ATENCIÓN. Algo muy importante en este capítulo, tiene una parte fuerte de índole sexual en lo que conlleva un ritual, no es tan exagerado, pero si son muy sensibles lo he dejado marcado por si no tienen interés en leerlo, están entre dos líneas horizontales.
CAPÍTULO 2: COMIENZA LA PIEDRA FILOSOFAL
Cuando los gemelos salieron hacia Hogwarts al año siguiente, la casa quedó aún más vacía. Debido a que había menos gente, Ginny aprovechó la oportunidad para explorar la Madriguera, y encontró en el desván, una vez que el ghoul que vivía allí ya no gritaba al verla, una pila de libros antiguos, todos ellos escritos por las mujeres Weasley.
En ellos estaba toda la información que sus padres no habían podido brindarle, información terrorífica y emocionante.
Llevó los libros a la casa Lovegood, allí podría leerlos en paz con Luna y la ayuda de Pandora. Ella era la persona más dulce y amable que había conocido, tan cálida con Ginny a pesar de toda la información que iban sacando de los libros.
Ambas niñas permanecían juntas todo el tiempo, jugaban a ser Merlin y Morgana, a buscar al snorkack de cuerno arrugado, incluso llegaron a tener pijamadas, tanto en la casa Lovegood como en la Weasley.
En una ocasión, Bill, que acababa de graduarse de Hogwarts, incluso las acompañó a Londres a ver un zoológico muggle que la señora Lovegood quería visitar.
Cuando llegó el año 1990 y ambas niñas cumplieron 9 años incluso quisieron celebrar un cumpleaños conjunto en mayo, con una fiesta grande a la que incluso asistieron los niños muggles que vivían en el pueblo, ya que Pandora era muy popular como maestra de canto.
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–Mi mamá te ama. – Le dijo un día Luna mientras ambas estaban recostadas en la hierba –Me alegro mucho, porque tú eres buena y a veces ella no sabe distinguir a las personas malas.
–¿Soy buena?.– Si la señora Lovegood o cualquier otro adulto la hubieran escuchado, se habrían dado cuenta de lo poca cosa que se sentía, sin embargo, fue Luna, quien a pesar de que era inteligente y sabia, seguía siendo una niña.
–Claro, eres buena, siempre quieres que los demás sean felices, te gusta que otros aprendan de lo que tú sabes y eres honesta. – Luna lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo. –Desearía que fueras mi hermana y vivieras conmigo aquí.
Ginny sintió constreñida su garganta y sólo tomó de la mano a Luna y le sonrió.
Se sentía la niña más afortunada del mundo por tener a una amiga tan querida junto a ella y una segunda madre tan amable.
Toda esa felicidad nueva terminó dos años después de comenzar, cuando la mordaza que usaba todas las noches no funcionó y los gritos desgarradores despertaron a sus padres, y, cuando Ginny comenzó a convulsionar del dolor, sin responder a ningún estímulo, Molly y Arthur tomar a sus hijos menores y se aparecieron en San Mungo, donde a pesar de los gritos y lucha, sedaron a Ginny con pociones.
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Un día normal comenzó con la rutina de todos los días. Luna despertó con el olor de la comida en su casa, sus padres ya la estaban esperando cuando bajó al comedor para desayunar juntos.
Después del desayuno, su mamá la llevó a cortar flores para adornar la casa y después a su invernadero para cosechar las hierbas que había estado cultivando. Cuando llegó la hora en que usualmente llegaba Ginny, esta no se presentó, y aunque se preocuparon, Pandora tranquilizó a su pequeña, razonando que Molly probablemente había querido pasar el día con su propia hija.
Los planes cambiaron, ese día había acordado ir a comprar al pueblo y Pandora las dejaría permanecer unas horas con los niños muggles del pueblo. Aprovechando que Ginny no estaba Pandora planeó practicar un nuevo encantamiento que había encontrado.
–Mami, ¿con esto Ginny dejará de tener pesadillas? – Luna le preguntó con ojos enormes e inocentes mientras Pandora preparaba todo.
–Ese es el plan mi amor, es un encantamiento de sueño profundo, una variante de la maldición del coma. Necesito practicarlo, para no poner en riesgo a Ginny cuando lo use en ella. – Pandora sonrió hacia Luna.
–Me alegro mami, quiero mucho a Ginny y ya no quiero que tenga sueños malos, yo también practicaré para ayudarla siempre. – Luna saltó de la emoción ante la idea de serle útil a su amiga querida.
–Estoy muy orgullosa de ti mi amor, por ser tan buena y considerada con todos, te amo mucho Luna. – Pandora acarició y besó por última vez a su hija.
Después pronunció el encantamiento que segaría su vida.
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Unos días antes que los hermanos Weasley mayores regresaran a Hogwarts un anciano con cabello y barba largos y blancos llegó a la Madriguera después del desayuno. Ante la vista del hombre Bill y Charlie se levantaron.
Arthur y Molly se acercaron a él y lo guiaron hacia el patio, donde Dumbledore lanzó un encantamiento sin palabras y aisló las palabras, posteriormente conjuró tres sillas y los tres se sentaron en cada una.
–Profesor, le agradecemos mucho que haya venido. – Arthur comenzó mientras su esposa se retorcía las manos con nerviosismo.
–No sabemos qué hacer profesor, – Exclamó de pronto Molly mientras intentaba sofocar el llanto. –Desde la horrible muerte de la querida Pandora, no ha vuelto a ser ella misma, es como si hubiera muerto en vida, no quiere comer, no puede dormir, sólo llora día y noche desde hace 1 mes, antes Luna era un consuelo, pero cuando fuimos al funeral, ella le dijo a Ginny que por su culpa había muerto su madre.
–No lo dijo a propósito por supuesto, la pequeña sólo quería decirle que la señora Lovegood estaba trabajando en un encantamiento para romper las pesadillas de mi niña, y Ginny enloqueció en el funeral, nos la tuvimos que llevar, gritaba y golpeaba y se azotaba contra el piso, la tuvieron que sedar en San Mungo, pero al final allí nos dijeron que ellos no podían hacer nada por las pesadillas. – Arthur continuó la historia de Molly, intentando explicarle al profesor lo que había pasado.
–Al principio sólo le dábamos una poción para dormir sin sueño, pero los medimagos nos dijeron que era peligroso dársela seguido, que después no la podría dejar y alucinaría aún más. –Molly por fin dejó caer sus lágrimas y abrazó a su esposo, desconsolada.
El profesor Dumbledore guardó silencio un momento y después les preguntó: –¿Qué desean que yo haga?
–Ayúdanos Albus, por favor, ayuda a mi pequeña. – Molly tomó la manga de la túnica del viejo mago y suplicó.
–Querida Molly, me encantaría ayudar, pero la adivinación es un tema sobre el que no se puede aprender nada sin el conocimiento familiar, sólo los libros de su propia familia pueden darles respuestas. – Albus estiró la mano y le dio a Molly unas palmaditas de consuelo en el hombro.
–Pero, Albus, ¿no habrá algo? Tal vez se le pueda ocurrir una forma de sellarlo, de quitar esta horrible maldición. –Arthur dijo con desesperación, mientras tomaba a su esposa y la volvía a abrazar. Los libros familiares que habían escrito las mujeres de la familia no estaban, hacía décadas que no los veía y no los pudieron encontrar.
Hubo un silencio prolongado y finalmente Albus sugirió algo…
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Molly Weasley amaba a su bebé, amaba a todos sus hijos con la misma fuerza, pero Ginny era su pequeña, su única niña, la última de todos sus bebés. No quería que sufriera, quería evitarle todo el dolor, mantenerla en una burbuja donde nada la pudiera dañar…pero no podía. Esas malditas visiones de un futuro aterrador torturaban a su pobre niña todas las noches, y todos los días, no podía controlarlas.
El profesor Dumbledore había sugerido utilizar ese ritual, les aseguró que la sangre sellaría esas habilidades hasta el matrimonio, protegería su mente y su alma del dolor por lo menos por unos 11 años, cuando cumpliera 20 años su niña podría hablarles de matrimonio, y cuando ella se comprometiera, Molly y Arthur le explicarían lo que habían hecho para protegerla. Ya sería una adulta, una mujer preparada mentalmente para sus habilidades, y habría vivido años con tranquilidad, sin esas visiones de pesadilla.
–¿Estás segura amor? – Preguntó Arthur con duda, Molly estaba segura ahora, no podían dudar al proteger a su hija, a pesar de lo que implicaba el ritual. Ella misma lo había vivido, era atemorizante, pero una vez terminaba una vivía con tranquilidad, con una paz interna que nadie podía comprender, y le daba a los padres confianza en la libertad de sus hijas. Aún podía recordar cuando los profesores los encontraron en la torre de astronomía, lo aterrada y avergonzada que se sintió cuando llamaron a sus padres, y los feliz que fue cuando su padre sólo le dijo que no era seguro salir por la noche y que si quería pasar un rato con su novio podían estar en la sala común o en algún salón vacío. Pero no podía dejar de recordar, si su padre no hubiera muerto prematuramente su matrimonio con Arthur no hubiera sido posible, ¿y si su hija querría casarse con alguien que su padre no aprobara? ¿Y si, al igual que había hecho Minerva, ella querría conservar su apellido? ¿Y si, engañada, se casaba con alguien cruel, que la golpeara y maltratara y nunca pudiera divorciarse ni separarse de él?
–Sí, será lo mejor para ella, estará segura y protegida. – Una vez que su esposa asintió y estuvo de acuerdo, Arthur comenzó a preparar todo, habían pasado muchos años desde que su propio padre le había explicado el ritual. No había habido hijas Weasley en más de un siglo y lo único que poseía era el conocimiento teórico del ritual y las runas familiares.
Al menos sus difuntos cuñados le habían explicado cómo habían realizado el ritual de la propia Molly, y no realizaría el de su amada hija a ciegas.
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Llevaron a Ron con la tía Muriel, sus demás hijos se encontraban en Hogwarts, y sólo llamaron a Bill para asistir a su padre. Su primogénito conocía el ritual, llevaba dos años viajando y estudiando maldiciones para poder romperlas, y ese ritual era de los pocos absolutamente irreversibles, estaba preocupado por poner a su hermanita bajo esa protección, pero si sus padres estaban lo suficientemente desesperados no tenía derecho a juzgarlos.
Sacaron las runas de su lugar, de atrás del reloj de su madre, y las colocaron en círculo en el patio trasero, cerca del estanque. Era la primera vez que veía las runas familiares, eran hermosas, talladas a mano en piedra pulida, tenían siglos de existencia, y cada año que pasaba les agregaba poder. Magia antigua, con cada ritual se fortalecía y con cada año que pasaba se volvían más valiosas, un verdadero tesoro que sólo las familias sangre pura podían poseer.
Su padre salió vestido con una túnica blanca, con un cuenco y un cuchillo con runas en el mango, ambos objetos eran de plata pura, la sangre no se podía obtener con magia, y sólo la plata no interfería con las propiedades de la sangre. Observó cómo su padre se abría ambos brazos con el cuchillo y llenaba el cuenco, después colocó sangre en cada runa, rellenando las grietas talladas en cada piedra, estas al estar todas llenas con sangre brillaron y absorbieron el rojo líquido.
En ese momento llegó su mamá con su pequeña hermana de la mano, Ginny llevaba un largo vestido blanco sin mangas. Parecía tan tierna como un hada del bosque, Bill le sonrió y su hermanita corrió a sus brazos emocionada por verlos. Parecía un poco aturdida, casi borracha, pero era obvio que la poción de sedación preparada por su madre con las instrucciones específicas del ritual le estaba haciendo el efecto esperado.
Sin embargo, antes de poder abrazar a su hermano mayor, Ginny observó asustada cómo estaban vestidos todos y el cuchillo en la mano de su padre. Hubiera gritado si su madre no la tomaba de la mano en ese momento.
Bill tomó su otra mano y ambos la llevaron hacia su padre, quien se había colocado en el centro del círculo. Ginny fue colocada enfrente de su padre, sobre una piedra gigante que permitió verle la cara a su padre durante todo el ritual.
Arthur se acercó a ella y depositó un suave beso en su frente, sonriendo tristemente cuando su pequeña se estremeció de espanto cuando la tocó. Bill se colocó detrás de Ginny y no permitió que se moviera, y la mantuvo con los brazos abiertos desde atrás, mientras su padre pintaba cada runa familiar en la carne de Ginny con su sangre.
Una vez terminó de dibujar cada runa, aun con el cuchillo de plata en la mano, tomó las manos de su pequeña y comenzó a hablar.
–Pure Sanguis, quod ille antiquum documentum Novo cedat ritui – Pronunció cada palabra con cuidado mientra ponía las manos en la cabeza de Ginny y le cerraba los ojos con los dedos. –Te ergo quæsumus, tuis fámulis súbveni, quos pretióso sánguine redemísti.-
–Genitori, Genitoque; Laus et Jubilatio, Salus, honor, virtus quoque Sit et benedictio.– Arthur teminó la primera parte y ante una seña de él, Bill levantó a su hermana desde atrás,pasando sus brazos por debajo de sus axilas y sosteniendo ambas piernas con los brazos, abriendola para su padre.
–Ginevra,– Molly se acercó hacia ellos, y por primera vez desde que era una bebé pronunció el nombre completo de su hija. –Di las palabras que repasamos amor.
Ginny obedeció las palabras de su madre, privada de toda inhibición por la poción, repetía cada oración que su madre susurraba en su oído. –Pater Fiat voluntas tua sed libera nos a malo.
"Pure Sanguis, agnoscis me. Pure Sanguis, salva me. Pure Sanguis, defendat me. O bone Sanguis, exaudi me. Intra tua maiorum absconde me. Ne permittas me separari a te. Ab hoste maligno defende me"
Su pequeña hija pronunció cada palabra perfectamente bien, Arthur estaba orgulloso de su inteligencia, pero una expresión sombría se apoderó de su cara. Se acercó lentamente y con la mano izquierda levantó el vestido de su hija y dejó su pubis y vagina expuestas al aire.
Angustiado pero decidido, acercó el cuchillo a la vagina de su hija e hizo dos pequeñas cortaduras a ambos lados del clítoris, después, utilizó el mismo instrumento y abrió su propio dedo con la punta del cuchillo. Guió la herida de su dedo y frotó la sangre que salía de Ginny y la mezcló con su propia sangre.
–Ginevra, filia, da virginitatem tuan viro tuo, ut purissimum sanguinem nostrum defendat te. Utque nunc te sanguis meus protegit, cruor viri tui te proteget.– Arthur rozó con sus dedos llenos de sangre mezclada los labios vaginales, mientras seguía diciendo las palabras. Mientras las runas y la sangre derramada se encendían en una luz azul, señal de que el ritual estaba activado y funcionaba. Recordaba las palabras de su propio padre, si la hija no era pura la luz se tornaría roja, todo rastro de placer en el sexo sería tomado por las runas y los organos sexuales de la doncella serían deformados en una masa negruzca. Es por eso que el ritual se hacía antes de salir de su casa e ir a Hogwarts, algunos lo hacían incluso al tercer cumpleaños, cuando la hija ya podía repetir las palabras del ritual.
– Ginevra, filia, audite et obedite. Virgo, patri obedio. Dominam parere viro tuo. Vidua, obedire filio tuo. Honora, ama, et obedite viro tuo. Nullus homo vel homo tanget corpus tuum et vivet.– Una vez terminada la oración, el resplandor de las runas y la sangre aumentó de golpe y se unieron el aire, para después abalanzarse sobre el cuerpo de Ginny.
Arthur, con rapidez, quitó las manos del cuerpo de su hija y bajó su falda, cubriendo su desnudez. Bill la soltó y la dejó tendida en la piedra, practicamente inconsciente. Tan pronto la luz entró en Ginny, ambos hombres no se atrevieron a tocarla, y sólo Molly se acercó y la colocó en su regazo, sollozando palabras de disculpa a su hija inconsciente.
El ritual terminó y lo que seguía era lo más vergonzoso que harían, incluso más que haber decubierto los genitales de una niña. Bill levantó su varita antes de que Ginny despertara y con un encantamiento de memoria bloqueó todos los recuerdos de la videncia y el ritual de su hermana, atándolos a la luz que aún se encontraba en su vientre y poco a poco se iba consumiendo. Cuando el hechizo protector se completara cumpliendo su propósito, su hermana recuperaría sus recuerdos. Pero hasta entonces ella podría vivir en paz y sin las pesadillas y el tormento con el que vivía todos los días.
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Ginny sintió que despertó de una pesadilla ya olvidada, sentía que no podía recordar algo importante. A veces, cuando pasaba algo, como cuando Charlie se fracturó el brazo en su último partido de Quiditch, ella sintió que ya había pasado antes, a pesar de que su hermano nunca se había fracturado un hueso.
–Está bien Ginny, esa sensación también me ha llegado a pasar, se llama dejá vu.– Percy la consoló cuando la vio en sus vacaciones de Navidad, ambos estaban sentados junto al árbol de Navidad, Percy estaba sentado en el sillón con un libro en el regazo, mientras que Ginny estaba sentada a sus pies, abrazando las piernas de su hermano favorito mientras le contaba lo que le pasaba últimamente.
Percy, sólo sospechaba que sus padres habían hecho algo, pero ignoraba qué. Ginny olvidó todo con respecto a sus visiones, las pesadillas habían cesado y ya ni siquiera lo buscaba en las noches para protegerse de las pesadillas. Algo en él se estrujó ante el hecho de ya no ser útil para la persona que más amaba, pero la mayor parte de sí mismo estaba aliviado de que su hermanita ya no sufría ni tenía miedo.
Ginny ni siquiera recordaba ya su amistad con Luna, toda su vida se había convertido en una brillante mancha borrosa.
Su hermana volvió a ser feliz, y él también lo fue al verla, y aún más cuando recibió su insignia de prefecto, como si fuera posible su postura se puso aún más erguida, y, orgulloso de sí mismo, le pidió a su hermanita que le pusiera la insignia mientras su madre aplaudía y vitoreaba. Y Ginny sólo recordaba lo bueno.
Aún así, Percy guardó silencio, todos se quedaron callados sobre ese asunto. Incluso Ron, de quien no se podía esperar prudencia, guardó silencio sobre todo, ni siquiera se atrevió a aludirlo.
Sólo en una ocasión, el último día antes de que todos, incluyendo a Ron, regresaran a Hogwarts, su madre mencionó al asunto.
–Me alegra mucho lo prudentes que han sido queridos.– Madre sonrió mientras tomaba a Ron de la mejilla y le daba un pequeño apretón afectuoso. –Especialmente tú querido, estoy tan orgullosa de ti por ser tan discreto, ahora sé que puedo confiar en ti para lo que sea.
Ron sólo se pavoneó y sonrió satisfecho, pero Percy sabía que su hermano menor sólo callaba por el temor a que Ginny volviera a ser el centro de atención.
Aún así, él también guardó silencio.
Cuando al día siguiente volvió a subir al tren hacia Hogwarts le dijo adiós con la mano a Ginny, mientras ella corría atrás del tren riendo y llorando.
No mencionó nada tampoco cuando le escribía su carta semanal, ni las siguientes veces que la vió. Observó con ternura cómo se convirtió en otra persona, en la persona que siempre debió haber sido, alegre, feliz, un tanto tímida, y sobre todo cariñosa con todos.
Pasó una temporada agradable cuando pasó la siguiente en Rumania, visitando con sus padres a Charlie quien empezó a estudiar a los dragones ese año.
Incluso tuvo un flechazo propio de su edad el siguiente verano, cuando Ron, George y Fred fueron a "rescatar" a Harry Potter de la casa de sus guardianes.
El niño que vivió era ahora el mejor amigo de su hermano menor.
La escena no es realmente contenido especialmente fuerte, sin embargo la marco a pesar de estar ya catologado como clasificación M.
