Capítulo 3: Nubes rojas

—Carajo… —murmuró Naruto cuando vio la calificación que había obtenido en el primer examen de inglés, el cual le acababa de entregar su profesor.

Había sido un desempeño horrendo, literalmente se sentía patético, porque no le entraba la información en la cabeza y eso lo frustraba a niveles increíbles; odiaba cuando, por más que se esforzaba, no podía comprender cierto asunto.

Hinata lo estaba mirando desde su asiento, por supuesto, los lugares no estaban asignados a nadie en particular, así que Naruto se sentó lo más lejos que pudo de Hinata, después de haberla visto junto a su novio, sentía que no podría disimular su corazón roto al estar cerca de ella. De verdad se sentía como un estúpido, se preguntaba por qué había sido tan orgulloso hace dos años (era más o menos el tiempo transcurrido) cuando Hinata le explicó los motivos por los cuales le había mentido. Si hubiera sido un poco más flexible y comprendido, tal vez ahora no estaría sufriendo por el hecho de no estar con ella, de que ella ya fuera la novia de otro.

Cuando la clase terminó, Naruto guardó rápidamente todas sus cosas, arrugando la hoja del examen y dejándola sobre la mesa. Salió rápidamente del salón y entonces Hinata aprovechó para ir hasta el puesto que él estaba ocupando y tomó el papel arrugado, lo estiró un poco y lo leyó.

—Ay, Naruto-kun… —murmuró, frunciendo ligeramente los labios. Volteó a ver hacia la puerta y sólo pudo observar a sus compañeros abandonando la habitación, así que se apresuró a guardar todas sus cosas y corrió para alcanzar a Naruto, quien iba lo suficientemente distraído como para avanzar a paso de tortuga.

El rubio suspiró cuando llegó a la entrada del edificio, dispuesto a salir al patio.

—¡Naruto-kun, espera! —escuchó claramente la voz de Hinata, lo que le obligó a detenerse en seco, preguntándose por qué el solo hecho de que ella pronunciara su nombre le hacía doler el pecho—. Espera, Naruto-kun, no te vayas —la chica se paró justo a su lado, inclinándose para tratar de recuperar el aliento.

—Hinata —Naruto la observó con confusión—. ¿Pasa algo malo?

—Esto —la ojiperla le mostró que tenía el examen de él en una mano, así que el rubio se puso rojo de la vergüenza y le quitó rápidamente el examen.

—¿Q-qué haces con eso? —cuestionó, estaba totalmente avergonzado, pues era un completo burro, o al menos así se sentía.

Hinata, habiendo conseguido ya respirar con normalidad, lo miró con sus enormes ojos perlados, esos que lo tenían completamente hipnotizado.

—Es que te vi muy frustrado en clase y me preguntaba si te gustaría que te ayude —dijo ella, jugando con sus dedos como solía hacerlo cuando era más pequeña y se ponía nerviosa por estar frente a Naruto.

Por su parte, él la miró seriamente, para luego reírse de forma resplandeciente, como siempre hacía, incluso cuando fingía.

—Muchas gracias, pero no creo que sea necesario —respondió, lo cierto era que le entusiasmaba la idea, pero no quería que sus sentimientos por Hinata lo fueran a delata, sabía que algo como eso no podía terminar de buena manera.

La chica bajó la mirada, parecía que Naruto no la quería cerca y eso la hacía sentir triste, tanto, que él se dio cuenta enseguida de su expresión, lo cual lo hizo sentir un poco culpable.

—Entiendo, perdón si te incomodé, Naruto-kun —Hinata se dio la vuelta para marcharse, pero Naruto rápidamente la tomó de la mano, impidiendo que siguiera caminando, acción que la agarró con la guardia baja.

—Espera… —al darse cuenta de lo que había hecho, el rubio la soltó de inmediato, avergonzado—. ¿P-puedes de verdad ayudarme?

La joven nuevamente lo miró, mostrándole una dulce sonrisa, se suponía que eran amigos y ella pensaba que no había nada de malo en echarle la mano a un amigo cercano, incluso si, en realidad, continuaba sintiendo cosas por él.

—Si tú quieres, por supuesto.

—Bueno, sí, gracias —contestó, desviando la mirada, estar frente a Hinata y disimular sus sentimientos era algo muy difícil.

—*—*—*—*—*—*—*—

Sasuke estaba saliendo de la universidad, iba acompañado de Sakura, quien caminaba a su lado, mientras le contaba cómo le había ido en su día. El azabache simplemente escuchaba en silencio, sabía que ella siempre tenía muchas cosas que decir y prefería escucharla que comentarle sobre lo aburrido que era su día en comparación al de su novia.

—Y entonces esa chica me dijo que debía ser una broma que yo fuera tu novia, que eras demasiado para mí y que ella era mucho mejor —dijo la peli rosa, a lo que él la miró atentamente—. Tenía ganas de darle un puñetazo en la cara.

—¿Y lo hiciste?

Sakura torció un poco la boca, en un gesto de desagrado, para luego negar con la cabeza.

—No, Hinata me dijo que no me metiera en problemas —respondió, cruzándose de brazos—. Ella no me entiende, como su novio no es constantemente asediado, ya quisiera verla yo.

Un poco más interesado de lo normal en ese asunto, el Uchiha detuvo sus pasos, escondiendo sus manos en el bolsillo de su pantalón.

—Sobre eso… —habló, dudando si debía preguntar o no—. ¿Qué sabes sobre él? ¿Te lo ha presentado Hinata?

Sakura lo quedó mirando un poco confundida, no entendía por qué razón Sasuke le preguntaría sobre el novio de Hinata, ¿acaso tenía algún interés en particular en esa persona?

—Uhm… no lo conozco mucho, Hinata casi no habla de él y las pocas veces que lo he visto, es bastante reservado —dijo ella, llevándose una mano al mentón, entonces volvió su vista hacia el más alto—, pero, ¿por qué quieres saber eso, Sasuke-kun?

El azabache, sabiendo que estaba siendo algo impertinente, se aclaró la garganta y frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué más iba a ser? ¿Sabes lo estresante que es ver a Naruto llorando todo el tiempo porque Hinata ya lo olvidó?

Los ojos de Sakura se abrieron con sorpresa, parpadeando varias veces después de eso, luego su mandíbula también cayó.

—¿A Naruto todavía le gusta Hinata? —cuestionó, observando que Sasuke se daba un golpe en la cara con la palma de la mano abierta.

—¿Acaso no es obvio?

Sakura no sabía qué decir, aunque ella y Naruto eran buenos amigos, no solían hablar demasiado sobre la ojiperla, más que nada, porque él siempre evitaba tocar el tema; tenía que haberse dado cuenta desde mucho antes, aunque se esforzara por ocultarlo, el rubio seguía enamorado de Hinata. Justo cuando ella iba a preguntarle algo más al respecto a Sasuke, el celular de éste sonó, así que rápidamente respondió.

—¿Mamá? ¿Cenar con Itachi y su novia? —habló, ligeramente desconcertado por lo que le había dicho su mamá—. ¿Están celebrando algo? —asintió varias veces con la cabeza y miró a la chica delante de él—. ¿Puedo llevar a Sakura? Bien.

—¿Me llevarás a cenar con tu familia? —preguntó la Haruno, después de que él terminara la llamada, la chica cruzó sus brazos detrás de la espalda y ladeó un poco su rostro, mostrándose risueña.

—¿Tienes tiempo? —interrogó Sasuke, frotándose la nuca con una de sus manos, a lo que ella rápidamente asintió con la cabeza, tomándole la otra mano.

—Para ti siempre tengo tiempo, Sasuke-kun.

Sasuke no pudo evitar sonreír ligeramente, había escuchado que las relaciones que empezaban en la escuela no solían perdurar una vez que ingresabas a la universidad, pero eso le parecía una reverenda tontería, él y Sakura tenían una relación sólida y fuerte, nadie ni nada podría romperla.

—*—*—*—*—*—*—*—

Matsuri se sentía abrumada, después de la conversación incómoda que había tenido con sus compañeras de carrera, ahora mismo no se sentía con las agallas para confesarles que la mujer maravillosa con la que pensaban que Gaara salía, en realidad era sólo ella, una chiquilla flacucha y desaliñada, que todavía parecía una niña y que vivía cayéndose al suelo.

Seguramente esas chicas iban a estar furiosas y decepcionadas.

—¿Ahora qué hago? —se preguntó mientras caminaba hacia la biblioteca para devolver el libro que había pedido prestado la otra vez, pero iba tan metida en sus pensamientos, que no se fijó que había alguien de pie justo delante de ella, así que chocó directo contra su espalda—. Ay, ay, mi nariz —gimoteó.

El pelirrojo de último año sintió el golpe y se volteó con molestia para ver a su agresor, pero sólo se encontró con esa chica linda que parecía que nunca miraba por dónde iba.

—Oye, ¿planeas siempre chocar conmigo? —le preguntó, viéndola sonarse la nariz. Ella lo miró con los ojos llorosos y la mano cubriéndole la mitad de la cara, la imagen fue tan adorable que le hizo sentir calor en el rostro—. ¿Estás bien? ¿Te duele? —preguntó preocupado.

—Estoy bien —dijo Matsuri, haciendo un involuntario puchero—. Perdón por haberlo golpeado, sempai, estaba distraída —añadió, haciendo una leve reverencia.

Muchas chicas y chicos lo llamaban sempai, los estudiantes de arte de cursos menores, estaba acostumbrado a escuchar esa palabra, pero cuando ella lo dijo, de algún modo se sintió como una agradable melodía para sus oídos.

—Está bien, pero intenta no caminar cuando estás pensando en otras cosas, así como vas, podrías tener un accidente.

La castaña bajó los hombros y asintió con la cabeza, totalmente avergonzada, Gaara también le decía que tuviera cuidado al caminar, que era torpe y que podía terminar lastimándose, aunque claro, él se lo decía por su propio bien y ella sabía que era así.

—S-sí —contestó, mirando al suelo—. Bueno, debo irme —al intentar pasar a Sasori de largo, éste rápidamente la detuvo, dando un paso hacia atrás y al costado, para impedirle el paso a la menor—. ¿Sempai?

Él le sonrió, levantando sus manos como si fuera culpable de algún crimen.

—Antes de que te vayas, te quería dar algo —dijo, rebuscando dentro de su bolso, de donde sacó una especie de folleto impreso, de fondo negro y nubes rojas dibujadas, con letras grandes en color blanco, que anunciaban la presentación de una banda musical en una especie de club—. Mi banda y yo nos presentaremos el fin de semana, me gustaría que vayas, todavía me debes una comida, pero si vas a verme, tomaré tu deuda como saldada —terminó guiñando un ojo.

Matsuri lo miró sorprendida, tomando el folleto entre sus manos pequeñas y blancuchas, pero cuya suavidad y delicadeza no pasó desapercibida para Sasori, cuando éstas sin querer lo rozaron.

—Sempai, ¿sigue con eso de la deuda? Creí que lo había dicho de broma.

—Claro que no, es muy en serio —respondió el mayor, acercándose sólo un poco al oído de la joven cita que era claramente más baja que él, por lo que tuvo que agacharse un poco—. Puedes venir con tus amigas, pero estaré esperando para verte —murmuró, haciendo que el rostro de Matsuri ardiera de la pena, el único chico que se le había acercado de ese modo había sido Gaara, el hecho de que alguien más a parte de él se tomara una atribución como esa, por supuesto que la hacía sentir desorientada.

Por su parte, Sasori le sonrió y se fue. Por cómo reaccionaba esa chica cuando estaba frente a él, era obvio que no le era indiferente, todo lo contrario. Él siempre había obtenido todo lo que quería, cuando alguien le gustaba, no había oportunidad para ser rechazado por esa persona, literalmente no conocía un no por respuesta, por eso estaba seguro de que pronto conquistaría a Matsuri, esa dulce e ingenua señorita sería toda suya.

—*—*—*—*—*—*—*—

Debido a que la casa de Shijima era muy ruidosa, o eso fue lo que dijo ella, Gaara había decidido invitarla a ella y a su compañero, Shira, a su casa. El muchacho era bastante callado y un poco extraño, pero cooperaba en todo lo relacionado al trabajo que debían realizar, por lo que estaban avanzando sin problemas, así que decidieron tomar una pequeña pausa para comer algo y charlar.

—¿Entonces vives aquí solo, Gaara? —preguntó Shijima, ella no hacía más que mirar al pelirrojo y hablar con él, literalmente actuaba como si Shira no estuviera ahí, aunque a él realmente no le importaba en lo más mínimo la actitud de esa chica, que a leguas se notaba que se le caía la baba por Gaara, tal y como todas las jovencitas del salón.

—No —respondió Gaara, bebiendo un sorbo de refresco—. Comparto el departamento con dos amigos, uno de ellos está trabajando y el otro parece ser que fue a casa de sus padres —explicó, sabía que Naruto estaba ese día en el restaurante de ramen y Sasuke había avisado que llegaría tarde, por lo que tenía vía libre para trabajar todo lo que pudiera, ya que no serían interrumpidos.

—Oh, ya veo —la pelinegra asintió con la cabeza, sin desviar sus ojos de la figura masculina frente a ella—. ¿Son esos chicos que siempre están contigo en las horas libres? Los he visto en la cafetería.

Gaara asintió con la cabeza.

—Y dime… —ella se mordió el labio inferior, no estaba segura de preguntar lo siguiente, pero realmente quería saber—. ¿Tu novia está en la universidad también?

Shira miró ligeramente interesado la situación, solamente porque le causaba gracia lo obvia que era Shijima en cuanto a lo que sentía por Gaara, el cual lucía como si no le importara para nada, o tal vez sólo era muy distraído.

—Sí, ella estudia arte —contestó, ahora comiendo algo de arroz, el cual había preparado el día anterior y tenía guardado en el refrigerador, ya que no tenía tiempo de cocinar ahora.

—¿Sí? —Shijima disimuló su molestia—. Nunca te he visto con ella, ¿no son tan cercanos?

—Ya déjalo, parece que está en un interrogatorio policial —habló Shira, pues había notado lo incómodo que estaba Gaara con las preguntas de Shijima—. Es obvio que te gusta, pero ya te dijo que tiene novia.

La cara de Shijima se puso tan roja, que sintió que le ardía, no podía creer lo que Shira acababa de decir, parecía como si tocara un tema muy casual, pero literalmente la estaba avergonzando delante de Gaara.

—¡C-cállate, estúpido! —le gritó, poniéndose de pie como un resorte, en lo que el contrario solamente la ignoraba.

Gaara suspiró, sus compañeros de grupo claramente no se llevaban bien, además, también era incómodo que Shijima estuviera casi encima de él todo el tiempo, después de todo, parecía que no había superado su historia, al fin y al cabo, pero él no quería pensar en eso.

—Dejen de discutir, terminen de comer y sigamos trabajando, ahora que tenemos tiempo hay que aprovecharlo.

Shira y Shijima se miraron mal el uno al otro, para luego proceder a hacerse un mutuo gesto de desprecio, dejando de lado la discusión, al menos por ahora.

—*—*—*—*—*—*—*—

La cena en casa de los Uchiha estaba siendo bastante agradable para Sakura, no era la primera vez que estaba presente, aunque muy pocas veces coincidía con Itachi y con su novia, quien le agradaba bastante, Izumi era una chica muy linda y dulce, desde que se conocieron, siempre había sido amable y simpática.

—Me alegra mucho que hayan querido compartir con nosotros —habló Mikoto Uchiha, limpiándose los labios con un pañuelo, mientras miraba a su hijo mayor y a su novia, quienes estaban sentados justo frente a ella—. Pero ya me tienen en suspenso, ¿qué era lo que querían decir?

Fugaku continuaba comiendo en silencio, igual que lo hacía Sasuke, por su parte, Sakura estaba bebiendo un poco de juego, la cena estaba deliciosa, se notaba que la familia de su novio tenía el dinero suficiente como para que alguien más cocinara por ellos.

Itachi cerró sus ojos, tomando aire, estaba nervioso, nunca se había sentido tan nervioso en su vida, así que Izumi le tomó la mano; claro, ella también era un manojo de nervios, pero sabía que ambos tenían que apoyarse el uno al otro.

—Madre, padre… —habló el joven profesor—. También tú, hermano —añadió, mirando a Sasuke, quien continuaba comiendo con normalidad—. De hecho, les tenemos una noticia bastante importante, espero que lo tomen con calma.

—¿Debería decirlo yo? —le susurró Izumi, pero él negó rápidamente con la cabeza, indicando que él sería el encargado.

Carraspeó si garganta antes de hablar y tragó saliva, moviendo lentamente sus labios.

—Izumi y yo estamos esperando un hijo, vamos a ser padres —dijo con la mayor tranquilidad que fue capaz de fingir, sin embargo, las reacciones de los presentes no se hicieron esperar; Mikoto juntó sus palmas con alegría y sorpresa a la vez, Sakura –que de pronto sentía que no debía estar ahí– casi escupió su jugo, Sasuke literalmente se atragantó con un trozo de carne y a Fugaku se le cayó el tenedor ruidosamente sobre el plato.

—¡¿C-cómo?! —exclamó el hombre, que fue casi instantáneamente interrumpido por su esposa.

—¡Voy a ser abuela, no lo puedo creer! —habló con alegría la mujer, llevándose ambas manos a la cara—. Oh, entonces seré una abuela muy joven, esto es emocionante.

Mientras Sakura le daba golpecitos en la espalda a Sasuke, intentando ayudarlo, el padre de la familia se limpió la boca con una servilleta, manteniendo sus ojos cerrados y recuperando la compostura que hace un rato había perdido.

—Imagino que van a casarse, ¿no es así? No aceptaré que mi hijo sea padre fuera del matrimonio.

Itachi suspiró, sabía que su padre sería así, no importaba si tanto él como su madre aceptaban y acogían a su novia, todavía continuaban siendo conservadores y, al final, no es que la idea no le interesara, por el contrario.

—Primero debemos decírselo a los padre de Izumi, pero sí, eventualmente nos casaremos —explicó, notando de reojo como la castaña se sonrojaba un poco, todo esto era vergonzoso, pero los dos se sentían aliviados de haber dicho por fin lo que les agobiaba.

—En ese caso, me parece correcto, Itachi, debes actuar como un hombre y hacerte cargo —dijo el hombre, cruzándose de brazos y asintiendo varias veces con la cabeza.

—¡Felicidades, hijo mío! —Mikoto se levantó de su lugar y corrió a abrazar a Itachi e Izumi, casi dejándolos sin aire a los dos.

Por su parte, Sasuke se mantenía callado y Sakura, a su lado, le tomó la mano con suavidad.

—¿No dirás nada, Sasuke-kun? —murmuró la peli rosa, mostrándole una dulce sonrisa—. Vas a ser tío, ¿no te alegra?

Cuando su madre finalmente lo soltó, Itachi miró a su hermano menor, no había escuchado ni una sola opinión de Sasuke sobre el tema y, claramente, le interesaba mucho saber qué pensaba. Sasuke notó aquello e intentó hacerse parte de la celebración, a su modo de ver, ahora Itachi estaría tan ocupado con su hijo, que seguramente dejaría de tenerlo encima todo el tiempo, eso era genial, ¿no?

—Felicidades, Itachi —dijo de forma seca, no porque estuviera molesto, sino porque ese era su típico tono para dirigirse a los miembros de su familia, eso lo sabía Itachi, así que simplemente sonrió y asintió con la cabeza.

—Gracias, hermano.

—*—*—*—*—*—*—*—

Mientras varios estudiantes ya habían ido a casa, algunos otros tenían horarios diferentes y salían más tarde. Tenten era parte del club de tenis, aunque tenía mucho que estudiar, todavía se daba el tiempo de practicar, ya que no planeaba descuidar su salud física. Después de terminar, fue a darse una ducha y se puso ropa limpia. Dispuesta a irse a casa, fue hacia la salida, pero ahí se topó con alguien conocido.

—¿Uh? Shikamaru —saludó al novio de su amiga, quien se encontraba apoyado contra una pared, con los ojos cerrados, parecía que estaba en un sueño profundo—. ¿Realmente puedes dormir aquí? —se preguntó Tenten, desconcertada.

En ese momento, Shikamaru abrió sus ojos.

—Mi sueño es ligero, así que no pasa nada —explicó, dándole un susto a la mayor, que se sorprendió cuando él habló tan de repente.

—O-oye, no me espantes de ese modo —se quejó, llevándose una mano al pecho y suspirando—. De todos modos, ¿qué haces ahí? ¿Estabas esperando a Temari?

El Nara asintió con la cabeza.

—Sí, dijo que tardaría un poco, así que me quedé esperándola y me dormí.

—Ya veo… —murmuró Tenten, mientras una gotita de sudor recorría su sien, muestra de su desconcierto, Shikamaru era un tipo raro, no cualquiera se quedaría dormido estando de pie contra una pared, pero en fin—. Creo que ya debe estar por salir, hoy tenía un examen oral, pero sabes que Temari es muy lista.

—Claro —respondió Shikamaru, sonriendo levemente, una de las cosas que le habían atraído de Temari, era precisamente su inteligencia, aunada a su carácter fuerte y explosivo, incluso si le parecía que ella era demasiado temperamental para sus estándares, le daba esa pizca de emoción que a su vida le faltaba.

Justo después de un par de segundos, los dos vieron que Temari se asomaba desde el pasillo del edificio correspondiente a su facultad, pero ella no venía sola y aquello provocó que el ceño de ambos se frunciera, ya que estaba siendo acompañada por nada más y nada menos que Neji Hyûga.

Los dos charlaban animados y se sonreían mutuamente, lo que despertó los celos de Shikamaru, mientras que, por su lado, Tenten sólo se sentía molesta de que su mejor amiga fuera tan cercana al "estúpido" de su ex, no es como si sintiera algo más, de eso quería convencerse.

—Oh, Shikamaru, Tenten, ¿siguen aquí? —dijo la rubia, que se sorprendió al toparse con ambos.

Tenten miró de reojo a Neji y luego procedió a ignorarlo.

—Me iba a casa cuando me topé a Shikamaru, él te estaba esperando.

Temari sonrió.

—¿De verdad? —le preguntó a su novio, que sólo asintió con la cabeza, mirando hacia otro lado—. Entonces deberíamos irnos, aprovechemos de ir a comer algo, ¿sí?

Neji, quien seguía presente, carraspeó levemente la garganta para llamar un poco la atención.

—Temari —la nombró—. Entonces me retiro, mañana nos ponemos de acuerdo para nuestro trabajo —antes de marcharse, observó por el rabillo del ojo a Tenten, quien continuaba ignorándolo, era demasiado incómodo estar cerca de ella, ¿tanto lo odiaba?

—Vamos —habló el Nara, a lo que su novia asintió, mirando a su amiga.

—¿Vienes?

—No, no —contestó Tenten, agitando sus manos delante de su rostro—. Vayan ustedes y pásenlo bien, nos vemos mañana.

Los otros dos asintieron y se marcharon, dejándola sola. Ella buscó con la mirada a Neji, cuya figura todavía era visible en la lejanía, no entendía por qué le irritaba tanto, ya había pasado tiempo desde que terminaron, ¿no tendría que haberlo superado?

O tal vez, simplemente no quería hacerlo.

—*—*—*—*—*—*—*—

A pesar de que había salido de clases hace un rato, Matsuri apenas estaba llegando a casa, porque había pasado a comprar algunos víveres para ella y sus amigas, así que apareció cargada de bolsas. Cuando entró, solamente Yukata estaba en casa, parecía que Fuu todavía no llegaba, así que la pelinegra le ayudó a guardar todo.

—No te hubieras molestado en comprar tanto, sabes que Fuu y yo también podemos aportar —le dijo Yukata, mientras acomodaba algunas cajas dentro de la alacena.

Matsuri sonrió y cerró el refrigerador.

—No pasa nada, mi papá me envió algo de dinero y quise gastarlo en todas nosotras, a fin de cuentas, vivimos juntas y debemos compartir —respondió con su típica amabilidad.

Justo cuando habían terminado, el celular de la castaña empezó a sonar, así que lo sacó de su bolsillo, un poco sorprendida al ver que la persona que le llamaba era la madre de su novio.

—¿Bueno? Karura-san, hola —contestó, ligeramente nerviosa—. No, Gaara-kun no está conmigo, dijo que estaría hasta tarde preparando un trabajo de la universidad, ah, ¿no responde su teléfono? Seguramente está muy ocupado —decía la chica, alejándose hacia la sala, mientras que su amiga solamente la miraba con curiosidad.

Ella se sentó en el sofá, escuchando todo lo que su suegra le decía y asintiendo con la cabeza varias veces.

—Oh, ya veo, yo puedo llevarle eso a Gaara-kun, no hay problema, sí, le avisaré —después de terminar, Matsuri se levantó y se dirigió hacia la puerta—. Debo pasar por algo para Gaara-kun, regresaré pronto.

—Ah, claro, ve —le dijo Yukata, esbozando una enorme sonrisa de oreja a oreja—. Nada más no te entretengas demasiado donde tu novio, si decides pasar la noche allá al menos avisa.

—¡No haré eso! —exclamó una sonrojada Matsuri, saliendo rápidamente del departamento. Como Karura le había pedido, fue a una tienda cercana, en donde debía recoger algunas cosas que ella había encargado para su hijo, pero que no podía ir a recogerlas en este momento y, como Gaara tampoco le contestaba, decidió pedirle el favor a su nuera, ya que vivía cerca de él.

A Matsuri le entregaron dos bolsas con lo que parecía ser ropa, seguro que era alguna clase de regalo de Karura, pero ella no se puso a revisar para saberlo, no era de su incumbencia. Después de obtener lo que necesitaba, caminó hasta el edificio donde vivía su novio, quiso llamarle antes de entrar, pero recordó que él no estaba contestando, así que mejor sólo subiría y dejaría las cosas, aunque no sabía si estaba en casa, siempre podía entregarle el recado a Naruto o Sasuke. No tardó mucho en llegar al piso correspondiente y en encontrar el número del departamento, estaba algo nerviosa, ya que era la primera vez que venía, ya que siempre era Gaara quien iba a verla y no al revés.

—Bueno, se lo doy a quien esté —murmuró para sí misma, tocando la puerta tres veces con sus nudillos.

Esperó un momento, hasta que alguien le abrió, pero le sorprendió ver que esa persona era una chica, alguien a quien jamás había visto.

¿Eh? ¿Acaso me equivoqué? —pensó, volviendo a mirar el número.

—Disculpa —dijo la de cabello negro, entrecerrando la mirada—. ¿A quién estás buscando?

La visitante parpadeó, el tono empleado por esa jovencita era bastante despectivo, pero decidió no prestarle demasiada atención a eso.

—Esto… Gaara-kun… —iba a decir, pero fue interrumpida.

—¿Quién es, Shijima? —escuchó la voz de Gaara desde el interior, entonces vio que éste se asomaba, abriendo del todo la puerta, algo sorprendido cuando la observó—. Matsuri, ¿qué haces aquí?

Matsuri miró a Gaara, luego observó a esa tal Shijima, quien continuaba viéndola con aires de superioridad, lo cual le hizo bajar la cabeza, nunca había soportado cuando los demás parecían juzgarla de ese modo.

—Eh… yo vine a traerte unas cosas que me pidió tu mamá, dijo que no le respondías, perdón si interrumpí algo —dijo con voz temblorosa, no sabía por qué se sentía tan intimidada, era como si una presión invisible la estuviera abrumando, pero esa sensación horrenda se disipó apenas sintió como él le tomaba la mano y le transmitía su calor.

—Tonta, ¿por qué te disculpas? Sabes que tú nunca me importunas —Gaara miró de reojo lo que ella traía en sus manos y dibujó una suave sonrisa—. ¿Eso te pidió mi mamá que me traigas? No cabe duda de que ya se está aprovechando de su posición de suegra.

—G-Gaara-kun, no digas eso —la castaña lo regañó, avergonzada, pero eso no pareció molestarle.

Por su parte, Shijima estaba con la boca abierta, no podía creer lo que estaba viendo, Gaara estaba sonriendo y siendo dulce con una chica que lucía como una mocosa boba, una verdadera mosca muerta; esto era inaceptable.

—Gaara —la pelinegra carraspeó—. ¿No me presentas?

—Ah, sí —dijo Gaara, haciendo pasar a Matsuri al interior del departamento, sin soltarle la mano en ningún momento, entonces la menor se dio cuenta de que había otra persona más dentro, un chico de aspecto algo rudo, el cual también se la quedó viendo—. Matsuri, ellos son Shira y Shijima, mis compañeros de carrera y de grupo, estábamos terminando nuestros avances del trabajo que nos dieron, por eso no respondía —explicó, señalando a cada uno—. Chicos, ella es Matsuri, mi novia.

Shira hubiera pagado una fortuna por haberle podido sacar una foto a la expresión de la cara de Shijima, parecía que se le iban a salir los ojos y tenía las orejas rojas, como una caricatura animada.

—Mucho gusto —dijo la castaña, haciendo una leve reverencia, la cual fue correspondida por Shira, mientras que Shijima simplemente se cruzó de brazos y miró a otro lado, tratando de disimular su tremenda envidia.

Ella era mil veces mejor que esa tal Matsuri, ¿así que cómo era posible que Gaara la hubiera rechazado a ella, pero a esa tonta no?

—*—*—*—*—*—*—*—

La cena en la casa de la familia Hyûga siempre solía ser un poco incómoda, Hinata se mantenía en silencio durante casi todo el tiempo, mientras que su padre no hacía más que preguntarle a su hermana menor cómo le había ido, qué tan bien iban sus calificaciones o cómo estaba preparándose para sus próximos exámenes. Hanabi ya estaba en el instituto, en primer año, lo cual mantenía expectante a su padre.

Sin embargo, esa tarde ocurrió algo poco usual.

—¿Y cómo te fue a ti, Hinata?

—¿Eh? —la recién nombrada levantó la mirada, confundida, era muy raro que Hiashi le hiciera una pregunta como esa, por lo general ella no le interesaba a su padre, así que estaba sorprendida—. Ah, muy bien, hasta ahora he obtenido buenas calificaciones —respondió, bajando la mirada.

Su padre se le quedó viendo fijamente, detestaba que su hija mayor siempre terminara escondiendo el rostro, actuando como si no fuera capaz de mirarlo, como una persona cobarde e inferior.

—¿Has hablado con Toneri?

—Sí, este fin de semana saldremos juntos —contestó Hinata, sin atreverse a mirarlo todavía—. Claro, si usted lo permite, padre.

—Por supuesto —respondió el hombre, asintiendo con la cabeza.

Neji estaba ignorando por completo las interacciones entre su tío y sus primas, su mente estaba totalmente en otro sitio, mientras comía como si se estuviera muriendo de hambre, no dejaba de pensar en Tenten y en su horrible trato hacia él, la chica literalmente actuaba como si él tuviera la peste, ¿tanto lo odiaba? ¡Pero si su relación ya había acabado hace mucho!

Cuando la cena se terminó, él se levantó de la mesa en completo silencio y se dirigió a su habitación, Hinata lo imitó, yendo a su cuarto y encerrándose en él. Odiaba la horrenda sensación de ansiedad que la invadía cada vez que estaba frente a su padre, se suponía que él era la persona en quien más debía confiar en el mundo, quien la cuidaría y la protegería de todo y todos, pero ¿por qué no podía dejar de tenerle miedo? Ni siquiera había sido capaz de decirle que no quería estudiar administración, sino dedicarse a la danza; ese sueño estaba completamente muerto ahora.

—Soy una tonta… —murmuró, dejando salir un hondo suspiro.

Fue al baño que estaba en su habitación y se dio una rápida ducha, se puso la pijama y se sentó sobre su cama para secarse el cabello con una toalla pequeña, atrapando el exceso de agua en la tela. Justo cuando estaba en eso su celular comenzó a sonar.

—¿Hola? —contestó sin mirar de quién se trataba, pensó que sería su novio, pero la voz del otro lado la agarró con la guardia baja.

¡Hinata, hola! —exclamó el siempre alegre Naruto, quien provocó que los ojos de la chica se abrieran ligeramente y que su pecho se apretara—. Perdón si te molesto, estoy en el trabajo todavía y no podía esperar hasta salir para llamarte, quizá te habría despertado —añadió—. No te desperté, ¿verdad?

Ella esbozó una suave sonrisa, él siempre estaba preocupado por ella, era tan lindo, por eso se había enamorado de él, aunque ahora mismo ya no fueran más que buenos amigos, Hinata estaba segura de que no sentiría algo como eso por nadie más.

—No me has despertado, apenas me iba a acostar, dime, ¿qué necesitas?

Qué bueno —Naruto suspiró—. Solamente quería saber a qué hora nos veremos mañana y qué debo llevar.

Hinata miró su estantería de libros, tenía muchas colecciones interesantes, entre novelas, enciclopedias y otro tipo de cosas, ahí había un excelente libro de inglés que ella solía usar cuando estaba aprendiendo, seguramente le serviría al rubio.

—Tú solamente lleva una libreta, te prestaré mi libro de inglés, veámonos después de clases en la biblioteca, ¿te parece?

Claro, Hinata, muchas gracias —Hinata pudo escuchar a Naruto reír, eso la hizo reír también—. Que tengas buenas noches, te q… —se paró repentinamente—. Duerme bien —finalmente terminó, acabando con la llamada.

La ojiperla dejó el teléfono sobre la cama y se quedó mirando la pantalla que todavía mostraba el nombre de Naruto en ella, el solo hecho de escuchar su voz la hacía temblar, aunque ni siquiera lo estuviera viendo, así que ¿qué hacía fingiendo que lo había olvidado? Claramente no era así.

—No confundas las cosas, tonta —se regañó, dándose un pequeño golpe en la sien.

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Naruto miró la hora después de terminar su llamada con Hinata, a decir verdad, estaba jodidamente nervioso, solamente estaba viendo su nombre en la pantalla, cuando su compañero de trabajo lo llamó y se le resbaló el teléfono de las manos, apretando la llamada. Estaba tan asustado que tuvo que inventarse lo primero que se le ocurrió para salir del paso.

—Soy un tarado… —murmuró, guardándose el móvil en el bolsillo—. Ah, qué vergüenza, espero que no haya pensado que soy raro.

—¡Naruto, atiende al nuevo cliente! —escuchó la voz de su jefe, el dueño del restaurante de ramen Ichiraku.

El rubio dio un salto de la impresión, ni cuenta se había dado de que había llegado alguien.

—¡S-sí, Teuchi-san! —contestó, corriendo hacia el mostrador, en donde se encontraba la caja registradora—. Buenas noches, señorita, ¿puedo tomar su orden? —le habló a la clienta, sin siquiera mirarla, tenía los ojos fijos en la pantalla de la caja para registrar el pedido de la joven.

Ella lo miró fijamente durante unos segundos, estaba segura de que lo conocía de alguna parte, pero no se quedó demasiado con esa idea, sino que miró el póster largo que estaba acomodado arriba, en donde aparecían los diferentes platos que servían en el restaurante, junto a los precios.

—¿Cuál de todos estos me recomiendas? No soy muy conocedora del ramen —dijo al fin, soltando una sonora carcajada, que llamó la atención del rubio, entonces sus miradas se cruzaron—. ¿Uh? ¿No eres el amigo del novio de Matsuri-chan?

Naruto parpadeó confuso.

—¿Me conoces? —cuestionó, apuntándose a sí mismo—. Eh, soy Naruto Uzumaki, ¿eres amiga de Matsuri-chan? —vio asentir a la joven con la cabeza, lucía muy alegre y tenía una extraña vibra revitalizante, como él cuando estaba de buen humor.

—Me llamo Fuu —dijo ella, extendiéndole su mano y tomando la de él sin permiso o pena alguna—. ¿Quieres ser mi amigo, Naruto-san?

Sorprendido por el acercamiento tan repentino, el Uzumaki se sonrojó un poco, no estaba acostumbrado a ese tipo de familiaridad con gente que no conocía.

—Ah, c-claro… pero, ¿qué vas a pedir? Te puedo recomendar un ramen de miso —dijo nervioso, llevándose una mano a la nuca. Fuu soltó su agarre y retrocedió un paso, no se había dado cuenta de lo imprudente que fue hasta que notó la incomodidad de Naruto, definitivamente tenía que controlarse un poco más con las personas.

—Je, disculpa —dijo la chica—. Sí, ese que dices suena bien, llevaré ese —añadió, asintiendo varias veces con la cabeza.

—Entonces una orden de miso ramen —Naruto rápidamente ingresó la orden en la máquina—. ¿Es para comer aquí?

—Para llevar, por favor —dijo Fuu, que volvió a observar a Naruto cuando éste se concentró en la caja registradora, no solía fijarse demasiado en el físico de las personas, era cierto que le llamaban la atención los chicos apuestos, como a cualquier otra jovencita de su edad, pero Naruto no solamente se veía guapo, también tenía algo más que hacía que ella no le pudiera apartar la mirada.

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El ensayo de la banda acababa de terminar, así que los chicos estaban guardando sus cosas para ir a comer algo antes de que cada uno se fuera a su casa. Konan bebió un poco de agua, después de entonar tanto, era normal que le doliera un poco la garganta.

—Estamos sonando increíble —comentó Deidara, que dejó la guitarra sobre el pedestal y siguió a Sasori desde la cochera hacia el interior de la casa.

El pelirrojo ya llevaba un tiempo viviendo solo, se había ido de cada a los diecisiete años, luego de discutir fuertemente con su abuela, quien era su tutora legal desde la muerte de sus padres cuando él era solamente un niño. Como ellos tenían mucho dinero, todo había quedado para él, pero no podía disponer libremente de su herencia hasta cierta edad, por lo que su abuela continuaba "manipulando" su dinero, eso era lo que siempre decía.

—Espero que el fin de semana sigan con la misma energía, debo impresionar a alguien —dijo Sasori, que también se sirvió un vaso de agua y, al escucharlo, su amigo rubio rápidamente se interesó.

—¿Invitaste a una chica? —preguntó casualmente, aunque sabía bien que Sasori no era mucho de invitar mujeres a sus presentaciones, a pesar de su pinta de mujeriego, de hecho, él era bastante serio y no se involucraba con nadie a menos que le gustara mucho.

—Sí —respondió, esbozando una suave sonrisa—. Ella es una kouhai de mi carrera —explicó, imaginando brevemente la sonrisa de esa jovencita castaña.

—No imaginé que salías con alguien —la persona que habló fue Hidan, que había asaltado el refrigerador de su amigo para ver qué había en él que le pudiera llenar el estómago—. ¿No era que la universidad y la banda eran más importantes que las chicas?

Sasori se encogió de hombros y Deidara soltó una leve carcajada.

—Vamos, una distracción no le hace mal a nadie de vez en cuando, Sasori no se tomaría en serio a cualquier chica.

El pelirrojo volvió a beber un trago para refrescar su garganta, mientras volvía a imaginar a esa chica, era dulce, un poco inocente y bastante bonita, no era como ninguna de las chicas con las que alguna vez había salido.

—Yo no diría que es cualquiera… —murmuró, pero el único que lo escuchó fue el rubio, que estaba a su lado en ese momento y quien prefirió hacerse el tonto o pensar que había imaginado esas palabras.

Por otro lado, Konan irrumpió en la cocina, en donde los tres hombres acababan de quedarse callados, cada uno dentro de su mundo, bueno, al menos Sasori y Deidara, porque Hidan sólo estaba ocupado de tragar como cerdo.

—Chicos, ya me voy, no se desvelen —les dijo, ella siempre actuaba como si se tratara de una hermana mayor o una madre, ya que sus amigos eran un completo desastre en cuidar de sí mismos.

Los muchachos se despidieron de ella y, ya que no tenían nada mejor que hacer, decidieron jugar videojuegos un rato, era de noche, pero ninguno de ellos tenía sueño todavía y, por supuesto, ni Hidan y Deidara se irían a su casa, ya que eran un par de confianzudos.

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Los compañeros de equipo de Gaara se habían ido a casa y, como era algo tarde para que Matsuri regresara sola, Gaara decidió acompañarla. Hacía un poco de frío, así que le prestó una chaqueta de las suyas y ambos partieron; sin embargo, ella iba muy callada, cosa que lo tenía un poco inquieto.

—Matsuri —la llamó, deteniendo sus pasos en mitad de la calle. Todavía había mucha gente transitando, la ciudad de Tokyo no parecía ser de aquellas que duermen, ni siquiera por la noche, pues todo estaba iluminado y había muchas tiendas y locales de comida abiertos—. Oye, ¿está todo bien? No es normal que no digas nada.

La chica bajó la mirada, estaba sosteniendo la mano de su novio, así que la apretó un poco, haciendo una mueca de disgusto, se sentía molesta consigo misma, pues había pensado un montón de tonterías cuando Shijima, la compañera de Gaara, le abrió la puerta.

—No me pasa nada, Gaara-kun, todo está bien —le respondió, pero él rápidamente la tomó del mentón, obligándola a verlo a los ojos, lo que la hizo sonrojar.

—No me mientas —insistió Gaara—. Sabes que te conozco, sé perfectamente cuando algo te está molestando, no me gusta que me ocultes las cosas, Matsuri.

Sin poder apartar sus ojos de él, Matsuri frunció ligeramente sus labios, ¿cómo podía decirle que se había puesto celosa al pensar que había una chica rondándolo? O que incluso se ponía celosa de que otras mujeres en la universidad se fijaran en él, era tan boba, Gaara siempre la hacía sentir segura de sus sentimientos, pero el problema era claramente suyo, por su falta de confianza.

—Gaara-kun, te estoy diciendo la verdad —respondió, estrechando la poca distancia que había entre ambos para abrazarlo, escondiendo su rostro en el pecho de su novio, quien no dudó en rodearla con sus brazos—. Estaba pensando en algunas cosas de la universidad, nada más.

—¿Lo dices en serio? —preguntó el pelirrojo, a lo que ella sólo asintió, sin soltarlo—. Está bien —soltó un suspiro—. Aprovechando que hay varios lugares abiertos, ¿quieres que comamos algo? Todavía no es tan tarde, pero si estás muy cansada podemos dejarlo para otro día.

Matsuri se separó un poco para poder verlo, el ambiente helado hacía visible el aliento de ambos y estaba segura de que el rostro de su novio estaba ligeramente colorado.

—Quiero takoyaki —contestó, sonriendo dulcemente, a lo que Gaara asintió con la cabeza, moviendo un mechón de cabello que estaba sobre el rostro de ella.

—Takoyaki será entonces —dijo él. Seguido de eso, volvió a tomar la mano de Matsuri y los dos fueron en busca de un restaurante donde sirvieran aquello que deseaban probar.

No debería ser tan tonta, debo tenerle más confianza a nuestra relación y en mí misma, Gaara-kun me ha demostrado que me quiere y yo no debo ser tan insegura —pensó Matsuri, pegándose al brazo del más alto, quien, complacido con el acercamiento, apretó un poco más fuerte su mano.

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La semana avanzó rápidamente, cuando menos se dieron cuenta, ya era viernes. Ese día, durante la primera clase, Sasori había ido al salón de Matsuri como parte de su ayudantía, así que había aprovechado cada momento de la clase para observar a la castaña. No sabía bien qué era lo que le llamaba tanto la atención de esa chica, tal vez era el hecho de que, a diferencia de todas sus compañeras, ella casi no le prestaba atención y eso le molestaba un poco.

Estaban haciendo una escultura de tema libre como parte de su proyecto, con una técnica que apenas habían aprendido, Sasori se encargaba de echarles una mano, pero la mayoría de las chicas sólo parecían llamarlo y pedirles su asistencia solamente para tenerlo cerca. Matsuri, por su parte, estaba concentrada en su obra, sin prestarle atención a nada más a su alrededor.

—Es bastante bonita —dijo Sasori, parándose a un lado de ella, lo cual le metió un susto—. Tienes mucho talento para el arte, Matsuri.

—G-gracias, sempai —la chica sonrió quedamente y volvió su vista hacia su escultura, eran varias mariposas revoloteando alrededor de un centro, al cual todavía no le daba forma, planeaba ponerle varios colores, sobre todo a las alas, era algo que le gustaba mucho.

—Va a ser una flor, ¿verdad? —cuestionó él, refiriéndose al centro de la obra de Matsuri, la cual asintió, sin percatarse de que varias de sus compañeras de clase la miraban con envidia, la mayoría ya se habían dado cuenta de que Sasori le prestaba más atención a ella que al resto, eso les parecía tan molesto, ¿no se suponía que Matsuri tenía novio? ¿Entonces qué hacía coqueteando con Sasori?

La clase continuó durante un par de minutos más, hasta que la hora se terminó. La profesora se despidió de sus estudiantes, que en su mayoría eran chicas y se marchó. Matsuri estaba guardando sus materiales en su bolso, para dirigirse a su siguiente clase, pero Sasori se le volvió a acercar.

—Entonces, señorita —habló el mayor, cuyos ojos grises no se despegaban del pequeño y frágil cuerpo de la castaña—. ¿Irás mañana a verme tocar con mi banda? Tocaré algo especialmente para ti.

Matsuri abrió ligeramente sus ojos ¡lo había olvidado por completo!

—Oh, sempai, la verdad es que yo…

—¡Matsuri, querida amiga! —una de las chicas de su clase se acercó, pasando descaradamente su mano sobre el hombro de la recién nombrada—. ¿Irás de fiesta mañana y no nos invitaste?

—¿Eh? —cuestionó Matsuri, que estaba por negarse, pues quería salir con Gaara, no planeaba asistir a ningún otro lado—. No, yo no pue…

—¡Vamos todas juntas! —exclamó otra, que también se metió en la conversación sin ser llamada, a Matsuri le agradaban esas chicas, eran las únicas que habían sido amigables con ella, pero ¿por qué tenían que comportarse así sólo porque tenían enfrente a un chico guapo?

—¿Podemos ir, sempai? No es justo que solamente invites a Matsuri —comentó la que estaba abrazando a la castaña, haciendo una mueca de disgusto, así que Sasori sonrió y asintió con la cabeza.

—Por supuesto, planeaba invitar a todas —aseguró, lo que claramente era una mentira, la única presencia que le interesaba ahí era la de Matsuri, pero mientras esas chicas la hicieran ir, no le importaba que hubiera más personas—. Todas serán bienvenidas, es mañana por la noche, ya conocen el lugar.

Las chicas asintieron con la cabeza y Sasori se marchó, dejando a Matsuri muy confundida, ¿cómo que conocían el lugar?

—¿Ya han visto a Sasori-sempai tocar? —preguntó, ladeando ligeramente su cabeza.

Su amiga, la que estaba a su lado, se dio un golpe en la cara.

—Bueno, tú vives en la luna, ¿eh? —comentó, separándose para rebuscar algo en su bolso, una especie de folleto de la presentación de la banda "más famosa" formada en la universidad, claro que no eran profesionales, pero literalmente cada persona con sentido común en la universidad los conocía, muchos habían ido ahí sólo para compartir espacio con Akatsuki, como ella, por ejemplo—. Ellos son súper populares, Sasori-sempai es el bajista de la banda, para mí es el más apuesto de todos.

—Yo digo que el más guapo es Deidara-sempai, me gustaría que me voltee a ver —dijo otra compañera, llevándose las dos manos al rostro, el cual tenía completamente rojo.

—Yo quiero que Hidan-sempai me insulte —habló otra chica, entonces Matsuri la miró arqueando una ceja.

—¿De verdad son tan populares? —se preguntó, en serio no tenía ni la menor idea de eso, ni siquiera había leído el papel que le entregó Sasori cuando le pidió que fuera, de verdad que no tenía ganas de asistir a esa dichosa presentación, pero ya que la habían atrapado en esto, no le quedaba otra opción, tendría que ver a la banda de Sasori, igual podía ser divertido, ¿no?

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Shikamaru salió temprano ese día, ya que tenía pocas clases, así que había ido a dormir en la biblioteca, había encontrado un pequeño espacio entre dos enormes estanterías, nadie iba ahí y no podían molestarlo, así que solía tomarse una siesta en ese lugar. Se sentaba en el suelo y apoyaba su espalda contra la pared, en lo que los dos libreros altos le proporcionaban oscuridad y privacidad, era perfecto, por eso se relajaba tanto cada vez que estaba ahí.

Ya llevaba un rato durmiendo, cuando el sonido de unos pasos le hizo abrir los ojos, parecía que había alguien del otro lado del estante de su derecha.

—Estoy segura de que debería estar por aquí… —escuchó una voz femenina, la cual reconoció en instantes, ¿cómo no sabría que se trataba de su novia?

—Temari… —murmuró, estaba por levantarse para dirigirse hacia donde ella estaba, pero el sonido de una segunda voz le obligó a cancelar sus planes.

—¿Estás segura? Igual y te confundiste de pasillo —esta vez era un hombre el que hablaba, su tono era demandante, pero educado, Shikamaru también lo reconoció en un segundo.

—Neji, ¿no confías en mí? Si te digo que estaba aquí, es porque estaba aquí —se escuchó algo molesta a la rubia—. ¡Ah, te lo dije! —agregó, luego se oyó un suspiro de Neji.

El Nara se quedó quieto en su pequeño escondite, ¿por qué esos dos estaban juntos de nuevo? Últimamente parecía que Temari pasaba más tiempo con Neji que con él, y no es que estuviera celoso, para nada, ¿por qué sentiría celos de cualquier otro hombre?

Eso no tenía sentido.

—Bueno, ya que lo encontramos, ¿ahora sí vas a responder mi pregunta?

—Neji, ¿cómo quieres que yo sepa eso? Pregúntale tú… —la voz de Temari comenzó a alejarse, así como los pasos, era evidente que estaban discutiendo sobre algo, pero ¿qué podría ser?

—Rayos… —el pelinegro chasqueó la lengua, echando su cabeza para atrás y cerrando los ojos—. Ya no puedo dormir —masculló.

En otro lado de la biblioteca, donde estaban ubicadas las salas de estudio a prueba de sonidos, Naruto y Hinata se encontraban repasando la materia de inglés. El rubio tenía una expresión perdida en el rostro, claramente no entendía nada, aunque Hinata hacía lo posible por explicarle.

—Naruto-kun… —la chica lo nombró, frunciendo ligeramente el ceño al darse cuenta de que él parecía no hacerle caso a lo que acababa de decir—. ¿No estás prestando atención?

Él la miró durante un par de segundos, luego apoyó la frente contra la mesa.

—No es eso, Hinata, es que de verdad no entiendo —respondió, parecía rendido, casi como si se le hubiera fundido el cerebro—. No me quedan en la cabeza las palabras, mucho menos la gramática, es peor que las matemáticas.

La Hyûga rio ligeramente, en ese sentido, Naruto tenía algo de razón, las reglas gramaticales eran muy parecidas a las fórmulas matemáticas, incluso tenían sus casos excepcionales.

—¿Crees que debemos empezar por aprender un poco más de vocabulario? —le preguntó, ladeando un poco su cabeza, en serio quería ayudar a Naruto, no le gustaba verlo así, sufriendo de ese modo, debía ser muy frustrante para él.

Naruto levantó la cabeza y sus ojos azules se cruzaron con aquellos ojos blancos que le parecían tan bonitos, esta era su segunda sesión de estudio con Hinata (la primera había sido durante la semana), pero una parte de que le costara mantenerse concentrado era precisamente ella, ¿cómo podía ser tan linda?

—¿No crees que yo sea un caso perdido? —cuestionó, desviando su mirada con cierta vergüenza.

Hinata negó con la cabeza enseguida, tomando con delicadeza la mano de Naruto, la cual estaba sobre la mesa.

—No creo que lo seas, Naruto-kun, tú eres muy inteligente y estoy segura de que si pones de tu parte podrás aprender esto y más —aseguró, sus labios dibujaron una sonrisa suave y amable, la cual provocó que el corazón del rubio se acelerara como si hubiera estado corriendo una maratón.

Ah, estaba tan jodido, realmente continuaba enamorado de Hinata, incluso más que antes.

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Esa tarde, después de que las clases terminaron, Matsuri fue a encontrarse con Gaara, todavía no les había dicho a sus compañeras de clase que el chico al que todas ellas admiraban era su novio, pensaba hacerlo en algún momento, tal vez cuando calmaran un poco sus ansias de admirarlo, porque ni siquiera tenían filtro cuando hablaban de él o de los otros muchachos apuestos de la universidad.

—No puedo creer que tendré que ir mañana a ese lugar —murmuró, todavía estaba pensando en alguna excusa para no asistir, pero seguramente Sasori se sentiría muy ofendido si ella no aparecía y luego le inventaba algo, era mejor que saliera de esto de una vez y le pagara su "deuda" al mayor, para que éste dejara de insistirle con esa tontería.

Se suponía que Gaara la estaría esperando en la salida de su edificio, así que mientras cavilaba sobre lo sucedido esta mañana, se fue acercando, pero sus pasos se detuvieron cuando vio –aún desde la distancia– a su novio, quien estaba hablando animadamente con la chica que había conocido el otro día en su departamento. Todavía no sabía muy bien la razón, pero ella le generaba mucha desconfianza, el modo en que miraba a Gaara era diferente de como lo hacían todas sus fans, era más parecido como ella también lo miraba, con amor.

—No pienses tonterías, apenas se conocen —se dijo, sacudiendo su cabeza y apresurando el paso para llegar—. Gaara-kun —lo llamó, entonces él volteó a verla, sus ojos enseguida mostraron ese brillo de felicidad.

—Hey, ¿te fue bien hoy? —Gaara se apresuró a tomar su mano, gesto que no pasó desapercibido por Shijima, de verdad tenía ganas de romper algo cada vez que se encontraba con Matsuri, le parecía tan simplona y poco agraciada.

—Sí, me fue bien —contestó la castaña, sonriendo—. ¿Y a ti, Gaara-kun?

—Muy bien —dijo el pelirrojo, que empezó a caminar junto a ella—. Adiós, Shijima, nos vemos el lunes —se despidió, sin siquiera mirar a su compañera, aunque esta tampoco se fijó en ello, su expresión destellante de rabia sólo estaba puesta sobre la pequeña novia de su enamorado, el cual pensaba que le pertenecía por derecho.

La pareja se alejó hacia la salida, sin soltar sus manos, les gustaba mucho caminar juntos, por eso a veces no tomaban el autobús, así podían pasar más tiempo en compañía mutua.

—¿Qué vas a hacer mañana? —preguntó de pronto Gaara—. Mi mamá quería que fuéramos a cenar con ellos en casa.

Al escuchar aquello, Matsuri se puso nerviosa, ¿cómo le iba a decir a Gaara que no podía ir a casa de su familia porque tenía que ir a ver a una banda cuyo integrante era su superior de la carrera? Es decir, no era algo malo, pero todavía no le había comentado sobre él, ¿y si Gaara le ofrecía acompañarla? ¡Se suponía que sus compañeras irían! Ellas no sabían quién era su novio, si se juntaban todos en el mismo lugar, no quería imaginar lo que podría suceder.

—Eh, l-lo siento, Gaara-kun, mañana tengo que estudiar, t-tengo un examen la semana que viene —se apresuró a decir, sabía que estaba mintiendo, no le agradaba para nada ocultarle la verdad a Gaara, le hacía sentir muy culpable, pero sólo estaba tratando de ganar tiempo, hasta que pudiera revelarles a sus compañeras que, de hecho, él era su pareja.

Sí, si lo hacía de ese modo, todo iba a salir bien, podría explicar las cosas y respiraría con tranquilidad.

—Ya veo, entonces no importa —Gaara suspiró, sus planes de pasar ese día completo junto a su amada estaban arruinados—. ¿El domingo sí podemos vernos?

—¡Claro! —exclamó Matsuri, asintiendo varias veces con la cabeza, así que Gaara sonrió ladino, había tenido una buena idea.

—De hecho, el domingo no estarán ni Sasuke ni Naruto durante todo el día —comentó, llevándose la mano libre al mentón—. Podrías venir, vemos una película y cocinaré para ti, como te prometí.

La chica enrojeció levemente, ¿entonces pasarían el día completamente solos? Él incluso cocinaría, eso era algo que estaba deseando desde hace mucho tiempo.

—Eso estaría bien, entonces el domingo… —dijo ansiosa, no podía esperar a que ese día llegara, ojalá ese sábado corriera tan rápido como un rayo.

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Y así como Matsuri lo había deseado, en un abrir y cerrar de ojos ya era sábado por la noche, durante la tarde había estado charlando por teléfono con Gaara, quien estaba en casa de sus padres, suportando la dichosa cena familiar. Le sabía muy mal el tener que ocultarle que se encontraba en un bar con sus amigas, pero esta sería la primera y única vez que haría eso, nunca más le volvería a mentir a su novio.

—Este lugar está lleno de gente —dijo una de las chicas, la que siempre era más cercana a Matsuri. Era alta, delgada y tenía el cabello castaño, su nombre era Ameno. Ella se sentó a un lado de Matsuri, quien acababa de encontrar la mesa que había reservado especialmente para ellas Sasori, pues se había asegurado de que sus invitadas estuvieran muy cómodas.

Había un total de seis chicas a parte de Matsuri, pero ella solamente se llevaba con tres, quienes eran Ameno, Sasame y Yakumo, a las demás las conocía muy poco o casi nada.

—¿Por qué no invitaste a tu novio? Quería conocerlo —comentó Yakumo, una hermosa joven de cabello largo, de color castaño claro, cuyos ojos eran casi idénticos al tono de su pelo.

A su lado, la otra chica de cabellera anaranjada asintió.

—Es verdad, hablas mucho de él, pero nunca te vemos a su lado, ¿segura que existe? —bromeó, ella era Sasame, la de las bromas algo pesadas.

—Él estaba ocupado en una cena familiar —dijo Matsuri, con una gotita de sudor frío recorriendo su frente—. Ya se los presentaré muy pronto —añadió, sabía que no podía dilatar más ese asunto.

—Pero en fin… —habló otra de las presentes, aunque Matsuri no recordaba su nombre—. ¿Cómo conseguiste que Sasori-sempai nos diera este lugar? Está justo frente al escenario, desde aquí se verá perfecto.

—Lo mismo digo —otra chica asintió con la cabeza.

—Ah, bueno, yo… —cuando Matsuri iba a contestar, fue interrumpida cuando el animador del evento subió al escenario, éste era pequeño, pero tenía el espacio suficiente para abarcar los instrumentos musicales de la banda.

El hombre empezó a hablar un poco, pidió aplausos y seguido de eso presentó a la banda, eran los tan ansiados Akatsuki, muchas chicas gritaban por lo apuestos que eran los muchachos, que iban entrando uno a uno, e incluso había chicos piropeando a la vocalista, quien resultaba ser una mujer sumamente bella, que dejó impresionada a Matsuri.

—Gracias a todos por venir —dijo Konan, quien tomó el micrófono—. Hoy les vamos a presentar una canción nueva, esperamos que les guste.

La música empezó a sonar, parecía que el estilo de la banda era una especie de mezcla entre rock y pop, era una melodía agradable y rítmica. Matsuri se quedó mirando a Sasori, éste le sonrió, lo cual la avergonzó, pero no apartó su vista de él, más que nada, porque el modo en que tocaba su instrumento era bastante hipnotizante.

Parecía que no había sido tan mala idea venir.