CONTACTO.

Senku giró el pomo de la puerta y terminó por abrir. Pero sus intenciones de búsqueda se vieron frustradas, con lo que se encontró al otro lado.

Una sorprendida y descolocada Kohaku.

—Senku…

Y la chica, por su parte, se topaba con un ahora desconcertado Senku que la recibía.

—¿Kohaku?

Definitivamente, las pintas que llevaba la joven en ese momento eran las peores que le había visto.

La ropa desmontada (lo único que permanecía perfectamente cuidado en su lugar era la bufanda que le había dado por la mañana); su vestimenta y algo de piel expuesta, y además sucia en algunas partes; el cabello más desarreglado que de costumbre, y sobre todo… Tenía abiertos los botones del escote, pendiendo 3 aún apenas de finos hilos (alcanzaba a ver algo de piel de entre sus pechos). También distinguía además un pequeño corte en su mejilla izquierda, casi alcanzando al pómulo… No, tenía dos cortes, el segundo al costado de la pantorrilla de su pierna izquierda; podía verlo por la tela rasgada de sus medias.

—Estás herida —dijo con voz baja, sería y el ceño ya fruncido.

Kohaku reaccionó cuando lo volvió a escuchar; se había quedado lamentándose el que Senku abriera y le observara con esa apariencia. ¿No se suponía que no la estaría esperando? —Yo… — ¿Qué podía responderle? De nuevo tendría que mentir. —Me caí por la calle —dijo con voz dudosa y mirando a un lado, tentada a morderse la lengua, odiaba mentir.

—Mira que eres mala mintiendo.—Se cruzó de brazos.

La voz fría, el ceño fruncido, la seriedad total de Senku y que además se lo topara al otro lado de la puerta cuando había estado segura de que él no la esperaba, tantos factores lograron sorprenderla más.

Y que él le afirmara con tal seguridad que mentía… también la avergonzaba, todo a partes iguales. —Yo no…—Apenas le salió decir con voz baja.

—Entra —dijo y se movió para dejarle espacio para pasar. La había interrumpido antes de que intentara volver a mentirle.

Kohaku pasó por su lado mientras por su cabeza le venía una pregunta: ¿Cómo podía Senku saber qué mentía? Pero no alcanzaba a terminar de hilar pensamientos hasta llegar a conclusiones. Estaba muy cansada y deseaba tirarse en su cama a descansar y, si tenía oportunidad, tomar un bocadillo. Sin embargo, se volvió a asombrar cuando sintió a Senku tomarla por encima del codo de uno de sus brazos para guiarla hasta el sofá.

Demasiado cansada para protestar, se dejó guiar.

—Espera aquí.

Terminó por caer sentada y observó a Senku alejarse hasta que desapareció por el pasillo.

Mentirosa.

La acusación de Senku volvía a pasar por la mente de Kohaku y lograba ponerla. ¿Ansiosa? Era nuevo para ella sentirse de esa forma. No podía controlar el dejar de sentirse así. Senku le había llamado mentirosa. Y tenía razón.

Apenas fueron un par de minutos el tiempo que le pareció que Senku tardaba en regresar. Cerró los párpados con pesadez, de solo imaginarse las preguntas, qué seguro le haría. El único lado bueno era que estaba comenzando a entrar en calor. El frío de afuera ya era insoportable.

Esperaba sentirlo sentarse en algún lado y que después empezara a cuestionarla; en ningún universo pudo haber imaginado lo que estaba por pasar. Lo sintió acercarse y abrió los ojos solo al sentirlo detenerse ya cerca y delante de ella.

El presidente dobló una rodilla hasta terminar apoyándola en el suelo de madera.

Y ahora lo tenía justo frente a ella, hincado en una rodilla; y ella sentada en medio del sofá. Le recordaba un poco a Cenicienta antes de que le midieran la zapatilla. El solo pensamiento le hizo sentir calor en el rostro.

Senku no soltó palabras mientras se posicionaba, se limitó a depositar el pequeño botiquín a un lado de él en el suelo y llevó su seria atención al corte al costado de la pantorrilla de la chica.

Kohaku respingó un poco en cuanto sintió las manos del Ishigami sosteniendo con delicadeza su tobillo, y se controló para no volver a respingar cuando comenzó a quitar su zapato escolar.

—¿Qué vas a…?

Ahora sí parecía cenicienta. ¿Acaso Senku terminaría sacando una zapatilla de cristal del botiquín?

—¿Te duele? —La interrumpió.

Estaba completamente concentrado en examinarla. No le interesaba escucharle, decir nada que no fuera acerca de su estado físico o alguna explicación sobre qué le había sucedido.

Senku, después de retirar el zapato (curiosamente era el mismo que una vez le arrojó), llevó sus manos ahora por sobre la rodilla de la chica para tomar el borde de la media y deslizarla.

Kohaku podía sentir la calidez que las manos de Senku desprendían ahora sin la tela de por medio, cosquilleándole al toque.

—No —Mascullo sonrojada, evitando devolverle la mirada al responder y, a la vez, recordando que acababa de descubrir que a él le era fácil saber cuando mentía.

La rubia evitó la tentación de pellizcarse por sus absurdos pensamientos anteriores. Estaba muy segura de que el sueño, cansancio y hambre eran una muy mala combinación que provocaba tener esos pensamientos de fan frustrado de Disney.

—Te dije que eres mala mintiendo —soltó sin devolverle la mirada.

Contrario a las precauciones de Kohaku de evitar verlo y soñar, Senku tampoco era como que intentara conectar con sus pupilas azules; tenía su atención ocupada en revisar y sostener su lastimada pierna con delicadeza.

Kohaku tenía un corte en el costado de la pantorrilla y a su alrededor se veía la piel rojiza. Seguramente no tardaría en verse morado.

—¿Quién te hizo daño?—preguntó shockeado, terminando por apretar los dientes; esos no eran golpes por caída.

Y ahí estaba una de las preguntas que esperaba que hiciera, pero estaba más sorprendida con lo que Senku hacía, tenerlo delante de ella, tan cerca, examinándola con atención…

—Necesitaba dinero.

Justo cuando sacaba la gasa de su empaque después de rebuscar en el botiquín, ahora sí le regresó una rojiza mirada incrédula.

—¿Y fuiste a obtenerlo haciendo qué? ¿Cómo saco de boxeo? — Había sido totalmente sarcástico.

Kohaku se cruzó de brazos. —Ella terminó peor.

—¿Ella?— Senku nego una vez más con la cabeza y ahora sacaba la solución anticeptica. — Explica, ¿cómo se te ocurre estar fuera a estas horas?

Hasta entonces conectaron directamente las pupilas rojizas con las azules.

Si antes creía no poder mentirle, ahora con él dándole esa intensa mirada, estaba segura. —Yo…

—Esto va a escoser.—La interrumpió solo para avisarle.

La atención que estaba prestándole casi lograba intimidarla. Era como si realmente la notara. Como si realmente la estuviera observando y… Le preocupará. Y además, esos iris rojos dándole tanta atención también eran clara indicación de que continuará. — Gane algo de dinero en un club de pelea callejera.

Justo después de que al fin confesara, Senku le huntó con la gasa el antiséptico en la herida para evitar que se infectara.

—¿Peleaste por dinero? —¿Había entendido bien?

—Arde…—la joven se quejó cerrando un ojo. Aun con un parpado cerrado y encogiéndose de hombros ante el ardor, asintió. —Mantenlo en secreto.— Pidió apresuradamente. Y se decidió a continuar ante la mueca incrédula del Ishigami. —Mi padre y mi hermana no pueden saberlo.

—¿Por qué necesitas dinero?

—Por el uniforme de invierno.

Los párpados de Senku se abrieron apenas perceptiblemente más de lo normal al escucharla. Comenzando a vendar su corte en la pierna, a su mente llegó el recuerdo de la mañana, ella sufriendo por el frío. También su mente terminó resolviendo que Kohaku ya tenía planeado el escabullirse esa noche para conseguir la solvencia para comprar el uniforme requerido para el tiempo de invierno.

—¿Por qué tú tienes que conseguir…?

Una vez más, no podía él evitar preguntarse internamente: ¿qué tan pobres eran?

Negó un par de veces con la cabeza, casi débilmente. —No quiero presionar a mi papá. Mi hermana y yo…—Era un tema que no le gustaba mencionar. Pero con Senku, y con lo que hacía en ese momento para curarle, y lo que había hecho ya. Simplemente, ya era fácil decirle a él.—Prometimos no darle problemas. Quiero ayudarlo.

—Entiendo—. Entonces no estaba loca. Lo que decía tenía sentido y casi lograba darle lástima, aunque no alcanzaba a hacerlo. Esta era una leona muy impresionante que no se dejaba caer como para que llegara a provocarle lástima. —Pero aun así hay otras formas de obtener dinero —dijo terminando el vendaje de la pierna.

—Quise trabajar en un principio, pero los horarios y la edad no me dejaban opción. Esta es solo la tercera vez que consigo dinero de esta forma.

¿Apenas la tercera? Solo tener la idea ya era demasiado. — No lo mencionaré. —Con gasa nueva untada de antiséptico en mano se acercó más hacia ella. — Pero creo haberte pedido que no te pusieras en peligro.

—Oye que… —cerró ambos ojos cuando lo sintió acercarse a escasos centímetros de su rostro. Esta vez él, con una de sus manos, le sostuvo de una de sus mejillas, la que no tenía el corte.

—Otra vez va a escoser.—volvio a avisarle muy muy cerca.

Kohaku tragó saliva. No sabía si de nuevo estaba nerviosa por sentirlo tan cerca o por saber que de nuevo le recorrería esa molesta sensación de ardor.

—Si arde… —se quejó sintiendo el ardor esparcirse por su mejilla en el momento en que Senku le aplicó el antiséptico en ese lugar con ayuda de la gasa. De nuevo cerró por inercia el parpado izquierdo como respuesta al escozor.

Sonrió de lado al notarla. —La fuerte leona derrotada por algo de antiséptico.—Se burló, echándose ahora hacia atrás para volver a buscar en el botiquín.

—Escoria… —soltó bajito levemente molesta porque le llamara leona y que además se burlara de ella.

Senku ignoró por completo el insulto cuando una idea pendiente se le vino a la mente.

—¿Tienes tu smartphone?—paro de buscar en el botiquín.

—Sí.

Ladeó ligeramente la cabeza confundida. Y lo sacó del bolsillo para mostrárselo a Senku.

Desde su posición todavía en el suelo, apenas frunció ligeramente el ceño, con solo ver el dispositivo en color celeste. Estaba muy pasado; el equipo que usaba Kohaku aún era de "tapita" y tenía botones. Se ahorró cualquier comentario sobre el modelo y aproximó su mano para tomarlo.

—Desbloquéalo.—Solo se lo volvió a mostrar para que una confundida Kohaku pudiera desbloquearlo. Una vez con acceso, no perdió tiempo y comenzó a teclear en los botones. Le parecía incluso extraño el sentir las teclas unidirse cuando oprimia cualquiera.—Tendras mi contacto y me quedaré con el tuyo.

Kohaku parpadeó varias veces después de escucharlo y recibir su celular de regreso. Llevó su vista a la pantalla y no pudo evitar sentir extraño al ver a Senku entre sus contactos. "Presidente Senku", se leía en la pantalla.

—Es verdad, no tenía tu número.—dijo con voz suave.

—Solo me falta la correa.—No reprimió una pequeña risa seca al recordar su pensamiento anterior.

—¿Qué? —Le cuestionó confundida por su último comentario.

—A este punto ya era necesario guardar los contactos —se limitó a decir.

Kohaku sonrió ligeramente al recordar a Senku al otro lado de la puerta al llegar. Él la había estado esperando; seguramente de haber tenido su contacto le habría marcado... ¿Cuánto tiempo llevaría esperando en el recibidor? El tiempo que fuera… Le hacía sentir un cálido latido en el pecho de solo pensarlo.

—¿Sabes? Si no fuera porque ese día me delataste, me caerías mejor. —Esta vez le salió decir lo que ya llevaba tiempo considerando.

—¿De qué hablas?

—Del día en que me acusaste con el profesor porque quise esconderme en el laboratorio.

Senku la observó con una ceja alzada un momento. —¿Hablas del día en que hacía un experimento peligroso donde nadie debía estar cerca sin equipo de seguridad?

Kohaku ladeó la cabeza al escucharlo. —¿Experimento peligroso?

—Examinaba el queroseno que destilaba. Pudo ser peligroso, si no contabas con equipo. Me preocupaba tu exposición sin protección respiratoria.

Kohaku lo observó desconfiada. —Pero… ¿Entonces no me delataste porque solo eres un cretino? ...

Pensando que simplemente la había delatado sin razón por ser un bastardo sin corazón, fue que ese día juró que no volvería a pedir su ayuda en nada.

Una vena amenazó con hincharse en la frente de Senku, pero casi al instante desistió de darle importancia al comentario y solo se encogió de hombros, decidiendo no molestarse por tonterías.

—No le di importancia. No te conocía. Solo esperaba que sacaran rápido al imprudente alumno que entró sin autorización y equipo de seguridad.—Y al fin logro sacar la bendita del botiquín. Volvió a acercarse a escasos centímetros de su rostro para colocarle la bendita en la mejilla.

Esta vez con el chico tan cerca de nuevo, Kohaku no cerró los ojos; lo observó atentamente mientras él volvía a deslizar sus rasposos y cálidos dedos por su mejilla y cuidadosamente le colocaba la bendita. Notaba el corazón latiéndole mucho más rápido de lo normal. Le retumbaban los latidos en los oídos. Podría apostar el dinero que había ganado a que sus mejillas se habían puesto rojas.

—Entonces tú… —Le dedico una centelleante mirada mientras repasaba lo que acababa de descubrir.

Senku volvió a alejarse una vez que terminó de colocarle la bendita.

—¿Tienes alguna otra herida…?

Y una vez dejó de invadir el espacio personal de la chica, no pudo evitar regresarle una desconcertada mirada aún desde su posición en el suelo.

La chica frente a él parecía ahora como si de repente toda ella bajara la guardia. Se veía relajada y lo observaba con ojos brillantes, mejillas rojas, labios entreabiertos y con la misma expresión que ya le había visto una vez, cuando ella dijo que la había dejado embelesada.

Se pasó la lengua por los labios; de repente los sentía resecos. —Senku… —soltó su nombre como suspiro.

Lo siguiente que sucedió después de notar el estado embelesado de la chica más valiosa del club de Lima Lama fue demasiado rápido, incluso para la mente del presidente del club de ciencias.

Me protegió desde el principio.

Kohaku se lanzó hacia él justo después de terminar su pensamiento, provocando que Senku terminara por caer sentado con ella encima. La chica le rodeó el cuello con los brazos y sin esperar a nada terminó por estampar sus labios con los de él en un beso brusco.

Kohaku, ya sin poder pensar nada más, se había dejado llevar arrojándose a él.

Senku bajó la chica. Había quedado sin alcanzar a reaccionar después de que se le echara encima. Sus párpados se abrieron al completo, sorprendido aun cuando sí la sintió acercarse; sus rojizas pupilas se depositaron en ella al tenerla encima y alzó ambas manos a los costados… Una de sus manos ascendió dispuesto a apartarle, pero se detuvo después… después de que ella presionó un poco más sus labios contra los de él. Su intento de apartarla murió en cuanto sintió a Kohaku comenzar lentamente a mover sus labios sobre los suyos.

Senku terminó por sostenerla de la cintura mientras comenzaba a corresponder.

Por fiiiinnnn lo que tanto quería ver ya aquí.

Se puede adivinar cual es la escena que mas me emocionaba? El besito acaso? Noooo, Senku hincadito como príncipe curando a Kohaku, eso era lo que me emocionaba. Ameeee la imagen en mi cabeza de Senku curando su piernita.

Ahora… este cap también va para aprovecharse para el día 2 de la semana senhaku del grupo Senku . Tentación.

El Senku no soporto la tentación de corresponder.

Jajajaj al fin habiendo sacado lo que tanto quería espero regresar, habemus toda una trama que le falta a este fic, todo esta planeado y tiene su porque, como la razón del por que Senku acuso a Kohaku, esta era la idea. Pero como ya llegue a lo que quería seré sincera… se me hace complicado continuar, en fin, ya veré.

Bye.