Capitulo 2

Una semana había pasado desde aquel "incidente" como lo caratulaba el líder Hyuga. Los días más desagradables que Hinata debía enfrentar, eso, junto a una lucha de miradas de muerte que, por seguridad de Tenten, ella debía perder.

Su mirada vacía viajaba por las finas telas del mercado de seda, más ninguna le llamaba la atención. Porquería de reunión debía enfrentar la siguiente noche, y para ello debía asistir con un elegante traje nuevo.

-Debería ir desnuda a esa ridícula reunión- increpó.

- ¡Hinata! - se escandalizó Tenten a su lado. - ¡No digas eso, mira la cantidad de telas nuevas que han llegado! - le tendió un trozo de un brillante verde esmeralda. Más su "señorita", como debía llamarla en las afueras de su entorno, no parecía interesada. - No será tan malo, tu primo estará contigo-

Hinata arrugó la tela que estaba en sus manos. - ¡No me lo nombres por favor! - exclamó furiosa aun recordando lo que días atrás había sucedido ¿Cómo se había atrevido a ponerse del lado de su padre aun sabiendo que había lastimado a su amiga? - ¡Tenten! - se giró hacia la castaña quien se sobresaltó ante el comportamiento errático de la joven. - ¡Tenias toda la razón, él no te merece! -

-Hinata, no digas eso en voz alta por favor- intentó aminorar la situación calmando a su señorita ¡no debían hablar de lo que sucedía en el complejo Hyuga en pleno mercado!, pero Hinata estaba empecinada en portarse de rebelde. -Él tiene razón, Hinata-

- ¡¿Qué?! - se escandalizó la Hyuga observando a su amiga incrédula.

- Si, ¿qué hubieras hecho si matabas a tu padre? - la cuestionó. La joven señorita bajo su mirada ante ese interrogante. -Sabes la cantidad de aliados que tiene, ¡hubieran pedido tu cabeza! -

-Me hubiera encargado de todos- restó importancia. Tenten quedó estupefacta ante las palabras de su amiga. En esos momentos la joven castaña se preguntaba que había sido de la Hinata que odiaba luchar, a la que le enfermaba ver la sangre y que solo sabía llorar. En verdad, esa Hinata ¿había muerto con Hanabi?

- ¿Cómo? si hasta Neji pudo detenerte... los demás lo hubieran hecho también - le recordó la castaña.

-Por favor, no me lo nombres...ese traidor despreciable. - Llevó su mano al interior de su manga y palpó la daga que siempre llevaba consigo, deseaba tanto haberla clavado en el pecho de ese anciano.

-Hinata- la castaña joven tomó entre sus manos vendadas las de su amiga. -Por favor, no odies a tu primo, él actuó así por ti...ahora estas enojada y no lo ves...- intentó hacerla entrar en razón. -Pero luego, con la cabeza en frio, te darás cuenta de que en verdad fue lo mejor-

La joven Hyuga no dijo nada, la imagen de las manos lastimadas y vendadas de Tenten habían penetrado en su interior, el efecto era muy distinto al que su amiga buscaba. En lugar de calmarla, la enfurecieron más. La hicieron recordar a Hanabi, sus manos vendadas por tanto entrenamiento y sobre esfuerzo, su mirada cansada, y aun así, su sonrisa brillante únicamente dedicada a ella. Pensó entonces en Neji, aún si no fue su primo quien había dañado y torturado a Tenten, si era culpable de no detener el castigo. ¿Por qué Tenten defendía tanto a Neji?, ¿Tan enamorada estaba de él que le nublaba el juicio? Suspiró tras unos segundos, necesitaba calmarse y pensar. Observó de nueva cuenta a la castaña joven quien se dedicaba a buscar una fina tela para su nuevo vestido, y suspiró de nuevo. Debía admitir que la castaña a su lado tenía gran parte de razón, de matar a su padre se hubiera convertido en lo peor que una vez imaginó que sería. Hanabi no le perdonaría transformarse en un ser despreciable...un ser como Hiashi Hyuga.

-Oh Hinata, ¡buenos días! - ambas jóvenes guiaron su mirada hacia la voz femenina que acababa de escucharse. Hinata divisó a la rubia Yamanaka acercarse a ella, junto con su sirviente, el artista y más pálido que el lienzo Sai, quien cargaba lo que parecían ser decenas de telas. - ¿De compras por aquí? - le sonrió.

Hinata la observó acercarse, no respondió a su saludo y en su lugar arrugó la nariz. El aroma a cosméticos se había impregnado en el ambiente, casi le da un ataque de alergia, y para lograr aquello se debía traer innumerables productos en el rostro. Pero así era Ino Yamanaka.

- ¿Iras a la reunión de mañana? - preguntó risueña palpando sedas tras sedas. Su postura erguida, con el vientre hacia adentro y el pecho hacia afuera intentaba posicionarse por sobre la suya. Pero Hinata sabía que era inútil, la sola presencia de esa joven era ridícula.

Aun seria y malhumorada la joven Hyuga no respondió. -Sí, ella irá- Intervino Tenten -De hecho está buscando algunas telas para...- La mano de Ino mostrando su palma se levantó en el aire. Tenten reaccionó por inercia y bajó su rostro mientras se silenciaba, pensó que la abofetearía. Hinata cruzó sus brazos bajo su pecho mientras un tic nervioso indisponía su parpado izquierdo.

Ino liberó una pequeña carcajada ante la reacción de la castaña -No te estaba hablando a ti...le hablaba a tu señorita- su diálogo solo podía ser tan aborrecible como la tétrica sonrisa de su rostro. -Habla con alguien de tu clase- le ordenó.

-Oh, sí. Perdóneme- respondió la castaña al instante dando un paso hacia atrás con total sumisión y se acercó a Sai. Había olvidado que tenía que actuar como sirviente y no como amiga íntima de la señorita Hyuga.

Hinata observó con mayor detenimiento hacia el rostro de la rubia, ¿Quién se creía que era para darle órdenes a Tenten?

Ino se acercó hacia ella y paso su mano sobre una fina tela color morada mientras sonreía hipócritamente. -Creo que no le estas enseñando demasiado bien a tus sirvientes el cómo comportarse ante la nobleza- un chasquido de sus dedos puso en aviso al joven que cargaba con todas sus compras y en segundos él estaba a su lado. -Toma un metro de esta tela y págale al hombre-

-Si señora- respondió él sumisamente. Tenten observaba con ojos críticos la situación mientras se lamentaba por el joven. Conocía a Sai, sabía que él había sido contratado en un comienzo como instructor de arte de la rubia, más una tragedia de dudosa procedencia hizo que perdiera a su hermano (su única familia), el prestigio, sus títulos, y pasara a ser un simple esclavo inmerecidamente de la familia Yamanaka. - No cometas ningún error- Vociferó la rubia con tono amenazante. Él no respondió, se encontraba en silencio mientras cargaba una nueva compra. - Como te decía Hinata, los esclavos son excelentes cuando saben su lugar y no sobrepasan los límites-

"Muy bien, esto ya es el colmo" pensó la morena -Disculpa, ¿estás hablando conmigo? - Decidió que ya era hora de ponerla en su lugar.

Ino sonrió incrédula. -Por supuesto, ¿con quién más crees que hablaría? - una nueva carcajada fue despedida de sus labios. - ¿Tu sirviente quizás? -

Hinata cambió su expresión a una risueña -No ¿verdad? - comentó -Pero me confundes...- Ino la observó sin entender muy bien a qué se refería. –Tú hablas de clases sociales, y crees tener una alcurnia en alto- la situación se estaba volviendo crítica, o por lo menos eso palpó la rubia, quien descompuso su sonrisa como respuesta. - ¿nobleza? - la observó la morena desafiante. -Ino, por favor, Tú no eres de la nobleza...- La cara de estupefacción de la joven Yamanaka se estaba volviendo memorable. La ira estaba tomando a su bello rostro de rehén y el pálido tono se estaba volviendo rojo -Solo eres una persona más, de una familia que gana unos cuantos centavos más que estos comerciantes- los iris azules destellaban ira ante cada palabra que decía la Hyuga, sus manos tiritaban en un intento de contener las ganas de abofetear a la petulante morena. Pero eso la metería en problemas con su padre.

- ¿Crees que solo porque tu familia es dueña de la mitad de Konoha del Este, te da el derecho de tratarme de esta manera? - escupió cual furia la Yamanaka.

- ¿Disculpa, te eh ofendido? - vociferó sarcásticamente. -Tú sabes bien que no somos de la misma clase y crees que puede estar a mi nivel para hablarme como una igual- Hinata se le acercó a la rubia de manera desafiante. Su postura no había cambiado para nada, pero como era obviamente de más baja estatura que su contrincante elevó su mirada para dar de lleno con las iris azules- Así como tu mirada, hacia abajo...ese es tu lugar- sus perlados ojos sonrieron seductores y vencedores - Tú nunca estarás a mi nivel, recuerda estas palabras porque odio repetir lo que ya dije una vez...jamás te compares conmigo. - sentenció.

La rubia joven hervía de odio hacia las palabras de la morena chica, pero aun así sonrió. – Hmp - cruzo sus brazos. - ¿Que es este acto Hinata? - la Hyuga la miró seria. - ¿Que paso con la mosquita muerta? -y comenzó a caminar hacia la joven mientras sonreía con autoridad. -la tierna, tonta y sumisa Hinata ¿ya no está?- Chasqueó sus dedos frente Hinata -¿Recuerdad? Cuando llorabas todo el día a causa de nuestros juegos, Sakura siempre fue buena intimidando a las perras sumisas - bajo su cabeza hasta que sus rosados labios se encontraron al nivel del oído de la Hyuga. - ¿Qué? Ahora que tu hermana ha muerto ¿te toca el papel de la fuerte y orgullosa?-

Fue instantáneo el momento, a velocidad de sonido. Las manos de Tenten sosteniendo la mano derecha de Hinata, y el pálido artista interponiéndose entre ambas señoritas. Gotas de sangre mancharon la tierra húmeda, y los perlados ojos casi transformados en rubí. -Hinata... por favor- La vos de Tenten hacía eco en la mente de su señorita. -Por favor, Sai esta lastimado- segundos después destensó su cuerpo. Las manos de Tenten la soltaron y ella bajo el puñal de oro que había rozado la mejilla del joven artista. Más aquello había sido errado, esa mejilla no debía haber sido cortada, ese debía ser el cuello de la maldita Yamanaka. Suertuda.

Expiro fuerte sin bajar su mirada, sus ojos cual perlas casi rojizos pasaban de largo al joven quien con su cuerpo protegía a esa engreída, y daban de lleno en los asustados iris azuladas de cierta rubia. -La próxima vez, que vuelvas a nombrar a Hanabi- el puñal de oro fue levantado de nuevo, y el filo y su puntiaguda terminación señalaban a la rubia. -...no correrás con la misma suerte- bajo su puñal y lo guardo dentro de su manga. De la misma sacó un fino pañuelo y se lo entregó al joven. -Lo siento - Él dudo, pero luego pensó que no se vería bien no aceptar ese presente. Lo tomó y bajo su cabeza.

-Vamos Tenten, y ni se te ocurra reverenciarla - odiaba darle órdenes a la castaña, más en ese momento el enojo y la ira era más fuerte que la lamentación-No te rebajes ante ella-

El miedo y la sorpresa quedaron en segundo plano y el veneno tomo a la rubia en su poder nuevamente. Lágrimas de odio se contenían en sus cuencas azules mientras observaba a su odiosa contrincante alejarse. Odiaba demasiado a Hinata Hyuga, quizás y hasta más que a los enemigos de la guerra. Y su deseo por verla caída era tan fuerte que, a veces, no entendía como lograba manejarlo. Y aquel acto que tuvo solo aumento su rencor. ¿Creía que ahora porque ya no actuaba sumisamente no iba a meterse con ella? "sueñas Hinata si crees que de esta te vas a librar".

-Señorita, sus manos...- la voz de Sai advirtiéndole que por la ira y la fuerza que estaba poniendo en sus uñas estaba lastimando sus palmas, se sentía lejana.

-Cállate- le encrespo. Tomo el pañuelo de las manos del joven y lo tiro a la tierra, puso su pie sobre el mismo y lo fregó hasta sacarle la blancura y volverlo chocolate. No lo escupió solo porque no es de señoritas comportarse de esa manera, pero las ganas las tenía. -Vámonos- Y comenzó a caminar de prisa de nuevo hacia su residencia. Sai suspiró cansado, observó el deplorable estado del pañuelo, mas sin embargo se arrodillo y lo tomo de nuevo. Camino luego detrás de su señorita con todas las compras hechas.

Un sonido ronco escapó la boca de su mejor amigo. -Hermano esto si es vida- comentó Shisui recostado debajo de la sombra de un frondoso árbol. Itachi a su lado sentado, con una pierna estirada y la otra flexionada, no respondía- desearía que la maldita guerra terminara y pasar todos los días durmiendo en el pasto- observó a su amigo, más la vista del mismo estaba perdida. -Hombre, como mínimo comenta algo-

- ¿Qué quieres que diga? - preguntó copioso.

-No lo sé, lo que sea...algo que demuestre que no un eres un maldito muerto viviente- comentó saliendo de la pereza.

-No tengo nada que decir- fue firme y sincero. Le habría gustado decir que disfrutaba el ambiente, pero él no mentía, deseaba disfrutarlo con su familia. Su padre en el ejército del sur, donde estaba Madara, no lo pasaba del todo bien; mucho menos su madre quien estaba seguramente sola en su residencia junto a los sirvientes que los atendían. Y qué decir de Sasuke, su hermano llevaba perdido casi tres meses. Pensando en todo ello ¿cómo podía disfrutar de ese momento solo? Suspiró.

-Hombre, no te pongas nostálgico- exclamó el Uchiha mayor. -Ninguno aquí lo tiene fácil...solo mírame- clavó sus ojos en el perfil de Itachi con firmeza esperando a que este lo observara.

-Te escucho, no necesitas mirarme. -le dio como respuesta. Shisui chistó su lengua.

-Pues lo que te decía, yo también extraño a mi familia, pero ¿qué puedo hacer? No me queda de otra que pensar en su bienestar y cuidarme también a mí mismo- esa fue una directa. -Si yo caigo desvanecido, ellos también. - otra directa que dio en el pecho de Itachi como un pequeño pinchazo. -E imagino que todos piensan así, mi padre y madre seguramente pasan por lo mismo y deben estar velando por mi seguridad. - Sonrió. -Después de todo eso hace la familia. -

La palabra familia dio de lleno en Itachi. El diálogo de Shisui tuvo el efecto que buscaba, hizo eco en su mente.

Él no estaba cuidándose así mismo, estaba delgado, ojeroso, y demasiado cansando. Eso por ser egoísta consigo mismo. Él había priorizado la estabilidad y seguridad de todos menos la suya. Suspiró, si, debía cambiar, aunque sea sus hábitos alimentarios.

-Sabes, creo indiscutiblemente que necesitamos de una mujer. - comentó Shisui con una expresión de seriedad y de filosofía en su rostro. - Obvio, una para cada uno, ni creas que quiero un trío contigo- rio como si de un chiste gracioso se trataba.

-No me interesa- respondió cortante.

-Oh vamos, sabes los kilos de estrés que te quitara el sexo- golpeó su hombro con su codo. -Eso sí, debes alimentarte bien porque dicen que las mujeres de la zona roja consumen a basto toda la fuerza. - otra vez rio, pero ahora como si de una realidad común hablara. -Estoy seguro que te desmayaras apenas en el primer round-

-Te dije que no me interesa- lo observó un poco molesto por insistir en ese tema. -Pero tú y los demás pueden ir, claro que imagino que no debo aclararle a nadie que no debe sobrepasarse con ninguna mujer. - lo dijo demasiado serio como para tomarlo a la ligera.

-Hermano son putas, ellas cobran por hora y por cliente- le recordó el Uchiha mayor.

-Putas o no, si dicen que no, es no- la desafiante mirada gélida del demonio cuervo penetró en las pupilas de Shisui, quien no libre de aquella maldición tragó un poco de saliva.

-Hombre lo sé, lo sé...me encargaré que los otros respeten las órdenes- comentó aligerando un poco el ambiente si así pudiera, Itachi volvió a mirar hacia el vacío y Shisui supo que se había desconectado de nuevo. A veces le desconcertaba demasiado su primo, una persona tan educada y noble como él no debería estar pisando un campo de guerra, mucho menos liderarla. ¡No! Él debía estar en la política, luchando con palabras y no con armas. Suspiró, pero ¿qué se podía hacer? Itachi era un estratega increíble, un líder nato, y por razones del destino, su lugar estaba bajo armas de acero y armaduras de hierro. -Ah, pero claro debes prometer que no te meterás en tu tienda a estudiar de nuevo esos estúpidos mapas. - Itachi lo observó desafiante de nuevo, pero se encontró con la mirada seria de su primo. Chitó, tenía que reconocer que su amigo era lógicamente un endemoniado Uchiha así que la tétrica mirada podía hacerla también. Suspiró resignado -Tomare eso como un si- dijo ahora sonriente y cambiando su expresión. La respuesta fue solo un gruñido. -Como sea, esperaré que sean tratados todos los soldados para después ir a la zona roja- se levantó estirando sus brazos. -De seguro en una semana visitare a una de esas bellas mujercitas-

- ¿Bellas mujercitas? - una voz femenina pero grave rompió el ambiente de ambos hombres. Shisui giró su rostro para observar la figura de quien había hecho eco en el ambiente. Itachi no se movió de lugar, sabía de sobra a quien pertenecía esa modulación. - ¿Sabías que aquellas mujeres son todo menos bellas? -

-Konan, no seas envidiosa- la atacó Shisui notando como aquella mujer se acercaba más y más a ellos. -Solo porque tú te creas hermosa, no significa que lo seas-

-Hmp- vocifero Konan. -Qué extraño, solo eh escuchado halagos por parte de los soldados...-lo miró con desafío en sus ojos. -No creo que sean halagos por mi personalidad-

-De eso mucho menos, eres la mujer más fría y tétrica que eh conocido- comentó el Uchiha mayor provocando a la joven guerrera. -pero debes recordar que estos hombres no han estado con una mujer por mucho tiempo, hasta un bicho dirán que es hermoso-

Fueron segundos contados con una mano que le llevó a Konan desenvainar su espada y apuntar con la punta filosa en dirección de Shisui. -Atrévete a decir eso de nuevo-

Shisui levantó ambas manos en señal de rendimiento mientras sonreía. -Hombre, pero si estaba bromeando- agito sus manos con gracia para bajar un poco la tensión. -No te tomes todo con seriedad-

-Hmp- comentó ella de nuevo, y enfundó su katana. - Eres tan inmaduro-

-Lo tomaré como un cumplido. Ahora si me disculpan iré a inspeccionar- dicho esto comenzó un ligero trote en dirección norte. Itachi lo observó hasta verlo desaparecer.

-Es tan desquiciante- comentó ella en un intento por cortar la seriedad del ambiente y volverlo natural. - ¿Has escuchado alguna noticia de los enemigos? - preguntó para entablar una conversación con su líder tomando asiento a su lado. Aunque claro sabía que la pregunta era bastante rara.

-Ninguna- respondió él. -Es un cese de tres meses, seguramente no escucharemos mucho-

-Podemos mandar espías ninjas para averiguar cualquier fuga de información en territorio enemigo- comentó su plan como si de una hazaña se tratase.

-No veo la necesidad- respondió Itachi. -Es un corto tiempo de paz de ambas partes, no quiero arruinar el momento ni a mi ejército, ni al enemigo. -

-Ellos no pensaran de la misma manera- le recordó ella.

-Aunque así fuera, yo no soy como ellos- el Uchiha cerró sus ojos al sentir el fresco aire que se había levantado y que hacia ondear su cabello. Konan lo observó embelesada. Él tenía razón, no era como los demás. No, él era un espécimen único en su especie, belleza y nobleza en una solo persona. Su corazón palpitó con dolor al observarlo y no poder tocarlo como quería, sí... estaba locamente enamorada de él, y quizás de una manera casi insana. Pero nada podía hacer, era demasiado tarde como para retroceder en sus pensamientos y mucho más en sus sentimientos, y sinceramente no veía el tiempo en el que pudiera profesar su total amor a ese hombre.

La fresca brisa elevó su corto cabello azul, más eso era de menos comparado al baile de las hebras negras de su comandante. Él era hechizante, y lo más llamativo era que parecía no darse cuenta de cuanto poder tenía en las mujeres. En ella.

Un sonrojo pálido se centró en sus mejillas al notar que él había ladeado el rostro y ahora la observaba. Ninguna palabra pudo ser articulada, la había dejado muda con esa mirada tan misteriosa y penetrante.

-No le digas a Shisui- moduló él mientras se acercaba a ella. Konan sintió el rápido crecimiento de los latidos en su corazón. ¿Qué no debía decirle? - Me torturará si se entera- continuó él. Y ella estaba teniendo un ataque de nervios. ¿Acaso pensaba en besarla?,¿eso debía ocultarle a Shisui? El pálido sonrojo tomo más color y temperatura ante sus propios pensamientos. Sus pómulos como nunca adquirieron un tono cereza. La mano elevada de él causo que su corazón diera un brinco, acaso ¿en verdad pensaba en besarla? La expectativa creció.

Una hierba seca fue retirada de su corto cabello por la diestra de su líder. El blanco crudo de su piel tomó de nuevo impacto al notar como sus pensamientos eran erróneos. ¿Besarla?, ¡que equivocación!

-Iré a recorrer la dimensión del río del norte- le dijo atrayendo la atención de la frustrada mujer. -Si Shisui pregunta por mi localización no le digas la verdad- el pedido fue más como una orden en tono tranquilo. Ella asintió.

Lo observó ponerse de pie y, sin mirarla tan siquiera, partió rumbo hacia su destino. Konan aún sentada en el mismo lugar cubrió sus ojos con el flequillo de su cabello, aminorando quizás la gran vergüenza que sentía. ¿cómo pudo pensar que Itachi quería besarla? Su cabeza estaba revuelta en un lio de sentimientos, más se felicitó porque que sus acciones no la habían traicionado.

-Te lo digo, esa rubia es desquiciante- comentaba la Hyuga aún en mercado.

-Aún si lo fuera, ¿no crees que fuiste muy lejos? - comentó Tenten.

-Ella nombro a Hanabi, con esa horrenda boca- respondió.

-Hinata, debes intentar controlarte, reaccionar así no está bien- no sabía si la joven Hyuga entraría en razón y entendería que cada día estaba más y más violenta.

-Tenten, sé que piensas que eh cambiado demasiado, lo sé, yo también lo siento- "asique si se da cuenta". -pero este es el camino que eh elegido. Y desearia haberlo elegido antes de que Hanabi sucumbiera a todo ese dolor por mi culpa.- sentenció, una mirada triste se posó en su rostro. Pero ligeramente cambió su expresión, no era momento para sucumbir a la tristeza y la debilidad. Sonrió -de lo que nunca cambiaré es en estar enamorada- y sus ojos se suavizaron.

Tenten suspiró con un poco de alivio, al menos una gran parte de Hinata se encontraba aun allí. - pero así no debe actuar una señorita-

- ¡Señorita, señorita, ese título me sofoca!- sintió el cálido aroma de un incienso siendo quemado y se dirigió allí. Tenten a su lado la siguió- Desearía cambiar ese título, a ti te viene mejor el término- entraron a un local de especias, yerbas medicinales y aromáticas. - tu no pierdes la compostura...aun cuando te torturan-

-No digas eso- Tenten tomaba entre sus manos varios inciensos de distintos aromas que sabía le gustaban a Hinata- Yo soy una esclava- le recordó mientras le acercaba los palillos aromáticos. Hinata dejó una pomada de menta que estaba observando mientras la castaña iba a lugares específicos.

-Pero te comportas mejor que yo, y tu educación es la misma que la mía- tomó los palillos de la mano de la castaña y sin comprobar si era los que quería se dirigió a pagar. Si, confiaba ciegamente en Tenten. -Si no fueras tan terca te habrían conseguido marido al instante- comentó mientras entregaba dos monedas de platas al anciano vendedor - quizás algún funcionario del consejo, y te quitarías ese título de esclava inmerecido-. Después del desencuentro que tuvo con su primo ahora mucho menos le entregaría a Tenten a ese traidor de Neji. Además, el tipo iba a casarse pronto con la hija de algún concejal, o algo así había escuchado.

-No deseo casarme, no aún- tomó la castaña la bolsa con la mercancía que le ofrecía el vendedor, y salieron ambas del local. - Tampoco me molesta servirte, de echo me agrada-

-No me refiero a eso Tenten- comentó frustrada al no darse a entender -yo te quiero a mi lado, pero casarte te dará mejor vida-

-No quiero casarme- sentenció. Hinata suspiró frustrada, pero luego sonrió.

-Pues yo sí, quiero cambiar mi título a "señora casada como Dios manda"- sonrió risueña mientras se imaginaba su linda vida de esposa junto a un rubio como marido.

- ¿Qué título es ese? - sonrió Tenten ante las ocurrencias de su señorita. -Dios no manda a nadie a casarse-

- ¿Quién lo dice?, Dios te pone un alma gemela en la tierra para ti...único para ti- y ella sabía que su alma gemela era el rubio Uzumaki- Te imaginas una vida al lado de la persona que amas y niños corriendo alrededor tuyo, tus hijos propios-

-No me lo imagino- respondió la castaña sincera. De hecho, la idea nunca se le había pasada por la cabeza, ni siquiera en sus fantasías con su amo Neji. El casarse y tener hijos era una idea muy lejana. -Pero presiento que tú ya te lo has imaginado-. Hinata sonrió más no contestó.

Dentro de toda esa irrealidad había ciertos detalles que la desconcertaban un poco, como el hecho de no poder visualizar el rostro de su esposo, ella solo lo soñaba a su lado con sus manos entrelazadas, más su rostro era indivisible. Y sus futuros hijos, solo había visto en sueños la espalda de dos niños corriendo delante de ella, diferenciaba a un niño y una niña, pero ambos con el pelo negro. Eso, consciente, la tomaba sorprendida y un poco angustiada, ¿porque ninguno tenía el cabello rubio como Naruto? Quizás el ego Hyuga que corría por sus venas no le permitía a su inconciencia darles el cabello rubio a sus hijos y solo tenía su cabello; y quizás mucho más negro que el de ella. En conclusión, temía por ese sueño, no quería que fuera un presagio de que su futuro esposo no fuera Naruto Uzumaki, su primer y único amor. Era entonces cuando se tornaba una pesadilla. ¿Quién era ese hombre entonces?

- ¿Hinata? - la llamó Tenten.

- ¿Eh? - La observó desconcertada.

- ¿Te sientes mal? - la Hyuga negó con su cabeza. -Te estuve hablando y como vi que no me contestaba me preocupé ¿Qué sucede? -

-Nada- contesto insegura.

- ¿Segura? - esta vez no respondió. Detuvo su paso y miro al vacío. Por los problemas de su padre no había podido detenerse a analizar ese extraño sueño. Al comienzo solo pensaba que era eso, simples sueños; pero al pasar los días continuaba repitiéndose. ¿Qué era eso, qué le querían decir?

Una horrible, pero muy probable, idea se le paso por su mente…además de provocar la muerte de Hanabi, ¿su padre le impondría a alguien a su lado, era eso? ¡Maldito, hasta en eso se interponía!

La angustia y la furia la tomó por sorpresa, sentía que debía averiguar aquello que penetraba su mente, porque si era realmente un presagio del actuar de su padre debía prevenirlo entonces, pero ¿cómo lo haría?

-Tenten- quizás si le comentaba a Tenten, ella tendría una respuesta. - ¿Crees que los sueños te muestren una realidad que puede suceder? -

- ¿Qué clase de realidad? - no entendía a que se refería su señorita.

-Una... en donde te vez en una realidad que no era la que imaginabas- ¿Acaso hablaba de la situación del líder Hyuga y su intento por derribarlo? Tenten la tomó de la mano y la dirigió a un asiento cerca de una fuente de agua. No era bueno hablar de lo que sea en medio de la calle con la gente yendo y viniendo.

Ambas tomaron asiento y la morena comenzó a relatar. - ¿Qué opinas? - le había comentado su sueño sin omitir detalles. La castaña suspiró, al final nada tenía que ver con la familia Hyuga, más sin embargo pensó que se trataba solo de la imaginación y un deseo muy fuerte que profesaba su señorita. Aunque era cierto que como mínimo debía ver el rostro nítido de quien sería su esposo, a menos que el rubio Uzumaki no llegara a serlo.

-Creo que puede ser solo imaginación tuya Hinata- la morena suspiró resignada. -Pero también puede ser una realidad, quizás Naruto no sea la persona con la que te casarás- Hinata elevo la vista como si un pinchazo le hubiera dado en la columna vertebral.

Tenten se lamentó un poco por lo que pensaba decirle, pero es que ya era hora de que Hinata enfrentara esa realidad, ella era fuerte ahora y ya no debía ser la joven que se escondía tras los árboles para observar a cierto rubio salir con diferentes chicas y amigos. No estaba bien que Hinata se comportara de esa manera porque siempre terminaba llorando por no poder hablarle como quería. Esa parte de ella no había cambiado en lo más mínimo. Y aunque odiaba verla triste sabía que eso solo sucedía por la presencia de ese rubio y la frustración de su timidez en su presencia.

-Naruto es a quien amo Tenten- le aseguró muy seria.

-Pero él está en la guerra, no sabes si él volverá…- menciono sin tacto la castaña. Lo lamentaría después, pero ahora debía hablar con frialdad.

-Él volverá, estoy segura- tomó las manos vendadas de su amiga -Volverá-

- ¿Bajo qué propósito Hinata?, aunque así fuera, ¿él te ama como tú lo amas? - la mirada perlada de la joven que tenía adelante comenzó a brillar. -Sé que es duro. - sabía que pronto su señorita se pondría a llorar. -pero él nunca te dijo que te amaba, ¿no es verdad? - Hinata soltó de a poco las manos de Tenten y con lentitud y derrota las fue bajando. - Sé que lo amas, pero nunca te confesaste, y él tampoco lo hizo- Tenten pensó en la timidez propia de Hinata que la asaltaba cada vez que quería hablar con Naruto, quizás aquello era la razón por la cual aquel romance nunca se dio. Pero también era cierto que, si él hubiera deseado salir con su señorita, habría enfrentado la situación y la hubiera buscado. Más sabia que el rubio solo tenía ojos para una pelirosa arrogante. Y Hinata, aquello, lo desconocía.

El bello rostro de Hinata se descompuso en una expresión triste, todo lo que decía Tenten era verdad, pero no por eso dolía menos. - ¿Crees que él ame a alguien más? - la triste mirada dio de lleno en los chocolates ojos. Si, lo creía -Quizás es porque yo estoy aquí y él allá, quizás es la distancia...- también era posible, pero Tenten sabía que era más lo primero que lo segundo. Aun así, no podía decírselo.

-Aun si no fuera la distancia, debes confirmar antes que él no ame a nadie más- aquellas palabras las dijo en un intento de que la morena intentara renunciar a dicho amor platónico. Pero Hyuga Hinata las tomó con decisión, y una idea como venida del cielo la tomo de momento.

-Tienes razón Tenten- se levantó súbitamente sorprendiendo a la castaña. -Debo asegurarme que Naruto no ama a nadie, solo así puedo confesarme-

-Sí, eso creo- ¿había comprendido? la vio caminar con decisión en dirección norte. ¿Hacia dónde va? - ¿Adónde va señorita? - gritó Tenten al ver que ya se había alejado bastante. Hinata no respondió asique le toco seguirla a toda prisa. Cuando llego a su lado – Hinata- dijo agitada - ¿A dónde vamos? -

-Iremos a averiguar si Naruto ama a alguien más- dijo decidida.

"¿Qué?" se preguntó Tenten. Hinata ¿Había entendido o no lo que estaba sucediendo? La observó estupefacta por aquella actitud ¿Debería seguirle el dialogo para saber que pensaba? - Pero ¿Cómo y adonde? - Tenten estaba demasiado confundida, aunque no se extrañaba mucho con la actitud de Hinata, a veces era así de un segundo para otro tomaba decisiones drásticas. Debería averiguar que decisión había tomado.

-Iremos a comprar las telas para el vestido de mañana- Tenten la observó sorprendida. No se esperaba aquello; después de solo escuchar quejas de parte de Hinata sobre no querer asistir a aquel evento. - Esa noche nos escaparemos para siempre-

- ¡¿QUÉ?! - Tenten la freno en seco. -¡Hinata ¿qué estás diciendo?! - Locura, locura y más locura; eso era lo que había decidido su señorita.

-Nos escaparemos esa noche, iremos hacia la frontera del norte y nos encontraremos con Naruto, allí me confesaré- comentó decidida.

Pero Hinata, ese plan es demasiado arriesgado! - exclamo Tenten tomando a Hinata del brazo y llevándola a un rincón de un local para evitar que las personas las escucharan, nunca se sabía si el cabecilla Hyuga había soltado a sus sabuesos para espiar. -Ni siquiera sabes cómo llegar hasta allí-

-Claro que si Tenten, ambas hemos estudiado mapas de todas las zonas de Konoha, incluso las regiones enemigas- le hizo recordar las veces que ambas se encerraban en la biblioteca y estudiaban mapas e historia del pasado con sus personajes y sus territorios.

-Sí, pero nunca de los territorios en donde se han desatado las guerras, los cuarteles no figuran en los mapas para evitar fugas de información o que cualquier espía enemigo conozca nuestra región...no tenemos idea de cómo llegar. - era cierto que ellas conocían regiones, mucho más ella por ser sirviente y tener libertad de recorrer lugares a donde la nobleza no se asomaba, pero era una realidad de que la frontera era un lugar casi misterioso, no había forma de llegar sin mapa. -Acabaríamos perdidas-

Hinata llevó el dorso de su mano derecha y la mordió, eso lo hacía cada vez que debía pensar en cómo salir de una situación.

De pronto el ruido de un cuerno retumbó en el ambiente ajetreado del comercio. Hinata buscó con su mirada en dirección al estruendo y cuando descubrió el origen, sus ojos se iluminaron.

La caravana de un tipo llamado Zabuza y su discípulo Haku pasaron por la calle principal muy campantes, detrás de ellos una fila de esclavos encadenados marchaban. El sonido de corno se sintió de nuevo en el aire anunciando que la venta de aquellos esclavos comenzaba.

Hinata decidida ante una nueva idea tomó la mano de Tenten y se dirigió hacia aquella caravana. -Ven Tenten, tengo una idea-

-Oh no, dime que no es una loca idea- le rogó la castaña.

-Entonces no te lo diré- le respondió sonriendo.

-Espera...- más aquello no lo hizo y solo se dirigió hacia allí.

Hinata se abrió paso entre las personas que estaban interesadas en la compra de esclavos, todos ellos eran ricos, pero nunca tan asquerosamente como ella.

-Oh, señorita Hyuga que alegría tenerla por aquí- le sonrió petulante Zabuza al notar como aquella bella mujercita se acercaba a él. Sonrió al verla, le gustaba mucho la figura y la belleza de la heredera Hyuga- ¿está interesada en algún esclavo? - Hinata lo ignoraba y comenzó a observar a aquellos hombres encadenados. Veinte hombres, jóvenes y mayores se encontraban ante ella, muchos la observaban con distintas expresiones. Ella restó importancia. Su mirada viajo hacia ocho de ellos que estaban cubiertos por sangre seca. Un pensamiento le recorrió, había escuchado que a los guerreros enemigos que capturaban los enviaban a la fosa (una especie de poso que servía para entretener a los ricos petulantes mientras los esclavos se mataban entre sí) Los que salían eran vendidos como esclavos caros -Dígame para que lo necesita- insistió sonriendo y; babeando un poco. -¿para llevar compras, arar la tierra, guardia personal?- pero ella no respondía.

-Hinata dime que haces- Tenten logro abrirse paso entre la multitud y acercarse a su señorita. Hizo una mueca de terror y repugnancia al ver como aquellos hombres encadenados la observaban a ella y a su "señorita" de manera babosa.

-Mira Tenten- le dijo. Deseaba que su amiga observara a esos ocho en especial, debía encontrar al indicado. Ambas debían hablar en vos baja.

-Los veo... ¿y? - sinceramente no entendía que buscaba su señorita.

-Tenten- llevo su mano hacia la oreja de su amiga/sirvienta y comenzó a susurrar para que nadie escuchara. Haku observó curioso ese acto, él desconfiaba de todos, incluso de una joven tan adinerada como Hyuga Hinata. No, de ella desconfiaba mucho más que de cualquiera - estoy segura que algunos de estos hombres vienen de Konoha del Oeste-

- ¿Esta segura? - dijo casi en un susurro para que nadie escuchara, a una distancia cercana se encontraba Haku observando y no querían levantar sospechas.

-Sí, algunos han salido de la fosa, mira la sangre seca que los baña- Tenten hizo una mueca de asco al observarlos. Veinte hombres había allí y ocho estaba bañados de sangre, normalmente aquellos que salían vivos de la fosa se volvían esclavos muy caros, y, por lo general, eran guerreros del territorio enemigo.

- ¿y qué piensas hacer? - preguntó aún sin entender del todo.

-Comprar al más caro- declaró al fin. Tenten la observó estupefacta. -El más caro es un guerrero enemigo- declaró la morena al notar que su amiga no había captado su idea. -... quien mejor que ellos para conocer nuestra zona- Los ojos de Tenten se abrieron más de lo normal. Lo comprendía ahora, si ellas sabían del terreno enemigo, entonces, era obvio que ellos también sabían.

Continuará

Se que Ino suena muy perra. Lo siento por sus fans.