballero, lideró una defensa coordinada y estratégica contra una legión del ejército demoníaco que amenazaba con arrasar la ciudad. La estrategia, basada en una formación defensiva pero flexible, logró detener a las fuerzas enemigas y sellar la victoria en una batalla que parecía imposible de ganar. Sin embargo, lo que realmente inmortalizó este evento fue el heroísmo y la valentía de Sir Asta, quien personalmente se enfrentó y derrotó al comandante demoníaco en un combate brutal y decisivo. Esta victoria resonó no solo en las regiones de los Reinos del Norte, sino también en los Reinos Centrales, donde se hablaba del joven "Asesino de Demonios".
La noticia de la hazaña llegó rápidamente a los oídos de Sir Allen, padre de Asta, y de su hermano, Sir Liebe. Ambos, anonadados y llenos de orgullo, deseaban poder estar junto a él para felicitarlo. Para Sir Allen, fue un momento de gran emoción al ver cómo su hijo había superado incluso las expectativas más altas, y para Liebe, fue un recordatorio de la grandeza a la que debía aspirar.
Por su parte, Asta no perdió tiempo tras despertar de sus heridas. Con Lord Orden gravemente herido y decidido a retirarse del frente, el liderazgo del ejército fue entregado a Asta, quien fue nombrado Lord Comandante. Este nombramiento causó controversia entre las casas nobles de la región. Algunos lo vieron como un insulto, cuestionando la juventud e inexperiencia de Asta. Sin embargo, otras casas, junto con los ciudadanos de Vorig y de regiones cercanas, apoyaron con entusiasmo al nuevo comandante. Entre esos apoyos destacó Sir Fuegoleon Vermillion, uno de los capitanes de Lord Orden. Aunque gravemente herido durante la batalla, perdiendo su brazo derecho, Fuegoleon decidió no retirarse, y en su lugar, se ofreció como la mano derecha de Asta, aportando su vasta experiencia y guía. Asta aceptó con gratitud, sabiendo que el apoyo de un caballero tan experimentado como Fuegoleon sería invaluable en los desafíos venideros.
Así, con una mezcla de apoyo y desconfianza, Sir Asta tomó el mando, preparado para guiar a sus hombres en futuras batallas y demostrar que su ascenso no se debía solo a la suerte o a una única hazaña. Para él, la "Batalla de los Cien Escudos" no era un fin, sino solo el comienzo de un camino más largo y arduo hacia la grandeza.
Wirt, lejos de sentirse desanimado por el rápido ascenso de su amigo Asta, decidió tomarlo como inspiración. Viendo el éxito de Asta, juró que mas pronto que tarde se convertiría en caballero y lucharía junto a él en el frente. Con su objetivo firme no solo se motivó aun mas, sino que también comenzó a entrenar con mayor determinación.
Durante su período de recuperación, Asta no perdió tiempo en investigar el extraño poder que había despertado en él. Decidió hablar con Drouot, el hechicero principal de Vorig, un anciano pero formidable mago conocido por su vasto conocimiento en todas las formas de magia. Asta pensaba que si alguien sabía algo sobre su poder, sería Drouot. Sin embargo, para su decepción, el viejo hechicero no tenía respuestas claras. Tras varias pruebas y análisis, ambos llegaron a la conclusión de que, aunque el poder de Asta tenía una naturaleza similar a la magia, era algo completamente distinto. La capacidad de su poder para eliminar otras magias en su totalidad los dejó con más preguntas que respuestas.
Drouot teorizó que podría tratarse de una especie de "Anti-magia", un término que surgió por la naturaleza disruptiva del poder de Asta. No obstante, incluso con esta teoría, la fuente y la mecánica del poder seguían siendo un misterio. Asta continuó entrenando, tratando de canalizar el poder como si fuera magia convencional. Sin embargo, desde la batalla con el comandante demoníaco, no había logrado usarlo con la misma intensidad. Apenas podía mantenerlo durante unos breves segundos. Aun así, siguió los consejos del hechicero, practicando diariamente y explorando cómo hacer que el poder respondiera de manera más estable.
Por otro lado, Asta recuperó la espada del comandante demoníaco que había derrotado en la batalla. La enorme hoja, oscura como la noche, era un recordatorio de lo que había superado. Decidió conservarla y nombrarla "Mata Demonios", en honor al título que ahora llevaba con orgullo. La espada no solo representaba su victoria, sino también el inicio de su viaje como líder y caballero.
Mientras Drouot continuaba investigando el origen y la naturaleza del poder de Asta, el joven comandante se enfocaba en fortalecer sus habilidades, sabiendo que lo que venía en el futuro sería aún más desafiante. Sin embargo, con su nuevo poder y la espada a su lado, estaba decidido a estar preparado para cualquier enemigo.
Asta se encontró nuevamente en el campo de batalla casi diez meses después de su gran victoria que lo consagró como caballero. Aunque deseaba seguir explorando su misterioso poder y conocer los avances del viejo mago Drouot, el deber era más urgente. Gracias a los nuevos reclutas que se habían unido, la ciudad de Vorig ya no sufría de escasez de soldados, y Asta, ahora comandante del ejército principal, y junto a Sir Fuegoleon, tenía un grupo bien entrenado listo para enfrentar cualquier amenaza.
Montaron un campamento a varios kilómetros de la ciudad, que funcionaba como base de operaciones para interceptar el avance de los ejércitos enemigos. La vida en el frente era dura, y Asta participó en numerosas batallas en los casi 2 años que estuvo en el frente, algunas intensas y otras menos, con más victorias que derrotas. La experiencia y el liderazgo de Asta se fortalecieron con cada enfrentamiento, aunque las pérdidas y los desafíos continuos marcaron su camino.
Cuando por fin tuvo la oportunidad de regresar a Vorig un par de semanas para reabastecerse de suministros y tropas, Asta había cambiado notablemente. Con casi 17 años, su apariencia reflejaba las cicatrices y el rigor de la guerra. Su cabello gris, siempre desordenado, y sus ojos verdes intensos, junto con su armadura negra y capa blanca, lo hacían imponente y atractivo para las doncellas. Sin embargo, su baja estatura en comparación con otros caballeros seguía siendo una fuente de frustración para él, aunque sus amigos bromeaban al respecto, diciendo que su "tamaño compacto" lo hacía aún más peligroso en combate.
Asta, al regresar al palacio de Lord Orden, notó que casi nada había cambiado desde su última visita. Se dirigió a la habitación que servía como despacho de Lord Orden para informarle sobre los últimos acontecimientos. Sin embargo, fue detenido por una voz familiar que lo llamó desde detrás.
—Asta.
Al girarse, Asta no pudo evitar sonreír al ver a su viejo amigo Wirt. Ambos se miraron antes de darse un abrazo amistoso. Aunque Asta frunció el seño al notar que Wirt también había crecido mucho y era ahora más alto que él.
—Cuánto tiempo —dijo el peli rojo, y Asta sonrió.
—Casi dos años fuera. Has cambiado mucho, Wirt —comentó Asta, notando que su amigo, aunque no vestía armadura, llevaba ropas elegantes que resaltaban su estatus—. Tengo entendido que Sir Arthur te nombró caballero hace algunos meses.
—Sí —asintió Wirt—. Por fin te alcancé —dijo, lo que hizo reír a Asta.
—Ya era hora —respondió el peligris, antes de notar una figura detrás de su amigo. Era una joven con cabello anaranjado y ojos amarillos, vestida con un largo vestido rojo típico de la nobleza—.¿Quién es ella? —preguntó a su amigo.
Wirt se giró para mirar a la chica y sonrió con timidez.
—Ella es Mimosa Vermillion.
—¿Vermillion? ¿Como Sir Fuegoleon? —preguntó Asta, sorprendido.
—Sir Fuegoleon es mi primo —dijo la chica, inclinándose respetuosamente—. Es un honor conocerlo, Sir Asta. Wirt no para de hablar de usted.
El comentario hizo que el peli rojo se sonrojara y se frotara la cabeza tímidamente.
—El honor es mío, Lady Mimosa —respondió Asta, inclinándose con respeto. Como caballero, se comportaría de manera apropiada.
—Asta —dijo Wirt, colocándose al lado de Mimosa—. Mimosa también es mi prometida —anunció, haciendo que Asta abriera los ojos de sorpresa.
—¡Felicidades! —dijo Asta con una sonrisa—. ¿Pero cuándo ocurrió?
—Padre arregló el matrimonio unos meses antes de que te fueras al frente. Me enteré después de que te fueras, así que no pude decirte.
—Ya veo —respondió Asta, aún sorprendido—. ¿Cuándo es la boda? —preguntó, dejando de lado un poco las formalidades, haciendo que Wirt riera y Mimosa se sonrojara levemente.
—Aún no está decidido, pero pasará algún tiempo antes de que sea —dijo Wirt—. Por cierto, ¿vas a ver a padre, no? Nosotros también vamos con él, ¿podemos acompañarte?
—Por supuesto —dijo Asta, mirando a ambos. —Podré ponerme al día contigo y conocer mejor a tu prometida.
Los tres comenzaron a caminar juntos hacia el estudio de Lord Orden, charlando y poniéndose al día mientras avanzaban.
Cuando finalmente llegaron a la puerta del despacho de Lord Orden, Asta tocó con firmeza antes de que Gabel, el sirviente personal de Lord Orden, abriera la puerta desde el interior.
—Sir Asta, es un placer tenerlo de regreso en el palacio —dijo Gabel con una inclinación respetuosa.
—Es bueno estar de vuelta —respondió Asta con una leve sonrisa, antes de entrar en la habitación junto con Wirt y Mimosa.
Lord Orden se encontraba detrás de su amplio escritorio, iluminado por la luz tenue que se filtraba a través de un gran ventanal en la habitación. Estaba revisando un conjunto de documentos, su expresión grave y concentrada, cuando levantó la mirada. Su único ojo, lleno de experiencia y resolución, se posó sobre Asta, observando al joven caballero con intensidad. El parche negro que cubría la herida donde alguna vez estuvo su otro ojo le daba un aire aún más imponente y autoritario.
—Sir Asta —lo saludó el Lord, dejando los papeles a un lado.
—Lord Orden —respondió Asta, haciendo una respetuosa reverencia.
Lord Orden dirigió su mirada hacia Wirt y Mimosa que estaban unos pasos detrás de Asta.
—Veo que ya conociste a la prometida de mi hijo —comentó el Lord con una ligera sonrisa.
—Sí, lo hice. Me los encontré de camino —respondió Asta.
—Bien —asintió Lord Orden, su expresión volviéndose más seria mientras enfocaba su atención en Asta—. Dame tu informe.
Asta organizó sus pensamientos antes de hablar.
—Durante este último tiempo, Sir Fuegoleon y yo nos hemos centrado en neutralizar la amenaza demoníaca en la región. Al parecer, han cesado sus intentos de invasión directa hacia la ciudad y se han centrado en hostigar a mis fuerzas. Los soldados recién reclutados con los que partimos se han convertido en guerreros hábiles, capaces de enfrentarse a cualquier amenaza demoníaca. Hemos logrado eliminar a tres comandantes demoníacos importantes de la coalición. Según nuestros informes, aún quedan dos comandantes vivos y un general que dirige a los demás desde una ubicación desconocida. Actualmente, he dejado a más de la mitad de mi ejército en el campamento base al norte de aquí bajo el mando de Sir Fuegoleon. Si hay algún avistamiento enemigo, tienen órdenes de enviar mensajeros a la ciudad para que yo pueda reunirme con el resto del ejército lo antes posible —concluyó Asta con firmeza.
Lord Orden permaneció en silencio por unos momentos, asimilando el informe.
—Bien, más tarde me entregarás un informe escrito con mayor detalle —ordenó el Lord, poniéndose de pie y caminando hacia el ventanal que daba a la ciudad—. Sir Asta, Sir Wirt, deseo hablar con ambos a solas.
Mimosa entendió la señal y se inclinó respetuosamente ante Lord Orden antes de salir de la habitación. Gabel también hizo una reverencia antes de retirarse, cerrando la puerta detrás de ellos.
Una vez a solas, Lord Orden se giró para mirarlos con una expresión tranquila. Había un brillo nostálgico en sus ojos cuando observó a los dos jóvenes frente a él. Su semblante normalmente austero se suavizó mientras hablaba.
—Verlos a ustedes dos ahora es como ver a los dos niños que crecieron bajo mi tutela. Uno, mi hijo de sangre, y el otro, que alguna vez fue mi escudero, a quien podría considerar como un hijo mas. Ambos se han convertido en caballeros que me llenan de orgullo. Son hombres honorables, hechos y derechos —dijo Lord Orden, con una voz llena de emoción contenida.
Las palabras de su mentor y padre resonaron en los corazones de Asta y Wirt. Ambos sonrieron, sintiendo el peso de la gratitud y el respeto que tenían hacia él. Para Asta, las palabras de Lord Orden eran un recordatorio de lo lejos que había llegado desde sus días como escudero. Para Wirt, eran un reconocimiento a su arduo esfuerzo por estar a la altura del legado de su familia.
—Es un honor, Lord Orden. Su guía ha sido clave para lo que somos hoy —dijo Asta con humildad, inclinando la cabeza en señal de respeto.
—Padre, siempre he querido hacerte sentir orgulloso —añadió Wirt, con una mezcla de solemnidad y afecto.
Lord Orden asintió, volviendo a su expresión más estoica.
—Bien, entonces esto me lleva al siguiente punto —dijo Lord Orden, enfocando su mirada en Wirt—. Quiero que te unas a Asta en el frente. Aunque tu experiencia dirigiendo las fuerzas dentro de la ciudad junto con Sir Arthur es destacable, aún careces de experiencia real en el campo de batalla.
Las palabras del Lord cayeron como un rayo. Wirt abrió los ojos de sorpresa, y Asta no pudo evitar mostrar una leve expresión de incredulidad. Para Wirt, esta oportunidad era a la vez un sueño y una prueba. Siempre había querido luchar junto a Asta, el hermano que había ganado en todo menos en sangre. Sin embargo, ahora comprendía mejor los riesgos y el peso que conllevaba esa decisión. No negaría que sentía una mezcla de emoción y miedo ante la idea de enfrentarse a los horrores del frente.
Aun así, Wirt ya había tomado su decisión mucho antes de esta conversación. Incluso si su padre no le hubiera ofrecido esta oportunidad, él habría solicitado ir al frente por cuenta propia. Después de todo, no podía quedarse atrás mientras su amigo enfrentaba el peligro día tras día.
—Será un honor, padre —respondió Wirt con firmeza, arrodillándose ante Lord Orden en señal de gratitud y compromiso.
Lord Orden asintió con aprobación y luego dirigió su mirada a Asta.
—Confío en que guiarás a mi hijo en la batalla, Sir Asta.
—Así será, mi Lord —respondió Asta con respeto, inclinándose.
—Bien —dijo el Lord, relajando ligeramente su postura—. Ahora, Wirt, ¿me permites unos momentos a solas con Sir Asta? Hay algunos asuntos que necesito discutir con él.
Wirt asintió, comprendiendo la importancia de lo que se avecinaba. Con un último vistazo a Asta, se dio la vuelta y salió de la habitación. Al cruzar la puerta, vio a Gabel de pie junto a la entrada, siempre vigilante. Al otro lado del pasillo, Mimosa esperaba pacientemente.
—Wirt, ¿cómo te fue con tu padre? —preguntó Mimosa con una mezcla de curiosidad y preocupación en su rostro.
Wirt la miró con una sonrisa ligera, aunque la emoción brillaba en sus ojos.
—Me uniré a Asta en el frente. Mi padre cree que ya es hora de que gane experiencia real en la batalla —respondió, intentando sonar sereno a pesar de la mezcla de nervios y emoción que lo embargaba.
Mimosa lo miró con asombro y, por un momento, pareció debatirse entre el orgullo y la preocupación.
—Sabía que este día llegaría, pero aun así... —dijo, intentando disimular su inquietud—. Debes prometerme que volverás sano y salvo.
—Te lo prometo —respondió Wirt con determinación, acercándose a ella para tomar su mano con delicadeza—. No pienso dejarte esperando.
Mimosa asintió con una sonrisa tenue, mientras Wirt se sentía más decidido que nunca a demostrar que era digno del legado de su familia y de la confianza de Asta.
Mientras tanto, en la habitación, Lord Orden se acercaba al ventanal, mirando la ciudad que tanto había protegido.
—¿Qué desea discutir conmigo? —preguntó Asta, su voz denotando una mezcla de curiosidad y preocupación.
Lord Orden se giró para mirar a Asta con una expresión seria.
—Es sobre tu padre —respondió el Lord. La preocupación que asomó en el rostro de Asta hizo que el Lord hablara con un tono tranquilizador—. No te preocupes, él y tu hermano están bien. La alianza ha mantenido una firme resistencia, aunque aún no han logrado un avance significativo, han logrado detener el avance de los demonios que vienen más allá del norte.
Asta respiró aliviado al escuchar las noticias sobre su familia. Su preocupación se fue disipando lentamente, permitiéndole concentrarse en lo que Lord Orden quería comunicarle.
—Lo que quiero hablar es algo diferente —continuó Lord Orden mientras se acercaba a su escritorio y abría uno de sus cajones—. Antes de que tu padre marchara al norte, dejó algo para ti con instrucciones de que se te entregara cuando fueras lo suficientemente maduro. Creo que es el momento adecuado —dijo, sacando una pequeña caja, lo suficientemente grande para guardar algunos objetos.
Al recibir la caja de manos de Lord Orden, Asta la miró con cierta curiosidad y aprehensión. Abrió la caja con cuidado y encontró una carta junto con un pequeño objeto envuelto en tela. Decidió leer la carta primero.
"Querido Asta.
Cuando estés leyendo esto, significa que ya eres lo suficientemente maduro para recibir este obsequio.
Lamento haber partido sin saber cuándo regresaré. Debo admitir que nada es más doloroso que ver cómo nuestra familia se separa, y estoy seguro de que Liebe opina lo mismo.
Dentro de la caja encontrarás un objeto que perteneció a tu difunta hermana y, antes de ella, a tu difunta madre."
Asta se detuvo un momento ante la mención de su hermana. La pérdida de su hermana había sido un dolor que nunca había podido superar del todo, y recordar su muerte le provocaba una punzada en el corazón. Había muerto unos años antes de que su padre y hermano partieran. Después de un suspiro profundo, continuó leyendo.
"Este objeto tiene un gran valor sentimental para mí, así que espero que le des el uso adecuado cuando llegue el momento oportuno.
Espero que puedas encontrar en él una conexión con aquellos que han sido parte de nuestra vida, incluso si ya no están con nosotros.
Con cariño, Tu padre."
Cuando Asta terminó de leer la carta, desenvolvió el objeto envuelto en la delicada tela. Para su sorpresa, resultó ser un anillo plateado con un intrincado diseño en forma de loto grabado en la superficie. Al sostenerlo en su mano, pudo apreciar la fina artesanía y la calidez pieza.
Lord Orden, al ver el anillo, lo reconoció de inmediato. Ese anillo había pertenecido a la esposa de Sir Allen, el mismo que le dio cuando se comprometieron. Aunque no había leído la carta, podía intuir que Allen lo había dejado con un propósito en mente, aunque era típico de él no especificar claramente sus intenciones. Sin embargo, Lord Orden sabía que el anillo tenía un significado especial, uno que esperaba que Asta eventualmente comprendiera.
Asta, por su parte, admiró el anillo con una mezcla de curiosidad y desconcierto. Era un objeto hermoso, cargado de historia y significado, aunque en ese momento no comprendía del todo su propósito. Sabía que no era para él; el tamaño del anillo no le correspondía, lo cual solo añadía a su misterio. Después de unos instantes, decidió que lo llevaría como un colgante, para tenerlo siempre cerca.
Lord Orden observó la expresión pensativa de Asta y sonrió para sus adentros. Aunque Asta había crecido y madurado en muchos aspectos, todavía había áreas de la vida en las que su ingenuidad juvenil persistía. El tiempo y las experiencias se encargarían de enseñarle el verdadero propósito del anillo.
—Estoy seguro de que tu padre, a pesar de no estar aquí, está muy orgulloso de ti —dijo Lord Orden, con un tono de sincero aprecio.
Asta asintió, tocado por las palabras del Lord.
—Sí, lo sé. Gracias por entregarme esto —respondió, inclinándose en señal de respeto y gratitud.
—Ahora —continuó Lord Orden—, estoy seguro de que tienes varios asuntos que atender antes de regresar al frente. —Hizo un gesto hacia la puerta, indicando que la audiencia había terminado—. Por cierto, cuando tengas tiempo, mi esposa quiere hablar contigo.
—Sí —asintió Asta—. La visitaré lo antes posible. Con una última reverencia, Asta se despidió y salió de la habitación, encontrándose nuevamente con Mimosa y Wirt, quienes lo esperaban para retomar su conversación.
Wirt, al ver a su amigo, no pudo evitar una sonrisa.
—Entonces, ¿Cómo fue la charla con mi padre? ¿Todo bien?
—Sí —respondió Asta mientras comenzaban a caminar por los pasillos del palacio—. Hablamos algunos temas. Tu padre me entregó algo que mi propio padre dejó para mí. Es un anillo con un significado especial —explicó, aunque sin entrar en demasiados detalles sobre el significado personal del objeto.
Mimosa, observando el interés en el rostro de Asta, el cual tenia un brillo feliz.
—Debe ser un objeto muy importante para usted y para su familia Sir Asta. Es un honor recibir algo así.
—Definitivamente lo es —asintió Asta—. Me siento afortunado de tenerlo —Dijo mientras reía tímidamente, notando que Mimosa aun era demasiado formal—. Por favor, no me llames con tanta formalidad. Somos de la misma edad —dijo, tratando de suavizar la formalidad.
Mimosa asintió, aunque un poco dudosa.
—Está bien, Asta. Si prefieres que te llame solo por tu nombre, lo haré.
—Gracias, Mimosa —dijo, mientras sonreía agradecido y eliminando el tono formal también.
La conversación continuó fluyendo de manera más natural. Wirt aprovechó para hacer preguntas sobre el campo de batalla y las experiencias de Asta, mientras Mimosa mostraba interés en cualquier detalle que le llamara la atención.
Cuando finalmente se separaron, Asta se dirigió a la torre que servía como biblioteca para grimorios de Drouot. Tenía curiosidad por saber si el hechicero había encontrado algún avance en su investigación.
—Sir Asta, es un placer volver a verlo —saludó el anciano, aunque su voz sonaba más cansada de lo habitual—. Supongo que viene a ver si hay algún avance.
—Sí, tengo esperanzas de que haya podido encontrar algo —respondió Asta con una mezcla de esperanza y ansiedad.
—Me temo que no —dijo el anciano, negando con la cabeza—. Busqué en todos los libros y pergaminos algo sobre este poder, pero no encontré nada significativo.
La decepción se notó en el rostro de Asta, pero Drouot continuó hablando.
—Sin embargo, hay algo que llamó mi atención —dijo mientras se dirigía a una de las estanterías y buscaba un libro—. ¿Sabe por qué su padre eligió ese nombre para usted?
—Sí —respondió Asta—. Mi padre dijo que era en honor a Sir Asta, el caballero que acompañó al grupo de héroes para vencer al rey demonio. Los relatos lo describen con una apariencia similar a la mía, así que en honor a él me llamó así.
El viejo hechicero asintió antes de sacar el libro que buscaba y abrirlo en una página específica.
—Hay relatos donde se narra cómo este caballero portaba un extraño poder oscuro que le permitía cortar las magias de todo tipo como si no fueran nada —explicó Drouot, señalando el texto—. En principio, esto puede parecer una coincidencia, pero si estudiamos más a fondo la naturaleza de su poder y si puede ser canalizado en una espada, tal vez podamos encontrar una conexión.
Asta frunció el ceño, escuchando atentamente.
—Escuche —continuó el hechicero—. Esto no es simple coincidencia. La apariencia similar y el poder que podría ser similar no son meras coincidencias. No estoy sugiriendo que estés directamente relacionado con ese caballero, como si hubiera engendrado hijos bastardos cuando pasó por esta región. Eso se descarta por completo, ya que sabemos que la familia Staría ha vivido en esta ciudad hace más de 500 años y siempre ha mantenido estas características tuyas. Recuerda que tu padre, al casarse con tu madre, adoptó el apellido de tu familia debido a su estatus y que no había otro heredero. Lo que quiero decir es que Sir Asta del grupo de héroes podría ser un pariente lejano tuyo, y que este poder podría ser parte de un linaje desconocido.
Asta se quedó en silencio, asimilando la información. La idea de una conexión ancestral con el legendario caballero era intrigante y, al mismo tiempo, desconcertante.
—¿Entonces, qué hacemos ahora? —preguntó finalmente Asta.
—Podríamos investigar más sobre la historia de Sir Asta y buscar cualquier indicio de sus orígenes o registros que puedan confirmar esta teoría —sugirió Drouot—. También, podríamos intentar canalizar el poder en tu espada para entender mejor su naturaleza y ver si hay algún patrón que pueda relacionarse con los relatos antiguos.
Asta asintió, sintiendo una nueva determinación. —Haré lo que sea necesario para descubrir la verdad detrás de este poder y su posible conexión con mi familia. Gracias por la información, maestro Drouot.
El hechicero asintió con una sonrisa cansada. —Buena suerte, Asta. Estoy seguro de que encontrarás las respuestas a lo que buscas.
—Adelante —dijo una voz del otro lado de la puerta tras el leve toque de Asta.
Asta reconoció la habitación antes de entrar; era la del hijo menor de la casa Orden, Mut. Los sirvientes le habían dicho que dentro estaría la madre del niño, Lady Alice, esposa del Lord.
Al abrir la puerta, Asta se encontró en una habitación amplia, decorada con elegancia, digna de una familia noble. Pero lo que más captó su atención fue la figura de la mujer sentada en la cama, era Lady Alice la esposa de su señor. Tenía el cabello castaño y vestía un largo vestido verde. Sobre sus piernas descansaba su pequeño hijo Mut, de alrededor de cuatro años, con cabellos igualmente castaños y un conjunto verde a juego con el de su madre.
—Lady Alice —saludó Asta con una reverencia.
—Sir Asta, es un placer volver a verte —dijo la mujer con una cálida sonrisa, mientras su hijo observaba al caballero con ojos curiosos y algo tímidos.
—El placer es mío, mi Lady. También es bueno ver cuánto ha crecido el joven Mut —dijo Asta, notando cómo el niño se escondía en los brazos de su madre por la timidez. Luego, Asta retomó el tema principal—. Lady Alice, su esposo me informó que deseaba hablar conmigo.
Lady Alice asintió, dejando a su hijo a un lado de la cama antes de continuar.
—Sí, es sobre mi hijo Wirt —comenzó, con un tono serio—. Estoy segura de que mi esposo te informó de su deseo de que Wirt marchara al frente contigo.
—Así es, lo hizo. Wirt también estaba presente cuando me informó —confirmó Asta.
Alice asintió nuevamente, visiblemente preocupada.
—Como es natural, me opuse a esta decisión, pero cuando mi esposo toma una determinación, nada lo hace cambiar de opinión —dijo con un suspiro. Asta ya intuía la dirección de la conversación. —Quiero que lo protejas. Cuida de que no sea imprudente y que siga tus órdenes al pie de la letra. Puede que sea hábil con la espada, pero carece de la experiencia y la madurez que tú posees en batalla.
Asta se arrodilló solemnemente, golpeando su pecho con el puño en señal de compromiso. —Entonces... Juro ante usted y ante la diosa, por mi honor como caballero y el honor de la casa Staría, que mantendré a salvo a su hijo, Sir Wirt, y lo guiaré para que se convierta en un hombre sabio e inteligente tanto dentro como fuera del campo de batalla.
Lady Alice observó la sinceridad en los ojos de Asta y, con un gesto delicado, le indicó que se pusiera de pie.
—Gracias, Sir Asta. Esas palabras me llenan de alivio —dijo, notando la seguridad que emanaba del caballero.
Mientras todo esto ocurría, el pequeño Mut miraba la escena con ojos brillantes de admiración y curiosidad. Sin que Lady Alice ni Asta lo supieran, ese momento quedaría grabado en la memoria del niño para toda su vida.
Asta se inclinó respetuosamente antes de retirarse.
—Si no hay nada más que discutir, me retiro.
—Espero que disfrutes de la ciudad antes de volver a partir —dijo Lady Alice con amabilidad.
Asta asintió y se despidió con una última reverencia antes de salir de la habitación, dejando tras de sí una atmósfera de confianza y respeto.
Las dos semanas que Asta pasó en la ciudad transcurrieron más rápido de lo que esperaba. Sus días estuvieron llenos de responsabilidades como Lord Comandante de las fuerzas de Vorig. Entre el interminable papeleo, la revisión de tropas y las reuniones estratégicas, apenas tenía tiempo para él mismo. Sin embargo, cuando lograba un momento libre, lo dedicaba a entrenar con su espadón, intentando perfeccionar la canalización de la "anti-magia", una habilidad que aún seguía explorando con paciencia y dedicación.
En esos días, Asta también aprovechó para caminar por los jardines del palacio y conversar con Wirt y Mimosa. Durante sus charlas y paseos, fue conociendo mejor a la prometida de su amigo. Mimosa resultó ser una joven dulce y gentil, cuya conexión con la naturaleza inspiraba un respeto genuino en Asta. Él valoraba mucho esa dedicación a cuidar a los demás, una virtud que veía como un reflejo de su propio deseo de proteger a quienes ama.
Asta también encontró un tiempo para visitar las tumbas de su madre y de su hermana, un acto silencioso pero cargado de significado para él. Frente a sus lápidas, prometió seguir luchando y protegiendo lo que ellos habían amado.
Sin embargo, no todo fue tan sencillo. Las noches se convirtieron en su verdadero desafío. Acostumbrado a la dureza del campo de batalla y a dormir sobre terrenos ásperos, la comodidad de una cama suave le resultaba insoportable. Después de varias noches de dar vueltas sin lograr descansar, decidió que la alfombra del suelo sería su nuevo lecho. Era algo más familiar, más cercano a lo que su cuerpo estaba acostumbrado.
Aun así, las sombras de la guerra nunca desaparecían por completo. Aunque había aprendido a manejar el estrés y la ansiedad que acompañaban su posición, había momentos en que esos recuerdos volvían como ecos oscuros en la tranquilidad de la noche. Las imágenes de la batalla, las decisiones difíciles, y las vidas perdidas asaltaban su mente. Por fortuna, Asta había desarrollado una fortaleza interna que le permitía disipar esas emociones rápidamente. Con cada respiración profunda, lograba apartar esos pensamientos, recordándose a sí mismo que su misión aún no había terminado.
Finalmente, con la llegada del día en que debía partir nuevamente al frente, Asta se sintió en paz con lo que había logrado durante su breve estancia en la ciudad.
Antes de partir, Asta decidió visitar una vez más las tumbas de su madre y hermana para rezar en silencio. Con los ojos cerrados y las manos entrelazadas, dedicó sus pensamientos y oraciones a ellas, prometiéndoles regresar vivo.
—Es momento de partir, Lord Comandante —interrumpió una voz firme detrás de él.
Asta abrió los ojos y se dio la vuelta, encontrándose con Sir Leopold Vermillion. El joven de cabellos rojos intensos y ojos ardientes como su espíritu estaba vestido con una armadura rojiza que reflejaba la llama de la casa Vermillion, complementada con una capa blanca que simbolizaba pureza y justicia. A sus 16 años, era unos meses mas joven que Asta, pero su porte reflejaba la madurez de alguien que ha pasado por los rigores de la guerra. Como hermano menor de Sir Fuegoleon y antiguo escudero suyo, Leopold había demostrado ser un guerrero de gran potencial, razón por la cual fue nombrado caballero en la última batalla. Aunque tenía una actitud salvaje y desinhibida, sabía comportarse con el respeto adecuado, como lo hacía en ese momento solemne.
—¿Dónde está Sir Wirt? —preguntó Asta, buscando a su amigo, pues no quería partir sin él.
—Creo que está despidiéndose de su prometida —respondió Leopold con un gesto despreocupado, a lo que Asta asintió.
Ambos abandonaron el cementerio y charlaron mientras caminaban hacia los establos militares, donde las tropas ya se encontraban reunidas, esperando sus órdenes. Cuando llegaron, Wirt había terminado de despedirse de Mimosa y ahora ajustaba la montura de su caballo. Vestía una nueva armadura de tono carmesí que resaltaba su cabello rojizo, similar pero no tan vibrante como la de Leopold.
—¿Estás listo? —preguntó Asta acercándose a su propio caballo.
—Sí... aunque siendo mi primera vez, estoy nervioso —admitió Wirt, tratando de mantener la compostura pero sin poder ocultar del todo su inquietud.
—Es normal —comentó Leopold mientras ajustaba las correas de su caballo—. Cuando mi hermano me nombró su escudero y partí al frente, no podía dejar de temblar. Los nervios eran insoportables. —Se rio mientras daba una palmada amistosa en la espalda de Wirt—. Tranquilo, lo harás bien. Dicho esto, montó su caballo con facilidad y avanzó unos metros al frente.
—Algo similar me ocurrió a mí —añadió Asta con una sonrisa comprensiva mientras subía a su caballo—. Te estaré esperando más adelante. Su tono era tranquilizador, como si transmitiera una confianza que podía contagiarse.
Wirt observó cómo ambos caballeros avanzaban, admirando la experiencia y seguridad que irradiaban. Luego giró la cabeza hacia el palacio y vio a su padre, Lord Orden, en uno de los balcones, acompañado por su madre y su hermano menor. Lord Orden le dirigió un asentimiento solemne, un gesto que Wirt respondió antes de espolear su caballo y avanzar para alcanzar a los otros dos.
La formación del ejército comenzó a moverse, y con ella, el destino que los esperaba en el frente de batalla.
Fin del capítulo.
Espero les halla gustado.
Ya casi terminamos con este pequeño arco de Asta, uno o dos capítulos mas y ahora si comenzaremos a seguir la historia principal del manga, dejen sus ideas u opiniones para mejoras en los comentarios, dicho esto. ¿Cuánto le dan del 0 al 10?
Si les gustó los invito a que le den una estrellita o comenten, también los invito a seguirme.
Si quieren aportar alguna idea, solo escríbanla en los comentarios.
Sin más que decir, adiós.
