Hello, dear readers!
I want to express my deep gratitude for your continued support. I know that some of you haven't left comments yet, but I'm also pleased to see that people from other countries are reading, which motivates me greatly to keep writing.
I hope you'll leave a comment to let me know if you're enjoying the story. From now on, the story of Erin and Snape will progress at a slower pace, as this chapter marks a significant shift in the plot. You'll see the development of Draco's story and changes in all the characters, as well as the introduction of new characters, especially in the field of potion-making, including Professor Slughorn. There will also be some Dramione moments, as mentioned before.
I encourage you to leave your questions and comments, as your feedback is invaluable to me. Thank you for your support, and I hope you enjoy the new direction the story is taking!
Hola, queridos lectores!
Quiero agradecerles profundamente por su continuo seguimiento. Sé que aún hay algunos que no han dejado comentarios, pero también me alegra saber que hay gente de otros países leyendo, lo cual me motiva mucho a seguir escribiendo.
Espero que puedan dejar un comentario para saber si la historia está siendo de su agrado. A partir de ahora, la historia de Erin y Snape avanzará a un ritmo más lento, ya que este capítulo marca un cambio significativo en la trama. Verán el desarrollo de la historia de Draco y los cambios en todos los personajes, además de la introducción de nuevos personajes, especialmente en el ámbito de los pocionistas, incluyendo al profesor Slughorn. También habrá momentos de Dramione, como ya se ha mencionado.
Les exhorto a dejar sus dudas y comentarios, ya que su feedback es invaluable para mí. ¡Gracias por su apoyo y espero que disfruten el nuevo rumbo que tomará la historia!
La Banda Sonora recomendada para este capitulo es la siguiente lo he señalado con numeros para indicarles donde seria oportuno poner la cancion:
1-Shake Shake Senora
1.2The Beatles- And i love Her
2.-Flora Cash-For Someone
3.-Adele-Make you feel my love
4.-Snow patrol -Make this go on forever
La verdad
1.
Erin no podía evitar recordar lo difícil que había sido para ella aceptar que Sirius cuidara de Lucas. Había sido una súplica por parte de Lucas y Sirius. Las palabras de Sirius, junto con las insistencias de Poppy y la fe que le tenía, la habían llevado a confiar en él mago más de lo que jamás pensó que podría. Había escuchado los argumentos de Poppy, que le hablaba de la importancia de confiar en quienes estaban dispuestos a ayudar y cómo, a pesar de sus reservas, podía ser un acto de fe en el que Moody habría creído, despues de todo solo serian unas horas y Lucas estaria en Hogwarts.
A pesar de la incomodidad y el miedo que sentía, Erin sabía que aceptar la ayuda de Sirius era un paso hacia adelante, una manera de seguir el consejo que le habían dado: confiar un poco más en los demás y en su propio juicio. Mientras miraba a Lucas, sintió una mezcla de alivio y ansiedad, esperando que este acto de fe no la decepcionara.
Erin, vestida con su habitual traje de auror y un largo abrigo oscuro, llegó al lugar con paso firme. Llevaba a Lucas de la mano, y su expresión era tan seria como siempre. Sin mucho preámbulo, se inclinó y le dio un beso en la frente al niño.
—Volveré a las 4 a.m. —le dijo con tono tranquilo mientras Lucas la miraba fijamente.
Sirius, apoyado despreocupadamente contra la puerta, observó la escena con una sonrisa burlona, esperando algo más de Erin. Con un gesto exagerado, se inclinó un poco hacia ella, insinuando un beso de despedida. Erin, al verlo, solo rodó los ojos con una mezcla de fastidio y diversión.
—Que no coma muchas golosinas , nada de terror y creo que queda más que claro, nada de cosas imprudentes, si le pasa algo te mato...—dijo, apretando su hombro con firmeza mientras lo miraba seriamente— En fin la mayoría me ha dicho que eres bastante... confiable, Sirius, incluso Moody aunque tenia sus reservas te apreciaba…-
Sirius tragó saliva, sorprendido. Era la primera vez que Erin le hablaba así. De cualquier manera, el tono le había sonado casi... acogedor.
—confiable, claro... —murmuró, intentando disimular su desconcierto.
Erin asintió, sin prestar mucha atención a su reacción. Le lanzó una última mirada de advertencia antes de marcharse, dejándolo con un suspiro.
Cuando la puerta se cerró tras ella, Sirius se quedó un momento pasmado, rascándose la cabeza mientras observaba a Lucas, que empezaba a curiosear por el lugar con una mirada seria y tranquila.
Intentando mantener la compostura, Sirius le dedicó una sonrisa forzada.
—Bueno, pequeño… ¿qué te apetece hacer? —preguntó, sin tener ni idea de cómo lidiar con un niño.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que la calma se desvaneciera. En menos de media hora, el pequeño comenzó a inquietarse, dando vueltas por la sala sin saber qué hacer. Finalmente, se detuvo frente a Sirius y frunció el ceño.
—Profesor Black, ¿cuándo empezará la pijamada? —preguntó con una seriedad que descolocó a Sirius.
Sirius parpadeó, completamente desconcertado. No tenía ni idea de lo que se suponía que debía hacer en una pijamada para niños, pero intentó improvisar lo mejor que pudo.
—Eh dime tío Sirius, si quieres y... ahora mismo, supongo —dijo con una sonrisa nerviosa- agarra lo que quieras de mi casa...- aseguro
Con la cabeza llena de dudas,miro a Lucas y luego se dirigió a la cocina comenzó a preparar algo para comer. Sin embargo, en lugar de bocadillos para niños, lo que terminó haciendo fue un surtido más propio de una elegante velada para adultos: aceitunas, varios tipos de quesos, y algunas cosas que parecían más apropiadas para impresionar a una cita que para entretener a un niño.
Mirando los platos frente a él, Sirius suspiró y se dio cuenta de que no tenía ni la más mínima idea de cómo cuidar a un niño de esa edad. "No le puedo enseñar a fumar hachís, montar en moto o, peor, conjurar hechizos de pirotecnia", pensó, frustrado. ¿Qué se supone que hacen los niños en una pijamada? Era una completa incógnita para él.
—Espera aquí un segundo, ¿de acuerdo? —dijo rápidamente, saliendo del cuarto y dirigiéndose a los dormitorios donde los aprendices estaban descansando.
Corrió por los pasillos hasta llegar al cuarto donde Harry, Ron, y Hermione estaban durmiendo. Con su usual falta de sutileza, golpeó la puerta hasta que escuchó a Harry murmurar algo entre sueños.
Harry, parpadeando somnoliento, se incorporó en la cama.
—¿Sirius? ¿Qué pasa?-
Sirius lo miró desesperado.
—Necesito ayuda. Lucas está aquí, el hijo de Erin. No sé qué hacer con él-
Harry, aún medio dormido, soltó un pequeño suspiro. Sabía que Sirius no era precisamente el más apto para situaciones con niños.
—¿No puedes entretenerlo tú solo? —preguntó, claramente cansado.
—¡Es un niño, Harry! ¿Qué se supone que haga? No soy precisamente el mejor en esto, si te hubieras quedado conmigo esto seguro tendrías más que la cicatriz de la frente—admitió Sirius, sonando más derrotado de lo que le gustaría.
Ron se dio la vuelta en la cama, ignorando la conversación, pero Hermione, siempre atenta, abrió los ojos y se sentó en su cama.
—Lucas… el hijo de la profesora Dune , ¿de verdad Sirius? te debe gustar mucho.. —dijo Hermione, con un tono de burla—. Tal vez le gustaría leer algo, o podrías enseñarle a jugar algún juego de mesa. ¿Has probado con eso?- indago
Sirius se quedó pensativo. La idea de un juego de mesa le parecía ridículamente simple, pero tal vez funcionaría.
—Bien… vale, intentaré algo de eso. Gracias, Hermione.- dijo dejándolos dormir de nuevo
Hermione asintió, aún adormilada, y volvió a recostarse. Mientras tanto, Sirius se apresuró a regresar a donde estaba Lucas, el cual al regresar jugaba peligrosamente con un arco que tenia en una de sus caja de armas. Al entrar, casi le da con una flecha
Intentando sonar entusiasta y mantener el control de la situación, Sirius rio.
—Lucas con eso no porque no hacemos otra cosa ¿Te gustan los juegos de mesa,?- mencionaba quitandoele el arco
El niño lo miró con su habitual semblante serio y respondió—Me gusta Brujas, Magos y Dragones o ajedrez mágico … ¿Cuál tienes?-indago curioso, mientras comenzaba a andar en el lugar de nuevo.
Sirius parpadeó un par de veces, tratando de procesar la respuesta. Mientras repasaba mentalmente su limitado repertorio de juegos, se dio cuenta de que los únicos que conocía implicaban apuestas, trucos de magia arriesgados o... poker striper , claramente inapropiado para un niño. Balbuceó mientras intentaba ganar tiempo.
—Eh... claro... déjame pensar un momento —dijo, intentando ocultar su nerviosismo.
Sirius regresó de nuevo al dormitorio, esta vez con una mezcla de frustración y resignación. Al ver que Harry seguía profundamente dormido y Ron no parecía tener intención alguna de levantarse, su única opción fue despertar a Hermione, quien ya estaba comenzando a hartarse de la insistencia de Sirius.
—¡Está bien, está bien! —dijo Hermione, poniéndose las zapatillas rápidamente—. Iré contigo, Sirius. Esto no puede ser tan difícil, solo te ayudare un poco y regresare a dormir, no puede ser que aceptes cuidar un niño y no tengas ideas, creo que la profesora Dune confio demasiado en tu presunción…-aseguro frustrada.
Mientras se encaminaba hacia la sala donde estaba Lucas, se encontraron con Draco Malfoy, que venía de caminar, un hábito que acababa de adquirir para calmar los pensamientos de su cabeza Sirius frunció el ceño en cuanto lo vio.
—¿Qué haces aquí a esta hora, Malfoy? deberías estar descansando —preguntó Sirius con tono suspicaz.
Draco lo miró con su habitual aire de molestia , pero antes de que pudiera responder, Hermione intercedió.
—Sirius, no es hora de empezar discusiones, seguro Draco solo ha caminado —dijo, cansada—. ahora vamos a ver a Lucas, quiero regresar a dormir-aseguró la bruja.
Draco, al oír el nombre del niño, frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada al principio. Luego, en un tono más suave del que normalmente usaba, comentó:
—Asi que le dejo a Lucas, vaya sorpresa…si le sirve a el le gusta el regaliz blanco y jugar al ajedrez mágico, y tambien los bombones muggles-aseguro el rubio.
Sirius lo miró, sorprendido y escéptico.
—¿Y tú cómo sabes eso, Malfoy? —preguntó, cruzando los brazos.
Draco lo miró de reojo, su expresión más cerrada ahora.
—No es información de alta seguridad profesor Black…pregúntele a él niño…-dijo con fastidio
Hermione, notando la tensión entre los dos, decidió cortar el momento antes de que escalara.
—¿Por qué no nos acompañas, Draco? Podrías ayudar con Lucas si lo conoces tan bien —sugirió, mirando a Draco con una ligera sonrisa que intentaba ser conciliadora.
Draco se encogió de hombros, como si no le importara mucho la situación, pero asintió.
—Está bien, supongo que no tengo nada mejor que hacer…-
Sirius, claramente insatisfecho con la idea de tener a Draco cerca, no pudo evitar hacer una mueca, pero se contuvo de decir algo más.
Cuando los tres llegaron de vuelta a la sala, encontraron a Lucas sentado en el suelo, haciendo flotar algunas de los objetos antiguos que Sirius había dejado por ahí, entre esos dagas, cuchillos, venenos en frascos que Sirius se apresuró a tomar en el aire.
Cuando Draco entró en la habitación, Lucas, con una gran sonrisa, corrió hacia él y lo abrazó con fuerza, lo que sorprendió tanto a Sirius como a Hermione. Draco, intentando mantener la calma, le hizo un gesto discreto a Lucas, indicándole que no dijera nada más de lo necesario.
—Hola Lucas, ¿quieres jugar algo conmigo? con algo que de preferencia no te mate —aseguro Draco, acercándose al niño con una amabilidad que no solía mostrar.
Lucas levantó la vista, sorprendido al ver a Draco.—Si —indico el niño.
Draco sonrió de lado—¿Cómo es que conoces a Lucas ? —preguntó Hermione, visiblemente interesada.
Draco, sin mostrar ninguna emoción más allá de una calma ensayada, mintió con naturalidad.—Lo conocí cuando recién llegó al castillo. Nada fuera de lo común —respondió con indiferencia, mientras acariciaba la cabeza de Lucas.
Hermione lo observó atentamente, sin estar del todo convencida. Podía notar que había algo más detrás de esa relación, pero antes de que pudiera hacer más preguntas, Draco, con un movimiento ágil de su varita, hizo aparecer un pequeño trenecito mágico que comenzaba a moverse por la habitación. Las ruedas del tren brillaban mientras se deslizaba por el aire, haciendo sonidos suaves de "choo choo" y soltando pequeñas nubecitas de humo. Lucas sonrió emocionado y siguió al tren con los ojos brillantes.
Sirius, que había estado observando en silencio, frunció el ceño ante la escena y finalmente se dirigió con Hermine- oye Hermione ¿Qué hacías de pequeña en tus en una pijamadas para comer?-
Hermione, sintiendo la exasperación crecer dentro de ella, suspiró, al ver las "botanas" que Sirius había preparado.
—¿Es en serio, Sirius? Te faltó poner dos copas de vino y velas. Creo que te equivocaste de menú, este es para la profesora Dune —respondió Hermione, mezclando cansancio y firmeza en su tono.
Sirius se encogió de hombros, algo avergonzado, mientras ambos observaban cómo Draco y Lucas jugaban con el trenecito mágico en la sala. Hermione, sin más palabras, lo tomó del brazo y lo arrastró hacia la cocina.
—Ven, vamos a preparar algo de comer. A Lucas le vendrán bien unos bocadillos más... apropiados —dijo, sacando algunos ingredientes de la despensa, notoriamente basica y desorganizada.
Sirius, aún desconcertado por toda la situación, asintió con resignación y comenzó a ayudar. Mientras preparaban los sándwiches, lanzó una mirada hacia la puerta, su mente aún procesando todo lo que estaba pasando.
—Nunca pensé que vería a Draco Malfoy… ¿jugando con un niño? —comentó Sirius, incapaz de ocultar su desconcierto.
Hermione sonrió levemente mientras cortaba el pan.
—La gente puede sorprendernos cuando menos lo esperamos, Sirius —respondió con serenidad.
Sin embargo, Sirius no estaba tan convencido. Insistió, con el ceño fruncido.
—No confío en ningún Malfoy. Siempre hay algo detrás de sus intenciones-
Hermione lo miró por un segundo y, suspirando, negó con la cabeza.
—Sé que puede sonar loco, pero siento que Draco es diferente. Hay algo en él que ha cambiado, la guerra nos cambió a todos…—comentó mientras untaba un poco de mantequilla en el pan.
1.2
Hubo un breve silencio, roto por Hermione, quien esta vez decidió indagar un poco más, dejando a un lado la comida.
—¿Y tú, Sirius? —preguntó de repente—. ¿Por qué eres tan insistente con la profesora Dune? Según tengo entendido, eres todo un conquistador. No sería más fácil irte con alguna de esas mujeres que te persiguen. Además... ni siquiera sabes cuidar de un niño-
Sirius se detuvo por un momento, sus manos sobre el pan, y su expresión se volvió más seria de lo habitual. Dejó escapar un largo suspiro antes de hablar.
—De eso se trata, Hermione. Estoy cansado de todo lo conocido, de los mismos juegos, de las mismas historias… Cuando veo a Erin... cuando la veo, algo cambia en mí. Quiero ser digno de ella, ser diferente, ser capaz de algo más que el mujeriego que todos creen-
Sirius hizo una pausa, mirando a Hermione directamente a los ojos. Su voz se tornó un poco más áspera al recordar el pasado.—No estuve allí para Harry cuando más me necesitaba, y he visto a Remus madurar, ser padre... no quiero quedarme atrás. No quiero ser siempre el irresponsable, el que todos ven como un desobligado o imprudente-
Hermione lo miró con seriedad, procesando sus palabras. Era evidente que algo profundo se estaba moviendo dentro de Sirius, algo más allá de su actitud despreocupada y su conocida rebeldía.
Hermione continuó cortando el pan en silencio, pero su mente no dejaba de girar en torno a lo que Sirius había dicho. Finalmente, decidió seguir indagando.
—¿Y si ella no te corresponde, Sirius? ¿O si no es ella? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y precaución.
Sirius, aún sin mirarla, suspiró profundamente y dejó el cuchillo sobre la mesa. Se tomó un momento antes de responder, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.
—No sé cómo explicarlo, Hermione —empezó, rascándose la cabeza—. Algo en ella me hace sentir, diferente. No se si sea la indicada o me corresponda, pero quiero intentarlo, Lucas es increible, ella es genial y no solo porque haya soportado a ojo loco o haya estado en Azkaban como yo, eso no es todo .Aparte que es increíblemente atractiva, es una inceible Auror, es realmente ruda...esos ojos, esa presencia-
Sirius se detuvo, buscando las palabras correctas al ver que balbuceaba .
—Es la forma en que se defiende, cómo enfrenta las cosas sin titubear, es una madre amorosa, es fuerte, es inteligente, es todo lo que yo no he podido ser... Me tiene... maravillado. No lo entiendo del todo, pero siento que debo intentarlo. Y si no funciona... al menos quiero que ella lo sepa. No quiero quedarme con la duda si seria capaz de amar aalguien como ella.
Hizo una pausa y lanzó una breve sonrisa.
—Mira a ti con Ron. Nadie pensó que él y tú quedarían juntos, y mira…-
Hermione se removió incómoda al escuchar esas palabras, y Sirius notó de inmediato su incomodidad. Frunció el ceño y, por un momento, su tono se suavizó.
—¿Estás bien? —preguntó, preocupado.
Hermione se detuvo, dejando el cuchillo a un lado. Bajó la mirada, su voz temblando levemente cuando respondió.
—Es Ron... después de la muerte de su hermano, él cambió o tal vez siempre fue asi. Lo entiendo, y quiero escucharlo...pero no es lo mismo... Al principio, las peleas eran divertidas, luego había confianza, tranquilidad. Pero ahora… solo quedan las peleas. No sé cómo manejarlo.. y a veces no estoy tan segura de…-
El ambiente en la cocina se tensó por un momento, ambos sumidos en la platica pero antes de que pudieran seguir con la conversación, Draco entró a la cocina, aclarando la garganta con su habitual cuidado.
—No se a que se refiere Lucas con ver una película de una "fábrica de chocolate" —dijo con un tono de desconcierto, al notar las miradas inquisitivas de ambos.
Hermione sonrió al escuchar la mención de la película, encontró la forma de librarse de la plática incomoda.
—Ah, "Charlie y la fábrica de chocolate". Es una película muggle que a muchos niños les encanta. Parece que tus conocimientos sobre muggles o niños son tan limitados como los sirius, Draco, iré por algo para que la vea y ustedes terminen las botanas—dijo con un toque de humor mientras se dirigía hacia la sala para ver a Lucas.
Sirius la observó, sintiendo una mezcla de confusión por la situación. Se quedó en la cocina, procesando la conversación y sintiendo el peso de sus propias reflexiones. Al fin ambos magos acomodaron botanas mas apropiadas para Lucas, palomitas, sandwiches bombones.
Hermione, que había empacado una laptop, regreso al cuarto y la llevo a donde Sirius, la configuró rápidamente para reproducir la película. Lucas, al ver la pantalla, se acomodó emocionado en el sofá, esperando ansiosamente el inicio de la película.
Hermione le dio unas palmaditas a Sirius para que se sentara junto al niño, y luego se dirigió hacia puedo culparlo por querer intentarlo, Pensó Hermione para sí misma mientras veía como Sirius, con un movimiento de su varita, emuló lo que estaba en la pequeña pantalla en una más grande, Lucas encantando con una proyección más amplia se emocionó al ver cómo la película se expandía y algunos elementos salían de la película
—Bueno, ya tienes todo en orden, Sirius —dijo Hermione con una mezcla de comprensión y aliento—. Por favor, déjanos dormir ahora-
Sirius asintió, claramente aliviado de haber podido resolver la situación, y con una última mirada hacia el niño, se acomodó en el sofá junto a él.
Hermione y Draco se dirigieron hacia el dormitorio. Antes de cerrar la puerta, Draco, aún con una expresión seria, aclaró la garganta antes de dirigirse a Sirius.
—He dejado algunos juguetes por si tienes problemas. No te preocupes si no sabes cómo usarlos, Lucas sabe —Draco trató de sonar práctico y un poco sarcástico, aunque el gesto fue un tanto incómodo para él.
Sirius, aunque un poco desconcertado, agradeció el gesto con una sonrisa forzada.
—Gracias, Malfoy. Aprecio la ayuda…-
Con eso, Draco y Hermione se despidieron y se dirigieron hacia el dormitorio. Mientras caminaban, Draco mencionó algo sobre la laptop con curiosidad.
—¿Qué es esa cosa que trajiste? —preguntó.
Hermione sonrió mientras explicaba.
—Es una computadora portátil, Draco. Los muggles la usan para ver películas, hacer tareas, y muchas otras cosas. Es bastante útil…-
Draco asintió, claramente intrigado por el dispositivo. Su mirada se encontró con la de Hermione, y por un momento, ambos compartieron una sonrisa.
—Bueno, supongo, se ve útil, me gustaría algun dia aprender a usarla. —dijo Draco, con una sonrisa.
Hermione lo miró con un toque de complicidad.
—Si alguna vez quieres ver una película, puedo prestartela. Solo avísame….-dijo divertida
Draco agradeció el gesto con un asentimiento y se dirigió a su habitación para descansar. Mientras tanto, Hermione regresó a su propia habitación, contenta.
Sirius se acomodó junto a Lucas, viendo cómo el pequeño se sumergía en la película, con una sensación de logro, a pesar de las dificultades iniciales.
Erin, con una determinación mezclada con inquietud, sabía que tenía que enfrentar a Snape. A pesar de su desasosiego, se preparó mentalmente para la confrontación. Al llegar al pasillo del ala norte donde regularmente iniciaban las guardias, vio a Snape de pie, revisando unos papeles con una expresión de indiferencia. Sin embargo, su presencia hizo que Erin se sintiera aún más insegura, talvez podía aplazar esa platica un poco mas, penso para si.
Se acercó a punto de saludarlo, Snape la interrumpió con un tono cargado de sarcasmo.
— ¿Tan confiada estás de dejar a tu hijo con un ex presidiario? —dijo Snape, su mirada cargada de desdén.
Erin se detuvo en seco, el comentario de Snape encendiendo una chispa de irritación en ella. Sin perder la compostura, replicó con firmeza:
— Si voy a confiar en un ex mortífago mañana, no veo por qué no debería confiar en Sirius Black hoy- aseguro.
Snape, sin cambiar su expresión, añadió— ¿Ya estás tan rápido buscando llenar la vacante de figura paterna para tu hijo? hace poco estabas presentando a ese ridículo hombre francés como tu esposo, hoy dejas a tu hijo con el hombre que busca desesperadamente brincarte encima , y hace unas horas estabas…
Erin lo percibió inmediatamente al ver que Snape se quedaba callado, sabiendo a que se refería. Sus ojos se estrecharon en desafío.
—¿Vas a terminar la frase, Snape? —le exigió, la tensión palpable en su voz- Snape la miró con una mezcla de desdén. Erin continuó, sin ceder un ápice.— y hace unas horas estaba encima de ti haciéndote gemir…No porque me acosté contigo significa que puedes opinar sobre mis decisiones de quien cuida a Lucas. Y no, no estoy buscando una vacante para su padre. Él ya tiene uno. Se llama Simon Pierre. Pero si estás tan preocupado por la vacante, no veo tu postulación…-
Snape frunció el ceño, su rostro una mezcla de sorpresa y enojo, mientras Erin lo enfrentaba con una determinación implacable.
Snape, con un tono de desdén, respondió— tu hijo no me importa y no estoy interesado en la vacante de padre, así que no te hagas ideas —dijo con frialdad.
Erin, con un destello de irritación en sus ojos, replicó con punzante claridad:
—Claro, solo estás interesado en hacerme favores, ¿verdad?- aseguró mordaz
-¿debería tener otro interés en ti Dune?- indago con burla Snape , despues suspiró, notando como la bruja comenzaba a caminar hacia la salida del castillo él la siguió,
Erin con una voz llena de fastidio hablo -No sé por qué me iba a molestar en hablar contigo, Snape, después de... lo que pasó. Si eres claramente un hombre más, solo buscas acostarte con cualquier mujer que se te cruce. Claro, el héroe imprevisto que renace de la oscuridad,¿Como ibas a limitarte?. Y sabes, es gracioso, tanto que hablas del mujeriego de Sirius Black, que quiere llevarme a la cama y tú no pareces ser diferente. Solo dejo claro que no te preocupes, entiendo que para ti solo era sexo...incluso pense por un momento que Lucius te habia mandado…. pero eres como cualquier otro-
Erin pensó con alivio que, si Snape se había acercado a ella, era nada más que producto de su propia naturaleza. Una parte de ella bajó la ofensiva de que conspiraba con Malfoy, al menos temporalmente, aunque otra parte, más orgullosa, la carcomía al pensar que Snape la miraba como una más de su lista de conquistas tras la guerra. Esa reflexión la hizo sentir una punzada de malestar. Erin sacó un cigarrillo de su manga y lo encendió, la llama iluminando brevemente su rostro mientras exhalaba el humo con desdén.
Por otro lado, Snape se quedó quieto al pensar que una parte de lo que decía podría ser verdad. El peso de las cosas que aún no había abordado con Erin, especialmente en relación con Malfoy, lo afectaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Mientras luchaba con sus propios pensamientos, se detuvo y la alcanzó, su frustración evidente. Con una expresión de resignación, finalmente habló
—Odio que fumes, Dune, pero odio más que afirmes cosas que no sabes, que des por sentado cosas sin preguntar y por si falta decirlo Dune no ha habido otras,más que tú desde hace mucho tiempo…—dijo, su voz cargada de una sinceridad inesperada.
Erin lo miró, sorprendida por la confesión. Snape continuó, su tono cargado de una mezcla de determinación y frustración:—Y como no saber que no eres tu quien solo se deshace de tension, tras la guerra y me estas utilizando para tus fines , aunque claro de ser asi ,no es que tenga restriccione, solo es sexo… —añadió, comenzando a caminar más adelante de ella.
Erin se sintió extraña ante la declaración, una mezcla de emociones que no podía precisar. No era virgen, o puritana y sabía que él tampoco lo era, pero había algo en saber que ella era la única en mucho tiempo que la hacía sentir tranquila, talvez era la idea de no sentirse como una imbécil, que se embelesa con el hombre que tiene sexo tras mucho tiempo y eso no era ego, ni deseo; era algo más íntimo o profundo que no sabia descifrar que despertaba en ella Severus Snape.
Dejando el cigarrillo caer al suelo, Erin se acercó a él con determinación. Su tono era burlón, pero su mirada tenía un destello diferente—¿Por qué tienes que ser tan fastidioso con esto? ¿ si yo quiero y tu quieres? Somos adultos, si solo es sexo, estoy de acuerdo.-aseguro aclarando la garganta Erin-
Snape levantó una ceja, su expresión cambiando a una mezcla de curiosidad y sorpresa. Erin lo miró con una intensidad que rivalizaba con la de él. Sin querer dar más rodeos, lo detuvo tomándolo de la manga, esperando respuesta.
Snape se acercó a ella, atrapándola en un rincón oscuro con una postura dominante. Su voz era seca pero segura—¿ahora admitiras que si querías más?—dijo, su tono firme con hilo de sarcasmo.
Erin sonrió, un brillo travieso en sus ojos mientras lo tomaba por el borde de su cuello. -¿Y yo soy la arrogante? —preguntó, su voz casi un susurro, mientras sus labios se acercaban a los de él.
Sabía que se estaba mintiendo a sí misma; esto no era solo sexo. No lo era para ella. Snape le gustaba, tal como era,arrogante, mezquino ,pretencioso, tajante, frío.A pesar de todas las dudas que tenía, especialmente en lo que respectaba a Malfoy, en ese momento solo quería besarlo. En esa oscuridad, con el peso de sus propias inseguridades y temores, estaba allí, besándose con Severus Snape.
Erin sintió una oleada de recuerdos que la inundaron, revelando detalles que habían estado ocultos en las sombras de su memoria. Los momentos de su pasado, con una claridad inesperada, se desplegaron ante ella, mientras el beso se profundizaba.
Recordo a un Snape mucho más joven, en una casa de los Malfoy, rodeado de frascos de pociones y libros antiguos. Ese dia él mago estaba concentrado en preparar una poción para Draco el progenito de Lucius que estaba enfermo y Snape hacia una mezcla para aliviarlo a petición del aristócrata, su expresión una mezcla de concentración y fastidio . Erin, aún más joven y con una actitud de curiosidad desbordante, se había aventurado en la habitación donde él trabajaba.
—¿Qué está haciendo?-Indago Erin mientras observaba los ingredientes y el vapor que salía del caldero.
Snape, con una mirada severa y algo molesta, le había respondido secamente: —está ciega estoy ocupado y no es asunto suyo…-
Erin, sin dejarse amedrentar, se había acercado al caldero y, con una habilidad sorprendente, corrigió una parte de la poción. —Si se lo va a tomar en serio, al menos asegúrese de que este bien hecho —le había dicho, desafiándolo con su tono, revisando la mezcla.
A pesar de su actitud desafiante, había algo en la forma en que Snape la miraba, desde hace unos meses una mezcla de sorpresa y desdén, que la intrigaba, al fin ella sonrió mientras le daba un ingrediente diferente al que el mago estaba ocupando, que funcionaria mejor.
—Interesante... —dijo sarcásticamente, sin dar señales de que estaba realmente impresionado—. No me imaginaba que tenía tal habilidad para entrometerse. Ahora, si no le importa, me gustaría que saliera de mi espacio de trabajo- aseguro el mago.
A pesar de su tono cortante, había algo en su mirada que insinuaba una admisión tácita de su habilidad. Sin embargo, no le ofreció más que una respuesta seca, mientras le daba la espalda y continuaba con su tarea.
El recuerdo regresaba con una intensidad palpable, evocando el mismo sentido de desafío que en esa época. Snape, en su versión más joven, había sido una figura intrigante, alguien que desafiaba su inteligencia y su capacidad desde siempre, cada pequeño encuentro en la casa de los Malfoy era un interesante desafío de ironías y pequeñas peleas llenas de gracia, que le daban un toque de realidad, al ensueño empalagoso en el que estaba metida en equel momento con Rabastan siempre dandole razón, o tratandola como un cristal que se podia fragmentar, Snape era en ese entonces como una brisa y una bocanada de aire, entre tanta perfección que al final terminó siendo falsa.
Erin ante esta reflexión se vio disfrutando aun mas la sensación de ser besada por Snape, la intensidad de su abrazo y el roce de sus labios le hacían recordar cómo en el pasado sus encuentros estaban cargados de algo que no podía descifrar, pero al sentirlo, besandola, se dio cuenta que de hecho Snape antes había llamado su atención, al ser lo mas real que tenia tanto antes como ahora. Apoyaba su espalda contra la pared mientras él la sujetaba de la levita, su deseo evidente en cada movimiento.
-¿eres real?-dijo como un suspiro Erin contras sus labios sonriendo.
Snape, ante las palabras de la mujer se sintió contrariado, un recuerdo se hizo claro las tardes en la casa de los Malfoy se develaron con un sabor agridulce. Erin, siempre corriendo tras Draco, con esa energía ruidosa y entrometida que lo fastidiaba. Para él, en ese entonces, ser el títere de Voldemort o de Dumbledore era una carga abrumadora, y verla moverse por la casa con esa vibrante vitalidad solo resaltaba el contraste con el mundo gris y sombrío que habitaba. Ella representaba todo lo que no era él: una presencia viva, hermosa y desafiante, que despertaba en él una incomodidad que no lograba entender del todo y con la que solía pasarse peleando.
En aquellos días, Snape observaba a Rabastan con una mezcla de desdén y desprecio. Su actitud servil hacia Erin le parecía patética, un mago que, a sus ojos, no merecía el amor que le era correspondido. Pero Snape, con su aguda introspección, sabía que ese desdén no era más que un reflejo de su propia miseria. Se sentía encadenado a su promesa hacia Lili, incapaz de encontrar la felicidad, mientras otros, como Rabastan, parecían disfrutar de algo que él mismo se había prohibido.
Lo que lo perturbaba más que nada, sin embargo, era la incómoda realización de que Erin, en algún punto, había logrado colarse entre las grietas de su férrea devoción a Lili. La imagen de Lili, siempre tan idealizada, tan intocable, había sido su faro durante años. Ninguna mujer, pensaba, podría jamás reemplazarla. Y, sin embargo, Erin, con su innegable belleza y determinación banal, había sido la excepción. Había despertado algo en él que le era desagradable admitir. El mero pensamiento de que ella, con su risa despreocupada y su mirada desafiante, había llegado a hacerle flaquear, le generaba una mezcla de culpa y furia.
Ahora, mientras se besaba con Erin en la oscuridad, la dualidad de sus emociones lo golpeaba con una fuerza abrumadora. ¿eres real? Había pasado años convenciéndose de que cualquier sentimiento hacia cualquier mujer era pasajero, una mera distracción en comparación con la devoción que había jurado a Lili, Pero allí estaba, enredado en ese beso, y sintiendo algo que lo hacía tambalear, en que tan devoto había sido hacia Lilli Evans realmente.
Esa verdad lo llenó de una repentina ira, casi como si lo atacara desde lo más profundo. De pronto, de manera casi violenta, la alejó, como si el solo contacto con ella lo quemara. No podía ser más que Lili, se repetía, como un mantra desesperado, intentando mantener la imagen de lo sagrado, de lo puro, de lo que nunca pudo tener.
Lo que más lo consumía era el profundo desprecio por sí mismo, el hecho de que alguien tan "insignificante" como Erin Dune, sin haberle mostrado interés en aquella época, había logrado hacerle dudar. Qué patético, se dijo con amargura. Era como si hubiera estado reviviendo la vieja fantasía del desprecio, una mujer que ni siquiera lo había notado, mientras él se aferraba a la sacrosanta cruzada que había emprendido por Lili. ¿Podía realmente culpar a Erin cuando ella había estado tan ciega de amor por Rabastan en ese entonces? ¿Y ahora sacar provecho? se sintió falso…El lo estaba por Lili, pero era insoportable admitir que, en algún momento, había envidiado a Rabastan, que había tenido la oportunidad de dejarlo todo atrás y seguir a Erin. Pero no lo había hecho.
Erin lo observaba en silencio, notando el cambio en su mirada, el frío y la distancia que se habían instalado de nuevo. —¿Estás bien? —preguntó con cautela, desconcertada por el giro repentino en su actitud.
Snape, con la expresión endurecida, evitó mirarla directamente. Su voz se volvió áspera y seca, cortando el momento con precisión quirúrgica. —Tenemos que hablar de Lucius Malfoy —dijo, como si las palabras mismas fueran una barrera que intentaba colocar entre ellos, alejando cualquier rastro de intimidad.
—¿Por qué ahora? —Indago Erin sus palabras eran casi un ruego, como si una parte de ella supiera que no podría escapar de esa conversación, pero quisiera aplazarlo.
Snape la observó con su mirada implacable, su tono carente de toda la calidez que pudiera haber existido momentos antes.—Tiene que ver con Rabastan y el tónico que tienes como prueba contra Malfoy… —soltó, su voz cortante como un látigo.
El nombre cayó como una piedra, y el estómago de Erin se revolvió. Automáticamente, su varita se deslizó por la manga, una reacción defensiva, aunque no sabía bien por qué. Tragó saliva, sus ojos ardiendo con una mezcla de rabia. No podía evitar sentir que, de alguna manera, Snape había esperado hasta ahora para soltar la bomba, y esa realización le dolía más de lo que le habría gustado admitir.
—Te tardaste lo suficiente para sacar el tema y lo haces justo ahora… —replicó Erin, su voz teñida de amargura. Levantó la barbilla, fingiendo frialdad mientras se cruzaba de brazos—. Bueno, veo que al menos sacaste provecho …—añadió con una nota sarcástica, haciendo alusión a sus encuentros recientes.
3.-
Erin había escuchado cada palabra que Snape le había dicho, pero en su interior todo se sentía distante, como si el sonido no atravesara del todo la barrera que acababa de alzar en su mente. Snape, esperando alguna reacción, cualquier cosa, observaba en silencio, esperando ver rabia, lágrimas, tal vez un grito o alguna réplica feroz, un golpe incluso, pero lo único que obtuvo fue algo mucho más sofocante nada.
Erin no lo miraba. Sus ojos, habitualmente llenos de determinación o desafío, parecían vacíos, como si estuviera frente a un fantasma. Snape frunció el ceño; era casi peor que si ella hubiese estallado en furia. La mujer, en lugar de enfrentarlo, dio un paso atrás con una calma que solo incrementó la tensión .
Y con una voz tan fría como su mirada hablo -de acuerdo…-
Snape la observó con cuidado. Antes de que pudiera responder, Erin sacó un cigarrillo y lo encendió con una deliberada lentitud. La acción misma, el pequeño gesto de desprecio, habló más fuerte que cualquier palabra.
Con una calma imperturbable, Erin lanzó el humo en la dirección de Snape, como si su presencia misma fuera un estorbo que debía ser ahumado. Luego, con un movimiento decidido, arrojó la colilla del cigarro hacia él, como si lo desechara de su vida con la misma indiferencia.
Snape la siguió, pero Erin se detuvo en seco al notarlo . Giró sobre sus talones, sus ojos brillaban con un rojo espectral. Su voz, cuando habló, fue fría y cortante:
—No me sigas, Severus Snape, o soy capaz de llevarte a Azkaban yo misma, ya sea vivo o muerto, por ahora no me interesa tu trato… —advirtió.
Snape, a pesar de su naturaleza desafiante y su tendencia a cuestionar, se detuvo. Esa Erin era tan ajena a todo lo que él había visto—Dune, necesito saber qué harás... —comenzó, intentando obtener respuestas mientras su mente trabajaba rápidamente.—Te he dicho que tengo un plan —respondió Snape, intentando retomar el control de la conversación.
Erin, con una frialdad implacable, deslizó nuevamente su varita hacia él y, con un movimiento preciso y casi imperceptible, lo desarmó. Snape, sorprendido por la rapidez y la precisión de su acción, apretó la mandíbula, tratando de contener su sorpresa.
Una vez alejada de la presencia de Snape, las lágrimas que había contenido comenzaron a deslizarse por sus mejillas. El peso de la conversación la había dejado agotada, y aunque tardó en recuperar el aliento, logró calmarse antes de llegar a su destino, limpiándose la cara.
Al tocar la puerta, Sirius Black la abrió lentamente, observándola con una mezcla de confusión y preocupación. Era más temprano de lo que ella había dicho que llegaría. El niño, Lucas, dormía en un rincón, envuelto en una manta. Al ver la palidez en el rostro de Erin, Sirius frunció el ceño con evidente inquietud.
—¿Estás bien, Erin? —preguntó, con un tono grave y cuidadoso.
—Sí, me siento un poco mal del estómago, pero preferí venir a buscar a Lucas y llevarlo a nuestras habitaciones, tal vez necesite unos días —mintió Erin, evitando el contacto visual.
Sirius negó con la cabeza, claramente sin creerle. —No puedes irte así, Erin. Si te sientes mal, ¿por qué no vas a ver a Poppy?
Erin negó con firmeza. —No, solo quiero dormir. Mañana iré si lo necesito—respondió, intentando esquivar cualquier preocupación adicional.
El mago se quedó en silencio por un momento, pero luego habló con suavidad. —Si lo despiertas y te vas a través de la Red Flu a esta hora, se levantará y se preocupará. Quédate en mi cuarto con él, por favor —dijo mientras recogía a Lucas con calma, llevándolo a su cuarto sin esperar protestas.
Erin, agradecida pero agotada, asintió finalmente. —Gracias, Sirius... —murmuró, sabiendo que en ese momento no tenía la fuerza para discutir más.
Mientras Erin se acurrucaba con Lucas, su mente viajó al instante en que lo sostuvo por primera vez en brazos. Moody estaba fuera del cuarto esperando noticias como todo abuelo emocionado, Pierre para esa época ya un amigo cercano estaba igual de ansioso. El pequeño cuerpo de Lucas le fue entregado se sentía tan frágil y liviano, envuelto en mantas blancas que contrastaban con su suave piel pálida. Cuando abrió los ojos, su mirada parecía atravesar todo a su alrededor, eran idénticos a los suyos, pero mientras los ojos de Erin habían visto dolor y angustia, los de Lucas estaban llenos de curiosidad y miedo.
En ese momento, una emoción inesperada surgió en Moody. El hombre conocido por su dureza y pragmatismo se derrumbó en ternura pura. Entró en la habitación, caminando hacia Erin con una mirada suave que jamás le había visto antes. Se acercó lentamente, como si temiera romper algo precioso, y besó a Erin en la frente, sus lágrimas cayendo sin contenerse.
—Lo hiciste, muchacha... —murmuró con la voz entrecortada, mientras las lágrimas resbalaban por su rostro curtido.
Luego, sin decir más, la abrazó con fuerza, Pierre por su lado había dejando un enorme arreglo de flores a un lado, junto con dulces, chocolates, y un oso de peluche gigante que parecía demasiado grande para la pequeña habitación. Erin, sorprendida, se dejó abrazar, sintiendo el cariño genuino por el mago.
la sanadora entró al cuarto y, como era de esperarse, preguntó por el padre de Lucas. Erin reaccionó rápidamente, con un ligero sobresalto, y antes de que pudiera decir algo, Pierre, que se encontraba al lado con la cara pálida, levantó la mano con un gesto casi mecánico, forzando una sonrisa nerviosa.
—Aquí estoy —dijo, tratando de sonar seguro, aunque el nerviosismo era evidente en su voz.
Erin le lanzó una mirada agradecida, aliviada de que Pierre siempre estuviera allí para cubrirla, incluso en momentos como ese.
Erin lo miraba, atónita, sin poder apartar la vista de esos ojitos que, aunque diminutos, la observaban como si ya la conocieran de toda la vida. Sintió cómo algo en su interior se rompía y se reconstruía al mismo amor; una conexión que no había experimentado nunca. Supo, en ese mismo instante, que en su vida no habría nada más importante que él. El calor de su pequeño cuerpo contra su pecho la hizo jurar en silencio que lo protegería, sin importar el costo. Erin se había enfrentado en múltiples batallas, duelos, guerras, pero nunca se había sentido tan vulnerable como cuando sostuvo a su hijo por primera vez. Aún podía sentir su respiración suave, su piel delicada y la certeza absoluta de que, a partir de ese momento, su vida ya no le pertenecía a ella sola, sino a él.
Erin estaba sentada con Lucas en su regazo, jugueteando con sus pequeños rizos mientras hablaba con Moody. Lucas ya tenía dos años, y aunque era un niño curioso y lleno de vida, Erin sabía que las amenazas del pasado aún la perseguían. Moody, siempre protector y directo, no perdía oportunidad para recordarle el peligro que corría.
—No vuelvas a Inglaterra, deja a Malfoy, Erin —le pidió Moody, su voz ronca pero con una nota de súplica—. Por Lucas, no vale la pena. Has pasado por suficiente, ya perdiste demasiado. Voldemort ha vuelto al menos dos veces, y aunque no tuvo éxito, ¿quién dice que no lo intentará de nuevo? Si Bellatrix se entera de Lucas, te buscará sin descanso.
Erin negó lentamente, sabiendo que Moody hablaba desde el miedo y el cariño, pero también desde su pragmatismo. No podía simplemente abandonar lo que creía y mas considerando si en algún punto sería posible para Lucas asistir a Hogwarts, o tener una vida, no podía ocultarlo para siempre.
—No puedo, Moody —respondió, su voz firme pero cargada de emoción—. No puedo huir. Ya no…-
Moody se inclinó hacia adelante, su mirada intensa como siempre, pero esta vez con una preocupación palpable.
—Entonces acepta toda la ayuda que te ofrezcan..cuando llegue el momento —le suplicó—. No seas orgullosa, Erin. Si algún día yo falto... —su voz se quebró por un momento, pero rápidamente recuperó su tono severo—. Si yo no estoy, confía en Dumbledore y en Hogwarts. No intentes hacerlo sola. Deja que otros te protejan. Los miembros de la Orden están ahí por ti. Te lo suplico, por Lucas, te he platicado de la mayoría, son gente buena..-
Erin apartó la mirada, incómoda con la idea de depender de otros. Siempre había sido independiente, reacia a mostrar vulnerabilidad, especialmente ante personas que no conocía bien.
—Es raro, Moody... confiar en gente que no conozco y solo me hablas de ellos, he estado durante estos años combatiendo y aunque suenan a grandes magos, la realidad lejos de su burbuja es una falacia… —dijo, su voz cargada de escepticismo—. No puedo simplemente dejarlo todo en manos de otros…
Moody resopló, su rostro endureciéndose de frustración. Señaló a Lucas, que jugaba distraído con los dedos de Erin.
—¡Hazlo por él! —le espetó—. Esto no se trata de ti, Erin. Tienes que confiar. Incluso en aquellos que no comprendes del todo. Incluso en aquellos que parecen lejanos... personas en las que Dumbledore confía. Si él confía en ellos, yo también lo hago. Incluso en ese Mortífago que le ayuda…-
Erin frunció el ceño al escuchar la referencia. Sus dudas acerca de Snape seguían presentes, tras su partida, no había punto de flexión para no dudar de cualquier bajo la casa de los Malfoy, incluyendolo. No podía entender cómo alguien con un pasado asi podía ser de fiar.
—¿Snape? —preguntó, incrédula— No confío en él, siempre fue como una mascota para Malfoy…¿que tan dispuesto estaría alguien como el a ayudar? jamas entendi como es que su lealtad Dumbledore funciona
Moody la miró fijamente, su expresión inquebrantable.—a veces no tenemos que entenderlo todo pero incluso en Snape, Erin —reiteró con una convicción que no admitía réplica—. Si Dumbledore confía en él, es por algo. Por muy retorcido que su pasado, ahora está del lado correcto. Si algún día lo necesitas, confía en lo que Dumbledore ve en él.-
Erin guardó silencio por un momento, el peso de las palabras de Moody cayendo sobre ella. Aunque sus dudas no se desvanecían, sabía que, al final del día, debía pensar en Lucas. Y si alguna vez llegaba el momento en que ella no pudiera protegerlo, necesitaba saber en quién podía confiar... aunque eso incluyera a personas que jamás habría considerado.
Otro recuerdo invadió la mente de Erin mientras Lucas, jugaba con Pierre, festejando el fin de la guerra, Lucas incapaz de saber que aun con la guerra terminaba no podia aun ser libre. Terminó de leer el informe que explicaba por qué Severus Snape había protegido a Harry Potter durante tantos años. No era solo un rumor, ni una historia sensacionalista que había leído en los periódicos. Aquello vino directamente de una carta de Dumbledore, en la que le pedía que reconsiderara abandonar su propia lucha.
Querida Erin
Sé que has vivido mucho y que las heridas de la guerra aún no sanan. Entiendo mejor que nadie tu determinación por continuar con tu misión y la necesidad de proteger a quienes más amas. Pero debo pedirte, como amigo, que reconsideres. Todos, incluso aquellos que pensamos que no lo haríamos, debemos encontrar un momento para soltar y aferrarnos a algo más. Alastor intentó muchas veces hacerte ver lo mismo. Y aunque no es mi intención remover tus sentimientos, te lo pido una vez más. Lo hago con la misma culpa que seguramente él habría sentido de haber vivido lo que yo he vivido, al ser quien permitió que Rabastan se vinculara contigo..
Te hablo de Severus Snape, un hombre que durante años llevó una carga insoportable, motivado por un solo sentimiento: el amor. No es fácil para mí hablar de esto, porque sé que tengo una gran culpa en lo que él ha sufrido, una culpa que llevaré siempre, sin vida suficiente para pagarle lo que le debo. Pero te menciono su historia porque creo que aún puedes evitar repetirla.
Snape lo sacrificó todo, soportando humillaciones, peligro y una soledad devastadora. No lo hizo por venganza, sino por amor. Y aun así, perdió todo en el proceso. Ahora que ha sobrevivido y cumplido su promesa, se enfrenta a un futuro incierto, y no sé qué hará. Pero te pregunto, Erin ¿sabes lo que puedes perder, si no tienes éxito? o si lo tienes, los estragos que puede tener en ti.
No sé qué hará Severus ahora que ha sobrevivido, ahora que ha cumplido su promesa y se enfrenta a un futuro en ello. Tal vez no sea tarde para que cambies de dirección, para que veas el mundo con nuevos ojos.
Con cariño y siempre tuyo, Albus Dumbledore
Querido Albus Dumbledore
He recibido tu carta y la he leído con detenimiento. Sé que tus palabras tienen peso, como siempre lo han tenido, y que no las pronuncias a la ligera. Comprendo tu preocupación por mi cruzada, como tú la llamas, pero no puedo dejarla, mis motivaciones y sentidos no son impulsadas por odio, venganza o una promesa de un amor que llena de culpa como a Severus Snape.
El amor que él sintió por Lily Evans es admirable, sí, pero no puedo equipararlo con lo que yo viví. Se que el amor me cegó una vez, y por ese amor estuve a punto de perderme a mí misma. Rabastan tomó una decisión, y yo también lo hice. Lo maté porque sabía que no había redención para él, al final del dia, porque sabía que, de haberlo dejado con vida, todo hubiera sido peor…
Lo me me motiva no es el amor de limpiar su nombre, el amor que me motiva es el que ahora pertenece a Lucas. Si hago algo, será por él y solo por él. No habrá promesas que me aten a otro destino, el no podrá ser libre, hasta que limpie el nombre de Rabastan, se que no sera sencillo, creo en quien fue al final y el mundo merece que lo conozcan, y aun mas importante, asegurar un futuro menos pesado para Lucas se que al ser un Lastrnage tendrá un peso inmensurable en su vida y si puedo disminuirlo un poco lo intentaré…
Por ese espere tanto,, mis acciones no son imprudentes, ni me meten en una red de mentiras, ni juego de lealtades, solo tengo que acabar con Malfoy doblegarlo y luego continuar..
Te agradezco tu consejo, como siempre, pero esta vez, Albus, debo seguir mi propio camino.
Atentamente, Erin Dune.
Por eso, cuando escuchó a Snape mencionar la remota posibilidad de que Bellatrix pudiera seguir viva y que su regreso podría estar ligado a lo que había simplificado como "algo pendiente" al final de la guerra, Erin sintió un malestar inmediato, una mezcla de náuseas y terror que la golpeó con fuerza. Pero más que el propio recuerdo de Bellatrix, lo que la perturbaba profundamente era la posibilidad de que Lucas pudiera estar en peligro. La simple idea de que su hijo, su pequeño Lucas, pudiera convertirse en una especie de legado torcido de Voldemort, un injerto de la oscuridad que había destruido tantas vidas, le provocó el miedo más abrumador que había sentido en toda su existencia.
Este no era un miedo cualquiera, no era como el que había enfrentado como aurora en las batallas o al luchar contra las fuerzas oscuras. Este miedo era distinto. Era el tipo de terror que te deja sin aliento, que se aferra a tu pecho y no te deja escapar. Porque ahora no se trataba de ella, sino de Lucas, la única persona en el mundo por la que sacrificaría todo, sin pensarlo dos veces.
El odio que le siguió fue inmediato y profundo, una marea oscura que la envolvió por completo. No era solo hacia Bellatrix, aunque la idea de que aquella bruja estuviera aún viva la llenaba de ira. Era también hacia ella misma. No podía escapar de la culpa que se aferraba a su corazón con garras implacables. Porque, en lo más profundo de su ser, sabía que había sido ella quien había escogido a su padre, había sido su decisión, su error, lo que había condenado a Lucas a una vida que él nunca debió conocer.
Lucas debería estar corriendo libre, jugando, riendo como cualquier otro niño, no escondido en las sombras del peligro, no temiendo por su vida sin siquiera entenderlo. El dolor de esa realidad la desgarraba por dentro, una herida que no dejaba de sangrar.
Esa noche, las lágrimas de Erin se derramaron mientras abrazaba a Lucas con fuerza, sintiendo su pequeño cuerpo cálido y pacífico. Él, tan inocente, tan ajeno al caos que la rodeaba, dormía tranquilo en sus brazos, respirando con una calma que contrastaba con la tormenta que rugía dentro de ella. Cada latido de su corazón se mezclaba con el terror y la rabia, una mezcla que la consumía. Erin deseaba, con una desesperación abrumadora.
4.
Snape continuó la guardia toda la noche, su mente en constante agitación tras hablar con Erin. Aunque una parte de él se había calmado al desvelar lo de Lucius, la verdad era que solo se sentía más confuso. Sabía que podría haberlo hecho mejor, pero en ese momento, lo único que había querido era distanciarla. ¿Por qué? ¿Para alejarla de él mismo? Era absurdo. Se había dejado llevar por un impulso que ni siquiera él comprendía completamente, como si, de alguna manera, quisiera ser odiado por ella, para mantener una distancia que parecía cada vez más frágil.
Caminó por todo el castillo, cada paso resonando en el silencio de la madrugada. Sus pensamientos giraban, incontrolables, alrededor de Fastidiado, se maldijo en voz baja, preguntándose qué era lo que lo mantenía tan obsesionado con ella. Había sobrevivido a una guerra, enfrentado la muerte y el peligro innumerables veces, y sin embargo, aquí estaba, atormentado por una mujer que debía ser solo un peldaño a su libertad nadamas.
Cuando la primera luz del día se materializó en el horizonte, Snape, sin darse cuenta, ya había recorrido cada rincón del castillo. Su mente seguía atrapada en los últimos momentos con Erin, en las palabras que había dicho, cuando menos lo pensó, se encontró frente a la puerta de la oficina del "viejo bastardo" que lo habia metido en ese embrollo al traerla de vuelta Albus Dumbledore.
—Severus, querido muchacho es bueno verte desde temprano... —comenzó Dumbledore, su tono lleno de una comprensión que irritaba a Snape más de lo habitual.
Snape, exasperado, respiró profundamente antes de soltar su furia—¿Por qué la trajiste de vuelta, Albus? ¿Por qué no pudiste dejarla en Francia, lejos de todo esto? —Su voz era un susurro cargado de veneno—. Tenías que darle su momento de redención, ¿o qué buscabas?
Dumbledore, con su habitual calma, se acomodó en su silla, entrelazando las manos sobre su escritorio-¿de quien me hablas hijo?- fingió desconocimiento Dumbledore.
-¿como que de quien hablo? Erin Dune maldito viejo señil- gritó al fin
—Ella volvió por sí misma, Severus —respondió Dumbledore, con ese tono sereno que siempre hacía que Snape quisiera romper algo—. Pero, ¿hay algo que quieras decirme?
Snape apretó la mandíbula, evitando el contacto visual, su mente dividida entre la lógica y la emoción.
—Sabes que iría tras Lucius y toda la porquería que él implica—murmuró finalmente—. Pudiste haberla desalentado, haberle mentido, alejarla de todo esto. ¿Por qué no simplemente la apartaste ?-
Dumbledore negó lentamente con la cabeza.
-Eso hubiera sido imposible, Severus. Erin había elegido su lucha antes de que todo terminara. Su regreso, era inminente y sus decisiones... no estaban bajo mi control. Alastor Moody, antes de morir, me pidió que la ayudara... lo máximo que pude hacer fue darle esa oportunidad de tener un espacio neutro con Lucas mientras enfrentaba a Luciu Pero no podía detenerla-
Snape rió, pero era una risa amarga, cargada de resentimiento.
—Un propósito, dices. ¡Es una idiota insensata que debió haberse marchado y no volver nunca! No hay propósito que valga la pena para meterse en este embrollo otra vez- aseguro.
Dumbledore lo miró fijamente, sus ojos brillando detrás de sus gafas.
—Es irónico que desconozcas esa cualidad, Severus. La capacidad de sacrificarse, de seguir un propósito a pesar del dolor. La he visto en una sola persona... —Dumbledore hizo una pausa, dejando que sus palabras pesaran en el aire—. Y esa persona eres tú. Como cuando prometiste ayudar a proteger a Harry Potter-El anciano lo miró, evaluando sus palabras antes de inclinarse ligeramente hacia adelante.—Pensé que después de tantos años siendo un buen espía, sin preocuparte por nadie o nada más que tus objetivos, entenderías el precio de seguir una causa. No creí que Erin pudiera afectarte tanto….-
Snape bufó, dando un paso hacia el escritorio, sus ojos llenos de rabia.
—¿Afectarme? Esa bruja no me importa, solo que ella podría meterme en Azkaban con sus decisiones. ¿O no lo ves? —escupió con veneno.
Dumbledore lo miró con esa expresión de comprensión que hacía hervir a Snape.—No creo que eso sea muy probable, Severus. Erin no busca tu destrucción…-
—Ese era tu plan, ¿verdad? —gruñó Snape, inclinándose hacia adelante, sus ojos oscuros ardiendo de furia—. Ponerla aquí y luego dejarme lidiar con las consecuencias.
Dumbledore negó suavemente, con ese aire de sabiduría eterna que tanto irritaba a Snape.
—Mi plan, hijo, era ofrecerle un nuevo camino —dijo en un tono reflexivo—. Tal vez en un acto de fe, pensé que tú, más que nadie, podrías mostrarle lo que significa seguir una causa y perderlo todo. Quizá incluso, en el proceso, pensé que podrías encontrar lo que crees haber perdido…un futuro.
Snape se burló, soltando una risa fría y distante.
—¿Ahora se supone que me das una oportunidad? ¿Que me dejas escoger? —ironizó, su voz cargada de amargura—. ¿Después de arruinarme?-
Dumbledore lo observó con detenimiento, como si estuviera sopesando cada palabra, y por un momento, su voz se endurecio de una manera inusual.
—Severus, soy consciente del precio que pagaste, y con culpa admito lo que te quité. No hay vida suficiente para saldar esa deuda. Pero recuerdo un momento... un instante en el que te vi flaquear. Fue cuando Erin Dune entró en la casa Malfoy. No compartías mucho con la bruja, pero vi en tus ojos que añorabas algo. Algo que pensabas que ya no podías tener…
Snape apretó la mandíbula, apartando la mirada. Dumbledore continuó, su tono más gentil.
—Y sí, todo esto es una causa perdida.. yo lidiaré con ello, no tu y si así lo deseas, puedes marcharte, hoy mismo de Hogwarts, te ayudaré. No tendrás que preocuparte por Erin y lo que creas en lo que te esta implicando y no te preocupes por Azkaban, ni por nada. Eres libre- aseguro el mago.
