Capítulo 30: Tsukmi Parte 1
"¡Cálmate! Te lo diré. Te recuerdo de ayer, durante el ataque de aquel feo mostruo. La maestra estaba cubriéndome con su cuerpo cuando apareciste con ese bastón."
"¡¿Ayer?! ¡Eso es imposible, niña! Yo me aseguré de borrar la memoria de cada uno de ustedes." gritó exasperado el diablillo que aún seguía anonadado por la revelación de la niña.
"¡Lo sé! Pero me las ingenié bien para evadir los efectos de aquel brebaje." la jovencita no podía ocultar su sonrisa burlona, estaba muy divertida con las caras de angustias que hacía el monstruito delante de ella.
Flash-back
Sumire no podía ver bien lo que estaba pasando, su cabeza estaba escondida en el torso de su maestra de pintura. Solo pudo sentir el calor voraz que rozaba cerca de ella. Se preguntaba si aquel pequeño ser verde que vio hace unos instantes había logrado derrotar a la bestia. Pero por lo que pudo oír, todos en la mansión estaban perdidos.
Ella estaba realmente muy asustada, así que se abrazó con fuerza a la figura de la mujer que había salvado su vida. Todo en la mente de la pequeña era extremadamente confuso, el rigor de los sucedido estaba pasándole factura, la pequeña estuvo a punto de desvanecerse, pero sus sentidos volvieron en sí cuando de repente la calidez de su maestra se distanciaba de ella.
Su rostro cayó en tierra, aterrorizada permaneció inmovil esperando no ser notada, pero desde el suelo abrió lentamente uno de sus ojos para ver cuál había sido la suerte de la mujer.
Una alta figura borrosa de a poco se aclaró. Era una figura imponente, el aura que emanaba era sin duda sobrenatural, la niña no sabía mucho sobre monstruos pero no tenía de duda de que ese ser no podía ser uno cualquiera. No era humano. Aunque su cabello era plateado no podía decir que se tratase de un anciano, su rostro serio lucía muy joven. Su aspecto, en otro momento, sin duda la habría dejado avergonzada de lo apuesto que era, pero ahora mismo solo estaba asustada, temía por lo que iba a hacerle a Korihana.
Sin embargo, no podía decir con toda certeza que fuera a dañarla. El hombre, que la puso de pie, tenía una mirada espeluznantemente enojada. No envidiaba a su maestra en lo absoluto. Pero de una forma que no comprendía, parecía no haber solo furia en sus ojos.
- Hay algo más. Pero no logro distinguir qué es. Se ve muy molesto, sí, pero hay otra cosa.-
Escuchó que aquel ser la regañó, por lo que la niña pudo entender que se conocían, pues la pintora le respodió con familiaridad. En un momento, las piernas de la artista flaquearon, y la jovenzuela vio como aquel poderoso hombre la sostuvo en sus brazos.
-Mmm...Así que está enojado porque está preocupado.- La pupila de Sumire pasó de su maestra al yokai. Sin duda ahora comprendía mejor.
La mirada del hombre recorrió por completo a la mujer en sus brazos, parecía estar buscando si tenía alguna herida. Sus ojos, que habían estado llenos de furia, mostraron un rastro de alivio al confirmar que no lo estaba. La tensión en el aire disminuyó un poco, aunque su enojo seguía siendo palpable.
Después de un momento de intercambiar palabras y miradas frías el daiyokai se llevó a su maestra no sin antes ordenarle al monstruito verde que lo acompañaba que se encragara de todo.
Al principio la pequeña no entendió que quiso decir, por un momento a su mente se le pasó la idea que el diablillo eliminaría todos los cuerpos de la mansión, pues Sumire que vio a todo el mundo desmayado creyó que estaban muertos. El miedo por la presencia del poderoso ser que apareció para tomar a Korihana la hizo olvidar por un breve instante el horror que vivió hace un momento.
Pensó en su padre, ¿también estaría muerto?, las lágrimas amenazaban por salir pero trató de aguantar, aún no estaba fuera de peligro. Sumire siguió finjiendo su desmayo, sin dejar de seguir con su vista los pasos del diablillo. Aquel ser pequeño había desaparecido unos momentos y luego regresó con unas pequeñas botellas.
Primero usó su bastón de dos cabezas para quemar el cuerpo del monstruo que los había atacado, pronto recogió sus cenizas y las lanzó al lago que tenía el jardín de la casa. Después, uno por uno, el duendecillo, hizo que los desvanecidos bebieran una de las botellitas que cargaba. Poco a poco todos iban recobrando la conciencia, pero tan pronto lo hacían, el diabillo les daba a tomar el contenido del otro frasco y estos volvían a dormirse.
La niña no estaba segura de que era, en el fondo sabía que no era nada malo, pues recordaba las palabras del hombre. Dijo que su maestra volvería mañana, y ordenó al monstruito verde que ordenara todo en la casa, eso quería decir que todo estaría bien al día siguiente, ¿cierto?
Entonces la mente de la niña despuntó con la única respuesta lógica que podía hacer que todo tuviera sentido.
- Solo puede ser así si todos olvidamos lo pasó esta noche.-
Con eso en mente, cuando llegó el turno de la jovencilla de ser dormida, contuvo el líquido en sus mejillas. Afortunadamente, solo un sorbo era necesario, por lo que sus cachetes no se hincharon y pudo disimular hasta que este la arrastró hasta su habitación para luego irse. Cuando ella se sintió totalmente sola escupió el contenido en una maceta que adornaba su cuarto. Luego se asomó con cuidado por la ventana para ver como el hombrecillo seguía con su labor.
Fin de flash-back
"Tonta, ese veneno que inhalaste era mortal para una humana debilucha como tú, pudiste morir por tu estúpida curiosidad." le gritó Jaken.
"No soy tonta, sí bebí del primer frasco." replicó ella orgullosa. "Pero no te preocupes no le he dicho a nadie de lo de ayer, ni siquiera a mi maestra. Puedes estar tranquilo."
"Más te vale, escuincla impertinente."
"Pero quizás..." dijo la niña con falsa inocencia.
"¿Quizás qué?"
"Como dijiste soy muy curiosa, y si me he mantenido callada es porque estoy esperando el momento exacto para sonsacarle cosas a Korihana... pero si resuleves mi dudas tal vez no le diga nada."
"Ja, eres una chiquilla con una boca muy grande. ¿Crees que puedes chantajearme? Me tiene sin cuidado lo que le digas a esa muchacha."
"Tal vez no te importe lo que ella diga, pero si le pregunto a ella seguramente tu amo se enterará, y no creo que quieras que él lo sepa."
Sumire sonrió victoriosa cuando vió como la cara del diablillo se llenaba de pánico. Ahora sabía de dónde cojeaba.
"¿Qué quieres saber?" Jaken se resignó, había sido atrapado por la jugarreta de la mocosa mimada.
La niña sonrió.
El diablillo trató de calmar la cuiriosidad de la jovencita tanto como pudo, pensando muy bien lo que decía y lo que callaba. Su interés principal era saber la relación que tenía su maestra con el yokai. Tuvo que crear una buen historia pues no podía decir todo el meollo que unía a su amo con la ninfa. Así que le dijo que tenían un negocio en común que involucraba encontrar a otro yokai. Jaken nunca reveló la verdadera naturaleza de la mujer, asi que le dijo que dado que Korihana conocía a este otro ser tenía información util para su amo.
"No puedo decirte más sobre esto, ya que incluso yo mismo no sé mucho. Así que espero que estés satisfecha y dejes de molestar" mintió el diablillo.
La joven estaba fascinada, su inquietud no estaba resuelta todavía tenía muchas preguntas ¿De dónde conocía su maestra a este otro monstruo?, ¿qué tipo de yokai era su amo? ¿Por qué la mujer se quedaba en su casa a enseñarle si tenía algo más urgente que hacer? ¿El yokai y ella era amigos o enemigos?
Jaken respondió a una que otra pregunta de todas las que tenía.
"Mi amo no tiene amigos. Digamos que trabajan juntos por su interés en común. Una vez que todo esto termine cada uno se irá por su lado."
"Debe ser muy solitario entonces."
"El amo Sesshomaru no necesita de estorbos."
"No me parece que a tu amo no le importe mi maestra. Lo vi esa noche, estaba preocupado, casi no se notó, porque dejame decirte nunca conocí a alguien más inexpresivo que tu señor, pero si no le importara no se la hubiese llevado de aquí."
"Que no acabas de oír lo que dije, la mujer le es útil, así que debe cuidarla. Si se hubiera quedado aquí oliendo ese veneno habría muerto. Mi señor solo actuó a su conveniencia."
"Eres un cegatón. Yo sé lo que vi. A él le importa ella. Si no, no habría actuado como lo hizo. He leído sobre eso."
"Eres una mocosa con una gran imaginación. En lugar de leer tonterías deberías practicar y mejorar tu técnica de pintura" Le dijo golpeando su frente con la punta fina de un pincel. "Mejor me voy, ya me harté de oír sandeces" dijo Jaken poniendo sus ojos en blanco antes de irse.
Sumire llegó a su habitación poco después de que el extraño personaje se hubiera marchado, aún no se sentía conforme con su trabajo, tenía que ser perfecto para que su maestra lo aprobara mañana y pudiera ver a su padre, y por otra parte, su cabecita creativa no dejaba de pensar en todos los misterios recién descubiertos de la mujer que le enseñaba, así como del feroz demonio que la había visitado.
"Tal vez debería preguntárselo de todas formas... no, estoy segura que no me diría nada." Meditó la niña pensando en si debía o no saciar sus dudas preguntándole directamente a Korihana, pero al final juzgó el caso como perdido, no le diría nada. La pintora era muy reservada.
Mientras sus pensamientos divagaban en ello, una figura que reconoció majestuosa, surcó el cielo nocturno.
"Es él" susurró la niña "Sesshomaru" el nombre escapó de sus labios, esta vez en un tono más alto que un simple susurró.
Al instante la mirada oscura de la niña quedó intimidada al darse cuenta que el daiyokai parecía haberla oído aún en la distancia pues la miró directamente con aquellos ojos fríos suyos.
Sumire se asustó y se apoyó escondida en la pared a lado de su ventana. La joven tragó en seco, el demonio la había visto directo a los ojos. Sin embargo su terror no acabaría ahí.
Segundos después de creerse recompuesta del susto inicial una voz profunda hizo que cayera sobre su trasero al piso.
"¿De qué me conoces, humana?"
La jovenzuela no lo creía, en su delante estaba el ser más intimidante que había conocido en su vida. Ni siquiera se atrevió a levantar la mirada, su simple presencia hizo que el aire en su habitación pareciera más denso.
"Te he hecho una pregunta." insistió el daiyokai. La gravedad de su voz le provocó un pequeño temblor a la niña.
"Yo... yo..."
"¿Me hablarás desde el suelo?"
"Perdón" la joven señorita se sonrojó avergonzada, aún estaba temerosa. Se puso de pie, pero mantuvo la cabeza gacha. "Soy Kuroda Sum..."
"No fue eso lo que pregunté" cortó tajante el inuyokai.
"Ayer. Usted es el ser que destruyó a aquel demonio que atacó mi casa." dijo rápidamente con los ojos fuertemente apretados.
"¿Cómo es que lo sabes?" volvió a preguntarse el peliplateado sin inmutarse.
"No tomé el brebaje que me haría olvidar lo sucedido." respondió ella como admitiendo un gran error "Pero, prometo que no es culpa del diablillo. Yo lo engañé." rápidamente pensando en Jaken, se adelantó a excusarlo a pesar de su miedo de levantar su cabeza.
Un silencio sepulcral llenó la sala antes de que los labios de la niña volvieran a abrirse. Estaba asustada, pero tenía más temor por lo que el yokai pudiera hacerle.
"Tampoco le dije nada a mi maestra. Ni lo diré."
Sumire abrió uno de sus ojos tratando de mirar cuál era la expresión o actuar del peliplateado, ya que no había dicho nada hasta el momento.
Al hacerlo lo descubrió mirando sus dibujos. Con cautela, ella se acercó a su mesa para mirar más de cerca.
"Son algunos de mis trabajos"
No hubo respuesta.
"Hago mi mejor esfuerzo, todavía estoy aprendiendo."
Ningún ruido.
"La maestra dice si domino la técnica del Tarashikomi me recompensará. He estado practicando mucho."
"Aunque tu trabajo no sea bueno igual te recompensará."
El daiyokai creía conocer lo suficiente a la ninfa como para predecir que sería flexible con su juicio y por tanto le daría a la niña lo que sea le haya prometido.
"Dice que mis dibujos no son buenos..." La voz de la jovencita se apagó al oír la crítica del yokai.
"Digo que tu maestra es indulgente." respondió con poco interés mientra seguía ojeando los muchos lienzos de la niña humana.
Sumire no pudo evitar soltar una risilla, aparentemente su temor por el yokai se había esfumado.
"Lo dice porque no es su maestra, la señorita Korihana es intransigente. Si no le agrada lo que le presenta hará que lo repita cien veces" exageró la damisela.
"Hn, no conoces un verdadero castigo."
El comentario asustó a la niña. Era cierto, ella no tenía idea de cómo castigarían los yokais a sus pares. En un momento la pequeña se fijó en que el yokai se detuvo mirando una pintura. Era un retrato de la pintora.
"¿Cree que se le parece? No me agradaba al principio pero no soy desagradecida, he aprendido cosas de ella. Además salvó mi vida."
Los bosquejos trazados reflejaban a la ninfa sosteniendo una espada. En la mente de Sumire, quería tener el recuerdo de su maestra como heroína, pues aunque no lo admitiría frente a ella, la artista había encontrado una forma de meterse en el corazón de la pequeña dama.
Sesshomaru miraba con detenimiento los trazos hechos a carbon que pretendía simular la figura de la mujer invernal. Si se observaba de lejos, podría decirse que se parecía mucho a ella. Pero con una mirada de experticia saldrían a flote las diferencias.
-Sus ojos son más grandes y redondos.- pensó al contemplar la cara - Estas pestañas están más dispersas.- El daiyokai no pudo evitar traer a su memoria la vez que miró con gran libertad el semblante durmiente de la ninfa. Sus pestañas eran mucho mas tupidas que las del dibujo. - Sus labios no son tan finos- Sus ojos vagaron por el resto del retrato. - El cuello es más pequeño, al igual que sus hombros y cintura.- Varias habían sido las veces que el había sostenido el cuerpo de la mujer como para no percibir sus formas. A su gusto el dibujo tenía muchos fallos.
Sumire estaba muy inquieta y curiosa por adivinar los misteriosos pensamientos del enigmático yokai que seguía mirando con detenimiento su trabajo.
-Ahí va de nuevo, tiene esa mirada, como la de aquella noche.- pensó la pequeña.
"Es demasiado alta al igual que el cabello"
Fue la única crítica que recibió de él. Pero la niña estaba segura que no era todo. La joven artista estaba segura de que el daiyokai tenía más pensamientos sobre el dibujo y, quizás, sobre la mujer que este representaba. Sabía que había algo más en esos ojos dorados, algo que no se estaba diciendo.
"Pensé que habría más."
"Tú lo dibujas, tú debes conocer los detalles."
"Pero usted la conoce mejor que yo. Además no es como si la hubiese dibujado meintras posaba, lo hice según mi memoria, y hacerlo de esa forma no es fácil, debes conocer muy bien la figura de quien retratas para que luzca lo más similar posible." insistió ella.
"No es de mi interés fijarme en esos asuntos." respondió con gran indiferencia soltando el pedazo de papel.
Sumire sintió una mezcla de frustración y determinación al ver la reacción indiferente de Sesshomaru a su inquisitiva curiosidad. Sin embargo, no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente.
"Parece que no le agrada mi maestra." dijo la niña con fingida tristeza "Pero, entonces, ¿por qué la ayudó la otra noche?" preguntó inocente como si no supiera la historia contada por Jaken.
"No me agrada", respondió Sesshomaru con su tono frío y distante de siempre. " No interpretes erróneamente mis acciones. Lo que hago solo concierne a mi asunto personal. No es relevante para ti."
"Solo estoy tratando de entender por qué alguien como usted haría algo por mi maestra. Creo que se preocupa por ella, de lo contrario no habría venido hoy. " la pequeña estaba nerviosa. Esto último lo había soltado de sopetón pues tenía miedo de la reacción del inuyokai.
"Mis acciones no tienen que ser interpretadas. Yo no hago nada por preocupación o simpatía hacia los humanos. Simplemente, he actuado de acuerdo con mis propios intereses."
"Pero, si solo se trata de sus intereses, ¿por qué volvió hoy? No hay peligro aparente, y aún así está aquí. ¿No cree que eso demuestra algo más? "
El daiyokai la observó en silencio, sus ojos revelando una mezcla de emociones que no estaba acostumbrado a mostrar. Era cierto que algo le inquietaba en la relación con la mujer invernal, algo que no podía entender del todo. Pero no estaba dispuesto a admitirlo.
Finalmente, se dio la vuelta y comenzó a alejarse. "Tienes una imaginación desbordante, niña", murmuró. "No pierdas tu tiempo en cuestiones que no te conciernen."
Aunque no había dado respuestas claras, Sumire estaba segura de que sus palabras habían sembrado una semilla de duda en la mente del enigmático yokai.
Mientras recogía los bosquejos dispersos del suelo, Sumire reflexionó sobre lo que había aprendido hasta ahora. Había visto facetas de Sesshomaru que no encajaban con la imagen fría y despiadada que había imaginado. Aunque seguía siendo un enigma, había algo más en él que solo su indiferencia hacia los humanos.
Aún faltaban dos días para que el plazo pactado con Kuroda expirara, pero la ex diosa ya había conseguido que la pequeña desarrollara una buena habilidad en la técnica de goteo. Prácticamente el estilo estaba casi dominado, el resto dependía de la constancia de la joven en la práctica.
Este hecho debía alegrar y gratificar a la divinidad, pero de su rostro solo rodaban lágrimas.
El brillo anaranjado del atardecer se reflejaba en las gotas saladas que caían de su barbilla.
Cuando Sumire bajó a la sala principal de su casa con todos los rollos donde había practicado estuvo un poco nerviosa al abrir la puerta corrediza. Sabía que su maestra estaría allí esperándola, pero se sintió insegura, ya que recordó que el yokai no dijo nada positivo de sus piezas.
-Bueno, no parece que sea alguien que vaya por ahí dando halagos.- pensó - Me pregunto si él alguna vez ha dicho algo sobre el arte de la señorita Korihana- la joven reconocía que el talento de su maestra era excepcional; solo había visto una vez una de sus pinturas pero le pareció magnífica.
"¿Por qué no entras?" la voz de la ninfa sacó a la pequeña de su ensoñación. Sumire tomó valor y entró.
Mientras la ninfa observaba los lienzos con detenimiento la pequeña seguía con cuidado los ojos oscuros de la mujer.
-¿Por qué no dice nada? Me aseguré de escoger los mejores que hice. Creo que fue bueno no incluir los retratos de personas. Aún no me siento segura de aplicar color, sombras y luces en los rostros.-
"Has hecho un gran progreso Sumire. Tu técnica es muy buena. Sé que cuento más practiques más se reflejará tu maestría en el arte. Pero lo más importante es..." la dama invernal hizo una pequeña pausa para sacar de entre sus ropas un pedazo de papel doblado. "Que ha crecido tu confianza en tu talento." al abrir el papel, la pequeña vió que fue la pintura que ella había intentando rehacer en sus primeras clases.
"Miralo por ti misma" la deidad puso los lienzos en contraste para que la niña viera la diferencia. Sumire sonrió orgullosa.
" Nunca dudes de lo que sabes hacer. Tampoco te estanques con lo que crees haber dominado, siempre aprende algo más. Y solo compara tu arte y progreso con lo que tú mismo has hecho. La única persona a la que debes superar es a ti misma."
Otro lienzo se extendió frente a la jovencilla.
"De lo contrario, ignorarás la belleza de tu propio estilo."
Era una pintura hecha por su padre, Sumire lo notó rápidamente por la firma. Era hermosa sin duda, pero mirando su propio trabajo se dio cuenta que el suyo era el que le gustaba más.
Los ojos de la pequeña se cristalizaron por la emoción y ella rápidamente se restregó el rostro para evitar que las lágrimas salieran. Su orgullo todavía le podía más.
"Gracias, maestra" dijo antes de reverenciarla.
"Bien, entonces ya debes irte. Seguro tu padre también está ansioso de verte."
Sumire levantó su rostro con la sonrisa más grande que hubiera mostrado en mucho tiempo en la mansión y salió corriendo a los aposentos del señor de la casa.
Korihana tapó su boca con su mano evitando que escapara de sus labios un gemido de tristeza.
"¡Padre! ¡Lo logré! Ahora sí, definitivamente soy tan buena como tú."
Al entrar al cuarto la pequeña contuvo la respiración pues el semblante fuerte y robusto de su padre que ella recordaba no lucía igual que en su memoria.
"Mi pequeña Sumire, estás aún más hermosa de como te recordaba. Sin duda eres el vivo retrato de tu madre."
El hombre abrazó a su hija cuando esta se sentó frente a él.
"Papá, ¿qué te ocurre? Luces muy diferente a como te recuerdo. Este año casi no te he visto porque se supone estaban viajando a menudo, pero ¿qué te ocurrió?" La voz asustada de la joven casi se quebró.
"Mi niña, lo cierto es que este viejo no ha sido un buen padre contigo." dijo el hombre con sentido arrepentimiento. "No he sido honesto con la única persona que debí serlo."
"Padre, ¿de qué estás hablando?"
La voz de la jovencita se cortó al ver que su padre le mostraba sus brazos. Los cuales al principio en su felicidad no había notado, pero ahora veía que tenían espasmos.
"Estoy enfermo, Sumire. Desde ya hace algún tiempo que estoy así." soltó un largo suspiro, "Había empezado con un ligero temblor esporádico en las manos. Ha ha, no le di mucha importancia en su momento." rió sin ganas el hombre" Pero luego, la rigidez y movimientos involuntarios se hizo más frecuente en otras partes de mi cuerpo."
"Habían días en los que casi no podía moverme o tropezaba con todo. No quise que te preocuparas. Así que lo mantuve en secreto alejándome de casa."
"¡Pero, enviabas cartas y pinturas de los paisajes!"
"Las escribía en los momentos en que el espasmo se detenía un poco. Y las pinturas eran trabajos que había hecho antes de la enfermedad. No podía dejar que lo supieras. Pero sabía que no podía mantenerlo por mucho, ya que cuando se acercó tu cumpleaños catorce sabía que reclamarías la promesa que te hice cuando eras más joven."
"Dijiste, sniff,...dijiste que me enseñarías la técnica del tarashikomi cuando tuviese la edad que tú tenías cuando la aprendiste." la pequeña derramaba lágrimas calientes mientras sorbía los mocos que le impedían respirar. "Que sería nuestra tradición familiar, que lo haríamos así con todos los descendientes Kuroda."
El hombre también se quebró, las gotas saladas rodaron por su rostro demacrado.
"Perdóname, hija. No pude cumplir con esa promesa a ti, ni podré hacerlo con nuestra familia."
"No digas eso, padre. Encontraremos la forma, preguntaremos a los mejores médicos de la región, incluso en la capital..."
Sumire no continuó porque el llanto la embargó cuando vió a su padre negar con una sonrisa triste. No había nada que pudiera hacerse.
"Por eso traje a la señorita Korihana. Quería cumplir con la promesa de alguna forma, aunque no como hubiese querido."
Flash-Back
"Por favor, acepta mi petición, si no por la palabra de un moribundo. Hazlo por el deseo de un padre desesperado." rogó Kuroda.
"¿Que harás si me niego?" la voz inmutable de la ninfa permaneció firme aún cuando su interior estaba totalmente conmovido por el anhelo del hombre mayor.
"He hecho los preparativos para que Tetsuo, mi hombre de confianza, vaya a Kioto y traiga a alguien de la casa Tawaraya para que le enseñe a mi hija."
Korihana quedó sacudida por la determinación y amor del hombre por su hija. Ella entendió que hacer algo como eso requería tragarse el orgullo y resentimiento que tenía hacia aquella familia, unicamente por la felicidad de su hija.
Fin flash-back
"Padre no me importaba si no podías enseñarme, yo solo quería verte. Estar contigo. Hubiera deseado que pudieras haberme contado esto.
"Espero que perdones a este hombre tonto que desperdició tiempo valioso de pasarlo contigo."
Padre e hija se unieron en un cálido abrazo mientras se dejaban llevar por el sentimiento profundo que se exteriorizaba en su llanto.
"Aún me cuesta creer que sea verdad que en la luna hay conejos que preparan mochi."
Sumire, que se había reunido con Korihana luego de ver a su padre, le pidió a esta que aunque ya había cumplido con el trato con su padre se quedara con ella solo un día más.
La niña le pidió que la acompañara al primer día del festival de Tsukimi. Le dijo que quería tener un agradable recuerdo de su maestra.
Flash-Back
"Yo, fui una tonta y caprichosa. Quiero pedirle disculpas sinceramente por cómo me comporté cuando comenzamos las lecciones. Fui engreída y grosera, y no le mostré el respeto que merecía. Estaba molesta por muchas cosas, y creo que me irritó más cuando puso en evidencia de lo insegura que solía ser de mi arte. En el fondo siempre lo supe, pero nunca lo aceptaría."
Korihana la miró con una expresión tranquila y asintió con comprensión. "Todos cometemos errores y tenemos momentos de arrogancia. Lo importante es aprender de ellos y crecer".
Sumire continuó con gratitud en su voz. "Gracias por aceptar la petición de mi padre de enseñarme, incluso cuando fui tan grosera." La joven le hizo una reverencia. "Él estaba muy enfermo y no podía pintar debido a sus manos temblorosas. Hizo todo lo posible para que yo no lo supiera..." nuevamente los ojos oscuros de la niña comenzaron a humedecerse. "Usted fue su última esperanza para que pudiera cumplirme la promesa que me hizo. Gracias también por no renunciar a pesar de cómo me comporté. Sé que no fui fácil de tratar". rió sin ganas la pequeña.
"Todo está bien. Has madurado, así que me siento contenta de que mi pupila haya aprendido algo más que solo técnicas de pintura." la ninfa le dedicó una sutil sonrisa . "Serás una gran artista." dijo acariciando de forma juguetona el flequillo de la joven.
Sumire se sintió feliz y aliviada por la comprensión y la aceptación de su maestra. Sin embargo, había algo más por lo que quería expresar su agradecimiento. Pero estaba relacionado con la noche en la que Sesshomaru, el poderoso yokai, había aparecido por primera vez, y ella no podía decirlo.
"Gracias por lo que hiciste por mi familia. Siempre lo recordaré." en el corazón de la joven se guardó la verdadera intención de estas palabras.
Fin de Flash-Back
"¿Cree de verdad en esa historia?" preguntó la joven mientras amasaba en el mortero masa de arroz.
"Bueno se supone que fueron un recuerdo de Buda, por su sacrificio."
"Ah sí. Él no tuvo más que ofrecer que pasto que era lo que comían los conejos., así que ofreció su propia carne. Pero creo que Buda no fue muy listo, aunque sea un conejo pudo llevar verduras y frutas. Yo habría hecho eso."
"Tienes razón, pero entonces la moraleja de su proceder no habría tenido el mismo significado." La ninfa hizo una pausa para explicarle a la niña confundida. "Cuando des algo a alguien debe ser dado procurando el bien del otro, con sinceridad. El mejor regalo es darse uno mismo por la felicidad del otro."
La niña lo comprendió al instante.
"Ya veo." dijo sonriente. En su mente la imagen de su padre le hizo comprender a que se refería la artista.
"Entonces si la luna es un regalo que conmemora al conejo, eso quiere decir que el pelaje del conejito era plateado, ¿cierto? ¿Es por eso que la luna es de ese color?"
La ninfa asintió mientras extendía la masa para formar los bollitos.
"Un color así, ¿es extraño verdad? Digo porque usualmente los conejos son blancos. Quizas el cabello de Buda es platinado y cuando se transformó en conejo se quedó con ese color."
"Probablemente"
"Sin duda debe ser una deidad, porque las personas comunes no tienen ese tipo de cabello. ¿Alguna vez ha visto un cabello así, maestra?"
La inocente pregunta tenía una intensión muy bien maquinada por la joven señorita. Esta era la oportunidad de Sumire de conocer un poco más sobre los pensamientos que tenía su maestra sobre aquel feroz yokai, así que observó con cuidado sus gestos.
La pregunta de la niña hizo que inmediatamente la mente de la ninfa se ocupara de la imagen de una larga y suave cabellera brillante. La figura imponente del daiyokai vino a su memoria.
Había observado ya tantas veces ese cabello plata que podía dibujarlo sin necesidad de verlo. Cada detalle lo recordaba perfectamente.
-Sí, hay alguien que tiene el color de cabello tan brillante como el reflejo de la luna.- Pensó ella, pero claramente no podía decirlo. La niña tendría curiosidad y no le hablaría de monstruos o seres sobrenaturales.
"Como tú mismo dijiste, las personas comúnmente no tienen ese tipo de cabello."
Sumire notó que le tomó un tiempo responder, no iba por mal camino.
" Si, pero ¿qué hay de los yokais? Dicen que hay algunos que parecen humanos pero sus rasgos son muy diferentes. Ahora que recuerdo no hace mucho había oído que apareció en el pueblo una mujer demonio o mitad demonio. No sé bien, lo escuché en una charla de las criadas." divagó un poco la niña. " Decían que tenía el cabello oscuro y plateado, que era muy pálida con labios púrpura y ojos como hielo."
Sumire recordó los chismes que había oído en el pasillo sobre la extraña mujer del pueblo.
"Aquí no es común que aparezcan monstruos o ese tipo de cosas. Papá dice que el pueblo tiene una protección divina, así que nunca he visto como lucen ellos." mintió con facilidad. "¿has visto alguno?"
-He visto demasiado.-
" Sí, en otras regiones son muy comunes."
"¿Y cómo son? ¿tuviste miedo? He oído que son peligrosos, muchos monjes tratan de exorcizarlos. Dicen que si miras a alguno te pretrifica, pero creo que exageran. He leído en algunos manuscritos que suelen cambiar de forma para engañar a los humanos."
Mientras la pequeña seguía hablando de lo que había oído o leído sobre los yokais, la ninfa se sumía en la profundidad de sus pensamientos.
Ella había visto y conocido a muchos demonios en su vida. Pero inexplicablemente para ella solo uno venía a su mente. La imagen de su mirada penetrante la sacudía, no comprendía cómo había ignorado su línea de sentido común para acariciar sus marcas. Pero desde la noche en que pasó lo ocurrido hasta ese preciso momento, cuando Sesshomaru venía a sus pensamientos las vibraciones en su corazón se magnificaban.
-¿Acaso yo...-
"Creo que te gusta."
"¿Qué?" Los ojos de la ninfa se abrieron con asombro. Su respiración se contuvo y podía sentir como el calor embargaba su rostro.
"Digo que creo que te gusta el color dorado. Sueles usarlo mucho en tus pinturas o por lo menos en las que he visto, todas tienen un toque de ese color. ¿Es ese tu color favorito?"
Korihana no se dió cuenta en qué momento la niña cambió de tema.
"Ehh... eso creo" titubeó la diosa escondida aún sin comprender la jugarreta de su mente.
Sumire estaba segura, su maestra estaba pensando en el yokai. La jovencita no pudo ocultar su sonrisa.
"Creo que estos pastelillos ya están. Debemos ir a cambiarnos para ir al festival"
"Todo se ve muy bonito"
El pueblo se había llenado de linternas de papel y puestos de comidas especializadas en pastelillos dango.
"Tienes que probar este dulce de arroz, maestra" dijo Sumire mientras le acercaba el dulce.
"Está bien, pero recoje las mangas de tu vestido o las ensuciarás"
Sumire asintió y luego tomó un pañuelo que guardaba entre sus ropas para limpiarse y recoger las anchas mangas de su kimono rosa.
"Vamos a ese puesto de máscaras."
La joven tomó el borde de la manga del traje azul de su maestra y la arrastró a un pequeño puesto que vendía todo tipo de máscaras de animales y de espíritus resaltando por su puesto las máscaras de conejo.
"Joven dama, pruébese esta, creo que resaltará muy bien sus bellos ojos."
El vendedor viendo una oportunidad única de venta, pues reconoció por la fina tela que usaban las visitantes así como el elaborado diseño del vestido y de los adornos que tenían que se jóvenes de familia rica, no dudó en ofrecer su mejor pieza.
Un delicado antifaz de un color blanco nacarado brillante con diseños de líneas pintadas a mano en color rojo en nariz, frente y orejas con un patrón de flor. En la zona del párpado y del interior de las largas orejas un suave rosa que recordaba a los cerezos en primavera. Sin duda, esto junto al brillo rosa-rojizo de las pupilas de la ninfa creaba un efecto deslumbrante.
Ria no se hizo del rogar, ella apreciaba mucho los accesorios, y sin duda, aquel era un trabajo de artesanía de muy alta calidad, así que se lo puso atando las finas cintas de seda que caían de la pieza.
"Wow, te ves asombrosa. Tus ojos si parecen los de un conejito" dijo alegre la más joven.
"Como un espíritu del bosque" siguió elogiando el comerciante.
"Me la llevaré" dijo la ninfa deteniendo la palabrería del hombre.
Las mujeres continuaron su camino por la concurrida calle, la sonrisa que adornaba el rostro de la más joven era tan grande como no se había visto en mucho tiempo. Al verla la ninfa no pudo hacer otra cosa que sonreír. No siempre sentía que estaba haciendo lo correcto, se había sentido perdida por mucho tiempo, pero esa niña le dio la oportunidad de redimirse de cierta forma.
Cuando la luna llena brilló con intensidad en el firmamento ambas volvieron a la mansión.
"Gracias por pasar esta noche conmigo, maestra." la mirada de la pequeña perdió un poco de su brillo mientras suspiraba con un deje de tristeza.
"Sumire, eres más madura ahora. Ya no eres la dama de esta casa solo por ser hija de tu padre sino porque realmente sabrás guiar esta casa y continuar con el legado de tu padre. Eres fuerte y valiente, pero no olvides ser sabia para escuchar."
"Seguiré tu consejo, pero creo que también debes oír el mío."
La ninfa la miró entrecerrando sus ojos, estaba curiosa.
" Baja tus muros. No temas confiar en alguien que ya ha ganado tu confianza."
korihana miró con intriga a la niña.
"No me preguntes, solo recuerda que dos cabeza-duras no llegan ningún lado." la pequeña hizo una pausa antes de levantar una gran caja sobre la mesa. "Anda, llévate la estatua, papá dijo que lo necesitas." una pequeña lágrima rodó por la mejilla de la niña. La pintora la limpió con su pulgar.
"Se feliz, Sumire."
Copos de nieve bellamente diseñados pronto cubrieron algunas ramas de árboles del viejo camino que se internaba en el profundo bosque.
Las manos de la ninfa se movían gracilmente mientras el poder invernal emanaba de ella. Cristales de hielo reflejaban el color brillante de la luna mientras formaba interesantes figuras en el suelo.
De pronto los ojos de la dama invernal se volvieron a llenar de lágrimas. Pensar en la familia que acaba de abandonar le hizo recordar la calidez que perdió mucho tiempo atrás. En el fondo envidió sin malicia a la joven Sumire.
"Hubiera querido tener esa oportunidad" susurró la diosa soltando un respiro profundo.
Con la punta de sus dedos secó las gotas que caían de sus mejillas y rápidamente se colocó el antifaz que había comprado en el festival. Sorprendería a sus pequeños Kamaitachis.
"Definitivamente el antifaz te hace ver como un pequeño espíritu usagi"
La profunda voz hizo sobresaltar a la mujer invernal. Aunque había recuperado sus poderes divinos, la energía demoníaca de Sesshomaru había pasado por alto de sus sentidos.
Sorprendida volteó siguiendo el origen de la voz. La imponente armadura que siempre cubría su pecho estaba peligrosamente cerca.
"¿Segura que la estatua funcionó? Tus sentidos parecen seguir en un pésimo estado"
La sorpresa no abandonaba el rostro cubierto de la deidad.
"Aunque debe haber hecho algo, ya que tu cabello es oscuro y largo otra vez, y no te vez tan pálida como antes." dijo sin interés sosteniendo un mechón que había tomado el tamaño que recordaba de las primeras veces que la había visto. Lo dejó resbalar de sus dedos inmediatamente.
El daiyokai tuvo que haber percibido que la apariencia que lucía ahora la mujer de la escarcha era su forma real, es decir, había quitado el pergamino que la hechizaba.
Ria retrocedió un paso, sin embargo la fuerte mano del yokai se posó en su espalda impidiendo que se alejara más. Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando la mano del daiyokai la sujetó con firmeza.
Los oscuros ojos con destellos rojizos abiertos sorpresivamente la hacían ver como un verdadero conejillo asustado. Como una presa de algodón que lastimosamente no había podido llegar a la seguridad de su madriguera y estaba a punto de ser devorada por un feroz perro de caza.
El yokai no dudo en su pensamiento al creer que aquella pequeña mujer pudo ser un conejo en otra vida. Mientras más cerca la tenía más conciente era de su fragilidad. Los ojos que se notaban recientemente cristalizados no guardaban ni una pizca de la frialdad e indiferencia que reflejaban cuando a penas la conoció. Eso le inquietaba de sobremanera, pues ya había reconocido para sí que, más allá de su voluntad, la diosa tenía un efecto en él que no podía ignorar.
La proximidad entre ellos se volvió casi asfixiante, y Ria podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo del yokai.
"Pero, hay una cosa muy curiosa." murmuró el daiyokai, su voz ronca resonando en el silencio de la noche. Sus dedos, que habían estado apretando la tela del kimono de Ria, se relajaron un poco, aunque aún no la soltaron por completo.
"¿Por qué ultimamente lloras con más frecuencia?" su mano libre viajó hasta su cabeza donde deshizo los nudos de la cinta que sostenían la máscara y esta cayó al suelo con facilidad. Rápidamente el peliplateado pasó su pulgar por el contorno de los ojos de la diosa, que aún se notaban húmedos.
Sus ojos, ahora libres de la máscara, quedaron al descubierto y expuestos a la intensidad de la mirada del yokai. Se sentía atrapada en una especie de trance hipnótico, incapaz de apartar la vista de esos ojos dorados, en los que últimamente su mente no dejaba de pensar.
"No lo sé", respondió ella con voz temblorosa, su corazón latiendo desbocado en su pecho. "No sé por qué lloro tanto últimamente. Son cosas que me superan, que no puedo controlar." La diosa trató de mantener un poco más su impasibilidad, pero ya era imposible. Sus labios temblaron y su voz se quebró.
-No debo, no puedo.- repetía ella en su mente, pero era difícil seguir manteniendo su coraza ante él.
El daiyokai mantuvo su mirada fija en los ojos de Ria, como si estuviera buscando respuestas en lo más profundo de su alma. Él sabía que algo había cambiado en ella luego de quedarse en la casa del pintor. No dudaba que tenía que ver con recuerdos de su pasado, pero no la presionaría a decir lo que no quería.
Entonces Ria, no pudiendo contenerse, cansanda de mantener el nudo que asfixiaba su garganta, cerró la corta distancia que los separaba apoyándose en su pecho, y dejó que las lágrimas fluyeron nuevamente de forma silenciosa. Sólo el soplido del viento y el latido desbocado del corazón de la divinidad hizo eco en la profundidad del bosque.
El acto hizo que Sesshomaru quedará genuinamente sorprendido, como no lo había estado en mucho tiempo. Jamás nunca nadie tuvo tal atrevimiento, no a menos que quisiera morir.
Pero esa mujer, había actuado de forma tan osada desde que la había conocido. Sin embargo, en esta ocasión ella no dormía o deliraba por la fiebre, estaba actuando concientemente con demasiada libertad.
No obstante, para a sorpresa de ambos el inuyokai no la apartó.
Sesshomaru permitió que Ria se apoyara en su pecho mientras las lágrimas fluían libremente. Era un gesto que nunca habría esperado de sí mismo, pero ante la vulnerabilidad de la diosa, no pudo hacer otra cosa. Sus brazos la rodearon con un cuidado inusual, como si temiera romperla con un toque brusco.
Sentir el tacto cálido del imponente daiyokai la hizo sentir confusa por un segundo. Esta vez no la sujetaba con si fuera a escapar, su toque era suave y reconfortante. Aquel abrazo se sintió como si fuera el lugar más seguro en el que podía estar en ese momento.
Y aunque la idea la asustó, se permitió disfrutarlo.
Hola! Espero hayan disfrutado esta lectura. Un capítulo especial por el festival de la luna en Japón. En pocos días compartiré la actualización por Twitter (gializz14) de la segunda parte.
Anímame a seguir escribiendo!
XOXO
