Capítulo 12: La opción correcta

—Dios, esto es tan aburrido —susurró Sasuke, estaba sentado en medio de una habitación completamente rodeada de paredes blancas y un montón de espejos que reflejaban cada ángulo; una especie de probador gigantesco. Mientras él revisaba su teléfono, a unos metros de él estaban su madre y su hermano, el cual llevaba puesto un traje sumamente elegante, al tiempo que Mikoto lo revisaba y trataba de ajustárselo.

—Mi hijo se ve demasiado guapo, ¿no es así? —le hablaba la mujer a las dos dependientas de la tienda que les estaban ayudando, las cuales se veían sumamente emocionadas y asentían fervientemente con la cabeza.

Sasuke rodó los ojos, cada momento que pasaba ayudando y acompañando a su madre con las cosas de la boda de Itachi, era un verdadero suplicio para él.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó el novio, que había logrado escaparse de las mujeres, ya que éstas estaban entretenidas platicando sobre la última moda de los trajes de los novios. Itachi se acomodó la ropa un poco, a decir verdad, se le hacía muy incómoda.

—Esperando a que este suplicio termine —respondió el menor, que se dio cuenta de que su hermano no se sentía del todo bien con el traje que llevaba puesto, así que frunció el ceño—. Si no te gusta ese, ¿por qué no le dices a mamá? ¿Vas a dejar que organice toda tu boda como a ella se le dé la gana?

Al escucharlo, Itachi no tuvo más remedio que encogerse de hombros.

—No soy bueno con estas cosas, mamá está muy emocionada y está poniendo todo de su parte para ayudarnos a Izumi y a mí, no podría romperle la ilusión.

—Al menos elige el traje que más te acomode —insistió Sasuke, guardándose su teléfono en el bolsillo del pantalón—. Digo, si me tengo que someter a la tortura de ser tu acompañante en esto, mínimo aparenta que lo disfrutas.

El mayor no pudo evitar reír, a pesar de que su hermano decía esas cosas, sabía que en el fondo estaba preocupado por él, era sólo que Sasuke no era el tipo de persona que lo aceptaría tan abiertamente, prefería quedar como el tipo despreocupado y desentendido que aparentaba ser.

—Bien, bien, trataré de ponerle un alto a mamá para que esto se trate más sobre mí y menos sobre ella —dijo, alzando los dos brazos como si se tratara del culpable de un crimen.

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Mientras hacía la limpieza de casa, Sari no dejaba de hablar consigo misma, haciéndose preguntas y respondiéndose, como si tuviera doble personalidad.

—¿Acaso te volviste loca? —se decía, al mismo tiempo que barría el piso de su propia habitación—. ¿Cómo se te ocurrió confesarte en un momento como ese? —dejó caer la escoba y se miró en el espejo, señalándose con el dedo índice—. Así es, estás totalmente demente, deberían encerrarte en un manicomio, mira como hablas sola.

Mientras estaba sumergida en su propio monólogo, como el personaje sobreactuado de una obra de teatro, el sonido del timbre le hizo dar un salto de la impresión, fue tan repentino que le metió un susto.

—¿Eh? ¿Quién puede ser a esta hora? —se preguntó, observando la hora en el pequeño reloj de pared con forma de patito chillón que Matsuri le había regalado para su cumpleaños; su amiga tenía gustos peculiares para hacer presentes, aunque, de todos modos, a ella le gustaba mucho.

Curiosa y un poco extrañada, se dirigió a la puerta. Se estiró un poco para observar a través de la mirilla y sintió que se le salía el corazón por la boca cuando vio a Kankuro ahí parado.

—Rayos, rayos, maldita sea, ¿qué hace aquí? ¿Qué hago? —empezó a dar vueltas por la sala, como un perrito persiguiendo su propia cola. Estaba totalmente perdida, si Kankuro había venido sin siquiera avisar, significaba que, al final, sí que había escuchado lo que ella dijo anoche.

Después de un rato de soltar uno que otro improperio y de revolverse el cabello con desesperación, el timbre sonó una vez más. Podría haberse quedado ahí, actuando como si no hubiera nadie en casa y esperar a que él se fuera, pero sabía que Kankuro probablemente se quedaría en la puerta a esperar, así que no conseguiría nada con alargar las cosas.

—Bueno, ya, vamos a ver qué quiere —tomó una honda bocanada de aire, se arregló un poco el cabello y luego, tratando de actuar casual, abrió la puerta—. Ah, hola —dijo con una normalidad demasiado forzada—. ¿Y eso? ¿Qué haces aquí?

—Sari… —Kankuro estaba mirándola con una seriedad que la perturbó, algo no estaba bien, ¿tan mal había estado su declaración de anoche?

—¿Pasa algo malo? —cuestionó, con los hombros tensos.

El castaño echó una rápida mirada a los alrededores, luego entró a la casa y cerró la puerta —Te llamé esta mañana y no contestaste, estaba preocupado, también tu mamá.

—¿Eh? —Sari ladeó la cabeza, confundida—. Creo que se descargó y olvidé conectarlo nuevamente.

El mayor se llevó una mano a la nuca.

—Tu madre me llamó y dijo que había intentado comunicarse contigo un montón de veces y que no le respondías, estaba casi llorando, ¿cómo puedes ser tan distraída?

—¿Acaso sucedió algo? Mamá normalmente no se comporta de ese modo —sorprendida por la nueva información y, olvidándose de lo que la estaba atormentando hacia un momento, Sari se dirigió hacia su habitación y rápidamente tomó su teléfono de encima de la mesita de noche, para ponerlo a cargar.

Kankuro, que la siguió, pero se quedó junto a la puerta, asintió con la cabeza.

—Parece ser que tu padrastro, es decir, bueno, ese sujeto escapó de la cárcel hace unas semanas.

El cuerpo de Sari se paralizó por completo, sintió como se le helaban los huesos cuando recordó las veces que las pesadas manos de ese hombre dejaron marcas enrojecidas sobre su piel, incluso tuvo que llevarse una mano al brazo derecho, en donde tenía una cicatriz de una cortada que él le hizo con una botella de alcohol rota.

Esta era la peor noticia que podía haber recibido.

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Gaara y Matsuri caminaban juntos por las calles de la ciudad, iban tomados de la mano, ambos se veían felices y sin preocupación alguna, como si se hubieran quitado un enorme peso de encima.

—¿No tienes que trabajar hoy? —preguntó la chica, al mismo tiempo que atravesaban la puerta de cristal de la farmacia, que se abrió de forma automática para dejarlos pasar.

Gaara asintió con la cabeza.

—Hoy tengo turno por la tarde, aún quedan varias horas —explicó—. Aunque no tengo muchas ganas de ir, pero no me queda de otra.

—Deberías excusarse por enfermedad —rio Matsuri, su expresión alegre y risueña no hizo más que hacer sentir a Gaara hipnotizado, embelesado por ella.

—Quisiera, pero no es correcto mentir para saltarse el trabajo.

La chica solamente infló las mejillas, a decir verdad, quería pasar todo el resto del día junto a su novio, pero podía entender que no era posible, así que lo mejor era que dejara de tratar de tentarlo para faltar al trabajo, no quería meterlo en algún problema.

—Bueno, mejor vamos a comprar medicina para curarte —dijo en tono berrinchudo, haciendo reír a Gaara, quien asintió con la cabeza, siguiéndola hacia la sección correspondiente.

Mientras él escogía algunas medicinas que sabía que iba a necesitar, pues no era la primera vez que se peleaba con alguien (y seguro tampoco la última), Matsuri aprovechó para conseguir otras cosas que le pareció útil llevar en ese momento y que le hacían falta, como un nuevo cepillo de dientes y un paquete de toallas femeninas, aunque añadió algo más a sus compras del día.

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Regresar a casa después de haber aclarado por fin las cosas con Naruto, se sentía como volver a una cárcel para Hinata, cuando estaba con él, era como si todo se llenara de luz, pero apenas se alejaban, el miedo y la inseguridad la volvían a invadir, el terror de fallarle a su padre, quien, por cierto, estaba leyendo el periódico en la sala cuando la vio entrar por la puerta.

—Creí que estabas encerrada en tu habitación —dijo el hombre, bajando las manos para que su visión no fuera obstaculizada por el papel—. No avisaste que saldrías, Hinata.

—Tenía algo que hacer —respondió la chica, sosteniéndole la mirada a su padre, eso era algo que muy pocas veces había conseguido hacer con éxito—. Si me disculpa, voy a subir a mi cuarto, padre.

Cuando ella se dispuso a caminar hacia las escaleras, Hiashi volvió a hablar.

—Tienes visitas —dijo, haciendo que su hija se detuviera de golpe, pues podía intuir quién era aquella vista—. Te está esperando en el salón, lleva ya un rato aquí —el tono de su voz se volvió ligeramente agrio, era obvio que ya se había dado cuenta de que Hinata no estaba, por eso la esperaba con esa expresión de pocos amigos.

Hinata apretó los puños, realmente no quería ver a Toneri, no sentía ni un solo ápice de emoción al saber que él estaba esperándola, pero ahora mismo, sabiendo lo que en verdad anhelaba su corazón, se sentía con la valentía suficiente como para terminar con todo esto de una vez.

—Iré enseguida, padre —respondió, esbozando una sonrisa suave y haciendo una educada reverencia a su progenitor, quien solamente la observó con el ceño fruncido. No podía decirlo con certeza, pero apostaba a que algo había sucedido entre esos dos. A él no le convenía para nada que la relación entre su hija y el hijo de los Osotsuki se acabara, tenía pensados un montón de negocios e inversiones con ellos, por lo que, si Hinata realmente estaba haciendo las cosas mal, tendría que reprenderla.

Por su parte, la chica se dirigió a la sala contigua, en donde, efectivamente, Toneri se encontraba observando con demasiado interés el gran cuadro pintado de su madre.

—Te pareces mucho a ella —dijo, adivinando sólo por el sonido de sus pasos que se trataba de ella, ya que todavía continuaba dándole la espalda, pero rápidamente se dio la vuelta para mirarla, sonriéndole—. Hinata, yo quería verte para…

—Quiero que te vayas —lo interrumpió Hinata, sorprendiéndolo al ser tan firme y categórica, normalmente siempre actuaba de forma indecisa, bajaba la cabeza y terminaba por aceptar todo lo que decían los demás.

—¿Qué? —la sonrisa forzada y la expresión ofendida de Toneri se marcaron en su rostro—. Ni siquiera me has dejado hablar, tengo mucho para decir.

Hinata cerró los ojos y se cruzó de brazos.

—No quiero escucharlo —contestó, a pesar de sus palabras duras, su tono de voz continuaba siendo amable y educado, a fin de cuentas, esa era su forma de ser—. Honestamente, no quisiera escuchare nunca más, por favor, vete.

La mueca de sarcasmo se hizo todavía más evidente en el albino, que dio un par de pasos hacia ella —No puedes hacerme esto, sé que anoche reaccioné mal, pero fue todo tu culpa, ¿o esperabas que te felicitara por decirme que te gustaba ese imbécil? —enojado, agarró a Hinata por los antebrazos con demasiada fuerza, pudo ver la expresión de dolor en su rostro, pero ni con eso la soltó—. Aun así, estoy dispuesto a perdonarte, a fin de cuentas, soy tu adorado novio.

—Suéltame… —la chica trataba de liberarse, moviéndose un poco para hacer que él la soltara, pero no tenía la fuerza suficiente—. Toneri, me estás haciendo daño.

—No te voy a soltar hasta que digas que me perdonas.

La chica sólo pudo mirarlo con horror, los ojos de Toneri parecían brillar con malicia, como el villano de un cuento, de esos que sólo existían para oponerse a los protagonistas.

—Ya no eres mi novio, así que déjame, ya no quiero estar contigo.

—Hinata… —casi gruñó su nombre, parecía un lobo hambriento a punto de morder su carne, Hinata podía sentir como los dedos masculinos casi se le clavaban en la piel de los brazos, haciéndole daño.

—Suéltala, imbécil —la voz de Neji se escuchó justo en el momento en que se acercaba y empujaba a Toneri lejos de su prima, la retrocedió unos cuantos pasos en cuanto su primo la jaloneó para abrazarla—. ¿Qué crees que le estabas haciendo?

—Neji nii-san —murmuró Hinata, asustada, pero aliviada a la vez.

Toneri miró a Neji con los ojos crispados de rabia, estaba a nada de ponerse a pelear con él, tal y como lo había hecho anoche con Naruto.

—No te metas en esto, es una conversación de pareja.

—¡No somos pareja! —exclamó Hinata, colmada por la situación tan surreal, estaba cansada de todo esto, de permanecer callada como una tonta, de dejar que todo el mundo le pasara por encima—. Ya te lo dije, no quiero ser más tu novia, así que vete de mi casa o llamaré a la policía.

Apenas Toneri abrió la boca para contestar, Neji se adelantó, señalando hacia la salida.

—Ya la escuchaste, largo —habló de mala gana, esperando que su tío no hubiera escuchado la pelea, justo lo había visto entrar en su despacho antes de venir a la sala, por lo que, con seguridad, estaba aislado de dichos sonidos.

—Esto no se quedará así —Toneri lanzó su amenaza y se marchó dando zancadas, sabía bien donde estaba la puerta, así que cuando una empleada intentó guiarlo, éste la empujó de mala gana, como un mocoso malcriado.

—¿Estás bien? —le preguntó Neji a su prima, dándose cuenta de que ella estaba llorando, pero sus ojos mostraban decisión, eso era algo que no había visto en ella—. ¿Qué fue lo que te hizo ese tipo? Nunca me dio buena espina.

—Es una historia larga —respondió la chica, secándose las lágrimas, esta iba a ser la última vez que lloraría, ya no iba a dejar que nadie le hiciera eso nuevamente—. En parte es mi culpa, pero… el modo en que él se portó… —no pasó mucho para que interrumpiera su frase cuando empezó a sentir el dolor de su piel lastimada, en donde Toneri la había sujetado con toda esa rabia y fuerza, tenía sus dedos marcados en color rojo, era tenue, pero igualmente visible.

Neji, al darse cuenta de lo mismo, frunció el ceño.

—Voy a ir a matarlo —dijo, dándose la vuelta para ir a buscarlo, pero la mano de su prima lo detuvo.

—Déjalo, Neji nii-san, no quiero más peleas, por favor —rogó—. Sólo deja que se vaya, no quiero volver a verlo.

De mala gana, Neji asintió con la cabeza, pero muy en el fondo, no pensaba dejar las cosas así, incluso si debía actuar sin el consentimiento de su prima, ese idiota no se quedaría sin recibir su merecido.

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Después de los acontecimientos de la noche anterior en aquella fiesta, Ino no dejaba de pensar en esa sensación tan pesada que de pronto la había inundado. Había tratado de ignorarlo, pues le parecía que era una tontería, pero era cada vez más fuerte, una especie de terror que la inundaba cuando alguien desconocido se le quedaba mirando fijamente, como pretendiendo acercársele con malas intenciones, como si quisieran algo con ella.

Incluso teniendo a su lado a Sai, no dejaba de molestarle ese sentimiento, porque odiaba la idea de sentirse segura solamente si él estaba a su lado, a veces pensaba que todo esto era debido a que su padre siempre la dejaba sola, que, de algún modo, había desarrollado una especie de dependencia a Sai, que no le gustaba; él era su novio, no su guardaespaldas.

—Ino —la voz de su padre la hizo dar un salto de la impresión, por un segundo, pensó que se lo había imaginado, así que se volteó rápidamente para ver la cara del hombre, quien estaba junto a la puerta con sus maletas en mano, las cuales inmediatamente se llevó el mayordomo de la familia.

—P-papá, no sabía que ibas a regresar, no me avisaste nada —dijo emocionada, levantándose del sofá de la sala para ir a abrazarlo con mucha fuerza, normalmente no era tan efusiva, pero en estos momentos se encontraba en su etapa más vulnerable—. Me alegra que estés aquí —añadió, sonriente.

—Nunca eres tan linda conmigo —bromeó Inoichi, rodeando el cuerpo de su hija con sus brazos, para luego permitirle alejarse—. ¿Has estado bien? No llamé para avisar que vendría porque se trata de un viaje exprés.

—¿Exprés?

La chica miró a su padre con decepción.

—¿Eso quiere decir que no te quedarás mucho tiempo?

Inoichi negó con la cabeza y dejó salir un suspiro, no había mucho que pudiera hacer, tenía que regresar al trabajo, si quería que su única hija siguiera disfrutando de todos sus lujos, esto era lo necesario.

—Lo lamento, prometo tomar unas vacaciones pronto —el hombre alargó la mano y la posó sobre la cabeza de la menor, quien solamente lo observó con ojos apagados, pero tratando de ocultar la tristeza que los invadía.

—Está bien, entiendo, no tienes que preocuparte por mí —respondió, esbozando una falsa sonrisa de alegría.

Si tan sólo pudiera decirle a su padre la falta que le hacía, que necesitaba su apoyo, su presencia en su vida, pero no se atrevía, ella siempre había sido una chica fuerte, independiente, ya era prácticamente una adulta, aunque estuviera estudiando en la universidad, no podía actuar como una niña llorona que necesitaba a su papá a su lado.

No podía, ¿cierto?

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—Vieja decrépita, ¿para qué demonios me llamaste? —cuestionó Sasori, quien había llegado a la casa de su abuela, venía de mal humor como siempre, se notaba que no había pasado una buena noche y que no estaba muy dispuesto a hablar con Chiyo; sin embargo, ella no se intimidaba ante su grosera actitud.

La mujer lo miró con cierta sorpresa al darse cuenta de que su nieto traía el rostro lastimado, era más que evidente que se había peleado con alguien.

—Me dijeron que anoche tuviste problemas con un chico de tu universidad, quería comprobar si era verdad.

El pelirrojo frunció el ceño, durante años su abuela se había desentendido de él, justo en el tiempo cuando él más necesitaba su compresión, cuidados y contención, por eso, odiaba que ahora tratara de comportarse cercana con él, ahora que ya no la necesitaba para nada.

—Seguramente fue el chismoso de Deidara —masculló.

Chiyo soltó un suspiro, su nieto no dejaba de hacer eso, siempre se metía en peleas, discusiones y encontrones con otros chicos, aunque se había calmado un poco desde que entró a la universidad, Sasori todavía guardaba un poco de aquella problemática personalidad que lo había mantenido alejado de las personas durante la mayoría de su adolescencia; y alejado de ella, pues Chiyo pensaba que, como su nieto era casi un delincuente juvenil, lo correcto para él era estar recluido, por eso lo metió en un internado militar, por eso Sasori la odiaba.

—No deberías ponerte a pelear, podrías salir seriamente lastimado.

—No actúes como si te importara, no es asunto tuyo —Sasori se metió las manos a los bolsillos de la campera que llevaba puesta y le dio la espalda a su abuela, cuando empezó a caminar para irse, notó la cajetilla de cigarros encima del mueble que estaba junto a la puerta, así que lo agarró—. Creí que las ancianas enfermas como tú no debían fumar.

—¿Así que te preocupas por tu abuela después de todo?

El más joven solamente chasqueó la lengua, se guardó la caja de cigarrillos en el bolsillo y se marchó dando un portazo. Luego de caminar algunas cuadras, sacó uno de los pequeños rubos alargados de su empaque, lo prendió con ayuda de un encendedor y se apoyó contra una pared para fumar. No era fanático de la nicotina, para nada, pero cuando se sentía estresado o enojado, era lo único que lograba calmarlo.

—Mierda —se quejó, llevándose una mano a la cara, le dolía horrores la mandíbula, en donde Gaara le había dado un fuerte puñetazo, ese mocoso desgraciado se las iba a pagar, así fuera lo último que hiciera.

Recordar el golpe, le hizo pensar también en Matsuri, en su sonrisa, en la inocente mirada de sus ojos. Detestaba la idea de que ella estuviera en una relación con ese idiota, el cual claramente no la merecía, a fin de cuentas, si ella estaba llorando anoche, era por su culpa. No era nada justo, de verdad le gustaba mucho Matsuri, ¿se tenía que conformar con verla al lado de otro hombre? Y fue ahí que se acordó de esa chica, ¿cómo era que se llamaba? Bueno, eso no tenía importancia ahora, pero… ¿quizá debería reconsiderar su propuesta?

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Deidara estornudó mientras estaba leyendo algo en redes sociales, la gente solía decir que, si se estornuda de repente, es porque alguien está hablando de ti, aunque él no creía en esas tonterías.

La noche anterior había sido de locos, Sasori se peleó con el chico ese, el novio de la mocosa que le gustaba, luego hubo otra pelea que acaparó toda la atención, suerte para su amigo, que no pagó los platos rotos de su tontería, pero se le había salido el chisme sin querer con la abuela de él, esa señora era una experta en sacarle la verdad siempre que tenía la oportunidad, y él era un experto en nunca quedarse callado.

—Bueno, no creo que ella le vaya a decir nada —murmuró para sí mismo, refiriéndose a la abuela Chiyo y a Sasori; sin embargo, mientras hablaba y se respondía solo, no dejaba de navegar por los perfiles de sus amigos en su computadora portátil, que estaba sobre el escritorio de su habitación, a un lado de su cama.

Había fotos de su presentación de anoche en el perfil de Konan; también había fotografías de Hidan con dos chicas, en casa de él, los tres ebrios como una cuba, su amigo a veces era bastante repulsivo, pero no es que él fuera mejor.

Deliberadamente, miró la bolsa con las cosas que su ex le había regresado, no había sacado nada de ahí, simplemente la dejó arrumbada a un lado de su cuarto y no volvió a moverla, ni siquiera para limpiar (lo cual hacía muy poco), le daba cólera sólo pensar en lo que ella le dijo cuando se la dio.

Luego recordaba que Konan siempre le decía que contara la verdad y que se aceptara tal y como era, que dejara de mentirle a todos acerca de su verdadero ser, pero él no podía hacer eso, era imposible, preferiría morir antes de reconocer la realidad.

—Hey, esta foto es de hace un año —murmuró, había estado navegando a través del perfil de su mejor amigo, entonces encontró una fotografía en donde salían los dos: estaban abrazados, levantando una lata de cerveza en cada mano, Sasori sonreía y él parecía un poco incómodo mientras miraba de reojo al contrario.

Sonrió bobamente, pensando en lo bien que se veía Sasori cuando se reía de ese modo.

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Después de pasar por la farmacia, la pareja se encontraba en la habitación de Gaara, habían ido a su departamento y rápidamente se perdieron tras la puerta, parecía que Sasuke había salido y Naruto seguramente estaba descansando de sus golpes, o eso esperaban, pues ni siquiera revisaron si seguía en el departamento.

—Déjame ver tu cara —dijo Matsuri, empujando suavemente a su novio para hacerlo sentarse sobre su cama, mientras ella se quedaba de pie frente a él. Con cuidado le hizo levantar el rostro, observando una cortada muy pequeña en su labio, pero se dio cuenta de que a él le dolía cuando lo rozó con su dedo—. Ay, Gaara-kun, mira nada más, tu boca tan bonita está lastimada.

Gaara no pudo evitar hacer una mueca de sonrisa.

—No digas esas cosas, ¿acaso intentas seducirme? Auch —se quejó cuando la chica le aplicó un poco de ungüento para heridas.

—No estoy seduciéndote, Gaara-kun —respondió Matsuri, fingiendo estar ofendida. Bajó la mirada y ahora sus ojos se fijaron en el torso del chico, Gaara llevaba puesta una camiseta roja de mangas largas, a decir verdad, se veía muy apuesto con ella, combinaba con el color de su cabello—. Q-quítate la camiseta —ordenó, mientras sus mejillas se iban poniendo coloradas—. Es para ver el golpe que tienes ahí —aclaró antes de que él dijera cualquier cosa.

Gaara se puso de pie, mirándola fijamente a los ojos y procedió a hacer lo que ella le dijo, se quitó la prenda por arriba de la cabeza y la arrojó a un lado, dejando su torso desnudo. Matsuri tragó saliva, sentía que las piernas le temblaban, cuando despertó esta mañana estaba muy enojada y dolida con él, pero ahora lo tenía de pie frente a ella, sin camiseta.

—¿Dónde te duele? —preguntó, entonces Gaara tomó sus manos y las puso sobre su propio pecho, sin apartar la mirada de ella.

—Aquí.

La cara de Matsuri se puso aún más roja que antes, estaba segura de que era muy notorio para él, ya que no había dejado de verla.

—N-no seas mentiroso, no es aquí —se quejó la chica, abultando las mejillas. Su novio dibujó una pequeña sonrisa en sus labios antes de darse una pequeña vuelta para dejarle ver la zona del costado derecho de su cuerpo, debajo del brazo, en donde Matsuri identificó un gran moretón—. ¡Gaara-kun, eso se ve muy feo! —exclamó sorprendida, haciendo que él levantara un poco el brazo para poder detallarlo mejor.

—Creo que me encajó su zapato —dijo Gaara, ganándose una mirada de regaño de parte de Matsuri—. No me mires así, ya te dije que lo sentía por haberme puesto a pelear.

—No hablemos más de eso —Matsuri suspiró, si volvían a ese tema se enojaría de nuevo y no quería eso, así que mejor se enfocó en aplicarle un poco de ungüento para los hematomas que había comprado, lo hizo muy suavemente, usando sólo las yemas de sus dedos, Gaara podía sentir el cuidado y el cariño con el cual ella lo trataba, haciendo que su pecho se llenara de calidez—. Espero que sane pronto, deberías aplicarte esto por la noche y durante un par de días más.

—Eres una enfermera muy dedicada —Gaara volvió a sentarse cuando ella terminó, jalándola de los brazos para hacerla caer sentada sobre sus piernas, abrazándola.

—Gaara-kun, ¿qué haces? —cuestionó sorprendida, apoyando sus dos manos sobre el pecho masculino, podía percibir la forma de sus músculos y lo suave y firme que era su piel.

Gaara le rodeó la cintura con sus brazos, podía sentir el aroma del perfume de Matsuri, era suave y dulce, sumamente embriagador, no pudo evitar hundir su nariz entre el cuello y hombro de la chica, pegándola un poco más a su cuerpo.

—Te juro que pensé que me ibas a mandar al diablo… —susurró, su voz temblaba ligeramente mientras hablaba, sin poder ver la sorpresa en la expresión de ella—. Estaba muy asustado, sé que hice algo estúpido y creí que ya no querrías verme… —hizo una corta pausa antes de seguir—. No puedo imaginarme estando sin ti, Matsuri.

—Gaara-kun…

Matsuri lo abrazó con fuerza, pero tratando de no pasar a llevar su zona lastimada. Nunca había escuchado a Gaara hablar así, de ese modo en que parecía tan frágil, tan asustado, provocándole el deseo de querer protegerlo.

—Nunca te atrevas a dejarme solo —dijo Gaara, no era una amenaza ni una orden, sino más bien un ruego, una petición que esperaba que ella le concediera.

—Tú tampoco te atrevas —respondió Matsuri.

Los dos rompieron lentamente el abrazo y se miraron a los ojos, entonces, sin decir nada, encajaron sus labios en un beso dulce, lento y embriagador. Gaara subió su mano hasta alcanzar la nuca de Matsuri e inclinó su cabeza hacia un lado, volviendo el beso más intenso, hasta el punto de invadirle la boca con su lengua, acción que ella no rechazó. Sus respiraciones empezaron a agitarse mientras continuaban besándose de forma apasionada, hasta que fue la misma Matsuri quien empujó a Gaara sobre la cama. La espalda de él chocó contra el colchón, llevándose consigo a la chica, quien se separó un poco para mirarlo.

—Te amo —dijo Gaara, besándola una vez más, al mismo tiempo que bajaba sus manos por la espalda femenina, dibujando caricias sobre su cuerpo aún vestido.

—Yo también te amo —contestó Matsuri, en medio del beso. Sus manos tampoco se quedaron quietas, acariciando el pecho de su novio con las palmas abiertas, quería grabarse cada centímetro de su forma, como si fuera una invidente que estaba conociendo a alguien por primera vez.

Sintió que Gaara le mordía el labio inferior y sus manos grandes bajaban hasta posarse sobre su trasero, apretándola contra su cuerpo hasta hacerla sentir aquel bulto duro entre sus piernas, el cual le arrancó un gemido ante el placentero roce. Al escuchar ese sonido, el pelirrojo no aguantó y la besó con más intensidad, comiéndole la boca ansiosamente. Por su parte, Matsuri meció sus caderas sobre él, primero empezó con cierta duda, pero a medida que el cosquilleo iba construyéndose en su bajo vientre, descubrió que era adicta a esa sensación.

—Matsuri, basta… —Gaara se separó de sus labios y le susurró al oído, dejando húmedos y cálidos besos sobre su cuello delicado y pálido—. Si siques haciendo eso no podré aguantar…

La chica lo miró con sus mejillas enrojecidas, había cierta dualidad en el brillo de sus ojos, inocencia mezclada con perversión, mientras su aliento suave y agitado parecía escapar a través de su boca como si ella no pudiera retenerlo por más que quisiera.

—Pero se siente bien, Gaara-kun.

—Mierda —masculló Gaara, la agarró con fuerza por las caderas y se giró sobre ella en la cama, dejándola debajo de su cuerpo—. No digas que no te lo advertí —dijo antes de volver a besarla, repitiendo el movimiento de antes; sus caderas se movían de forma rítmica contra ella, haciendo que sus intimidades se rozaran como si estuvieran haciendo el amor, pero lo mejor de todo era que Matsuri le seguía el ritmo, ella se encontraba igual de excitada y necesitada que él; en este punto, Gaara sabía que ya no había marcha atrás.

Rápidamente se arrodilló sobre la cama, mirando a la preciosa mujer que tenía debajo, la cual estaba hecha un desastre: sus labios hinchados, su pecho subiendo y bajando con rapidez y su cabello desparramado sobre el colchón, ni siquiera necesitó preguntarle para entender que ella deseaba lo mismo que él, por el modo en el cual lo estaba mirando, era más que obvio.

—¿Desde cuándo dejaste de ser tímida e inocente? Parece que quieres comerme con la mirada.

Una sutil sonrisa se dibujó en los labios femeninos al escucharlo decir eso. Haciendo un pequeño esfuerzo, se sentó sobre la cama para poder abrazarlo por el cuello, dejando besos cortos y dulces sobre sus labios.

—No creo que alguna vez haya sido inocente —hablaba entre cada beso—. Al menos no desde que estoy contigo, Gaara-kun —mientras lo besaba, dirigió las manos masculinas para que éstas le abrieran la blusa de botones, la tela delgada y holgada iba cediendo cada vez que Gaara quitaba uno de ellos, hasta dejar al descubierto la piel blanca y cremosa que llevaba tiempo deseando.

—Me alegra saberlo —Gaara le retiró la prenda, descartándola hacia cualquier lado, no se fijó si cayó en el piso o en cualquier otro lugar del cuarto, pues no podía apartar sus ojos de Matsuri; era mucho más hermosa de lo que podía recordar. Le sorprendió cuando se dio cuenta de que ella llevaba puesto un sostén de encaje rojo, se veía sumamente sexy, le daban ganas de arrancarlo de un tirón sin importar que se rompiera, pero estaba seguro de que a ella no le gustaría que arruinara su hermoso conjunto, así que se contuvo con todas sus fuerzas.

Por otro lado, mientras él estaba absorto decidiendo qué acción tomar primero, las manos de Matsuri se aventuraron hacia aquella zona del cuerpo masculino que no dejaba de llamar su atención. Sus dedos abrieron sin esfuerzo la bragueta y el botón, y su mano se deslizó dentro, tomándolo por sorpresa.

—Mgh… —gruñó el pelirrojo, había sido pillado con la guardia baja, no esperaba que Matsuri hiciera tal movimiento, aunque debía admitir que no le desagradaba para nada, le gustaba verla y sentirla tomar la iniciativa—. Esto me está molestando —susurró, al mismo tiempo que soltaba el broche del sostén de su novia, pero sin quitarlo, solamente lo levantó un poco y tomó sus pechos con las dos manos, atrapando los dos botones rosados entre sus dedos, que, para su deleite, estaban endurecidos.

—Gaara-kun… —la chica se mordió el labio inferior, sentía que se derretía ante tal caricia, había deseado por mucho tiempo estar así con él, por eso, se exaltó cuando escuchó pasos—. E-espera…

Gaara estaba besando su cuello, mientras amasaba sus senos, estaba entretenido en su tarea, enfocado en sentir la suavidad y calidez de su piel, en escucharla jadear, así que cuando ella le dijo que esperara, se sintió un poco frustrado, tal vez se estaba apresurando demasiado, así que se detuvo y la miró.

—Lo siento, ¿me excedí? —preguntó con cautela, pero Matsuri rápidamente negó con la cabeza.

—No es eso —respondió, apartando sus manos de él para apuntar hacia la puerta—. Escuché pasos, deben ser Sasuke-san o Naruto-san… ¿podrías ponerle seguro a la puerta? —rápidamente, sus mejillas enrojecieron al darse cuenta de lo que implicaba lo que estaba diciendo—. No quisiera que nos vuelvan a interrumpir.

Gaara se acordó de lo que pasó en el departamento de ella, su amiga entró sin siquiera avisar, podría perfectamente haberlos encontrado en medio del acto. No lo pensó dos veces y se levantó, se dirigió a la puerta de su habitación y le puso el seguro, luego volteó a ver a Matsuri, llevándose una gran sorpresa cuando la vio quitándose el sostén, aunque rápidamente se cubrió los senos con sus brazos, estaba tan avergonzada, pero aun así le estaba entregando su confianza al permanecer semi desnuda frente a él.

—Nadie podrá interrumpir ahora —aseguró, caminando de regreso a la cama mientras se quitaba los pantalones y de paso también los calcetines (los zapatos se habían quedado en la entrada del departamento, como era la costumbre de Japón). Ahora, llevando sólo la ropa interior encima, subió una rodilla a la cama, inclinando su cuerpo sobre el de la joven, mientras la besaba en los labios. Con cuidado, la recostó una vez más, al mismo tiempo que agarraba el borde del pequeño short que Matsuri llevaba puesto y lo jalaba hacia abajo, hasta quitárselo. Sus piernas largas quedaron expuestas para él y la única prenda que la separaba de la desnudez total eran las bragas del mismo color que el sostén del cual ya se habían desecho.

Observarla así, totalmente indefensa ante sus avances, le daba una satisfacción a Gaara que jamás esperó experimentar, al igual que durante su primera vez, Matsuri se estaba dispuesta a entregarse a él, pero esta vez se veía mucho más decidida y menos asustada.

—Eres hermosa… —él se inclinó para besarla, estaba absorto en el momento y en las sensaciones que lo embriagaban, pero un pensamiento le pasó por la mente como un flash, obligándolo a detenerse cuando sintió que los dedos femeninos se enredaban en su cabello—. Oye… —la llamó, separándose apenas unos centímetros, con todo el dolor de su alma—. Matsuri, no podemos seguir —al ver la expresión de confusión de la chica, rápidamente siguió hablando—. No tenemos protección, podría ser peligroso para ti.

—Oh, eso… —los ojos de Matsuri brillaron ligeramente, su mano derecha apuntó entonces hacia la bolsa de la farmacia que estaba tirada en el piso, junto a las ropas de ambos—. Sí tenemos, yo compré… —su cara se puso roja como la luz de un semáforo—. Y-yo, sólo fue por si acaso, no pensé que los usaríamos de inmediato.

Gaara la miró con bastante sorpresa, nunca pensó que Matsuri fuera tan precavida, es decir, ella era cuidadosa con sus cosas y era una brillante estudiante, pero normalmente no hablan sobre temas como estos, ni siquiera a él se le pasó por la mente comprar condones cuando estuvieron en la farmacia, tenía que agradecer que su novia pensara en todo.

—Entonces podemos seguir —dijo con alivio, deslizando su mano derecha a través de la pierna de Matsuri, llegando hasta su rodilla, de ese modo, la obligó a abrirse un poco más para encontrar un espacio más cómodo cerca de ella, en donde sus intimidades volvieron a entrar en contacto, siendo aún protegidas por la tela de su ropa interior.

Matsuri todavía estaba cubriéndose los pechos con una de sus manos, pero a medida que Gaara le daba besos en el cuello y en los hombros, lentamente fue cediendo, hasta dejar caer su brazo sobre el colchón, a lo que él aprovechó para besar y morder los montículos femeninos, procurando dejar las marcas de su paso por ahí, pero también cuidando de no dejarse llevar demasiado, para no lastimarla.

Por su lado, Matsuri volvió a tomar acción, acariciando la espalda de Gaara, bajando las manos por los costados de su torso, en donde pasó a llevar el moratón que a él le había quedado tras la pelea, ya casi le había quitado todo el ungüento mientras se dejaban llevar por su desenfreno, tendría que volver a curarlo cuando terminaran. Después de proporcionarle dulces caricias en la zona de su cuerpo lastimada, mientras Gaara se acercaba para besarla en los labios, ella alcanzó el borde del bóxer de color gris, sus pulgares se doblaron en forma de gancho y empezó a deslizar la prenda, desde donde la dureza masculina emergió completamente imponente.

—Matsuri, mh… —Gaara jadeó cuando sintió los dedos delgados y cálidos envolviendo su miembro, moviéndose lentamente a través de su longitud. Empezaba desde la base, se detenía cerca de la cabeza y luego volvía a bajar, haciéndolo sentir extasiado.

No sabía en qué momento su inocente novia se había convertido en una experta en esto, pero el modo en que Matsuri lo estaba tocando era verdaderamente placentero y bastante delicado, era cuidadosa, pero precisa, haciéndolo sentir encantado. Mientras estaba en ello, Matsuri tomó sus labios en un beso apasionado, se sentía bien saber que lo tenía rendido ante ella, que su amado Gaara gemía sofocado sólo por ella, que incluso estaba tratando de mantenerse firme y soportar su propio peso para no aplastarla, todo porque ella lo estaba volviendo loco.

Como sus amigas le habían aconsejado, una chica que no participaba en el acto y sólo le dejaba el trabajo a su pareja, a la larga, se volvería aburrida, ella no quería ser así, no sólo porque no quería ser aburrida para Gaara, sino porque también quería tomarlo todo para ella, amarlo con cada rincón de su ser y que él la amara de la misma forma.

—Gaara-kun… —lo llamó, hablando contra sus labios, abrió lentamente sus ojos para mirarlo, deteniendo sus caricias por un momento, él tenía sus ojos fijos en ella y podía jurar que estaban tan oscuros como los suyos, cuando normalmente eran claros como el día.

Gaara dibujó una sutil sonrisa burlona en su rostro, mientras le bajaba la última prenda que todavía tenía puesta —Eres toda mía —dijo antes de bajar hasta quedar atrapado entre las piernas femeninas, su lengua rápidamente salió al asalto del hinchado botón rosado de su novia, la cual cerró los ojos, dejando salir un jadeo de sorpresa.

—¡E-espe…! Mgh, Gaara-kun…

Él ignoró sus súplicas para concentrarse en probarla, Matsuri ya estaba muy húmeda, sus pliegues cálidos lo recibieron con anhelo cuando sus dedos se deslizaron a través de su pequeña entrada, ajustándose a su intromisión con cierta resistencia. Su lengua se movía en círculos sobre el clítoris, al mismo tiempo que sus dedos índice y medio entraban y salían de ella con demasiada delicadeza, sondeando el terreno, después de todo, sabía que su chica aún no estaba acostumbrada a tener sexo y era posible que experimentara un poco de dolor e incomodidad, tal como en su primera vez.

—Gaara-kun… —la voz de Matsuri se deshacía en gemidos, sus caderas se movían por sí solas, mientras los músculos de su pelvis se contraían, era casi surreal que después de haberse despedido anoche con enojo, ahora estuvieran haciendo esto, y el hecho de que Gaara supiera exactamente cómo y dónde tocarla, sólo hacía que su excitación subiera hasta las nubes.

No pasó mucho tiempo para que la sensación del clímax la invadiera, obligándola a morderse el labio inferior y cubrirse la boca con una mano para no gritar, en caso de que alguno de los amigos de Gaara estuviera en el departamento. Ella cerró los ojos, arqueando ligeramente su espalda y dejándose arrullar por el placer, sintió que Gaara se alejaba de ella y escuchó un poco de ruido en la habitación, pero no le dio importancia hasta que abrió nuevamente los ojos y se dio cuenta de que él ya se estaba poniendo el condón.

Cuando lo observó haciendo eso, no pudo evitar pensar en lo sexy que era aquella imagen, su longitud totalmente dura, lista para la acción, se preguntaba cómo se sentiría envolverlo con su boca, pero eso lo dejaría para otra ocasión. Gaara se acomodó encima de ella y la miró con una expresión anhelante.

—¿Estás segura de que quieres?

La castaña asintió sin dudarlo un segundo —Sí, Gaara-kun, estoy segura.

Aliviado ante la respuesta, Gaara alineó su miembro contra la entrada de Matsuri, suspirando de satisfacción cuando se dio cuenta de que no fue nada difícil deslizarse dentro de ella. Llevaba tanto tiempo queriendo esto, que prácticamente se sentía en un sueño, el interior de Matsuri era tan cálido como lo recordaba, apretándolo y ajustándose a él de un modo tan exquisito, que incluso ya tenía ganas de correrse, pero no iba a desperdiciar su encuentro con su preciosa novia de ese modo. Apoyando los antebrazos sobre la cama para no aplastarla, se retiró unos cuántos centímetros de ella, sólo para volver a entrar rápidamente, lo más hondo que pudo, escuchándola gemir encantada. Matsuri lo abrazó por el cuello, levantando un poco la parte superior de su cuerpo para poder alcanzar sus labios, mientras jadeaba al sentir el modo en que su carne se abría para él, estirándose hasta el punto de que un ligero escozor la recorrió, pero era un dolor placentero, gustoso, que la hacía sentir bien.

Mientras compartían un beso húmedo, Gaara movió sus caderas nuevamente contra ella, su ritmo se volvió constante, a pesar de que seguía siendo cuidadoso y suave, era certero, se clavaba en ella una y otra vez, rozando sus paredes internas y arrancándole gemidos cada vez más melodiosos. Sentía que le estaba costando mucho trabajo no lanzarse con todo contra ella, sabía que tenía que contener su fuerza, pero era difícil teniendo en cuenta lo mucho que lo estaba disfrutando.

—Matsu… Matsuri… —llamaba constantemente su nombre, con la visión casi nublada por la pasión que lo estaba consumiendo a cada segundo que pasaba—. Matsuri… te amo… —lograba decir entre jadeos, sentía la garganta seca y el cuerpo caluroso, hacía demasiado calor en esa habitación tan pequeña.

—Yo también te amo, mh… Gaara-kun —respondía la chica, dejando besos suaves por todo su rostro. En un momento, Gaara tocó algo dentro de ella que la hizo gemir tan fuerte, que él le tuvo que tapar la boca con una mano.

—Shh, los chicos podrían oír, no sabemos si están… —dijo el pelirrojo, dejando salir una leve sonrisa ante la expresión llorosa de Matsuri, quien continuaba gimiendo a medida que él la embestía más rápido y más duro, sintiendo que el pequeño cuerpo debajo de él se acostumbraba más a su intromisión.

Ella se veía tan hermosa mientras estaba siendo tomada por él, con esas largas piernas alrededor de sus caderas, con los senos rebotando debido a la fuerza con la que sus cuerpos chocaban, aunque intentara mantener un volumen bajo, el sonido sucio que producía su fricción los delataría igualmente, así como el ruido agudo que producía la cama al topar la cabecera contra la pared, por eso a Gaara dejó de importarle que los fueran a oír y dejó de cubrirle la boca, aprovechando que ahora tenía la mano libre para masajear uno de sus pechos. Matsuri no pudo resistirse a besarlo nuevamente, todo su cuerpo estaba en llamas, a punto de explotar, pensó que en cualquier momento encontraría su liberación, pero de pronto Gaara se detuvo y, en un movimiento demasiado rápido como para que ella siquiera se diera cuenta, la dejó encima de él, obligándola a montarlo.

—Gaara-kun, e-esta posición es muy vergonzosa —se quejó—. No sé qué debo hacer.

Él la miró desde su posición, tenía el cabello desarreglado y un poco de su maquillaje de labios se había corrido de tanto besarse, aún con todo eso, le parecía que Matsuri lucía como un ángel en esa posición, justo encima de él, dejándolo entrar a su paraíso.

—Sólo muévete como desees, está bien —respondió, apoyando ambas manos sobre las caderas de la chica, quien, a su propio ritmo, retomó el acto sexual.

En esa posición podía sentirlo llegar mucho más profundo dentro de ella, tanto, que creía que iba a perder la razón, su cuerpo ya no se sentía como suyo, cada zona de su piel se había vuelto sensible al tacto de Gaara, cuando él estiró sus manos para atrapar nuevamente sus senos y cuando empezó a mover las caderas a su encuentro. Matsuri trataba de no gemir en voz alta, pero llegó un momento en donde ya no logró resistirlo, justo cuando abrió los labios para dejar salir el sonido de su orgasmo, Gaara la jaló desde la nuca, haciéndola caer sobre su torso, mientras la besaba desenfrenado. Cuando él sintió que las paredes femeninas presionaban su miembro con fuerza, aumentó la velocidad de sus penetraciones, hasta que por fin se dejó ir dentro de la protección de látex.

Matsuri cayó exhausta a su lado y él salió de su interior para abrazarla, ninguno de los dos lograba respirar con normalidad, esto había sido más intenso de lo que esperaban.

—Te amo, te amo, Gaara-kun —dijo la chica, intentando recuperar el aliento, apoyó su cabeza contra el pecho de su novio y pudo escuchar el sonido acelerado de su corazón, era como música para sus oídos, la música más hermosa de todas.

—Y yo te amo a ti —Gaara le dio un beso en el cuello, hablándole al oído—. Si no tuviera que ir a trabajar, te lo haría durante toda la noche.

La cara de Matsuri se puso totalmente roja, más de lo que podía estar después de todo ese esfuerzo físico, pero no se soltó de él, se sentía tan bien el hecho de estar desnuda entre sus brazos.

—No sabía que fueras tan depravado —se burló, levantando un poco la cabeza para mirarlo, le fascinaba la expresión satisfecha en el rostro de Gaara, su frente sudada, su piel suave y cálida.

—Apenas me estás conociendo —bromeó Gaara, que aprovechó para besarla una vez ella alzó el rostro, era cierto que tenía trabajo, pero todavía quedaban un par de horas y aún tenían varios condones disponibles.

—*—*—*—*—*—*—*—

Naruto y Sasuke se encontraban sentados a la mesa de una fuente de sodas cerca de su edificio, habían ido a beber algo juntos. Resultó que se encontraron en el pasillo del departamento y, cuando entraron, los sonidos que oyeron los alertaron de que sería mejor alejarse todo lo que pudieran de ahí, al menos por un par de horas.

—¿Crees que esos dos ya hayan terminado? —preguntó Naruto, su tono era infantil y un poco risueño, estaba de muy buen humor, tanto, que no le importaba estar adolorido por su pelea. Bebió un poco del zumo de frutas que había pedido y observó la expresión ligeramente exasperada de Sasuke.

—Dales unas horas más, esos dos deben tener mucho que "discutir" —hizo las comillas con los dedos, su tono era un tanto sarcástico, pero no desdeñoso—. Anoche claramente estaban peleados, creo que Gaara se agarró a golpes con el sempai ese.

—¿En serio? —el rubio arqueño las dos cejas en sorpresa—. Con razón, ahora entiendo su actitud de anoche.

—Qué bueno que cerraron la puerta, tuvimos tiempo de escabullirnos.

Naruto soltó una carcajada, a decir verdad, no le molestaba que su amigo estuviera haciendo aquello en el departamento, le daba gusto que las cosas entre él y Matsuri estuvieran tan bien, sólo habría deseado que no fueran tan obvios.

—No le vamos a decir que los escuchamos, ¿verdad?

—¿Y perdernos su cara cuando lo sepa? —Sasuke rio con malicia, ya podía imaginar lo avergonzado que iba a estar Gaara cuando supiera que sus compañeros de piso estaban enterados de su acalorado encuentro con su novia.

—Tienes razón, tendremos material para mucho tiempo —opinó Naruto, soltando una carcajada sonora, la cual delató lo feliz que estaba; era tan obvio para Sasuke, que no tardó en preguntar.

—¿Te reconciliaste con Hinata?

Naruto lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Cómo lo adivinaste?

El azabache, mirando hacia la calle, a la gente que caminaba y los autos que pasaban, respondió mientras se encogía de hombros.

—Eres demasiado predecible.

El rubio frunció el ceño y abultó ligeramente las mejillas, ¿de verdad era tan fácil de leer? ¿O ese era un poder que solamente tenía Sasuke? Bueno, eso no importaba, lo único importante era que él y Hinata habían aclarado todos sus malos entendidos, que ya nada los iba a separar, que se amaban.

—*—*—*—*—*—*—*—

El nuevo inicio de semana llegó en un abrir y cerrar de ojos. Matsuri se sentía animada y llena de energía, después de lo sucedido con Gaara, no podía sentirse de otra manera. Todos sus temores e inseguridades se desvanecieron en tanto él le demostró –con mucho ahínco y muy explícitamente– que la deseaba del mismo modo que ella lo hacía con él, que la veía como toda una mujer, y así se sentía ahora, como una mujer y no como una niña.

—Te ves muy bonita, ¿vas a un desfile de modas? —bromeó Yukata en cuanto la vio salir de su habitación, Matsuri había hecho un pequeño cambio de vestimenta, no era algo demasiado notorio, pero estaba usando ropas mucho más femeninas, menos holgadas y con colores más brillantes. También se había recogido el cabello para que éste no le cubriera el rostro, como estaba un poco largo, lo ató en dos trenzas que nacían desde la parte superior de su cabeza; por último, para complementar, se había puesto un maquillaje muy suave.

—¿Crees que es demasiado? —preguntó, llevándose las manos a la cara, se sentía un poco avergonzada y su rostro estaba rojo, pero rápidamente su amiga negó con la cabeza.

—Para nada, estás hermosa —aseguró, poniéndole las manos sobre los hombros a Matsuri—. Me alegra mucho que decidieras arreglarte un poco más, en serio te queda muy bonito.

Fuu salió del baño con el cabello mojado, secándoselo con una toalla pequeña, mientras las otras dos se la quedaban viendo.

—Matsuri, pero qué linda —dijo la recién llegada, en tanto se quitó la toalla de la cabeza—. A todos se les va a caer la baba en cuanto te vean, en especial a tu novio.

Matsuri se sonrojó levemente una vez más, lo cierto es que esperaba ver la reacción de Gaara, estaba ansiosa por dejarlo con la boca abierta.

—Gracias, chicas —respondió con una sonrisa, adoraba lo lindas que eran esas dos con ella, por algo se habían vuelto tan buenas amigas en tan sólo un año.

Un rato más tarde, Matsuri y las chicas se dirigieron a la universidad, cada una fue hacia su salón, Matsuri sabía que ese día sus horarios y los de Gaara no coincidían hasta la tarde, por lo tanto, solamente lo saludó vía mensaje y le dijo que esperaba verlo más tarde. Guardó su teléfono en su mochila, sin esperar a que él contestara, normalmente Gaara se tardaba un poco en responderle de vuelta los lunes, así que leería más tarde si él decía algo. Mientras caminaba por el pasillo hacia su primera clase, de pronto alguien se paró frente a ella, deteniéndole el paso.

Lo primero que vio fueron los tennis semi deportivos, luego los jeans gastados de color azul y, finalmente, alzó la mirada para encontrarse con los ojos grises, que la miraban con una mezcla de súplica y admiración.

—Matsuri, hoy te ves hermosa —dijo casi sin aliento, pero rápidamente recuperó la compostura—. Yo… ¿podemos hablar un momento? Sé que aún falta un poco para tu clase, a fin de cuentas, soy el ayudante.

La chica frunció el ceño, era cierto, no iba a poder negarse con la excusa de que estaba retrasada.

—Dime rápido lo que deseas decir, sempai.

Avergonzado y sintiéndose como un idiota, Sasori junto las palmas de sus manos en un gesto de súplica, que Matsuri adivinó, se debía a su pelea con Gaara la otra noche.

—Realmente siento lo que ocurrió, sé que me comporté mal, no debí ponerme a pelear con tu novio, y también lamento que te hayamos empujado, ¿no te lastimaste?

Ella negó rápidamente con la cabeza, a decir verdad, en el momento sí que le dolió el empujón, pero no pasó a mayores y no sentía ninguna molestia ahora.

—Me alegra, de verdad —el mayor suspiró aliviado, clavando su mirada sobre ella, de modo que Matsuri no pudiera evitar sus ojos—. Matsuri, lo que dije esa vez realmente lo siento, me gustas, no tienes idea de cuánto, y ya sé que me vas a decir que tienes novio, pero no puedo evitarlo.

En otro momento, tal vez Matsuri se habría puesto sumamente nerviosa y no habría sabido qué decir, pero ahora mismo, después de todo lo que había pasado, ya no le daba miedo decir las cosas tal cual las sentía, sabía que lo mejor era ser honesta, antes de que fuera tarde.

—En verdad lo lamento, sempai —dijo, sin desviar la mirada ni un instante—. Me halaga mucho que me digas eso, pero yo sólo te veo como un amigo, estoy muy enamorada de Gaara-kun, los dos estamos muy bien, así que espero que puedas entenderlo.

Sasori sintió como si le hubieran agarrado el corazón y se lo estrujaran con fuerza con una mano, como si se lo hicieran añicos; nunca había sido rechazado antes, y dos veces por la misma persona, esto era demasiado para alguien tan orgulloso como él, pero, por supuesto, no pensaba dejarlo ver.

—Entiendo bien, y me alegro por ti, me alegra que sean felices —aseguró, esbozando una sonrisa amable, pero fingida, tan fingida, que se tuvo que morder el interior de la mejilla para mantenerla—. Espero que podamos seguir siendo amigos, Matsuri.

—Sí, por supuesto —Matsuri correspondió a su sonrisa y asintió con la cabeza, le daba mucho gusto poder aclarar las cosas con él, podrían seguir siendo amigos y todo regresaría a la normalidad—. Debemos ir a la clase —dijo, pasando de largo al más alto, quien se quedó de pie ahí, sin moverse.

De pronto, una sonrisa ligeramente perversa se le dibujó en los labios. Muy bien, Matsuri sólo lo quería como un amigo, era obvio que estaba cegada por sus sentimientos hacia Gaara, pero él se iba a encargar de cambiar eso, a fin de cuentas, una buena obra de arte toma su tiempo en ser perfeccionada, y como buena obra de arte infravalorada, Matsuri se daría cuenta de que él era la opción correcta.

A fin de cuentas, Gaara tarde o temprano la decepcionaría.