Capítulo 9: El miedo toca la puerta

Después de que se terminaran las clases, Sasori y sus amigos habían quedado de ensayar un rato en casa de él, pero como Konan tenía que verse primero con su novio y Hidan tenía algo más que hacer, decidieron que se juntarían más tarde. Deidara había estado actuando un poco raro desde hace un par de días, pero Sasori no había querido indagar demasiado en eso, era cierto que estaba preocupado por su amigo, pero también tenía otras cosas en su mente.

Sasori miró a aquella chica con una expresión completamente desencajada, no podía creer la osadía de ella para decirle tamaña tontería, es decir, por supuesto que le gustaría que Matsuri estuviera soltera, pero ¿meterse en su relación? No, él no podía hacer algo como eso.

¿O sí?

—Estás loca —dijo de mala gana, ni siquiera conocía a esa tal Shijima hace más de media hora y ella se atrevía a proponerle algo así—. ¿Quieres que yo conquiste a Matsuri para dejarte el camino libre? Ja, ¿por qué haría eso por ti? Ni siquiera te conozco, además, no soy ese tipo de persona.

Shijima sonrió con sarcasmo al ver que el mayor miraba en otra dirección, aparentando estar ofendido por su propuesta. Ambos se habían alejado hacia un sitio más solitario del campus, en donde pudieran hablar sin problemas, fue ahí que ella le propuso aliarse, pero resultaba que Sasori se estaba haciendo el digno, vaya cobarde resultó.

—Eso no fue lo que vi en la enfermería, pero si quieres actuar como una inocente paloma y dejar que la chica que te gusta se quede con otro, allá tú —la pelinegra se encogió de hombros y se volteó, marchándose despreocupadamente, no le importaba si Sasori o cualquier otra persona conocía sus intenciones con Gaara, no estaba dispuesta a perderlo a manos de una tonta como Matsuri.

El pelirrojo suspiró cuando pensó nuevamente en la alianza que esa extraña chica le propuso ese mismo día más temprano, no podía dejar de repetir sus últimas palabras, sabía que se arrepentiría de no hacer nada, pero tampoco deseaba hacer que Matsuri sufriera por su culpa, ¿qué se suponía que tenía que hacer?

—Oye, ¿me estás oyendo? —escuchó la voz de Deidara, que estaba caminando a su lado y ya llevaba un rato tratando de llamar su atención, pero él estaba tan desatento que lo olvidó por completo.

—¿Qué pasó? —cuestionó, parpadeando.

El rubio suspiró, llevándose las manos a los bolsillos del pantalón.

—Te preguntaba si me acompañabas a comprar nuevas cuerdas para mi guitarra antes de ir a tu casa, necesito cambiarlas —explicó por tercera vez, porque las dos anteriores habían sido como si le hablara al aire.

Por su parte, Sasori por fin captó sus palabras.

—Ah, sí, disculpa, estaba distraído —respondió, asintiendo con la cabeza varias veces—. Claro que sí, vamos.

Los dos se encaminaron hacia la estación del metro, subieron al que les correspondía y entonces Sasori notó que del otro lado del andén estaba Matsuri, ella sostenía la mano de su novio mientras le sonreía y parecían estar hablando de algo muy interesante o divertido, pues él también estaba sonriendo, aunque más levemente.

—Ah, mierda —masculló con fastidio, estaba acostumbrado a que todas las chicas que alguna vez le habían interesado, estuvieran también detrás de él, pero esto era nuevo, era molesto, le jodía que ella no le hiciera caso.

Su mejor amigo vio lo mismo que él, honestamente, no podía entender qué le veía Sasori a esa chica, no era fea, pero tampoco era la gran cosa, además, parecía muy feliz con su novio, no era justo para su camarada pasar por eso.

El tren empezó a avanzar y la imagen de la pareja rápidamente quedó atrás, Deidara pensó en decirle algo, pero nada se le ocurría, así que mejor se quedó callado, no quería poner a Sasori de peor humor, ya encontraría algún tema de conversación que lo distrajera más adelante.

Por otro lado, Gaara y Matsuri subieron al tren, aunque a uno diferente de los otros dos chicos, a quienes ni siquiera habían visto, ellos dos estaban en su propio mundo, disfrutando de su relación como si se tratara de una luna de miel.

—¿A dónde me vas a llevar? —preguntó la castaña, quien se acomodó en uno de los asientos vacíos que estaban junto a ellos, a lo que Gaara se sentó a su lado, sin soltarle la mano.

—A una cita —respondió el chico, observando con alegría las mejillas ligeramente sonrojadas de su novia, le gustaba mucho esa expresión, lucía totalmente adorable—. Pero el lugar es una sorpresa.

—¿Esto estaba planeado?

Gaara negó con la cabeza.

—No, pero debemos aprovechar cuando nuestros horarios coinciden, ¿no crees?

—Eso es cierto —dijo Matsuri, recostando su cabeza sobre el hombro de su novio, quien sintió como si su corazón se fuera a desbocar, esos gestos repentinos y dulces que ella realizaba sin avisarle, siempre lo llenaban de calidez, estar junto a Matsuri lo hacía sentir vivo, algo que jamás experimentó con nadie más.

Durante el resto del viaje, ninguno dijo mucho, Gaara no quería arruinar el momento y Matsuri tampoco quería echarse a perder la sorpresa que él había decidido darle de improvisto, lo único que le importaba era que ahora estaban juntos, podía dejar de lado cualquier mal pensamiento que hubiera estado rondando su cabeza los últimos días.

—*—*—*—*—*—*—*—

Las clases de Naruto habían terminado ese día, estaba cansado y no se sentía del todo bien, aunque había mejorado desde aquel día que, honestamente, ahora mismo no deseaba recordar. Por suerte ese día no tenía que trabajar, así que sólo iría a casa a descansar un poco, o eso tenía planeado, pero al ir a través del pasillo se topó de frente con Hinata, quien parecía que tampoco esperaba verlo, ya que abrió bastante sus ojos.

—N-Naruto-kun —la chica inmediatamente miró al suelo, evitar los ojos de Naruto era lo más sensato que podía hacer, sabía que verlo directamente era peligroso—. H-hola, ¿cómo estás?

Naruto se puso serio, era cierto que quería verla, que deseaba hablar con ella y aclarar todo lo que había pasado entre ambos, pero en el momento en que Hinata escondió su mirada de él, se sintió molesto, enojado, estaba cansado de esta situación.

—Bien —respondió secamente, el tono de su voz fue tan indiferente, que Hinata tuvo escalofríos, pero sabía que sería completamente estúpido de su parte preguntarle por qué le hablaba así, ni siquiera tenía el derecho de hacerlo, así que se quedó callada y el rubio continuó—. Tengo que irme a casa, disculpa, Hinata.

—Sí…

Él la pasó de largo, ni siquiera le preguntó cómo estaba ella, estaba harto del actuar de la chica, parecía que era imposible que se decidiera acerca de sus sentimientos; habían estado a punto de hacer el amor, pero Hinata lo evitaba y continuaba siendo novia de aquel riquillo, no tenía caso que él continuara con esos sentimientos absurdos hacia ella, estaba claro que no lo valía.

—¡Naruto-san, hola! —la voz escandalosa y emocionada lo sacó de sus negros pensamientos, levantó la cabeza y se fijó en que Fuu estaba frente a él, haciéndole un gesto de saludo con su mano derecha, mientras sonreía radiantemente—. También Hinata-san, hola —se inclinó un poco para saludar a la ojiperla, quien estaba detrás de ellos dos.

—Oh, Fuu —Naruto le sonrió—. Hola, ¿cómo estás? ¿Ya saliste de clases?

—Hola… —dijo Hinata, un poco sorprendida al darse cuenta de que la actitud de Naruto cambió apenas esa chica apareció. Ella no conocía del todo bien a Fuu, Matsuri las había presentado y algunas veces comían todas juntas, pero no eran especialmente cercanas, así que estaba sorprendida de la familiaridad con la que se trataba con Naruto.

—Sí, ya salí, estaba por ir a comer algo, ¿no tienes que trabajar? —le preguntó a Naruto, no apartaba sus ojos de él, para Hinata fue sumamente evidente el hecho de que esa chica se sentía atraída por el rubio, lo peor es que no le parecía algo raro, porque Naruto era el tipo de chico que podía derretir el corazón de cualquiera.

—No, me iba a casa —respondió Naruto, miró de reojo a Hinata, pero decidió actuar como si ella no estuviera ahí, no quería continuar hundido en ese pantano sin fin—. ¿Quieres que vayamos a comer juntos?

La sonrisa de Fuu se ensanchó aún más, asintiendo fervientemente con la cabeza.

—¡Claro! —exclamó por toda respuesta, entonces miró a Hinata, que estaba por irse—. ¿Hinata-san también viene?

—N-no, yo…

—No —interrumpió Naruto, adelantando sus pasos—. Seguramente tiene que verse con su novio, no la molestemos —completó, empezando a caminar, así que Fuu asintió con la cabeza, se despidió de Hinata con un gesto de mano y se apresuró a alcanzar a Naruto, dejando a solas a la Hyûga, la cual sintió que se quedaba sin aire.

Las lágrimas se asomaron a través de sus ojos, Naruto la odiaba, eso lo daba por sentado y le dolía horriblemente, una vez más, como cuando terminaron, ella lo había decepcionado, todo porque no era capaz de tomar una decisión, al final, no había madurado nada.

—Soy una estúpida… —murmuró, cubriéndose el rostro con ambas manos para tratar de retener las lágrimas, no quería llorar ahí, donde todos la iban a poder ver.

—*—*—*—*—*—*—*—

Sakura e Ino se encontraban juntas en el centro comercial, habían decidido dar un paseo juntas para pasar el rato, ya que pronto empezarían los primeros exámenes importantes del semestre. Habían visitado algunas tiendas y ya tenían varias bolsas en las manos.

—¿Dijo que no vendría? —preguntó Ino, observando a su amiga, quien tenía su celular en la mano y estaba escribiendo un mensaje.

La peli rosa negó con la cabeza, guardándose el teléfono.

—Hinata dijo que no se sentía muy bien, es una lástima —suspiró, había planeado esto precisamente para ella, para ayudarla a distraerse, pero Hinata canceló a última hora su asistencia, ¿habría pasado algo?

—Quizá está enferma, aunque se veía bien hoy en la universidad, pero quién sabe —dijo la rubia, encogiéndose de hombros. Mientras las dos caminaban, ella se dio cuenta de que estaban por entrar a la misma tienda en donde sufrió aquel incidente esa vez, así que se paró en seco—. Oye, no vayamos ahí.

Sakura la miró confusa, parpadeando.

—¿Por qué?

Ino no quería contarle sobre el episodio de acoso que sufrió, le daba bastante vergüenza admitir que se sentía asustada de volver a ver a ese chico, aunque no sabía si estaría ahí o no.

—No me gusta la ropa de ahí, es todo —mintió, aunque no era muy buena fingiendo, Sakura lo notó, pero creyó que no sería bueno preguntar ahora, así que hizo como si todo estuviera bien.

—Bueno, vamos a otra —respondió, sonriendo.

Las dos se alejaron de ese lugar y se adentraron en otra tienda, había muchos accesorios y cosas bonitas, a Sakura le entraron ganas de comprarle algo a su mamá y también para su novio y sus amigas, era bastante buena eligiendo presentes, ya que conocía muy bien los gustos de sus seres queridos.

—Oye, frentona, ¿y Sasuke? No lo vi hoy.

—Hoy no tenía clases, así que fue a ayudar a su mamá con lo de la boda de su hermano —explicó, mientras veía entre un montón de accesorios femeninos, estaba pensando en elegir algo para Matsuri y Hinata.

—Es cierto, nuestro antiguo sensei se va a casar, ¿no deberíamos regalarles algo? —la rubia se llevó una mano al mentón, pero antes de poder pensar en algo, escuchó que sonaba su celular, así que lo sacó de su bolso y miró la pantalla—. Es mi papá, iré a contestar afuera.

—Claro, ve —dijo Sakura, asintiendo con la cabeza.

Ino salió hacia afuera de la tienda, tenía varios días sin hablar con su padre, nuevamente estaba de viaje y cuando eso sucedía, casi no había tiempo para que hablaran por teléfono, estaba acostumbrada, pero no podía evitar que eso la pusiera un poco triste, le gustaría pasar más tiempo con él.

—¿Papá? ¡Hola, te extrañé! —exclamó alegremente, escuchar su voz después de todo ese tiempo la hacía feliz—. ¿Ya vas a volver a casa? —enseguida su sonrisa se borró, la noticia no le pareció nada grata—. Ah… ¿tres semanas más? Creí que volverías mañana… claro, entiendo, que te vaya bien.

Cerró sus ojos y suspiró cuando terminó de hablar, lo presentía, sabía que ese dichoso viaje de negocios se iba a alargar más de la cuenta, siempre pasaba lo mismo. Desde que era pequeña, siempre estaba sola, su papá vivía trabajando y sólo los empleados cuidaban de ella, ya debería estar más que habituada, no entendía por qué a estas alturas eso la ponía tan triste.

De pronto, un escalofrío le recorrió la espalda, sintió como si estuviera siendo observada, miró para todos lados y se dio cuenta que sí, había dos chicos mirándola desde el otro lado del gran pasillo, murmurando sobre ella. Antes no le habría dado importancia a eso, pero en este momento se sentía muy incómoda, era como si hubiera comenzado a asfixiarse, la gente solía hablar sobre ella, los chicos la miraban porque siempre iba arreglada, eso le halagaba, pero ¿por qué sentía temor ahora?

—¡Ino! ¡Ino-cerda! —escuchó la voz de Sakura, que de repente la trajo de vuelta a la realidad, incluso le hizo dar un salto de la impresión cuando sintió su mano sobre el hombro—. ¿Estás bien? —preguntó su amiga, podía sentir que el cuerpo de Ino estaba temblando ligeramente.

—S-sí, estoy bien —respondió Ino, volteando rápidamente hacia donde estaban los chicos, pero ya se habían ido, quizá ni siquiera estaban mirándola en realidad y ella lo había imaginado todo, desde ese día estaba muy inquieta.

Sakura no le creyó, conocía a Ino, algo estaba mal con ella, lo iba a averiguar tarde o temprano.

—Vamos, volvamos adentro, quiero que me ayudes a elegir algo, ¿sí?

—Claro —dijo la rubia, asintiendo con la cabeza y siguiendo a Sakura nuevamente hacia el interior de la tienda, tenía que despejar un poco su mente y calmarse, estaba poniéndose muy paranoica.

—*—*—*—*—*—*—*—

Como esa tarde Tenten había quedado de juntarse con Lee, llegó bastante temprano al lugar acordado, su amigo le pidió que se reunieran en el parque y ahí lo vio cuando llegó, estaba haciendo algunos ejercicios, como siempre. La chica se acercó despreocupadamente, agitando su mano derecha.

—¡Lee! —lo llamó para que éste la viera, pero justo cuando sus pasos la llevaron hasta el chico, que terminaba de hacer unas cuantas lagartijas con una sola mano, se dio cuenta de que ella no era la única que había llegado. Se detuvo de golpe, mirando al dueño de los ojos blancos, quien acababa de detenerse de igual modo—. ¿Qué haces tú aquí?

Neji estaba sorprendido, se suponía que Lee lo había citado para hablar, pero ¿por qué estaba ahí Tenten? ¿Acaso esto era un complot?

—Vine a ver a Lee —contestó, intentando mantenerse estoico.

—YO vine a ver a Lee primero —dijo Tenten, recalcando el "yo" mientras se apuntaba a sí misma con el dedo pulgar—. Así que hazme el favor de irte.

Neji arqueó una ceja.

—¿Perdón?

—Te perdono, ahora vete —respondió ella, molesta, mientras el castaño apretaba los puños, estaba por replicar, cuando de repente los dos vieron como Lee se puso de pie y los miraba a ambos con expresión de pocos amigos, era obvio que ya le estaban colmando la paciencia con sus tontas peleas.

—¿Pueden parar de una vez? —habló, aquel chico que nunca se enojaba, ahora mismo se escuchaba sumamente molesto.

Tenten lo miró con las mejillas abultadas y los labios fruncidos, como un puchero de niña de tres años.

—Pero Lee, es que él…

—Es que nada, ya basta los dos —Lee se cruzó de brazos, en ese momento parecía el único adulto en medio de un par de mocosos malcriados—. Si los dos están aquí es porque yo les pedí a ambos que vinieran.

Al escucharlo, Neji chasqueó la lengua.

—¿Por qué harías algo tan innecesario?

—Exacto —apoyó Tenten, por primera vez en muchísimo tiempo, estaba de acuerdo en algo con Neji—. Sabes que no puedo ver a este ni en pintura.

—¿Este?

Lee cerró sus ojos, esto comenzaba a ser indignante para él, sus amigos eran tan, pero tan orgullosos, que ninguno daba nunca su brazo a torcer, ni siquiera un poquito.

—Los dos son mis amigos y estoy cansado de que siempre tenga que ver a uno a la vez sólo porque los dos se odian, ya superen las cosas, por dios, ¿son niños? —miró a Neji, nunca se había molestado con Neji, pero siempre había una primera vez para todo—. Deja de tenerle rencor a Tenten porque no te quiso escuchar —dijo en tono de regaño, luego pasó de él sin esperar respuesta y se dirigió a la chica—. Y tú, si no vas a escuchar lo que Neji tiene que decir, al menos deja de comportarte como si tuviera lepra, esto es frustrante —con el ceño fruncido, agarró la muleta que siempre usaba para ayudarse a caminar, ya que aún no podía dejarla—. ¿Saben qué? Yo me voy.

Tanto Neji como Tenten tenían la boca abierta, jamás habían visto a Lee tan mosqueado, él no solía regañarlos, ni siquiera levantaba el tono de su voz, siempre estaba alegre y era muy comprensivo, pero estaba claro que lo tenían harto con sus cosas.

—¡N-no, no te vayas! —exclamó Tenten, viendo que Lee se estaba alejando, se apresuró para pararlo y poder hablarle—. No te enojes, Lee, no te hace bien, si tanto insistes yo… —interrumpió su frase para mirar a Neji, quien rápidamente apartó sus ojos de ella, así que suspiró—. Escucharé a Neji…

Una sonrisa se dibujó en los labios del pelinegro, pero esta se borró casi al instante.

—No tengo nada que decirte —habló Neji, tan orgulloso como siempre, no quería ceder, a pesar de que esto era lo que llevaba tanto tiempo deseando que pasara.

—¡Neji! —el regaño de Lee lo hizo reaccionar, así que miró a Tenten y por fin habló, era como si lo estuvieran empujando a un precipicio.

—Lo… lo siento —dijo, se sentía muy avergonzado, pero hasta ahora nunca se disculpó como debía ser, en parte, porque Tenten se negaba a oír cualquier explicación de su parte—. Lamento todo lo que te hice pasar, Tenten, sé que fui un pésimo novio y que hice muchas cosas muy mal, entiendo que me odies, pero me gustaría que podamos superar esa etapa y podamos volver… a ser amigos, o al menos a hablar, es difícil seguir así cuando siempre tenemos que vernos para trabajar juntos y también debe ser difícil para Lee estar en medio de los dos —dejó salir un suspiro, no tenía planeado nada de esto al venir aquí, mataría a Lee después de esto, o le daría un abrazo, todo dependía de la respuesta de Tenten.

Por su parte, al escucharlo decir eso, Tenten se quedó callada, sabía que había mucho más que decir de parte de Neji, pero seguramente no sería tan fácil para alguien como él, aún así, ya había pasado bastante tiempo y era cierto que lo mejor sería superarlo, aunque no estaba segura si ella podría, tenía que intentarlo al menos, ¿no?

—Ya que me lo pidió Lee, podemos tratar… —respondió, no quiso agregar nada más, este no era el mejor momento.

Lee sonrió ampliamente, nunca pensó que enojarse con esos dos sería la solución para que por fin empezaran a enmendar un poco las cosas.

—Ahora dense la mano, vamos, como buenos amigos.

—Oye, eso es demasiado… —se quejó Tenten, sin embargo, vio que Neji estiraba su mano derecha, esperando estrechar la de ella, al principio lo dudó, pero finalmente decidió tomarla.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que sintió el tacto de Neji Hyûga y, tal como lo pensó, continuaba enviando escalofríos a través de todo su cuerpo, los experimentó apenas le dio la mano, a pesar de que fueron sólo unos segundos.

Estúpido Neji.

—¿Contento? —preguntó el chico cuando rompió el contacto, mirando a su mejor amigo, quien asintió con la cabeza inmediatamente.

—Sí, mucho —respondió Lee.

—*—*—*—*—*—*—*—

Gaara no podía dejar de observar a Matsuri mientras ella cantaba alegremente, frente a la gran pantalla de la sala de karaoke. Él sabía lo mucho que a ella le gustaba cantar y había pasado un tiempo desde que la escuchó, por eso, debido a que sus clases habían terminado casi al mismo tiempo aquel día, decidió llevarla para que pasaran el rato juntos; además, era su disculpa por haberse portado como un idiota hace rato.

No podía evitar sentirse celoso, Matsuri era su novia, pero detestaba la idea de que alguien más se fijara en ella, sabía que era algo tonto, que no tenía de qué preocuparse y, aún así, le costaba suprimir esas emociones insanas.

—¡Ah, qué divertido! —exclamó la chica cuando terminó de cantar, acercándose hacia su novio, quien estaba sentado en aquel amplio sofá, mientras comía un poco de los snacks que les habían servido. Ella se sentó junto a Gaara y rápidamente le ofreció el micrófono.

—Sabes que no me gusta cantar, Matsuri —respondió él, negándose de inmediato—. Soy muy malo en ello.

—No eres malo —dijo Matsuri, abultando ligeramente sus mejillas—. Ya te escuché cantar una vez, Gaara-kun.

El pelirrojo chasqueó la lengua, levemente avergonzado.

—Olvida eso —dijo Gaara, tomando a Matsuri por la cintura, para hacerla caer sentada sobre su regazo, su acción sorpresiva provocó que las mejillas de ella se tiñeran de rojo—. No voy a cantar, prefiero hacer otra cosa.

—¿Qué cosa?

—¿No lo imaginas? —murmuró contra los labios de la chica, sonriendo de modo efímero, ahora que ambos estaban a solas, no podía resistir la tentación que era el tenerla a su lado, tenía que aprovechar y apoderarse de sus besos todo lo que pudiera, estaba seguro de que Matsuri pensaba igual, pues no se resistió ni un poco.

Mientras se estaban besando, las manos de Gaara se deslizaron desde la cintura de Matsuri hacia arriba, acariciando su espalda, lo cual la hizo estremecer y soltar un suave quejido contra los labios masculinos, él aprovechó que Matsuri abrió un poco su boca y la invadió con su lengua, sabía que se estaba dejando llevar demasiado en un sitio que no era el correcto, pero las salas eran privadas y ahí solamente estaban los dos. Cuando sintieron que les faltaba el aliento, se separaron sólo un poco, entonces Gaara la recostó contra el sofá y volvió a besarla, sintiendo las manos de ella mientras se sostenían firmemente de su amplia espalda.

—Gaara-kun… —Matsuri suspiró su nombre, estaba agitada y nerviosa, pero muy a gusto, le encantaban esas sesiones de besos atrevidos y caricias dulces.

—¿Mh?

Cuando Matsuri estaba por decir algo, el celular de Gaara empezó a sonar, el ruido repentino los asustó a ambos, quienes se quedaron mirando por un breve instante, como si de pronto se acordaran que no estaban en casa de ninguno de los dos. Gaara se sentó, carraspeando la garganta y sacó su celular del bolsillo del pantalón, le había llegado un mensaje de su grupo de estudio con Shijima y Shira.

Matsuri, con el rostro totalmente rojo, se sentó también, acomodándose la ropa, que había quedado desarreglada gracias a las manos inquietas de su novio. Ella se asomó ligeramente para ver quién los había interrumpido y alcanzó a leer el nombre de esa chica, eso le hizo recordar nuevamente sus palabras del otro día.

—Perdón, Shijima y Shira preguntaban si podemos reunirnos hoy para avanzar nuestro proyecto, aprovechando que salimos temprano, pero les diré que no puedo.

La chica bajó la mirada, odiaba sentirse tan incómoda cada vez que surgía cualquier tema o conversación sobre Shijima, tenía que preguntarle a Gaara, pero le asustaba, después de todo, según lo que ella dijo, ambos tenían un tipo de relación muy diferente a la suya.

—Gaara-kun, si es importante deberías ir…

Gaara arrugó levemente el entrecejo.

—De ningún modo, tenemos mucho tiempo para terminar ese proyecto, prefiero estar aquí contigo.

Matsuri no dijo nada, simplemente lo observó mientras él contestaba el mensaje, negándose a reunirse con sus compañeros de grupo. Cuando Gaara terminó y guardó nuevamente el celular, volteó a verla, podía darse cuenta de que algo pasaba y él, como siempre, no era de andarse con rodeos.

—¿Está todo bien? —preguntó confundido.

La castaña negó con la cabeza; sin embargo, decidió tomar algo de valor y finalmente preguntar.

—Gaara-kun… ¿conoces a Shijima-san desde antes?

La pregunta lo tomó por sorpresa, no se la esperaba y, ciertamente, lo puso un poco nervioso. Nunca vio necesario tocar ese tema con Matsuri, no creía oportuno contarle el tipo de relación que alguna vez tuvo con Shijima y jamás pensó que Matsuri le preguntaría al respecto.

—¿Cómo sabes eso? —interrogó, observando que la expresión de su novia parecía inquietarse un poco, así que se apresuró a responderle—. Eh, ella y yo nos conocimos hace años, durante el tiempo que mi familia y yo nos fuimos de la ciudad, cuando no te recordaba…

—Oh, ¿en serio? —a decir verdad, esa respuesta le parecía suficiente a Matsuri, no quería escuchar lo que ellos dos hacían, sobre todo, porque sabía que jamás podría compararse con una chica como Shijima, fuera de la única vez que había estado con Gaara, era totalmente inexperta y eso la cohibía horriblemente—. El otro día ella me dijo que ustedes eran amigos desde hace tiempo.

—¿Solamente eso te dijo?

La chica asintió con la cabeza, Gaara sintió cierto alivio, no quería ahondar más en el tema, al menos no ahora, le contaría a Matsuri más adelante, no pretendía ocultarle nada, sólo no le parecía prudente en este momento.

—Sí, bueno, tampoco éramos tan cercanos —aclaró, cerrando sus ojos con tranquilidad—. En ese tiempo no me llevaba muy bien con casi nadie, ya sabes cómo era.

—¿Un amargado?

Gaara entrecerró la mirada, así que Matsuri se empezó a reír graciosamente, se sentía más relajada, quizá esa chica le había mentido, era obvio que le gustaba Gaara, tal vez dijo esas cosas solamente para hacerla sentir mal, era mejor que lo olvidara.

—Qué grosera eres —se quejó el pelirrojo, acercándose a su novia para volver a besarla, aunque fue un contacto suave y dulce—. Canta otra cosa, me gusta escuchar tu voz.

—Está bien —respondió Matsuri, esbozando una radiante sonrisa, antes de tomar el micrófono que hace un rato había dejado sobre la mesa de centro que estaba junto a ellos.

—*—*—*—*—*—*—*—

Después de haber comprado las cosas que necesitaban, Sasori y Deidara se dirigieron a la casa del primero, sus amigos debían estar por llegar, así que se apresuraron en acondicionar sus instrumentos para dar inicio al ensayo apenas éstos se presentaran. El rubio estaba poniéndole las cuerdas nuevas a su guitarra, probaba el sonido, mientras iba enrollando la clavija, al tiempo que su amigo se sentaba al otro lado, parecía bastante distraído, sumido en sus pensamientos.

—¿Sigues de malas por lo de esa chica? —preguntó Deidara, soltando un suspiro al ver lo afectado que lucía Sasori, jamás se había puesto así por nadie, en serio tenía que gustarle mucho aquella jovencita.

—Algo así —respondió Sasori, llevándose una mano al mentón—. A decir verdad, hoy pasó algo muy extraño…

—¿El qué?

Sasori lo pensó durante un momento, ¿era buena idea contarle lo sucedido con esa chica tan rara? Bueno, tampoco era como si él hubiese aceptado hacer algo, al contrario, rechazó rotundamente su propuesta.

—Una chica que conocí hoy me pidió que le ayudara a separar a Matsuri y a su novio —comentó, notando la expresión de sorpresa de su mejor amigo, por lo que inmediatamente agregó—. Pero le dije que no, que no me metería en cosas como esas, es un fastidio.

—No es algo que no harías —Deidara se encogió de hombros, era cierto que Sasori no era un santo, ambos lo sabían, pero dudaba que todo este tema valiera la pena como para inmiscuirse de ese modo.

Por su parte, al escucharlo, el pelirrojo frunció el ceño.

—Vamos, no soy tan malo —se quejó, apuntando con su dedo índice al contrario, el cual regresó su vista a las cuerdas de la guitarra—. Al menos a mí nadie me ha devuelto todas mis cosas en una bolsa.

Deidara rodó los ojos.

—Por cierto… —Sasori continuó hablando, sin apartar la mirada de la figura de su amigo, que parecía estarlo ignorando a propósito—. No te lo dije, pero ayer me encontré con la chica, me miró como si yo le hubiese hecho algo terrible, creí que me iba a golpear o algo.

—¿Eso hizo? —el rubio se aclaró la garganta, actuando de modo nervioso, rápidamente decidió cambiar el tema—. No le hagas caso, debe estar resentida conmigo, por eso te miró de ese modo.

—¿Será eso?

El timbre sonó de pronto, interrumpiendo la conversación, así que Sasori, como el anfitrión, se levantó para ir a abrir la puerta, seguramente se trataba de Konan o de Hidan.

—*—*—*—*—*—*—*—

—Esto es un verdadero fastidio… —murmuró Sasuke, mirando con el ceño fruncido hacia donde su hermano mayor y su novia charlaban con su madre. Casi le parecía mejor haber tenido clases en lugar de estar ahí ayudando con esa dichosa boda. No es que le molestara que Itachi fuese a casarse ni nada, es sólo que todo esto era muy aburrido, además, su hermano siempre encontraba el modo de acaparar la atención de sus padres.

Ahora que lo veía tan feliz y comprometido, casi había olvidado lo que hizo hace dos años, ¿o ya eran tres? Bueno, eso no importaba, era bueno que Itachi hubiese abierto los ojos y se alejara de la hermana de uno de sus mejores amigos, habría sido una verdadera pesadilla que ese romance hubiese dado frutos.

—¿Entonces vas a ir este viernes al médico? Tienes que avisarme, me gustaría conocer a mi nieto o nieta —decía una emocionada Mikoto, sosteniendo efusivamente las manos de Izumi. Desde que Itachi se las presentó, ella le parecía una jovencita muy linda y educada, le gustaba para su hijo, además, le alegraba que lo hiciera feliz, que era lo más importante.

—Por supuesto que sí, Mikoto-san —respondió la castaña, que no tenía el mejor de los aspectos, se notaba que estaba un poco triste, no por la boda, ya que le encantaba la idea de casarse con el hombre que amaba, lo que la tenía mal era algo diferente.

—Puedes decirme madre, a fin de cuentas, serás de la familia —dijo la mujer, abrazando a la más joven con total entusiasmo.

Itachi rio, notando que su prometida se sonrojaba un poco ante la confianza que le brindaba su madre, entonces se fijó en su hermano menor, que estaba un poco alejado de ellos, los cuatro estaban en el centro comercial, consiguiendo algunas cosas para la fiesta que estaban planeando. Dejando a las dos mujeres, caminó hasta Sasuke, quien se encontraba distraído, con el teléfono en la mano.

—Lamento que mamá te pidiera venir, está más emocionada que yo por esto.

Sasuke lo miró en silencio, asintiendo con la cabeza al cabo de unos segundos.

—No quiero imaginar cuando llegue mi turno.

—¿Acaso planeas casarte con Sakura? Todavía están jóvenes —bromeó el mayor, a lo que Sasuke se mostró ligeramente avergonzado, aunque ya llevaba años de relación con la chica peli rosa, él siempre era tímido en cuanto a hablar de ello, Sasuke parecía una persona fría, pero no lo era del todo, no con quienes lo conocían realmente.

—Claro que no, idiota —contestó de mala gana—. Es decir, no ahora, estamos estudiando, tenemos muchas cosas que hacer antes, pero… si continuamos estando juntos en el futuro… quién sabe.

Itachi sonrió, apoyando su mano sobre el hombro de su hermano.

—Qué maduro eres para ser el menor, me impresionas.

Sasuke chasqueó la lengua.

—Cállate —masculló, volviendo su vista al teléfono, justamente estaba intercambiando mensajes con Sakura, ahora que lo pensaba, no podía imaginar su futuro con alguien más que no fuese ella, era un poco raro y cursi, pero eso lo hacía sentir feliz y cómodo.

—*—*—*—*—*—*—*—

Sari estaba en casa de Kankuro, él la había invitado a la cena, así que estaba ayudando a la madre de éste a picar algunas verduras, mientras que Temari, a su lado, lavaba otros ingredientes.

—Entonces, ¿cuándo serás la novia de mi hijo? —preguntó graciosamente Karura, a lo que Sari, sin poderlo evitar, se atragantó con su propia saliva debido a la impresión.

Temari empezó a reírse.

—Mamá, déjala en paz —dijo la rubia. Solía detestar a Sari, después de todo lo que les hizo a Gaara y a Matsuri, era apenas normal que no le tuviera ni una gota de confianza, aunque sabía que esa chica había cambiado, que se arrepintió de sus actos y, ya que los principales involucrados le habían concedido su perdón, ella no tenía mucho que opinar al respecto.

—K-Kankuro y yo solamente somos amigos —aclaró Sari, luego de toser escandalosamente después de un rato.

—Oh, ¿en serio? —Karura la miró con la expresión de una niña a la que acababan de quitarle su juguete—. Qué decepción, es una lástima —añadió, suspirando. En eso, el timbre empezó a sonar, así que se limpió las manos con un paño de cocina y miró a sus dos ayudantes—. Iré a ver quién es, los hombres de esta casa ni se mueven —señaló hacia el sofá de la sala, en donde Kankuro y Rasa estaban sentados, viendo un partido de fútbol con bastante entusiasmo.

Cuando Karura las dejó solas, Temari notó que Sari estaba aclarándose la garganta, seguramente tratando de recuperarse de la incomodidad del atragantamiento de hace un rato.

—Sé que dices que solamente son amigos, pero yo no soy tonta —habló, sin dejar lo que estaba haciendo, pero mirando a la menor de reojo—. Es evidente que te gusta mi hermano, ¿qué tienes con mis hermanos? Espero que no te guste también yo —bromeó, pensó que Sari se molestaría, pero ésta solamente se rio.

—No, no me gustan las chicas —respondió la castaña, dejando de lado el cuchillo con el que picaba las verduras, mientras la sonrisa rápidamente se desvanecía de su rostro—. ¿De verdad se me nota tanto? Tu hermano debe ser ciego o idiota, porque parece ser el único que no lo sabe.

—Es idiota —dijo Temari, soltando un suspiro de frustración.

—Es cierto que me gustaba Gaara, o eso pensaba —Sari continuó hablando, captando la atención de la mayor, quien esta vez la observó fijamente—. Pero me di cuenta de que solamente estaba encaprichada debido a la envidia que le tenía a Matsuri, sé que quizá todavía no te caigo bien por todo lo que hice, pero me arrepiento mucho de ello y, la verdad… —sus mejillas enrojecieron, miró a todos lados y se aseguró de que Kankuro seguía distraído con la televisión—. Tu hermano Kankuro sí me gusta de verdad.

Temari dejó salir una pequeña carcajada, tenía que admitir que esa chica era un poco adorable, quizá no comprendía sus circunstancias o sus motivos para hacer lo que hizo, pero podía intentar conocerla un poco más, tal vez de ese modo la entendería algún día.

—Tienes muy mal gusto —dijo la rubia y, como respuesta, Sari también se empezó a reír.

—¡Temari, tu novio está aquí! —escuchó la voz de su madre, así que dejó lo que estaba haciendo, se secó las manos y salió a recibirlo, había olvidado que lo invitó a la cena.

—*—*—*—*—*—*—*—

Después de que terminó su cita, Gaara llevó a Matsuri hasta su departamento, los dos se detuvieron junto al edificio, sosteniéndose las manos, mientras charlaban de lo bien que lo habían pasado.

—Bueno, ya estamos aquí, deberías entrar —dijo Gaara, acomodando un mechón de pelo de Matsuri detrás de su oreja, todavía no dejaba de pensar en los besos y las caricias que ambos compartieron dentro de esa sala de karaoke, aunque era un lugar inapropiado, le había gustado mucho hacer eso.

—Todavía es temprano, ¿por qué no pasas un rato? —ofreció la chica, sus ojos negros brillaban, o eso le pareció ver a él, honestamente, la idea de entrar y compartir un rato más junto a ella no le parecía nada despreciable, así que asintió con la cabeza sin dudarlo, a pesar de que sabía que tenía que llegar a casa a adelantar su parte del proyecto, luego se podría desvelar para terminar eso.

—Claro —respondió, apretando un poco más el agarre de sus manos.

Los dos subieron las escaleras hacia el piso donde estaba el apartamento de Matsuri, ella abrió con su llave y se dio cuenta de que las luces estaban apagadas.

—¿Chicas? —habló, alzando la voz, pero no recibió respuesta, lo cual la sorprendió—. Parece que todavía no han llegado.

—¿No?

Gaara ingresó con cierta duda, si sus amigas no estaban en el departamento, ¿entonces los dos estaban completamente solos? No quería dejarse llevar por ideas equivocadas, pero la tentación de estar a solas con ella era bastante grande, aun así, sabía que no sería capaz de hacer nada que estuviera en contra de los deseos de su novia.

—Seguro vendrán más tarde —Matsuri habló con su tono alegre y risueño, cerrando la puerta detrás de ellos—. ¿Quieres comer algo, Gaara-kun? O podemos ver una película. Tengo una nueva tv en mi habitación.

—Veamos algo que quieras —dijo Gaara, a lo que ella asintió con la cabeza, guiándolo hasta su habitación. Matsuri no lo pensó demasiado, no se había dado cuenta de lo que implicaba llevar a su novio a su cuarto, estando completamente solos. Por su parte, Gaara sí que lo pensó, pero rápidamente desechó esas ideas, que no le parecían de lo más sano del mundo.

Cuando entraron al cuarto, él rio al verlo más rosa e infantil que la última vez, aunque debía admitir que el estante lleno de mangas y el de figuritas de anime desentonaban un poco con el estilo femenino de su novia, ella no se casaba con un solo tipo de personalidad, si la miraban por fuera, sin conocerla, nadie pensaría que era una otaku.

—¿Qué vemos? —Matsuri encendió su televisor, mientras Gaara se sentaba al borde de la cama, ella buscó el servicio de streaming donde tenía suscripción y se puso a mirar el menú, sentándose junto a él—. ¿Tienes alguna sugerencia, Gaara-kun?

El pelirrojo asintió con la cabeza, señalando hacia la pantalla.

—¿Ya viste este? Es el nuevo anime de la temporada, dicen que es sobre idols y ese tipo de cosas.

—Ah, sí, quería verlo —respondió la castaña, presionando el botón de reproducir, entonces sintió que una de las manos de Gaara se deslizaba por detrás de su espalda, hasta llegar a su cintura, de ese modo, la jaló un poco hacia él, justo cuando la primera escena del anime comenzaba a aparecer en la pantalla—. ¿Seguro que puedes quedarte? ¿No tienes que hacer tu proyecto?

—Prefiero estar contigo —dijo Gaara, que sonrió débilmente para mostrarle seguridad, así que Matsuri asintió con la cabeza, abrazándose a él.

Después de eso, centraron su atención en dicha serie de anime.

—*—*—*—*—*—*—*—

Después de un día largo de elegir cosas para la boda, a pesar de que ella e Itachi se habían negado al principio a hacer una gran celebración, ahora los dos regresaban a casa cansados. Mikoto no era una mujer fácil de rechazar, ella estaba tan animada con la fiesta y los detalles de todo eso, que simplemente no podían decirle que no.

—Mi madre es imposible —suspiró Itachi, cerrando la puerta. Pudo ver que su prometida se dejaba caer sobre el sofá de la sala y cerraba los ojos con alivio—. Tenle paciencia, ¿sí? Una vez que pase la boda, te dejará en paz.

—No me molesta tu madre, ella es adorable —aseguró Izumi, mostrando una dulce sonrisa, mientras sus manos se dirigían hacia su vientre, todavía plano—. Desearía que la mía fuera así.

—¿Tus padres siguen molestos? —el azabache se sentó junto a ella, abrazándola. Ambos ya eran adultos, pero los padres de Izumi todavía la trataban como a una niña, decían estar avergonzados y decepcionados de que ella se hubiera embarazado sin casarse, además, cuando apenas empezaba a surgir en el trabajo, ya habían puesto el grito en el cielo al saber que vivía con su novio, pero el embarazo fue la gota que derramó el vaso.

—Dudo que incluso vengan a la boda, aunque si lo hacen, seguro será para mantener las apariencias —contestó Izumi, escondiendo su rostro en el pecho masculino de su amado, quien no dudó en acariciarle el cabello, en un intento por reconfortarla un poco—. Luego esas chismosas de mi trabajo no dejan de hablar, quisiera agarrarles la lengua y ponérselas de bufanda.

Al escucharla decir eso, Itachi no pudo evitar reír, entendía por qué Izumi decía eso, aunque le causaba cierta gracia que, luciendo tan adorable, pudiera decir cosas tan agresivas.

—Estoy seguro de que harías unas estupendas bufandas —bromeó él, alejándose unos cuantos centímetros para poder ver su rostro, acunando sus mejillas entre sus dos manos—. No pierdas tu tiempo escuchando a esa gente, a ellos no les importa nuestra vida, todo lo que importa ahora somos nosotros y nuestro bebé, ¿de acuerdo?

Por un momento, Izumi se mantuvo en silencio, solamente mirándolo, a veces se preguntaba si todo esto era real y no se trataba de un sueño, Itachi era su crush desde donde podía recordar, ahora estaban juntos, iban a casarse y a tener un bebé, era algo hermoso, era cierto que no tenía que preocuparse por lo que opinaran los demás.

—Está bien, cariño, muchas gracias —respondió, antes de que él se acercara para besarla.

—*—*—*—*—*—*—*—

Ino miró la cena que estaba servida sobre la mesa, solamente un plato; vaya, otra vez comía sola, como siempre, como se venía repitiendo desde hace años. A pesar de que su padre le daba todo lo que necesitaba, él nunca estaba en casa, casi nunca lo veía, era como si apenas se acordara de que tenía una hija, Ino nunca se había quejado, estaba acostumbrada, pero eso no significaba que no le doliera.

—Señorita, ¿no le gusta su comida? —le preguntó la cocinera, la cual estaba de pie junto a la mesa, observando que la joven patrona no se acercaba para nada a sentarse, pero no se trataba de eso, en realidad, la rubia estaba perdida en sus pensamientos.

—¿Qué? —Ino finalmente volvió a la realidad con la pregunta—. No, claro que no, se ve delicioso —aseguró, esbozando una amable sonrisa. Se sentó a la mesa con rapidez y empezó a comer—. Realmente sabe exquisito, muchas gracias.

La mujer de mediana edad sonrió satisfecha y, después de hacer una reverencia, se marchó hacia la cocina. La sonrisa en el rostro de Ino desapareció, dejando salir un suspiro, para luego seguir comiendo con menos ánimo.

Durante toda la visita al centro comercial junto a Sakura, no había dejado de sentirse incómoda y observada, como si cada persona que estaba ahí estuviera centrando su atención en ella, aunque sabía que eso no era posible. Realmente quería hablar sobre ello con su padre, que él la hiciera sentir protegida, pero ahora sabía que no sería posible, no al menos hasta dentro de tres semanas.

—Eres un tonto, papá… —murmuró para sí misma, estaba enojada, molesta, pero el ruido de una llamada la distrajo de esas sensaciones, por un segundo creyó que se trataba de su padre, pero no, aunque no le decepcionó ver aquel nombre en la pantalla—. Sai, hola —lo saludó, recuperando su sonrisa radiante, honestamente, si no fuera porque él estaba en su vida, seguiría siendo la solitaria y mimada chica que era antes, cuando estaba en la escuela, donde se encaprichaba con la gente y no descansaba hasta hacerles la vida imposible.

Aunque sintiera miedo o inseguridad, Sai siempre estaba a su lado para brindarle su apoyo, para que ambos crecieran uno al lado del otro. Eso la reconfortaba.

—*—*—*—*—*—*—*—

Mientras Gaara y Matsuri terminaban de ver la serie que tenían puesta, la chica apoyó su cabeza sobre el hombro de él, quien la escuchó sollozar suavemente, así que volteó a mirarla.

—¿Estás llorando? —preguntó divertido, pudo ver que una lágrima recorría la mejilla de su novia, la cual ésta limpió con rapidez.

—El final fue muy triste —respondió la castaña, haciendo un infantil puchero—. Creí que era un bonito anime de idols, ¿por qué se murió la chica? —se quejó, cruzándose de brazos, a lo que Gaara se encogió de hombros con resignación.

—Yo tampoco sé, pensaba lo mismo que tú, pero fue mejor de lo que creía.

—Qué insensible eres, Gaara-kun —Matsuri se quejó, apoyando su dedo índice sobre el pecho de su novio, quien no dejaba de verla con aquella expresión divertida, que para cualquier otra persona pasaría por una cara indiferente, pero no para Matsuri, ella podía notar ese sutil cambio en sus expresiones—. Te burlas de mí, qué malo eres.

—Claro que no —respondió Gaara, limpiándole el rastro de lágrimas que hace rato había recorrido su mejilla—. Solamente pensaba que te ves adorable cuando haces pucheros.

La cara de Matsuri ardió de la vergüenza, ¿por qué Gaara decía cosas como esas en los momentos menos adecuados? Se notaba que le encantaba descolocarla.

—N-no es verdad.

A pesar de que Matsuri lo negara, para Gaara, ella lucía cada día más adorable y bonita, él se encontraba completamente hechizado por aquella chica, no podía imaginar que existiera otro hombre en el mundo que la pudiera ver y querer del modo en que él lo hacía, por eso siempre se sentía celoso de tipos como Sasori, aunque no planeaba contaminar sus pensamientos con ese tipo de cosas ahora. Más bien, decidió apartar toda interrupción mental y simplemente se acercó a su novia para besarla en los labios.

La castaña se sorprendió un poco por la acción completamente repentina de su novio, pero ni siquiera pudo pensar demasiado en ello, cuando quiso darse cuenta, Gaara la había recostado sobre su cama, estaba repartiendo besos suaves y ardientes sobre su cuello y, además, sus manos acariciaban con suma delicadeza las piernas femeninas, subiendo lentamente por sus muslos, hasta encontrarse con sus caderas, que eran tan estrechas como las recordaba.

—Gaara-kun… —Matsuri susurró su nombre, pero estaba tan abrumada por los besos y caricias, que más sonó como un gemido, un quejido de puro placer que estremeció todo el cuerpo de Gaara cuando la escuchó, urgiéndolo a besarla con más pasión que antes.

A pesar de que los dos se sentían nerviosos y, en cierta medida, asustados por cómo iba escalando la situación, también compartían la necesidad de experimentar una cercanía mayor y una entrega mucho más grande. Mientras escuchaban la música de los créditos finales de la serie que estaban viendo, las manos de Gaara se deslizaron suavemente por debajo de la blusa de Matsuri, acariciando su piel suave y tibia, que contrastaba con la frialdad de sus manos y que le provocó temblar a la chica debajo de él.

—Perdón, mis manos están heladas —Gaara rio levemente, separándose de sus labios para mirarla, mientras Matsuri le rodeaba el cuello con ambos brazos, mirándolo con las mejillas rojas y la respiración un poco agitada.

—No importa —respondió ella, sus dedos se enredaban delicadamente entre los cabellos rojizos mientras hablaba—. Me gusta cuando me acaricias de ese modo.

El corazón de Gaara se detuvo por un momento, escuchar a Matsuri decirle eso, definitivamente lo hacía feliz y también lo llenaba de confianza. Había estado dudando bastante de hacer cualquier avance con ella, después de todo, su primera experiencia sexual, aunque fue buena, no tuvo un buen desenlace, podía apostar a que ninguno de los dos se había olvidado de lo que pasó al día siguiente, sobre todo ese horrible accidente que, a veces, todavía le provocaba pesadillas a Gaara, no dudaba que a Matsuri también, pues había sido su vida la que corrió peligro.

—¿De verdad te gusta? —preguntó, sus ojos observaron el propio movimiento de su mano mientras subía hasta perderse por completo bajo la tela de la blusa, en donde alcanzó su pecho, atrapándolo con toda su palma abierta. No perdió detalle de las expresiones de Matsuri al hacer eso, el modo en que ella cerró sus ojos, como si hiciera algo malo, pero al mismo tiempo disfrutara de ello.

—S-sí… —contestó Matsuri, abrió de nuevo sus ojos para mirar a su novio, el color aguamarina de su mirada ahora estaba muy oscuro y no se apartaba de ella ni por un instante. Ella movió sus labios con la intención de hablar, pero Gaara no pudo resistirse a besarla, inclinándose sobre ella, mientras jugaba con la suave y no muy grande montaña femenina.

Matsuri recordó las conversaciones que había tenido con sus amigas acerca de este tipo de situaciones, ellas le dijeron que no podía dejar a su novio hacer todo el trabajo, que ella también debía aportar y participar para que el acto fuera placentero para ambos, así que, con un poco de duda al principio, sus manos pequeñas se rodaron desde los hombros masculinos hasta su torso, mientras continuaban besándose, éstas se deslizaron por los costados de Gaara, provocándole cosquillas, aunque las manos de él estuvieran frías, el resto de su cuerpo era muy cálido, Matsuri lo sintió cuando empezó a tocarlo, metiendo las manos debajo de su camisa.

A Gaara le gustaba sentir como ella lo tocaba, su contacto era tímido y torpe, pero parecía que poco a poco iba aprendiendo a explorar su cuerpo, aventurándose por su espalda, su pecho y su abdomen. Él tampoco se estacionó en un solo sitio, rápidamente dejó sus labios para besarle el cuello, haciendo a un lado la tela de su blusa para abrirse paso a los blancos hombros y las clavículas, en donde también repartió dulces besos. Uno a uno, se deshizo de los botones que le estorbaban para seguirla descubriendo, para verla en su máximo esplendor. Cuando finalmente abrió por completo la prenda y tuvo ante sus ojos el sostén de encaje, Gaara se deleitó ante lo que veía, Matsuri era mucho más hermosa ahora.

—N-no me veas así, es vergonzoso —se quejó la chica, cubriéndose la cara con las dos manos, por lo que él frunció el ceño.

—No te cubras la cara, quiero ver tus ojos —dijo Gaara, que con cuidado la hizo descubrirse el rostro, se sentó sobre la cama y la jaló del brazo para hacerla sentarse también, así pudo sacarle la blusa, dejándola caer a través de sus hombros, en donde fue dejando besos delicados—. Matsuri, me gustas mucho —susurró a su oído, mientras sus dos manos atrapaban los senos de su novia esta vez, la cual no pudo evitar gemir por la sorpresa.

Avergonzada y casi abrumada por las sensaciones, Matsuri aferró sus dos manos a la tela de la camisa de su novio, quien volvió a tomar sus labios desesperadamente. Estaban por volver a caer recostados sobre la cama, con Matsuri quitando los botones de la camisa de Gaara, pero una voz los interrumpió y los sacó de su burbuja perfecta de ensoñación.

—¡Estoy en casa! —era Yukata, ella siempre gritaba para avisar que había llegado, por si alguna de sus amigas estaba ahí antes—. Fuu, Matsuri, ¿están?

Gaara y Matsuri se miraron entre sí, los dos con los ojos bien abiertos, se habían olvidado de que las compañeras de cuarto de Matsuri tenían que llegar en algún momento. Rápidamente, él se bajó de la cama y se empezó a acomodar la ropa, mientras que Matsuri se volvía a poner la blusa y se arreglaba un poco el cabello, aunque era difícil disimular lo que habían estado haciendo, sus caras lo decían todo.

—¡Matsuri, traje sushi! —la puerta de la habitación se abrió de repente, Yukata se quedó en la entrada, observando que ahí estaba el novio de su amiga, parado junto a la ventana, mientras que Matsuri estaba sentada a los pies de la cama, con la cara totalmente roja—. ¿Uh? Tu novio está aquí, perdón si interrumpí algo.

—¡No interrumpes nada! —se apresuró en aclarar Matsuri, haciendo más obvio que Yukata tenía razón en sospechar.

La pelinegra empezó a reírse a carcajadas, notando que el serio y callado novio de su amiga se ponía un poco rojo también.

—Claro, claro, vengan a comer conmigo, y para la próxima me avisas y así llego más tarde —dijo despreocupadamente, riéndose al ver que Matsuri se ponía más roja todavía.

Después de eso, Yukata regresó a la sala, dejándolos a solas por un momento. Ninguno de los dos sabía qué decir, pero fue Gaara quien se atrevió a hablar primero.

—Perdón, no fue un buen momento, yo sólo…

—No pasa nada, Gaara-kun —Matsuri se puso de pie, tomó su mano y le sonrió—. La próxima vez… vamos a planearlo para que nadie nos interrumpa, ahora vamos a comer.

Gaara la miró con sorpresa, ahora entendía que tanto él como Matsuri deseaban lo mismo, los dos querían pertenecerse mutuamente y no había razones para que ninguno sintiera temor de eso. Con ese pensamiento, decidieron unirse a Yukata y comer un poco de sushi.

—*—*—*—*—*—*—*—

Su padre había salido en un viaje de negocios, Neji había ido a ver a su amigo y Hanabi estaba con sus compañeras de la escuela, así que Hinata aprovechó su soledad para ponerse a hacer algo que desde hace mucho no lograba hacer con tranquilidad. Encendió el radio y empezó a bailar, era una forma de liberarse de todas sus frustraciones, de todo lo que la estaba lastimando.

La música sonaba casi como si estuviera dentro de su cabeza, sus pies se despegaban del suelo y volvían a caer suavemente, sus brazos también se estiraban y luego regresaban a su posición inicial con gracia y armonía. Aunque Hinata llevaba tiempo sin entregarse a su pasión, no había perdido ni un poco su talento.

Mientras bailaba, las imágenes no dejaban de repetirse dentro de su cabeza. Hinata recordaba lo sucedido con Naruto, el sabor y la textura de sus besos después de tanto tiempo, las caricias dulces y cuidadosas, tan suaves y amables, tan llenas de dulzura. Naruto la amaba y ella lo había vuelto a decepcionar, una vez más, como hace dos años, él le abrió su corazón y ella se aseguró de hacerlo pedazos con sus inseguridades. Después de pensar en Naruto, el recuerdo de Toneri vino a ella, él siempre había sido amable y sincero desde que se conocieron, aunque se trataba de una relación conveniente para sus familias, Toneri jamás la miró de esa manera, él la quería de verdad.

¿Qué se suponía que debía hacer con todo esto?

Luego estaba el desprecio y la decepción con la que Naruto la había mirado esa tarde, el modo en que simplemente decidió alejarla, harto de su inconstancia, cansado de ser dejado a un lado. Lo vio dentro de su mente, esos ojos vacíos, la sonrisa que había desaparecido y también lo vio yéndose junto a Fuu.

Cuando Hinata recordó eso, se distrajo de su baile y dio un mal paso, su tobillo se dobló y cayó al suelo, dándose un golpe fuerte en las rodillas y las manos.

—Ay… —se quejó de dolor, sus ojos se llenaron de lágrimas, estaba a punto de llorar, ¿qué se suponía que haría si Naruto decidía finalmente olvidarse de ella y fijarse en otra chica? ¿Cómo podría siquiera intentar evitar que eso pasara?

De pronto escuchó el sonido de su celular, se levantó del piso con dificultad, parecía que se había lastimado el tobillo. Apagó la música y contestó, tratando de calmar el tono de su voz.

—Toneri, hola —lo saludó, esbozando una sonrisa suave, a pesar de todo lo que tenía encima ahora mismo, sabía que la culpa no era de su novio, él era una buena persona y la quería, por eso mismo, Hinata necesitaba aclarar las cosas con él y lo haría apenas éste regresara.

—*—*—*—*—*—*—*—

Un nuevo día agotador había llegado, Matsuri tenía clases muy temprano, por lo que apenas había logrado intercambiar un par de mensajes con Gaara, sus horarios no coincidían para nada ese día y eso era un poco decepcionante, aunque al mismo tiempo, la mantenía ansiosa de su próximo encuentro.

En medio de sus clases tuvo que hacer una pausa para ir al baño, había bebido mucha agua y no podía aguantarse hasta el término del periodo, así que pidió permiso a su maestra. La chica buscó en baño más cercano, pero estaba cerrado porque lo estaban aseando, así que tuvo que ir al del otro edificio, iba a ser un poco más tardado, pero no le quedaba de otra. Cuando llegó, rápidamente se escabulló hacia uno de los cubículos y liberó a su pobre vejiga, luego salió para lavarse las manos y vio que Shijima estaba entrando, sorprendiéndola, ya que ésta sonrió cuando la vio.

—Matsuri, hola, ¿qué haces tan lejos de tu facultad? —preguntó la chica, miró de reojo como Matsuri se lavaba las manos, todavía estaba lastimada, pero no parecía nada grave—. ¿Ya no duele tu mano?

—No mucho —contestó Matsuri, secándose las manos rápidamente con algunas toallas de papel que sacó de la pared, no quería estar cerca de esa chica, después de lo que le había dicho acerca de Gaara, no podía evitar sentirse sumamente incómoda a su alrededor, así que se apresuró hacia la puerta, ni siquiera se despidió como normalmente haría, sólo quería irse de ahí cuanto antes, pero las palabras de ella la detuvieron de golpe.

—¿Le preguntaste a Gaara sobre mí?

Matsuri le estaba dando la espalda cuando se quedó de pie junto a la puerta, pero se volteó con una expresión tranquila y amigable, estaba segura de que Shijima quería molestarla, pero no la iba a dejar, ya conocía a las chicas como ella.

—Sí, me contó todo acerca de su amistad —respondió sonriendo, aunque había cierto tono de sarcasmo en su voz—. Gaara-kun no tuvo ningún problema en decírmelo.

Shijima se descolocó por un momento, ¿realmente Gaara le habló acerca del tipo de relación que tenían y a ella no le importaba? Eso era raro, parecía que a Matsuri no le afectaba en lo más mínimo.

—Ya veo, me alegra que Gaara sea sincero contigo —dijo la chica, que no sabía qué otra cosa agregar, así que sólo se dio la vuelta y se metió a uno de los cubículos del baño, sin despedirse tampoco.

A Matsuri no le importó, se encogió de hombros y se marchó de regreso a su clase, no iba a dejar que Shijima la intimidara, después de todo, Gaara era su novio y la quería a ella, además, jamás le ocultaría nada, no como lo había hecho ella con lo del beso de Sasori. Al pensar en eso, detuvo sus pasos en medio del pasillo, soltando un suspiro.

—Debería decírselo, no puedo hacer como si eso no pasó y ocultarlo sólo lo hará peor… —murmuró para sí misma, aunque no tan bajo como hubiera deseado, pues alguien pudo escucharla perfectamente.

—¿Con quién hablas? —la voz de Sasori le dio un pequeño susto, Matsuri se volteó para encontrarse con el mayor, quien iba acompañado de su mejor amigo, Deidara, el cual la miraba de mala gana, aunque Matsuri no recordaba haberle hecho algo como para que ese chico la tuviera en mala estima.

—Sempai… —ella lo saludó, haciendo una reverencia sólo con la cabeza—. Yo sólo estaba hablando sola —rápidamente, hizo el mismo gesto de saludo hacia Deidara, quien la imitó, pero su expresión era como si se estuviera forzando a ser amable—. ¿No estás en tus clases?

—No tengo clases hasta dentro de un rato —respondió Sasori, esbozando una sonrisa amable y seductora, cada vez que hablaba con Matsuri la ponía sin siquiera darse cuenta—. ¿Y tú?

—Ah, yo había ido al baño, tengo que irme o me van a regañar por demorar tanto.

La castaña se dispuso a partir, pero Sasori se apresuró a hablar antes de que ella se alejara —Espera, antes de que te vayas —buscó algo en sus bolsillos, lo hizo rápido para no retrasar a Matsuri—. El fin de semana volveremos a tocar, me gustaría que vinieras —dijo, entregándole un panfleto con una publicidad de su banda—. Prometo que esta vez no habrá sorpresas desagradables.

Matsuri tomó el panfleto con cierta duda, no sabía si sería buena idea que asistiera a ese lugar de nuevo, pero no quería ser grosera, más porque la cara de indignación de Deidara la estaba poniendo muy incómoda, ¿se enojaría más si ella rechazaba la amable invitación?

—Está bien, sempai —aceptó finalmente, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios, gesto que provocó que Sasori también sonriera—. Le diré a mi novio que me acompañe, nos vemos —tan rápido como Matsuri dijo eso, se alejó corriendo, mientras la sonrisa de Sasori se esfumaba como si le hubieran pateado el estómago y Deidara se burlaba de él desde atrás.

—No es gracioso, no te rías, idiota —se quejó el pelirrojo.

—Perdona, es que me da risa, nunca te había visto humillarte de tal manera por una chica —Deidara continuó riéndose, caminando lejos de ahí, mientras que Sasori sólo suspiraba decepcionado.

De pronto se sintió observado y al examinar su alrededor, notó que Shijima, la chica del otro día, lo estaba mirando y sonriendo. Ella le daba muy mala espina, no podía evitarlo, así que sólo se fue, siguiendo a Deidara.

Era preferible mantenerse lo más lejos posible de alguien como ella.

—*—*—*—*—*—*—*—

Hinata estaba llegando tarde a su siguiente clase, como tenía el tobillo lastimado, iba caminando más lento de lo normal, por lo que ese día se había atrasado para todo. Iba atravesando el enorme recibidor para tomar uno de los pasillos que la guiaban hacia su salón correspondiente, cuando desde lejos pudo ver una imagen que le revolvió el estómago. Ahí estaba Naruto, él se encontraba charlando muy animado con la amiga de Matsuri, Fuu, quien también sonreía alegremente. Tenía tiempo de no ver esa expresión en su rostro, últimamente siempre estaba triste y apagado, Hinata sabía que eso era su culpa, pero lo que realmente la llenó de pánico no fue verlos hablar, sino que, de un momento a otro, Fuu abrazó a Naruto con entusiasmo y luego lo miró a los ojos, quedándose los dos en esa posición por un buen rato, como en esas cursis películas románticas que a ella tanto le gustaban.

¿Naruto y Fuu tenían una relación? ¿Era eso?

—No es mi asunto… —se dijo a sí misma, retomando su camino, pero no podía engañarse, estaba asustada, estaba aterrada de que Naruto pudiera olvidarla y se enamorara de alguien más, no sería difícil con una chica como Fuu, tan linda, enérgica y vivaz, todo lo contrario de ella.

Pero entonces, ¿por qué no se atrevía a actuar y a aclarar las cosas con él y con Toneri? ¿Por qué no admitía que la única verdad era que seguía amando a Naruto Uzumaki? Simple, porque seguía teniendo miedo de su padre, a pesar de todo, jamás podría llevarle la contraria.

Sólo era una cobarde.