Feliz año nuevo! Aunque ya casi ha acabado Enero.

Espero que hayan tenido un lindo tiempo con sus seres queridos. No he abandonado esta historia. Así que por favor disfrútala mucho y déjame comentarios si te gusta.


Capítulo 31: Tsukimi pt 2

El camino al campamento donde aguardaban sus sirvientes se había tornado inusualmente incómodo. El rubor no abandonaba las mejillas de la diosa mientras esta seguía su camino a paso lento detrás del daiyokai. En su mano aún sostenía la máscara de conejo que el demonio perro le había desatado. Descuidadamente ella pasó su pulgar por el área de los ojos, como trazando el camino que hace un momento el daiyokai había seguido en su rostro. Recordó sus palabras que le dijeron que parecía un espíritu del bosque.

-Un conejo.-

En otro momento la diosa se habría ofendido por la comparación, pues seguramente al hacer aquel comentario no lo hizo con la intención de resaltar sus cualidades positivas. Pero hoy, no podía contradecirlo. En ese momento actuó como uno. -ojos asustadizos, respiración entrecortada, tan indefensa. Tanto que yo...- El calor del cuerpo del daiyokai aún se sentía vívido en su pecho. -Es ridículo, tenía puesta su armadura...Y aún así- Rememoró la suave sensación de la estola donde apoyó su cabeza, cerca de su pecho. Aunque la inundaba la tristeza, no pudo ignorar el compás de la respiración tranquila del peliplateado.

-Lo cierto es que tuve que recordarme que debía apartarme. Fui demasiado imprudente.- La ninfa levantó su mirada a la espalda del yokai. -Por su puesto no esperaba que me sostuviera. Era impensable. De hecho, pensé que me haría a un lado al instante, pero...No sé que repentino sentir de bondad hizo que Sesshomaru no me apartara.- La ninfa recordó su estancamiento. Se había dado cuenta de lo que hizo, por lo que pensó en separase al instante, pero la calidez del daiyokai era tan confortante que la había dejado inmóvil, aún cuando la cercanía a su yoki no le hacía bien. La brisa del bosque jugueteaba con los mechones oscuros de Ria mientras continuaba sus pensamientos internos.

-No debería haberme permitido acercarme así. Seguramente fue incómodo para él... Pero entonces, ¿por qué luego su brazo me rodeó?..."- La dualidad entre su acto impulsivo y la aparente indulgencia de Sesshomaru la dejaba en un estado de vulnerabilidad que no conocía. -¿Por qué no me apartó?- se preguntó, -¿Por qué permitió que me aferrara a él de esa manera?- La respuesta, sin embargo, se perdía en la oscuridad del bosque.

Korihana se dio cuenta de que, a pesar de su habilidad para comprender la naturaleza, la mente del daiyokai seguía siendo un enigma para ella. "¿Por qué no respondes?" la grave voz del yokai de la luna la sacó de su ensoñación.

"¿Qué habías dicho? Lo lamento, me distraje" Aunque Ria sabía que el hombre seguía a unos pocos pasos de distancia delante de ella, y no la observaba, no pudo evitar girar sus rostro para esconderlo.

"¿Qué ocurrió con la estatua?" repitió desinteresado.

"Ah, cuando Sumire me la entregó pude sentir emanar su fuerte poder, por su puesto, no podía tomarlo en frente de la niña. Así que la llevé cerca del templo de la ciudad. Absorbí la energía de esta y la dejé en la entrada del santuario."

-Con una nota de agradecimiento y disculpa a la deidad y al sirviente guardián.- Después de todo, aquel espíritu testarudo solo cumplía con su trabajo divino.

"Hn" De cierta forma el yokai no estaba sorprendido del actuar de la mujer, definitivamente ella devolvería ese objeto.

"Sobre lo que pasó hace un momento yo..." la diosa no sabía que decir. No, de hecho tenía demasiadas cosas que decir y preguntar, pero las ideas no se organizaban con coherencia para salir de su boca. ¡Qué cómica situación! Ria estaba segura que más de un celestial se regodearía ante tal escena. "Gracias" un suspiro desganado escapó de sus labios. "Creo que ha pasado un largo tiempo desde que agradecí con tal frecuencia a alguien"

-Ya he perdido la cuenta de las veces que le dije gracias.-

"Me parece que te conozco lo suficiente para asegurar que tienes una sensibilidad profunda hacia los humanos. Pero el caso de este pintor... era muy peculiar." aseveró el daiyokai de ojos dorados, con su mirada penetrante fija en la diosa. La afirmación hizo sumergir a la mujer invernal en sus recuerdos. Deseaba ser más franca con el peliplateado, encontrar una forma sutil de expresar lo que estaba en su corazón sin revelar la totalidad de la verdad. Porque no podía permitirse bajar la guardia.

"Sumire y su padre me recordaron a alguien especial en mi pasado," comenzó la diosa, desviando la mirada hacia la luna que derramaba su luz en el claro del bosque. "Alguien que añoro demasiado." sonrió levemente con nostalgia. Notó la mirada de Sesshomaru intensificándose ligeramente, pero no se detuvo. Decidió continuar, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

"El caso de este pintor era diferente porque, de alguna manera, me hizo revivir una conexión que había olvidado, o que había intentado olvidar, hace mucho tiempo," continuó Ria. "La devoción de aquel hombre, me recordó a un tiempo en el que las cosas eran más simples, más felices."

- Menos divinas.- agregó en su mente.

"Antes de ser una deidad." comentó el yokai con trivialidad.

"Sí"

"Hn, no creí que fueras tan nostálgica." comentó con ironía "Pero realmente no es tan sorprendente de alguien que pasó su vida siguiendo diligentemente al anterior dios invernal." volvió a soltar con mordacidad.

Ria no estaba segura, pero quizás había percibido un ligero deje de molestia en sus palabras.

"No es a Hyozan a quien extraño, es a mi padre." Sesshomaru detuvo su andar por un momento y giró ligeramente su mentón sin que su mirada encontrara la de la diosa.

"¿Tienes un padre?"

"Tuve un padre" confirmó ella, desentrañando un fragmento de su pasado que rara vez compartía. Los pasos de la deidad se acercaron más a la figura del yokai. Las palabras continuaron saliendo en tanto que ambos continuaban su paso.

"Mi padre no era un dios, pero tenía una sabiduría y una compasión que hoy en día rara vez se encuentran entre los celestiales." una suave sonrisa adornó los labios de la diosa mientras hablaba. "Perdí a mi padre mucho antes de convertirme en lo que soy ahora," continuó la diosa con una melancolía palpable. "Aprendí mucho de él, y también perdí mucho cuando él ya no estuvo. Pero creo que me di cuenta cuando ya era tarde."

"Él te enseñó a pintar, supongo." pensó en voz alta el yokai, creyendo que esa era la razón por la que el viejo pintor Kuroda le resultó tan entrañable.

"No, de hecho a mi padre se le daba muy mal el manejo del pincel, incluso su caligrafía no era muy buena." una pequeña risa escapó de la diosa invernal "su talento era sin duda la música. Tocaba muy bien." los recuerdos de los días alegres la embargaron. "Mi padre intentó enseñarme pero realmente me costaba aprender. Le pareció muy irónico el día que le dije que prefería la pintura a la música."

"Veo por qué" A Sesshomaru le pareció paradójico que la mujer que cantaba sonámbula o que tarareaba para sí misma cuando parecía que nadie lo notaba dijera que no tenía inclinaciones hacia la música.

Ria lo miró como no entendiendo su comentario, pero decidió ignorarlo.

"No es que no la disfrute, es solo que no estoy versada en ello. Mi padre solía componer a menudo, pero no era muy buen letrista. Entonces, a veces yo jugaba un poco con ello."

"¿letrista?" el término estaba fuera de comprensión para el daiyokai.

"Quien escribe la letra de una canción. Como un poema que acompaña la melodía interpretada. Sé que no es muy común ahora, más allá de los himnos a los dioses no se escucha de otro tipo, pero variará con el tiempo."

En efecto, recordando la melodía que entonó en el pasado, las palabras que la componían no eran comunes en canciones. Era una forma inusual de recitar un poema, con un lenguaje muy poco convencional.

"¿Qué hay de tu padre, tenía un interés especial por algo más que la guerra?" Korihana no estaba segura si debía preguntar por Inu No Taisho. Tiempo atrás se había dado cuenta que era un tema tabú para Sesshomaru. Sin embargo, albergó en su pecho la esperanza de que algo haya cambiado entre ellos en el tiempo que llevan viajando, que le permita ver más allá de la fría fachada del lord bestia.

"Humanos" respondió indiferente. "Mi padre tenía un interés irracional por esos seres. A pesar de su posición, encontraba méritos en sus vidas efímeras y emociones complicadas." el desprecio que salía de cada palabra arrojada era latente.

"Tal vez tu padre veía más allá de la superficie." continuó Ria, tratando de explorar el enigma que era Inu No Taisho. "¿Crees que encontró algo en ellos que merecía su respeto y admiración?"

"Hn, no hay nada admirable en la insignificancia humana." El daiyokai frunció ligeramente el ceño, "Mi padre era un ser complejo, y sus motivaciones a veces eran difíciles de entender." mirando hacia el pasado, en los escasos momentos de conversaciones profundas con su padre, pensaba en que su yo más joven estaba tan concentrado en obtener el poderío y dominación yokai cuando fuera adulto que no tenía interés en comprender lo que su padre quisiera decir en favor de los humanos. "Es realmente irónico, aunque él despreciaba la debilidad, encontraba ciertos aspectos de los humanos intrigantes." El peliplateado recordó con desdén cómo la mente de su padre parecía más flexible luego de conocer a esa mujer.

"Ya veo. Pero, ¿qué hay de ti? ¿Realmente nunca tuviste un pensamiento de interés por ellos?"

"Te diré una cosa" los pasos del demonio perro se detuvieron en el acto para ver fijamente a los oscuros ojos de la diosa. "Los inuyokais tenemos una crianza muy específica, especialmente en nuestro clan. A diferencia de otros clanes o yokais no verás muchos familiares en nuestra raza. Esto es porque solo pueden ser dignos del linaje aquellos que son los más fuertes. Esa es la regla de nuestra estirpe. No todos los cachorros ven la luz del día." Sesshomaru hizo una breve pausa, su mirada parecía un poco distante, como recorriendo otro lugar, otro tiempo, donde los recuerdos de su nacimiento eran algo difusos y la sensanción de energía que había absorbido de otros le daba fuerza para salir al encuentro de sus progenitores.

"Sin embargo, la prueba no termina ahí, debes sobrevivir en el mundo antes de presentarte como heredero de la sangre inuyokai. Durante ese tiempo, no pude ver más que miseria entre los humanos, el olor del miedo y debilidad era repulsivo. Las acciones sin sentido que hacían guiados por sus emociones me parecían extrañas." Sus ojos dorados escrutando el horizonte nocturno.

"Padre siempre dijo que el mejor guerrero no duda, ni se doblega, ni siquiera ante sus instintos. Su deseo por esa humana nubló su juicio y al final le costo la vida. Asi que no puedo entender su elección de sacrificar su vida por aquella mujer. Fue una debilidad que nunca compartí" Las palabras fueron duras, llenas de un resentimiento que había perdurado a lo largo de los años.

Ria pudo sentir la amargura en ellas. Korihana no conocía esta faceta de los yokais, aunque honestamente no le sorprendía. Ahora las palabras del yokai con respecto a la perpetuación de la especie tenía más sentido. No hay una búsqueda familiar, es solo un interés de engendrar a una generación más fuerte.

-Eso es realmente triste- pensó ella. Pero no lo diría, seguramente el lord bestia delante de ella no quería oír como se atrevía a sentir lástima. Pero era exactamente eso lo que sentía.

"Supongo que tu perspectiva está arraigada en la esencia de los inuyokais, su búsqueda constante de fortaleza. Sin embargo, esa misma rigidez puede dejar de lado las complejidades que hacen a los seres, tanto humanos como yokais, únicos", comentó Ria con suavidad, sin temor de enfrentar la mirada penetrante del daiyokai.

Sesshomaru la observó con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Era como si las palabras de la diosa estuvieran desafiando los cimientos de su comprensión del mundo.

"La debilidad no es necesariamente un defecto", continuó ella, "a veces, es en la vulnerabilidad donde se encuentra la verdadera fuerza. Creo que tu padre, al sacrificar su vida, no mostró debilidad, sino un tipo diferente de fortaleza."

El yokai frunció el ceño ante esta perspectiva, pero no interrumpió a la diosa.

"Quizás, Sesshomaru, en esa elección de tu padre, hay una lección más profunda, quizás la más grande que pudo enseñarte nunca. Estoy segura que esa es la razón para que te dejara a colmillo sagrado."

El perro demonio miró su espada por unos segundos. Desde que había logrado entrar a la tumba de su padre a buscar a colmillo de acero, se cuestionó y recriminó a su padre el por qué le había heredado la poderosa y destructiva espada a su inútil medio hermano hanyo, y él solo había recibido lo que consideró un pedazo de basura obsoleta, la espada que era capaz de curar y revivir muertos. ¿Qué poder podía encontrar en salvar a otros? En su viaje de búsqueda del poder y de conseguir a colmillo sagrado o en su defecto una espada que pudiera superar a la de su padre, muchas veces se sintió insultado por las veces que tessaiga lo había evadido y había respondido solo a su hermano incluso cuando la única vez en que encontró útil a colmillo sagrado con la técnica del meido sangetsuha este había sido absorbido por tessaiga.

-Aprender una lección, ha- era tan tedioso escuchar de la boca de esa mujer las mismas palabras que el viejo herrero.

Los pasos de ambos se internaron más en el bosque llegando a un campo abierto de akizakuras, kikus y higanbanas. Los pétalos más claros parecían reflejar el brillo de la luna en ellos. La ninfa se adelantó unos pasos agachándose a mirar una de ellas que parecía estar marchita. Ria creo unos frágiles copos y los sostuvo en su mano hasta que se derritieron formando agua.

"Mi padre solía decir que la verdadera fortaleza no reside solo en la capacidad de destruir, sino en la voluntad de proteger y preservar." Con delicadeza dejó que las gotas escurrieran entre sus dedos cayendo sobre la perecida flor.

"Creo que tu padre vio en ti la capacidad de aprender esa lección, de entender que, en la vida, a veces es más valioso restaurar que despojar."

"¿Y qué haces, si esa vida ya se ha ido?" el yokai también se agachó sosteniendo con sus dedos el tallo de la inerte flor, el cual no tardó en desprenderse por su exanimación.

Sus fieros ojos de oro seguían de cerca los pequeños gestos del rostro de la diosa, su sonrisa no pasó desapercibida.

"Le das otra oportunidad, si crees que lo vale." Con sus fuerzas renovadas, la diosa realizó un pequeño giro con sus manos para invocar algo de su energía y restaurar a la higanbana muerta. Mientras lo hacía, el sonido del roce del acero contra su funda al desenvainar una espada capturó las asombradas pupilas de motas rosas de la dama invernal. Sesshomaru empuñaba a Colmillo Sagrado.

Era algo difícil de creer para el yokai, incluso los seres como las plantas tenían emisarios de la muerte. Mientras sostenía a Tenseiga pudo verlos llevándose la vida de la flor. Con maestría y un ligero movimiento, la espada cortó a los mensajeros que solo eran visibles para el portador de Colmillo Sagrado. Poco a poco la vida comenzaba a fluir en la opaca flor. Los pétalos marchitos recuperaron su vitalidad y la flor resplandeció con un fulgor rejuvenecido. La diosa invernal observó el proceso con asombro, sintiendo la poderosa esencia del colmillo sagrado que ahora fluía a través de la flor.

"Deja de gastar innecesariamente tu energía" expresó Sesshomaru con frialdad "Todo tiene su curso y su destino, tú lo dijiste. Pero contradictoriamente te empeñas en desafiar lo inevitable."

La diosa, sin inmutarse, sonrió ante las palabras del daiyokai, un brillo jovial resplandeció en su mirada "A veces, desafiar lo inevitable es el único camino para descubrir nuevas posibilidades." Sin quererlo, las palabras enigmáticas de su querido amigo Mikage, que alguna vez le parecieron confusas, hoy tomaban claridad en la mente de la dama escarchada. Sesshomaru tenía ese extraño efecto en ella. Con delicadeza la diosa se sento sobre el pasto contemplando todavía la renacida higanbana, el yokai la imitó.

"Estas criaturas efímeras no merecen tal esfuerzo." soltó indiferente mirando a la flor que, en un arrebato incomprensible, revivió

"¿Y por qué no? ¿qué acaso no es más etéreo aquello cuya belleza máxima solo ocurre una vez?" de pronto el semblante alegre de la mujer comenzó a decaer, el lastimoso recuerdo que había tratado de borrar por años estaba tomando su mente otra vez. Las palabras de Hyozan resonaban en su cabeza como campanadas. "Porque solo habrá un único momento en toda su existencia donde será más brillante, más sublime y más vívida que en cualquier otro." citó, tratando de ocultar su amargura "¿No es eso lo que hace que lo efímero sea más hermoso que lo eterno?" cuestionó, más que para el yokai, para sí misma. Korihana había creído tontamente que lo había olvidado, pero esas palabras todavía la perseguían, todavía le dolían.

Flash Back

"Pero no lo entiendo..." una joven y más crédula Korihana titubeaba ante un imponente dios invernal

"Mi querida Ria" el hombre trató de tomar su mentón con su mano pero esta se apartó antes de que lo consiguiera. "Te lo he dicho, no hay ningún gozo en la monotonía, la constante continuidad hace que las cosas pierdan su brillo, de tan infinitas que son. El esplendor de lo que perece es que solo habrá un único momento en toda su existencia donde será más brillante, más sublime y más vívido que en cualquier otro. Lo mismo ocurre con la esencia de las personas."

"Lo que me estás diciendo..."

" Te has vuelto tan constante como la nieve en invierno, pero no como un invierno que nace y muere con las estaciones, sino como uno que siempre permanece."

Las palabras fueron como dagas a su corazón.

Fin de Flash Back

Sesshomaru, miró fijamente a la diosa invernal, rápidamente notó en sus ojos que su mente y sus palabras estaban atrapadas en otro tiempo y tal vez, en alguien más. De alguna forma, el saberlo le irritó.

"Hn, ¿y por qué querría conservar solo un simple momento fugaz?" dijo con sorna" No hay encanto en lo pasajero. Es una tontería aferrarse a algo que se desvanece."

Las palabras ásperas del yokai, aunque despectivas, resonaron en algún rincón de su corazón. Su mirada perdida parecía pedir que se explicara.

El poderoso demonio regresó sus ojos hacia el enorme cuerpo celeste que se alzaba sobre ellos.

" Si algo es tan sublime y hermoso como dices, ¿Por qué querría que desapareciera? "

"Supongo que, es por que se vuelve monótono y ya no es tan encantador" respondió dejando entrever un atisbo de vulnerabilidad en su voz.

Su rostro se agachó para perder su mirada en la hierba el campo.

"Esa es una idea extraña." sus ojos ambarinos se encontraron los castaños apagados de ella cuando, una vez más, atrajo su mentón hacia él.

" No creo que alguna vez la luna pueda ser sosa."

Ria se sorprendió por la respuesta del yokai, pero no podía pensar con claridad, su roce la estaba poniendo nerviosa. Los latidos parecían ensordecerla.

"Lo eterno no necesita cambiar para ser hermoso, su constancia es su encanto, su perfección." Su voz grave y gélida se apoderaba de sus sentidos. El calor que desprendían sus dedos en su barbilla subían con rapidez a sus mejillas. Una extraña calidez comenzó a teñir el corazón de la diosa.

Hace solo unos instantes, sus pensamientos vagaron hacia su antiguo amor, pero ahora, en presencia del yokai, algo diferente florecía. Sus salvajes pupilas doradas seguían clavadas en ella, la sensación era intimidante pero no se atrevía a apartar sus ojos, no tenía intención de huir de su ferocidad. Su toque no era molesto, y sin verguenza deseó que su mano rozara su mejilla. Él no lo sabía, pero sus palabras hicieron que las cicatrices del pasado de la deidad poco a poco se desvanecieran.

El yokai estaba exasperado, no comprendía esa nueva sensación que le hacía querer tocar la suave piel de la diosa. Estaba demasiado absorto en su cálida respiración que lo había hipnotizado desde aquella noche en la cueva. Culpaba a su bestia, estaba cegado por haberla marcado como presa. Su juicio empezó a nublarse cuando escuchó su nombre salir de sus labios.

"Sesshomaru..." murmuró ella, su voz apenas un susurro, pero resonando con una delicadeza que desarmó al fiero yokai. Los ojos dorados del daiyokai, que siempre habían irradiado indiferencia y desapego, ahora parecían contener algo que ni él mismo podía comprender del todo. Sus palabras fueron calladas cuando su pulgar rozó su labio regordete.

"¿Por qué?" pronunció el lord del Oeste sin quitar su vista de su boca. ¿Por qué este deseo desconocido empezaba a consumirlo contra su voluntad? ¿Por qué esa mujer tan insulsa capturaba todos sus sentidos? ¿Por qué estaba dispuesto a ignorar su razón por su instinto?

"No...no lo sé" ella también quería saber por qué estaba dejándose llevar por una calidez que nunca había sentido antes.

La voz titubeante de la diosa solo alimentó la creciente ansia de la bestia dentro del daiyokai. Su instinto, lo impulsó a acercar más a él el tentador rostro de la diosa. La proximidad entre ambos era como dos fuerzas que se atraían irresistiblemente. Su aliento se mezclaba, creando una danza efímera en el aire cargado.

"Deberías" dijo demandante. Sus ojos dorados brillaron con intensidad por su molestia

"Y tú..." murmuró ella, deslizando su mano hacia la mejilla del yokai, sintiendo la frialdad de su piel contrastar con la suya. "¿Por qué me tocas así, Sesshomaru?"

La bestia interior del daiyokai rugió con vehemencia ante el tacto, una mezcla de deseo y rechazo.

"No lo sé" gruñó ligeramente en una mezcla de frustración y confusión. "Y mi falta de comprensión es irritante." admitió en voz baja antes de soltarla y ponerse de pie para caminar de vuelta al campamento.

Cuando los sentidos de la diosa también volvieron en sí se sintió avergonzada. Nuevamente se había permitido bajar la guardia. No, no solo había sido un descuido, sino un anhelo. Un suspiro contenido escapó cuando sus dedos tocaron sus labios que aún se sentían cálidos por el roce del yokai.

Estaba poniéndose de pie para seguirlo cuando la afección de su pecho volvió a molestarla, haciéndola agacharse otra vez. El quejido no pasó por alto los sensibles oídos del peliplateado.

"Ria" llamó. Sin percatarse que nunca antes dijo su nombre. Sus pasos volvieron a dónde estaba ella para sujetar sus hombros. Mirándola con lo que parecía un atisbo de preocupación.

"Mi... mi pecho" respiró con dificultad. Su mano se apoyó en el brazo del yokai. Se quedaron de esta forma unos segundos más en lo que las muecas de dolor de la diosa disminuyeron.

"Descuida, ya está pasando." Pero sus palabras no le devolvieron la quietud al demonio inu.

"Te llevaré de vuelta"

"No hace falta"

"No es un pedido."

Con gran agilidad el daiyokai puso sobre sus brazos a la obsecada mujer acomodando cuidadosamente su cabeza sobre su estola. Ella no tenía la fuerza para discutir, así que se dejó, pero antes de que abandonaran aquel claro lo detuvo.

"Espera, solo un momento." La dama invernal se soltó de su agarre y con rapidez miró hacia el lugar donde habían compartido aquel momento de tensión exorbitante, sus ojos recorrían el espacio buscando algo. Cuando dio con ello sonrió. Ria se acercó a tomar con cuidado la higanbana que había revivido hace poco.

"¿Puedo quedarme con ella?" El peliplateado parecía algo perplejo. No comprendía el irracional comportamiento de la mujer, regresar por aquella simple flor.

"Haz lo que desees." dijo restándole importancia.

"Entonces voy a conservarla. Es un regalo especial." le sonrió con dulzura. - Por que la reviviste para mí.- pensó enternecida la dama invernal, quien recordó que él usó a colmillo sagrado para que ella no gastara energía divina.

"En el invierno la escarcha tiene la capacidad de preservar aquello que recubre, por eso no todo muere cuando llega la nieve." Mientras decía esto, la diosa formó una esfera de escarcha donde conservó a la higanbana.

-supongo que está en su naturaleza- pensó él ante la muestra de bondad de la mujer.

"Creo que tienes razón" dijo mirando a la flor a través de la capa cristalina en donde la había puesto. "No quisiera que algo tan bello se marchite. Prefiero que dure para siempre." -Seguirá siendo especial para mí no importa cuanto la vea- Un resplandor envolvió la esfera y esta desapareció.

"¿A dónde ha ido?"

"A cualquier lugar donde haya invierno. No te preocupes, volverá a quien le permitió vivir cada que la llame. Así la veré siempre que quiera."

La higanbana, símbolo de lo efímero y lo eterno, ahora estaba vinculada a ellos de manera única.

El daiyokai, sin decir palabra, recogió a la diosa en sus brazos y continuó su camino de vuelta al campamento. La noche se extendía, pero entre la neblina del pasado y los destellos de un futuro incierto, algo nuevo había surgido entre la diosa invernal y el señor del Oeste.


- ¡Mi señora, por favor! ¡Por favor, por favor, por favor!-

Las súplicas incesantes de Shimo estaban haciendo que Jaken perdiera la paciencia, de nuevo.

-¡Haz silencio, niño! Estamos en medio de algo muy importante como para 'tomar un descanso' e ir a un festival.-

Muy aparte de lo dicho, el diablillo todavía estaba resentido por el regaño que recibió la última vez que hizo caso a las comadrejas y los acompañó a esas fiestas humanas.

"¡Oye! Mi ama apenas antes de ayer terminó de trabajar en la casa de ese pintor y recuperar su poder."

"Nadie la obligó, tranquilamente pudimos conseguirlo de otra forma, pero ella no quiso." refutó.

"¡No seas aguafiestas! Hemos camino todo el día de ayer."

" Y aún falta mucho para llegar a la tumba del padre de lord Sesshomaru."

"Hermano, creo que Jaken tiene razón esta vez." El kamaitachi de ojos claros ignoró al pequeño yokai y a su hermano, y se acercó a su ama quien caminaba a lado de Ah Un.

" Ama, no queda mucho para que acaben las celebraciones de la fiesta de la luna. ¿Sería mucho pedir que fuéramos a una? Si seguimos por este camino, más adelante está el pueblo de Yuza, ¿lo recuerda, señora? fuimos ahí al festival de tsukimi el año antes de partir a su entrenamiento en la montañas."

Korihana sabía que era muy importante que llegaran a la tumba de Inu No Taisho lo más pronto posible, ahora tenían la seguridad de que Ryu se encontraba ahí, y la gema también. Estaba muy cerca de lograr su objetivo. Pero las palabras de su pequeño amigo la hicieron cuestionarse si era posible hacer una pequeña parada. La fiesta de la luna era una sus favoritas, y aunque ya había asistido a la del pueblo de Sumire, ni Shimo ni Fubuki estuvieron con ella. Además, después de lo ocurrido con el yokai hace algunas noches, un deseo caprichoso comenzó a surgir en ella. La diosa quería tener un recuerdo que atesorar con él, y tal vez la particular tradición de celebración del Tsukimi en Yuza le diera una oportunidad única.

" Supongo que no haría mucha diferencia si vamos."

"¡Pero, qué dices!"

"¡Yay!"

Chocaron las voces molestas y alegres de Jaken y Shimo.

"Mi señora, ¿estará bien?" susurró Fubuki con cautela

"¿No te gusta la idea?"

"No es eso, claro que me gustaría ir, pero..." el níveo yokai pausó su comentario para mirar de reojo al gran daiyokai.

"Entiendo" Ria notó rápidamente cuál era el problema. " Hablaré con él" dijo acariciando suavemente su cabeza antes de dirigir sus pasos al inuyokai.

Percibiendo que los pasos de la mujer se hacían más cercanos le habló antes de que ella abriera la boca.

"Si ya has tomado una decisión no veo porque debas preguntar." Conocía el motivo de su acercamiento y no tenía intenciones de impedirle hacer lo que quisiese.

"Solo asegúrate de no retrasarte. Yo seguiré mi camino igual." Su impávido perfil nunca se inmutó.

"Lo sé, no vine por eso. Quería preguntarte si te unirías a nosotros en el festival."

La solicitud lo tomó desprevenido. "¿Qué?"

" Si vienes con nosotros"

Afortunadamente el estupor no duró mucho.

" Hn, un yokai en una aldea humana." se burló "Parece que tienes un extraño concepto del humor."

"No estoy bromeando. Sé que no te agradan los humanos, pero aunque sea por unas horas, ¿no podría ser soportable?"

Él sonrió con malicia. "Si consigues que esos débiles humanos no huyan de temor ante los yokais, podría considerarlo."

La diosa le devolvío una sonrisa audaz. "hecho"

El peliplateado pareció leer su autoproclamada victoria y le advirtió finalmente "pero debes descartar tu truco del pergamino, porque no hay forma de que me vuelva humano" La declaración no desestabilizó ni un poco la sonrisa triunfal de la dama invernal.

"Descuida, no habrá truco" "Entonces, démonos prisa, pronto va atardecer y el festival comenzará"

El peliplateado la vio irse de regreso con sus kamaitachis. Estaba demasiado confundido, la mujer se notaba demasiado confiada.

-Creo que he caído en una trampa.-

Cuando el sol se puso la algarabía había despertado en el animado pueblo de Yuza. Luces titilantes, decoraciones coloridas y el aroma de delicias culinarias llenaban el aire. Personas recorrian las atestadas calles que estaban llenas de puestos de comida, juegos y artesanías. La música festiva resonaba en el aire, creando una atmósfera vibrante y alegre. Las linternas de papel colgaban de los árboles, iluminando el camino de los visitantes que disfrutaban de la celebración nocturna.

Entre todas las atracciones, los puestos con más éxito eran sin duda los de máscaras y disfraces. Afuera de ellos largas filas se formaban para conseguir sus rostros pintados y parecerse a las sobrenaturales criaturas de las que usualmente huían.

"Señor, yo quiero una máscara de conejo y una piel que parezca su cola, por favor." Se escuchaba en un colorido puesto.

"Aquí tienes pequeña." respondió el comerciante mientras intercambiaba con los padres de ella el pago.

"Señora, ¿podría dibujarme marcas de kitsune en el rostro? No me alcanza para una piel, pero creo que tengo para unas orejas de papel." pidió otro niño cerca.

" Bueno, ven por este lado y déjame ver lo que puedo dibujarte." respondió alegre la esposa del comerciante.

Desde hace algunos años Yuza había adoptado la tradición de no solo usar máscaras de conejo en la temporada de Tsukimi luego de que el templo de la ciudad expulsara a un grupo de yokais que había aterrorizado la aldea en víspera de la luna de otoño. Con casi todos los asistentes disfrazados de monstruos ningún humano sospecharía que había una yokai en el festival, y fue ese motivo el que hizo que Ria ganara la apuesta contra Sesshomaru.

"Hn, eso no se parece en nada a las marcas de un kitzune" comentó tajante el yokai con la media luna quien de lejos pudo oír el pedido del crío humano.

"No creo que alguna vez hayan visto de cerca a uno, así que hacen lo mejor que pueden." dijo Ria divertida viendo como Shimo y Fubuki, quienes habían adoptado apariencia humana, hacían fila en otro local para conseguir un disfraz.

- Aunque todos estén disfrazados de yokai aquí, sería difícil que esas dos comadrejas tienen un disfraz demasiado realista.- pensó con humor la diosa.

" Pareces molesto, ¿es porque no creíste que yo ganaría?" Una mirada seria fue la única respuesta que consiguió.

" Dijiste que si los humanos no se asustaban de un yokai te quedarías. Y ni siquiera usé el pergamino de transformación contigo."

"No temen porque son tan tontos como para percibir que más allá de estos lamentables disfraces hay yokais reales en este festival." respondió él indiferente.

La diosa trató de ocultar su risa con el dorso de su mano. "En mi época vine aquí hace muchos años, y recuerdo que nos hablaron de que tenían esta tradición de disfraces yokais desde la era Heian."

" Entonces hiciste trampa."

"En absoluto, tu única regla fue que no usa mi encantamiento, y lo cumplí"

"Lo planeaste todo desde el principio."

Ria sonrió pícaramente. "Digamos que me gusta tener mis propias sorpresas de vez en cuando."

Sesshomaru no podía creerlo, ¿Era la misma mujer imperturbable que lo había acusado de robar su preciosa gema cuando se conocieron? Sus fríos ojos acusadores ahora lucían brillantes y risueños, y su gesto serio ahora se adornaba con una cálida sonrisa.

"Tu habilidad para las sorpresas es inusual", comentó Sesshomaru, aún tratando de comprender la nueva faceta de la diosa.

"Eso es lo que hace que la vida sea emocionante, ¿no crees?" respondió Ria, mirándolo con complicidad.

Ria y Sesshomaru continuaron explorando el animado festival. A pesar de la aparente indiferencia de Sesshomaru, la diosa invernal notó ciertos destellos de interés en sus ojos ámbar mientras observaba el bullicio del pueblo.

"¡Señorita! ¿Piensa participar en el concurso de disfraces de esta noche? Tiene un rostro muy bonito, y su yukata celeste es precioso, pero si quiere ganar el concurso de la diosa de la luna debe dejar que yo decore su rostro. ¡Créame soy la mejor!" una voluntariosa joven, que ignoraba que estaba delante de una deidad, ofreció sus servicios muy animadamente. Esta era una oportunidad única de sacar una buena ganancia y más si la dama ganaba el concurso.

"Eres muy amable, pero no estoy interesada en el concurso." Ria le sonrió a la joven su determinación le recordaba un poco a Sumire, de hecho parecía tener su misma edad.

"¿Pero por qué? Es muy linda, seguro si participara tendría muchos pretendientes para casarse." siguió alagándola la joven comerciante.

"¡Qué impertinente eres Sumeko!" la regañó una niña más joven que se escondía detrás de su hermana de mayor. "No ves que la señorita está acompañada" La joven Sumeko se dio la vuelta y vio a Sesshomaru, quien observaba la escena con su típica expresión estoica.

Se estremeció ante la presencia imponente de aquel "hombre" que parecía tener un aura enigmática, y cuyo rostro era demasiado atractivo, al punto de hacerla sonrojarse.

"Oh, l-lo siento, señor. No me di cuenta de su presencia. No quise ser irrespetuosa", balbuceó nerviosa, haciendo una reverencia apresurada.

Sesshomaru la miró con frialdad antes de apartar la mirada.

"No hay problema, Sumeko. Aprecio tu entusiasmo, pero simplemente estoy disfrutando del festival", dijo Ria, tratando de calmar la tensión.

De pronto la pequeña hermana de la inoportuna adolescente se acercó al daiyokai. "¡Wow, señor, su disfraz de yokai se ve muy real!" La pequeña niña estaba parada frente a Sesshomaru, admirándolo con ojos curiosos y asombrados.

Su comentario sobre el "disfraz de yokai" hizo que Ria contuviera una risa, sabiendo muy bien que no se trataba de un disfraz. Sin embargo, quería ver cómo reaccionaría el lord del Oeste ante la inocencia infantil.

"¿Eso crees?"

La joven era aún muy pequeña para reconocer el sarcasmo en las palabras del "hombre".

"Definitivamente, sus marcas en las mejillas y la luna en la frente lucen geniales. Pero creo que su cabello plateado y ojos dorados son lo mejor. ¿Cómo logró un disfraz tan bueno?"

El daiyokai miraba fijamente a la pequeña humana quien creía incautamente que su naturaleza no era más que un truco.

"Akiko, ya deríamos regresar a nuestro puesto." Sumeko tomó a su hermana por los hombros he hizo que reverenciara "Lamentamos mucho las molestias, por favor disfruten del festival."

Con gran rapidez la mayor tomó a la mano de la meñor y la llevó por la calle principal. Ella era muy joven para estar segura, pero algo le decía que el "hombre" no era alguien común y corriente, y no quería quedarse a averiguarlo.

"Oye, espera." dijo Akiko a su hermana pero esta la seguía arrastrando "¡Señorita, señor, sus disfraces son los mejores, que se diviertan!" gritó a la distancia.

Sesshomaru observó cómo las dos hermanas se alejaban. La pequeña Akiko continuó ondeando su mano desde la distancia, mostrando su entusiasmo por el "disfraz" del daiyokai.

Ria no pudo contener más su risa, soltando un suave sonido que resonó en la tranquila noche del festival. "Creo que tienes una pequeña admiradora, Sesshomaru. Aunque, siendo justos, tu 'disfraz' es bastante impresionante".

El yokai frunció levemente el ceño, su comentario no le hizo gracia en lo absoluto. "Solo un tonto podría creer que soy un humano."

Ria asintió " Lo sé. Aunque, me pregunto qué pensarían los humanos si supieran que el temido Lord del Oeste está aquí entre ellos", comentó con una chispa de diversión en sus ojos.

Sesshomaru no respondió directamente, pero su mirada intensa se encontró con la de Ria por un momento antes de continuar caminando por el bullicioso festival.

"Jaken parece que se lo está pasando bien." Mientras daban vueltas, la diosa vio como el diabillo disfrazado de anciano se atiborraba de pasteles de arroz. "Creo que nunca comió tantos dulces como hoy."

Sesshomaru nunca había visto a su sirviente tan despreocupado como en aquella ocasión. Era algo extraño, nuevo para él. Siempre había despreciado todo lugar humano, pero extrañamente aunque no estaba del todo cómodo en ese festival se encontraba tolerante a la situación, quizás un poco curioso. Ria notó que sus ojos ámbar ocasionalmente se posaban en detalles intrigantes del festival.

- Quizás, aunque sea solo un poco, no odies del todo estar aquí.- quiso creer la diosa, y eso la hizo feliz.

"No imaginé que tu sirviente pudiera disfrutar tanto de algo tan trivial", comentó Ria mientras caminaban entre la multitud.

"Hmph, los placeres efímeros de los débiles", respondió con su tono habitual de desdén.

"Solo es pastel de arroz, no hay nada de malo en ello, en Tsukimi todo el mundo los come, son deliciosos. Deberías probarlos" La diosa, que se había detenido a comprar dos bollos de arroz dulce, le ofreció uno al orgulloso demonio.

Sesshomaru frunció el ceño ante la sugerencia de probar el pastel de arroz, como si la idea fuera completamente absurda. "Yo no necesito probar cosas humanas", respondió con su habitual aire de superioridad. La diosa sonrió, divertida por su terquedad.

"Estás perdiéndote algo delicioso, pero no insistiré". Sin más dió una mordida al pastelito que había ofrecio y su rostro hizo un gesto de disfrute que cautivó al peliplateado, haciéndole pensar si realemente ese platillo humano era tan magnífico como para endulzar el humor de aquella extraña mujer.

Continuaron caminando por el festival, disfrutando de la animada atmósfera. Los puestos de horquillas y joyas eran los que más llamaban la atención a la diosa. Aunque intentó ocultar su interés, no pasó desapercibido para el yokai cómo brillaban los destellos rosas de sus oscuros ojos cuando miraba algo que le encantaba. La diosa parecía tener una especial debilidad por los accesorios. Inconcientemente, se preguntó que tipo de adorno sería del gusto de la mujer invernal, pero tan pronto como llegó, disipó esa idea.

A medida que avanzaban, se encontraron con un puesto que ofrecía pequeñas velas flotantes decoradas con pétalos de flores y hojas de bambú. La idea era lanzar estas velas al río cercano como una ofrenda a la luna durante la celebración de Tsukimi. Ria se detuvo ante el puesto y miró las hermosas velas con una expresión de admiración.

"Son bonitas. ¿Deberímos lanzar una al río?"

El yokai miró las velas con indiferencia, pero algo en la expresión de Ria pareció despertar un atisbo de interés. Aunque no lo admitiría abiertamente, el festival humano estaba teniendo un efecto peculiar en él, desafiando su habitual desdén por tales cosas.

"No veo la necesidad de participar en tal trivialidad", declaró, pero su mirada se desvió hacia el río.

Ria, sin forzarlo, le ofreció una vela. "Solo por esta vez, Lord Sesshomaru. Además, es una forma de atraer buena fortuna".

"No puedes dejar nada al azar" respondió, pero la diosa no se rindió y siguió sosteniendo la vela delante de él.

"Lo sé, pero no hay nada de malo en desear algo"

Después de un momento de vacilación, Sesshomaru aceptó la vela con gesto impasible. La diosa le entregó una pequeña caja de cerillas, y se dirigieron hacia el río, donde las velas flotantes danzaban sobre las aguas iluminadas por la luz de la luna. Al llegar a la orilla la diosa cerró sus ojos, y como no lo había hecho en mucho tiempo, deseó algo con todas sus fuerzas, con un anhelo que no vivía en ella desde antaño.

Sesshomaru observó en silencio mientras Ria cerraba los ojos y ofrecía su deseo a la luz de la luna. Una nueva faceta de la deidad se revelaba al lord yokai mientras observaba absorto el rostro esperanzador de la mujer invernal. Era como verla vulnerable, pero no una vulnerabilidad de fragilidad sino de candidez.

Cuando ella abrió sus ojos, él seguía mirándola con curiosidad. "Es extraño. No pareces alguien que crea en deseos."

"Supongo que tienes razón." rió ella sin humor. "Pero aunque no lo parezca, hace muchos años solía pedir siempre deseos a las estrellas fugaces. Ya no lo hago, pero supongo que hoy me animé a creer otra vez, aunque sea solo un momento." Por un rato ambos disfrutaron del silencio del lugar contemplando como el agua mecia las velas y creaba un efecto de luz atrapante de las llamas sobre el agua con el reflejo de la luna llena sobre ellas. Después de un momento, Ria rompió el silencio.

"Aunque seas un yokai, ¿nunca has deseado algo, Sesshomaru?" La diosa sabía que él no había pedido nada, así que tenía curiosidad.

El daiyokai frunció el ceño ante la pregunta, como si la idea de tener deseos fuera ajena a él. Sin embargo, no respondió de inmediato, y su mirada se perdió en la distancia, como si estuviera reflexionando sobre algo más profundo. "Los yokais no necesitamos deseos. Nuestra existencia es inherente a la fuerza y la superioridad", dijo finalmente.

Ria asintió comprensiva. "Pero aún así, todos tienen algo que desean, aunque no lo admitan. Puede ser algo tangible o algo más abstracto, pero siempre hay un anhelo en el corazón de cada ser, incluso en los yokais." El daiyokai la miró con escepticismo, pero ella sostenía su mirada con una comprensión profunda. Había algo en la presencia de la diosa que lo invitaba a cuestionar lo que creía.

"Entonces, ¿hay algo que desees, Sesshomaru?" preguntó Ria con curiosidad genuina. El yokai guardó silencio por un momento antes de responder.

"No hay nada que desee que no pueda obtener por mis propios medios. La debilidad de los deseos solo trae insatisfacción."

La diosa no se dejó intimidar por su respuesta. "A veces, la realización de un deseo no es solo obtener lo que queremos, sino descubrir lo que realmente necesitamos. He visto eso demasiadas veces para no saberlo."

"¿Entonces eres una experta en deseos?" preguntó irónico.

"En contra de mi voluntad, pero sí." dijo con humor apagado.

La respuesta captó el interés del inuyokai. "Te contaré un secreto de las deidades de invierno. Bueno, realmente no es un secreto. Cualquier humano aquí lo sabe."

" ¿y eso es...?"

"La primera nevada" respondió Ria, mirando el cielo estrellado. "Es un deseo de invierno muy usado entre los humanos. Dicen que si deseas algo con todo tu corazón durante la primera nevada, el deseo se cumplirá." una risilla escapó "Aunque parece que la leyenda se ha distorcionado un poco. La primera nevada no es un pozo de los deseos. Realmente, lo que ocurre en la primera nevada es un deseo hecho promesa" aclaró "Si algo que anhelas con sinceridad es jurado durante la primera nevada debe cumplirse. Es por eso que sé como se ve lo que logra o no un deseo; a veces no es lo que esperamos."

"Así que una promesa" resumió él. La deidad invernal asintió.

"Exactamente. La magia de la primera nevada es convertir los deseos en compromisos."

Mientras las linternas flotantes seguían ilumiando el curso del río, la diosa pensaba en todos aquellos deseos que nunca cumplieron. Demasiadas promesas vacías que quedaron en el aire. Ser testigo de ello por mucho tiempo mermó la esperanza que tenía cuando era más joven y sufrió de una promesa rota. Pero aún en el inmenso mar de deseos inconclusos, brillaban titilantes aquellas pocas promesas que econtraron juramento. Ese recuerdo hizo que su corazón creyera una vez más, que anhelara otra vez.

Esa noche, iluminados solo con las luces de las linternas, el corazón de la diosa golpeaba alegre en armonía con la música de tambores y flautas que hacían vibrar su alma con una felicidad que deseaba que no desapareciera. Cerró los ojos por unos segundos, como grabando cada escenario a su alrededor. No quería olvidar ni un solo detalle. Ni las risas adorables de los niños que recorrían las calles, ni el animado ajetreo del mercado central, ni la diversión de quienes disfrutaban del baile y la comida. Quería para siempre recordar el intenso brillo de la luna llena que se asemejaba al cabello plateado del yokai que estaba a su lado, y el reflejo ambarino del fuego de las linternas sobre el cristalino río, que se parecía a sus ojos. Ria abrió los ojos, encontrando los ámbar de Sesshomaru que la observaban con una intensidad peculiar.

Nunca había visto una expresión tan llena de calma como la que tuvo ella mientras cerraba sus ojos.

"¿Qué era eso en tu rostro?"

"¿Qué cosa?" la diosa no estaba comprendiendo su pregunta.

"Tal serenidad"

"Oh" una pequeña sonrisa se dibujó en ella " Sesshomaru, ¿alguna vez has experimentado la paz en un momento tan simple como este?"

El yokai contempló el escenario nocturno, reflexionando sobre la pregunta. "La paz es un concepto humano. No es algo que busque."

"Ya veo, yo espero tenerla algún día " susurró " Tal vez no busques la paz, pero eso no significa que no puedas encontrarla." El sonido de la risa de Ria resonó en la tranquila noche del festival. A medida que el momento se desvanecía, la diosa sintió una mezcla de gratitud y nostalgia por esa experiencia única.

"Supongo que es hora de regresar." suspiró.

El río y las luces del festival quedaron atrás mientras se sumergían nuevamente en la oscuridad del bosque. Sin embargo, la luz de la luna continuaba guiando el camino de los viajeros, iluminando sutilmente el sendero de regreso.

El diablillo y los kamaitachis pronto cayeron rendidos de cansancio por todo lo que habían comido, bebido y disfrutado. Sus rostros, ahora con su apariencia real, lucían rozagantes y contentos aún dormidos.

Antes de que la diosa encontrara su lugar de descanso cerca de Ah Un se acercó al daiyokai para despedirse.

"Aunque sea por una noche, gracias por compartir este momento conmigo."

El yokai no podía evitar ser afectado por la dulzura que desprendía los oscuros ojos rosáceos de la mujer.

"Buenas noches" dijo antes de volver a su lugar con el apacible dragón de dos cabezas. Al poco tiempo lo vió partir. No estaba segura de adónde iría, pero esta vez no se sentía inquieta por ello.

Con una sonrisa se apoyó plácidamente contra el cálido respaldar del dragón dispuesta a cerrar sus ojos y entregarse al sueño, pero un tilinteo en su yukata hizo que se sorprendiera. Intrigada, pasó su mano sobre la ropa y sintiendo una superficie extraña entre el moño de atrás de su obi. Era una delgada orquilla de jade blanco con sencillos adornos de flores de ciruelo y una luna creciente colgante.

Ria sostuvo la pequeña orquilla entre sus dedos, observando los detalles delicados de la joya. La luz de la luna filtrándose entre las hojas del bosque resaltaba el jade blanco con un brillo suave. La sorpresa se dibujó en su rostro mientras se preguntaba cómo esa fina pieza de joyería había llegado a su yukata. Tal gesto sutil solo podía ser hecho por una persona.

Korihana sonrió ante el pensamiento, sintiendo un cálido agradecimiento en su corazón que parecía querer estallar de su pecho. Se sintió tan nuevo, como si fuera la primera vez. Con cuidado, la diosa aseguró la orquilla en su cabello, dejando que el adorno se mezclara con los mechones oscuros. Mientras cerraba los ojos, Korihana dejó que la suave brisa nocturna acariciara su rostro, y con la orquilla de jade como testigo silencioso, se sumergió en un sueño tranquilo que, desgraciadamente, pronto se tornaría en una terrible pesadilla.


Espero que hayan disfrutado este capítulo. He tenido varias contratiempos que me impidieron continuar con la historia. Y más cuando decidí llevar dos historias a la par (Dáte una vuelta por mi fic de Ranma: Te veo en la primera nevada. Hay un guiño muy bueno ha esta historia allí)

Por favor hazme saber que te ha gustado dejándome un comentario. Agradezco a todos a quienes muy gentilmente han dejado mensajes diciendo que les intriga la historia.

Anímame a seguir escribiendo!

XOXO!