Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Estúpido amor en la ciencia.
No te odio.
—¡DÉJENLO IR!— Salió su grito furioso, no podía detener el sentimiento de furia que ya la recorría entera. Mantuvo la compostura a pesar de eso y no dejó de observar a los tres hombres delante de ella. En un enfrentamiento, quien perdiera la calma también perdería el encuentro.
—¿Pero qué tenemos aquí? Una linda chica de instituto. —De los tres hombres a quienes Kohaku les dedicaba miradas asesinas, habló primero el que parecía ser el líder. El hombre más alto y castaño se había adelantado un paso de los otros dos al ver llegar a la rubia.
—Será mejor que dejes ir al abuelo y te disculpes con él. —La voz de Kohaku salió amenazadora; eso buscaba, verse lo más amenazadora que podía. Que esos hombres sintieran su chi y con suerte se fueran. Quería evitar una pelea callejera y con eso, problemas que podría darle a su padre. Con fuerza apretaba sus puños a cada lado de ella, de no ser porque le había prometido a su hermana comportarse, ya habría arremetido contra ellos.
El primer golpe siempre es el más importante.
—Mira a tu alrededor, niña. Nosotros controlamos este punto ahora, y nadie protesta. Todos saben con solo vernos que deben evitar acercarse a nosotros. —Mientras hablaba, el hombre más alto que parecía ser el líder señalaba a la otra acera (la misma por donde ella y Senku caminaban momentos antes), donde las personas que pasaban evitaban incluso voltear a verlos. —No le hicimos nada al anciano.
—Vi cuando lo empujaste. — Dio un paso al frente, el zapato escolar de Kohaku quedó frente al pobre hombre de cabellera completamente blanca que continuaba en el piso.
—¿De verdad? Nosotros estamos seguros de que resbaló al pasar por aquí. —otro de los sujetos frente a Kohaku habló y se encogió de hombros. Un chico de cabello azabache atado en una coleta.
—¿Se encuentra bien? —Kohaku decidió ignorarlo para acercarse a ayudar al anciano que seguía en el suelo. Avanzó un par de pasos y se agachó a un lado de él.
—Lo estoy jovencita...
—¡Oye, no nos ignores! — Y el último hombre rubio y corpulento, de estatura algo más baja que la de los otros dos, avanzó rápidamente hacia Kohaku, interrumpiendo lo que estaba por decir el anciano que seguía en el suelo. El rubio rápidamente dirigió una de sus manos para alcanzar a Kohaku.
—No me toques.—de un movimiento rápido, Kohaku evitó ser tocada por el rubio justo antes de que él, siquiera, alcanzara a rozar su hombro.
Con el movimiento rápido y preciso de la chica, el rubio incluso dio un paso atrás, y mientras comenzaba a sentir el sentimiento de molestia y algo parecido al nerviosismo creciendo dentro de él poco a poco, observó con esa misma molestia el cómo esa estudiante que había salido de la nada ayudaba al anciano a ponerse en pie. —Jefe, ¿qué hacemos? No me gusta golpear mujeres. —Ahora, más cerca de la chica, alcanzaba a distinguir una especie de energía amenazante, como si proviniera de ella.
El más alto que efectivamente era el líder se acercó con pasos cortos y las manos en los bolsillos aún más hacia donde estaba Kohaku ya de pie. —Tampoco me gustaría hacer algún rasguño a ese lindo rostro.—La mirada de Kohaku se hizo aún más desafiante al escucharlo. — Pero debemos hacerle entender a esta chiquilla que no está bien venir a desafiarnos.
Mientras lo ayudaba a levantarse, Kohaku sonrió de lado al escucharlos hablar sobre ella. ¿Qué más daba? Quería evitar los problemas, pero no podía dejar pasar una injusticia. Con algo de suerte, pudiera ser que alcanzara a huir antes de que la policía llegara si, en dado caso, alguien la llamaba. Una vez en pie, se adelantó un par de pasos para proteger al abuelo.
—Jovencita, no es necesario. Deberías irte. Puedo soportar.—Salió la tranquila voz del anciano, a pesar de la situación en la que se encontraban.
—Ja, no se preocupe por eso, no tomará mucho tiempo. Puede irse tranquilo.—Sin regresar a verlo y manteniendo su estoica posición frente a ellos, Kohaku aun así sonó amable.
El anciano asintió y lentamente tomó distancia haciéndose a un lado.
Observando y escuchando a una prudente distancia se encontraba Senku, que en cuanto escuchó lo último dicho por la rubia, se pasó una mano por el cabello en señal de clara frustración. ¿Era real lo que estaba escuchando? ¿Lo que estaba viendo? ¿La leona estaba a punto de enfrentarse a tres delincuentes juveniles? Esa rubia tenía la percepción de la realidad absurdamente distorsionada para sonreír en una situación como esa.
La próxima vez que caminara con ella, la llevaría con una correa. ¡Solo fue un minuto y medio el que se distrajo! Muy bien recordaba, escuchó a lo lejos el fuerte e ininteligible grito de Kohaku hacia esos hombres, dio un giro de 180 grados y dio con la imagen de Kohaku de pie, confrontando a 3 enormes sujetos; y a un anciano tirado en el suelo. No tenía que tener un gran coeficiente intelectual para descifrar lo que pasaba. Se acercó hasta alcanzar a escuchar lo que decían y no pudo más que quedar pasmado cuando escuchó que ella negaba a la oportunidad de escapar. Rápidamente, buscó en su mochila a la par en que llamaba a la estación de policía su minitaser casero fabricado cien por ciento por él; nunca lo había utilizado y lo llevaba solo por precaución. Probablemente, frente a 3 gorilas como esos, lo necesitaría.
Para cuando Senku encontró su Taser y regresó de nuevo su atención a Kohaku, no pudo más que apretar la mandíbula. Dejó caer su mochila en el suelo a la vez que se acercaba con pasos largos hacia ellos.
Tenían a Kohaku.
Chisto está molesta consigo misma por haberse distraído. El anciano no se había ido como le había pedido, solo se hizo a un lado y trastabilló cuando uno de esos malos hombres le lanzó una roca por diversión. Estaba por ir a revisar si se encontraba bien cuando el sujeto de estatura más baja aprovechó su descuido de darles la espalda y se pegó tras ella para sujetar sus brazos y mantenerla quieta, reteniéndole. —Te dije que no me tocaras...
El reclamo de Kohaku quedó a medias cuando el sonido de un cuerpo al caer laxo contra el duro suelo tomó a todos desprevenidos.
—Senku—. Apenas salió como un susurro de sus labios el nombre del chico que ahora se encontraba al lado del cuerpo que había caído.
Había caído el sujeto que mintió diciendo que el anciano había resbalado, el mismo que había lanzado la roca. El sujeto de la coleta.
Los pocos minutos que se había separado de Senku para enfrascarse en esa pelea con esos 3, Kohaku prácticamente se olvidó de su existencia. Y ahora Senku estaba ahí, con ella. Observándola con una mirada cargada de reproche y a la vez preocupación.
Había ido a por ella.
—Y ahí va el factor sorpresa...— Intentaba mantener su mirada de indiferencia, pero estaba preocupado. Solo tenía medio plan. Después de ver a Kohaku retenida por uno de los sujetos, se lanzó hacia el problema frente a él con la mitad de un plan: acercarse sigiloso para que no lo notaran, hasta alcanzar a tocar con su Taser a uno de ellos y... Y lo demás del plan solo era esperar a la policía que había alcanzado a llamar y con algo de suerte confiar en que llegaran a tiempo.
—¿De dónde salen tantos estudiantes entrometidos? ¿Este cabeza de cebollín es tu novio, niña?—preguntó sin importarle su compañero, que había caído al piso y ya no se movía.
—Será mejor que se vayan, la policía está por llegar—sugirió Senku intentando ganar tiempo.
—No lo creo, primero debemos mostrarles las consecuencias.—Una sonrisa que perturbaba se le dibujó en la cara—.Esta linda fierecilla merece que me la lleve para enseñarle a respetar a los hombres con una buena sacudida de matriz.
Solo escuchar la amenaza le repugno a Senku, de nuevo se estaban metiendo con ella de esa manera en que le asqueaba. El sentimiento de furia lo recorrió completo al instante. Con Kohaku evitó anteriormente el que se propasaran con ella; sin embargo, el sentimiento de repele y molestia le quedó ante esas intenciones deplorables. Y ahora, de nuevo, un sujeto mencionaba tener la intención de abusar de ella, de nuevo frente a él. El rostro de Senku se ensombreció y la ira fue evidente. Esta vez no podía contenerse, menos sí, por un segundo llego a imaginar lo que había dicho. —Eso es diez billones de veces lo más cobarde que he escuchado.—Ese sujeto podía acabarlo de un golpe, pero eso no pasó por su mente cuando corrió los escasos pasos que los distanciaban, dispuesto a chocar el Taser contra él.
Kohaku apenas atinó a contemplar boquiabierta a Senku avanzar rápidamente hacia el hostigador de ancianos.
El alto ignoró por completo a Senku, llamarlo cobarde, y se preparó para recibir el ataque que podía dejarlo paralizado. —¡El amor nos hace estúpidos, niño!—dijo, alcanzando a sujetar la muñeca de Senku donde sostenía el Taser. Por mera diversión, aplicó fuerza y comenzó a torcerle el brazo.
Senku chasqueó la lengua. Pocas veces había sentido tanta ira dirigida hacia una persona. Y no podía hacer mucho, el gorila delante de él era mucho más grande, más fuerte y seguramente tenía la experiencia y habilidad de peleas callejeras. Y él... No podía proteger a Kohaku, ella seguía inmovilizada por el otro sujeto. —Solo estoy siendo un entrometido.—Un estúpido entrometido que no podía terminar de protegerla, porque se había lanzado contra ellos con la mitad de un plan y apenas tenía la fuerza de una hormiga. No le daría el gusto de que lo escuchara quejarse de dolor aun cuando estaba comenzando a sentirlo.
—Será mejor que lo sueltes. —Ver que, siquiera tocaban a Senku, encendió algo dentro de Kohaku, su ira creciendo—. Senku, gracias. —y por alguna razón, el corazón de Kohaku latía desbocado y sus mejillas se habían encendido. Era la segunda vez que Senku la salvaba. A pesar de la situación en la que estaba, volvía a agradecer genuinamente su intento de protegerla.
Senku solo le dedicó una mirada confundida, aún detenido por el líder, antes de sorprenderse al ver cómo Kohaku sin dificultad rompía el agarre que el sujeto rubio tenía en ella.
El anciano, que había estado esperando y observando, sonrió y comenzó a alejarse del lugar ante el primer movimiento de Kohaku para sacarse de encima al hombre que la retenía. Con ese movimiento le quedaba claro que la chica no tendría problemas para defenderse.
Fue demasiado rápido para todos los siguientes movimientos de Kohaku.
El sujeto rubio no alcanzó a reaccionar después de que Kohaku se libró de él. La chica, una vez libre, giró sobre sí misma, y adquirió impulso afianzando firmemente sus piernas y su posición. Se agachó solo un poco para, con el impulso, llevar el ataque de su palma contra la barbilla del hombre que la había mantenido retenida y que estaba a punto de intentar sujetarla de nuevo.
El sonido del sujeto rubio al caer fue muy parecido al ruido causado por el hombre al que Senku había derribado.
Ver a sus compañeros caídos tanto molesto como preocupó al que era el líder. Quitó el taser a Senku y se abalanzó contra Kohaku, llegando rápidamente hacia ella. Justo cuando se lanzaba contra la chica con el Taser en mano, Kohaku se aproximó aún más a él y se movió solo noventa grados en el propio espacio de su oponente.
Kohaku, Intento controlarse para no romperle una costilla, así que calculo la fuerza suficiente para golpear con su codo el costado del castaño.
Senku no podía quitar su impresionada mirada rojiza de los movimientos de Kohaku. Ella nunca se peinaba, siempre llevaba esa coleta alborotada, pero con los controlados y certeros movimientos que hacía que resultaban ser muy efectivos, podía decir que ella ni siquiera se había despeinado.
—Maldita, niña. —Se sujetó el costado afectado con una de sus manos—. Me rompiste las costillas.
—No, no lo están. Controle mi fuerza. No sentí que se rompiera. —Se alzó de hombros bien segura recordando lo que sintió en el golpe. — Solo debe dolerte mucho.
Más molesto aún corrió hacia ella para embestirla con todo su peso. Kohaku solo dio un salto alto y ya en el aire sobre la cabeza del castaño, dio un último golpe contra su nuca, con la fuerza suficiente para solo hacerlo perder la conciencia.
Kohaku había saltado tan alto, su cuerpo había quedado prácticamente de cabeza, que Senku alcanzó a ver el color de las bragas que llevaba el día de hoy, cuando su falda no pudo desafiar a la gravedad. Rojo, fue demasiado efímero, y no era que Senku prestara atención específicamente a ese detalle. Estúpidamente, tuvo un vistazo fugas del color tan llamativo.
Un tercer ruido de un cuerpo caer contra el concreto se escuchó en el lugar.
Senku observó a los tres en el piso incrédulo. Acababan de librarse de tres delincuentes juveniles. Y la policía aún no llegaba. —¡Leona, todo es tú...!
—Me salvaste.—El reclamo que Senku estaba por hacer fue cortado por la emocionada voz de Kohaku y una sonrisa que Senku no había visto.— Viniste.
—Solo derribé a uno, tú te encargaste de los otros dos.—Decidió reclamarle cuando ambos estuvieran más tranquilos y la voz de ella se escuchara tan normal como siempre y no como sonaba justo en ese momento, con un perceptible timbre de emoción.
Kohaku negó suavemente con la cabeza. —Hiciste más que eso, Senku.
Senku estaba por cuestionarla cuando el sonido de las sirenas de policía se alcanzó a escuchar aproximarse a ellos. Dio una rápida mirada a la escena, los tres sujetos tirados en el suelo y el anciano ya no estaba. —Será mejor que nos vayamos antes de que lleguen.
No lo pensó mucho cuando tomó la mano de Kohaku y tiró de ella para comenzar a irse, ambos solo recogieron sus portafolios que habían dejado descuidadamente en el suelo y continuaron andando rápidamente para alejarse del lugar.
Kohaku tras de Senku sin poder apartar sus azules ojos de la imagen de su mano, siendo sujetada por la mano grande de Senku. De nuevo pudo sentir un pequeño salto en su corazón. Senku había llegado otra vez hacia ella. Aunque la situación pudiera dar miedo a casi cualquier persona, el bastardo de Senku había llegado a por ella. Se mordió el labio en un pobre intento de controlarse. ¿Por qué de pronto sentía tanta emoción?
—Seguramente el viejo ya llegó y nos está esperando.—Conociendo a Byakuya no tardaría en llamar. Senku paró su andar y regresó a mirar a Kohaku, que iba por lo menos un paso tras él. Ambos estaban ahora algo más cerca de la estación; hacía rato que el cielo había oscurecido. —¿Qué fue todo eso?—Antes de llegar, debía hablar con ella para saber con qué clase de chica suicida estaba tratando. — Es la situación más estúpida en la que he estado.
Kohaku apartó la mirada de la mano de Senku, que seguía sujetando la de ella. Tenía una idea rondando su cabeza que le hacía percibir una agradable calidez en el pecho, pero ante lo que Senku preguntaba, dejaría la idea para después. Parpadeó un par de veces para espabilarse antes de sostenerle la rojiza mirada.—Solo ayudaba al abuelo.
—¿Exponiéndote al peligro?—La manera de responder de Kohaku y también su respuesta, no le agradó.
—No estaba en peligro.
—¡Pudieron estar armados!—se sorprendió a sí mismo al descubrirse alzando un poco el tono de voz.
—No estaba en peligro—insistió afianzando su postura firme.
—¡Qué pudieron estar armados, tonta!— Y esta vez, si casi gritaba, podía sentir su párpado izquierdo comenzar a temblar. Ya fuera del peligro, mientras le reclamaba, más lo molestaba el que ella no parecía ser consciente de lo peligroso de la situación en que se había metido. —Tú misma admites que volví a salvarte. Eso quiere decir que no podías con los tres.
La rubia juntó sus cejas en señal de molestia y al fin se soltó del agarre de la mano del chico para cruzarse de brazos. —¡No me refería a eso! Ja, claro que podía con los tres, aunque estuvieran armados. Sé pelear cuando un enemigo tiene un arma.
Senku no pudo evitar alzar una ceja incrédulo.
—Nunca nadie me había salvado. Nadie veía necesario salvarme y tú ya lo has hecho en dos ocasiones.—Siempre fuerte y sana, nunca nadie se había acercado a rescatarla. — No solo digo que has intentado salvarme de situaciones desagradables... También de las consecuencias.—Terminó de explicarle pensando en que en esta ocasión, también, si Senku no intervenía. Si Senku no se quedaba y la policía se la llevaba para declarar contra esos delincuentes, su padre habría llegado por ella preocupado. En cambio, con Senku a su lado, sabía bien que, de haber terminado en la estación de policía, con solo ver que no estaba sola, la preocupación de su padre habría disminuido.
No podía evitar estar molesto aún con lo que ella decía. Ya era tarde, estaba cansado. Si ya el día le parecía agotador, en parte por los días sin dormir, a cómo estaba acostumbrado. Ahora se sentía más agotado. Salir de la escuela discutiendo con la rubia por el nuevo y problemático rumor que se había formado... Y ahora eso. Una emoción más al cúmulo con el que ya contaba. Y todo originado por la chica delante de él, que decía poder defenderse de tres delincuentes armados, y lo peor era que una parte de él le creía.
Demasiadas emociones para un solo día para una persona acostumbrada a un ambiente en donde lo normal era que no pasará nada.
Senku terminó por darle la espalda a Kohaku. —Solo no vuelvas a ponerte en peligro.
¿Había escuchado bien? —Senku, yo...— Por un segundo no supo qué decir y se mordió la lengua cuando algo más quiso salir de su boca. ¿No ponerse en peligro? No podía prometerlo. — Ja, no debo prometer eso. Recuerda lo que dije: Nunca volveré a pedir tu ayuda en nada...—Se mordió el interior de la mejilla al decirlo, no era lo que realmente quería decir, le había hecho feliz el intento de él por salvarla, pero era mejor que no volvieran a tocar a Senku por su culpa. Aún tenía presente la ira al ver que lo lastimaban.
Senku le dio la espalda y negó con la cabeza incrédulo. —Estupideces...—Murmuro para sí. —Iría a salvarte de nuevo.—con una vez ya tenía claro que su cuerpo reaccionaria en su dirección para ir en su auxilio. —Pero si estás de acuerdo, preferiría ahorrarme esas estupideces, gracias.
—Pero... — Kohaku ya no pudo protestar. Se quedó de pie pasmada procesando lo que Senku decía... ¿De nuevo iría a por ella? —¡Espérame! — Verlo alejado a unos buenos 3 metros de ella le hizo reaccionar y correr hasta él. Ya después pensaría que podía ser la extraña sensación que le llenaba el pecho.
Ambos continuaron andando ya en silencio hasta llegar a la estación, que por la hora que era...
—¡Está más libre! —exclamó Kohaku animada al notar que había mucha menos gente de lo normal.
—Es tarde. Debe ser por eso. Y seguramente por eso es que también nos topamos con esos tipos, normalmente no pasamos por esas calles cuando ya oscureció.
Kohaku asintió a lo dicho por Senku mientras ambos tomaban asiento. Uno al lado del otro. —Incluso me parece extraño no ir de pie.
Mientras continuaba el viaje de regreso a casa, ambos guardaron silencio, hasta que el smarth pohne de Senku timbró y el contesto a Byakuya que preguntaba extrañado por el hecho de llegar y no encontrar a nadie.
Kohaku disfrutó por una vez del viaje mientras escuchaba a Senku decirle al señor Byakuya que estaban por llegar y que se habían entretenido más tiempo en el laboratorio. Parte de su mente no podía dejar de pararse a pensar en lo que Senku le había pedido. Dejar de ponerse en peligro, no era tan fácil. Y, además, ¿se preocupaba por ella? ¿Pensaba ir en su rescate, en su ayuda sí le era posible? Ya había pensado una vez que no quería deberle nada y que era una escoria que no valía la pena. Que simplemente le odiaba por delatara sin razón. Pero... Justo ahora, de regreso a casa, a un lado de él, ya lo había pensado una vez y ahora lo confirmaba. —Ne, Senku...— Murmuró para sí, consciente de que no le escuchaba, se permitió cerrar los ojos serena, y poco a poco su reposo la cabeza en el hombro de Senku, que seguía hablando con Byakuya. —No te odio.
Holi.
Ame escribir este cap, hace mucho tiempo, años, no escribía algo que tuviera un poco de acción xd
