Capítulo 28: No soy lo que parezco
Cuando la noche cayó cada uno de los viajeros estaba inmerso en sus asuntos. Ninguno dijo o mencionó algo después de lo ocurrido en la mañana, aunque en realidad no es como si pudieran cuestionar la voluntad del daiyokai, sin embargo la única persona que no dudaría en encarar al peliplateado tampoco dijo nada. El día había pasado con la ninfa explicando a los yokais la verdad sobre su relación con tenseiga.
No muy lejos de allí el Lord bestia vigilaba el área. Caminando a su ritmo trataba de descifrar el engaño en el que cayó en el castillo de Ryu. Le parecía inaudito que se hubiera esfumado como si nada y que un demonio inu como él no pudiera rastrearlo.
Una mirada severa y fulminante se mantuvo en su semblante todo el tiempo que camino hasta que de pronto algo había caído de entre su ropa. Era el papel que le había entregado la ninfa como despedida.
Pasaron unos segundos y este lo levantó, observaba el pedazo de papel plegado con minucia pero sin abrirlo. Contemplarlo así le hacía preguntarse nuevamente porqué estaba haciendo eso.
Él no tenía nada que hacer en Aomori, el camino que había seguido con la mujer se había dividido indiscutiblemente en el momento que no encontraron al dragón en su palacio. Ella ya no podía seguir postergando su ida, hallar al yokai en la isla era su única pista, sin eso no podía seguir buscando porque sus poderes se habían vuelto casi inservibles ya que no podía sentir la gema. Ya todo estaba dicho.
Pero entonces ella había actuado de esa manera tan particular que, de una forma incomprensible, había perturbado la mente y algo más en el daiyokai.
Más segundos pasaron y de pronto el sonido del papel desdoblándose hacía eco en el viento. Al extenderlo completamente ninguna línea de marcación quedó en él, como si nunca hubiera sido doblado.
La pintura ante sus ojos era, por decirlo menos, deslumbrante. El paisaje se orientaba durante las horas del amanecer, el cielo aún era oscuro aunque en ciertas partes de la pintura había un degradado que esclarecia. Las tonalidades azules y verdes predominaban en el papel, pues se había pintado un campo en el bosque.
Si se observaba con detenimiento podía notarse que, entre las plantas, un camino y muro rocoso conducía a una pequeña gruta. En el camino una figura lejana y pequeña asemejaba a una persona, su mano sostenía una cesta con lo que parecían flores, aunque no podía identificarse el tipo. Quiso entonces el yokai saber qué tipo de plantas era, por lo que miró con cuidado el paisaje buscando una pista, pues si bien el campo tenía pintas de colores esparcidas en algunos lados, lo que simulaban las flores del lugar, ninguna era clara respecto a su especie.
Entonces lo vio en una pequeña esquina donde se apreciaba parte de la vestimenta de alguien que no estaba retratado del todo en el cuadro, solo parte de su prenda. Era una hortensia.
En la esquina inferior derecha, grabado en caracteres antiguos y con una elegante caligrafía se ponía: Aún de lo efímero su esencia permanece.
"Hn" un leve sonido salió de sus labios y casi podría decirse que con complacencia. La mirada aguda que tenía el yokai se suavizó ligeramente.
Aunque no lo diría en voz alta, la pintura era de su total agrado. Más allá de la maestría en el arte y técnica, el lenguaje sutil pero directo que usaba fue lo que más llamó su atención.
-Así que, usaste el lenguaje de las flores.-
Si bien Sesshomaru era un hombre dedicado al combate, aquello no le eximió de adquirir dotes de educación, por lo que entendió rápidamente el mensaje de la diosa.
Lo supo en cuanto reconoció la flor. Gratitud, eso es lo que simboliza la hortensia.
"Las flores tienden a marchitarse, las pinturas duran mucho más, especialmente en ese papel."
La voz desde atrás de la ninfa no sorprendió al yokai, aunque si percibió tarde su presencia al estar centrado en la pintura.
"Es papel de preservación, mantiene intacto su contenido incluso del tiempo."
Korihana no tenía idea que el regreso a su era no ocurriría. Ella creyó que no volvería a ver al daiyokai, y sabía bien que no lo olvidaría.
-Supongo que también quise ser recordada-
"Mientras lo pintaba era más consciente de que mi tiempo aquí había llegado a su fin. Supongo que antes de eso no me había detenido a reflexionar en ello." un ligero soplido salió de ella " Las cosas no salieron como las planeé, pero fue una experiencia significativa."
"Y aunque en contra de tu voluntad, tu ayuda fue invaluable, por eso la gardenia. Tarde o temprano me iré, pero mi agradecimiento hacia tí será infinito."
La verdad no puede ocultarse, desde que sus caminos se unieron en sus viajes, en cada paso, el daiyokai la guardó.
En su mente, ella caminaba sobre los recuerdos hechos en los bosques, las cuevas; las charlas y peleas; la cercanía entre ambos que había crecido entre la rivalidad e indiferencia, y así lo plantó en su pintura.
Se retrató en un campo sosteniendo gardenias en dirección a una persona que si bien no se vislumbraba, la túnica blanca con detalles rojos era inconfundible.
"Aquí tienes."
La ninfa rodeó al yokai quien seguía de espaldas a ella, como si cada palabra dicha hubiera sido insignificante. Al estar de frente, extendió una prenda delicadamente doblada por sobre la altura desde donde el peliplateado sostenía el lienzo la dama invernal.
El ceño del inuyokai se frunció ligeramente mientras sus ojos sagaces brillaban con destello de forma intimidante.
"No recuerdo del todo bien, pero por un momento cuando mi cuerpo helaba, se sintió cálido"
El destello cristalino de los ojos de la ninfa bordeados por sus espesas pestañas oscuras suavizó la luz dorada de la mirada salvaje del yokai.
*Flash-back*
El daiyokai detestaba relacionarse con otros especialmente con aquellos que fueran débiles e inútiles, a su parecer solo eran estorbos que molestaban su presencia. Pero en el caso de la ninfa, lo que le perturbaba es que no podía ignorar su fragilidad.
Ya había hecho por ella más de lo que debía.
Compasión pensó, fue ese accionar al que en ocasiones había accedido, en su camino por dominar a tenseiga. Lo había hecho con Jaken, Kohaku, la mujer poseída que dijo admirarlo, Kagura, la niña que fue devorada por lobos, incluso con su medio hermano. Pero todas esas veces lo hizo así por que quiso.
Se encontraba en un punto en no saber si su ayuda era direccionada por el vínculo que unía a su espada con la ninfa o por el llamado incomprensible que sentía en su interior cuando ella peligraba, y se había convertido últimamente en una lucha perdida por ignorarla.
Por eso cuando escuchó el tiriteo de sus dientes volteó nuevamente a ella con su mano sujetando su mejilla.
Sus ojos ámbar recorrieron todos los espacios de su piel que estaban azules o enrojecidos. Como era obvio, la delgada tela no sería suficiente para generar calor a la ninfa.
Quitó la mano que sostenía el rostro de la mujer y con la otra comprobó su temperatura.
-Está tibia-
Enojo e ira lo envolvieron cuando fue claro lo que requería la ninfa.
Jamás habría imaginado que haría eso por alguien. Pero esta mujer había arriesgado su seguridad por ayudarlo. Su honor no le permitía no devolverle el favor.
Quitó la tela que cubría el cuerpo semidesnudo de la mujer y y sentándola sobre su regazo la acomodó contra su torso descubierto, de tal forma que su cabeza reposaba en su hombro. Luego la volvió a cubrir.
Un suspiro contenido escapó de los labios violetas de la dama invernal. Conforme pasaban los minutos el tiritar de sus dientes se detuvo.
En la profundidad de la cueva sólo podía oírse el violento caer del agua sobre el suelo y la vestica sonora que arrancaba ramas. Sin embargo, para los oídos del yokai lo único que resonaba era la suave sinfonía de latidos que golpeaban contra su pecho y suspiros que cosquilleaban en su cuello.
La personalidad del lord del Oeste era muy estoica, no había mucho que el no odiara. Incluso convivir con otros demonios era detestable para él. Muchas yokais intentaban sus mejores artimañas para hacer caer al poderoso demonio inu, pero ni aquellas consideradas bellezas entre bellezas lograban atraer siquiera una mínima mirada de soslayo de su parte.
Si otros hubiesen contemplado la escena de esa noche, habrían saltado sobre la dama invernal para arrancarle la piel a tirones.
Desde la perspectiva yokai, la ninfa no parecía alguien cuyo atractivo inquietara a las demonios, pero estaba en una situación, aunque inconsciente, que más de una hubiese soñado jamás.
Ordinararia, la había descrito una vez el demonio perro, pero ahora que era más consciente de su figura, podía decir que aunque su piel estaba fría, su mano, que la sujetaba por la cintura sentía suavidad y calidez.
Su pecho, que no era voluptuoso, se apretaba suavemente a su torso mientras subía y bajaba con cada respirar.
Sí, la ninfa no era nada llamativa, como decía el yokai, pero logró despertar una sensación en él al punto de hacer que su agarre sobre ella se apretara.
-Es solo la bestia que la ha marcado como su presa- se justificó
Pronto giró su cabeza para tratar de evitar seguir aspirando el aroma de la mujer.
Para los inuyokais el olfatear a su presa es una forma de jugar con ellas antes del ataque y solo incentiva su instinto asesino. Debía apartarla pronto.
Pero no pudo, los brazos de la dama invernal se colgaron a su cuello y con voz adormilada le susurró.
"por favor solo un poco más. Eres tan cálido"
La cabeza de la ninfa cayó de lado vencida nuevamente por el sueño y sin fuerzas, uno de sus brazos también aflojaba su agarre, pero este fue sujetado por Sesshomaru antes de que cayera y lo acomodó tal como estaba antes.
El daiyokai miró de nuevo el rostro rojo de fiebre de la mujer, se fijó con mayor cuidado en la curvatura de sus cejas y en como sus tupídas pestañas parecían suaves alfombras bajo sus ojos. Ahora que la miraba con detenimiento notó que su labio inferior era un poco regordete. Se cuestionaba el porqué estaba interesado en algo que realmente nunca le había importado. Había vistos cientos de rostros "sobresalientes", uno más aburrido que otro, incapaces de llamar su atención. Pero ahora un pensamiento que difícilmente aceptaría volvió a escaparse.
-Bonita-
*Fin de Flash-back*
Sesshomaru miró la prenda y luego a la ninfa, se dio cuenta de que la había lavado, pero lo que sea que ella usase para limpiar el yukata prestado no quitaría su aroma, por lo menos no muy pronto.
"No lo necesito"
Korihana notó la mirada rápida que había dado el yokai a la prenda. Ella pensó que lo rechazaba porque no se pondría algo que huela a celestial y ensucie su aroma con el suyo.
A la ninfa le molestó que el demonio continuará con sus prejuicios, pero por otra parte pensó que quizás para su sensible olfato, su olor debe ser realmente insoportable.
"Bien se lo daré a Jaken"
"Respecto a Aomori no hace falta que..."
"Hiciste una tontería y ahora tengo una deuda contigo" interrumpió abruptamente el yokai "Te compañaré allí, luego sigue el camino que decidas, volver a tu era o seguirme al lugar donde está Ryu" dijo indiferente.
Ria había olvidado por completo el asunto del yokai dragón, y ahora estaba sorprendida por las palabras del inuyokai.
Se suponía que le habían perdido la pista, ¿acaso se perdió de tanto mientras estaba enferma?
"¿Cómo encontraste su rastro?" preguntó ella.
"He pensado en lo que dijo Totosai. No hay lugar en este mundo donde un poder como esa gema pueda esconderse. Es imposible que yo no pueda sentirlo, aún si Ryu logra disfrazar su olor el poder de la gema no es algo que pueda ocultarse.
Pero dijiste que puede hacerlo si halla otra energía que sea poderosa. Ryu no tiene ese tipo de energía. Pero sé de alguien que sí."
"¿Entonces por qué no lo dijiste antes?"
"Porque no existe. No aquí"
"No lo entiendo" el rostro de la ninfa era un mar de dudas, no estaba comprendiendo nada de lo que decía el demonio perro.
"Ese infeliz ha usado el poder que yace en la tumba de mi padre para esconder la gema. Y es ahí donde seguramente él también está, en la frontera del inframundo."
Sesshomaru llevaba pensando en eso desde que Totosai se había ido, en este mundo no hay nada que el no pueda localizar, pero si lo que buscaba no estaba en este mundo, todo cobraba mayor sentido.
La idea de que el dragón estuviera en el lugar donde descansan los restos de su padre era más lógico si pensaba qñen que la razón de su encuentro con la ninfa se debiera a que ella presintiendo que la energía que escondía la gema era parecida a la suya. Por eso en algún momento el creyó que Inuyasha podría tener la joya ya que seria el único cuyo poder demoníaco podría parecerse, pero olvidaba a su padre. o por lo menos lo que quedaba de él en su sepulcro.
"Tu padre" susurró estupefacta Korihana.
"Entonces por esa razón la primera vez que luché contigo creí que tú la habías tomado. Era porque tu energía se parecía a la de tu padre."
"¿Cómo puede ser que su energía siga latente después de tantos siglos?"
"Hay muchas cosas que no comprenderías de un daiyokai."
Dando la vuelta para ir en otra dirección, Sesshomaru vuelve a hablarme antes de perderse entre los árboles.
"Pronto amanecerá. Si decides rendirte entonces abandona el campamento de una vez. Si continuas detrás de la gema te veré en el camino divido hacia Aomori."
Con una luz destellante el peliplateado desapareció ante ella, pero la ninfa no le dio importancia, pronto ella también hizo su camino de vuelta al campamento, tenía que cambiarse y prepararlo todo para ir al poblado donde encontraría el poder espiritual que necesitaba para seguir con el viaje.
Nonai, era un pequeño pueblo en crecimiento. Las vistas que ofrecía del mar eran embelesantes, y por el ruido que se escuchaba desde los caminos exteriores parecía muy animado. Todo resultaba muy nuevo para los viajeros, pues en su primera ruta hacia Hakodate tomaron el camino occidental de Oma, mientras que Nonai estaba al este por lo que el grupo tuvo que bordear la costa para llegar más rápido, obviamente evitando todo camino y poblado humano. Las razones, por su puesto eran variadas, quizás la más importante radicaba en la molestia que representaba al daiyokai la presencia de poblados humanos en su paso, y claro, también estaba el evitar retrasos por parte de la ex divinidad, ya que su caridad ya les había valido problemas antes.
El clima en la región era agradable, para cuando volvieron a aquella zona estaba por comenzar septiembre. El tiempo había volado más rápido de lo que la ninfa hubiera esperado.
No fue fácil para el grupo dar con el lugar exacto donde estaría la estatua mencionada por el anciano herrero. Para empezar la descripción tan vaga sobre el "pueblo pescador" no ayudó mucho. La región de Aomori era muy extensa y cubría gran parte de la costa norte. La cantidad de pueblos pescadores en aquel lugar no era algo que pudiese contarse con los dedos, y por otro parte, era complicado preguntar en las aldeas humanas que encontraban, es decir, si se acercaban como si nada a ellos sería muy normal que los recibieran los sacerdotes de los poblados.
Afortunadamente, Ria conservaba los pergaminos cambiaformas que había hecho para Shimo, Fubuki y Jaken cuando asistieron al festival del Tanabata, el poder del encantamiento aún era fuerte por lo que el hechizo contenido todavía era útil. De esta manera el diablillo disfrazado de anciano y los kamaitachis convertidos en niños podían pasar desapercibidos preguntando sobre la estatua.
*Flash-back*
"En aquella ocasión te molestaste mucho por tener que ir al festival usando mi pergamino, pero como ves ahora es muy útil" comentó divertida la ninfa a Jaken, mientras arreglaba el haori de Fubuki quien era lucía como un adorable pequeño de no más de 6 años.
"¡Cállate muchacha!" respondió furioso que ahora humano diablillo. "todavía encuentro insoportable la idea de verme como un decrépito humano. Al menos hubieras escrito en ese papel que mi apariencia era más joven" refunfuñó.
"Eso es imposible renacuajo, con tu estatura solo podrías ser un niño o un anciano encorbado, y por lo menos tu apariencia de anciano justifica un poco tu cara. Si hubieses sido un niño, darías mucho miedo, o pena" dijo entre risas Shimo mientras corría evitando el bastón de su "abuelo" humano.
"Mocoso malcriado, me las pagarás" gritaba el pequeño yokai, iniciando así otro rutinaria pelea. Sin embargo eso mantenía animado el viaje del grupo, o por lo menos para la dama invernal.
"Shimo se pasó un poco con su comentario, Jaken" trató de apaciguarlo Fubuki " pero debes reconocer que tiene razón" dijo rascando su cabeza con un poco de humor antes de echar a correr tras su hermano siguiendo el camino de tierra que los guiaría al poblado más cercano.
"Espera que los alcance, les daré una tunda que desearán que no sea su abuelo" fue lo último que escuchó el par de amos antes de verlos desaparecer en el horizonte.
"Ruidosos" murmuró el daiyokai mientras avanzaba por el bosque en dirección paralela a los kamaitachis.
Korihana lo siguió llevando las riendas de Ah-Un.
"Son niños, no puedes esperar que estén callados"
"Jaken por si solo era difícil de callar, esto (dijo refiriéndose a la llegada de los kamaitachis) no era necesario"
"No lo digas cuando él esté cerca, podría llorar si escucha eso de su amo" comentó divertida conteniendo una risilla.
"No deberías molestarte, en este momento ellos están siendo más útiles que tú y yo"
"Cuida lo que dices" su tono era serio pero sin duda notó la irritación la voz del yokai. Sin duda no le pareció nada divertido que insinuaraque era inútil.
"No me atrevería a insultarte" replicó ella con sorna y fingida seriedad.
Su apariencia fría y temeraria no es algo que cualquiera tomara con humor, al contrario, nadie entendería como la mujer no se intimidada ante su sola presencia.
Para una ninfa que había tratado con seres de posición tan superior como el daiyokai, lidiar con uno más no sería un gran reto, aunque claro, no podía sobrepasar ciertos límites. Sin embargo, Korihana había desarrollado una confianza tal en Sesshomaru que podría afirmar sin dudar que no la dañaría.
El solo reconocimiento de esto dejó impávida a la ex diosa. ¿Cuándo había empezado a sentirse tan cómoda a su alrededor?
Era cierto que confiaba en la palabra de Sesshomaru, sabía que era un yokai de honor y tantas veces había cumplido a tenseiga proveyéndole ciudado, y no solo a ella sino a sus amigos también. Pero sabía que esto era por la relación que tenían con la espada.
Desde su perspectiva, sin duda su trato era mucho mejor de cuando se conocieron. Eran cercanos de cierta forma, o por lo menos era así para ella.
Lo consideraba un aliado, un amigo, pero no como Shimo, Fubuki,Ori, o Mikage. Lo consideraba un amigo en el sentido de que a ella le importaba y obviamente se preocupaba por su bienestar pero no en el sentido de que pudiera bajar todas sus barreras ante él, no en el sentido de mostrarse totalmente vulnerable.
¿En serio se sentía tan segura con el yokai como para afirmar que él no la dañaría?
Sí,lo creyó, y se recriminó por hacerlo.
-No puedes confiar en todos los que aprecias- se recordó, para luego apartar su mirada del peliplateado que iba delante de ella.
Su semblante se ensombreció.
*Fin de Flash-back*
Tomo algunos días pero finalmente la información se hacía más completa y todo apuntaba a que la estatua que revitalizaría a Korihana estaba en Nonai. Así el grupo de viajeros estaba a sólo unos pasos de la ciudad.
" Mi señora ya estamos prácticamente en Nonai, el pueblo está a menos de una hora de aquí." dijo Shimo dando brinquitos de alegría mientras seguía a la ninfa.
"Después de preguntar en muchos pueblos, casi todos los lugareños dijeron que es aquí donde hay un templo con una estatua singular. El templo de... el templo de..."
"El templo de Tokoji" completó Jaken al darse cuenta que Fubuki había olvidado el nombre del templo
"¡Sí, ese! El templo de Tokoji dicen que hay monjes que visitan con frecuencia ese templo, si es así debe ser importante, ¿no lo cree?"
"Además mi amo Sesshomaru ha confirmado que existe un aura singular en este poblado, así que la estatua que buscamos debe estar aquí." asintió muy orgulloso el diablillo
"Más vale que aprecies lo que hace mi amo por ti, niñ suerte de que esté en deuda contigo, el amo bonito no va por ahí sintiendo energías solo porque sí... ¡Ouch!"
Pronto Jaken fue callado por una roca que se incrustó en su coronilla.
"Amo Sesshomaru no sea tan cruel conmigo." chilló el diablillo, mientras se ponía de pie para seguirlos.
" Entonces, mi señora, solo debes acercarte al templo y pronto tu energía se restablecerá" dijo animado Fubuki
"Pero hay un problema"
"¿Cuál es el problema, ama Korihana?" Shimo frunció su ceño ante la duda.
"Sería muy extraño que entrara a la ciudad luciendo de esta forma." dijo señalándo su rostro.
"Es verdad..." dijo Fubuki un poco desanimado al darse cuenta de ese detalle. Ellos tenían los talismanes hechizados. Pero el aspecto de la ninfa seguramente llamaría la atención. No era normal que luciera tan pálida o que sus labios se vieran violetas, pero sobretodo estaba el color de su cabello y ojos. Definitivamente no se veía muy humana.
"¿Qué importancia tiene ello? Solo ve y absorbe la energía de la estatua. Ignora a los humanos, no es su asunto." comentó con indiferencia el yokai de la luna creciente.
"Se supone que no llamaría la atención..."
"Tu energía actual es tan baja que difícilmente un monje, aún uno sabio, podría pensar que eres un ser celestial. Es más probable que te vean como un hanyo."
El semblante de Sesshomaru se mantenía impasible mientras continuaba la caminata. Solo esperaba que la mujer no diera más vueltas al asunto para poder proseguir su camino hacia la tumba de su padre.
"Mi amo tiene razón, Korihana, yo mismo no puedo percibirte como antes. Será mejor si creen que eres un hanyo."
"¿Pretendes que me haga pasar por uno?" questionó la diosa con calma "Podría incluso ser más contraproducente" comentó por lo bajo dubitativa "Muchos pueblos no reciben bien a los mitad demonios" siguió diciendo para sí.
-Pero no veo otra manera-
"Supongo que tendrá que hacerse así"comentó finalmente.
No es como si en su bolsa sin fondo llevara una peluca y lentillas. Aunque mientras más lo pensaba más lógico le parecía haber tomado esa precaución antes de dejar su era.
Korihana había entrado a la ciudad con la presencia que la caracterizaba. Inmutable como era su semblante, ignoró todas las miradas que se dirigían a ella. Agradecía no tener un oído tan sensible como sus compañeros de viaje, pues no sabría tolerar los murmullos.
Ella caminaba sola por la gran calle, Los pequeños yokais, disfrazados en su apariencia humana también se encontraban en la ciudad. Trataban de pasar desapercibidos mientras buscaban el templo y cuidaban a la ninfa a distacia. El gran daiyokai había decidio aguardar en el bosque cercano del poblado, no tenía ningún interés de acercarse o ser molestado por los humanos.
Mientras caminaba por la calle principal, la ninfa se acercó a un puesto de artículos varios, un abanico extendible había captado su atención por completo, mejor dicho el diseño pintado en la tela en él, había despertado el interés de la dama escarchada, el estilo le evocaba a algo. Sin embargo, cuando iba a tomarlo para verlo mejor su fue golpeada por el mango de un abanico redondo de papel.
"No toques mi mercancía con tus sucias manos, hanyo" le gritó despectivamente el comerciante.
"¿Es así como trata a sus clientes?" contestó ella con serenidad.
"Cliente?! Yo no veo ningún cliente aquí, solo a una mocosa mitad bestia" Siguió despotricando el hombre con gran irritación.
La ninfa lo miró fijamente, manteniendo su porte firme y elegante.
"Sea un aldeano, un samurai, una princesa o una bestia, si cualquiera de ellos tiene con qué pagarle, ¿No lo convierte en un posible cliente?"
"Yo no le vendo a cualquiera. A demás dudo que una hanyo como tú tenga lo suficiente para pagar algo como esto."
"Si tiene ese pensamiento, entonces su conocimiento sobre negocios es muy pobre. Si un lord no comprase tierras a un campesino por su clase o apariencia este lord sería un tonto, perdería la oportunidad de adquirir un plantío que le genere más riquezas por el mero hecho de dejarse llevar por prejuicios y apariencias." comentó Ria con indiferencia. "Más alla de estar interesada en el abanico, el cual, por supuesto puedo pagar, esperaba saber más sobre el pintor. Pero creo que pierdo mi tiempo" dió un último vistazo al objeto antes de abrirse paso y seguir su camino al templo.
El hombre, y la gente que prestaba atencióna a la discusión, miró con gran sorpresa a la joven mientras se alejaba. Era imposible no notar la fina estampa de la joven, su seguridad, educación y lenguaje al hablar era algo propio de alguien de gran estatus. Pronto los murmullos se hicieron más fuertes.
"¿Será posible que venga de alguna familia noble?" comentaba una mujer que había espectado todo desde el inicio.
"Su vestimenta era sencilla, pero sin duda tenía modales refinados." comentó un pescador que había formado parte del grupo que se había detenido a ver lo que pasaba.
"Tenía un chal lavanda, seguro que su familia es importante. A demás la oiste hablar, parecía como si tuviera gran autoridad"
"Pero su apariencia es diferente, ¿y si era una yokai? según sé los más poderosos pueden tomar forma humana."
"No puede ser, los monjes del templo ya habrían llegado. Quizás aún no lo saben." dijo otra persona.
"Yo mismo me encargaré de informarlo. Sea hanyo o yokai esa odiosa monstruo engreída no debe estar aquí, podría atarcarnos." dijo aún muy enfurecido el comerciante que había protagonizado el conflicto, dicho esto dejó encargado su puesto y partió hacia el templo.
La ninfa no recordaba la última vez que recibió un trato tan despectivo como ese. Por su puesto, su vida inicial como diosa le trajo muchas miradas de desprecio y comentarios irónicos y sarcásticos. Quizás lo más parecido fue cuando la diosa del trueno tuvo una discusión con ella. Sí, tanto el vendedor como la diosa tenían un carácter explosivo y exasperante.
Sin embargo otro pensamiento ocupó su mente luego de lo ocurrido. Ria no pudo evitar preguntarse sobre Shizu y su familia.
-¿Los habrá encontrado Inuyasha? ¿Estarán seguros en Nara?-
Más preguntas vinieron a su mente, pues fue inevitable que el trato del comerciante al confundirla con un hanyo no le recordara la triste realidad de estos y como ese tipo de rechazos es constante para ellos.
Recordó a los hanyo que había ayudado en el pasado, incluso los relatos del peliplateado sobre su dura niñez. La idea la entristeció y molestó nuevamente. La vida y las personas pueden ser muy crueles con aquello que consideran diferente o extraño. Así que temió por la niña y la familia que había ayudado, este mundo no dudaría en herirlos con su odio.
Cuando el sol se ponía dió con el templo Tokoji. No era muy grande y se notaba su antigüedad pero lucía muy bien cuidado y conservado, también sus decoraciones parecían un poco caras.
"Templo Tokoji" leyó la dama invernal que estaba escrito sobre una gran placa de madera.
Antes de ingresar, realizó el protocolo enseñado a los celestiales para mostrar respeto y reverencia a las lugares protegidos o dedicados a los dioses.
Lo había hecho tantas veces que sus gestos y posturas eran tan naturales que sorprendió a los monjes encargados que habían visto con curiosidad, asombro y hasta un poco de miedo la llegada de la extraña mujer.
Cuando Ria avanzó por los escalones para ingresar al santuario pero fue detenida por uno de los sacerdotes.
"Disculpa pero no puedes pasar" dijo el hombre de alrededor deunos 50 años. Su rostro parecía duro y severo pero su hablar fue amable.
la ninfa hizo una reverencia ante él y cuestionó.
"¿Cuál es la razón, excelencia?" Korihana reconoció inmediatamente por el traje que llevaba que el hombre era uno de los sacerdotes principales del lugar. Aunque decidió dirigirse a él como si fuese el maestro del santuario por su educación al tratarla.
" Veo que conoces bien los protocolos de santuarios, pero ignoras las posiciones jerárquicas. Solo el líder maestro del santuario puede ser tratado de excelencia. Yo no lo soy." contestó.
A Ria le pareció entretenido, ella conocía de memoria las ordenanzas pero no quiso aleccionar al hombre.
"De acuerdo, sacerdote." enfatizó en esto último "¿Puedes decirme qué me impide reverenciar en el santuario?"
" Veo que eres una joven perspicaz e inteligente" dijo sin tituveo o deje alguno de condecendencia. El hombre fue muy directo y honesto en su hablar " entonces, sabes que un ser de tu naturaleza no está permitido pasar a un lugar sagrado"
"¿Mi naturaleza?" El hombre parecía sabio, la ninfa esperaba que no la decepcionara juzgándola por su apariencia sin intentar usar su poder espiritual para corroborar la idea del pueblo.
"Reconozco que estoy confundido" dijo el hombre mientras rodaba la pulsera de cuentas que sostenía en su mano. " Me fue dicho que una hanyo había llegado al pueblo, supongo que se referían a ti." dijo en un tono un tanto burlón, logrando extrañar un poco a Ria. "Pero aunque he intentado comprobarlo no puedo decir que seas uno certeramente"
-Por su puesto que no puedes percibir algo demoni...-
"Es decir, sin duda, más allá de tu apariencia, hay energía maligna en tí, pero es tan difusa que no es posible que seas algún tipo de hanyo. ¿Tal vez podrías decirme qué tipo de ser eres?"
Korihana, no entendía de lo que hablaba el anciano. Al principio pensó que sin duda alguien captaría el aura demoníaca que podría haberse impregnado por su convivencia con los yokais, así que antes de entrar en la ciudad preparó algo con las especias que había traído que la limpiaban de energías y auras externas a la suya. Tomo todas las precauciones, por tal motivo estaba realmente soprendida. El monje antes le parecía interesante, ahora sin duda ncesitaba saber más de él.
"No lo hagas si no quieres. Sin embargo, seas lo que seas, no puedes entrar en este satuario. No se permite contaminar territorio bendecido." El monje había interpretado el largo silencio de la ninfa como su respuesta silenciosa en la que renunciaba a dar información de sí.
"Tal como has dicho, no soy hanyo. Tampoco yokai y mucho menos tengo parentezco con ellos."
"¿ Entonces?"
"Es dificil de explicar, pero no soy ningún tipo de demonio. La razón por la cual percibes esa aura maligna cerca de mí es por la que necesito entrar al santuario"
"Ya veo, pero tampoco eres humana, ¿cierto? Los hanyos son mitad humanos, pero no percibo nada de ti a exepción del aura que dices no es tuya." el sacerdote hizo una pausa como tratando de analizarlo todo y llegar a una resolución "Sabes mucho del trabajo y servicio en templos, no dudo que estés bien educada en el conocimiento de lo espiritual. Pero el secretismo con el que andas no es confiable. No me arreisgaré a que se mancille el lugar o lo que posee."
Las palabras del monje mayor fueron rotundas y claras. Korihana sospechaba que ese sarcedote no era uno ordinario y sabía más de lo que aparentaba.
El mensaje entre líneas era claro. Sin decirlo, la había echado.
"Entiendo, ¿al menos puedo presentar mis oraciones?" contestó ella sin perder su quietud.
" Supongo que no necesitas un escriba" un tono orgulloso pudo percibirse en él. "El salón de las peticiones está por este camino a tu derecha. No entres, solo escribela y déjala allí, será recogida"
"Gracias" su tono calmado no combinaba con la gélida mirada dada mientras la puerta corrediza se cerraba a unos metros de ella.
"Entonces no pudiste entrar al santuario" dijo con decepción el yokai con apariencia de anciano. Tanto Jaken como los kamaitachis, en su formas humanas, habían estado dando vueltas en el pueblo reconociendo el lugar, ya que era bastante grande. En su búsqueda por separado, Jaken llegó al templo, y estudió el lugar desde su parte baldía. Así fue como presenció de lejos la reunión de la ex deidad con el monje.
"No esperabas que hiciera un gran espectáculo irrumpiendo a la fuerza, ¿ o sí?"
"No es como si pudieran poner un encantamiento para detenerte, no eres un demonio." volvió a replicar como si fuera lo más obvio.
Ambos se encontraban al pie de la pequeña colina donde se había construido el templo, para ese momento los kamaitachis ya se les habían unido y estaban al tanto de lo ocurrido.
El comentario del diablillo disfrazado le hizo recordar lo que el monje había dicho antes.
-Un aura maligna... ¿de qué estaría hablando?-
"Tampoco tengo la fuerza para atacar a un grupo grande de monjes"
"Si no harás nada ¿cual es el punto de seguir aquí?" el diablillo casi gritaba de lo molesto que estaba.
"¿Quieres cerrar el pico, anciano? Llamarás la atención de las personas." Le dijo Shimo en un intento de susurro que parecía más bien otro gritito.
"Silencio" la diosa invernal los había hecho callar. " Claro que entraré pero debo esperar hasta que oscurezca más." la ninfa estaba determinada a acercarse a la estatua, necesitaba el poder que podía tomar de ella.
"Shimo, Fubuki necesito que suban y puedan darme una señal del momento indicado para hacerlo."
"Sí mi señora" pronto los kamaitachis volvieron a su forma original y encongieron su tamaño y subieron por las arboledas de la colina.
Así la ninfa y el pequeño demonio aguardaron hasta que el momento de infiltración fue propicio.
La oscuridad de la noche los envolvía, Korihana nunca antes había tenido que actuar como un ladrón, aunque no iba a robar nada, pero ante la situación tuvo que tomar medidas desesperadas.
Cuando estuvo a la altura de las columas rojas que enmarcaban la entrada del templo divisó a un joven sacerdote que caminaba haciendo la vigilia. De entre las mangas de su gris haori sacó una bolsita que contenía en pequeñas envolturas polvo para dormir. Cuando el hombre estuvo cerca lo lanzó y poco a poco el sueño llegó al joven guardián.
Ria sacudió los restos del preparado que estaban en su mano en su falda azul oscuro y se disculpó con el hombre incosciente antes de proseguir.
Su agilidad y el oscuro manto del cielo sin luna le permitió llegar hasta las puertas del santuario. Cuando escuchó voces cerca se ocultó detrá de una de las columnas que decoraban la entrada del gran salón. Cuando el peligro pasó se dio cuenta de que tenía poco tiempo antes de que los hombre que acababan de pasar encontraran al joven desmallado.
Rápidamente Ria abrió con sutileza una de las puertas corredizas de la entrada, al entrar se volvió sobre sí para cerrarla puerta. Por un segundo dudó en si debía voltear, pero ya estaba dentro solo restaba encontrar la estatua.
Lentamente su cuerpo giró, su mirada quedó deslumbrada. Este debía ser uno de los santuarios más opulentos que había visto en el mundo humano. Objetos de oro y plata decoraban las repizas. También arcos hechos de astas y otros objetos tallados. Telas, tejidos coloridos y joyas de perlas también. Pero lo que sin duda captó más su atención fueron las pinturas hechas en papel y tela. La técnica empleada, nihonga policromada, era magistral, y su estilo también le parecía familiar.
-Viven cerca del mar, tienen mayor acceso al nácar, corales y otros minerales. Tiene sentido que exitan más pinturas pigmentadas que hechas de sumi.- pensó Ria al notar que la mayoría de pinturas tenían colores vibrantes en lugar de la oscura tinta china.
Caminó por el piso perfectamente pulido, pequeños altares e incienso lo decoraban todo. Al frente la notó, sobre una fina mesa rodeada de cajas lujosamente decoradas de jade, y cestas de frutas, estaba la estatua. Era más pequeña de lo que imaginaba, su tamaño no sobrepasaría los 60 centímetros.
La estatua representaba a un hombre con rostro severo, casi parecía enfadado. Sus orejas, al igual que sus manos parecían a las de un dragón y parte de su cuerpo tenía escamas y aletas como los de una carpa.
"Alguna deidad marina de estas costas supongo." susurró ella.
"Estás en lo correcto" una voz a sus espaldas respondió. Era el sacerdote con el que había hablado temprano.
La ninfa contuvo la respiración, realmente fue tomada por sorpresa. No había percibido su presencia ni oído sus pasos. Volteó hacia él.
"Tú no eres un monje común. ¿Quién eres y por qué mentiste?" preguntó con severamente la dama invernal mirándolo fijamente a los ojos.
"¿Crees que tienes autoridad para cuestionarme?" preguntó el anciano con una falsa sonrisa de forma burlona. "Yo soy un guardian del templo, no he mentido"
"Pero no eres humano, ¿cierto?" la ninfa tomó un cuenco de agua que estaba en la ofrenda y lo lanzó al anciano. Él se cubrió con su manga para evitar mojarse el rostro. El brazo que fue tocado por el agua dejó entre ver un aspecto escamoso.
"Supongo que ambos hemos quedado al descubierto." respondió él con toda calma. "Bueno no realmente, ya que aún no sé lo que eres." dijo con recelo. "La estatua fue un obsequio de mi señor a unos pescadores que vivían cerca de la zona hace algunos años, fueron bendecidos y ahora la tierra prospera. Yo cuido de ella.
Sé que has venido por ella, no permitiré que la mancilles con tu corrupción. Márchate"
Ahora todo cobraba sentido para la ex deidad, ese aire sabio que desprendía este hombre no era ordinario, no era un aura que pueda sentirse en un ser humano por mucho poder espiritual que posea. El hecho de que no lo haya sentido antes seguramente se debió a que este guardián celestial ha escondido a la prefección cualquier vestigio de su naturaleza. De ser así, ha limitado sus sentidos espirituales para mantenerse oculto, al punto que no pudo reconocer en ella su naturaleza espiritual, la cual, debido a su condición era tan débil que llegaba a ser imperceptible, tal como le dijo el peliplateado. Pero eso aún no contestaba el que refiriese a ella el aura maligna que mencionó.
"Lo siento, pero no. Ya he llegado hasta aquí." Ria ignoró al guardián y se volvió lista para tomar la estatua y absorber su poder.
"Te arrepentirás" dijo con una sonrisa de lado.
Cuando la mujer tocó la estatua una luz turquesa envolvió la figura y se despredió una potente energía que arrojó a la ninfa hasta la puerta de entrada. El fuerte impacto del golpe provocó que se cayeran algunos objetos.
Desde el suelo, Korihana emitió un gemido de dolor. No solo se había hecho daño en el cuerpo por la fuerza del golpe sino que el contacto con la estatua había quemado las palmas de sus manos dejando marcas de escamas.
"Te lo advertí pero no quisiste oír. Nadie puede tocar este santo objeto si no se le es permitido, y mi amo nunca te otorgaría tal honor, será mejor que sigas tu camino. No se qué buscabas pero será mejor que intentes en otra..."
"Oh, pero, tu deidad no es el verdadero dueño de la estatua, ¿no es así?" le interrumpió la ninfa sardónicamente mientras se ponía de pie.
"¿Cómo osas tal blasfe..."
"No me atrevería a ofender a una deidad. Pero dijiste que la estatua fue un obsequio a unos pescadores, en cuyo caso, al ser un regalo, el dueño ya no es quien entrega el presente sino quien lo recibe."
El rostro del monje quedó totalmente distorcionado ante las palabras de la ninfa, sus ojos desprendían asombro y horror. No podía explicarse la agudeza y sagacidad de la mujer. No podía refutarle, tenía toda la razón, era innegablemente lógico y eso le hizo sentirse tonto, pues en todo los años que llevaba en aquel pueblo no había pensado en el asunto.
"Un templo cualquiera no podría mantener el lujo que tiene este. Debe ser patrocinado por alguien. El o los dueños de la pieza más importante tal vez." decía la ninfa con su natural aire indiferente mientras se cruzaba de brazos. "Si un humano recibe una gran bendición de los dioses, este tiende a hacer algo en retribución. Ofrecer ofrendas, dedicar fiestas, crear altares o templos." Ella soltó un suspiro "Supongo que este es el caso del templo Tokoji"
"Gracias por tu aclaración, sobre este asunto. Seguiré tu consejo y hablaré con el dueño." Dijo la ninfa antes de salir, dejando al guardián todavía perplejo por lo descubierto en el santuario.
Al salir la dama invernal supo que debía iniciar una nueva búsqueda, aunque por fortuna parecía que no sería tan difícil.
"Entonces, Kuroda", estoy impaciente por conocer más de tu técnica Tawaraya" susurró mientras sus labios formaban un sonrisa audaz.
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XOXO
